Vol. 43, N°. 67, julio – diciembre, 2023
ISSN: 1409-3928 / e-ISSN 2215-2997
www.revistas.una.ac.cr/abra
DOI: https://doi.org/10.15359/abra.43-67.1

La Iglesia Católica de Costa Rica antes del auge pentecostal

The Catholic Church in Costa Rica before the Pentecostal boom

Luis Orellana-Urtubia

Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat, Chile

http://orcid.org/0000-0001-7411-2126

luis_ubl@yahoo.com

Zicri Orellana-Rojas

Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat, Chile

https://orcid.org/0000-0003-0366-7444

zicrikirtan@gmail.com

Claudio Hernán Pérez-Barría

Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional,

Costa Rica

https://orcid.org/0000-0001-8078-8368

Fecha de recepción: 19/12/2022. Fecha de aprobación: 13/11/2023.
Fecha de publicación: 21/12/2023.

Resumen

Mediante un acercamiento socio histórico, se analiza el contexto religioso católico previo al auge pentecostal de los años 60 en Costa Rica, mediante una reflexión relacionada en torno a la Iglesia Católica del siglo XX. Se indaga dónde están las raíces y el talante que le permitió mantener su influencia, oposición y resistencia al ingreso del protestantismo Las principales obras consultadas fueron La iglesia costarricense: entre Dios y el César (Picado, 1988) y Estado e iglesia católica en Costa Rica, 1850-1920: en los procesos de control del espacio geográfico y la creación de un modelo costarricense (Sandí, 2012), además de publicaciones inéditas de las décadas de 1930 y 1950. Desde lo teórico, se aborda desde Pierre Bourdieu y su obra sobre el campo religioso. Se concluye que la Iglesia Católica, ante las leyes liberales, la cuestión social, la aparición del comunismo y el protestantismo, se supo acomodar para mantener su influencia tanto en lo político, religioso y cultural, de tal manera que, en la Constitución de la Segunda República (1949), continuó manteniendo el estatus de religión oficial.

Palabras clave: método; metodología; técnicas; ciencias sociales; diseño de investigación.

Abstract

Through a socio-historical approach, this article analyzes the Catholic religious context in Costa Rica prior to the Pentecostal boom that began in the 1960s. It reflects on the Catholic Church in the 20th century, exploring the roots and the spirit that enabled it to maintain its influence, as well as its opposition and resistance to the entry of Protestantism. The main works consulted are La iglesia costarricense: entre Dios y el César (Picado, 1988) and Estado e iglesia católica en Costa Rica, 1850–1920: en los procesos de control del espacio geográfico y la creación de un modelo (Sandí, 2012), along with unpublished works from the 1930s and 1950s. The theoretical framework draws on Pierre Bourdieu’s work on the religious field. The study concludes that the Catholic Church, when confronted with liberal laws, social issues, and the emergence of communism and Protestantism, adapted strategically to maintain its political, religious, and cultural influence—so much so that, in the Constitution of the Second Republic (1949), it retained its status as the official religion.

Key words: method; methodology; techniques; social sciences; research design

Introducción

En 1930, el número de protestantes en Costa Rica no ascendía a más mil personas1, lo que representaban el 0,2 % en un país de 516.031 habitantes- En 1983, un poco más de medio siglo después, este porcentaje se amplió al 6.8 % en una población de 2.403.781 habitantes (Gómez, 1996, p. 36). En 2002 el porcentaje se incrementó al 16 % (Holland, 2002, p. 2). La encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica en 2017 se empinaba al 17 % (Avendaño, 2018) pero, el mayor impacto de los evangélicos en Costa Rica se visualizó durante elecciones presidenciales de 2018 cuando el candidato Fabricio Alvarado Muñoz, de Restauración Nacional, obtuvo el 39,3 por ciento de los votos” (Espallargas, 2018) disputando la presidencia de la Republica. Por consiguiente, surgen dos interrogantes: ¿Cómo el protestantismo, pero en especial el pentecostalismo, construyó su capital religioso en una sociedad tradicionalmente católica? y ¿Cuál fue el contexto religioso católico previo al auge pentecostal que se da desde ١٩٧٠? La primera interrogante ha sido trabajada de forma reducida, aunque no hay trabajos referenciales sobre los pentecostales anterior a la década de 1980 que respondan a la primera interrogante, sí consideramos que la obra más prolija es Historia del protestantismo en Costa Rica (Nelson, 1983), en la que el autor incorporó un apartado sobre los pentecostales. Luego, en las décadas de 1980 y 1990, así como a inicios del siglo XXI, surgieron estudios socio-religiosos en Centroamérica que buscaron explicar el crecimiento de los pentecostales y neopentecostales en la región. Un aporte significativo en esta línea son los estudios cuantitativos de Holland (2002), Bieske (1990) y Gómez (2014); los estudios cualitativos, tanto a nivel de país como regional, de Valverde (1990), Schäfer (1992) y Valderrey (1985); y aquellos centrados en su legitimidad social, como los de Orellana (2015, 2020). No obstante, en este trabajo interesa responder y reflexionar sobre la segunda pregunta relacionada con la Iglesia Católica del siglo XX. Para comprender esta pugna sobre la competencia en el ámbito religioso en Costa Rica se recurre a la teoría del campo religioso de Pierre Bourdieu, quien hace aportes esenciales sobre las creencias. Para este pensador, el campo religioso es entendido como el espacio en donde el conjunto de actores e instituciones religiosas producen, reproducen y distribuyen bienes simbólicos de salvación (1971), por tanto, la dinámica propia del campo religioso se debe a la demanda objetiva de bienes simbólicos de salvación por los laicos. En ese sentido, la demanda y la oferta siempre responde a los intereses laicos, que se expresan en lo religioso por demandas de legitimación, de compensación y de protesta simbólica;quienes ostentan el monopolio, buscan impedir el ingreso de nuevos actores y/o mantener el control de los medios de reproducción religiosa (Bourdieu, 1971; Dianteill y Löwy, 2009) como fue la clásica y bien documentada resistencia de la Iglesia Católica de nuevos actores religiosos en toda la región durante la Colonia y el siglo XIX (Bastian, 1990, pp. 97).

De tal manera, el objetivo de esta propuesta es comprender al catolicismo en la sociedad costarricense durante el siglo XX por medio del análisis método socio-histórico. Concierne indagar dónde están las raíces y el talante que le permitió mantener la influencia que justificó su oposición y resistencia al ingreso del protestantismo y pentecostalismo. En primer término, se abordan dos autores que de manera tangencial abordan el tema: Esteban Sánchez, La identificación del desarticulador del mundo católico: el liberalismo, la masonería y el protestantismo en la prensa católica en Costa Rica (1880-1900), y Ricardo Martínez, Sociabilidad, religiosidad y nuevas cosmovisiones en la Costa Rica del cambio de siglo (XIX-XX). También destaca El catolicismo en el contexto religioso de Costa Rica, de Antonio Troyo. No obstante, para nuestro análisis consideramos fundamentales dos obras: La iglesia costarricense: entre Dios y el César, de Miguel Picado, publicada por el Departamento Ecuménico de Investigaciones en 1988; y Estado e iglesia católica en Costa Rica, 1850-1920: en los procesos de control del espacio geográfico y la creación de un modelo costarricense, de José Sandí, editada por la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión de la Universidad Nacional (Heredia, Costa Rica) en 2012.

Optamos por estas últimas por tres razones: a) por la profundidad del análisis y los temas trabajados, b) el uso de fuentes primarias y c) el nivel de independencia. El trabajo de Esteban Sánchez (2010), si bien esta sólidamente documentado y estructurado, cubre un periodo y tema distinto al nuestro, algo parecido ocurre con el artículo de Ricardo Martínez (2013). En el caso del libro de Antonio Troyo (2002), esta es una obra breve escrita por un obispo católico, de carácter narrativa, sin un análisis crítico y tiene por finalidad ubicar al lector mediante una vista panorámica del catolicismo en Costa Rica. Además, en varios aspectos toma como referencia el libro de Miguel Picado.

La herencia de la Iglesia Católica

La presencia de la iglesia católica en Costa Rica se comprende dentro del contexto de Latinoamérica, tanto en los periodos de conquista, colonial, independencia y la constitución de la vida republicana. Durante la Colonia, la Iglesia fue parte de la Diócesis de León, Nicaragua y en 1850 se creó la Diócesis de San José, lo que significó un vínculo directo con el Vaticano, siendo el legado más importante del siglo XIX. Desde entonces la doctrina de la Santa Sede ejercerá un influjo directo sobre la Iglesia costarricense.

Por su parte, al independizarse Costa Rica de España en 1821 - si bien fue un hecho importante - no afectó la relación de la Iglesia con el Estado, ni impidió “el papel preponderante de la Iglesia en la producción de sentido social” (Picado, 1988, p. 42). El régimen del Patronato pasó del rey de España a las autoridades del nuevo estado Costarricense, que fue el único cambio importante en las relaciones Iglesia-Estado, pues “la cristiandad colonial persistió hasta el triunfo de los liberales” (Picado, 1988, p. 43) en 1884 cuando se dictaron las leyes liberales y se cristalizó (aunque no definitiva) la separación entre la Iglesia y el Estado (Picado, 1988, p. 42). Estas leyes liberales consistieron en la derogación del concordato, la secularización de los cementerios, la prohibición de las procesiones religiosas fuera de los templos (excepto en determinadas fiestas), la prohibición de combatir la enseñanza laica por el hecho de ser laica, el retiro de las licencias para pedir limosnas, la prohibición de establecer comunidades religiosas y el desconocimiento de los votos religiosos. Posteriormente, se aprobó el divorcio y el matrimonio civil, aunque el matrimonio eclesiástico surte efectos civiles. Estas leyes estuvieron acompañadas por la violenta expulsión de Mons. Bernardo A. Thiel y de los padres de la Compañía de Jesús. En definitiva, estos hechos plasmaron la separación Iglesia-Estado (Picado, 1988, p. 57).

Las leyes liberales de 1884, sin lugar a duda fueron un duro golpe para la Iglesia costarricense, sin embargo; se supo acomodar para mantener su influencia tanto en lo político, religioso y cultural, de tal manera que, en la Constitución de la Segunda República (1949), continúa manteniendo el estatus de religión oficial. Ahora bien, La promulgación de las leyes liberales de 1884 “fue el intento formal de fundamentar la sociedad costarricense prescindiendo de la religión católica” (Picado, 1988, p. 69), lo que en opinión del propio Picado, “el plan estaba destinado al fracaso… pues el pueblo necesitaba de la religión para dar sentido a su existencia” (Picado, 1988, p. 69), por tanto era urgente “un nuevo modus vivendi entre la Iglesia y el Estado, pues en lo sustancial ni la Iglesia ni el Estado fueron lo mismo después de las reformas plasmadas en las leyes de 1884” (Picado, 1988, p. 69). En la práctica, esto significó que no se llegó a una separación total pero sí a un distanciamiento y a una renegociación. La Iglesia recuperó sus garantías institucionales básicas, mínimas, a cambio de renunciar definitivamente a las tesis concordatarias. Por su parte, el Estado no volvería a crear problemas a la labor espiritual de la Iglesia, bajo la condición que los sacerdotes y obispos restringieran la evangelización al ámbito de las conciencias individuales y aceptaran predicar una religión sin proyección social (Picado, 1988). Sin embargo, esto no fue un obstáculo para que el Estado y la Iglesia se legitimaran mutuamente.

Sandí, proporciona dos valiosos aportes al respecto que nos ayudan a comprender el rol de la Iglesia Católica costarricense y su justificación como religión oficial, a saber: 1.- El proceso de legitimidad mutua que se construyó entre la Iglesia y el Estado para su coexistencia, a pesar de que debieron enfrentar momentos tensos en sus relaciones durante el periodo de construcción del estado republicano y 2.- El rol que desempeñó la Iglesia Católica en la ocupación del territorio (p. 69). Según Sandí, la Iglesia durante el siglo XIX e inicios del XX fue una institución garante del orden social imperante en Costa Rica, por tanto; defendió la unión entre ella y el Estado. Este proceso de legitimación de la Iglesia ante el Estado se fundamentó en engrandecer el rol e imagen del sacerdote, especialmente la del cura párroco como la figura de un hombre de respeto y autoridad, tanto para beneficio de la misma Iglesia como para el Estado. Un buen ejemplo de lo anterior fue publicado en Eco Católico (1933) cuyo tiraje superaba las 16.000 unidades:

Los fieles católicos deben todo respeto y aprecio al sacerdocio. A sus propios obispos la máxima reverencia después del Papa; ha de dárseles de palabra y por escrito el trato de Excelencia o Excelentísimo Señor y al saludarles personalmente se ha de hacer genuflexión con la rodilla derecha y besar el anillo pastoral. Se va perdiendo la costumbre de besar la mano al sacerdote; pero hemos de advertir que dicha costumbre tiene base muy sólida en la fe, por el carácter sagrado del sacerdote y los poderes que ejerce. Las manos sacerdotales consagran en la Santa Misa, bendicen se levantan para perdonar y anunciar la Palabra de Dios. “El que al altar sirve, del altar debe vivir” enseñó la Iglesia desde el principio por boca de San Pablo. Con la Religión no se comercia en ninguna. Los fieles deben contribuir al sostenimiento del sacerdocio para que éste no se vea obligado a buscar el pan de otro modo y se consagre al bien espiritual del pueblo. (p. 19)

De manera paralela, la Iglesia buscó por todos sus medios formar un habitante que respetara el orden establecido y respaldar a sus autoridades, instituciones y acuerdos políticos. También se esforzó por crear un costarricense preocupado por la salubridad y educación pública, es decir; la Iglesia Católica incentivó la formación de un costarricense que estuviera dispuesto a morir en el campo de batalla antes de ver pisoteada y ultrajada su bandera, su tierra, su patria, sus leyes, su religión, sus posesiones. “La jerarquía de la Iglesia Católica costarricense buscó y logró legitimar su imagen ante la sociedad en un proceso lento pero eficaz… mediante la ayuda proporcionada por la Iglesia… al Estado, se fue formando un perfil de costarricense útil para ambas instituciones” (Sandí, 2012, pp. 148-149). Por su parte, los gobiernos como administradores del Estado y una forma de legitimarse ante el pueblo y la Iglesia misma compensó al decretarla la religión oficial, hecho que se estableció en todas las constituciones políticas que ha tenido Costa Rica y, además; de subvencionar sus gastos de mantención de templos (Sandí, 2012, p. 150), es decir, una perfecta relación de concomitancia entre la Iglesia y el Estado.

El segundo aporte que nos entrega en su estudio está relacionado con la tipificación de las diversas maneras que la Iglesia colaboró con el Estado en el proceso del control y apropiación del espacio geográfico catalogado como costarricense. En primer lugar, la Iglesia mencionó la construcción de un mercado interno que permitió la expansión agrícola, incentivó no solo los procesos migratorios, sino también; las construcciones de templos y erecciones de parroquias. En un segundo lugar, observó cómo la construcción de un templo, la devoción a un santo patrón y así como la llegada de un sacerdote a una comunidad fueron elementos importantes en el proceso de control y apropiación del espacio geográfico y consolidación de una identidad local. Asimismo, se justificó su accionar recurriendo a la amenaza del protestantismo, tal como la imaginó el Obispo Bernardo Thiel de San José en 1895:

Thiel… argumenta y menciona que la ayuda debe de llegar pronto pues: La necesidad es tanto más urgente, cuanto que los protestantes, de diferentes sectas están ya construyendo varias capillas para su gente, recibiendo auxilios grandes del extranjero… No podemos ver con indiferencia que los protestantes, en un país católico como Costa Rica, se distingan por un celo mayor que los mismos católicos, que sabemos ser nuestra Religión la única verdadera, fundada por Cristo y por ello, la Iglesia apuró el paso a los curas para que realizaran los turnos correspondientes para la construcción de los templos de la línea férrea (Sandí, 2012, p. 342).

La cita anterior es un buen ejemplo de cómo la cabeza de la Iglesia Católica en su afán de “ser la única fe”, no solo se limitó a legitimar los procesos migratorios y el domino territorial “costarricense, sino que, también, promovió su poblamiento con fines no necesariamente políticos, sino también religiosos, en este caso para evitar la estadía y propagación de credos disímiles al que ella impulsaba” (Sandí, 2012, p. 345), y este accionar acrecentó su capital religioso y cultural que en momentos claves en la historia de Costa Rica se hizo valer. Tal estrategia no solo dificultó y retrasó, sino que también obstaculizó la llegada del protestantismo y, posteriormente, del pentecostalismo, ya que la oferta de una nueva religión tuvo que enfrentarse a un catolicismo fortalecido por la acción del cura residente y marcado por un profundo sentido de pertenencia y apego a sus tradiciones, pues quienes ostentan el monopolio de ser la religión oficial o del Estado buscará impedir la llegada de nuevos actores para mantener los medios de reproducción religiosa. Al menos eso fue durante gran parte del siglo XX. (Bourdieu, 1971; Dianteill y Löwy, 2009).

La Iglesia Católica y sus avatares en el siglo XX

Por su parte, en el contexto internacional el desplome de la bolsa de Nueva York en 1929 produjo una prolongada crisis e impacto en las condiciones de vida de la población en Costa Rica, no solo golpeó la economía sino también la paz social, he hizo que tambalearan los gobiernos de la época y sus políticas liberales. Este acontecimiento dio paso al movimiento popular y la aparición del Partido Comunista en 1931, además, “entre las consecuencias de la crisis (estuvo) el debilitamiento del cerco liberal contra la institución eclesiástica” (Picado, 1988, p. 87). Ante la desbastadora crisis del modelo agroexportador y para salvar el sistema imperante, se gestó un acuerdo entre los dirigentes del Gobierno y la Iglesia. Una vez más religión y política buscaron legitimarse mutuamente.

En el caso de Costa Rica, dejando en el pasado las leyes de 1884, fue así como el clero dispuso de mayor libertad para dar curso al pensamiento social de la Iglesia, esto como alternativa al movimiento obrero liderado por el comunismo. El objetivo era competir con el Partido Comunista, pues este conquistaba adeptos entre obreros y campesinos vinculados especialmente a las empresas bananeras. En este sentido, se debe recordar que en 1934, con el liderazgo de comunistas en diversos conflictos sociales -entre ellos la huelga bananera- se produjo un cambio decisivo en el discurso eclesiástico (Molina, 2009, p. 102). Como señala Picado, “La aparición del comunismo fue la oportunidad para que el catolicismo enarbolara la bandera del anticomunismo y declararse defensores de la civilización cristiana” (1988, p. 89), esto, mucho antes de la Guerra Fría. Veamos el ejemplo siguiente:

Con la venia de las autoridades civiles y en conjunción con el Tercer Centenario del hallazgo de la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, el clero organizó una grandiosa manifestación. La prensa informó de esta forma: “40 mil obreros y campesinos de todo el pais fueron a cartago a tributar homenaje a la virgen de los angeles” … la manifestación del 11 de agosto de 1935 no fue convocada ni organizada por obreros, sino por sacerdotes. No se pregonaron lemas relativos a las condiciones de vida: salarios, seguros, desempleo, carestía de los alimentos, trabajo de mujeres y de niños. Se vocearon consignas a la vez religiosas y anticomunistas: “Soberana Reina, no permitas que Rusia imponga su doctrina comunista en Costa Rica para que siempre se confiese a Cristo Redentor” … Así pues, el anticomunismo cambió la actitud de los liberales hacia la Iglesia…. En 1935 se le dio carácter político a una manifestación religiosa. El giro no podía ser más radical. Esa fue la puerta que encontró la Iglesia institucional para inmiscuirse en el mundo político (Picado, 1988, p. 88).

No obstante, la Iglesia Católica costarricense tardó en intervenir en “la cuestión social”, y reforzó el enfoque de “manos quietas” respecto de los problemas sociales. No existían razones para que esto fuese, así pues, en 1891 el Papa León XIII publicó la Carta Magna de la doctrina social de la Iglesia Católica: la encíclica Rerum Novarum. Este documento era la respuesta, tanto al socialismo como a la proletarización donde la Iglesia reclamaba la protección de los asalariados. Sin embargo, en Costa Rica el clero tuvo defensores e impugnadoras del orden vigente he hizo que sus aportes en materia de orden social tardaran en llegar. Los años 1920-1930 prepararon las mentalidades de las

décadas siguientes. Monseñor Thiel, redactó su carta pastoral en 1893 sobre el “Salario Justo” donde hizo una fuerte crítica respecto al escaso interés del Estado en la cuestión social, no obstante; con posterioridad “ensalza las virtudes de la pobreza y la necesidad de recibir la caridad pasiva, en vez de trabajar por la organización de los trabajadores” (Rosenberg, 1977, p. 120). El catolicismo frente a la cuestión social fue titubeante, y es cierto que las autoridades, tanto desde la prensa y el púlpito, denunciaron las injusticias sociales.

Sin embargo, “no se llegó al terreno de los hechos en lo relativo a la defensa de los intereses de los obreros en cuanto a grupo social” (Picado, 1988, p. 93), solo hubo algunas excepciones como la de 1943-1944 impulsada por Monseñor Sanabria en el contexto mismo del fervor de las reformas sociales donde se dio una alianza entre el Partido Comunista y la Iglesia Católica en el ámbito sindical. Esta alianza, que fue facilitada por un Comité de enlace, empezó a desaparecer a finales del último año indicado, y llegó a concretizarse en el congreso efectuado por la Central los días 21 y 22 de diciembre de 1944, donde se anunció que ese movimiento sindical no dependía ya directamente de la Iglesia (Backer, 1975, p. 127).

En síntesis, en la década del cuarenta en Costa Rica, el Estado comenzó a surgir como factor político y social de importancia, por ende, se establecieron las bases institucionales para una reforma social y se crearon las instituciones para la administración de esas reformas. Durante ese periodo surgieron fundamentales y persistentes segmentaciones políticas y por primera vez “los grupos políticos organizados comenzaron a jugar un papel continuo e importante en la determinación… de la problemática social” (Rosenberg, 1977, p. 149). Es así como el rol del Partido Comunista y el apoyo de la Iglesia Católica al programa reformista fue vital. En esta dirección, corresponde mencionar que el más significativo apoyo de la Iglesia Católica fue el acuerdo entre Rafael Ángel Calderón Guardia (presidente de Costa Rica) y Manuel Mora Valverde (líder del Partido Comunista) que tuvo que ampliarse para incluir a la Iglesia representada por Mons. Sanabria. Se trató de buscar un consenso y reglas para la interacción de los tres actores. Este acuerdo, se ha llamado la alianza inverosímil.

Este pacto, fortaleció al movimiento popular y en contrapartida, precipitó el avance de las fuerzas opositoras hacia un reagrupamiento y una consolidación. El pacto trilateral se formuló con ocasión de una iniciativa reformadora de Calderón Guardia: las Garantías Sociales, proyecto enviado al Congreso el 1° de mayo de 1942, como había sucedido con el Seguro Social, también en esta oportunidad arzobispo y los restantes obispos de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica brindaron su apoyo al plan, aprobado el 2 de junio de 1943. Pocos días después, el 14 de junio, aparecen las cartas cruzadas entre el jefe del Partido Comunista, Manuel Mora Valverde y Víctor Sanabria M., arzobispo de San José (Picado, 1988, p. 122). Según Iván Molina, el fin del apoyo de la Iglesia Católica al plan reformista era “disputarles el voto popular urbano a los comunistas”. Por su parte, Picado (1988, p. 102) opina que entre los fundadores del Partido Comunista un número importante de ellos y ellas tenían antecedentes cristianos y que esto facilitó las negociaciones con Monseñor Sanabria. La novela A ras de suelo de la militante comunista Luisa González es una prueba de ello; en la narrativa la autora hace una acuciosa descripción de la religiosidad popular cotidiana de un hogar suburbano josefino de los años 30. El otro es Carlos Luis Falla en su novela Marcos Ramírez donde menciona la religiosidad de su madre, asimismo en Mi Madrina.

Debido a las vicisitudes de la competencia electoral, “ese proyecto se convirtió, desde inicios de 1941, en la base de una colaboración cada vez más estrecha entre el gobierno y la dirigencia del comunismo costarricense” (Molina, 2009, p. 11) que vino a ser exitoso y puso las bases de un Estado de bienestar que ubicó a Costa Rica en la segunda mitad del siglo XX a la vanguardia de Latinoamérica en acceso a la salud, educación y la disminución de la pobreza. En un contexto de esta naturaleza como la de los años 30 y 40, el pentecostalismo se le hizo muy difícil conectar su propuesta con la sociedad costarricense debido a que la atención de los sectores populares era aprehendida por el movimiento obrero liderado por el Partido Comunista, eran propuestas políticas e ideológicas reformistas ampliamente anheladas por las masas, asimismo; estaba el fuerte monopolio de las creencias por parte del catolicismo enraizado en la religiosidad popular conservadora y anti comunista.

Esto claramente condicionó el hecho que la Constitución de 1949 mantuviera la oficialidad de la Iglesia Católica, además significó que el protestantismo fuese considerado una minoría religiosa con escaso arraigo en Costa Rica, no obstante; los legisladores no consideraron que era una minoría religiosa activa. El rápido crecimiento de los protestantes entre los años 1942 y 1980 no pasó inadvertido por la Iglesia de Roma, por tanto, profundizó sus ataques y acusaciones especialmente por la prensa, donde, a manera de ejemplo, el Obispo de San José, en enero de 1957, presionó a los padres para que no enviasen a sus hijos a colegios protestantes con la amenaza de la excomunión (La Nación, 1957, p. 17). Esta actitud es comprensible y afín a lo argumentado por Max Weber: “toda autoridad… oficial de una iglesia…lucha especialmente contra cualquier religión virtuosa y contra su desarrollo independiente… intenta ordenar la religiosidad de las masas… oficialmente monopolizados y mediatizados” (2010, p. 45).

Por su parte, quienes ostentan el monopolio buscan impedir que ingresen nuevos actores y/o mantener el control de los medios de reproducción religiosa (Bourdieu, 1971; Dianteill y Löwy, 2009). Empero, una leve mutación se dio en el catolicismo con el advenimiento del Vaticano II (Nelson, 1983, p. 317). Por su parte la religiosidad popular católica de forma casi independiente de la jerarquía al igual que en el resto del continente da el sí a que la mayor parte de la población viva su fe en torno a sus santos o virgen de voto. En este contexto, existen más de 2.000 pueblos en Costa Rica que llevan el nombre de un santo católico, y en muchos de estos lugares el día más importante del año es el día de la celebración de su santo patrono conocidas como “fiestas populares”, que incluyen procesiones religiosas donde llevan imágenes del santo por las calles principales, desfiles de caballos y bueyes con carretas pintadas de estilo tradicional, la plaza de toros, carnavales, bailes y mucho licor. Estos festivales o turnos son más de tipo social y comunal que religioso en la mayoría de los pueblos” (Holland y Sequeira, 2003, p. 8). Adicionalmente, con la venia de las autoridades eclesiales, miles de personas viajan de todo el país a la ciudad de Cartago (antigua capital en tiempos de la Colonia) a tributar homenaje y a la celebración de Nuestra Señora de los Ángeles, el 2 de agosto de cada año, virgen declarada patrona de Costa Rica. Esta es la principal fiesta religiosa católica de la nación que data del tiempo de la Colonia.

No obstante, en los años 70, por una parte, la iglesia debió congeniar con la aparición en su seno del movimiento carismático, y por otra parte con la Teología de la Liberación. Luego con el crecimiento casi explosivo del movimiento pentecostal y del neo pentecostalismo. Es así como “han llegado nuevas creencias que satisfacen mejor las mismas necesidades, las primeras religiones se han visto suplantadas” (James, 2004, p. 252). Por tanto, el campo religioso se diversificó y el monopolio del catolicismo fue debilitado considerablemente (Bourdieu, 1971; Dianteill y Löwy, 2009).

Conclusión

De acuerdo con el objetivo planteado de comprender al catolicismo en la sociedad costarricense durante el siglo XX y la reflexión desarrollada, es posible constatar lo siguiente:

La Iglesia buscó por todos los medios formar un habitante respetuoso del orden establecido, y apoyar a sus autoridades, instituciones y acuerdos políticos. Por tanto, la jerarquía de la Iglesia Católica costarricense buscó legitimar su imagen ante la sociedad en un proceso lento pero eficaz, mediante su favor al Estado al formar un ciudadano útil para ambas instituciones. Por su parte, los gobiernos en cuanto administradores del Estado, la compensó al decretar a esta como la religión oficial, hecho establecido en todas las constituciones políticas que ha tenido Costa Rica.

La crisis económica estadounidense de 1929 produjo un impacto en las condiciones de vida de la población en Costa Rica, crisis que terminó por anidar al movimiento popular y la aparición del Partido Comunista en 1931. En este contexto, se gestó un acuerdo entre los dirigentes del Gobierno y la Iglesia. Una vez más, religión y política buscaron legitimarse mutuamente, dejando en el pasado las tensiones existentes, fruto de las leyes de 1884.

El referido acuerdo permitió que el clero disponga de mayor libertad para dar curso al pensamiento social de la Iglesia como alternativa al movimiento obrero liderado por el comunismo. La idea en este sentido era competir con el Partido Comunista. Adicionalmente, y en un hecho inédito, la aparición del comunismo fue la oportunidad para que el catolicismo enarbolara la bandera del anticomunismo y se declarase defensor de la civilización cristiana, esto, mucho antes de la Guerra Fría. Aun así, la Iglesia Católica fue titubeante en intervenir en “la cuestión social”, siendo la acción más significativa la impulsada por Monseñor Sanabria en el contexto mismo del fervor de las reformas sociales donde se dio una alianza entre el Partido Comunista y la Iglesia Católica en el ámbito sindical, pero, de corta data. Alianza que, además, jugó un rol determinante para el emergente Estado reformista costarricense, tanto en lo social como en lo institucional.

Finalmente, en el mencionado contexto de los años 30 y 40, al pentecostalismo se le hizo muy difícil conectar su propuesta con la sociedad costarricense. Pues, la atención de los sectores popularesera aprehendida por el movimiento obrero liderado por el Partido Comunista, mediante propuestas políticas e ideológicas reformistas ampliamente anheladas por las masas. Asimismo, estaba el fuerte monopolio de las creencias por parte del catolicismo enraizado en la religiosidad popular conservadora y anticomunista, asunto que claramente condicionó el hecho que la Constitución de 1949 mantuviera la oficialidad de la Iglesia Católica, lo que, además, significó que el protestantismo fuese considerado una minoría religiosa con escaso arraigo en Costa Rica.

Tal escenario, mutó de forma significativa a partir de los años 70, con un constante crecimiento del pentecostalismo y neopentecostalismo. Sobre esta transformación religiosa y la Iglesia Católica, los estudios son mínimamente escasos.

Referencias

Avendaño, M. (2018). Movimiento evangélico en Costa Rica: Del ‘servicio de Dios’ a la conquista política. El Financiero. https://www.elfinancierocr.com/economia-y-politica/movimiento-evangelico-en-costa-rica-del-servicio/5NROWY6WQVHHRIFU2JSSV2JHEE/story/

Backer, J. (1975). La Iglesia y el sindicalismo en Costa Rica. Editorial Costa Rica.

Bastian, J. (1990). Historia del protestantismo en América Latina. Ediciones CUPSA.

Bieske, S. (1990). El explosivo crecimiento de la Iglesia evangélica en Costa Rica. Editora Jossmay.

Bourdieu, P. (1971). Genèse et structure du champ religieux. Revue française de sociologie, 12(3), 295–334. https://www.persee.fr/doc/rfsoc_0035-2969_1971_num_12_3_1994

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  1. 1 Costa Rica, es un país de Centroamérica con 51.100 km² de superficie. La provincia de Costa Rica con aproximadamente 50.000 habitantes alcanzó su independencia en 1821 sin alzamientos violentos. El país, prosperó a partir de 1830 al calor de la expansión cafetalera, luego con el cultivo del banano, actualmente el turismo constituye su principal ingreso. La crisis de 1930, que agudizó los conflictos sociales, estimuló una creciente intervención del Estado y puso a prueba la democracia liberal” (Molina y Palmer, 2008, p. viii).


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