Revista de Historia
N.º 79 • ISSN: 1012-9790 • e-ISSN: 2215-4744
DOI: http://dx.doi.org/10.15359/rh.79.7
Enero - Junio 2019
Fecha de recepción: 01/04/2019 / Fecha de aceptación: 19/04/2019

El discurso colonialista eurocéntrico de las élites centroamericanas en el contexto de las Exposiciones Universales de París, Madrid, Chicago y Guatemala en el siglo XIX

The Eurocentric Colonialist Discourse of the Centroamerican Elites in the Context of the Paris, Madrid, Chicago and Guatemala World Fairs in the XIX Century

Guillermo Cubero Barrantes*

Resumen: El presente artículo hace referencia al aparato teórico y metodológico relativo al problema en la reproducción del discurso colonialista eurocéntrico de las élites centroamericanas en el contexto de las Grandes Exposiciones Universales del siglo XIX. Esta reproducción produjo una serie de tópicos, tensiones y tendencias discursivas que incidieron, y lo siguen haciendo en el presente, en las relaciones de desventaja económica, social y política del istmo centroamericano con respecto a las potencias occidentales noratlánticas.

Palabras claves: colonialidad; eurocentrismo; discurso; Exposiciones Universales; museología; historia; Centroamérica.

Abstract: The present article refers to the theoretical methodological apparatus related to the problem in the reproduction of the Eurocentric colonialist discourse of the Central American elites in the context of the Great Universal Exhibitions of the XIX century. This reproduction produced a series of topics, tensions and discursive tendencies that affected, and continue to do so in the present, in the relations of economic, social and political disadvantage of the Central American Isthmus in relation to the western North Atlantic Powers.

Keywords: Coloniality; Eurocentrism; Discourse; Universal Exhibitions; Museology; History; Central America.

Introducción1

El siguiente escrito forma parte de la propuesta teórico-metodológica desarrollada en el Doctorado Interdisciplinario en Arte y Literatura de América Central. La tesis se preocupó por evidenciar la presencia del discurso eurocentrista en las élites centroamericanas y sus consecuencias en la preservación de las epistemologías y visiones de mundo locales en el contexto centroamericano. El artículo refiere a la identificación, localización y sistematización de un tipo de fuentes primarias muy especializadas y poco recurridas como lo son los catálogos de las exposiciones. En el caso presente, los documentos consultados, como lo son los catálogos de las participaciones centroamericanas en las Exposiciones Universales de París, Madrid, Chicago y Guatemala en el siglo XIX, son muy raros y su existencia es prácticamente ignorada por la comunidad científica e historiográfica en general. Por otra parte, no solo se cuenta con un corpus de investigación desconocido, sino que la investigación se propone realizar un enfoque de análisis crítico de estos documentos en un campo, como la museología, en el que estos se encuentran casi ausentes, lo cual no deja de llamar la atención, dada la gran influencia que las instituciones museológicas y sus discursos ejercen sobre grandes segmentos de la población tanto local como mundial.

Ahora bien, en primer plano, se explica acerca de los catálogos mencionados y su importancia como fuente para el estudio histórico-cultural centroamericano, para lo cual, en seguida, se plantea una secuencia teórica que, basada en propuestas decoloniales, aclara la forma en que estos textos pueden ser analizados con la finalidad de romper con visiones arcaicas de una colonialidad unidireccional y totalizante.

El marco metodológico propuesto para esta investigación se denomina las “Tres T” –tópicos, tensiones y tendencias–, el cual aspira a convertirse en un aporte para el análisis crítico de textos particulares, como los catálogos de museos. Esta herramienta se basa en un inventario de temas tratados –tópicos–, su relación con el marco sociohistórico –tensiones– y el hallazgo de regularidades o recurrencias –tendencias– tanto sincrónicas como diacrónicas según sea el caso del análisis comparativo.

Dada la singularidad del corpus, el enfoque crítico decolonial del análisis y la capacidad de la propuesta metodológica de las Tres T de profundizar de manera progresiva la naturaleza del discurso, este artículo aspira a convertirse en un referente para quienes deseen explorar nuevas fuentes, nuevas perspectivas y nuevas herramientas que aporten al desarrollo del conocimiento de la disciplina historiográfica y la cultura en general.

Los catálogos de las exposiciones universales: fuentes primarias y paratextualidad

Las fuentes primarias corresponden a los catálogos de las exposiciones universales en las que participaron los países centroamericanos a finales del siglo XIX, que se componen de textos museológicos generados tanto en Centroamérica como en Europa, en los que se encuentran descripciones y autodescripciones sobre el istmo.

Dos de los criterios fundamentales para la selección del corpus documental fueron el fechamiento y la extensión, de tal manera que los países involucrados en el estudio presentaran al menos dos documentos de carácter comparativo. Para Guatemala, se cuenta con un documento excepcional, propio del siglo XIX, correspondiente a la Exposición Internacional de Guatemala de 1897. En Nicaragua, la información es dispersa y los documentos son muy incompletos. Sin embargo, se dispone de dos pequeños documentos de 1892 y 1889, sobre su participación en Madrid y en París respectivamente. Para El Salvador, se cuenta con el catálogo de su participación en París en 1889. Costa Rica posee un catálogo de su participación en Madrid en 1892 con tema arqueológico. Para Honduras no se tiene información para el siglo XIX.

Otros textos incluidos en el corpus documental son tres escritos en Francia, fuentes primarias de índole complementaria, cuyo objetivo es aportar información que no aparece en los catálogos de las exposiciones universales realizadas en Europa y Estados Unidos y que brindan descripciones relativas a Centroamérica desde la visión ideológica predominante durante el período estudiado. Dichos documentos pueden ser calificados en la categoría de literatura transtextual. Estos textos son: Notice sur les cinq États du Centre-Amérique: avec une carte (1853), Souvenirs d’un voyage dans l’Amérique Centrale (1857), Géographie universelle de Malte-Brun. Illustré par Gustave Doré (1859) y Géographie générale de l’Amérique et l’Océanie, texto escolar de 1863.

Los catálogos de las Exposiciones Universales en Europa y Chicago

Como se mencionó arriba, la selección del corpus obedece a una serie de criterios de comparabilidad y correlatividad en términos históricos y sociales. Entre las fuentes a tener en cuenta, son importantes aquellas que se articularon desde las potencias europeas y Estados Unidos durante el siglo XIX y que de alguna manera muestran relación con catálogos elaborados desde Centroamérica en esa época.

Los documentos considerados permiten identificar con abundancia textos relacionados con “autodescripciones” del “yo europeo” y solo existen hallazgos relativamente raros acerca del “otro centroamericano”, de tal manera que se recurrió metodológicamente a la transtextualidad para incluir algunos documentos escritos en el contexto espacio-temporal-cultural de las grandes exposiciones universales y buscar en ellos una ampliación sobre las descripciones del “otro centroamericano” que ayuden a completar la imagen descrita desde el istmo.

Por lo tanto, la elección se realizó considerando tres eventos: las Exposiciones Universales de París en 1878 y 1889, la Exposición del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América en 1892, en Madrid, así como la Exposición Colombina de Chicago de 1893, debido a que en dichos acontecimientos la participación centroamericana fue entusiasta y dejó como vestigio documentos que permiten una comparación interesante y pertinente.

Para la exposición de Madrid, se cuenta con un Catálogo General de dos tomos de la Exposición Histórica Americana de 1892, presente en la colección del Iberoamerikanisches Institut de Berlín. La búsqueda de los documentos de París fue mucho más ardua, puesto que muchos de estos documentos desaparecieron de la Stadtbibliotek de Berlín durante las dos guerras mundiales del siglo XX y no fue posible dar con ellos sino mediante la colaboración de la Biblioteca Nacional Francesa en su versión virtual.

El catálogo de Guatemala es muy peculiar y valioso por su “rareza”, pues prácticamente solo existe un documento conocido. Ese catálogo llamado Guatemala 1892 constituye el registro de ese gran evento centroamericano, que buscaba emular en todo sentido a la gran Exposición Universal de París en 1889 y en general a las grandes exposiciones universales.

El documento de El Salvador corresponde al catálogo que preparó para la Exposición de 1889 en París, el médico y naturalista salvadoreño graduado en París y experto en el tema de las exposiciones universales, David J. Guzmán. El caso de Nicaragua es igualmente muy diferente, debido a diversas circunstancias relacionadas con desastres naturales y conflictos bélicos, sobreviven muy pocos documentos y solo fue posible analizar una breve introducción preparada para la Exposición Colombina de Madrid de 1892, así como un documento elaborado en París sobre la participación de Nicaragua en la exposición parisina de 1889. Este último, aunque no reúne las condiciones de “articulado desde Centroamérica”, es lo más cercano que se puede encontrar, pues está escrito desde París, por un francés que administraba amplias propiedades del Embajador de Francia en Nicaragua y realizó su discurso teniendo en cuenta las informaciones que tenía de la colección presentada y del país que conocía de primera mano.

Costa Rica fue un caso excepcional por la cantidad de documentos con que se cuenta. Dos de ellos se encuentran en la colección del Archivo Nacional, y uno está en la colección del Museo Nacional, que corresponden a la participación de Costa Rica en la Exposición Colombina de 1893 en Chicago, la Exposición Nacional de 1886 y que servirán de base para la participación de 1889 en París, y el catálogo para la participación histórico-americana en Madrid de 1892. Un dato curioso, es que al estar próximas las fechas de los eventos de Chicago y de Madrid, el catálogo enviado a los Estados Unidos le fue encargado a David J. Guzmán, el mismo autor del documento de El Salvador.

La tensión ciencia-ficción, el efecto estético y la reproducción

Existe un amplio debate sobre el grado de “veracidad” o de “realidad” de un texto que se presenta a la audiencia como objetivo y veraz. Uno de sus orígenes en el pensamiento occidental se puede rastrear en la dicotomía aristotélica poesía/historia.2 Este problema de la autenticidad, fidelidad u objetividad tiene implicaciones importantes en materia legal y en el ejercicio de las ciencias, por ejemplo, donde el contenido de “verdad” adquiere gran importancia frente a su contenido de “invención”. En su análisis sociohistórico del Fray Gerundio de Campazas, una novela ejemplar contemporánea al Quijote de la Mancha, Jorge Chen desarrolla esta noción de tensión textual, que en algunos casos aparece como tensión realidad-ficción, en otros como tensión ciencia-ficción o como tensión historia-ficción.3

Esta noción, a su vez, la asocia el autor a la de “interferencia”, dando a entender con ello que, al diluirse las fronteras entre lo literario y no literario, en un género como la novela histórica, o la autobiografía, por ejemplo, ocurre una cierta interferencia de los hechos históricos que fácilmente pueden ser rastreados por un lector bien informado. Para el autor, la interferencia hace oscilar lo no literario –serio, verdadero, auténtico, útil, histórico– con lo literario –cómico, falso, inauténtico, ficticio–.4 Esta noción es de suma utilidad en algunos de los análisis textuales referidos a los catálogos, debido a la naturaleza particularmente retórica de su paratextualidad, escrita por lo común por las autoridades políticas, en forma de introducciones, preámbulos y presentaciones.

Esta tensión es localizable también en las elaboraciones textuales de la llamada autoridad pedagógica, es decir, museólogos y científicos en general. Lo interesante desde el punto de vista metodológico, es que mientras en el estudio de Chen se trata de demostrar que a pesar de la declaración autoral de “ficcionalidad” de la obra analizada, muestra relación con componentes históricos que hacen interferencia con esta, en nuestro caso el camino es el inverso, es decir, que a pesar de la “objetividad” declarada por los autores de los catálogos, un análisis minucioso podría evidenciar un componente altamente “ficcional”, “literaturizado” o de carácter subjetivo.

Para Perus, las ideologías relacionadas con lo estético no se dan en estado puro, sino que se encuentran en medio de un sistema contradictorio de “relación desigual de dominación/subordinación”5 que obedece a las ideologías estéticas dominantes. Para este caso, son importantes las dos nociones y su relación intrínseca, si por un lado “el efecto estético” se convirtió en el caballo de batalla de las exposiciones universales del siglo XIX, también lo es “la reproducción” a través de los aparatos del Estado, uno de los cuales fue –y lo continúa siendo– el museo y sus exposiciones. Para esta autora, no existe un “valor estético” universal intrínseco, tal y como lo propone Occidente al hacer atravesar por su filtro toda la producción material existente, lo que existe es una manipulación arbitraria que le otorga determinado valor estético a un objeto dado, cuyos verdaderos valores se encuentran en la realidad concreta en la que estos objetos fueron creados.

Un ejemplo de la arbitrariedad que se puede relacionar con el “efecto estético” y el valor de su “reproducción”, lo encontramos en las grandes exposiciones del siglo XIX en Europa. Los primeros eventos solamente incluían en sus exposiciones “obras de arte” occidentales, es decir, pintura, escultura, grabado e imprenta. Países como México y Perú se presentaban a estas con pintura al óleo, medallas e incluso con trabajos de manualidades y bordados. Con el advenimiento de la antropología y la arqueología como ciencias bien consolidadas y legitimadas como parte del modelo de la cultura occidental, empezaron a aparecer en las exposiciones objetos “arqueológicos” que, por supuesto, deberían ser presentados como obras de índole distinta al “arte” conocido en Occidente.

A finales del siglo XIX, el colonialismo europeo y la creciente presencia de los EE. UU., como potencia emergente, se justificaron ideológicamente, mediante el discurso científico, a diferencia del colonialismo formal español, basado sobre todo en la religión. En el ámbito político, un factor que tuvo gran peso para el auge de la expansión imperialista en el mundo consistió en que, a mediados del siglo XIX, con el Reich alemán y la Corona italiana, aparecieron dos nuevos Estados que buscaban su “lugar bajo el sol” y que entraron a competir con las potencias coloniales tradicionales: Gran Bretaña, Francia y Rusia y con las potencias no europeas de Estados Unidos de América y Japón. En las regiones transoceánicas se inició una carrera por la posesión colonial respaldada por fundamentos ideológicos.

Esto explica en parte, la aspiración de los gobernantes centroamericanos de entonces por asimilar la cultura de las grandes metrópolis; lo cual no obedecía a la mera coincidencia. Por el contrario, Occidente ha desarrollado una estrategia de inferiorización del otro “no occidental”, tan eficaz, que no ha escatimado en recursos discursivos de toda índole y amparándose en su gran punta de lanza, que para el siglo XIX no fue otra que “la ciencia” en su versión más europea del racionalismo cartesiano.

Por otra parte, las posesiones coloniales basadas en argumentos científicos se relacionan con lo que Robert D. Aguirre denomina imperialismo informal. Al respecto, en su libro Informal Empire plantea la conexión entre Inglaterra con México y Centroamérica en tiempos del apogeo del Imperio inglés. De manera particular utiliza como punto de partida las exposiciones de museos llevadas a cabo en el siglo XIX, para destacar un tipo de imperialismo, no de Estado, como sí sucedía con la India o Belice, sino un imperialismo “de hecho”.6 Este se ve reflejado en las relaciones comerciales y económicas y se sustenta sobre una base de discursos de orden cultural que promovían una relación de asimetría entre un yo europeo dominante y un otro centroamericano subalterno.

El museo, considerado por los victorianos como la institución nacional por excelencia fue el escenario en el que Aguirre analizó las relaciones discursivas del poder hegemónico que buscaba tomar el lugar de dominio imperial que había dejado libre el desplazado Imperio español. El autor selecciona episodios que reflejan el deseo del Imperio hacia los objetos del pasado precolombino, más que por el territorio. Asimismo, caracteriza el ascenso de los intereses británicos por el control económico comercial con la región donde Latinoamérica se convirtió en uno de sus principales mercados, siendo superado solamente por la India.7

Si bien el autor reconoce las diferencias entre el imperialismo formal e informal en su relación con Centroamérica, considera que ambos van de la mano y se aleja de las posturas poscoloniales, pues admite que aunque la región sea posindependiente, esto no implica que sea poscolonial, ya que como afirma Lord Palmerston de la Secretaría Británica de Estado: “Estos medio civilizados gobiernos como el de China, Portugal o Hispanoamérica, requieren de ser revisitados cada ocho o diez años para mantenerlos en orden”.8

Perspectiva crítica epistémica decolonial

Existe una corriente de pensamiento crítico conocida como “Epistemologías del Sur”. Esta se encuentra en autores latinoamericanos como Walter Mignolo y Enrique Dussel; el peruano Aníbal Quijano –y sus nociones de colonialidad del poder, colonialidad del saber y colonialidad del ser, respectivamente–, la socióloga aymara Silvia Rivera Cusicanqui, así como en autores de la periferia sur europea, como el portugués Boaventura Soussa Santos; a su vez inspirados, entre otros, por los pensadores afrocaribeños Frantz Fanon y Aimé Césaire. Es dentro de esta línea de pensamiento disidente, que se ubica la perspectiva crítica epistémica decolonial, cuyo principal representante es Ramón Grosfoguel. Para este autor, el pensamiento decolonial se presenta como una novedosa postura crítica basada en una “geopolítica del pensamiento alternativo a la hegemonía colonialista eurocéntrica”.9

Esta perspectiva decolonial se propone como una revisión crítica a los llamados “estudios poscoloniales” anglófonos y/o noratlánticos, desarrollados por pensadores como Gayatri Spivak, Homi Bhabha y Edward Said, quienes partieron para sus razonamientos del pensamiento eurocentrista presente en Derrida, Lacan, Foucault, Marx y Hegel. Para el pensamiento decolonial, estos autores llamados “poscoloniales” siguen anclados a una colonización epistemológica, que es una matriz de colonialidad vigente en la producción intelectual universitaria. En general, para las teorías críticas decoloniales, hablar de “poscolonialidad” equivale a decir que vivimos en una época “posterior” al colonialismo, lo cual carece de sentido pues vivimos en una realidad geopolítica sometida a una Heterarquía Global Colonial.

Occidente y Oriente

Para Boaventura Soussa Santos10 Occidente recurre a tres categorías para describir al otro: Oriente, salvaje y naturaleza, respectivamente. Esta tríada –que debe ser ampliada mediante la noción de “oposiciones semióticas” en: Occidente-no Occidente, civilizado-salvaje, cultura-naturaleza– permite identificar las principales tendencias mediante las cuales se construyen las estrategias discursivas presentes en los textos museológicos propuestos como corpus de esta investigación. Para este autor, Oriente es la civilización alternativa a Occidente; también es conceptualizada como el “resto del mundo” en el imaginario eurocéntrico. Este “resto” del mundo no solo tiene las características del Oriente-exótico, sino también del sur-recurso. Centroamérica es para efectos de la imaginación centroeuropea “un oriente”; en tanto un “no occidente”, un “resto del mundo”, en especial, un “sur-recurso”.

Para la epistemología decolonial, Occidente se presume la cuna de la superioridad y remite al “norte”, donde se encuentran ubicadas las grandes potencias hegemónicas. Por lo tanto, Europa siempre se describe a sí misma como lugar de culminación de la “Historia Universal”. Por consiguiente, la superioridad de Occidente reside en ser simultáneamente Occidente y Norte. Para Occidente, Oriente evoca siempre una amenaza, así como una civilización temida, temible y un recurso para ser explotado por la guerra y el comercio.11 Otra noción a la cual acude Soussa Santos para describir a Occidente es la de “abismal” para significar con ello a la tendencia a generar una brecha inalcanzable entre Occidente y “lo otro”.

En lo que respecta al Orientalismo, conviene indicar que alude a una corriente de pensamiento que domina en las ciencias sociales y las humanidades europeas desde finales del siglo XVII. Según Edward Said12 esa concepción remite a algunos dogmas tales como una diferenciación entre “occidentales” y “orientales”. Occidente se presenta como racional, desarrollado, humano, superior, dinámico, diverso, capaz de autotransformación y autodefinición en contraposición a Oriente, el cual es estático, eterno, uniforme, incapaz de autorrepresentarse, temible y tiene que ser controlado por Occidente. Para David Spurr,13 Occidente no es tanto un lugar geográfico, sino unos imaginarios acumulados durante siglos y una visión de mundo y modo de vida peculiar, característica atribuida comúnmente a la vida occidental.

Así, la naturaleza representa el lugar de la exterioridad. Al ser exterior no pertenece y lo que no pertenece no es reconocido como igual, por lo cual el sitio de exterioridad lo es también de inferiorización. La naturaleza se asemeja al salvaje, porque también se percibe como amenaza y recurso. A esto se suma la violencia civilizatoria como mecanismo de coacción del otro, en el caso de la naturaleza se ejerce a través de la producción de un conocimiento que permita transformarla en recurso natural.14 La naturaleza no puede ser comprendida, sino tan solo explicada y explicarla –describirla–, es parte de la labor que le corresponde a la ciencia moderna. Transformada en recurso, la naturaleza no tiene otra lógica que la de ser explotada hasta la extinción.15

La colonialidad del poder, del saber y del ser

Para Aníbal Quijano,16 se pueden distinguir tres niveles de colonialidad los cuales suceden uno al otro. El primer nivel es la colonialidad del poder que se caracteriza porque el opresor se impone por la fuerza a través de diversos medios como las armas, la economía, etc. El segundo nivel de profundización se encuentra en la colonialidad del saber, cuyo actuar es de orden epistémico. El tercer nivel correspondería a la colonialidad del ser, la cual se verifica cuando el colonizado ha asumido como propios los intereses e incluso la identidad que le otorga el opresor y, peor aún, ha asumido como normal su situación de oprimido.

Para la teoría decolonial, el significado del concepto de colonialidad es más que una práctica de dominación del territorio y los habitantes de un pueblo a través de la mera presencia administrativa colonial, mediante la cual las metrópolis ejercen la dominación y la explotación sobre otros pueblos. Para algunos autores como Grosfoguel, el colonialismo como sistema de dominación es muy anterior a la figura que le da nombre: Cristóbal Colón. Dicho de otro modo, formas de “colonialismo” se han dado desde tiempos remotos en todas las culturas, entendidas como formas de dominación de unos pueblos sobre otros, sin embargo, la colonialidad es un fenómeno posterior a la “conquista de América” e implica una estrategia de legitimación del conquistador y de inferiorización del pueblo conquistado mediante un discurso racial.17

Otra noción que debe ser explicada para entender el proceso de occidentalización al que se ven sometidas las sociedades centroamericanas en su relación con las potencias europeas es el eurocentrismo, para el cual resulta conveniente tomar de la teoría decolonial la propuesta de Grosfoguel. El eurocentrismo es concebido como una visión de mundo particular, europea y que pretende erigirse como la única válida. El patrón de poder eurocéntrico debe entenderse como una multiplicidad “histórica heterogénea estructural”18 de relaciones de poder, apoyado en el fundamentalismo epistemológico y religioso occidentalizante eurocéntrico, el cual parte de visiones binarias de “bien y mal” que no aceptan ninguna epistemología o cosmología excepto la propia.

Para entender la relación directa existente entre la noción de eurocentrismo y colonialidad del ser, debe aclararse, atendiendo a Quijano, cómo el eurocentrismo se constituye en una racionalidad específica empleada por y en la globalización en curso y como ideología de un nuevo patrón de poder surgido desde la conquista de América en el siglo XV. El autor explica que:

“uno de los ejes fundamentales de ese patrón de poder es la clasificación social de la población mundial sobre la idea de raza, una construcción mental que expresa la experiencia básica de la dominación colonial y que desde entonces permea las dimensiones más importantes del poder mundial”.19

De acuerdo con lo anterior, el eurocentrismo ligado a la colonialidad del poder, pero también a la colonialidad del ser, posibilitó la formación de relaciones sociales fundadas en la idea de raza, produciendo en el “Nuevo Mundo” identidades sociales históricamente nuevas tales como: indios, negros, mestizos y la redefinición de otras, todas bajo dicha connotación racial. Incluso, “la idea de raza, en su sentido moderno, no tiene historia conocida antes de América”,20 la idea de “raza” se articuló con un propósito específico de dominación.

Ahora bien, según Quijano, la colonialidad del poder –“como interrelación entre formas modernas de explotación y dominación”– y la colonialidad del saber –como el “rol de la epistemología y las tareas generales de la producción del conocimiento en la reproducción de regímenes de pensamiento coloniales”– resultan elementos que constituyen al eurocentrismo como racionalidad específica. Por su parte, como anota Nelson Maldonado-Torres: “el surgimiento del concepto de colonialidad del ser responde, pues, a la necesidad de aclarar la pregunta sobre los efectos de la colonialidad en la experiencia vivida, y no solo en la mente de sujetos subalternos”.21 Considera también que la crítica realizada por Frantz Fanon –fundamentalmente en sus obras, Piel negra, máscaras blancas y en Los condenados de la tierra– a la ontología hegeliana, contribuye a la explicación de la colonialidad del ser como experiencia vivida en la colonización, tomando en cuenta el papel del lenguaje, la historia y la existencia en la propia vivencia de los sujetos.22

Basado en Quijano, Maldonado-Torres estableció que la colonialidad del ser comenzó a operar sobre la base de patrones de poder iniciados por la conquista del lugar que llegó a denominarse como América. Estos ejes de poder se refieren al ya mencionado racismo biológico constituyente del eurocentrismo, pero también, al gobierno del trabajo como estructura de control de los recursos y el sometimiento mediante servidumbre, esclavitud y el posterior proletariado que pasó a formar parte del sistema capitalista y mercantil.23 En otras palabras, la colonialidad del ser ligada al eurocentrismo se ha desarrollado e impuesto como discurso y práctica racista, así como de control de la fuerza de trabajo y los recursos naturales. Es imprescindible considerar este último punto: sin colonialidad –del ser, del poder y del saber–, el proyecto de la modernidad sería imposible e inviable para los sujetos, agentes sociales e institucionalidades que lo han dirigido históricamente. Por lo tanto, los catálogos analizados constituyen así muestras o vestigios de las reproducciones discursivas de las formas de dominación ideológica, plasmando la superioridad del ser y el saber europeos, como maniobras para ejercer el poder.

Esto implica que solamente quienes piensan según la modernidad se encuentran en una posición privilegiada que justifica su conquista debido a la negación de las facultades cognitivas de los sujetos racializados; es decir, una negación ontológica, según la cual, las razas superiores piensan, mientras las sometidas, no lo hacen y por esto se duda de su humanidad.

Imagen 1

Colonialidad del ser.

Familia Maya-k’ichee, el padre vestido de español

Fuente: Colección Fototeca Guatemala, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, La Antigua Guatemala, Tomas Zanotti, 1900-1930.

El “Yo” y el “Otro” en la teoría decolonial

Otra noción fundamental para abordar la relación de asimetría entre las potencias de Occidente y las naciones centroamericanas es la de alteridad. Esta alteridad no solo está relacionada con la manera en que Occidente describe a lo “no occidental”, sino también con lo que Ramón Grosfoguel llama “los otros internos”. Para el desarrollo de la identidad nacional, es preciso ampliar la noción de alteridad, pues no se consolida la idea de un “yo” sino es a partir de la construcción de un “otro”. Para las élites colonialistas eurocentradas, las élites de locales de los países colonizados se constituyen en su “otro”. A su vez, las élites locales centroamericanas construyen su alteridad “interna” en contraposición con los indígenas y otros grupos étnicos inferiorizados.

La alteridad se refiere a la definición de las características del otro, es decir de algo o alguien diferente del yo –álter ego–. En contraste, la identidad remite al yo, autorretrato de superioridad. Desde el punto de vista cultural o racial, el yo equivale a un sujeto puro y superior en contraposición con el otro quien representa lo foráneo. En este argumento se fundamenta el discurso colonial europeo.24

Las construcciones de alteridad e identidad son de carácter subjetivo y están condicionadas por juicios, prejuicios, estereotipos y mitos, en los cuales el sujeto se reinventa constantemente. Se amparan en imágenes discursivas tradicionales de tipo binario para legitimar el sistema cultural, sociopolítico y económico del yo. Tomando como referencia a Iury Lotman, mientras el yo es quien describe y se autodescribe, el otro, por oposición, es lo descrito, lo no descrito, lo incompleto y lo incorrecto.25

Para Teun van Dijk, el yo se caracteriza por tener acceso a la articulación del discurso y es quien describe –sujeto–, en tanto que el otro no tiene acceso a la articulación del discurso, y es el objeto de la descripción. Estas nociones encuentran eco en los aportes teóricos de Gayatri Spivak, quien reflexiona sobre la imposibilidad que tiene el subalterno de articular el discurso. Según esta perspectiva, en el caso de las élites centroamericanas, el yo es ambivalente, pues, aunque tiene la posibilidad de acceder a la enunciación del discurso, en realidad no tiene acceso a la elección de su conducta, sino que es obediente a la perspectiva que le es impuesta arbitrariamente desde las metrópolis –el yo legítimo–.26

Las argumentaciones de los antropólogos evolucionistas llevaron a una construcción de “otredad” mediante una operación que despojaba de atribuciones culturales al “otro”, mientras que el “nosotros” de los antropólogos aparecía como lo “civilizado”. Es decir, la base de la “otredad” no es otra cosa que la ausencia de las atribuciones propias del mundo propio del investigador.

Para entender mejor la clásica oposición dialéctica hegeliana del “Yo” y el “Otro”, es preciso ahondar en los aportes de Ramón Grosfoguel, Soussa Santos y Frantz Fanon,27 quienes la desarrollan a partir de postulados y perspectivas diversas y complementarias. Junto a estos autores, vale la pena mencionar los aportes de Iury Lotman, que a pesar de no formar parte del “sur global” sí es un autor “de la periferia de Europa”, cuyas teorías enriquecen esta dialéctica de opuestos entre el “yo” que describe y el “otro” que es descrito.

Cuadro 1

“Yo” y el “Otro”, según Iury Lotman, Frantz Fanon y Soussa Santos. Interseccionalidad

Frantz Fanon

Decolonialidad

Iury Lotman

Semiótica de la cultura

Soussa Santos

Epistemología del sur

Feminismo decolonial

Interseccionalidad

El yo en el mundo del ser.

Lo metasistémico: se autodescribe y describe.

Prescribe y proscribe.

Establece que es lo correcto y lo incorrecto.

El yo eurocéntrico, lo civilizado, la cultura.

La mismidad.

El otro en el mundo del ser.

Lo sistémico: es lo descrito.

Está sujeto a lo prescrito y lo proscrito.

El otro “no occidental”, lo salvaje, la naturaleza.

La otredad subalterna.

El otro en el mundo del no ser.

No humano/subhumano

Lo extrasistémico: es lo no descrito –como lo inexistente–.

Suma de subalternidades.

Zona del no ser.

Fuente: Elaboración propia a partir de: Frantz Fanon, Piel negra, máscaras blancas (Buenos Aires, Argentina: Editorial Abraxas, 1973); Ramón Grosfoguel, “Decolonizing Post-Colonial Studies and Paradigms of Political-Economy: Transmodernity, Decolonial Thinking, and Global Coloniality”, TRANSMODERNITY: Journal of Peripheral Cultural Production of the Luso-Hispanic World, 1, n. 1 (2011), en: http://escholarship.org/uc/item/21k6t3fq; Ramón Grosfoguel, “Racismo/ sexismoepistémico, universidades occidentalizadas y los cuatro genocidios/epistemicidios del largo siglo XVI”, Tabula Rasa (Colombia) 19 (julio-diciembre, 2013): 31-58, en: http://www.revistatabularasa.org/numero-19/02grosfoguel.pdf; Iury Lotman, La semiosfera II: Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio (Valencia, España: Universidad de Valencia; Editorial Cátedra, 1998); Boaventura Soussa Santos, Una epistemología del Sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social (México, D.F.: CLACSO; Siglo XXI Editores, 2009).

Ramón Grosfoguel desarrolla su Heterarquía Global Colonial a partir de una oposición binaria múltiple, con la cual describe el “sistema mundo eurocéntrico” identificado como: “imperialista/occidentalocéntrico/capitalista/ patriarcal/moderno/colonial” y el cual reconoce dos tipos de seres humanos: por un lado, se encuentra el “yo legítimo”, con derecho y acceso a subjetividad, derechos humanos/ciudadanos/civiles/laborales; mientras que por debajo de esta línea de superioridad se encuentran “los otros”, una serie de sujetos inferiorizados, cuya subalternidad está basada en un esquema racista y marcada por diversas líneas religiosas, étnicas, culturales o de color; proceso subalternizador que obedece a la historia local/colonial. Por otra parte, a partir de los aportes del feminismo del sur global, la teoría decolonial adopta la noción de interseccionalidad, una compleja red de relaciones de opresión de clase, sexualidad y género a escala global atravesada por el prejuicio de la raza.28

Además, Grosfoguel, basado en Fanon, habla de aquellos sujetos que la cultura opresora de Occidente ha colocado por debajo de la línea de lo humano, quienes son considerados subhumanos o no humanos; es decir, su humanidad está cuestionada y, por lo tanto, negada.29 La zona del no ser no es un lugar específico, sino una racialización en las relaciones de poder que puede ocurrir a escala global, en una relación: centro-periferia, o al interno de los países, en una relación: élites dominantes-grupos racialmente inferiorizados.

Cuadro 2

Heterarquía Global Colonial propuesta por Ramón Grosfoguel

División del trabajo

Sistema inter

estatal

Jerarquía

etno-racial

Patriarcado -género

Patriarcado -sexualidad

Jerarquía epistémica

Jerarquía pedagógica

Jerarquía lingüística

Yo

Capital

Capital

Occidental(izado)

Hombre

Heterosexual

Europeo

Cartesiano

Europeo

Otro

Proletario

Proletario

No occidental(izado)

Mujer-otros

No heterosexual

No europeo

No cartesiano

No europeo

Jerarquía estética

Jerarquía religiosa

Jerarquía medios

Jerarquía espacial

Jerarquía de edad

Jerarquía ecológica

¿Jerarquía higienicista?

¿Patriarcal parental?

Occidental

Cristiano

Occidental

Urbano

Adulto

Extraccionismo

Personas aptas física y mentalmente

Monogamia

No occidental

No cristiano

No Occidental

Rural

No adulto

Naturaleza

Condiciones físicas y mentales especiales

Otras relaciones

parentales

Fuente: Elaboración propia a partir de Ramón Grosfoguel.30

Racismo/sexismo epistémico

Como establece Quijano, “los colonizadores codificaron como color los rasgos fenotípicos de los colonizados y lo asumieron como la característica emblemática de la categoría racial”.31 Sin embargo, más allá de las tonalidades de la piel, Maldonado-Torres apunta que, al iniciar el siglo XVI, “la relación entre religión e imperio está en el centro de una transformación vital de un sistema de poder basado en diferencias religiosas y uno basado en diferencias raciales”.32 Esto quiere decir que, a partir del supuesto “descubrimiento” de gentes que habitaban un “mundo nuevo” desconocido, y del proceso de conquista, se consolidó una ideología racista que responde a un desconocimiento de la humanidad del otro, no basado en el color de la piel sino más bien en consideraciones religiosas.

Acorde con lo anterior y agregando la perspectiva de Ramón Grosfoguel,33 la construcción sobre la idea de raza y su estrecho ligamen con la estructuración del eurocentrismo como racionalidad específica en el contexto aún vigente de colonialidad, también debe ubicarse en la constitución de un racismo/sexismo epistémico que, mediante la imposición de aparentes “universalidades”, se sustentó conforme a los cuatro genocidios/epistemicidios acontecidos durante el largo siglo XVI: a) la filosofía y división ontológica –mediante la diferenciación entre el “cuerpo” y la “mente” como sustancias distintas y separadas– y epistemológica –mediante el solipsismo con el que el hombre consigue el conocimiento en un monólogo interno consigo mismo, aislado de toda corrupción del “yo” por las relaciones sociales– cartesiana y su influencia epistemicida en la elaboración de proyectos occidentalizados de producción del conocimiento; b) la conquista de Al-Ándalus como genocidio/epistemicidio contra musulmanes y judíos; c) la conquista del continente americano, esto es, el genocidio/epistemicidio contra pueblos indígenas, marranos, moriscos y africanos y; d) la conquista de las mujeres indoeuropeas como genocidio/epistemicidio contra las mujeres.34

Los anteriores cuatro, más que hechos, se trataron de procesos que, en el transcurso del largo siglo XVI, crearon e impusieron mediante genocidios y desconocimiento y represión de los saberes no eurocéntricos, las estructuras de poder y epistémicas raciales/patriarcales que a escala mundial se imbricaron en la acumulación global capitalista.35

Crítica a la “teoría decolonial” y/o “poscolonial”

Las ideas decoloniales han sido recibidas de manera diversa en distintos sectores de la vida civil, política y académica. Resulta sorprendente la forma en que han impactado las ciencias “duras”, ya que en disciplinas tan variadas como “la agronomía” y “la nutrición”, por citar solo dos ejemplos, se habla con naturalidad del problema de “la colonización agrícola” y de “la colonización del paladar”. Los sectores más academicistas de las humanidades y las Ciencias Sociales, en cambio, se han mostrado escépticos frente a los postulados del pensamiento decolonial al que consideran “una moda” más que un modelo epistemológico genuinamente alternativo, mientras que las principales dudas surgen en torno a su resistencia a reconocer las contribuciones de las teorías de lo subalterno o de relaciones de opresión surgidas en la modernidad y posmodernidad europeas de los últimos siglos.

Cusicanqui construye su crítica a partir del cuestionamiento hacia lo que considera una notable falta de trabajo-acción por parte de los intelectuales de la “descolonialidad” que hacen una labor “de escritorio” y no se involucran directamente en las luchas cotidianas de los sujetos concretos que sufren la opresión en carne y hueso. Cusicanqui parte de la pregunta: “¿Qué es, entonces, la descolonización? ¿Puede ser concebida tan sólo como un pensamiento o un discurso?”36 Para discutir una respuesta a estos interrogantes, problematiza la posición que en general han asumido los intelectuales procedentes de las academias noratlánticas –y sus seguidores de las academias latinoamericanas– quienes, a su juicio, solo se interesan por construir “estructuras piramidales de poder y capital simbólico, triángulos sin base que atan verticalmente a algunas universidades de América Latina, y forman redes clientelares entre los intelectuales indígenas y afrodescendientes”.37

En este punto, la crítica de esta autora, además de dirigirse hacia una intelectualidad –sea norteamericana o latinoamericana– que se ha apropiado de los estudios subalternos y poscoloniales –despojándolos de su compromiso y potencial político de cambio y militancia más allá de la academia–, arremete contra los gobernantes que en América Latina han diseñado y ejecutado sus políticas socioeconómicas y culturales utilizando consignas que, en apariencia, dignifican y promueven el “Bien Vivir” o Sumak Kawsay propio de la filosofía kichwa. Para ello, Rivera Cusicanqui toma como ejemplo lo que ha significado el caso boliviano, antes y después del ascenso del gobierno de Evo Morales –aunque parte de su crítica se dirige, especial y agudamente, contra el vicepresidente criollo Álvaro García Linera–.

Ahora bien, sea por parte de gobiernos que, en alguna u otra medida, asumen como bandera las reivindicaciones de los pueblos indígenas, sean intelectuales que apuestan por una era posterior o distinta al sistema moderno/colonial, el énfasis de Rivera Cusicanqui consiste en llamar la atención de que, en efecto, “no puede haber un discurso de la descolonización, una teoría de la descolonización, sin una práctica descolonizadora”.38 Y la principal razón de este argumento es que, contrariamente a la retórica liberadora que estos sectores promulgan, “su función es la de suplantar a las poblaciones indígenas como sujetos de la historia, convertir sus luchas y demandas en ingredientes de una reingeniería cultural y estatal capaz de someterlas a su voluntad neutralizadora”.39

En suma, la postura crítica de Rivera Cusicanqui no es la de desechar, en absoluto, los aportes que eventualmente brinda la denominada teoría colonial y/o poscolonial, sino hacer un llamado, mediante el activismo comprometido, de una práctica descolonizadora que trascienda el papel o, en sus propias palabras, “de hacer de las palabras un recurso de comunicación y no un fetichismo del lenguaje”40 empleado por gobiernos e intelectuales con sus discursos “alternativos”. En resumen: la descolonialidad debe pasar de las palabras a los hechos.

Imperialismo histórico e imperialismo permanente

En complemento de lo que señala Aguirre en torno al imperialismo formal e informal, es importante hacer ampliaciones y precisiones, ya que podría decirse que las exposiciones universales del siglo XIX fueron, de alguna manera, la cara visible de estos procesos, sus mutaciones y su consolidación mundial. Como lo señala Rodrigo Quesada Monge41 –quien retoma los argumentos esenciales elaborados por Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo y de Rudolf Hilferding en El capital financiero–, el imperialismo no es un fenómeno marginal del sistema capitalista sino, al contrario, una estructura constituyente, sobre todo, de sus etapas de desarrollo posteriores a la libre competencia.42

Un primer período ubica al imperialismo histórico entre los siglos XVIII y XIX, cuya particularidad, la acumulación por despojo –término tomado de David Harvey–, supuso los siguientes componentes: a) se trató de un imperialismo que también se ejerció mediante colonias o enclaves de ultramar dominadas por el colonialismo europeo de potencias como Inglaterra, Francia, España, Alemania, Italia y Portugal; b) las clases burguesas que se fortalecieron lo hicieron mediante la imposición de mercados, incluso, mediante el uso de las fuerzas armadas de sus respectivas potencias europeas; c) en América Latina, aunque el control geográfico y etnológico fue fundamental, más allá de la dominación formal, su desenvolvimiento se dio por vías de dominación informal ejercidas, ante todo, por Inglaterra posteriormente a los procesos de independencia de las colonias españolas y portuguesas; d) dicha dominación informal se impuso a través del endeudamiento externo, la inversión privada indirecta y el control internacional de los flujos de capital; e) asimismo, en el transcurso de este período se posibilitó el crecimiento y la expansión de los movimientos populares y obreros internacionales, pero también de la producción de riqueza y creación tecnológica; f) si bien el comercio fue uno de sus ejes principales de acción, estableció los fundamentos para la dominación capitalista a escala mundial que se daría a partir del siglo XX.43

El método: análisis de los textos

En cuanto a la metodología propuesta y utilizada, es preciso reseñar las teorías semióticas ligadas con el análisis textual: la sintáctica –relacionada con el orden de los signos–, la semántica –asociada con el sentido– y la pragmática –vinculada con la intención–.44 Junto a estas nociones, van Dijk desarrolla la noción de macroestructura para dar a entender que existen unidades textuales muy amplias, las cuales deben ser tomadas en toda su extensión para su análisis; como es el caso de los catálogos de las exposiciones universales, documentos que en promedio se componen de más de mil páginas. Entonces, un catálogo completo es una macroestructura semántica, con todos sus tomos; entendido este como una unidad de sentido, pues hace referencia al nivel semántico. Lo mismo aplica para los niveles pragmático y sintáctico.

Para van Dijk,45 la pragmática está relacionada con el hecho de que el acto comunicativo se realiza bajo determinadas circunstancias, situación a la que el autor le da el nombre de contexto. Esta noción de contexto es de suma importancia para el análisis efectuado en el nivel pragmático, pues no solo se identifica la relación de los tópicos con la realidad sociohistórica que le sirve de marco, sino que se trata de reconocer posibles intenciones –intencionalidad– del autor explicadas por esta misma relación. Todos estos actos comunicativos van acompañados de una estructura sintáctica específica y una interpretación semántica. Para efectos de este estudio, la noción sintáctica de orden de signos tiene también relevancia, dado que el “orden” es una característica intrínseca muy importante en los catálogos y los inventarios de las exposiciones.

Para este análisis semiótico se toman como puntos importantes de referencia el cuadro de la Heterarquía global colonial de Ramón Grosfoguel –véase el cuadro 2– así como las oposiciones semióticas basadas en las teorías de Soussa Santos: Occidente/no Occidente, civilizado/salvaje, naturaleza/cultura. Es a partir de estas matrices como principios orientadores, que se confrontaron las múltiples relaciones de opresión que pueden identificarse con base en la oposición “yo occidental”-otro “no occidental”.

Es importante señalar que para van Dijk, los textos escritos indirectos –que no tienen un interlocutor determinado–, tales como leyes, declaraciones, lecturas públicas, y en este caso, los documentos de carácter museológico están llamados a cambiar las relaciones sociales de sus “oyentes”, aunque estos no estén participando de manera activa en el acto de comunicación. Esta noción coincide con la de “metatextos”, propuesta por la semiótica de la cultura; y que son textos llamados a condicionar el comportamiento del sistema de la cultura.

En la práctica, los niveles sintáctico, semántico y pragmático no pueden ser considerados por separado, ya que son categorías cuya función interactúa de manera recíproca. Para explicarlo un poco más, el orden –nivel sintáctico– en que se presentan ciertos elementos –países, productos, personajes– tiene un significado particular –nivel semántico–, lo cual obedece a alguna intención del autor del texto –nivel pragmático–. Un ejemplo puntual lo constituye la presentación de países en los catálogos: el país anfitrión, por lo general, se presenta como primero en el orden –nivel sintáctico–; esto tiene un significado claro: es el país más importante de la exposición –nivel semántico–; esto además conlleva una intención: afianzar la hegemonía de este país sobre el resto –nivel pragmático–.

Estudios Críticos del Discurso

Para Teun van Dijk,46 los Estudios Críticos del Discurso (ECD) pueden ser definidos como estudios de la reproducción discursiva, interesados en las cuestiones y los problemas sociales. Analiza las relaciones, las experiencias, las acciones discursivas y establece que pueden formularse alternativas a los discursos dominantes que coinciden con los intereses de los grupos dominados. Los estudiosos críticos del discurso no son neutrales, por el contrario, están comprometidos con los grupos dominados de la sociedad. Las perspectivas teóricas de los ECD resultan de utilidad para esta investigación, porque permiten el análisis crítico de las acciones discursivas del grupo dominante, en este caso, los catálogos de las exhibiciones universales, y permiten generar distancia crítica hacia estos textos, de manera que se pueda evadir el control que ejercen sobre el lector.

Otra razón por la cual los ECD resultan de utilidad para el análisis crítico de los catálogos es su naturaleza de producciones didácticas, pues se interesan por el control del acceso al discurso, el adoctrinamiento por medio del dominio cognitivo y por precisar quiénes producen el discurso público y cómo lo hacen. Finalmente, para van Dijk, no hace falta la coerción si se puede persuadir por medio de los recursos simbólicos como la educación y el conocimiento. Además, los ECD permiten examinar los cambios sociales con respecto a la reproducción discursiva del poder, sus patrones, sus relaciones y sus alcances.

Paratextualidad

Es preciso agregar que, aunque el “control cognitivo” puede ser ejercido a lo largo de toda la discursividad de un texto, son ciertos apartados, como las introducciones o los prólogos, por su naturaleza más pragmática que semántica, los que deben ser leídos e interpretados con especial cuidado. En el caso de los catálogos de las exposiciones universales, estos apartados importantes son, ante todo, las introducciones: pero también, los discursos inaugurales y los discursos de “cierre”; pues contienen amplia discursividad “retórica”, con abundancia de tópicos, dejan entrever tensiones y muestran las tendencias más recurrentes.

Las descripciones y las autodescripciones

Una perspectiva teórica de interés para este estudio es la Semiótica de Cultura desarrollada por Iury Lotman, especialmente en lo relacionado con las nociones de descripción y autodescripción. Estas nociones cobran un especial interés dada su vinculación con las nociones de identidad y alteridad, esto debido a que según lo sugieren los ECD, propuestos por Teun van Dijk, el “yo” es el que tiene el poder de articulación del discurso y, por lo tanto, es el que “se autodescribe” y a su vez “describe” al “otro”. Los catálogos de los museos son básicamente textos compuestos por descripciones y autodescripciones, mecanismo a través del cual se asegura la imposición y la permanencia del metamodelo imperante, con lo que se garantiza el esquema de dominación vigente, y con él, las asimetrías en las relaciones entre diversos grupos, que en el caso de esta investigación están representadas por la cultura centroamericana y su conexión con las potencias de Occidente.

La importancia de las descripciones radica en que, de acuerdo con lo propuesto por Lotman,47 la cultura es básicamente un sistema de descripción de la realidad, y las descripciones son un mecanismo que utiliza el sistema para aumentar su grado de organización y disminuir la tendencia al cambio y al replanteamiento de un nuevo ordenamiento. Según Lotman, el sistema genera un metamodelo, el cual le identifica y se erige como el único válido y correcto para todo el complejo sistema de la cultura, mientras genera los mecanismos para controlar cualquier agente –texto– distante y por tanto amenazante a la organización. Tanto para generar el metamodelo –yo–, como para controlar los textos distantes o incorrectos –otro–, se vale fundamentalmente del mecanismo de la descripción.

El modelo de las Tres T: tópicos, tensiones y tendencias

Esta tríada de categorías de análisis se propone como uno de los principales aportes metodológicos de la investigación de la cual se deriva este artículo. La tríada se fue configurando de manera más o menos aleatoria a partir de las lecturas de textos de Teun van Dijk, quien hace aportes teóricos en relación con los tópicos como categoría de análisis semiótico, en tanto unidades semánticas con un sentido particular. La noción de tensión la aporta fundamentalmente Jorge Chen,48 como una herramienta de análisis de tipo pragmático. Chen encuentra la tensión como una relación entre los contenidos del texto analizado y la realidad sociohistórica que los circunda, lo cual proporciona un nivel de profundización mayor en la lectura de textos, sobre todo aquellos que presentan relación problemática o contradictoria con esa realidad sociohistórica, como es el caso de los catálogos de las exhibiciones universales.

Las tensiones son identificables también, porque se presentan como oposiciones binarias del tipo: civilizado/salvaje, extraccionismo/naturaleza, Occidente/no Occidente; asimismo pueden ser del tipo: ciencia/ficción, masculino/femenino, etc. Son precisamente tensiones porque representan un conflicto entre opuestos, expresado en una oposición de opresor/oprimido y que entra en relación, como se ha dicho antes, con la realidad sociohistórica.

La identificación de tendencias implica una capacidad de lectura más abarcadora y total, es lo que podemos inferir de la lectura general del catálogo, entendido este, como una macroestructura semántica, pragmática o sintáctica. Un ejemplo de una tendencia en los catálogos de las grandes metrópolis es el etnocentrismo, es decir, ubicar a su país, de manera simbólica, como el centro del mundo, y una tendencia general en los catálogos centroamericanos es la identificación de la cultura centro-europea como un modelo a imitar.

Invariantes, variantes y emergentes

Debido a la estrecha relación que guardan tópicos, tensiones y tendencias, con la realidad sociohistórica circundante, estos podrían ser divididos en tres subcategorías: invariantes, variantes y emergentes. Los tópicos invariantes, por ejemplo, serían aquellos que aparecen una y otra vez sin grandes cambios, tanto geográficos –sincrónicos– como históricos –diacrónicos–; los tópicos variantes serían aquellos que experimentan algún tipo de cambio debido a su interacción con los grandes cambios políticos, sociales o económicos del entorno; finalmente, los tópicos emergentes serían aquellos que surgen con la aparición de nuevos hechos históricos. Serían tópicos invariantes: el eurocentrismo, la civilización, el progreso, el cartesianismo, etc.; tópicos variantes serían: la mujer como sujeto social, la industria de la guerra y las nociones del arte y la técnica. Por último, serían ejemplos de tópicos emergentes temas como: la Torre Eiffel, el unionismo centroamericano o el Canal de Panamá, que aparecen, como consecuencia de novedades en un determinado corte sincrónico de la historia.

Las exposiciones universales y la reproducción del discurso colonialista

Para finalizar, es casi inevitable mencionar la expansión colonialista europea que tuvo lugar en el contexto de las exposiciones universales del siglo XIX, sin nombrar la conquista de América, ya que, si se tiene en cuenta el proceso expansionista de la episteme occidental, como un todo, podría este ser dividido en tres grandes momentos, a su vez, considerados como una reproducción y exacerbación cada uno de su precedente: el descubrimiento y conquista de América en el siglo XVI, las grandes exposiciones universales en el siglo XIX y en la actualidad, con la estandarización –y empobrecimiento– de una cultura global promovida por la revolución tecnológica.

Teniendo en cuenta esto, es preciso llamar la atención sobre el poder de exterminio de estos procesos de expansión occidental, así como su efecto sobre las epistemologías y los saberes localizados a lo largo de todo el planeta. Si la conquista de América significó la más ambiciosa empresa de dominación y subordinación colonial que haya conocido la humanidad,49 es preciso tener en cuenta que esta se verificó de una manera tan gradual que todavía seguimos sintiendo sus efectos. El impacto producido por las exposiciones universales en el siglo XIX, por el contrario, fue tan sincrónico, global y drástico, que sus efectos han sido devastadores para los recursos naturales del planeta, explotados hasta su agotamiento total, y para los modos de vida y saberes locales que han sido arrasados por el establecimiento de normas, la lógica de mercado y la obsesión con el paradigma cartesiano.

Esta reproducción discursiva que tiene lugar en el contexto de las grandes exposiciones universales deja clara la diferencia entre colonialidad y colonialismo: mientras el colonialismo es el proceso que surge del descubrimiento de América, la colonialidad es la forma de dominación “ideológica” que ha sobrevivido hasta la actualidad. Es una forma de dominación que se ampara, ya no tanto en el poder de la espada –ego conquiro– sino en el poder sugestivo de la ideología de “raza” que, apoyada en los paradigmas de la ciencia cartesiana –ego cogito–, utiliza una lógica maniquea basada en razonamientos biológicos para colocar a la humanidad en dos posiciones: una de superioridad y otra de inferioridad.50 Dicho de otra manera, el proceso de expansión de Occidente no es otra cosa que la profundización, reactualización y reproducción de la lógica del colonialismo y el racismo como sus ideas básicas de dominación, proceso de expansión que ha sido identificado en Occidente con la idea de modernidad.

Así, de manera casi conclusiva y abierta al debate, una lectura de los tópicos, tensiones y tendencias identificados permite evidenciar al menos los siguientes casos de reproducción discursiva:

1.Cada exposición universal se presenta a sí misma como el resumen del progreso acumulado por el proceso civilizatorio de Occidente.

2.Siguiendo esta lógica, todas se inspiran en el canon estético-discursivo de los eventos precedentes más importantes: las exposiciones de Chicago de 1893 y de Guatemala de 1897 hacen referencia de manera explícita su intención de reproducir el modelo parisino de 1889.

3.En todos los casos se utiliza un elemento central como atractivo mundial. Esta tradición la inicia Londres con su Palacio de Cristal, la idea es retomada en el París del 1889 con la Torre Eiffel y perfeccionada en Chicago con su “Ferris Wheel” la que consiguió colocarse en el centro de atracciones de todos los pueblos del planeta con el nombre de “Rueda de Chicago”. En el caso de Guatemala, se construye una “Torre Eiffel” en el llamado “cantón de la exposición” como “homenaje” a la famosa exposición parisina.

4.La elaboración de catálogos forma parte de este proceso de “estandarización de la cultura”, ya que la participación en estos eventos implica la interiorización de reglas, normas y patrones en cuanto a la presentación de estos y sus sistemas de inventario, donde se establecen las formas “correctas” e “incorrectas” de descripción del mundo.

El “cogito eurocéntrico” de las potencias noratlánticas, acostumbrado como ha estado al ejercicio constante de la guerra contra “el otro”, supo convertir a sus configuraciones ideacionales por excelencia: la religión, el arte y la ciencia, en sus “caballos de Troya”; a los museos en sus cuarteles y a las exposiciones universales en el gran campo donde se libra la batalla de lo simbólico; donde a través del discurso de lo estético y de lo científico se fijan en el imaginario colectivo, relaciones inconscientes de dominio y opresión.

Sin embargo, no todo está perdido. Para el semiólogo Iury Lotman, partiendo de la Semiótica de la Cultura, no está en las posibilidades del opresor arrasar con todos los restos de la memoria de los grupos oprimidos. Este pensamiento contiene un cierto optimismo que, unido al reconocimiento de las contribuciones de la cultura del colonizador y la riqueza de los aportes de las culturas africana y asiática, los cuales forman parte fundamental de la matriz que conforma la cualidad multiétnica actual de los centroamericanos, se convierten en la salida al discurso de la rabia y el odio. Por ello, siempre habrá esperanza si nos aproximamos a una lectura crítica, a la abolición de viejos dogmas y mitos, y al amparo de epistemologías, formas de pensamiento y visiones de mundo más ancladas a la realidad de nuestros pueblos y nuestros tiempos.

A casi siglo y medio de la Exposición Universal de Guatemala de 1889, las contradicciones económicas, sociales y políticas de aquella Centroamérica continúan vigentes. La pobreza, la recesión y el endeudamiento se constituyen en la característica económica principal de las despectivamente llamadas repúblicas bananeras. Las tensiones sociales, el racismo, la exclusión de los indígenas, de las mujeres y de otros grupos vulnerables de la población siguen siendo la consigna de una población nacional dominante que se autocalifica como blanca, patriarcal, capitalista y eurocéntrica. La dependencia política de las potencias noratlánticas no solo se mantiene, sino que recrudece en una Latinoamérica en la que la colonialidad global muestra su peor cara, con el ascenso de fuerzas políticas con fachada populista que amenazan con arrasar cualquier proyecto político de emancipación descolonizadora. Tal y como lo plantea la teoría decolonial, hablar de independencia en el presente constituye una farsa retórica que busca esconder las terribles contradicciones a las que vivimos sometidos los centroamericanos.

Anexos: catálogos

Catálogo de los objetos que han figurado en la Exposición Nacional del 15 de septiembre de 1886 (San José, Costa Rica: Imprenta Nacional, 1886).

Catálogo descriptivo de la Colección Arqueológica del Museo (Managua, Nicaragua: Tipografía Alemana de Carlos Menberger, 1897).

Cortambert, E., Géographie Générale de L’Amérique et L’Océanie (París, Francia: Libraire de L. Hachette et Cia, 1863).

Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Catálogo general, Exposición Histórico-Americana de Madrid (Madrid, España: Tipografía Sucesores de Rivadeneyra, 1892).

Debans, C., Les coulisses de L’Exposition. Guide pratique et Anecdotique (París, Francia: Ernest Kolb Editeur, 1889).

Discurso pronunciado en Madrid en el palacio de la exposición universal de bellas artes por acontecimiento del cuarto centenario de Colón, por el distinguido pintor Brasileño don Eugenio Texeira (Madrid, España: Imprenta Universal, 1892).

Exposition universelle internationale de 1878 à Paris. Catalogue officiel (París, Francia: Imprimerie Nationalle, 1878).

Exposition Universelle Internationale de 1889 a Paris. Catalogue Général Officiel (Lille, Francia: Imprimerie L. Danel, 1889).

Guatemala 1897 (Guatemala: s.e., 1897).

Guide General de la Ville de Chicago et de L’Exposition Colombienne de 1893 (Montreal, Canadá: La Societé des Publications Francaises, 1893).

Guzmán, D. J., Catálogo oficial de los productos que la República del Salvador envía a la Exposición Internacional de París de 1889, con un cuadro estadístico e historial (San Salvador, El Salvador: Imprenta Nacional, 1889).

Guzmán, D. J., Catálogo General de los objetos que la República de Costa Rica envia á la Exposición Universal de Chicago (San José, Costa Rica: Imprenta y Litografía Nacional, 1893).

Herran, V., Notice sur le cinq États du Centre-Amérique Centrale (Burdeos, Francia: Imprimerie de A. Pechade, 1853).

Lapauze, M., de Nansouty, M., da Cunha, H., Vitoux, G., & Guillet, L., Le guide de L’Exposition de 1900 (París, Francia: Ernest Flammarion, 1900).

Le Chancelier, H. (1857). Souvenirs d’un Voyage dans L’Amérique Centrale (París, Francia: Pagnere, Libraire Editeur, 1857).

Les merveilles de l’Exposition de 1889 (París, Francia: A la Libraire Illustrée, 1889).

Malte-Brun, C., Géographie Universelle, ilustrée par Gustave Doré (París, Francia: Gustave Barba, 1859).

Medina, C., Le Nicaragua en 1900 (París, Francia: s.e., 1900).

Pector, D., Collections Ethnographiques et Archéologiques du Pavillon de Nicaragua a L’Exposition Universelle de 1889 (París, Francia: Ernest Leroux, 1890).

Peralta, M.M y Alfaro, A., Etnología Centroamericana. Catálogo razonado de los objetos arqueológicos de la República de Costa Rica en la Exposición Histórico Americana de Madrid (Madrid, España: Hijos de Manuel Ginés Hernández, 1892).

Peralta, M.M. y Alfaro, A., Exposición Histórica Americana. Catálogo de la República de Costa Rica (Madrid, España: Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, 1893).

White, T. y Igleheart, W., The World’s Columbian Exposition, Chicago, 1893 (Chicago, EE. UU.: P.W. Ziegler & Co., 1893).


1 Este artículo se conformó a partir de la introducción: el marco teórico-metodológico de la tesis doctoral, La museología centroamericana como reproductora del discurso eurocentrista. Un análisis de los catálogos de la participación de Centroamérica en las exposiciones universales de París, Madrid, Chicago y Guatemala del a finales del siglo XIX (Tesis de Doctorado Interdisciplinario en Literatura y Arte en América Central (DILAAC) con énfasis en Cultura Centroamericana, Universidad Nacional, Heredia, 2016). Si requiere mayor información acerca del marco sociohistórico u otros aspectos, remítase a la tesis completa.

2 Jorge Chen Sham, Fray Gerundio de Campazas o la corrupción del lenguaje, sátira y escamoteo autorial (San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1999), 15.

3 Ibíd., 24-36.

4 Ibíd., 181.

5 Françoise Perus, “La formación ideológica estético-literaria. Acerca de la reproducción y transformación del efecto estético”, en: Lectura crítica de la literatura americana. Inventarios, invenciones y revisiones, (ed.) S. Sosnowski (Caracas, Venezuela: Fundación Biblioteca Ayacucho, 1996), 330.

6 Robert Aguirre, Informal Empire. Mexico and Central America in Victorian Culture. (Minneapolis, EE. UU.: University of Minnessota Press, 2004), xiii.

7 Ibíd., xiii.

8 Ibíd., xix.

9 Ramón Grosfoguel, “Decolonizing Post-Colonial Studies and Paradigms of Political-Economy: Transmodernity, Decolonial Thinking, and Global Coloniality”, TRANSMODERNITY: Journal of Peripheral Cultural Production of the Luso-Hispanic World, 1, n. 1 (2011): 3, en: http://escholarship.org/uc/item/21k6t3fq.

10 Boaventura Soussa Santos, Una epistemología del Sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social (México, D.F.: CLACSO; Siglo XXI Editores, 2009), 215.

11 Ibíd., 217.

12 Edward Said, Orientalismo (Barcelona, España: Editorial Mondadori, 2002), 9.

13 David Spurr, The Rethoric of Empire. Colonial Discourse in Journalism Travel Writing and Imperial Administration (EE. UU.: Duke University Press, 1999), 165.

14 Soussa Santos, 221.

15 Ibíd., 222.

16 Aníbal Quijano, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, (comp.) Edgar Lander (Buenos Aires, Argentina: CLACSO, 2000), 201.

17 Grosfoguel, “Decolonizing Post-Colonial Studies…”, 8.

18 Ibíd., 11.

19 Quijano, 201.

20 Ibíd., 201.

21 Nelson Maldonado-Torres, “Sobre la colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de un concepto”, en: El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, (eds.) Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel (Bogotá, Colombia: Siglo del Hombre Editores; Universidad Central; Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos; Pontificia Universidad Javeriana; Instituto Pensar, 2007), 129.

22 Ibíd., 130.

23 Ibíd., 132.

24 G. Rings, La conquista desbaratada: Identidad y alteridad en la novela, el cine y el teatro hispánicos contemporáneos (Madrid, España: Editorial Iberoamericana, 2010), 29.

25 Iury Lotman, La semiosfera II: Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio (Valencia, España: Universidad de Valencia; Editorial Cátedra, 1998), 77.

26 Teun van Dijk, Discurso y poder. Contribuciones a los estudios críticos del discurso (Barcelona, España: Gedisa, 2009), 67.

27 Grosfoguel, “Decolonizing Post-Colonial Studies…”.

28 Ibíd., 11.

29 Ibíd., 12.

30 Este cuadro sobre la Heterarquía Global Colonial fue elaborado a partir de la conferencia “Genealogía del racismo” de Ramón Grosfoguel –auspiciado por el DILAAC en la Universidad Nacional de Costa Rica (12-14 de noviembre, 2012)– y de las obras de este último autor, “Decolonizing Post-Colonial Studies and Paradigms of Political-Economy…” y “Racismo/ sexismoepistémico, universidades occidentalizadas y los cuatro genocidios/epistemicidios del largo siglo XVI”, Tabula Rasa (Colombia) 19 (julio-diciembre, 2013): 31-58, en: http://www.revistatabularasa.org/numero-19/02grosfoguel.pdf. El cuadro está compuesto por una serie de oposiciones semióticas en una relación de jerarquía múltiple entre un “yo opresor” y un “otro oprimido”. Este cuadro está compuesto a partir de categorías abstractas, es decir que no reflejan la realidad de seres humanos concretos, por el contrario, debido a la complejidad de las diversas relaciones que tienen lugar en la vida cotidiana de los seres humanos concretos, es muy posible que las relaciones de opresión se manifiesten de manera diversa, pudiéndose ubicar tanto en varios de los apartados del segmento superior del “yo opresor” como en los apartados del segmento inferior, correspondientes al “otro oprimido”. Debido a que el mismo Grosfoguel, señala que esta tabla de categorías podría quedar abierta a nuevas inclusiones de categorías y cambios, se añaden como posibles las dos últimas categorías, relacionadas con la relación parental de relación monogámica-no monogámica y la categoría final higienicista.

31 Quijano, 201.

32 Nelson Maldonado-Torres, “Sobre la colonialidad del ser: contribuciones al desarrollo de un concepto”, en: El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, (eds.) Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel (Bogotá, Colombia: Siglo del Hombre Editores; Universidad Central; Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos; Pontificia Universidad Javeriana; Instituto Pensar, 2007), 132.

33 Grosfoguel, “Racismo/ sexismo epistémico…”, 31.

34 Ibíd., 33.

35 Ibíd., 51.

36 Silvia Rivera Cusicanqui, Ch’ixinakax utxiwa: una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores (Buenos Aires, Argentina: Tinta Limón, 2010), 60.

37 Ibíd., 57.

38 Ibíd., 62.

39 Ibíd., 63.

40 Gabriel Salinas, “Silvia Rivera habla de ir ‘más allá de las palabras’”, Correo del Sur, 24 de agosto de 2015, en: https://correodelsur.com/cultura/20150724_silvia-rivera-habla-de-ir-mas-alla-de-las-palabras.html.

41 Rodrigo Quesada Monge, América Latina, 1810-2010: el legado de los imperios (San José, Costa Rica: EUNED, 2012), 9.

42 Ibíd., 10.

43 Ibíd., 26-36.

44 van Dijk. Discurso y poder…., 20-29.

45 Teun van Dijk, Pragmática de la comunicación literaria (Madrid, España: Arcos Libros, 1999), 172.

46 van Dijk, Discurso y poder…, 144.

47 Lotman, 20-28.

48 Chen Sham, 122.

49 Maldonado-Torres, 127.

50 Ibíd., 127.


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