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ISSN 1023-0890 / EISSN 2215-471X
Número 36 • Julio-diciembre 2025
Recibido: 15/11/2024 • Corregido: 02/05/2025 • Aceptado: 27/06/2025
DOI: https://doi.org/10.15359/istmica.36.01
Licencia CC BY NC SA 4.0

“Pensar a solas duele”. Una sistematización de la experiencia del Grupo Internacional de Doctorandxs sobre y desde Centroamérica

“Thinking alone hurts”. A Systemization of the Experience of the International Group of Doctoral Students working on and from Central America

Natasha Alpízar Lobo

Universidad de Costa Rica

San José, Costa Rica

Mario Araya Pérez

Universidad Estatal a Distancia

San José, Costa Rica

Léa Bernard

École des Hautes Études en Sciences Sociales

París, Francia

Aya Shiode

Universidad de Costa Rica

San José, Costa Rica

Daniela Vásquez Pino

Universidad Nacional

Sede Regional Brunca, Costa Rica

Resumen

El Grupo Internacional de Doctorandxs sobre y desde Centroamérica (DOCAX) surgió en el 2022 con el propósito de crear un espacio de acompañamiento y diálogo para estudiantes de diversos doctorados que hacemos investigación en esta zona. Al respecto, el trabajo tiene como objetivo sistematizar la experiencia que hemos tenido como grupo; para lo cual utilizaremos materiales como notas, fotografías, encuentros virtuales y presenciales, ponencias en varios eventos y un cuestionario aplicado a sus miembros en julio del 2024. Con lo anterior pretendemos describir la creación y las características del DOCAX, y al mismo tiempo queremos evidenciar el sentimiento de soledad y aislamiento durante nuestra formación doctoral, las condiciones adversas, los riesgos y situaciones de violencia que enfrentamos cuando hacemos investigación en Centroamérica. Estas razones nos llevaron a identificarnos con la frase “pensar a solas duele” del poema “Estudio con algo de tedio” de Roque Dalton. A partir de esto, desde el DOCAX hemos tratado de cuestionar la individualidad y la desatención que en muchas ocasiones recibimos de la institución universitaria formal. En este sentido, resaltamos el apoyo entre pares, los espacios de catarsis y un enfoque afectivo; asimismo, el intercambio interdisciplinario, la reflexión crítica sobre las formas pensar o imaginar la región y las estrategias de prevención y cuido en nuestras investigaciones.

Palabras clave: Centroamérica; doctorado; estudiante universitario; afectividad; cooperación intelectual.

Abstract

The International Group of Doctoral Students working on and from Central America (DOCAX) emerged in 2022 with the aim of creating a space for support and dialogue with students from different doctoral programmes who carry out research in the region. This article aims to formalise the experience we have had as a group, using materials such as notes, photographs, online and in-person meetings, presentations at various events, and a questionnaire that was applied to members in July 2024. Through these, we describe the founding story and characteristics of DOCAX. At the same time, we also wish to highlight the feelings of loneliness and isolation that we suffered during our doctoral programmes, as well as the difficulties, risks and situations of violence that we faced while doing research in Central America. For these reasons we identify with the phrase “thinking alone hurts” from the poem “Estudio con algo de tedio” by Roque Dalton. From this starting point and through the DOCAX group, we have attempted to question the ways in which research is tainted by individualism, as well as the neglect we have often suffered from academic institutions. In this sense, we highlight peer support, cathartic spaces, affective approaches, as well as interdisciplinary exchange, critical reflection about ways to think about or imagine the region, and strategies of prevention and care in our research.

Keywords: Central America; doctoral studies; university student; emotions; intellectual cooperation.

Introducción

Roque Dalton, poeta y escritor salvadoreño, ha sido una importante figura en la literatura latinoamericana. Aparte de su formación académica en derecho y ciencias sociales, en la década de 1950 fue una figura clave en un círculo de artistas, escritores e intelectuales salvadoreños conocido como la “Generación Comprometida”.1 En 1961, cruzado por un complejo contexto de gobiernos militares, Dalton debió exiliarse porque era un reconocido activista político de izquierda. En ese año se publicó uno de sus primeros poemas “Estudio con algo de tedio”, del cual retomamos el siguiente extracto:

Pensar a solas duele. No hay nadie a quien golpear. No hay nadie

a quien dejar piadosamente perdonado.

Está uno y su cara. Uno y su cara

de santón farsante.

Surge la cicatriz que nadie ha visto nunca,

el gesto que escondemos todo el día,

el perfil insepulto que nos hará llorar y hundirnos

el día en que lo sepan todo las buenas gentes

y nos retiren el amor y el saludo hasta los pájaros.2

“Pensar a solas duele” es una frase particular que hemos querido rescatar para poner en relieve lo que “escondemos”, en palabras de Dalton, en nuestra formación académica. Lo anterior sirve para señalar que hacer un doctorado se convierte en un proceso liminal, solitario y difícil. Aunque nos identificamos con el poema y los sentimientos de Dalton, queremos mencionar que desde el 2022 hemos construido un esfuerzo para hacer algo al respecto, esto es, la creación del Grupo Internacional de Doctorandxs sobre y desde Centroamérica (DOCAX), una iniciativa de estudiantes que confluimos en diversos espacios articulados en la Universidad de Costa Rica (UCR). Gradualmente, a esta iniciativa se sumaron personas de universidades en otras latitudes y el grupo fue creciendo en número.

Así, en nuestras primeras reuniones se hizo evidente la necesidad de un lugar de escucha y diálogo frente a la fragmentación e individualidad a la que nos estaba sometiendo nuestro proceso de formación doctoral. Algo que, como han mostrado otros trabajos, es parte de la realidad vivida por las personas estudiantes de doctorado, llevándolas a situaciones de padecimientos mentales, desmotivación, soledad y aislamiento.3

Con el texto que aquí presentamos queremos describir y hacer una sistematización de nuestra experiencia como DOCAX. Cabe resaltar que aquí no pretendemos “sistematizar información” –es decir, ordenar, clasificar y catalogar datos–. Más bien apelamos a una experiencia, en tanto proceso, histórico y complejo, en el cual intervienen distintos actores en contextos y situaciones particulares.4 Esta es la postura que tomamos respecto a la sistematización y para la cual ahondaremos en cuatro aspectos: 1) la necesidad de crear espacios grupales y de acompañamiento, 2) la naturaleza autogestionada del grupo de y para estudiantes de doctorado, 3) la región centroamericana como eje principal, es decir las investigaciones y las personas doctorandas bajo realidades compartidas, y 4) el riesgo de la labor investigativa doctoral en Centroamérica, teniendo en cuenta la situación actual de múltiples violencias y sobre todo el repunte del autoritarismo en la región.

En esta sistematización reconocemos otras experiencias de grupos académicos y programas de investigación que dialogan entre sí sobre temáticas comunes,5 inclusive en la región centroamericana con las cuales algunas de nosotras intercambian.6 No obstante, en este texto queremos destacar las especificidades del DOCAX, en tanto ha demostrado ser un espacio valioso para disminuir el aislamiento en el proceso doctoral, fomentar el cuido, la escucha y el cuestionamiento crítico. En buena medida lo anterior ha mejorado la calidad de nuestros trabajos de investigación mediante el intercambio entre pares desde múltiples disciplinas. Este enfoque colaborativo y afectivo ha enriquecido nuestra comprensión y debate sobre los fenómenos sociales en la región centroamericana, ofreciéndonos una perspectiva más allá de lo académico.

Para la sistematización de esta experiencia, se recurrió a diversos insumos producidos entre el 2022 y el 2024, incluyendo registros, fotografías y notas de encuentros virtuales y presenciales, así como de las jornadas realizadas en la UCR los días 3 y 4 de noviembre del 2023.7 En julio del 2024 se aplicó un cuestionario mediante Google Forms para recoger valoraciones internas del grupo en el contexto de una conferencia colectiva sobre la experiencia DOCAX.

Respecto a lo anterior, si bien algunas personas optaron por no responder al cuestionario o solicitaron anonimato debido a riesgos asociados a su participación pública, hemos elegido incorporar los nombres de quienes consentimos su uso junto con extractos literales de nuestras respuestas. Esta decisión editorial de identificarnos dentro del colectivo no es tan común en artículos que sistematizan experiencias universitarias colectivas semejantes, en los que se suele uniformar el colectivo o anonimizar a quienes lo componen.8 Sin embargo, la tomamos como un posicionamiento político que atraviesa toda la experiencia del grupo para reconocer y dar una atención empática a nuestras individualidades y a nuestras voces situadas. Además, la sistematización se apoya en informes, ponencias y presentaciones producidas por quienes firman este documento.9

Dicho esto, el texto lo dividimos en cinco apartados. En el primero, describimos la creación del DOCAX y sus principales características. En el segundo, mostramos lo que hemos logrado al discutir específicamente sobre la región centroamericana a lo interno del DOCAX; en el tercero, planteamos el valor que hemos encontrado en la catarsis, el acompañamiento y los desafíos que representa sostener nuestra grupalidad; y, en el cuarto, reflexionamos sobre una imagen propia para la cual hemos usado una zarigüeya. En el último apartado, cerramos con algunas ideas sobre lo que pudimos reseñar sobre todo lo anterior.

Al principio: “Unirnos y pensar juntxs”

¿Cómo fue que nació la idea de construir un grupo de estudiantes de doctorado? Al inicio no se planteó así, sino que empezó con un encuentro casual en una oficina entre tres personas formadas en antropología: Léa, una estudiante francesa de la Escuela de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales (EHESS) –quien en octubre del 2021 llegó a Costa Rica en el marco de su labor como responsable del polo América Central del Instituto de las Américas en la UCR–; Natasha y Mario, estudiantes y docentes de la UCR y de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), respectivamente. En una discusión evidenciamos que teníamos diversas experiencias de trabajo colectivo y, aunque sabemos que no todas las personas antropólogas están interesadas en trabajar en equipo, consideramos que podía existir una sensibilidad particular dentro de esta disciplina para estimular prácticas más colectivas.10

Sobre esto último, es importante resaltar el momento en el que nos encontramos y en el que el DOCAX se formó. La pandemia de la Covid-19 propició el distanciamiento en múltiples dimensiones, legitimó y amplificó el uso de plataformas virtuales como herramientas que posibilitan la (des)conexión en términos laborales, académicos y sociales.11 Esto, desde la experiencia doctoral de varias personas del grupo, tuvo serias implicaciones en la formación de una generación doctoral, pues se agudizó más la individualidad a lo largo del proceso formativo y se hizo cada vez más difícil consolidar dinámicas de grupo. En palabras de Mario:

Es algo que me parece muy propio de las academias y que no es algo estrictamente exclusivo de Costa Rica, sino que en conversaciones con colegas de otros países señalaban que esta individualidad era algo casi esperado del proceso. Para mí la construcción de conocimiento es un proceso conjunto, acompañado, que se hace en relación y comunicación constante con otras personas, no algo que resuelve la persona investigadora sola en un escritorio con sus datos.

En un contexto “pospandemia” nos dimos a la tarea de ubicar a más personas doctorantes. Con el apoyo de varias entidades institucionales que compartieron sus listas de contactos, se logró organizar una primera reunión virtual el 8 de septiembre del 2022, en la cual participamos diez personas. Luego de presentarnos, surgieron algunas ideas que empezaron a marcar la pauta de nuestras inquietudes e intereses como grupo: “tejer redes centroamericanas”, “reflexionar sobre la región de manera colectiva”, “compartir experiencias de investigación y dificultades (metodológicas, éticas, teóricas)” y “unirnos y pensar juntxs”.

Aparte de lo anterior, coincidíamos en que nuestros procesos de formación eran muy individuales –aspecto que el contexto de pandemia agudizó todavía más– y que requeríamos de espacios tranquilos, respetuosos y compasivos entre pares, libres de toda clase de jerarquía académica.12 Fue así como surgió la iniciativa de proponer espacios de discusión, intercambio, apoyo y cuido. Identificamos la necesidad de construir un lugar de acompañamiento y diálogo para apoyarnos psicológica, material, metodológica y científicamente, además de reflexionar de manera colectiva sobre la región centroamericana desde cada experiencia doctoral.

Sin embargo, para llevar a cabo todo lo que queríamos, paradójicamente, solo contábamos con las herramientas y el conocimiento que nos había dejado el contexto de la pandemia. La necesidad de acompañamiento y diálogo debimos llevarla a cabo de modo híbrido (virtual-presencial). Herbert, uno de los primeros integrantes del grupo, de forma muy atinada menciona “la virtualidad es una herramienta que lo posibilita, pero el encuentro presencial es sumamente significativo. Incluso es muy importante el espacio menos estructurado que se hace posible al convivir”.

A pesar de estas condiciones, hicimos el esfuerzo por integrarnos. No nos conocíamos ni estábamos familiarizados con nuestros proyectos de investigación, así que decidimos iniciar con presentaciones puntuales sobre cada uno de los temas y avances de lo que nos encontrábamos trabajando. Acordamos que lo importante en ese momento era reconocernos y verbalizar lo que quizás no se podía discutir en otros espacios más formales. Activamos una dinámica de palabra libre o “catarsis”, donde podíamos expresar nuestros sentimientos, construir y decantar relatos autobiográficos, presentar nuestras dificultades, inquietudes y recibir tanto retroalimentación como apoyo.

También, durante las primeras reuniones, fuimos definiendo cada vez más la naturaleza y especificidades de nuestro grupo, las cuales sintetizamos a continuación:

1. El grupo está dirigido y conformado por personas que se encuentran en un proceso doctoral, pues asumimos que es un proceso específico, casi liminal,13 en la vida académica y en la construcción científica colectiva.

2. El grupo es autónomo, es decir, no está adscrito oficialmente a ninguna institución académica. Queríamos un grupo organizado de forma directa por y para las personas doctorantes, lo cual implicaba una participación voluntaria y no remunerada, pues no contábamos con recursos monetarios ni materiales propios.

3. El grupo se enfoca en el estudio de diversos países de América Central (Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), acogiendo a investigadores de cualquier nacionalidad y centro académico. La decisión de no incorporar estudios dentro de otros países de América Latina y del Caribe insular responde a la necesidad de profundizar en el conocimiento sobre América Central, una región que, a pesar de su importancia, ha recibido escasa atención académica en comparación con otras áreas del continente y que con frecuencia es abordada desde ópticas provenientes del norte global.14

Además, al comienzo de la conformación del grupo se requirió de ciertos liderazgos y roles de coordinación. Léa, Natasha y Mario fueron quienes durante los primeros meses enviaban correos o mensajes para convocar a reuniones y construir una agenda común para los encuentros. Estos roles empezaron a ser necesarios porque, con el tiempo, éramos 40 integrantes. No obstante, la participación regular en las sesiones nunca superó las 15-20 personas. Por ello, tomamos la decisión de restringir más el grupo, seríamos menos en número, pero con más compromiso. Esto tuvo tres propósitos: 1) construir una reflexión colectiva de mayor calidad; 2) generar un espacio de mutua confianza porque un grupo más reducido permitía mayor comodidad en la participación –aspecto de por sí difícil en un contexto signado por dictaduras y autoritarismos que restringen la libre expresión y la investigación académica– y 3) disminuir la frustración y la incertidumbre ya que, en ocasiones, no sabíamos quiénes asistirían a las sesiones, con un grupo más pequeño la ansiedad disminuía.

Poco a poco, las tareas para gestión del grupo se convirtieron en un trabajo más y se perfilaba una nueva necesidad: la diversificación de la coordinación para que las cargas fueran equitativas. Esto fue posible de discutir en profundidad en el evento “Primer Encuentro Presencial DOCAX: Tejiendo redes de apoyo e intercambio académico en Centroamérica”, realizado el 3 y 4 de noviembre del 2023 en la Facultad de Ciencias Sociales de la UCR. Como mostraremos más adelante, tal actividad no solo nos sirvió para encontrarnos y vernos de manera presencial (Figura 1), sino que nos permitió renovar los roles de coordinación, con lo cual se ha inyectado más estructura en los procesos y un mejor seguimiento a las actividades.

Figura 1. Fotografía del intercambio colectivo en el Primer Encuentro Presencial DOCAX

Fuente: fotografía tomada por Mario Araya Pérez, el 3 de noviembre del 2023. Se difuminaron los rostros de las personas que quisieron mantener su anonimato por razones de seguridad.v

Desde entonces el DOCAX ha contado con la participación de estudiantes de doctorado de orígenes e identidades diversas. A continuación, en la Tabla 1 sintetizamos algunas de las características más importantes que quisiéramos resaltar del grupo.

Tabla 1. Características del Grupo DOCAX (2022-2024)

Características

Especificaciones

Composición del grupo

16 integrantes activos, la mayoría somos centroamericanos.

Identidad de género y nacionalidad

11 mujeres (de Canadá, Colombia, Costa Rica, Francia, Guatemala, Japón y Países Bajos), 5 hombres (de Costa Rica, Guatemala y Honduras).

Vinculación académica

Universidades en Centroamérica, Suramérica, Norteamérica y Europa.

Formación disciplinaria

Antropología, arqueología, sociología, psicología, geografía, sociolingüística, historia, derecho, ciencias políticas; también ha existido una participación puntual de disciplinas como biología y química.

Territorios de investigación

Mayor presencia en Costa Rica, El Salvador, Honduras y Guatemala. Menor en Belice y Panamá. Por ahora no hay investigaciones en territorio nicaragüense, aunque sí estudios desde el extranjero.

Temas de estudio

Historia, religión, política, medioambiente, derecho, migración, lengua, identidad, etnicidad, raza, sexualidad y género.

Contextos y poblaciones

Contextos rurales y urbanos; con poblaciones indígenas, afrodescendientes, campesinas, jóvenes, estudiantes universitarios y mujeres.

Metodologías y técnicas

Etnohistoria, etnografía colaborativa, sondeos, encuestas, entrevistas, archivos, estudio de piezas arqueológicos en museos y métodos de ciencia jurídica.

Fuente: elaboración propia con base en los materiales del DOCAX.

En línea con la Tabla 1, es importante destacar que, en general, dentro del DOCAX muchas personas enfrentamos diversas situaciones materiales precarias e inestables. La mayoría somos docentes y académicas con contratos parciales o por prestación de servicios. Existen enormes desigualdades, especialmente entre quienes se encuentran en universidades europeas y quienes poseen una vinculación con universidades centroamericanas y suramericanas. Estos últimos, en su mayoría, no cuentan con becas, deben cumplir con jornadas laborales de tiempo completo, varios ejercen roles de maternidad y paternidad, y no pueden dedicarse de lleno a su programa doctoral. A pesar de estas dificultades y del hecho de que nuestra participación no es remunerada ni reconocida formalmente a nivel institucional, hemos desarrollado un sentimiento de compromiso bastante significativo hacia el grupo.

Aparte de lo anterior, podemos agregar que el enfoque interdisciplinar nos ha permitido salir de los límites autoimpuestos de ciertas disciplinas y abrirnos a otras maneras de hacer investigación, en diálogo con la propuesta teórico-metodológica del giro afectivo en las Ciencias Sociales.15 Mario refiere que cada una de las disciplinas presentes en el DOCAX pueden aportar a lo que estamos pensando. En este sentido, ser un grupo de pares, pero de diversas carreras, enfoques y metodologías, ha permitido reelaborarnos desde los puntos de encuentro, traslape y divergencia de las disciplinas, lo cual resultó muy enriquecedor para los procesos individuales y las reflexiones colectivas del grupo.

Daniela, una de las actuales coordinadoras del DOCAX, destaca que el solo hecho de intercambiar ideas, metodologías, experiencias de vida, miedos y temores nos ha demostrado que pasamos por momentos complejos en nuestro proceso de investigación y formación. De alguna manera, tratamos de dejar a un lado la visión de una academia aséptica, lineal, unilateral, sin sentimientos y sin color. Este espacio ha permitido mostrar otros colores, los claros, grises y oscuros de las doctorantes en situaciones complejas que vivimos en la actualidad.

Centroamérica: salir del “ángulo muerto”

Hasta aquí hicimos un esfuerzo por describir la manera en cómo se constituyó el DOCAX y sus características actuales, la importancia de la colectividad y los desafíos que conlleva. Ahora nos gustaría enfatizar la discusión sobre América Central o Centroamérica, dado que estar en el grupo nos ha llevado a preguntarnos y repensar constantemente la región. Nuestra doble condición de puente, que une dos continentes, y de istmo, que une dos masas oceánicas, provoca que tengamos una condición específica y sobre la cual históricamente se han ceñido intereses geopolíticos de varios estados imperio (español, británico y estadounidense).16 Lo anterior, en alguna medida, se relaciona con que se nos ubica como una potencial zona de paso u objeto de estudio, no como un lugar de producción de conocimiento.17

Esto ha generado una crítica entre quienes participamos en el DOCAX, dado que las convocatorias, becas, apoyos e investigaciones se piensan y ejecutan desde el norte global o desde grupos que promueven y difunden epistemologías Sur-Sur. En este contexto, Centroamérica y, en extensión, el Caribe solo aparecen de manera puntual en las agendas investigativas para acceder a fondos de cooperación internacional provenientes de países del norte. Hemos vivido, desde diferentes aristas, la omisión e invisibilidad académica que tiene América Central como “lugar de producción de conocimiento”. Por ejemplo, Carolina, quien se encuentra en un programa doctoral en Suramérica, afirma que sus compañeras de doctorado no conocen ni estudian la región; lo mismo indica Josseline, desde su actual proceso formativo en España, y Garance, desde Canadá, también refiere que la región no ha sido estudiada por las ciencias sociales de manera rigurosa, para ella “es un ‘ángulo muerto’ de los estudios latinoamericanos, a pesar de que los procesos políticos y sociales representan experiencias muy importantes e interesantes para las [mismas] Ciencias Sociales”.

De este proceso, junto con los comentarios recopilados a lo largo de los encuentros virtuales, dentro del DOCAX hay un sentimiento generalizado respecto a que somos un “ángulo muerto”. Natasha, además, en una de sus intervenciones menciona que en Centroamérica “internamente, existe un limitado diálogo entre nosotras mismas y poco nos (re)conocemos […] paradójicamente, estamos más familiarizados con lo que se produce en el norte global que con nuestros propios contextos”.

No es gratuito entonces que desde el DOCAX quisiéramos enfocarnos en Centroamérica –como lo indicamos en el primer apartado–. Como bien lo apunta Aya, la región ha sido “poco revelada o explicada en comparación con otras zonas/regiones como la sudamericana o mexicana, incluso dentro de América Latina”. Para Mario, no solo se trata de un lugar que sencillamente estudiamos, sino que “hablar de la región no es solo hablar de los países como lugares para hacer campo, sino desde los cuales podemos aportar para comprender realidades locales y globales”.

La indiferencia y desconocimiento desde afuera y adentro nos ha movido a problematizar constantemente Centroamérica y qué es lo que (des)conocemos. Sobre este aspecto, parece que los esfuerzos dentro del DOCAX por reflexionar en conjunto, unirnos y entendernos como una región contraría en buena medida la condición “balcanizada” que históricamente hemos tenido: se nos ha concebido como puente e istmo, y pese a los intentos de ser una “República Federal Centroamericana” a partir de 1824, estamos divididos en distintos países: Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.18 Por esto Herbert afirma que las identidades (nacionales, culturales, de género, de clase y demás) en Centroamérica se han constituido a partir de negaciones y diferenciaciones, la competencia y rivalidad, así los procesos históricos explican, legitiman y generan identidades diversas vinculadas a cada contexto.

Por estas razones, en el marco del “Primer Encuentro Presencial DOCAX: Tejiendo redes de apoyo e intercambio académico en Centroamérica”, –ya mencionado antes– llevamos a cabo una actividad para conversar y poner en discusión las ideas que tenemos sobre la región. Tomamos papelógrafos y marcadores para escribir y dibujar aquello que sabíamos o pensábamos de cada uno de los países, tanto en los que hemos nacido y vivido como los que no hemos conocido directamente. Esta dinámica, por un lado, nos mostraba todo lo que ignoramos y la imagen limitada que tenemos de cada uno de los países, por no decir que hasta cierto punto los seguíamos imaginando de manera separada. Por otro, nos invitó a pensar la región más allá de sus fronteras nacionales, para analizar fenómenos sociales que las cruzan y en los cuales no son estas el principal criterio demarcador –lo que se evidencia particularmente en los contextos de estudio de Aya, Léa y Daniela–. Parte de la sistematización de este ejercicio lo mostramos con el siguiente collage (Figura 2).

Figura 2. Mapa colaborativo de la región centroamericana realizado durante el primer Encuentro Presencial DOCAX

Fuente: elaboración propia con base en las fotos tomadas por Mario Araya Pérez, el 3 de noviembre del 2023.

Trabajamos durante dos días sobre la construcción de este material. Debatimos, no sin tensiones y desacuerdos, aquellas imágenes complejas que habíamos construido. Y desde entonces continuamos con la problematización, ya no por países, sino bajo otras coordenadas y categorías que nos han permitido dialogar más, analizar y comprender la región a partir de nuestros procesos de investigación doctoral. Resaltamos, en primer lugar, el material bibliográfico que podemos compartir, los eventos y actividades académicas como ponencias y la escritura de artículos que estamos realizando. Daniela comenta que a ella le ha permitido

Consolidar espacios de conversa por fuera de la estructura académica acartonada. Consolidar amistades y espacios de colegaje para pensar las obligaciones asumidas dentro del proceso doctoral pero también por fuera de los espacios académicos. Estoy construyendo y pensando ponencias con algunxs compas del DOCAX y pensando y estructurando un posible dossier [junto a la Revista Ístmica de la Universidad Nacional de Costa Rica].

La mayoría de quienes estamos en el DOCAX hemos podido encontrar oportunidades de colaboración gracias al enfoque regional del grupo. Mario y Antonia, al reconocer los procesos históricos comunes en la región e imaginar su trabajo más allá de las fronteras nacionales, han tenido la posibilidad de reflexionar y escribir sobre temas relacionados con jóvenes y prevención de la violencia. Lo mismo sucede con Josseline y Carolina quienes aseguran que han identificado posibilidades de diálogo desde los estudios sobre juventudes, los retos en común y el aprendizaje de otras miradas sobre la región. En otras palabras, en el grupo logramos estimular una forma de ver, entender y pensar comparativamente; lo cual significa que casi siempre trazamos relaciones y vínculos, similitudes y diferencias. Más en concreto, la constitución de un grupo, el acompañamiento afectivo o emocional ha permeado en nuestras formas de construir conocimiento científico. Natasha lo sintetiza de la siguiente forma:

[El DOCAX] me ha permitido conocer a otras personas que investigan la región, conocer las diversas realidades que vivimos (y que no conocemos no porque no queramos, sino porque muchas veces no podemos conocerlas) y me ha permitido estimular una forma de pensar comparativa para ver nuestras similitudes y diferencias. Además, me ha permitido hacer nuevas amistades (a quienes quiero y aprecio mucho).

Mostrarnos como una grupalidad que busca diálogo y el intercambio es una labor arriesgada en nuestra región. El afán por salir del “ángulo muerto” no deja de ser un punto delicado para nuestras investigaciones e inclusive para el resguardo de la seguridad personal. En el proceso de acompañamiento del DOCAX se ha hecho evidente el cierre paulatino de espacios seguros en diferentes países de la región para la socialización de ideas y posturas críticas. En este caso, por ejemplo, nuestras compañeras de Nicaragua y El Salvador han optado por no participar de manera continua por el temor de ser “identificadas y estigmatizadas” por su labor académica comprometida. Para esta sistematización en específico, tres personas consideraron anonimizar sus respuestas para “proteger su proceso doctoral”, lo cual tiene que ver con los riesgos al formar parte del DOCAX.

Estas condiciones no se quedan en nuestro grupo, sino que se extienden a los procesos de investigación de cada persona. Léa, considera que, dependiendo del tema, el contexto y metodología, los riesgos adquieren más relevancia y generan mayores incidencias para los procesos doctorales.

Por mi parte, haciendo etnografía en aldeas rurales de Petén en Guatemala, fueron los temas ambientales y climáticos extremos (sequía, huracanes, incendios) y las violencias de género y sexuales que estaban las más presentes en mi trabajo de campo, pero está el tema del crimen organizado, del neoextractivismo, de los despojos (relacionados entre sí), solo que intentaba no acercarme tanto a estos por temas de seguridad, lo que hizo también que cambiara mi investigación (alejándome de los espacios de selva por ejemplo).

A la par de lo destacado por Léa, también resaltamos los riesgos generados por las lógicas autoritarias que vivimos en Centroamérica. La mayoría de quienes integramos el DOCAX hemos tenido que encontrar estrategias para hacer el trabajo de campo y para, posteriormente, publicar nuestras reflexiones y resultados sin que las comunidades y familias se vean afectadas. No existe una postura o un apoyo claro desde la institucionalidad universitaria; por el contrario, hay una falta de cuidado y empatía hacia la persona investigadora, tal y como lo destaca Herbert:

El autoritarismo no está sólo en general en la sociedad sino en particular dentro de la academia (sumada al academicismo) y aunque no implica un riesgo para la seguridad de quien investiga, creo que un aspecto importante es que la academia no cuida de las personas investigadoras. No cuida su salud mental, no procura condiciones adecuadas para su bienestar, sino que delega esa responsabilidad en cada persona.

Para mitigar los riesgos, las estrategias adoptadas fueron en su mayoría ajustes en la metodología, cambio en el tema de investigación y medidas de seguridad personal. Resaltamos la autogestión emocional, el autocuidado y la imitación de las estrategias que las poblaciones y comunidades amenazadas o vulnerables tienen frente a los peligros que conlleva vivir en países autoritarios. Además, las redes que estamos tejiendo en la región implican un soporte cuando nos movemos de un país a otro para hacer trabajo de campo, seguir una formación, realizar una pasantía o un intercambio académico, lo cual se traduce muchas veces en hospedaje, contactos y recomendaciones de diversa índole. En otras palabras, la manera que encontramos para protegernos ha sido la puesta en común, la solidaridad y el intercambio colectivo dentro del DOCAX.

La catarsis: “afortunadamente hay un grupo que me ha escuchado”

Ahora bien, a la par de lo que ya hemos mencionado, en los encuentros del DOCAX hemos podido ver el lugar y la importancia de un espacio de acompañamiento que genera beneficios tanto para quienes hemos estado desde el inicio como para quienes recién se suman. Al respecto, Josseline, una de las más recientes en integrarse al grupo, expresa que “el primer beneficio que identifico es la motivación de la escritura colectiva y compartida, que trasciende la perspectiva individual”.

Tal acompañamiento ha significado un apoyo y guía de gestiones administrativas, institucionales y académicas que nos suele sobrecargar.19 Como mencionamos antes, dentro del DOCAX, aparte de ir conociéndonos y abrir espacios para socializar nuestros proyectos de investigación, creamos momentos de “catarsis”. Hemos identificado esto como un elemento diferenciador del grupo y que utilizamos con frecuencia para ubicar y reconocer experiencias comunes en planos diversos de la vida, consolidar lazos de confianza, fortalecer acciones colectivas y tejer afectos desde el compartir.20 En ese sentido, Aya, quien ha estado desde que inició el DOCAX, afirma que el escuchar y sentirse escuchada, la ha animado a seguir con su proceso académico –el cual ha pensado en abandonar cuando sentía que ya no podía más con la presión–. Para Herbert, las sesiones de catarsis han servido mucho para compartir lo que denomina “frustración”:

Frustración con la burocracia, frustración por las dificultades de lectura/escritura (en general con el avance del trabajo). Dinámicas personales, laborales y familiares que afectan mis condiciones para avanzar con el doctorado. Creo que también es importante mencionar que el espacio de catarsis tiene momentos de compartir avances y satisfacciones, pues en ese proceso se basa la esperanza que genera el encuentro grupal, alegrarnos con y por otras personas.

Similar a Herbert, Mario ha aprovechado los espacios de catarsis para expresar las situaciones de frustración, de incertidumbre y vulnerabilidad emocional durante el trabajo de campo. Según su percepción, “trabajar tan de cerca con situaciones de violencia y de riesgo de repente generan un malestar muy marcado para quien está muy inmerso en el campo”.

Por su parte, Natasha lo ha expresado de la siguiente forma:

He hablado sobre el agotamiento que he sentido en el trabajo de campo e incluso el hecho [de] enfermarme por hacerlo. También he hablado sobre mis momentos críticos en el análisis de la información, de mis inseguridades a la hora de escribir y de que no sé hacia dónde voy con mi tesis […] Afortunadamente hay un grupo que me ha escuchado.

Hablar de un colectivo que “afortunadamente” existe porque podemos expresarnos y escuchar, a nuestro parecer refleja dos dimensiones vinculadas entre sí. Por un lado, la institucionalidad universitaria y los diversos programas doctorales en los cuales nos encontramos pasan por alto los malestares que viven las personas en las distintas etapas de su proceso formativo.21 Por otro, debido a lo anterior, el DOCAX atiende las carencias que hay en el campo académico más institucionalizado y tradicional: el acompañamiento atento y empático, en diversos niveles, no solo en el trabajo de campo, sino también en el ámbito familiar, administrativo y profesional.22 Lo anterior, valga decirlo, se ha traducido en un soporte en el plano afectivo y psicológico.

Esto es especialmente significativo para las personas que se han visto muy afectadas por su condición de migrante en Centroamérica, como es el caso de Aya, Léa y Daniela. Cada una ha encontrado dentro del DOCAX un espacio de remedio al desarraigo y la soledad. Puntualmente Daniela indica que:

Por temas migratorios, sentía mucha soledad, no encontraba una estructura sólida para iniciar mi proyecto de vida en otro territorio y también sentí que había perdido mi identidad como persona, académica y profesional. Esto se amplificó porque vivía en una zona considerada como “periferia” en el contexto costarricense, un espacio rural sin posibilidades académicas y profesionales para hacer red y aportar a los procesos sociales que evidenciaba en el diario vivir. Esto me demostró que necesitaba vincularme a espacios académicos para conocer colegas y posibles amigos.

Sobre esto mismo, Léa, quien llegó a la región en condiciones más favorables al obtener una beca doctoral para habitar, tejer redes académicas e investigar, se sentía muy sola al llegar a Costa Rica. Ella nos comentaba que “no conocía a personas doctorandas y quería tener un espacio para compartir dificultades con personas en el mismo proceso que yo”. Su participación en el grupo le ha permitido generar más confianza en sí misma a lo largo del tiempo: “me ha ayudado mucho por ejemplo en tener más confianza en mí misma a la hora de presentar mi trabajo de doctorado y [evacuar otras] dudas al respecto”.

La premisa que ha resaltado el llamado “giro afectivo”, el estudio epistemológico y situado de las emociones y las acciones colectivas desde las ciencias sociales y las humanidades, refiere a que las emociones están marcadas por las condiciones sociales y vínculos de cada sujeto, configurándose como una resonancia afectiva sobre cualquier acontecimiento que se muestra corporalmente con una reacción.23

En nuestro caso, como lo hemos señalado hasta aquí, nuestras emociones están vinculadas a los procesos doctorales y nos ha empujado a construir otro tipo de colectividad académico-científica. A ello debe sumarse las situaciones que parecen ser constitutivas del territorio centroamericano y que como estudiantes debemos sortear: las múltiples expresiones de violencia, sexuales y de género, racismo, crimen organizado, autoritarismos, crisis y conflictos ambientales/climáticos, despojos y otras commodities vinculadas al neoliberalismo.

Ahora bien, la creación de un grupo que abogue por acompañar procesos doctorales dentro de la región centroamericana ha mostrado que tenemos enormes dificultades y grandes retos para darle continuidad en el tiempo. En primer lugar, el hecho que seamos un grupo de doctorantes pone una fecha de caducidad –en algún momento dejaremos de serlo–, por lo que generar nuevos liderazgos y relevos es una de las grandes discusiones a lo interno del grupo. De igual forma, pese a que hay un interés de mantener el colectivo, tenemos una preocupación constante sobre cómo garantizar este espacio sin sobrecargar a quienes más se han dedicado a los procesos de convocatoria, difusión, construcción del cronograma y la planeación anual de encuentros presenciales. Además de asegurar nuestra participación fluida en los espacios de catarsis, la presentación de los avances de investigación e ingreso de nuevas personas al grupo.

Todo este trabajo no remunerado y sin adscripción a una entidad académica nos devuelve una imagen que durante algún tiempo nos costó reconocer: hay un compromiso desbalanceado en nuestra colectividad. Al respecto Natasha comenta:

En ocasiones hay muchos desbalances y eso propicia que unas personas se sobrecarguen o que algunas actividades no se logren realizar. Hay quienes constantemente están sugiriendo ideas, proponen actividades y piensan en algo para aportar; y hay quienes solo dicen que sí, que no o que no pueden. A esto me refiero con los desbalances en los compromisos.

La necesidad de que las personas se apropien más del espacio, lo habiten de una manera menos pasiva y acuerpen el proceso con un compromiso más equitativo, son algunas de las opiniones compartidas entre varios integrantes del DOCAX. Al encontrarnos en etapas distintas de nuestros doctorados y de la vida misma, hemos identificado que sostener y gestionar el grupo resultó ser más complejo de lo que imaginamos al inicio.

Por ahora, no tenemos respuestas ni una ruta de acción establecida para afrontar los enormes desafíos que se nos presentan sobre estos temas en particular. Todavía seguimos debatiendo sobre soluciones y posibles salidas. Y pese a estas circunstancias, sí podemos decir es que el grupo sigue ahí, se mantiene aún con sus altibajos. No dejamos de imaginar una mejor versión del DOCAX a futuro, como lo indica Daniela:

Solo espero que este espacio se mantenga a lo largo del tiempo, sumando los esfuerzos de todos y valorando la pluralización de los espacios donde tenemos incidencia académica. Además, debemos aprovechar los espacios más íntimos que promovemos como colectivo. Creo firmemente que tenemos un futuro bonito por vivir en colectivo.

El fuego escondido de las zarigüeyas

Muchos detalles podríamos seguir describiendo sobre los procesos de investigación doctoral que llevamos en la región. Sin embargo, quisiéramos cerrar nuestra sistematización de experiencias con un proceso que a lo interno del grupo ha sido muy valioso: la elaboración de una imagen que nos represente. La idea estaba desde que nos conformamos y no fue hasta el año pasado que pudimos ejecutarla. Nos tomamos el tiempo para contactar a un diseñador gráfico, preferiblemente de la región centroamericana. Por sugerencia de una de las coordinadoras del grupo, contactamos al artista Albán Corrales García, a quien le contamos sobre el DOCAX y le explicamos que queríamos un “logo”.

En medio de una lluvia de ideas respecto a algo que fuese propio de Centroamérica, surgió la posibilidad de usar una “zarigüeya”.24 Conocida también como “tacuache”, “tacuazín” o “tlacuache”. Al principio nos pareció chistoso; no obstante, conforme más conversábamos y detallábamos sus características, más nos gustaba la idea. Sentimos una identificación porque: 1) es un marsupial propio de la región –pese a que existen otras especies muy similares en otros puntos de Latinoamérica–, 2) cuando detecta el peligro queda petrificada y puede fingir su propia muerte (thanatosis), 3) son animales muy asustadizos y nocturnos, sus madrigueras se encuentran en los huecos de los árboles, troncos o debajo de las piedras, 4) sus crías nacen incompletas y ciegas, por lo que las hembras de la especie las andan siempre en sus bolsas y espaldas hasta que terminan de desarrollarse, y 5) dispersan semillas dentro del bosque y cumplen con una importante labor de controlar plagas. También, valga decirlo, pese a que hoy día existen iniciativas para el resguardo de este animal porque sufren muchos maltratos, dentro de la mitología nahual, el “tlacuache” tiene un lugar heroico porque es quien, con su cola, roba el fuego para luego dárselo a los humanos.

El mito más importante del tlacuache nos remite a los tiempos en que la humanidad carecía de fuego, y éste era poseído por seres celestes en algunos casos, por habitantes del inframundo en otros, que se niegan a compartirlo. El tlacuache va con engaños, como ladrón, al mundo de los dioses hasta la hoguera y roba el fuego, ya encendiendo su cola, que a partir de entonces quedará pelada, ya encendiendo la braza en el marsupio.25

Albán hizo varias propuestas con respecto a ese logo que tanto queríamos para representar el grupo. Fue un proceso de elección colectiva en la que procuramos una participación equitativa de opiniones. Nos distanciamos de la construcción de imágenes que tenían como centro la definición de un mapa y la división por países. En su defecto, desde el principio nos gustó la idea de usar la zarigüeya (Figura 3) porque encontramos un valor simbólico y metafórico respecto a lo que hemos tratado de construir dentro del DOCAX.

Figura 3. Logo oficial de DOCAX

Fuente: imagen elaborada por Albán Corrales García, el 12 de agosto del 2024.

La imagen de la zarigüeya, con crías encima y cuya cola forma la letra inicial de nuestro grupo tiene un enorme significado. No solo representa el acompañamiento desde DOCAX, sino que reafirma lo afectivo y el apoyo mutuo para quienes lo necesitamos. De igual forma, hay un vínculo con el conocimiento –simbolizado a través del fuego– y el aporte que brindamos a los espacios académicos con nuestras investigaciones y procesos formativos, aunque en reiteradas ocasiones se nos minimiza o subvalora, sea porque no contamos con un título doctoral o porque estudiamos la región centroamericana.

Hacemos uso de nuestro logo como un ejercicio reivindicativo. Lo colocamos en los eventos universitarios, a la par o en medio de otros logos de instituciones o entidades más formalizadas. Como resaltamos en la sección de consideraciones previas, tuvimos una serie de participaciones en actividades internacionales muy reconocidas como la Asociación Latinoamericana de Antropología (ALA) y el Congreso Latinoamericano de Estudiantes de Posgrados en Ciencias Sociales (CLEPSO). A través de estos espacios hemos tenido una buena recepción de colegas académicos que se encuentran en procesos similares a nivel doctoral, pues se reconoce el valor de este tipo de iniciativas de construcción conjunta y acompañada del conocimiento, especialmente en tanto cuestiona dinámicas individualistas. Asimismo, ha habido un enorme interés por establecer diálogos entre el DOCAX y otras comunidades de pares en regiones fuera de Centroamérica.

Cabe resaltar que nuestras participaciones no se han limitado a las ponencias grupales que hemos llevado a los espacios mencionados. Por un lado, aprovechamos estas mismas actividades para mostrar algunos resultados preliminares de nuestras investigaciones doctorales, las cuales han sido enriquecidas y discutidas a lo interno del DOCAX. Inclusive, para algunas personas, este acompañamiento es clave para enfrentar sus temores, ansiedades e inseguridades de cara a una presentación formal dentro de un congreso académico o los aportes que podemos hacer. Por otro, la organización de nuestros propios conversatorios y conferencias nos ha retado a construir reflexiones colectivas valiosas para la academia regional y nos ha posibilitado colocar temas que consideramos relevantes en las agendas de reflexión en ciencias sociales dentro y fuera de Centroamérica.

¿Salimos con esto del “ángulo muerto”? Podríamos decir que sí, tal y como lo hacen las zarigüeyas cuando salen de sus madrigueras. Todavía con temores y miedos, pero bajo nuestras formas y tiempos.

A manera de cierre

La sistematización de nuestra experiencia nos permitió dar cuenta del proceso que hemos vivido dentro del DOCAX a partir del 2022. A través de este texto podemos decir que el grupo ha sido fundamental para mitigar la sensación de soledad que a menudo acompaña el proceso doctoral y hemos encontrado un espacio para cuestionar más profundamente nuestras acciones y métodos dentro de la academia. De una u otra forma, procuramos hacer algo ante la frase “pensar a solas duele”. En este sentido, logramos reconocer la importancia de ampliar nuestras redes, basado en el apoyo mutuo, las prácticas colaborativas y de solidaridad, el fortalecimiento continuo de la interacción en modalidad híbrida, el acompañamiento emocional y la reflexión crítica sobre nuestras experiencias.

Con el DOCAX no solo podemos expresar nuestros afectos y emociones de manera individual, sino también evidenciar las implicaciones de las academias que abordan el conocimiento desde una perspectiva individual y vertical. La colectividad enriquece nuestras investigaciones mediante el intercambio de perspectivas provenientes de diversas disciplinas, nacionalidades, poblaciones de estudio y enfoques metodológicos. Esto, valga decirlo, se convierte en un refugio emocional en momentos de incertidumbre y dificultad.

Fuera de lo anterior, subrayamos la construcción de una visión compartida sobre la realidad de nuestra región. A través de nuestras discusiones y reflexiones, dimos un paso para desafiar la invisibilidad que históricamente ha rodeado a Centroamérica en el ámbito académico. Este proceso nos ha mostrado áreas que anteriormente no habíamos considerado o habíamos pasado por alto –como la limitada información que teníamos sobre Belice y Panamá–. Gracias a este intercambio interdisciplinario y entre pares, agregamos, eliminamos o modificamos elementos de nuestras propuestas de investigación, incorporamos otras perspectivas y enfoques en nuestros trabajos de campo.

En esta misma línea, reflexionamos sobre cómo las realidades de represión, autoritarismo, diversas formas de violencia y otros desafíos presentes en la región centroamericana impactan y transforman el desarrollo de nuestros procesos doctorales. Pese a los desafíos que conlleva la gestión y continuidad de nuestra propia grupalidad, seguimos con el compromiso de mantener la diversidad y la inclusión en las actividades, en donde procuramos abrir las puertas a estudiantes de doctorado que deseen sumarse a esta iniciativa.

Así las cosas, consideramos que el DOCAX no solo representa un grupo de estudio, sino un movimiento y una herramienta de reconocimiento mutuo y adaptación. Con esto buscamos una transformación de nuestras realidades académicas y personales que a menudo son hostiles e indiferentes. Con cada encuentro e intercambio, queremos dejar una huella, una marca, un estilo, el logo de una zarigüeya tal vez, para trazar un camino y contar la historia que hemos decidido vivir juntos.

Bibliografía

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  1. 1 Roger Atwood, “Gringo iracundo: Roque Dalton y su padre”, Revista Realidad, 134 (2012), 527.

  2. 2 Roque Dalton, “Estudio con algo de tedio”, en La ventana en el rostro (San Salvador: UCA Editores, 1996).

  3. 3 Raquel Lozano-Blasco, Borja Romero-González, y Alberto Soto-Sánchez. “¿Cómo sobrevivir al doctorado? Un meta-análisis del éxito en doctorandos”, Educación XXI 27 (2024), 105-129. Marina Chao, Carlotta Monini, Signe Munck, Samuel Thomas, Justine Rochot y Cécile Van de Velde. “Les expériences de la solitude en doctorat. Fondements et inégalités”. Socio-logos 10 (2015).

  4. 4 Oscar Jara Holliday, “Sistematización de experiencias: un concepto en construcción”, en La sistematización de experiencias: práctica y teoría para otros mundos posibles (Bogotá: CINDE, 2018), 51-73.

  5. 5 Fernando Alberto Balbi, comp., La comparación en Antropología Social: problemas y perspectivas (Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Antropofagia, 2017).

  6. 6 Veáse por ejemplo el Laboratorio Mixto Internacional (LMI-Meso; IRD, CIESAS, FLACSO) – https://meso.hypotheses.org/ (consultada 27 de enero del 2025), el International Interdisciplinary Research Network on Mesoamerica (RITMO; CNRS, Université Paris Nanterre) – https://ritmo.hypotheses.org/ (consultada 27 de enero del 2025), la Red Temática: Territorios, Etnicidad, Movilidades y Poder en Perspectiva Interdisciplinaria (Red TEMP; UCR) – https://ciep.ucr.ac.cr/red-tematica-territorios-etnicidad-y-movilidades-y-poder-en-perspectiva-multidisciplinaria-red-temp/ (consultada 27 de enero del 2025), entre otros.

  7. 7 Léa Bernard, “Retour sur Primer Encuentro Presencial DOCAX: Tejiendo redes de apoyo e intercambio académico en Centroamérica”, página web del polo América Central del Instituto de las Américas, https://www.institutdesameriques.fr/es/eventos/retour-sur-primer-encuentro-presencial-docax-tejiendo-redes-de-apoyo-e-intercambio (consultada 27 de julio del 2025).

  8. 8 Véase por ejemplo el texto de Chiara Calzolaio, Estelle Delaine, Manon Denoun, Aurore Dupuy, Martin Lamotte, Michel Naepels y Alexandre Pieroni, “De l’enquête ethnographique au texte de recherche. Un atelier d’écriture”. ethnographiques.org. Revue en ligne de sciences humaines et sociales 37 (2019). También el texto de Miguel Herrera, Elsa Boulet, Mauricio Aranda, Pauline Vallot y Camille Noûs, “L’écriture de la thèse, une improvisation méthodique: Conditions de travail, savoir-faire et production des connaissances en sciences sociales”. Socio-logos 18 (2023).

  9. 9 Con el afán de no sobrecargar el texto, enumeraremos cronológicamente nuestros trabajos previos: Mario Araya Pérez y Léa Bernard, “‘Pensar a solas duele’. Experiencias desde un grupo de estudiantes de doctorado en y desde América Central”, página web del VII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Antropología, https://alacongresos.net/ponencias/pensar-a-solas-duele-experiencias-desde-un-grupo-de-estudiantes-de-doctorado-en-y-desde-america-central/ (consultada 27 de enero del 2025); Léa Bernard, Natasha Alpízar Lobo, Mario Araya Pérez, Aya Shiode y Daniela Vásquez Pino, “Trabajo de campo etnográfico en Centroamérica”, página web del polo América Central del Instituto de las Américas, https://www.institutdesameriques.fr/es/eventos/trabajo-de-campo-etnografico-en-centroamerica (consultada 27 de enero del 2025); Daniela Vásquez Pino, Mario Araya Pérez, Léa Bernard y Aya Shiode, “‘Conocernos y reflexionar juntos’: propuesta colectiva del Grupo Internacional de Doctorandxs sobre Centroamérica (DOCAX) para compartir experiencias de trabajo doctoral desde y sobre Centroamérica”. Ponencia presentada en el 6° Congreso Latinoamericano de Estudiantes de Posgrado en Ciencias Sociales (CLEPSO), Ciudad de México, México, 28 al 30 de agosto del 2024; Léa Bernard, Natasha Alpízar Lobo y Mario Araya Pérez, “Sistema penal, juventudes y resistencias: Experiencias etnográficas en y desde Centroamérica”, página web del polo América Central del Instituto de las Américas, https://www.institutdesameriques.fr/agenda/sistema-penal-juventudes-y-resistencias-experiencias-etnograficas-en-y-desde-centroamerica (consultada 27 de enero del 2025).

  10. 10 Adrián Scribano, Love as a Collective Action: Latin America, Emotions and Interstitial Practices (Nueva York: Routledge, 2020), 176.

  11. 11 Carlos Luis, Chanto Espinoza y Marcela Mora Peralta, “De la presencialidad a la virtualidad: Implicaciones para la población estudiantil de la Universidad Nacional de Costa Rica, ante la pandemia del COVID 19”, Revista Nuevo Humanismo, 9 (2021), 19-38.

  12. 12 Ángeles Eraña y Axel Arturo Barceló Aspeitia. “El conocimiento como una actividad colectiva”, Tópicos. Revista de Filosofía, 51 (2016), 9-36.

  13. 13 Laetitia Gérard, Le Doctorat : un rite de passage. Analyse du parcours doctoral et post-doctoral (París: Tétraèdre, 2014), 211.

  14. 14 La falta de representación de voces centroamericanas en la investigación académica sobre la región se evidencia en obras como el libro The Oxford Handbook of Central American History (2022), editado por Robert H. Holden, en donde apenas siete de los 28 autores están vinculados a instituciones centroamericanas.

  15. 15 Giazú Enciso Domínguez y Alí Lara, “Emociones y ciencias sociales en el s. XX: La precuela del giro afectivo”. Athenea Digital. Revista de pensamiento e investigación social, 14 (2014), 265.

  16. 16 Carlos Granados, “Hacia una definición de Centroamérica: el peso de los factores geopolíticos”, Anuario de Estudios Centroamericanos, (1985): 59-78.

  17. 17 Marcos Guevara Berger, “Istmicidad. La persistencia de la historia y estrechos dudosos”, en La profunda huella histórica de los pueblos del istmo centroamericano: XI Congreso de la Red Centroamericana de Antropología, ed. Carmen Araya Jiménez y Silvia Salgado González (San José: Centro de Investigaciones Antropológicas, 2020), 19.

  18. 18 Guevara Berger, “Istmicidad...”, 21-22.

  19. 19 Richard Sennett, Juntos: Rituales, placeres y política de cooperación (Barcelona: Editorial Anagrama, 2012), 391-393.

  20. 20 Scribano, Love as a Collective Action…, 176.

  21. 21 Sennett, Juntos: Rituales, placeres…, 43.

  22. 22 Enciso Domínguez y Lara, “Emociones y ciencias sociales”, 263-88.

  23. 23 Claudio Maíz, “El ‘giro afectivo’ en las humanidades y ciencias sociales. Una discusión desde una perspectiva latinoamericana”, Cuadernos del CILHA 33 (2020), 12.

  24. 24 La zarigüeya, conocida en inglés como “opossum”, es un mamífero marsupial, nocturno y omnívoro, de cuerpo pequeño a mediano, un hocico alargado, orejas grandes, sin pelo y con una cola larga y prensil que puede usar para sujetarse a las ramas.

  25. 25 Patricia Ochoa Castillo, “La simbología del tlacuache en las colecciones de Tlatilco y la posible antigüedad del mito”, en Tejiendo imágenes. Homenaje a Victòria Solanilla Demestre, ed. Catalina Simmons Caldas y Mariana Valls i García (Lincoln, Nebraska: Zea Books, 2023), 239.

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