Revista Letras N.° 77
Enero-Junio 2025
ISSN 1409-424X; EISSN 2215-4094
Doi: https://dx.doi.org/10.15359/rl.1-77.3
URL: www.revistas.una.ac.cr/index.php/letras
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Espacios predominantes en Las aventuras del Oso mañoso, de Mainor González Calvo1 (Predominant Spaces in Las aventuras del Oso mañoso, by Mainor González Calvo) Carlos Andrés González Hernández2 Ministerio de Educación Pública, San José, Costa Rica |
Resumen
Se interpreta el significado de los espacios geográficos que circundan los personajes durante sus múltiples peripecias y de cómo estos lugares permean considerablemente sus conductas a nivel sociocultural. Se analiza el modo en que estos ámbitos han sido resemantizados como espacios violentos o que se utilizan para propósitos ilícitos. Algunos sitios como el bar, el prostíbulo y otras zonas ubicadas en la ciudad de San José definen una clase proletaria que cuestiona su entorno, pero disfruta de las transgresiones que puedan efectuar en dichos espacios sociales.
Abstract
An interpretation is provided of the significance of the geographical spaces surrounding the characters during their multiple adventures and of how these places permeate their behaviors considerably at a socio-cultural level. How these areas have been resemantized as violent spaces or spaces that are used for illicit purposes is analyzed. Certain places such as the bar, the brothel and other areas located in the city of San José define a proletarian class that questions its environment, and yet enjoys its transgressions in those social spaces.
Palabras clave: novela costarricense contemporánea, espacio urbano, violencia, sistema social, clase obrera, población urbana
Keywords: contemporary Costa Rican novel, urban space, violence, social system, working class, urban population
En el mundo hay gente bruta y astuta.
Hay vírgenes y prostitutas.
Ricos, pobres, clase media.
Cosas bonitas y un par de tragedias.
Residente, Calle 13, 2008
El estudio de la espacialidad en la literatura costarricense contemporánea ha tenido un repunte en los últimos decenios, en que encontramos investigaciones que examinan cómo influyen y transforman estos ámbitos aspectos de la vida de los personajes que integran las tramas narrativas. Además, conforman un eje orientador que performativiza los ámbitos de socialización y en cierta medida cuestionan los discursos hegemónicos impuestos por las élites gobernantes en relación con el prototipo de ciudadano que se establece como el idóneo para la sociedad costarricense. Tatiana Herrera3, indica que «los espacios entran en relación directa con los personajes de una manera conflictiva y que el ser humano crea relaciones simbióticas con el entorno que le rodea. Se construye a partir de los estímulos que recibe del ambiente». Tales espacios transgresores tienden a modificar de lleno las conductas que usualmente practican las personas en su diario vivir.
Demetrio Estébanez define la novela de espacio como «aquella en que la descripción de los ambientes sociales o del marco histórico constituye el eje central sobre el que se desarrolla la trama, como por ejemplo la novela urbana, la novela social y la de costumbres»4. Este tipo de novela urbana es la de Mainor González Calvo. A partir de ella, se muestra un marcado deterioro en la clase media costarricense, por cuanto sus integrantes no compaginan con los modelos que la sociedad les impone como los idóneos para enrumbar sus existencias. Se concentran en actividades ilegales que les producen dinero fácil y rápido; aunado a que no desean pasar sus días dependiendo de un trabajo seglar que les impida disfrutar de las aventuras que la astucia y la manipulación les deparan.
Para comprender la dimensión en que los sujetos son moldeados por su entorno, debemos analizar estos ámbitos sociales que sirven de convivio para los diferentes personajes. Para Armando Silva5, «la cultura contemporánea del individuo depende de un contexto urbano. Esto significa los imaginarios y todo lo que sostiene la construcción de ellos (emociones, sentimientos, percepciones, procesos cognitivos)». Por lo tanto, debemos adentrarnos en ese entramado topográfico que el autor nos plantea para dilucidar los alcances de los espacios dentro de las existencias de los diferentes personajes. Rónald Rivera6 señala que «se entenderá que al acometer el estudio del espacio urbano necesariamente deberán investigarse cuáles son las «transparencias» que tienen los individuos de y en este espacio». Vamos a interpretar esa representación de los espacios josefinos que comienzan a mostrar los personajes, que afectan la forma en que asumen su comportamiento con los demás ciudadanos. Partiremos de la hipótesis de que estos espacios son ámbitos conflictivos, en donde el más fuerte y perspicaz logra su meta de aprovecharse de las circunstancias y engañar al más débil, que es burlado por sujetos malintencionados que solo buscan despojarlo de sus bienes materiales. Pierre Bourdieu indica que «muchas prácticas y representaciones de los artistas y escritores solo pueden explicarse por referencia al campo del poder, dentro del cual el propio campo literario ocupa una posición dominada»7. Ese campo del poder será desafiado y deconstruido en los distintos espacios que se analizarán en esta novela costarricense.
Análisis de los paratextos presentes en la novela y referentes teóricos sobre el espacio literario
La novela se abre con un epígrafe de la canción Bad Boys (1987), de la banda inglesa Whitesnake, que fue publicada en 1987, en su disco de larga duración «Whitesnake»8: «Bad boys. Running undercover of moonlight…Getting wild in the street, wild in the city»9. La letra será un predictor paratextual de esa odisea urbana que durante la noche emprenderán los integrantes de la banda que comanda el Oso mañoso y que los llevará a espacios disruptivos y desobedientes de las normas sociales. Hay un segundo epígrafe que pertenece a un fragmento del cuento de 1966, de Julio Cortázar, «El otro cielo»: «[…], y ya entonces era sensible a ese falso cielo de estucos y claraboyas sucias, a esa noche artificial que ignoraba la estupidez del día y del sol de afuera» (10). En este cuento tenemos dos personajes: el narrador y Josiane que transitan por la noche durante el final de la Segunda Guerra Mundial, las calles de la ciudad de París, un lugar violento y peligroso para las personas, ya que hay un asesino suelto que lleva más de nueve víctimas a su haber. Este paratexto permite homologar lo que ocurre en la trama de la novela de Mainor González Calvo, ya que la ciudad que habitan los personajes que integran la pandilla del Oso mañoso nos presentarán una urbe dominada por pícaros y vándalos que subsisten a partir de la venta de drogas y de otros negocios ilegales. Ambos epígrafes aluden al espacio urbano como un espacio zafio para cualquiera que intente adentrarse en sus recovecos. El tercer paratexto que nos refiere a que esta novela está estructurada a través del eje espacial es la diagramación de la portada del libro, la cual muestra una representación del centro de la ciudad de San José con sus diversas edificaciones, negocios de todo tipo, restaurantes, bancos, oficinas gubernamentales, hoteles, entre otros inmuebles.
En torno a esa representación del espacio de la cuidad, Rivera señala:
Cuando se habla de representación de la ciudad, se hace referencia a esa segunda ciudad en la que la “cartografía simbólica” muestra a la ciudad vivida; es decir, la experiencia del individuo que construye una determinada imagen de su entorno urbano a partir de sus sentimientos y emociones que surgen de su interacción con el simbolismo espacial que los circunda. Este conflicto entre la representación de la ciudad y el poder indica cómo ella es una representación disputada que el poder utiliza para difundir sus estrategias socioeconómicas, políticas y culturales. Po esta razón, al estudiar la representación de lo urbano, es necesario considerar los múltiples discursos que luchan por ella10.
Los espacios predominantes que emergen de la trama transcurren por la noche, lo que implica una simbiosis entre el espacio y el tiempo como el momento en que confluye el caos y las transgresiones a lo estipulado por la sociedad costarricense. Para Margarita Rojas, a partir de la generación McOndo (corriente literaria nacida en Chile y que proponen otro modo de concebir el continente americano: el espacio literario se percibe como una realidad continental fragmentada, separado de la influencia del realismo mágico y del Boom latinoamericano en general11), y cuyos escritores comienzan a publicar a partir de mediados de la década de 1990, entre los cuales presentan rasgos que caracterizan a sus narraciones enfocadas en destacar el espacio citadino y su descomposición social, lo anterior también lo percibimos en la novela que nos presenta González Calvo:
Como rasgos propios de esta narrativa, la preferencia por los espacios urbanos marcados por el lujo y los avatares de la modernidad; atmósferas confinadas como las discotecas; la sustitución de las grandes epopeyas colectivas y la lucha de clases por las pequeñas aventuras individuales; el predominio de la narración en primera persona singular y en tiempo presente; la desilusión ante la coincidencia entre la realidad y la realidad pintada por los medios masivos de la información12.
Los personajes que deambulan por los espacios urbanos en Las aventuras del Oso mañoso (2015) son jóvenes que no compaginan con el sistema ideológico que los rige, contravienen las leyes y se desbocan en un paroxismo de episodios que denotan un desinterés por cumplir a cabalidad lo que la sociedad impone como paradigma conductual. Cada vez que estos inadaptados salen a afrontar el mundo provocan un desajuste en los lugares a los que llegan, principalmente con el único fin de mostrar un desconcierto en la población ante el creciente empuje de un contundente daño social y que las instituciones estatales no cumplen con el deber de proteger al ciudadano de a pie ante estos peligros inminentes. Así, desafían a la autoridad, por cuanto carecen de toda empatía por esta institución estatal. Lo importante es el presente y aprovecharse de los incautos para obtener ganancias económicas y continuar su vida licenciosa. Esta novela surge en un contexto sociohistórico en la década 1990, cuando se percibe un sentimiento de orfandad en estos personajes, por cuanto las leyes que deben protegerlos existen solo para unos privilegiados. No se rigen por ningún valor y buscan crear su propio cúmulo de reglas que fisuran el encuadre ético que rige a los demás ciudadanos. Los espacios están balcanizados para aprovecharse lo más que se pueda de las oportunidades que pueden surgir en estos lugares heterotópicos.
Con respecto a la influencia de la noche en la ciudad y sus diversos ambientes, Rojas señala un ligamen entre el tiempo y la ciudad, caracterizado por personas solitarios o que no poseen familia y que vagan por los diferentes barrios urbanos. Tal y como se percibe en los lugares que frecuentan los personajes de la novela Las aventuras del Oso mañoso. Además, Rojas destaca:
La importancia fundamental de la ciudad como marco de acontecimientos. No se trata solamente de que muy pocas historias se desarrollan en un ambiente que no sea el urbano, sino de que existe una conjunción especial entre la ciudad y el tiempo, que es casi exclusivamente de noche, y de la cuidad nocturna con cierto tipo de acontecimientos y de personajes13.
En la novela, la ciudad de día funciona como un centro neurálgico que aglutina todo tipo de clases sociales que confluyen para ejecutar diversas actividades socioeconómicas para el desarrollo del país, no obstante, al caer la noche, estos personajes díscolos entran en acción para adentrarse en un mundo salvaje y ruin que adopta a estos individuos que niegan las pautas establecidas por el sistema sociopolítico. Ese simbolismo de centro que en la mente de sus habitantes acapara el espacio citadino permite comprender que es un ámbito de suma importancia para los ciudadanos y, que se sobreentiende, se le considera el modelo que deben adoptar los espacios periféricos para desarrollar y conducir sus existencias de la mejor forma posible según esos estándares que se vislumbran en la urbe. El San José que se registra en la topografía de Las aventuras del Oso mañoso dista de esa ciudad emblemática de principios del siglo xx, sinónimo de civilización; más bien, se asemeja a un enorme portillo que le sirve al lector para que vislumbre el alto grado de criminalidad y violencia de todo tipo que inundan las calles y las comunidades josefinas.
El espacio urbano constituye el lugar del vicio y la degradación, que se aleja de ese idilio de la capital como un referente de los verdaderos valores y buenas costumbres que caracterizan a sus ciudadanos. El tránsito de estos personajes disruptivos permite penetrar en los bajos mundos de algunos cantones josefinos, donde pululan los vándalos y los granujas que desean consumar sus trampas para adueñarse de estos espacios y disfrutar a cabalidad de las mieles de los frutos de sus embustes. La ley omnímoda que rige estos espacios de la novela la ejercen los más hábiles para concretar su poder absoluto entre los integrantes de su tribu urbana. Notamos que los personajes respiran una gran angustia cada vez que se adentran en esos espacios callejeros que pueden llevarlos a sufrir grandes desavenencias. Rojas agrega que la ciudad absorbe al sujeto completamente y lo atrapa entre sus tentáculos:
[…] ahora la urbe domina por completo: el personaje deambula por sus calles sin poder salir casi nunca de ellas y muy pocas casas le ofrecen amparo en su recorrido nocturno. De esta manera, la ciudad se constituye en un espacio abarcador, total, omnipresente. […] la gran ciudad constituye un laberinto con una doble dimensión: es fácil esconderse en la multitud de recovecos que ofrecen los infinitos rincones y también huir hacia lo alto y hacia las profundidades14.
Otro teórico literario que hace referencia a la teorización sobre el espacio es el alemán Ottmar Ette, el cual manifiesta que la ciudad está constituida por una serie de paradigmas históricos, sociales, culturales, estéticos y económicos que van moldeando al individuo según intereses de orden colectivo:
[…] el resultado sería la yuxtaposición de las imágenes más disímiles, que producirían, en un texto polisémico e interpretable de mil maneras, una concentración de los conocimientos en la que no solo todas las imágenes se referirán a todas las demás (aunque quizá no necesariamente tengan que representar la ciudad real), sino que configurarían e imaginarían a su vez una especie de archivo de íconos e imágenes persistentes, puestas a disposición del lector mediante el texto, el cual puede acceder a ellas y apropiarse de las mismas ya sea de una manera receptiva o bien hipotipótica15.
En Las aventuras del Oso mañoso encontramos una imagen real de ese espacio urbano que ha sido invadido por personajes lumpen y facinerosos, que desean adueñarse de ciertos entornos que les proporcionarán utilidades para deleitarse del gozo de los placeres carnales al máximo. Javier Rivero indica que «el medio urbano se constituye como un espacio plural en el que grupos heterogéneos conviven y se relacionan, a veces en armonía, otras —la mayoría— en conflicto»16. Los personajes emprenden un viaje hedonista por estos espacios nocturnos, tipificados como divergentes a las buenas costumbres que establece la sociedad, atractivos para otros, como reductos heteronormativos capaces de dar oportunidad de mostrar ese otro mundo que la ciudad y sus autoridades desean que se mantenga oculto.
Werner Mackenbach coincide con Margarita Rojas en que hay un predominio de la representación del espacio urbano en la novela latinoamericana contemporánea a partir de la década de 1990, paralelo al proceso de urbanización masiva que se establece en los diferentes países de la zona. Mackenback agrega que se presenta la ciudad como «un lugar de la paranoia social, la degeneración y la decadencia de todas las instituciones»17. Añade que dentro del espacio de la ciudad también se manifiesta el uso del lenguaje de sus habitantes. En el caso de la novela de González Calvo se observa una manifestación del lenguaje de los estratos bajos de la sociedad, pero, además, de cómo se intercala con otras clases sociales de mayor poder adquisitivo. Hay un intercambio de usos lingüísticos entre la clase humilde y la media-baja. Ese uso del lenguaje es el que les sirve de aliado a los personajes inadaptados para conseguir sobrevivir en este ámbito agreste que se presenta en la ciudad de San José. Para Mackenbach el espacio de la ciudad también se aísla de un proyecto de corte político-social, se inclina a crear subespacios disruptivos que tienden a sacar a relucir el anonimato y la soledad de sus habitantes «[…] lo propio y lo ajeno se mezclan, la semantización y metaforización de los espacios se rehúsan a ser apropiados por un gran proyecto nacional, la articulación literaria del espacio se vuelve cada vez más hacia espacios interiores, anónimos e imaginarios»18.
Este espacio está envuelto en una atmósfera violenta y truculenta, la forma en que mejor se desenvuelven los personajes, por cuanto su accionar no está canalizado mediante aspectos de orden moral o legal que les impida ejecutar alguno de sus planes sin que exista un código ético que los juzgue. La violencia en la novela está afincada en condiciones económicas y conductuales que al final exhiben una gran crítica al sistema gubernamental que rige la ciudad. Ottmar Ette explica que dentro de los movimientos de viajes que pueden darse en la trama de un texto literario, está la figura espacial del vaivén «[…] el punto central de este modelo no es ni el viaje en sí, ni la partida o la llegada, sino la existencia casi simultánea de lugares separados en el espacio y el tiempo»19. Esta es la situación que se percibe en Las aventuras del Oso mañoso, donde los personajes saltan de un espacio heterotópico a otro, cuya constante es que acaecen situaciones conflictivas que deben ser enfrentadas con astucia e ingenio durante un periodo predominantemente nocturno. Los espacios se funden en alianza con el tiempo nocturno y resultan en un ámbito burlesco de las reglas que estipula un sistema sociopolítico conservador, lo que Foucault denomina heterotopías. Para el filósofo francés los ámbitos heterotópicos son:
Esas unidades espacio-temporales tienen en común ser lugares donde yo no soy y soy, como el espejo y el cementerio; o bien donde soy otro, como en el prostíbulo, el pueblo de vacaciones o en la fiesta, carnavalizaciones de la existencia ordinaria. Ellos ritualizan escisiones, umbrales, desviaciones, y los localizan. No reflejan la estructura social ni de la producción, no son un sistema sociohistórico ni una ideología sino rupturas de la vida ordinaria, imaginarios, representaciones polifónicas de la vida, de la muerte, del amor, de Eros y Tánatos20.
Entre los espacios heteróclitos de Las aventuras del Oso mañoso están el bar, el búnker, el prostíbulo y la cárcel. Estas estructuras van a resemantizarse entre un afuera (regido por las normas sociales) y un interior (dominado por reglas impuestas por el más fuerte y audaz) que ofrecerán distintas oportunidades para deconstruir las ideologías imperantes de la sociedad y permitir que los personajes reconfiguren la jerarquía de poder que los controla en su vida cotidiana. Según Bachelard, la noción del adentro y el afuera lo relaciona con «el ser y no ser, donde los límites son barreras y es una dialéctica de descuartizamiento cuando la aplicamos a terrenos metafóricos»21. Lo anterior nos permite comprender la versatilidad de estos espacios heterotópicos para crear sus propias leyes y normas, donde cualquier evento puede desafiar los valores más conservadores. Por lo general, estos espacios están asidos a un tiempo preferentemente nocturno, que les resulta más idóneo a estos personajes pendencieros para regir y controlar a su gusto ese ambiente que les ofrece múltiples opciones para concretar sus negocios y lograr alcanzar la ascesis de una ciudad josefina dirigida por una economía del poder capitalista. Para María Mulero, «las ciudades son los grandes centros de la imaginación de la era contemporánea. Poseen una imagen que proyectan al exterior, y que asumen, consolidad y reinventan sus propios ciudadanos. Podemos buscar las huellas de la historia en el espacio urbano»22.
Así también, Ramiro Segura y Mariana Chaves reflexionan en torno a la heterogeneidad del espacio citadino y de cómo se ha manifestado la segregación de ciertos grupos que se recluyen en barrios y sitios marginales. Para ellos es significativo el que la acción de habitar un espacio de la metrópoli esté en concordancia con lo que los intereses particulares de los sujetos:
Habitar no supone simplemente la ocupación de estructuras ya construidas, sino que involucra la forma en que los habitantes producen y despliegan sus propias vidas. Se trata de un proceso abierto e inacabado de significación y uso del medio ambiente realizado en el tiempo a través de un conjunto de prácticas y representaciones que permiten al sujeto colocarse dentro de un orden espacio-temporal y al mismo tiempo establecerlo. Habitar, entonces, implica movimiento en el espacio-tiempo, no se desarrolla en un lugar, sino a lo largo de los caminos que llevan de un lugar a otro23.
Dentro de los espacios que componen la novela encontramos que los personajes reconstruyen estos ámbitos conforme a otro tipo de normas que no calzan con el sistema social establecido. Resemantizan el espacio para que puedan obtener el mayor provecho posible. Dentro de esos locus antropológicos como lo son la calle, el búnker, los bares o el prostíbulo, nos percatamos de que cada vez que se visita un tipo de espacio, se produce un cambio, que puede marcar a los sujetos en su actividad diaria, como lo indica Michel De Certeau: «todo relato es un relato de viajes, una práctica del espacio, donde estas aventuras narradas, que de una sola vez se convierten en geografías de acciones y derivan hacia los lugares comunes de orden»24. La trama de la novela nos transporta por espacios muchas veces intransitados o se les invisibilizan. Esto lleva a preguntarnos: cuáles emociones despiertan esos recorridos, cuáles cambios provocan en los individuos y qué sentido le otorgan los sujetos dentro su jerarquía social. Para Andrea Jeftanovic, la relevancia del espacio urbano en la literatura latinoamericana y de su radical influencia en los individuos que la habitan es primordial:
La reiterada aparición de la ciudad en gran parte de la literatura latinoamericana actual hace evidente que el nudo semántico urbano se encuentra en el centro de la pregunta por la realidad, y ha tomado un lugar predominante en la pulsión creadora y en la representación. Al mismo tiempo, en un número significativo de obras, este nudo semántico se presenta como derrotero o ruta que evidencia la constitución o desintegración del sujeto; a tal punto se da la identificación entre interioridad y urbe, que pareciera que la ciudad se ha constituido en un “supra sujeto” del cual personajes y circunstancias vitales son subsidiarios emocional y psíquicamente25.
Finalmente, en relación con la teorización sobre el espacio, Fernando Aínsa señala que «la imagen del espacio se filtra y se distorsiona a través de mecanismos que transforman toda percepción exterior en experiencia psíquica y hacen de todo espacio, un espacio experimental»26. Así, el espacio afecta las sensaciones que tiene el individuo de su entorno, además, de que lo impulsa a querer modificarlo de acuerdo con sus intereses particulares. El espacio de la ciudad, en la novela de González Calvo, está atravesada por la cultura popular, que en alguna medida atenta contra el sistema político que los regenta. Aínsa destaca que en ocasiones los espacios internos y externos se entrelazan o se repelen, según los hechos que se susciten en el texto literario. Lo anterior deriva en que los individuos exploren otras pasiones que los embargan para deconstruir el espacio, reinventarlo o desacralizarlo. A partir de esa exacerbación de los sentidos en los seres humanos que contribuye a que modifiquen los preceptos en un espacio determinado, Algirdas Greimas y Jacques Fontanille manifiestan que «la moralización se reconoce por el hecho de que un observador social está encargado de evaluar el efecto de sentido y es susceptible, con el fin de producir tales juicios, de atribuirse un rol actancial en la configuración»27. Lo que un espacio es para unos personajes peligroso u hostil, para otros es una oportunidad para el cambio y ejercer el poder.
Espacios disruptivos y su alcance
La novela de Mainor González Calvo consta de quince capítulos. A continuación, veamos los espacios que con más frecuencia surgen en la trama narrativa y que se convierten en entornos deconstruidos según la normatividad social establecida por las autoridades político-sociales en Costa Rica.
El espacio que más cobra relevancia es el bar o la cantina. En toda la trama aparecen mencionados veintiocho bares que visitan los personajes durante sus recorridos. La mayoría de estos lugares donde se consume alcohol y se podía fumar adentro están ubicados en las zonas de San Pedro, Moravia, Guadalupe y el centro de San José, entre los bares de San Pedro de Montes de Oca, tenemos La Nena, La Bodega, Ventanas, Sand, Cheers, La Cabaña, Espaguettis, El Ballenato, El Pulpo, El Yen Lung (bar-restaurante) y el Maguey. En Moravia están El Buda, Brandys, Pingos, Hubertˋs. En Guadalupe se mencionan El Arcoiris, La Ballena, American y El Jardín Exuberante. Por último, de San José: El Atlas, El Montecarlo, El Paraíso, La California, Bar 1930, el bar del Hotel Presidente, La Estrella, La Vasconia y La Chicharronera.
Todos son lugares donde asiste la clase media-baja de la sociedad, gente joven, universitarios y asalariados. En estos espacios los personajes de la pandilla del Oso mañoso quebrantan las reglas e intentarán aprovecharse de las personas que visitan los bares para obtener gratis bebidas, sexo furtivo, drogas y patrocinadores para que sigan la fiesta sin parar durante la noche. El espacio del bar para Juan José Navarro es «donde un grupo de jóvenes teorizaba sobre la sociedad que los hastiaba28». Este descontento de los individuos con su entorno social los lleva a desafiar diferentes conductas que no calzan con lo estipulado, convirtiendo este espacio en un reducto libre de toda coacción moral. Navarro agrega que «la ideología se encuentra fundamentada en la construcción de la conciencia de un mundo que ha sido construido con base en la existencia de una clase dominante, que es la burguesía29». De ahí se deprende que estos espacios heterotópicos rechacen las códigos y preceptos que el sistema político les implanta. Observemos a continuación esa ruptura que crean los personajes cuando se confabulan para que un individuo patrocine la fiesta:
Bajamos trastabillando hasta llegar a Sand. El Oso se puso a tantear el ambiente y rápido dimos con la primera invitación. Nos pusimos a hablar con el improvisado mecenas y a darle un poco de cuerda a la conversación. El mecenas compró otra ronda de cervezas y seguimos hablando de mujeres, carros baratos y celulares de protocolo. Comenzamos a dar vuelta por el bar y otro desconocido nos puso una botella de Pilsen a cada uno en la mano. (49)
En el bar puede suceder de todo: desde una invitación para beber licor hasta una propuesta para un encuentro sexual:
—Ay, maes. Tanta charla idiota me cansa. Yo quisiera como… como…no sé…acostarme con alguien…Sí, estar haciendo el amor con alguien y punto. Dejarse de pichas, de policías, de cédulas…Sí, hacer el amor con cualquiera, cualquiera. ¿Me oyen? (34)
El bar permite además concretar negocios para conseguir droga, o bien, lograr que, a través de los estupefacientes, se consiga una noche de sexo salvaje:
—Maes —nos dijo el Oso bien chispeado— la última vez que salí con una güila la vara es que me la encuentro en La Bodega. La chamaca tenía una urgencia hijueputa de jalar perico, así que le compré dos puntas al Guachi y nos fuimos para mi chante. Maes, ¡vieran qué culeadota! (46)
Las reglas en el espacio del bar las ponen los inadaptados de la pandilla del Oso mañoso. Se impone la ley del más fuerte y solo los más sagaces conseguirán obtener réditos por embaucar a los demás. Así también, las tertulias en los bares permiten que se denuncien abusos por parte del sistema en contra del sector proletario:
Ustedes son unos lamehuevos, pero a su manera. No le dicen lo que piensan a su patrón por miedo a que los echen y se queden sin la plata de las birras. […] ¿Y ustedes sí se comportan como la gente? ¿O es que la gente les dice cómo comportarse para guardar apariencias y mostrarse fuertes ante la mierda que los rodea? (46)
Este espacio se resemantiza como una plataforma que les permite decir lo que realmente sienten de su sociedad y de cómo esto les afecta directamente sus decisiones. Los jóvenes dependen de un trabajo para subsistir, su conducta fuera de estos espacios disruptivos está regida por el paradigma «idóneo» que se debe tener en un espacio público. No obstante, y, gracias a la influencia de la figura del Oso mañoso, ellos adoptan una postura crítica que los lleva a mostrar algunas desigualdades de orden laboral que existen en la empresa privada por el temor de que los echen y no puedan mantener a sus familias. La domesticación por parte de los empleados solo se cuestiona en ambientes que no están sujetos a la alienación del poder sociopolítico, como lo es el bar.
Las calles que transitan los personajes están alrededor de la Universidad Latina, el centro de San José, en Zapote y la calle 3 de San Pedro de Montes de Oca, más conocida como la Calle de la Amargura30. En estos espacios los personajes van a encontrar inseguridad, abuso de autoridad, oportunidad de concretar negocios ilícitos; pero, como el espacio del bar, también crean sus propias reglas para salir avante ante cualquier inconveniente que se les presente:
—Mae, qué barbaridad. Está bueno que estos maes requisen así. Aquí hay mucha droga, mucho relajo. Estas varas son buenas para la sanidad pública. —Sí, mae. Está bueno que tallen esta vara. Uno puede pasar por aquí y al rato lo asaltan. Puede que lo dejen chingo también. —¿Vio, mae? ¡Nos salvamos, nos salvamos! —¿Qué si qué?, ¿pero vio cómo es la vara? Lo único que hay que hacer es hacerse el loco, como si no fuera con uno el asunto. (32)
Durante la década de 1990, la Calle de la Amargura fue el hábitat de vendedores de drogas y cientos de consumidores que adoptaron este lugar como un centro para abastecerse de cualquier tipo de fármaco. En la cita textual, la policía efectúa una redada en la zona para evitar que se propaguen los crímenes producto de este negocio ilegal. No obstante, para los miembros de la pandilla del Oso mañoso la calle se transforma en el ámbito de la libertad de expresión, donde ejercen su rol de poder al sentirse aptos para transgredir lo socialmente impuesto. Para estos granujas, la calle es un lugar para retar y desafiar a la autoridad que controla los espacios públicos:
Le pasé el puro a Chimol. En verdad que era un Juan descomunal. Se nos había ido la mano con la fabricación de semejante animalote. Ya estábamos a punto de terminarlo cuando cayó la brigada de policías. Tomamos nuestras cervezas y comenzamos a beberlas como si fuéramos turistas. —Bien —dijo el que parecía superior a cargo de la redada a otro policía—, usted, revíseme a estos dos. (31)
Burlar a la autoridad y pretender que no son asiduos visitantes a estos lugares anuncia que en la ciudad existen ambientes donde no se respeta a la figura policial, sino que más bien, se intenta librar a toda costa de algún tipo de reprimenda por consumir drogas en la vía pública por parte de la Fuerza Pública. En otro episodio, al Oso mañoso y al narrador homodiegético31 asaltan unos «chapulines»32 en una calle de Zapote durante las festividades populares de fin de año, por lo que el espacio de las calles josefinas es un referente de la violencia y las desigualdades que sufren las clases sociales, no importa si tienen o no recursos económicos:
Las güilas silbaron extrañamente. De pronto, salidos de las alcantarillas, una veintena de chapulines nos rodeó sin oportunidad de escapar. Por supuesto, las pistolas y los puñales aparecieron sin hacerse rogar. —¿Qué pasa, Maricela? ¿Qué están haciéndoles estos playos? —Nada, Marco, pero tienen plata y droga. —¿Ah sí? —Y nos empezaron a asaltar sin encontrar resistencia. (113)
Las calles están tomadas por la droga y por la delincuencia. Este espacio representa un espectro de cómo la falta de oportunidades ha minado a ciertos sectores de la sociedad, los cuales se han visto obligados a robar o delinquir para poder llevar el sustento a sus casas; por otra parte, también, vislumbramos que la policía, en ciertos lugares conflictivos, brilla por su ausencia, lo que facilita a estas estructuras criminales apoderarse de algunos barrios capitalinos.
Otro de los espacios disruptivos, también asociados con el poder y el reto a lo normado por la sociedad, es el búnker: un ámbito heterotópico, ubicado en Guadalupe, donde el único que ejerce el mando supremo es el narcotraficante para distribuir su mercancía entre los consumidores. En relación con el tema del exceso del poder en un grupo social, Teun A. van Dijk indica que «el discurso reproduce el abuso del poder, cuyo objetivo es el control»33, situación que observamos en este espacio del búnker, donde el que detenta el poder lo realiza de una forma absoluta, al estilo de los dictadores que se perpetúan en algunos países latinoamericanos. En la novela los personajes van a reclamarle al que les ofreció vender una marihuana, pero no cumplió con su parte y, más bien, les robaron el dinero que pagaron por la droga:
—Es muy sencillo: es ir a Guadalupe, quejarse con un «doctor» y poner las cosas en su lugar. Nosotros te vamos a tirar. Cuando llegamos a la esquina donde estaba el búnker del Machillo, volvimos a interceder ante el Oso:
—Mae, es solo enjacharlo y decirle cómo es la vara, que nos dé el cuarto de libra y eso es todo. El Oso se bajó del carro. Su paso decidido y audaz (cosa aprendida durante años de fogueo callejero) se perdía entre las casas y los jardines. (16)
Este espacio disruptivo tiene sus propias reglas: el más fuerte es el que gobierna; además, no hay cabida para que los policías actúen, ya que ambas partes de la negociación están delinquiendo y solo entre ellos pueden resolver sus malos entendidos o divergencias. El Oso mañoso termina muy golpeado por el narcotraficante que lidera el búnker: «y quitándose los anteojos, le vimos los ojos morados por los golpes. También había perdido tres dientes de arriba» (17). Los dominios que tienen los narcotraficantes sobre estos espacios para la venta y consumo de drogas confrontan la estabilidad del sistema social, por cuanto se les amenaza de muerte a los miembros de la comunidad si intentan denunciar la existencia de este espacio a las autoridades competentes.
En este ámbito las normas sociales se diluyen para satisfacer por completo el hedonismo. No importa que se irrespeten cualquier tipo de normas conductuales, o bien, se empleen todo múltiples artimañas para lograr el objetivo de una relación sexual. Los personajes del Oso mañoso y el narrador visitan en el centro de San José el burdel conocido como Chicas del Caribe, ubicado al oeste del Banco Crédito Agrícola de Cartago. Aquí, al igual que en el búnker, las manipulaciones del más audaz permiten que logren obtener beneficios dentro de este espacio heterotópico:
De allí bajamos cien metros y nos metimos a «Chicas del Caribe», lugar de mala muerte y de plena exposición de carnes femeninas. Definitivamente, ese era un lugar fuera de lo común. La barra quedaba debajo de dos portentosos televisores que mostraban películas porno toda la noche. La tipa se sentó y empezó a platicar animadamente con el Oso. Yo, mientras tanto, les echaba un ojo a las otras putas (que no estaban tan mal) y a los televisores. En eso estaba cuando mi atención volvió a la mesa. Cuando me percaté, el Oso estaba hecho un colocho con la diva, y así estuvieron por una hora. (84-85)
Gracias a ese discurso zalamero del Oso mañoso, este congenia en el espacio del prostíbulo a las mil maravillas. Incluso, la mujer con la que el Oso está sentado, luego, los invita a que sigan disfrutando de la fiesta nocturna en otro sitio. Ella paga todo. Lo interesante de este espacio disruptivo es que está ubicado en pleno corazón de la capital, donde existen todo tipo de comercios y transitan una multitud de personas que aceptan su existencia como parte del paisaje citadino. Este espacio alberga mujeres extranjeras que ejercen la prostitución debido a que carecen de estudios y viven solas en un país que no les ofrece mayores oportunidades de trabajo, por lo que acuden a estos sitios para solventar sus necesidades básicas:
Tomamos asiento y ordenamos. Conforme avanzaba la conversación en nuestra mesa, me fui enterando de los pormenores de la puta. Se llamaba Nidia, era nicaragüense y andaba por los veinte años de edad. Vivía en Managua y pasó a este lado de la frontera a probar fortuna. La única fortuna que obtuvo fue una chiquita que tenía ya tres años y que, lógicamente, era el cielo y la tierra para ella. (87)
Este espacio de reprensión delictiva acoge a los miembros de la pandilla cuando los detiene la policía en alguna trifulca en los diferentes bares que frecuentan; sin embargo, este espacio disciplinario saca la lealtad de la pandilla al apadrinar a su aliado en medio de la deuda que generaron producto de una gresca en el bar 1930:
Allí nos cayó el holocausto encima. Rápidamente llegaron las patrullas y uno por uno fuimos introducidos en los coches. Dormimos la borrachera en la cárcel y al día siguiente vino el dueño del bar a exigir el pago de los daños. Fuimos sacando de donde hubiera el dinero y le tocó el turno al Oso, que todavía estaba durmiendo la mona en una esquina de la celda. (76)
Pese a las tribulaciones y descontentos entre los integrantes de esta pandilla, la camaradería surge en los espacios menos pensados para salvaguardar la integridad de uno de sus miembros. Sin embargo, la cárcel siempre representa ese lugar asignado socialmente para someter a los sujetos que transgreden la ley y producen altercados al orden público.
Las aventuras del Oso mañoso ofrece una radiografía de los espacios que integran la ciudad de San José durante la década de 1990. Estos ambientes distópicos permiten conocer cómo el espacio urbano de San José ya venía deteriorándose desde hace bastantes años. Donde no existen proyectos sociales que busquen resolver los múltiples problemas que la urbe presenta: indigencia, consumo de drogas, criminalidad, pobreza extrema. Es una metáfora de ese espacio urbano carcomido por el desamparo absoluto de infinidad de gobiernos, que nunca se preocuparon porque se lograra ayudar a los sectores urbano-marginales, los cuales se transforman en núcleos de estas estructuras facinerosas que dominan a sus anchas muchos de los barrios y comunidades en el Gran Área Metropolitana.
Esta diversidad de espacios urbanos transgresores, poco analizados en la literatura costarricense, a la luz de un enfoque sociocultural, es necesario examinarla para la historiografía literaria, por cuanto se ha dejado de lado qué simbolizan estos espacios para los individuos que los habitan. Estas representaciones espaciales también nos brindan aproximaciones de épocas históricas donde, al igual que ahora, existe un enorme desencanto por parte de sus habitantes, ya que, en muchos casos, han sido desplazados de ciertos ámbitos, por cuanto ya no son accesibles para el ciudadano común producto de la intromisión de células criminales.
Las aventuras del Oso mañoso logra introducirnos en esa topografía carnavalesca que surgió en San José hace casi tres décadas, entendiendo que en la urbe siempre han existido espacios confrontativos de un sistema social que está instaurado para el beneficio de las clases políticas que rigen el país. Además, actualmente la literatura sirve de escaparate para que se conozca otra perspectiva de la ciudad josefina, no la que está retratada en los folletos turísticos o en las redes sociales de los hoteles, sino entender las verdaderas dimensiones que nos pueden ofrecer los espacios heterotópicos en la construcción de la otra identidad nacional.
1 Recibido: 29 de octubre de 2023; aceptado: 8 de julio de 2024.
2 Departamento de Bibliotecas Escolares y Centro de Recursos para el Aprendizaje. Correo electrónico: carlos.gonzalez.hernandez@mep.go.cr;
https://orcid.org/0000-0003-3643-6722.
3 Tatiana Herrera, Espacio y angustia en Cuentos de angustias y paisajes, de Carlos Salazar Herrera, tesis de maestría, Universidad de Costa Rica, 2019, 14.
4 Demetrio Estébanez, Diccionario de términos literarios (Madrid: Alianza, 2008) 755.
5 Armando Silva, Imaginarios urbanos (Bogotá: Arango, 2006) 4.
6 Rónald Rivera, La ciudad en la novela centroamericana contemporánea (Alajuela: Editorial Sede de Occidente de la UCR, 2019) 38.
7 Pierre Bourdieu, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario (Barcelona: Anagrama, 2005) 347.
8 Beto Lagarda, «La reseña improbable: Whitesnake-Whitesnake», Scienceofnoise, fecha de consulta: 24 de febrero de 2024, <https://www.scienceofnoise.net/la-resena-improbable-whitesnake-whitesnake/>.
9 Mainor González Calvo, Las aventuras del Oso mañoso (San José: BBB Producciones, 2015) 9; en adelante, los números de página se indicarán entre paréntesis.
10 Rivera, 38-39.
11 Ramón Alvarado, «Escribir América en el Siglo XXI: El Crack y McCondo, una generación continental», Iberoamericana XVI, 63 (2016): 67-90. DOI: https://doi.org/10.18441/ibam.16.2016.63.67-90.
12 Margarita Rojas, La ciudad y la noche. La nueva narrativa latinoamericana (Bogotá: Norma, 2006) 9-10.
13 Rojas, 61.
14 Rojas, 66.
15 Ottmar Ette, Literatura en movimiento. Espacio y dinámica de una escritura transgresora de fronteras en Europa y América (Madrid: Editorial Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2008) 295.
16 Javier Rivero, «Modelos urbanos en la literatura, las artes y otras manifestaciones culturales», Ángulo Recto 5, 2 (2013): 172.
17 Werner Mackenbach, Entre política, historia y ficción. Acerca de algunas tendencias en las literaturas centroamericanas contemporáneas (San José: Editorial CIHAC, 2019) 19.
18 Mackenbach, 21.
19 Ette, 57.
20 Michel Foucault, El cuerpo utópico. Las heterotopías (Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 2009) 38-39.
21 Gastón Bachelard, La poética del espacio (México: Fondo de Cultura Económica, 2020) 268.
22 María Mulero, La ciudad literaria. Representación urbana y creación literaria en Barcelona (1970-2015). Tesis de doctorado. Universidad de Barcelona, 2017, 20.
23 Ramiro Segura y Mariana Chaves, «Relatos de espacio: narraciones, movilidades y formas de habitar la metrópoli», Transporte y Territorio, 23 (2020): 7-29 (10). DOI: 10.34096/rtt. i23.9654.
24 Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano I (México: Editorial Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, 2000) 127.
25 Andrea Jeftanovic, «Mapocho de Nona Fernández: la ciudad entre la colonización y la globalización», Chasqui 36, 2 (2007): 2.
26 Fernando Aínsa, Espacio literario y fronteras de la identidad (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2005) 37.
27 Algirdas Greimas y Jacques Fontanille, Semiótica de las pasiones. De los estados de cosas a los estados de ánimo (Coyoacán: Siglo Veintiuno, 1994) 131.
28 Juan José Navarro, «Espacio y ciudad en la teoría situacionista: hacia una crítica del urbanismo», Revistarquis 9, 2 (2020): 13. DOI: https://doi.org/10.15517/ra.v9i2.42593.
29 Navarro, 16.
30 La Calle de la Amargura se ubica a la entrada de la UCR; es un referente nacional debido a su connotación negativa, por años ha sido considerado un espacio descuidado, con delincuencia y drogas. Karla Barrantes, «Calle de la Amargura: hacia una renovación urbana con actitud humana». On the w@terfront, s.v., s.n., (2013): 22.
31 Emplea la primera persona y cuenta su propia historia. Participa activamente en el mundo narrado. Es un personaje, y como tal, tiene plena existencia ficcional. Luz Aurora Pimentel, Relato en perspectiva. Estudio de teoría narrativa (México: Siglo Veintiuno, 2010) 136-137.
32 Fueron delincuentes juveniles, menores de edad, que se caracterizaban por atacar en grupo para efectuar asaltos, y que tomaron las calles de San José durante la década de los noventa. Los llamaron chapulines por la forma en como arrasaban con todo lo que encontraban a su paso. Teletica.com, «Chapulines arrasando la capital». Teletica.com, fecha de la consulta: 1 de marzo de 2024, <https://www.teletica.com/reportajes/chapulines-arrasando-la-capital_283997>.
33 Teun A. van Dijk, Discurso y poder (Barcelona: Gedisa, 2009) 12.
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