Revista Letras N.° 79
Enero-Junio 2026
ISSN 1409-424X; EISSN 2215-4094
Doi: https://dx.doi.org/10.15359/rl.2-79.4
URL: www.revistas.una.ac.cr/index.php/letras

portada

Etimología de riesgo, vulnerabilidad, exposición y resiliencia en latín, griego y hebreo1

(Etymology of Risk, Vulnerability, Exposure and Resilience in Latin, Greek and Hebrew)

Patrick C. G. F. Markus2

Universidad Nacional, Heredia, Costa Rica

Resumen

El presente trabajo analiza la etimología de las categorías de riesgo, vulnerabilidad, exposición y resiliencia, nociones de uso común alrededor del objeto de estudio de los desastres. Se examinan las referencias etimológicas que existen en el latín, el griego y el hebreo. Se sintetizan los principales imaginarios sociales asociados a los significados originales. El trabajo sostiene la conclusión que las cuatro palabras, como las conocemos hoy en día, provienen del latín en lugar de griego o hebreo.

Abstract

This paper addresses the etymology of the categories of risk, vulnerability, exposure and resilience, notions commonly used in relation to the study of disasters. The etymological references in Latin, Greek and Hebrew are examined. The main social imageries associated with the original meanings are briefly laid out. This paper concludes that all four words, as we know them today, have their origins in Latin, as opposed to Greek or Hebrew.

Palabras clave: etimología, riesgo, vulnerabilidad, exposición, resiliencia

Keywords: etymology, risk, vulnerability, exposure, resilience

Introducción

El vocabulario común que se utiliza alrededor del objeto de estudio de los desastres incluye cuatro categorías claves: riesgo, vulnerabilidad, exposición y resiliencia. Los abordajes conceptuales suelen provenir de distintos campos del conocimiento: las ciencias exactas y aplicadas (e.g. ingeniería), y desde enfoques (más) sociales, como la geografía social y la sociología de desastres3. En cada uno de estos enfoques, así como en la tradición que emergió en forma separada desde América Latina4, históricamente se han utilizado o conceptualizado estas (y otras) nociones de manera distinta. En América Latina, entre los primeros científicos y profesionales quienes en la década de 1980 empezaron a insistir en un enfoque más social de la problemática de los desastres, estaban —en el Sur— un planificador urbano (Andrew Maskrey), un científico social (Gilberto Romero) y un arquitecto (José Sato) en Perú; además, un ingeniero (Omar Cardona), dos profesores universitarios (Andrés Velásquez y Hans Jürgen Meyer) y un abogado (Gustavo Wilches-Chaux) en Colombia, entre otros5. En el Norte de América Latina, a partir de la década de 1990, estaban entre los primeros una arquitecta (Elizabeth Mansilla), parte de un grupo más amplio de investigadores en México, y un geógrafo económico (Alan Lavell) y colaboradores en Centroamérica6. Así se desarrolló un enfoque no limitado a las divisiones disciplinarias.

En este estudio nos proponemos indagar sobre la etimología de los conceptos riesgo, vulnerabilidad, exposición y resiliencia. En primer lugar, se desea establecer, dentro de los límites que el breve análisis nos permite, los orígenes de estas palabras. Al respecto, De Vaan7 sostiene que, por un lado, en términos generales, la cantidad de palabras griegas en el latín es muy alta; por otro, que muchas palabras semíticas entraron al latín a través del griego. Sin embargo, como resultado del presente análisis se puede sostener que, en relación con las categorías aquí tratadas, no ha sucedido nada de ello: ni un traslado del hebreo al griego, ni del griego al latín. Defendemos que las palabras investigadas tienen sus orígenes etimológicos en el latín. Configuraciones de significados parecidos existían en el griego de la Antigüedad, incluso en tiempo antecedente al latín, pero no se ha detectado una relación etimológica (griego-latín) en estos casos, a pesar de interesantes similitudes. En segundo lugar, de manera a conclusión, se sintetiza los principales imaginarios sociales que se disciernen en los significados originales de las cuatro categorías.

Metodología

Para el presente análisis se ha comparado la información que ofrecen siete diccionarios etimológicos, la de Beekes8, De Vaan9, Gómez10, Klein11, Corominas12, Woodhouse13 y el diccionario en linea de la Perseus Digital Library14. Aunado a estas fuentes, se basa el análisis en las reflexiones etimológicas dadas por Cavarero15, Alexander16 y Cavarero, en Saez17.

Planteamiento de la cuestión

El problema de fondo es que en torno a la noción de desastre se configuran estos cuatro conceptos que aquí se abordaran, entre muchos otros, sin tener un consenso respecto a sus definiciones, como lo tratan Alexander18, Fekete, Hufschmidt y Kruse19, Kelman20, Markus21, Paulus22, Wisner, Blaikie, Cannon y Davis23, y Zhou, Wang, Wan y Jia24. Además, los significados de los conceptos y su uso en las distintas prácticas cambian con el tiempo, señalan Kelman y otros autores, como Kano, Wood, Siegel y Bourque25, y Poncelet y Delooz26. Para Kelman, la evolución de los significados y del uso de los conceptos frecuentemente esconde las intenciones originales e ideas fundamentales de los conceptos27. En otras palabras: se encubre su ontología, ya no revela el significado esencial, se deja implícita la naturaleza de lo que se trata, lo que parece buen argumento a favor de una revisión de la etimología de los conceptos en cuestión. No obstante, Kelman28 en seguida defiende que para el análisis de los términos que considera subanalizados en la literatura— como vulnerabilidad y riesgo (de desastres), entre otros —no se debe entrar en un análisis etimológico «porque puede haber diferencias significativas entre el uso profesional contemporáneo y el origen lingüístico de un concepto». Estas dos posiciones parecen contradictorias: si Kelman considera que las intenciones originales y las ideas fundamentales de los conceptos quedan frecuentemente escondidas, no compartimos su argumento de que un análisis etimológico a priori será incapaz de aportar valor al entendimiento de los conceptos en cuestión.

A la inquietud de Kelman sobre la diferencia entre el uso profesional contemporáneo y el origen lingüístico de un concepto, se podría agregar una preocupación sobre la falta de coherencia conceptual interdisciplinaria: un solo concepto podría tener una carga de significado muy diferente en una u otra disciplina. Esta tensión conceptual es más que simbólica, porque lo que conceptualizamos es lo que vemos, señalan Lavell y Maskrey29, Weick y Sutcliffe30, y Paulus31. Es decir: el modo como se entiende el concepto —la carga de significados que tiene— determina lo que se observa en la realidad con base en ello.

Coincidimos con Kelman en su consideración que la cuestión es compleja: las diferencias entre los significados de los conceptos son más que lingüísticas cuando se traducen a otros idiomas y se interpretan en nuevos contextos; son también culturales: «Definitions are created, adjusted, and interpreted within this cultural construct – as must occur since so much of language and vocabulary is adopted and applied through cultural lenses»32.

Pero, trazar la etimología de una palabra no es cuestión sencilla. De Vaan, en su Etymological Dictionary of Latin and the Other Italic Languages, lo plantea así: el cliché entre los expertos es que cada palabra tiene diez etimologías33. De Vaan aclara que el latín recibió palabras desde distintas lenguas, incluso muchas del griego34. En términos generales «la retórica latina fue heredera directa de la retórica griega»35, y dependiendo de la época, los autores latinos eran capaces de leer y escribir en griego. Por tanto, en este trabajo se detiene en esta relación etimológica en sentido estricto (el origen lingüístico de la palabra) que se considera distinta de la trasferencia de significados entre lenguas. De Vaan, en su análisis, se centra en algunos orígenes (las lenguas itálicas), excluyendo las palabras provenientes de otras lenguas (céltico, etrusco, germánico, griego y semítico). La mención de estas últimas dos fuentes es importante porque la exclusión de palabras provenientes del griego y semítico por De Vaan, mientras que sí discute las palabras riesgo, vulnerabilidad, exposición y resiliencia, implica que la proveniencia de estas palabras es el latín propiamente y no el griego ni el hebreo (semítico).

En su Comprehensive Etymological Dictionary of the Hebrew Language for Readers of English, Klein, con su conocimiento de cuarenta lenguas36, remite directamente al latín como origen de la palabra hebreo para riesgo37, que afirma lo supra indicado. Respecto a la palabra vulnerabilidad en hebreo, Klein señala que es una palabra moderna38; además no menciona la resiliencia, por lo que sostenemos que no existían estas dos últimas palabras en el hebreo antiguo. Por ende, en estos tres casos, Klein confirma que el hebreo no es el origen de estas palabras. Más adelante nos referimos más detalladamente a esto. Respecto la palabra exposición indica Klein que el hebreo cuenta con significados bíblicos39.

Beekes, en su Etymological Dictionary of Greek, no se refiere a configuraciones de significados de las palabras exposición y resiliencia, lo que parece confirmar que las palabras en uso en la actualidad no provienen del griego. Se refiere a riesgo y vulnerabilidad, pero las palabras que utiliza no sugieren, por lo menos al «ojo» no entrenado en filología, ninguna relación etimológica en sentido estricto con las palabras correspondientes en latín ni con las palabras en uso en la actualidad. No obstante, vale la pena revisar lo que indica Beekes al respecto. Ante el este panorama, y con estas anotaciones en el margen, procedemos a analizar las etimologías de los conceptos indicados.

Riesgo

De Vaan indica en primera instancia que las palabras latinas penculari y penclitari significan ‘riesgo’40. Ambas palabras se refieren a ‘intentar algo’, lo que podría ser un resultado incierto, una posibilidad de un final positivo (éxito) sin garantía, elemento fundamental del concepto de riesgo. Otro elemento proviene del significado secundario de penclitari que es ‘estar en peligro’, lo que también se ve en el latín periculosus, palabra que De Vaan menciona justamente después penculari y penclitari41. Esto apunta a que el resultado incierto señalado podría ser desfavorable. En el latín periculosus (relacionado a periculum, ‘peligro’) se reconoce con claridad el castellano contemporáneo ‘peligroso’ y el inglés ‘perilous’, que también significa ‘peligroso’, ‘arriesgado’, ‘inseguro’ (chancy, risky, unsafe).

Si bien penculari, penclitari y periculosus captan el significado de riesgo, es difícil ver en estas palabras el origen de riesgo propiamente. Sin embargo, una propuesta alternativa fue dada por Corominas, en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, indicando ‘peligro’ como el principal significado de riesgo: «es posible que (…) proceda del latín resecare ‘cortar’, de donde ‘dividir’, ‘sembrar discordia’, y por otra parte ‘lugar cortado y fragoso’, y de ahí, finalmente, ‘peligro’»42. El significado de ‘sembrar discordia’ en primera instancia es interesante porque nos convoca a las relaciones sociales, lo social. Y el significado de ‘cortar’ es notable porque nos remite a un imaginario de violencia que más adelante veremos en la etimología de vulnerabilidad.

Gómez, en su Breve diccionario etimológico de la lengua española, indica el significado de riesgo como ‘probabilidad de que suceda un mal, peligro’43. Entonces, vuelven a aparecer la incertidumbre del resultado y la posibilidad de que éste sea desfavorable como elementos principales de ello. Gómez señala el latín vulgar (sea: de uso común) resecu como posible origen, lo cual significa ‘riesgo en el mar; roca, farallón, risco’44.

Klein identifica la palabra riesgo en el hebreo ( ריזיקו – risico ) como de origen extranjero, no bíblico45. Sostiene que riesgo se deriva del latín vulgar risicare, verbo que significa ‘arriesgarse’46. Klein defiende que es probable que risicare sea derivado del griego rtza, ‘raíz’, pero que también se usó en el sentido de ‘farallón’ y ‘risco’. Lo anterior refuerza lo indicado por Gómez, más porque Klein afirma una connotación marítima, indicando que risicare originalmente significaba ‘navegar entre acantilados’47. Además, lo señalado por Klein parece excluir una etimología árabe, como lo han sugerido algunos.

Con base en De Vaan se podría sostener que Corominas no es preciso en el significado de resecare. Según De Vaan resecare significa ‘recortar’, ‘podar’48. La traducción del verbo ‘cortar’ lo da como secare. Pero para aclarar la relación entre resecare (Corominas) y risicare (Klein), De Vaan no ofrece pistas al respecto; tampoco se refiere a resecu.

Sin querer defender que estén relacionados etimológicamente, una breve revisión de la palabra riesgo en griego clásico arroja brinda un resultado parecido. Beekes atribuye al griego kindunos49 (κίνδυνος) el significado de ‘peligro’, ‘riesgo’50. Según Beekes, estas referencias se encuentran en los textos de dos poetas griegos —Theognis51 y Píndaro52— y como segundo miembro de una palabra, en la lengua jónico-ática, en un sentido de ‘en conexión con peligro’53. Nuevamente aparece una connotación marítima en Hesiquio (de la misma época); quien atribuye a kindunos el significado ‘banco en la proa de un barco’54.

Dado lo anterior, parece razonable que la palabra riesgo propiamente proviene del latín vulgar risicare (Klein) o resecu (Gómez), con marcada connotación marítima. La propuesta de Klein es que risicare viene de un significado secundario del griego rtza ‘raiz’. Al parecer no hay relación etimológica con la palabra griega para riesgo (kindunos), aunque se configura con significados muy parecidos, incluso con una connotación marítima. La conjetura de resecare (Corominas), aun si fuera entendido como secare (De Vaan) parece menos probable, pero no menos interesante, porque convoca a otros significados, particularmente a lo social.

Vulnerabilidad y exposición

Cavarero explora dos significados de vulnerabilidad. El primero partiendo del latín vulnus, ‘herida’: «la vulnerabilidad es definitivamente una cuestión de piel»55. De Vaan señala vulnerare como el verbo ‘herir’ y volnus o volneris como formas alternativas del latín clásico vulnus56, lo cual confirma lo indicado por Cavarero. Para él, «el significado primario remite (…) a la laceración traumática de la piel, (…) la epidermis, limite y borde del cuerpo, barrera envolvente, pero también superficie en la cual el cuerpo mismo se asoma al exterior y se expone»57. Por lo anterior, indica Cavarero, convoca al imaginario de guerra y del guerrero. Es un contexto de violencia, de enfrentamiento armado, de muerte violenta58.

El segundo significado de vulnerabilidad discutido por Cavarero remite directamente a la exposición: «El significado de vulnus, a través de la raíz vel aludiría sobre todo a la piel depilada, lisa, desnuda y, por ello, expuesta en grado máximo (…)»59. Argumenta que el segundo imaginario, proveniente de una propuesta de Consolaro, permite repensar la vulnerabilidad como «un arquetipo de lo humano cuya piel desnuda y glabra es señal de absoluta exposición» 60.

[Es] una nueva figura emblemática de la vulnerabilidad como condición esencial de lo humano: se es imaginado en la total desnudez de la piel expuesta, sin pelos como sucede a los niños y a menudo a los viejos, el vulnerable por definición se convierte en efecto en el inerme 61.

Repensar lo vulnerable de esta manera, según Cavarero, implica que no alude —en el primer plano— al imaginario del guerrero o de batalla, porque el inerme, en su condición asimétrica de indefensión (y exposición) total, es incapaz de defender ni ofender:

Como sugiere la raíz etimológica, el inerme es quien no tiene armas y, por lo tanto, no puede ofender, matar, herir. (…) más que esta incapacidad de ofensa (…) no tiene armas para defenderse. Indefenso y bajo el dominio del otro, inerme es sustancialmente quien se encuentra en una condición de pasividad y sufre una violencia a la que no puede escapar ni responder. Toda la escena está desequilibrada por una violencia unilateral. No hay ni simetría, ni paridad, ni reciprocidad62.

De Vaan señala el latín exponere como el verbo ‘exponer’, ‘poner afuera’63. En el sentido de ‘exponer’ (inglés: expose) también indica el latín apertare, derivada de aperio o aparire que significa ‘abrir’64. Nuestra hipótesis es que apertare y exponere, ambos en el sentido de ‘exponer’, se podrían entender como la apertura a lo exterior, o más bien la apertura a las influencias desde el exterior, y por ende como significado fundamental de la exposición.

Nuevamente nos referimos en primer lugar a Beekes para una breve revisión del griego clásico. Indica que no hay una etimología clara de la palabra vulnerable, pero atribuye al griego asylos (ἄ-συλος) el significado de ‘invulnerable’, ‘seguro’ y ‘uno quien no puede ser distraído’, al griego to asylos (τὸ ἄσυλος) el significado ‘área cercada’ y ‘refugio’ además al griego asyl-ia (ἀσυλ-ία) el significado de ‘invulnerabilidad’, ‘seguridad de no ser distraído’65. El contexto claramente es bélico, un imaginario de guerra, de heridas, como ya hemos visto con el latín, dado que el inverso de ser invulnerable implica, según Beekes, estar sujeto a ‘quitarse (la armadura)’, ‘quitar’, ‘robar’, ‘saquear’ y ‘agarrar’, todos significados atribuidos al griego sylao (συλάω)66. Los textos referenciados como fuentes son de Parménides, Aeschylus, Eurípides y Platón, es decir: son de los siglos vi al iv a. C.

Sin embargo, otra fuente67 menciona seis instancias del uso de la palabra trotos (τρωτός) con el significado ‘vulnerable’ o ‘(susceptible) de ser herido’, referenciado en Homero68, Eurípides69, Jenofonte70 y Eubulo71 y luego en Filodemo72. Woodhouse traduce trotos como ‘desprotegido’, ‘expuesto’73. Además, por lo menos en una ocasión74 en Homero se usa la palabra rektos (ϱηκτός), con el significado de ‘penetrable’, ‘rompible’, referido al hombre que podría ser «hendido con el bronce» (Ilíada, 13.323). Se ve el bronce como arma cortante, como una espada, dado que Homero canta sobre la guerra de Troya, que al parecer ocurrió a inicios del siglo xii a. C., la Edad de Bronce Tardío. El contexto nuevamente es bélico, un imaginario de guerra y heridas.

Klein identifica vulnerable (que sí remite a ‘herida’) y vulnerabilidad como palabras del hebreo moderno75, razón por lo que se excluyen del presente análisis. Klein se refiere a la exposición y señala dos significados de exposición en el hebreo bíblico: en Eclesiastés 10:976 se utiliza en el sentido de ‘incurrir en peligro’ (ןכס״ – sikun)77, y en Habacuc 3:978 tiene el sentido de ‘estar desnudada’ (רוע״ – hor)79, que según Botbol remiten a la piel en ambos casos80. Esta referencia a la piel, y en particular el significado de ‘desnudada’, es interesante porque nos remite al imaginario de la vulnerabilidad en el segundo sentido discutido por Cavarero, de la piel desnuda como señal de absoluta exposición. Además, el significado de ‘incurrir en peligro’ nos devuelve tanto al riesgo como a la vulnerabilidad en el sentido primario.

Resiliencia

Alexander defiende que resiliencia viene del latín resilire, resilio, que significa ‘rebotar’, ‘recuperarse’81. Según Alexander, la etimología de resilire y resilio es desconocida; sin embargo, De Vaan afirma resilire como ‘saltar hacia atrás’, ‘retroceso’ y salire como el verbo base ‘saltar’82. Indica Alexander83 que el término se encuentra en los escritos del siglo i a. C. y siglo i d. C. de Cicerón, Livio, Séneca el Viejo, Ovidio, Plinio el Viejo, y Quintiliano84.

Según Alexander, los usos más comunes fueron para describir los saltos o rebotes (Cicerón: Discursos; Séneca; Plinio el Viejo: Historia Natural 9.71, 11.39). Ovidio lo usó más bien en el sentido de ‘disminuir’ o ‘contraer’ (Metamorfosis 12.480) y Quintiliano lo utilizó en el sentido de ‘evitar’ (Istitutio Oratorio, 12, 10.56)85; es decir: con connotaciones negativas. Sin embargo, según Alexander a veces el término se refería a que «la persona en cuestión retrocedió en su deseo de disociarse de lo que estaba sucediendo»86. Esto es muy interesante porque así la resiliencia se podría entender, en un plano explícitamente social, como la reconexión de la persona con lo que está sucediendo, en seguir involucrado, participando en ello, volver a asociarse con los (y lo) demás socialmente.

Relativa al hebreo, Klein no se refiere a los términos (en inglés) resilience y resilient. Tampoco menciona el latín resilire o resilio. Respecto al griego clásico, Beekes también nos da una negativa en cuanto a resiliencia. Woodhouse indica como significados ‘plegable’ ugros (ủγρόϚ) y ‘ligero’ koufos (κοῡφος), sin referirse a autores o fuentes específicas, por lo que no es claro a qué época corresponden87. Sin embargo, según el diccionario en línea de la Perseus Digital Library, la palabra resiliencia se encuentra como antimetabatikos (ἀντιμετα-βατικός), en Soranus (Sor. 2.31), en el siglo ii d. C.

Síntesis

Hemos efectuado un análisis de la etimología de las categorías de riesgo, vulnerabilidad, exposición y resiliencia con el afán de aclarecer los significados fundamentales y la naturaleza de lo que se trata. Los significados de riesgo, vulnerabilidad (o invulnerabilidad) y exposición estaban configuradas en el griego antiguo, hasta con siglos de anterioridad al latín. Sin embargo, las palabras griegas (con la posible excepción del griego rtza como origen del latín risicare) no muestran una relación etimológica con las palabras que hoy en día utilizamos. Mejor dicho, con base en la triangulación de las fuentes utilizadas, la conclusión más fuerte es que las palabras riesgo, vulnerabilidad, exposición no provienen del griego, ni del hebreo, sino del latín. La misma conclusión vale con relación a la etimología de la palabra resiliencia.

De Vaan aborda las palabras latinas que, según él, no provienen del griego y semítico (y algunas otras lenguas), mientras que discute la etimología de las palabras riesgo, vulnerabilidad, exposición y resiliencia, lo que nos parece el argumento más fuerte para sostener que la etimología de estas palabras se radica en el latín propiamente. Este argumento se refuerza, en primer lugar, por lo discutido por Klein, quien remite para el origen de la palabra riesgo en hebreo directamente al latín e indica que la palabra hebrea para vulnerabilidad es moderna, y no se refiere en su diccionario a la palabra resiliencia (lo que podría indicar que no existía esta noción en la Antigüedad). Beekes, quien aborda la etimología de las palabras provenientes del griego, no se refiere a las palabras exposición y resiliencia, lo que refuerza también por este lado nuestra conclusión y convierte en etimológicamente irrelevantes las referencias bíblicas y posbíblicas que hace Klein a la exposición, porque al parecer no entraron ni al latín ni al griego. Y mientras Beekes se refiere a riesgo y vulnerabilidad, las palabras que utiliza indican que no haya una relación etimológica en sentido estricto con las palabras latinas.

Para riesgo, la etimología que consideramos más convincente es desde risicare (posiblemente desde el griego rtza). El significado de riesgo se entiende, sobre todo, como la posibilidad de un evento desfavorable, de entrar o estar en una situación con cierta peligrosidad inherente, presencia de un peligro latente, y por ende ante un resultado incierto. Para riesgo predomina un imaginario de peligro y etimológicamente un imaginario marítimo, de peligro en el mar.

Vulnerabilidad proviene de vulnus, vulnerare, y desde la raíz vel de vulnus. Para vulnerabilidad, como proveniente de vulnus, el imaginario predominante es de guerrero (de herida, la laceración de la piel), pero partiendo de la raíz vel, surge un imaginario de desnudez, de indefensión total, que remite directamente a la exposición en grado máximo como condición fundamental de lo humano.

Exposición proviene de exponere, que remite al igual que vulnerabilidad en el segundo sentido, a un imaginario de desnudez, y desde apertare (a su vez desde aperio o aparire) y (indirectamente) desde vel, a un imaginario de apertura y desprotección. Vulnerabilidad y exposición parecen a primera vista tener una relación dialéctica: se constituyen mutuamente, en conjunto, por lo menos en los sentidos etimológicos: si no se constituye el uno no se configura al otro. En otras palabras: si soy vulnerable es porque estoy potencialmente expuesto de alguna manera.

Resiliencia proviene desde resilio, resilire, desde la raíz salire. El imaginario predominante es de dinámica, sea: de rebotar, de retroceder en la disociación, y por ende reconectarse con el otro y con lo que está sucediendo, de recuperación.

Esperemos que estas aclaraciones etimológicas ayuden a entender mejor qué es lo que se conceptualiza como riesgo, vulnerabilidad, exposición y resiliencia, y le faciliten al lector comprender la complejidad de las conceptualizaciones modernas de estas nociones y sus interrelaciones en contextos particulares. Como se ha argumentado a inicios del presente trabajo, es importante el modo en que se entiende un concepto, porque la carga de significados determina lo que se observa en la realidad: lo que se conceptualiza determina lo que se ve.


  1. 1 Recibido: 23 de noviembre de 2025; aceptado: 20 de mayo de 2025. Agradecimientos: por su amable apoyo el autor agradece a D.ª Silvana Botbol, con conocimiento del idioma hebreo, del Centro Israelita Sionista de Costa Rica, y a D.ª Anabelle Herrera, especialista en Ciencias Bíblicas.

  2. 2 Estudiante de Doctorado en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales. Master en Gestión de Cambio y Master en Filosofía de Administración de Negocios, Erasmus Universidad de Rotterdam, Rotterdam, The Netherlands. Correo electrónico: patrick.markus@est.una.ac.cr. https://orcid.org/0009-0001-1436-306X.

  3. 3 Allan Lavell, Los conceptos, estudios y práctica en torno al tema de los riesgos y desastres en América Latina: evolución y cambio, 1980-2004: el rol de la red, sus miembros y sus instituciones de apoyo (San José: FLACSO, 2005) 66. https://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/flacso-ar/. 20190801044010/lavell.pdf.

  4. 4 Lavell, 3.

  5. 5 Lavell, 13-16, 19.

  6. 6 Lavell, 24-26.

  7. 7 Michiel de Vaan, Etymological Dictionary of Latin and the Other Italic Languages (Leiden: Brill, 2008) 825.

  8. 8 Robert Beekes, Etymological Dictionary of Greek (Leiden: Brill, 2010) 1808.

  9. 9 Véase nota 7.

  10. 10 Guido Gómez, Breve diccionario etimológico de la lengua española (México: Fondo de Cultura Económica, 1988) 736.

  11. 11 Ernest Klein, A Comprehensive Etymological Dictionary of the Hebrew Language for Readers of English (Jerusalem: Carta, 1987) 721. http://neft.dk/ivrittu.pdf.

  12. 12 Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, 3.ª ed. (Madrid: Gredos, 1973) 627.

  13. 13 S. Woodhouse, English-Greek Dictionary, 2.ª ed (Suiza, 1953) 1029.

  14. 14 Gregory R. Crane, ed., «Perseus Search Tools», Perseus Digital Library (Medford, MA: Tufts University, 2024). http://www.perseus.tufts.edu/hopper/search.

  15. 15 Adriana Cavarero, Horrorismo: nombrando la violencia contemporánea (Barcelona: Anthropos; México: Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 2009) 203.

  16. 16 David Alexander, «Resilience and Disaster Risk Reduction: An Etymological Journey», Natural Hazards Earth System Sciences 13 (2013): 2707-2716. DOI: https://doi.org/10.5194/nhess-13-2707-2013.

  17. 17 Begonya Saez, ed., Cuerpo, memoria y representación. Adriana Cavarero y Judith Butler en diálogo (Barcelona: Centre Dona i Literatura y Cos i Textualitat Icaria, 2014) 128.

  18. 18 Alexander.

  19. 19 Alexander Fekete, Gabriele Hufschmidt y Sylvia Kruse, «Benefits and Challenges of Resilience and Vulnerability for Disaster Risk Management», International Journal of Disaster Risk Science 5 (2014): 3-20. DOI: https://doi.org/10.1007/s13753-014-0008-3.

  20. 20 Ilan Kelman, «Lost for Words Amongst Disaster Risk Science Vocabulary?», International Journal of Disaster Risk Science 9 (2018): 281-291. DOI: https://doi.org/10.1007/s13753-018-0188-3.

  21. 21 Patrick Markus, «Organización y capacidades de las instituciones de primera respuesta a desastres en Costa Rica: Introducción», En torno a la prevención 20 (2018): 7-30.

  22. 22 Nelson Paulus, «Del concepto de riesgo: conceptualizaciones del riesgo en Luhmann y Beck», Revista MAD 10 (2004): 95-160. https://revistamad.uchile.cl/index.php/RMAD/article/view/14786/15125.

  23. 23 Ben Wisner, Piers Blaikie, Terry Cannon y Ian Davis, At Risk: Natural Hazards, People’s Vulnerability and Disasters. 2.ª ed. (2003) 1-124. https://www.preventionweb.net/ files/67072351.pdf.

  24. 24 Hongjian Zhou, Jing’ai Wang, Jinhong Wan y Huicong Jia, «Resilience to Natural Hazards: A Geographic Perspective», Natural Hazards 53 (2010): 21-41. DOI: https://doi.org/10.1007/s11069-009-9407-y.

  25. 25 Megumi Kano, Michele Wood, Judith Siegel y Linda Bourque, «Disaster Research and Epidemiology», Disaster Medicine: comprehensive Principles and Practices (New York: Cambridge University Press, 2010): 3-20. http://vch.iums.ac.ir/uploads/KOENIG_-_DISASTER_MEDICINE _42786.pdf.

  26. 26 Jean Luc Poncelet y Herman Delooz «International Perspectives on Disaster Management», Disaster Medicine: comprehensive Principles and Practices (New York: Cambridge University Press, 2010): 51-61. http://vch.iums. ac.ir/uploads/KOENIG_-_DISASTER_MEDICINE _42786.pdf.

  27. 27 Kelman, 281.

  28. 28 Kelman, 282.

  29. 29 Alan Lavell y Andrew Maskrey, The Future of Disaster Risk Management: an On-Going Discussion [Informe síntesis] (2013) 15. https://www.preventionweb.net/files/35715_thefutureofdisasterriskmanagement.pdf.

  30. 30 Karl Weick y Kathleen Sutcliffe, Managing the Unexpected: Sustained Performance in a Complex World, 3.ª ed. (San Francisco, CA: Jossey Bass, 2015) 31.

  31. 31 Paulus, 23.

  32. 32 Lavell, en Kelman, 282.

  33. 33 De Vaan, 2.

  34. 34 De Vaan, 1.

  35. 35 Comunicación personal: A. Herrera, 14 julio 2019.

  36. 36 Klein, ix.

  37. 37 Klein, 616.

  38. 38 Klein, 493.

  39. 39 Klein, 446, 467.

  40. 40 De Vaan, 446.

  41. 41 De Vaan, 446.

  42. 42 Corominas, 508.

  43. 43 Gómez, 608.

  44. 44 Gómez, 608.

  45. 45 Klein, 616.

  46. 46 Klein, 616.

  47. 47 Klein, 616.

  48. 48 De Vaan, 550.

  49. 49 El diccionario en línea de la Perseus Digital Library da cuenta de 3.075 instancias de kindunos en textos de la Antigüedad y 1.634 instancias del verbo kinduneuo ‘perseguir, tomar un riesgo’, además de 425 instancias de alguna variante de estas palabras, por un total de 639 textos. En solo 19 instancias (y 4 textos adicionales) se refiere a un tipo de riesgo con una palabra distinta; con la excepción de un caso, todos se refieren, al parecer, a un contexto marítimo, de un barco y su carga expuesta a lo exterior.

  50. 50 Beekes, 699.

  51. 51 Theognis vivió aproximadamente en el siglo vi a. C.

  52. 52 Píndaro vivió ca. 518 a. C. – 438 a. C.

  53. 53 Beekes, 699.

  54. 54 Beekes, 699.

  55. 55 Cavarero, en Saez, 25

  56. 56 De Vaan, 687.

  57. 57 Cavarero, en Saez, 25-26.

  58. 58 Cavarero, en Saez, 25.

  59. 59 Cavarero, en Saez, 26.

  60. 60 Cavarero, en Saez, 26.

  61. 61 Cavarero, en Saez, 26.

  62. 62 Cavarero, 59.

  63. 63 De Vaan, 479.

  64. 64 De Vaan, 46.

  65. 65 Beekes, 1422.

  66. 66 Beekes, 1422.

  67. 67 El diccionario en línea de la Perseus Digital Library.

  68. 68 Suele aceptarse que las obras de Homero fueron escritos a finales del siglo viii o a inicios del siglo vii a. C.

  69. 69 Eurípides vivió ca. 480 a. C. – ca. 406 a. C.

  70. 70 Xenophon vivió ca 431 a. C. – 354 a. C.

  71. 71 Eubulus vivió ca. 405 a. C. – ca. 335 a. C.

  72. 72 Philodemus vivió ca. 110 a. C. – ca. 40/35 a. C.

  73. 73 Woodhouse, 958.

  74. 74 El diccionario en línea de la Perseus Digital Library, no quedó claro si la segunda referencia a esta palabra se refiere al mismo pasaje u otro, dado que solo indica «Ilíada».

  75. 75 Klein, 493.

  76. 76 Libro del Antiguo Testamento, posiblemente escrito en el siglo x a. C.

  77. 77 Klein, 446.

  78. 78 Libro del Antiguo Testamento, escrito aproximadamente a finales del siglo vii a. C.

  79. 79 Klein, 467.

  80. 80 Com. personal, 29 julio 2019.

  81. 81 Manyena y otros, 2011, en Alexander, 2708.

  82. 82 De Vaan, 535.

  83. 83 Alexander, 2708.

  84. 84 Cicerón (106 a. C. – 43 a. C.), Livio (64/59 a. C. – 12/17 d. C.), Séneca el Viejo (ca. 54 a. C. – ca.39 d. C.), Ovidio (43 a. C. – ca. 17 d. C.), Plinio el Viejo (23 d. C. – 79 d. C.) y Quintiliano (ca. 35 d. C. – ca. 100 d. C.).

  85. 85 Alexander, 2708.

  86. 86 Alexander, 2708 (cursiva agregada).

  87. 87 Woodhouse, 702.

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