Vol 23, N° 45, Enero-Junio 2025
ISSN: 1409-3251, EISSN: 2215-5325
Pobreza y organización colectiva de la economía popular. El caso de una cooperativa de personas migrantes bolivianas destinada a la producción de alimentos en Piedra Blanca, Córdoba
Poverty and collective organization of the popular economy. The case of Bolivian migrant
communities and their food production
cooperative in Piedra Blanca, Córdoba
Pobreza e organização coletiva da economia popular: o caso de una cooperativa de migrantes bolivianos dedicada a la producción de alimentos en Piedra Blanca, Córdoba
Gerardo Avalle
Universidad Católica de Córdoba UA-Conicet, Argentina.
https://orcid.org/0000-0002-4451-1983
Natalia Reyes Tejada
Global Alliance for the Future of Food, Bolivia.
https://orcid.org/0009-0003-8390-5074
DOI: http://doi.org/10.15359/prne.23-45.6
Fecha de recepción: 29/04/2024
Fecha de aceptación: 03/10/2024
Fecha de publicación: 16/06/2025
Resumen
A través del caso de Piedra Blanca, una comunidad en las afueras de la ciudad de Córdoba, Argentina, este estudio explora la organización colectiva y los métodos de producción cooperativa en territorios periurbanos históricamente vinculados con movimientos sociales que abogan por los derechos sobre la tierra. Este caso fue seleccionado debido a tres características innovadoras: el predominio de la producción de alimentos liderada por migrantes, un liderazgo predominantemente femenino y la creación de una cooperativa como un proyecto de subsistencia dentro de la economía popular. Se empleó una metodología etnográfica que incluyó entrevistas y observaciones de campo. Se encontró que el modelo cooperativo, liderado por migrantes bolivianos y productores argentinos, ofrece una perspectiva novedosa para la ruralidad periurbana, con un fuerte énfasis en el liderazgo femenino. Esta iniciativa, caracterizada por la autogestión y las redes alternativas de comercialización, fortalece la resiliencia comunitaria y proporciona una alternativa sostenible y socialmente viable a las estructuras del mercado capitalista tradicional.
Palabras clave: periurbanización; nueva ruralidad; migración; organización colectiva; identidad territorial.
Abstract
Through the case of Piedra Blanca, a community on the outskirts of the city of Córdoba, Argentina, this study explores collective organization and cooperative production methods in peri-urban territories historically tied to social movements advocating for land rights. This case was selected due to three innovative features: the predominance of migrant-led food production, a predominantly female leadership, and the establishment of a cooperative as a subsistence project within the popular economy. An ethnographic methodology including interviews and field observations was employed. We found that the cooperative model, led by Bolivian migrants and Argentinean producers, offers a novel perspective for peri-urban rurality, with a strong emphasis on female leadership. This initiative, characterized by self-management and alternative commercialization networks, strengthens community resilience and provides a sustainable, socially viable alternative to traditional capitalist market structures.
Keywords: peri-urbanization; new rurality; migration; collective organization; territorial identity.
Resumo
Por meio do caso de Piedra Blanca, uma comunidade nos arredores da cidade de Córdoba, Argentina, este estudo explora a organização coletiva e os métodos de produção cooperativa em territórios periurbanos historicamente vinculados a movimentos sociais que defendem os direitos à terra. Este caso foi selecionado devido a três características inovadoras: o predomínio da produção de alimentos liderada por migrantes, uma liderança predominantemente feminina e a criação de uma cooperativa como um projeto de subsistência dentro da economia popular. Foi empregada uma metodologia etnográfica que incluiu entrevistas e observações de campo. Constatamos que o modelo cooperativo, liderado por migrantes bolivianos e produtores argentinos, oferece uma abordagem inovadora para a ruralidade periurbana, com forte ênfase na liderança feminina. Esta iniciativa, caracterizada pela autogestão e redes alternativas de comercialização, fortalece a resiliência comunitária e oferece uma alternativa sustentável e socialmente viável às estruturas do mercado capitalista tradicional.
Palavras-chave: periurbanização; nova ruralidade; migração; organização coletiva; identidade territorial.
Existe una falta de comprensión y análisis detallado de las estructuras de producción periurbanas en contextos de vulnerabilidad, particularmente en áreas marginadas y en el marco de la economía popular. Aunque hay un creciente interés en conceptos como la “nueva ruralidad” y las prácticas económicas alternativas en América Latina, la literatura aún carece de información sobre cómo estas estructuras se adaptan y perduran en un entorno económico y social en transformación. Este estudio se centra en cómo la migración boliviana y las estrategias de subsistencia en el caso de Piedra Blanca, en Córdoba, Argentina, ofrecen una perspectiva nueva y relevante para comprender la resiliencia y sostenibilidad en estas áreas periurbanas marginadas.
Debido a la tensión creciente entre los centros urbanos y sus áreas rurales circundantes producto de los grandes emprendimientos inmobiliarios, ha habido un aumento significativo en las publicaciones que examinan diversos aspectos de las regiones periurbanas en América Latina en los últimos años (Ávila Sánchez, ٢٠٠٨; Cisterna, ٢٠٢٣; Ferrero, ٢٠١٨; Gómez, ٢٠٠٣; Hernández Bertone, ٢٠٢١; Llambi y Pérez, 2008; Reinoso y Ávila Castro, 2021; Sastoque, 2005; Svetliza, 2010). Este auge ha dado lugar a una variedad de perspectivas para estudiar la ruralidad contemporánea, siendo el concepto de “nueva ruralidad” el término más utilizado para describir de manera amplia las formas organizativas y los cambios funcionales en áreas no urbanas y periféricas alrededor de las grandes ciudades (Ruiz Rivera y Delgado Campos, 2008).
Estos enfoques exploran aspectos específicos de una ruralidad “popular”, abarcando nociones como la soberanía alimentaria, las economías familiares, la agroecología y una economía popular basada en valores de solidaridad. El término “economía popular” es relativamente reciente en la literatura latinoamericana y destaca la diversidad de prácticas económicas en áreas periféricas, incluso dentro de los propios centros urbanos. Este concepto se entrelaza con dinámicas de informalidad, exclusión y pobreza estructural, arrojando luz sobre prácticas económicas alternativas que sostienen las dinámicas reproductivas de la vida (Avalle et al.., 2021).
Este artículo presenta los hallazgos de estudios previos sobre la sostenibilidad de las estructuras populares de producción periurbanas.1 Estas estructuras representan iniciativas de poblaciones vulnerables dentro del mercado informal de producción y comercialización, característico de la economía popular. La hipótesis de trabajo de la investigación fue que la perspectiva de la Nueva Ruralidad sirve como un marco teórico adecuado para describir la vulnerabilidad actual de las estructuras de producción periurbanas. Este marco se complementa con el concepto de “sostenibilidad”, dentro de la “nueva ruralidad”, para mejorar su capacidad analítica y su potencial prospectivo. Para explorar la sostenibilidad de una estructura de producción periurbana, se seleccionó el caso de Piedra Blanca, una iniciativa emergente de producción de pollos para consumo humano en Córdoba, Argentina. Durante nuestro trabajo de campo con la comunidad, observamos un cambio en su perfil económico, el cual pasó de la producción tradicional de ladrillos de arcilla, a la consolidación como productor de alimentos saludables, gracias a esta iniciativa cooperativa.
Estos fenómenos claramente responden al aumento de la marginación y se ofrecen como estrategias de subsistencia frente a un creciente proceso de periferización de la pobreza. Esta exclusión se manifiesta en el desplazamiento de sectores marginados de las áreas urbanas debido a cambios en el uso de la tierra, la revalorización del suelo urbano y el desarrollo inmobiliario. Frente a la profundización de la desigualdad en las ciudades, la organización colectiva ha surgido como una nueva estrategia de subsistencia y medios de vida en áreas periféricas. La organización social y la producción colectiva, gestionadas de manera autónoma y apoyadas por una coordinación especializada permiten a las familias, como unidades productivas, acceder a recursos que mejoran su supervivencia y sostenibilidad.
El énfasis que haremos aquí no está en afirmar la existencia de “cooperativas lideradas por mujeres”, sino en destacar la organización política y las estrategias de subsistencia que emergen de los conflictos territoriales. En este contexto, el caso estudiado ilustra la interseccionalidad que afecta a cuerpos migrantes, pobres y femeninos, entre otros factores. La intención es mostrar la capacidad analítica de la “nueva ruralidad” para comprender casos heterogéneos dentro del territorio latinoamericano. Por lo tanto, al utilizar su lente teórico, buscamos identificar tanto las fortalezas como las debilidades de la estructura productiva.
Este artículo examina cómo la cultura del trabajo y la organización de las personas migrantes se moldean dentro de la estructura política y productiva de las áreas periurbanas, y cómo las estrategias de subsistencia de estos grupos contribuyen a la sostenibilidad de dichas estructuras. Para abordar este aspecto, primero esbozaremos la metodología y el marco conceptual utilizados en nuestra investigación. Seguidamente, proporcionaremos un breve panorama del caso de Piedra Blanca para introducir los conceptos emergentes de nuestro trabajo de campo, centrándonos en la migración boliviana y las estrategias de subsistencia.
Piedra Blanca es abordada como un “caso único” (Avalle, 2022), por lo que su valor instrumental se torna estratégico para ilustrar nuevos elementos que emergen en el contexto único de la producción periurbana. Demuestra cómo la sostenibilidad puede integrarse como una dimensión analítica adicional, complementando aquellas ya delineadas por la perspectiva de la “nueva ruralidad” que guía nuestra investigación. Como ejemplo pionero, Piedra Blanca se destaca por las estrategias de los actores locales para enfrentar las dinámicas políticas, sociales y culturales actuales de las áreas periurbanas. Estas estrategias fueron examinadas mediante un enfoque etnográfico donde la profundidad y densidad del dato prevalece sobre la generalización (Neiman y Quaranta, 2006).
Posteriormente, estudiamos la información recopilada utilizando análisis de contenido, siguiendo la metodología de la teoría fundamentada (Charmaz, 2014; Glaser y Strauss, 1967). La teoría fundamentada se basa en una perspectiva constructivista y les permite a las personas investigadoras construir un vínculo coherente entre diversas alternativas teóricas, lo cual posibilita la creación de interpretaciones que pueden divergir del marco teórico inicial. Este enfoque reconoce el papel de cada persona investigadora en la construcción de interpretaciones, basadas en su interpretación de los datos y en su comprensión de cómo se construye la realidad social o el objeto de estudio.
Mediante el análisis de contenido, los datos recogidos en el campo generaron nuevas categorías o “códigos” (Strauss y Corbin, 1990), lo cual facilitó la comprensión de las construcciones subjetivas e intersubjetivas realizadas por los actores dentro del caso estudiado. Los conceptos o categorías emergentes resultan del desglose de la información cualitativa en pequeños fragmentos temáticos y luego vincularlos de forma conceptual para formular hipótesis. Este proceso considera los términos sensibilizadores predominantes en los discursos de las comunidades, lo cual facilita la creación de categorías emergentes derivadas de manera directa de los datos de campo. Además, estas categorías articulan conceptos como los de la “sostenibilidad” de los procesos de producción, con el resto de las dimensiones de análisis.
Por esta razón, la narración del caso estudiado se construirá sobre estas categorías emergentes para permitir una mejor comprensión sobre cómo los actores sociales habitan la tierra, el proceso de su valorización y sus correspondientes estrategias de supervivencia y organización.
Contexto conceptual: la perspectiva de la “nueva ruralidad”
La perspectiva teórica de la “nueva ruralidad” explora las transformaciones que han experimentado las áreas rurales en las primeras dos décadas del siglo XXI, debido a la rápida expansión urbana y la globalización (Baudron, 2010; Bebbington et al., 2008; Echeverri y Ribero, 2002; Fernández et al., 2016; Gaudin, 2019; Giarraca, 2001; Ruiz Rivera y Delgado Campos, 2008). Como señala Lazzarato (2013) “el neoliberalismo gobierna a través de una multiplicidad de relaciones de poder: acreedor-deudor, capital-trabajo, usuario-asistencia social, consumidor-empresa, etc.” (pp. 38-39). En consecuencia, la “nueva ruralidad” examina los cambios económicos históricos vinculados con la diversificación de las sociedades y economías rurales, que tradicionalmente se centraban en la agricultura (Arias, 2005) y ahora están impulsadas por el desarrollismo y la especulación inmobiliaria (Ferrero, 2018).
Estos procesos han remodelado las dinámicas económicas dentro de las comunidades rurales y sus relaciones externas, lo cual permite fomentar las iniciativas innovadoras de desarrollo local (Arias, 2005; Avalle, Ferrero et al., 2023; Barkin, 2001, 2004; Kay, 2008; Ruiz Rivera y Delgado Campos, 2008).En Argentina, específicamente, hemos presenciado desde la década de 1960 (Sili, 2019; Stratta Fernández y Ríos Carmendado, 2010) una disminución continua de la población rural y el desmantelamiento de las unidades de producción a pequeña escala, debido a los avances tecnológicos en la agricultura, la concentración de tierras, el monocultivo para la exportación y la creciente presión del capital financiero para expandir las fronteras agrícolas (Barri y Wahrren, 2010; Fernández, 2015).
El enfoque de la “nueva ruralidad” se centra en los fenómenos que surgen de la necesidad de mitigar la pérdida de actividades agrarias y empleo, lo cual lleva a un complejo proceso local de búsqueda de alternativas económicas y laborales. Esta pérdida afecta no solo las economías locales, sino también la identidad colectiva, las relaciones territoriales, la historia y los recursos locales, lo cual implica un proceso dual de exclusión y segregación espacial dentro de la ciudad (Reyes Tejada, 2015).
A diferencia de Europa, las áreas periurbanas de América Latina reflejan la expansión territorial y la dispersión de la urbanización. Esto significa una profundización de la fragmentación física y social, el aumento de las distancias, la segregación residencial, la dominación de la esfera privada sobre la pública, la prevalencia del intercambio y las actividades productivas y la consolidación de un sistema de valores capaz de priorizar la competencia individual (Cardoso Magalhães y Ortiz de D’Arterio, 2010; Ferrero, 2018; Puebla, 2017).
En consecuencia, el empleo y la seguridad laboral disminuyen en los territorios periurbanos excluidos, mientras aumentan la pobreza, la marginación, la inequidad y la discriminación (Baudron, 2010). La distancia entre los diversos grupos sociales que habitan las metrópolis no solo es física, sino también cultural y simbólica, por lo que se reflejan intereses y luchas de poder. La profundización de las desigualdades sociales se torna particularmente pronunciada en las zonas periurbanas (Ciuffolini, 2017; De la Vega, 2010; Hernández et al., 2010; Rodríguez, 2022; Soldano, 2008).
Dentro del marco de la “nueva ruralidad”, existen varios enfoques, lo cual impide la existencia de una teoría singular. Las disciplinas que contribuyen a la “nueva ruralidad” varían en sus intereses de estudio, al abarcar desde la sociología analítica y la sociología normativa, hasta modelos territoriales y enfoques neomarxistas (Ruiz Rivera y Delgado Campos, 2008). No obstante, estas perspectivas convergen en el reconocimiento de la influencia del entorno urbano en las dinámicas sociales, culturales y productivas de los entornos rurales tradicionales, particularmente aquellos adyacentes a las ciudades (Ávila Sánchez, ٢٠٠٤).
La perspectiva de la “nueva ruralidad” debe seguir desarrollando sus conceptos y avanzando en su investigación (Ávila Sánchez, ٢٠٠٤; Gómez, ٢٠٠٣; Matiz y Ortiz, ٢٠٢٣; Montalvo, ٢٠٢٠; Pereyra García y Ramírez Aroca, ٢٠٢٠; Ruiz Rivera y Delgado Campos, ٢٠٠٨). Las estructuras de producción periurbanas operan bajo una tensión constante debido a factores como la inminente amenaza de la urbanización, la inestabilidad de la propiedad de la tierra, los flujos migratorios, la disminución de la calidad del suelo y el control y planificación inadecuados de los gobiernos municipales y provinciales en medio de procesos continuos de desruralización (Svetlitza, 2010). Sin embargo, si bien la perspectiva de la “nueva ruralidad” describe eficazmente la vulnerabilidad actual de las estructuras de producción periurbanas a través de sus complejas interacciones a niveles local y global, se queda “a medio camino” al imaginar las posibilidades futuras para estas comunidades. Por lo tanto, considerar “la sostenibilidad de las estructuras de producción periurbanas y su potencial para la transformación permitiría que la perspectiva de la Nueva Ruralidad trascendiera su enfoque puramente descriptivo” (Reyes Tejada, 2015, p. 10).
En Argentina, hay una abundancia de estudios de caso sobre estructuras de producción periurbana en el área metropolitana de Buenos Aires. Sin embargo, los proyectos de investigación centrados en otras grandes ciudades desde esta perspectiva son relativamente escasos. Esto resulta evidente en la provincia de Córdoba, la cual ocupa el segundo lugar en Argentina en términos de población y economía. Córdoba ha experimentado un crecimiento económico sostenido desde el 2003, gracias a su ubicación estratégica en la pampa húmeda argentina (zona de producción agrícola) y su rápida industrialización durante las décadas de 1950 y 1960. Este período atrajo migración nacional e internacional, llevando a una expansión significativa de la población durante la segunda mitad del siglo XX. Córdoba también se destaca como un importante centro cultural y económico en Argentina, debido a la larga tradición académica de la Universidad Nacional de Córdoba y otros centros educativos.
Además, la expansión urbana de esa provincia se caracteriza por un rápido crecimiento poblacional y un desarrollo desmedido hacia la periferia urbana. Según datos del gobierno provincial, en el 2008 el sector de la construcción representaba el 13.6 % del PIB total, mientras que la agricultura, ganadería y pesca contribuían con el 12.5 %, y las actividades empresariales y de bienes raíces significaban el 21.2 %. Juntos, estos tres sectores aportaron el 47.3 % al producto interno bruto provincial, lo cual explica la alta presión sobre la tierra que rodea la ciudad de Córdoba y los conflictos resultantes sobre la tenencia, incluidos los conflictos por tomas de tierras que a menudo van acompañados de represión policial (Ciuffolini, 2013). Para el 2018, había una tendencia notable hacia la reprimarización de la estructura productiva, donde los sectores de agricultura, ganadería y pesca experimentaron un crecimiento, hasta alcanzar el 22.53 % del PIB provincial (Otes, 2020).
Las transformaciones observadas en la ciudad de Córdoba subrayan un patrón de ocupación territorial que magnifica cada vez más las disparidades socioeconómicas dentro de su población. Estas desigualdades no son accidentales, pues desde el 2004, la administración provincial ha implementado políticas de vivienda social conocidas como el “Programa Mi Casa, Mi Vida (PMCMV)”, lo que ha exacerbado la segregación social dentro de Córdoba (Avalle y Hernández, 2019; Avalle, Brandan et al., 2014).
Un aspecto notable es el PMCMV y sus ramificaciones en las dinámicas espaciales de la ciudad. Si bien los gobiernos locales han implementado medidas de reubicación, las autoridades de Córdoba han adoptado un enfoque más directo para ocultar la pobreza de la ciudad, lo cual ha resultado en resistencias y conflictos en las comunidades afectadas. Bajo esta política, se establecieron nuevos barrios fuera de los límites de la ciudad con acceso limitado a servicios esenciales, sin abordar el déficit habitacional de manera integral. Fueron alrededor de 12,000 viviendas asignadas a familias numerosas y ensambladas que luego no vieron continuidad en los programas habitacionales, y ante la falta de acceso a servicios básicos y empleo incrementaron el nivel de hacinamiento y pobreza.
A partir del 2013, se produjeron una serie de tomas de tierras en Córdoba, lo que evidenció el déficit habitacional de la ciudad (Avalle, Ferrero et al., 2014). El intento de desalojo de 70 familias de un barrio llamado “El Bordo”, un asentamiento popular dentro de la ciudad, provocó una gran protesta pública cuando las autoridades intentaron desalojar la zona para comenzar un emprendimiento habitacional de altos ingresos que impulsó un conglomerado inmobiliario. Este problema atrajo la atención de los medios y el apoyo público, lo cual llevó a comunidades como Piedra Blanca a organizarse y tomar tierras en las áreas periurbanas adyacentes de Córdoba. Algunas de estas acciones de resistencia persisten, desafiando las políticas excluyentes y segregativas de la provincia a través de la movilización social y la defensa política.
Aunque la apropiación de tierras en Piedra Blanca duró menos de un año, la comunidad ejemplifica cómo el reconocimiento de la exclusión fomenta demandas de derechos de ciudadanía. Si bien el acceso a la tierra es fundamental para la subsistencia, la falta de políticas que lo garanticen obliga a las personas a idear estrategias autónomas para asegurarla. A través de la acción colectiva y la organización política de base, la comunidad ha buscado alcanzar una vida digna a pesar de la ausencia del Estado en su territorio.
Por lo tanto, profundizar en el caso de Piedra Blanca a través del lente de la “nueva ruralidad” implica, en primer lugar, reconocer el territorio como una construcción social, un espacio donde se forja la identidad colectiva más allá de sus meros atributos físicos. Así, es el territorio ‒como entidad geográfica‒ el que mejor encapsula la vulnerabilidad de Piedra Blanca como estructura de producción periurbana. Sin embargo, también alberga un potencial significativo para contribuir a la sostenibilidad social de la estructura productiva. Esto es evidente en los lazos de amistad y solidaridad que fomentan un sentido de pertenencia y arraigo, culminando en la construcción colectiva de una identidad territorial.
En segundo lugar, y estrechamente entrelazado, la “nueva ruralidad” permite identificar las estrategias políticas, socioeconómicas y culturales empleadas por los actores sociales para confrontar el contexto desafiante en donde se encuentran. En el caso de Piedra Blanca, estas estrategias en un inicio sirvieron como mecanismos de supervivencia destinados a asegurar la reproducción biológica y de medios de vida de la comunidad y su territorio. Con el tiempo, han evolucionado para abarcar aspiraciones más amplias, incluyendo la mejora de las condiciones de vida y la búsqueda de una vida digna.
En el centro de esta transición se encuentra la creación de una cooperativa de producción avícola, que representa un cambio clave en el paisaje económico de Piedra Blanca, al pasar de su histórica dependencia de la fabricación de ladrillos de arcilla para la construcción, a convertirse en un centro de producción de alimentos más consciente y saludable.2 La organización de la producción encarna la acción colectiva destinada a lograr viabilidad económica y sostenibilidad social, minimizando al mismo tiempo los impactos ambientales. Además, el caso ha sido seleccionado para ilustrar cómo la sostenibilidad puede integrarse como una dimensión analítica, complementando las ya delineadas por la perspectiva de la “nueva ruralidad” (Reyes Tejada, 2015), y contribuyendo al “valor agregado a las empresas de economía popular” (Espinosa Lastra et al., 2020).
En la comunidad analizada existe una clara división territorial entre las personas criollas,3 todas pertenecientes a una misma familia, y las bolivianas que residen en tierras prestadas. La naturaleza injusta de esta división la comenzó a reconocer la población de Piedra Blanca hacia finales del 2012, lo cual coincide con varias tomas de tierras de las familias sin hogar en Córdoba. Como resultado, a principios de febrero del 2013, cuatro familias bolivianas ocuparon una tierra adyacente a sus viviendas en Piedra Blanca, la cual afirmaron que había permanecido desocupada durante 40 años.
Es crucial reconocer que las condiciones de vivienda de las familias bolivianas se asemejan estrechamente a una forma de vasallaje. Se ven obligadas a trabajar en los hornos de ladrillos y a pagar un alquiler en forma de un porcentaje de su producción en lugar de una suma monetaria. Se debe entregar una parte equivalente al 10 % de cada lote de producción, que oscila entre 8,000 y 12,000 ladrillos de arcilla, al propietario de la tierra. Los ladrillos restantes se venden a intermediarios a aproximadamente un peso cada uno, para luego ser revendidos en el mercado a 2.80 pesos.4
En este contexto, el concepto de “casita”, o casa pequeña, cobra importancia en el discurso de las personas entrevistadas. Muchas de ellas expresan el anhelo de tener un hogar pequeño, un lugar al que puedan llamar “suyo”, que asegure su presencia en el territorio y deje un legado para su descendencia. La noción de la casita sirve como la principal justificación para la ocupación de tierras y encapsula las aspiraciones de las familias participantes por una vida más equitativa y próspera.
Después de ocho meses de mantener la ocupación de tierras, la presión policial llevó a muchas familias a desocupar el área. Aunque la represión no fue convencionalmente violenta, implicó acoso constante, registros frecuentes, solicitudes de documentación y destrucción deliberada de la infraestructura improvisada. La discriminación contra las personas migrantes se tornó evidente, y se emitió una orden judicial que prohibía cualquier mejora en la tierra en disputa, lo cual ocasionó que las personas residieran en refugios improvisados hechos de nylon. Además, las condiciones de vida no mejoraron en el nuevo sitio, y no regresar a los hornos de ladrillos habría significado perder su principal fuente de sustento: la producción de ladrillos de arcilla.
La ocupación de tierras marcó un hito significativo en cómo la comunidad percibe el espacio en donde habitan y sus relaciones entre sí. Sirvió como un evento extraordinario que delineó un claro “antes y después” en la identidad territorial, lo cual generó numerosas oportunidades. Tras la ocupación de tierras, surgió la oportunidad de acceder a financiamiento público para la crianza de pollos, pero requería la conformación de una cooperativa. Así, surgió la “Cooperativa Gallo Rojo”, guiada por principios de autogestión y solidaridad. En la actualidad, la producción de pollo coexiste junto con la de ladrillos de arcilla, siendo supervisada principalmente por mujeres; no obstante, enfrenta el desafío de unir las diferencias culturales entre los sectores productores bolivianos y argentinos.
Las disparidades culturales derivadas de la fuerte migración boliviana en la zona han llevado a una construcción única de “otredad” dentro de la comunidad. Por ejemplo, las personas bolivianas son percibidas como desconfiadas y prefieren interacciones uno a uno, lo cual genera desafíos en la dinámica grupal durante las asambleas, donde a menudo tienden a desarrollar posiciones compartidas con conocidos a puertas cerradas. Por el contrario, la contraparte argentina percibe este comportamiento como una forma de traición.
Una ilustración llamativa de este fenómeno es el uso del término “nosotritos” por las familias bolivianas, que significa “nosotros pequeños” y denota el círculo social más cercano; es decir, a las personas queridas incluso dentro del grupo más amplio al que pertenecen. Esto demuestra cómo cada individuo dentro de la comunidad es parte de múltiples grupos sociales, lo cual contribuye a un proceso único de subjetividad colectiva capaz de fomentar un sentido de comunidad en Piedra Blanca.
El estudio revela un sentido recurrente de “otredad” entre la población boliviana y argentina, caracterizado por la desconfianza y la falta de entendimiento en lugar de un racismo abierto. A pesar de estas diferencias, la comunidad ha forjado una identidad territorial colectiva para abordar desafíos políticos y sociales, incluidas las interacciones con agentes inmobiliarios y barrios vecinos. También se observan diferencias internas significativas, como el machismo boliviano frente al matriarcado argentino, donde las mujeres argentinas lideran los hogares mientras que las bolivianas enfrentan dependencia económica y violencia de género (Aquím Chávez, 2014; Farah Henrich y Sánchez García, 2008; Florencia, 2020). Estas disparidades de género ahora se consideran problemas políticos dentro de la comunidad, aunque la solidaridad y la organización han ayudado a mitigar estas desigualdades.
De manera similar, la toma de tierras desencadenó en una tensión secundaria que sirvió para unir tanto a personas argentinas como a bolivianas. Ambos grupos comenzaron a delinear distinciones claras entre su identidad como residentes de Piedra Blanca y quienes habitan en los barrios-ciudad. Valoran la confianza dentro de la comunidad, la tranquilidad de la vida rural y la cultura laboral que rige sus relaciones interpersonales. En contraste, los barrios-ciudad son percibidos como sinónimo de pobreza, caracterizados por la delincuencia, la dependencia del Estado y la sobrepoblación.
La singularidad de la producción de alimentos periurbanos de las personas migrantes bolivianas ha recibido una atención significativa en Argentina (Florencia, 2020; Sassone, 2021; Svetlitza, 2010). Sin embargo, en el caso de la estructura de producción de Piedra Blanca, este fenómeno presenta dos aspectos innovadores. En primer lugar, la producción alimentaria cooperativa se lleva a cabo de manera conjunta con los sectores productores argentinos bajo un modelo cooperativo. En segundo lugar, esta producción está predominantemente liderada por productoras mujeres.5
La construcción de la identidad territorial está profundamente influenciada por las diferencias culturales mencionadas en las líneas anteriores, las cuales también juegan un papel significativo en la configuración de la singular cultura laboral y organizativa de Piedra Blanca como una estructura de producción periurbana. En este marco, y como parte de la atención a los cambios en las economías locales y sus entornos, la “nueva ruralidad” busca aclarar las estrategias de los actores sociales en respuesta a las formas cambiantes de producción en las áreas rurales, considerando los procesos políticos, sociales y culturales que la conforman.
En el contexto de entornos periurbanos como Piedra Blanca, estas estrategias giran principalmente en torno a los esfuerzos de subsistencia: esfuerzos destinados a garantizar la subsistencia y sostener sus medios de vida en el territorio. Un ejemplo destacado de tales estrategias es el establecimiento de la cooperativa de producción avícola, la cual surgió como una culminación de diversas instancias previas en las que la comunidad reconoció la necesidad de unir recursos para garantizar la seguridad alimentaria y la generación de ingresos.
Estas estrategias de subsistencia se pueden categorizar en tres grupos principales: políticas, socioeconómicas y culturales. En primer lugar, las políticas abarcan las herramientas utilizadas por los actores sociales para fomentar un entorno local propicio para la producción y el desarrollo autosostenible. Estas moldean las interacciones con el marco institucional dentro y fuera del territorio. La promoción de la producción territorial y la consecución de objetivos de desarrollo están intrínsecamente vinculadas, entrelazadas con la participación comunitaria en sistemas legales y estructuras de poder a una escala más amplia. En este sentido, las estrategias implican organización política comunitaria, planificación territorial y formulación de un discurso colectivo para enfrentar la presencia de instituciones estatales, a menudo representadas en su faz represiva.
En Piedra Blanca existen tres entidades organizativas teóricamente independientes, pero difíciles de distinguir en la práctica. En primer lugar, están las cooperativas que unen a productores de pollo y de ladrillos de arcilla. En segundo, hay la organización local que supervisa actividades comunitarias más amplias y la gestión territorial. En tercero, destaca el “Encuentro de Organizaciones (EO)”, una organización política no partidaria que colabora en diversas áreas de la ciudad para fomentar la autonomía de los sectores marginados junto a las comunidades locales. El EO apoya los esfuerzos de Piedra Blanca hacia la autosuficiencia y proporciona formación política, alineándose con la organización de producción de la cooperativa para dar forma a la gestión territorial.
En cuanto a las estrategias socioeconómicas, la cooperativa forma una unidad de producción doméstica, donde cada persona mantienen lazos sostenidos y una responsabilidad mutua por proporcionar recursos materiales. La cooperativa opera bajo el principio de que la viabilidad económica depende de la organización local consolidada y de la producción basada en la solidaridad. A su vez, la viabilidad económica está íntimamente entrelazada con la sostenibilidad social en el territorio, enfatizando la importancia de las estrategias para construir capital social y organizar la producción. Si bien el trabajo informal sigue siendo la principal estrategia de supervivencia de la comunidad, aprovechar su fuerza laboral para obtener sustento, estos conjuntos duales de estrategias determinan colectivamente la sostenibilidad económica de la estructura de producción.
El desarrollo del capital social y el énfasis en el “trabajo duro” están intrínsecamente relacionados, formando una conexión simbiótica entre el trabajo y las relaciones interpersonales. Construir relaciones, hacerse conocidos y forjar amistades ha sido fundamental para que las personas migrantes aseguren empleo y se establezcan en Piedra Blanca. Estas redes también les brindan oportunidades para mejorar sus estándares de vida y obtener reconocimiento dentro de la comunidad. Por ejemplo, algunas familias que inicialmente trabajaban para otros grupos empresarios, ahora poseen sus propias ladrilleras.
Estas actividades fomentan el cultivo de lazos solidarios y vínculos interpersonales, que no solo facilitan acciones colectivas para mejorar los resultados, sino que también contribuyen a la sostenibilidad social de la estructura de producción. Además, ayudan a cerrar las diferencias culturales dentro de la comunidad. Esta construcción de capital social implica nutrir conexiones sociales duraderas, fomentar un sentido de arraigo en el territorio y perfeccionar las capacidades y habilidades de los grupos productores para sostener su producción de manera autónoma, sin depender de asistencia o financiamiento externo.
Nuestra investigación se centró inicialmente en la sostenibilidad y el potencial de transformación de las estructuras de producción periurbana, integrando esto como una dimensión conceptual para fortalecer la validez científica de la perspectiva de la “nueva ruralidad”. Este artículo examinó las estrategias empleadas por los actores para enfrentar sus vulnerabilidades. Descubrimos que cuando las iniciativas de producción adoptan un modelo cooperativo con autogestión y coordinación especializada, integran con éxito el capital social y económico, lo cual mejora su capacidad de adaptación. Aunque estas iniciativas no se ajustan a la lógica del mercado capitalista tradicional, han tenido éxito al establecer redes de comercialización alternativas y fomentar un fuerte sentido de identidad, para asegurar así su sostenibilidad.
El éxito de la producción de pollo en Piedra Blanca se puede atribuir al papel dual de la cooperativa como una empresa económica y un proyecto de subsistencia. Esta transición de un enfoque en la producción de ladrillos de barro hacia una producción de alimentos más justa, saludable y consciente en Córdoba refleja la intersección de diversos factores. Las prácticas cooperativas en Piedra Blanca proporcionan una fuente de empleo e ingresos, logrando viabilidad económica y sostenibilidad social mientras minimizan el impacto ambiental.
La consolidación de la cooperativa y la estructura de producción periurbana autogestionada requirió procesar las diferencias culturales entre las personas migrantes bolivianas y los grupos productores argentinos. Las estrategias de supervivencia de la comunidad fueron fuertemente influenciadas por los activos culturales de la población migrante, que inició nuevos procesos de subjetivación durante la formación de la cooperativa. Estos procesos fueron fundamentales en la construcción de la identidad territorial y el fortalecimiento de los procesos de producción.
Las instancias organizativas dentro de la comunidad desempeñan un papel central en la gestión del territorio donde la presencia estatal es limitada. La experiencia de Piedra Blanca ofrece diferentes miradas sobre el desarrollo del estilo de vida en la periferia de la ciudad, presentando una nueva perspectiva sobre la colectivización como estrategia de supervivencia y organización. Destaca cómo las áreas periurbanas son reinterpretadas y apropiadas por sus habitantes, transformando la periurbanización en una oportunidad para abordar la vulnerabilidad en medio de la pobreza y la precariedad urbanas.
La investigación subraya la importancia del territorio en la conformación de la identidad comunitaria. A pesar de las duras condiciones ambientales y la proximidad a fuentes de contaminación, Piedra Blanca es valorada por su entorno rural, el cual proporciona un sentido de tranquilidad y confianza en comparación con las áreas urbanas cercanas. Los arreglos de tenencia de la tierra con familias argentinas que poseen tierras y familias bolivianas viviendo en casas prestadas, influyen en el sentido de pertenencia y estabilidad de la comunidad. Además, la integración de los espacios de vida y trabajo, particularmente para los grupos productores de ladrillos bolivianos, complica aún más las cuestiones de tenencia de la tierra.
Las estrategias de supervivencia comunitaria abarcan enfoques políticos, socioeconómicos y culturales. Desde una perspectiva política, la comunidad se ha organizado a través de diversas entidades, incluyendo una organización de emprendedores y cooperativas, fomentando la solidaridad y el discurso político. Socioeconómicamente, los esfuerzos se centran en construir capital social y acceder a los mercados de la ciudad. Culturalmente, a pesar de las diferencias, la comunidad ha desarrollado una identidad colectiva y solidaridad, que les ha permitido superar conflictos internos a través de la organización política.
Entre los aspectos de producción y comercialización destacan las estrategias de adaptación de la comunidad. El énfasis de la cooperativa en la producción de pollo, que complementa en lugar de reemplazar la fabricación de ladrillos, refleja un cambio exitoso hacia actividades más sostenibles y rentables. El interés de evitar prácticas de producción dañinas y participar en el comercio justo demuestra un compromiso tanto con la viabilidad económica como con la responsabilidad social.
En general, el estudio ilustra la transformación de Piedra Blanca desde una mera supervivencia hacia la búsqueda de dignidad y sostenibilidad. Si bien el marco de la “nueva ruralidad” explica de forma efectiva muchos aspectos de esta transición, no aborda por completo el cambio de la producción de ladrillos de barro hacia el enfoque en la avicultura. Esta transición ejemplifica una historia de éxito de organización comunitaria, mostrando cómo la acción colectiva puede reemplazar las funciones estatales y asegurar tanto la estabilidad social como económica.
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1 Reyes Tejada (2015): “Un pequeño lugar allá afuera para que encajemos. El caso de Piedra Blanca (Córdoba, AR) bajo la perspectiva de la Nueva Ruralidad”. Tesis de maestría presentada como requisito parcial para obtener el título de Máster en Ciencias en Gobernanza Ambiental. Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales, Universidad de Friburgo, Alemania. Director: Gerardo Avalle. Y el proyecto “Subjetividad y trabajo en tiempos de precariedad: una aproximación al análisis de las resistencias y modulaciones de los trabajadores en el marco del gobierno del trabajo”. Director: Gerardo Avalle. Período 2015-2017. Convocatoria GRFT 2015. Ministerio de Ciencia y Tecnología, Córdoba. Resolución 45/2016.
2 Explicamos esta afirmación más adelante en el artículo cuando describimos las prácticas de producción de la cooperativa.
3 Algo que es característico de la cultura y tradición de un país hispanoamericano. En el caso de las personas, se refiere a aquellos individuos de ascendencia española o europea que nacieron en un país hispanoamericano. En Argentina, este término se utiliza comúnmente para diferenciar la cultura propia de las costumbres extranjeras y/o migrantes.
4 El precio del peso fluctuó alrededor de diez centavos de dólar a lo largo del 2015, por lo tanto, 2,80 pesos representan 0,28 dólares.
5 Si bien reconocemos la necesidad de un análisis más profundo de las desigualdades de género en este contexto, nuestro interés en los siguientes párrafos es sintetizar nuestros hallazgos sobre las estrategias de producción.
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