Vol 23, N° 46, Julio-Diciembre 2025
ISSN: 1409-3251, EISSN: 2215-5325

logotipo Perspectivas Rurales

Juventudes rurales en México. Una revisión desde los censos de población

Rural youth in Mexico. A review based on population censuses

Juventude rural no México. Uma análise dos censos populacionais

Elena Fuentes

Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, México

efcfuentesfuentes@yahoo.com.mx

https://orcid.org/0000-0002-0383-9827

Ceyla Antonio-Anderson

Universidad Autónoma de Coahuila, México

ceyla.antonio@uadec.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-6203-8376

Ernesto Navarro Hinojoza

Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, México

ernesto.navarro@uaaan.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-5886-7307

DOI: http://doi.org/10.15359/prne.23-46.7

Fecha de recepción: 21/2/2025 Fecha de aceptación: 29/5/2025 Fecha de publicación: 14/11/2025

Resumen

Con el propósito de mostrar la situación de las juventudes rurales mexicanas, se realizó un estudio de sus principales actividades utilizando información de los censos de población de los años 2000, 2010 y 2020. El análisis se hizo por sexo y tres grupos de edad: de 15 a 19, de 20 a 24 y de 25 a 29 años. Los resultados mostraron que las personas jóvenes del primer grupo tienden a concentrarse en estudiar, conforme se alcanza una mayor edad; se establecen trayectorias familiares, como la conformación de familias nucleares, particularmente en unión libre y trayectorias laborales. Especialmente los varones se incorporan al mercado laboral en actividades de construcción y sector agrícola, donde se trabaja por un salario menor y no se requiere mayor escolaridad; mientras que las mujeres permanecen por un tiempo muy corto en la escuela, una parte menor se traslada al mercado laboral en sectores no agrícolas y una proporción mayor se dedica a los quehaceres domésticos.

Palabras clave: juventud rural; trayectorias; educación; trabajo; México.

To show the situation of rural youth in Mexico, a study of their main activities was carried out using information from the Population Censuses of 2000, 2010, and 2020. The analysis was conducted by gender and three age groups: 15 to 19, 20 to 24, and 25 to 29 years. The results showed that young people in the first group tend to focus on studying; as they get older, family trajectories are established, such as the formation of nuclear families, particularly in common law, and career trajectories. Men especially enter the labor market in construction activities and agriculture, where salaries are lower and higher education is not required. Meanwhile, women remain in school for a very short time, with a smaller proportion moving into the labor market in non-agricultural sectors and a larger proportion devoting themselves to domestic chores.

Keywords: rural youth; trajectories; education; labor; Mexico.

Resumo

Com a finalidade de mostrar a situação da juventude rural mexicana, foi realizado um estudo de suas principais atividades usando informações dos Censos Demográficos de 2000, 2010 e 2020. A análise foi feita por sexo e três faixas etárias: 15 a 19, 20 a 24 e 25 a 29 anos. Os resultados mostraram que os jovens do primeiro grupo tendem a se concentrar nos estudos, à medida que envelhecem; são estabelecidas trajetórias familiares, como a formação de famílias nucleares, especialmente em uniões estáveis e trajetórias profissionais. Os homens, em particular, entram no mercado de trabalho em atividades de construção e no setor agrícola, onde trabalham por salários mais baixos e não é necessário ensino superior, enquanto as mulheres permanecem por um período muito curto na escola, uma parcela menor vai para o mercado de trabalho em setores não agrícolas e uma proporção maior está envolvida em tarefas domésticas.

Palavras-chave: juventude rural; trajetórias; educação; trabalho; México.

Introducción

En la literatura existen diversos debates sobre qué es ser joven, desde la perspectiva urbana o rural, cómo definirlos, qué edades deben comprender, por qué es importante estudiarlos, qué sienten, piensan u opinan; por qué sus prejuicios y vulnerabilidades y por qué se han invisibilizado.

En este documento se abordará el tema de las juventudes rurales mexicanas y se referirá a ellas como el conjunto de realidades heterogéneas que presentan una serie de características, necesidades y problemáticas similares dentro de las áreas rurales (Díaz y Fernández, 2017; Espejo, 2017; Soloaga, 2018).

De acuerdo con González (2004), la visibilidad de la juventud rural inicia en la década de los noventa cuando las investigaciones centran su atención en esta área de estudio y los patrones de conductas o estilos de vida de la población joven en semejanza o aspiración a la vida urbana. Se menciona que la juventud de las zonas rurales no recibe el reconocimiento como grupo, se consideran vulnerables, su imagen es prejuiciada, estigmatizada, excluida y asociada a lo negativo, marginal, arcaico, violento y falto de expectativas (Ruiz, 2008; Vite, 2017; Weisheimer, 2013).

En los estudios revisados se presentan las categorizaciones de las actividades de las personas jóvenes, las cuales abarcan trabajo y estudio (o ambas a la vez); así como a quienes no realizan ninguna de estas actividades. Esta última categoría entendida como “nini”, comprende a la población joven que no estudia ni trabaja; sin embargo, recientemente se ha mencionado que en ella se encuentran personas dedicadas a los quehaceres del hogar, actividad por la cual no se recibe ni el reconocimiento ni aportaciones monetarias. Tal categoría es, en ocasiones, representada por mujeres (Díaz y Fernández, 2017; Duran, 2017; Espejo, 2017; Rodríguez, 2004).

Actualmente, las personas jóvenes presentan mejores credenciales escolares que sus padres y madres, producto de las políticas públicas enfocadas en el aumento de la escolaridad, así como a los requerimientos que les exige el mercado laboral y las aspiraciones por una mayor formación como alternativa para alcanzar un mejor estatus socioeconómico (Asensio, 2014; Asensio, 2019; Espejo, 2017; Guiskin, 2019; Isacovich, 2015; Rodríguez, 2004).

Sin embargo, el dilema sigue ahí: ¿estudiar o trabajar? Si bien hay una cierta cantidad de jóvenes que optan por realizar ambas actividades (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2017), otro porcentaje recurre a la deserción escolar y se incorpora al mercado laboral a temprana edad, ya sea por sus condiciones desfavorables y la necesidad de ofrecer a sus familias una mejor calidad de vida o por decisiones personales. La cuestión es que dadas sus bajas calificaciones y habilidades (por la edad) se insertan en un mercado depredador donde se les ofrece empleos precarios, bajos salarios, largas jornadas, alta rotación, falta de capacitación, ausencia de prestaciones sociales, escasa seguridad laboral, entre otros aspectos (Espejo, 2017; Fernández y Quingaísa, 2019; Horbath, 2004; Loría y Salas, 2019; Tapia y Barrera, 2019).

Además de lo anterior, en el caso de la población joven de las zonas rurales, se señalan las tensiones que enfrentan en el mercado laboral, pues aunque pueden mostrar disponibilidad en el trabajo, el camino para lograrlo resulta frustrante por los malos tratos y las amenazas sufridas; aspiran a ciertos niveles que son inalcanzables debido a la edad, la falta de experiencia y la discriminación por el lugar de origen. Las personas jóvenes consideran que sus esfuerzos no son recompensados y terminan por aceptar lo que el mercado les ofrece, aunque no lo que desean (Weller, 2007).

La situación de las mujeres jóvenes de las zonas rurales se complica aún más porque se mantienen con mayor arraigo al área rural debido a diversos factores; por ejemplo, las relaciones patriarcales culturales (permanecer en el hogar, buscar el reconocimiento social como madres, estudiar o realizar labores domésticas), la falta de oportunidades y visibilidad (no se les reconoce como productoras, no poseen recursos para producir o decidir qué se produce o dónde), la tendencia a delegarlas a tareas u oficios más simples con poca calificación. Una proporción de mujeres continúan sus estudios y otras se incorporan al mercado laboral, también en empleos precarios (Asensio, 2014; Bonfil, 2001; Kessler, 2006; Nateras, 2018; Torres-Mazuera, 2023).

Buscar nuevas alternativas o aspirar a una nueva vida o nuevos estilos de vida da cabida a la migración. De acuerdo con Guiskin (2019), las personas jóvenes de zonas rurales migran más que sus pares urbanos, tanto por las oportunidades de estudio como por empleo, lo cual les permita una mejor vida en las zonas urbanas. Es referido también que influye en esta decisión la falta de oportunidades, las personas jóvenes no cuentan con propiedades (tenencia de la tierra), no pueden trabajar las tierras como sus padres y madres lo hacían, tanto por la falta de interés como por motivos de escasez de tierras cultivables o centralidad de la tierra por la población adulta, que lejos del relevo generacional continúan con sus labores habituales dada sus necesidades o intereses (Espejo, 2017; Kessler, 2006; Ruiz, 2008; Seidl y Pérez, 2017).

Los estudios previamente citados se han enmarcado desde la perspectiva de datos de la población para América Latina y México. Existe una serie de estudios sobre los estilos de vida o experiencias de las personas jóvenes rurales en México. En Juárez et al. (2011) estudiaron a la comunidad de Nuevo Progreso, Chillón, Chiapas, donde la población joven mostró interés por superar las condiciones de sus padres, abordaron estrategias de vida vinculadas a la agricultura, desde la perspectiva de la pluriactividad. Rivera (2012) analizó a jóvenes rurales de San Luis Potosí, sobre la importancia de las relaciones de familia y la comunidad en las pautas de comportamiento de los jóvenes, quienes manifestaron expectativas por incorporarse al mercado laboral y a un estilo de vida más urbanizado.

Mercado-Salgado y Nava-Rogel (2013) estudiaron a jóvenes rurales del Estado de México, sus resultados evidenciaron que la población manifestó una mejor calidad de vida y presentó un menor interés por migrar. Montiel (2014) presentó la relación entre el mercado laboral y las personas jóvenes, quienes se ven atraídas por el trabajo para lograr un mejor estatus socioeconómico: trabajar para tener dinero y consumir.

Vite (2017) indagó sobre la condición de vulnerabilidad de la población joven de la Ciudad de México y menciona que percibe ciertas relaciones asistencialistas que generan una mayor reproducción de la desigualdad y vulnerabilidad. Seidl y Pérez (2017) llevaron a cabo un estudio para el ejido Emiliano Zapata de Chiapas, donde evidenciaron que los varones migran en menor proporción que las mujeres, pues ellos están vinculados a ciertas responsabilidades sociales con la comunidad, las cuales, a su vez, representan exclusión sobre la tenencia de tierra, actividades políticas o de acceso a proyectos o programas agrícolas.

Por su parte, González-Fuente et al. (2018) hicieron referencia a que la juventud está asociada a tres dimensiones relacionadas con la transición a la adultez, a saber: transición de la escuela al trabajo, formación de nuevas familias y transición residencial. Al evaluar las trayectorias para la población joven en Nativitas, Tlaxcala, concluyeron que gran parte de las condiciones de precarización laboral son heredadas e incentivadas a lo largo de las generaciones, tanto familiares como comunitarias.

Heatley (2021) planteó si el problema de pobreza debía ser adjudicado a la juventud, al destacar que más bien podría ser adjudicado a los hogares, por la manera en que se realizan las mediciones de este fenómeno, además menciona que los jóvenes tienen la percepción de que la inserción laboral se ve obstaculizada por la falta de preparación, apariencia e inexperiencia. Auli (2021) realizó un estudio etnográfico para jóvenes rurales entre 13 y 23 años en la localidad de San Juan Coyula, Oaxaca, en la cual manifiestan no tener o haber perdido el interés por continuar incrementando sus estudios, ven a la asistencia escolar como un lugar para convivir, a excepción de algunas pocas mujeres que se toman el tiempo para realizar tareas e incrementar sus niveles educativos, mientras que perciben el trabajo como algo fundamental, capaz de dar sustento a las familias y a la vida.

Sandoval et al. (2022) analizaron las trayectorias laborales de 13 jóvenes rurales y su relación con las actividades agrícolas en el sur del Estado de México, las personas jóvenes entrevistadas manifestaron que la agricultura provee beneficios que pueden servir como estrategia de sustento, a falta de estudios y empleos; sin embargo, se enfrentan a la problemática de la tenencia de la tierra y carencia de recursos. Por su parte, Rojas y Vieyra (2022) analizaron a la población joven rural y su nivel de emprendedurismo, relacionado primordialmente con actividades heredadas (artesanías) y, por otra parte, la promoción de nuevas actividades económicas mediante pequeños negocios.

Así, este documento tiene como objetivo principal revisar los datos censales para analizar la trayectoria de vida de las personas jóvenes de las zonas rurales, particularmente mediante las trayectorias: familiar y laboral (González-Fuente et al., 2018; Rodríguez- Brito, 2019; Sandoval et al., 2022), con la primera se hará referencia a los cambios que experimentan durante su paso por la escuela, la deserción escolar, la migración y la conformación de una familia; la segunda hará referencia a las condiciones laborales, el lugar y la concentración donde se desempeñan laboralmente, la escolaridad, los salarios y las prestaciones laborales. Para alcanzar dicho objetivo se tiene una sección donde se describe la metodología utilizada y, posteriormente, se presentan los resultados, iniciando con un bosquejo general de la ubicación de la población joven rural, seguido de la descripción de sus trayectorias y, por último, se ofrecen conclusiones.

Materiales y métodos

Los censos de población en México ofrecen información con mayor detalle acerca de las características de la población. Dado el interés particular por conocer sobre las juventudes rurales, se aprovecha la disponibilidad y representatividad de la información del área rural. Así las cosas, con datos de los últimos tres censos de población 2000, 2010 y 2020 (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2025), se lleva a cabo un análisis de estadística descriptiva de las actividades de las juventudes rurales. Para mayor detalle se considera tres grupos de edad: el grupo 1 conformado por jóvenes en edad de 15 a 19 años, el grupo 2 de 20 a 24 años y el grupo 3 de jóvenes adultos de 25 a 29 años, habitantes de localidades rurales de menos de 2500 habitantes.

La utilización de los tres censos provee información y permite comparaciones sobre posibles cambios en las actividades durante estas últimas dos décadas; sin embargo, en algunos casos los datos del 2010 contribuyen a evidenciar la tendencia manifestada en el 2020, por lo que se omitieron estos resultados en ciertos tabulados. En cuanto a la agrupación por edades, se atiende a los diversos debates entre autores e instituciones donde se proponen cortes de edad de jóvenes entre 15 y 24 años o bien de 15 a 29 años.1 La segmentación aquí utilizada enriquece el análisis debido a la consideración de los grupos de manera separada o unificándolos para realizar comparaciones con estudios de otras investigaciones para México o América Latina. Otra de las ventajas de utilizar la información de los censos es que permite conocer la trayectoria familiar de la población joven, su estado conyugal, familia, hijos e hijas, a la vez que se revisa la posible trayectoria laboral sobre actividades o sector de ocupación e ingresos.

Resultados

Ubicación y situación de las personas jóvenes de zonas rurales

En el año 2000 en México existían 197 000 localidades rurales que concentraban una población de 24 millones de personas, 6.7 millones eran jóvenes. Mientras que para el 2010 las localidades rurales eran 192 000 con 26 millones de personas entre ellas 7.1 millones de jóvenes y para el 2020 había 185 000 localidades rurales con 27 millones de personas, de las cuales 6.2 millones eran jóvenes rurales. En términos porcentuales, del total de la población rural para ese último año se reportó que el 8,8 % eran jóvenes en edad de 15 a 19 años, 7,5 % jóvenes del grupo de 20 a 25 años y 7 % para el rango de edad de 25 a 29 años (INEGI, 2025).

En el Censo 2020 se presentó una separación por grupos de edad y geolocalización2 de las localidades rurales que permitió, entre otros aspectos, contabilizar que entre el 22 % y 27 % de la población de las entidades federativas eran jóvenes rurales, y gracias a las coordenadas geográficas ha sido posible identificar cómo se distribuían geográficamente. En tal sentido, cerca de 100 000 localidades reportaron tener jóvenes rurales, luego solo se consideró aquellas localidades que reportaran más de 10 jóvenes rurales; es decir, unas 66 000 localidades y se establecieron nueve categorías.

En la Figura 1, es posible ver que en todo México hay localidades que concentran entre 10 y 200 jóvenes, en particular esto es más visible en el norte del país, cuyas condiciones geográficas lo hacen evidente (orográficamente montañoso, semidesierto, desierto, entre otras cosas). Sin embargo, también puede distinguirse que las categorías con concentraciones superiores de 300 a 800 jóvenes se presentaron en menos localidades, pero visibles en el centro y sur del país.

Figura 1
Localidades rurales que concentran jóvenes rurales, 2020

Nota. Elaboración propia con datos de Censo de Población y Vivienda ,2020.

De acuerdo con la Tabla 1, en el primer grupo, había ligeramente más hombres que mujeres, mientras que en los grupos de mayor edad la situación se invierte. Para los tres años censales analizados, en su mayoría, las personas reportaron profesar la religión católica, menos del 20 % mencionaron hablar alguna lengua indígena.

Tabla 1
Condiciones generales de las personas jóvenes de zonas rurales por grupo de edad

Concepto

G1

2000

2020

G2

G3

G1

G2

G3

Población

Población rural joven

2 838 206

2 079 811

1 806 658

2 383 352

2 024 367

1 875 209

Hombres

50,2 %

46,7 %

47,3 %

50,5 %

48,8 %

47,0 %

Mujeres

49,8 %

53,3 %

52,7 %

49,5 %

51,2 %

53,0 %

Religión

Católica

85,6 %

85,4 %

85,5 %

78,9 %

78,6 %

78,6 %

Lengua

Lengua indígena

16,1 %

16,6 %

16,9 %

17,7 %

17,2 %

17,6 %

Estado civil

Soltero

90,9 %

54,6 %

28,2 %

86,6 %

52,7 %

30,6 %

Unión libre

5,0 %

17,6 %

20,1 %

12,2 %

33,8 %

39,2 %

Casado

3,9 %

27,5 %

51,5 %

1,1 %

13,4 %

30,1 %

No especificado

0,3 %

0,3 %

0,2 %

0,1 %

0,1 %

0,1 %

Hijos

Sin hijos

93,3 %

71,9 %

58,6 %

92,9 %

71,7 %

58,6 %

1 hijo

3,7 %

13,4 %

9,2 %

6,1 %

16,9 %

13,6 %

2 hijos

0,8 %

8,7 %

12,7 %

0,8 %

8,8 %

16,7 %

Más de 2 hijos

2,2 %

6,1 %

19,5 %

0,2 %

2,6 %

11,1 %

Nota. Elaboración propia, 2025.

Trayectorias familiares

Para analizar la trayectoria familiar, se tienen la conformación de familias mediante su estado civil y descendencia, la condición de migración y posteriormente el reporte de las actividades que realizan.

Familia y migración.

En cuanto al estado civil y número de hijos o hijas, como habría de esperarse, a menor edad, la condición que más se manifiesta es la de “soltero”, conforme se alcanzan una mayor edad, las personas jóvenes cambian a la condición de tener pareja o familia, particularmente puede observarse un cambio en los últimos dos años analizados, donde los jóvenes de los grupos 2 y 3 tienden a concentrarse en la condición “unión libre”. La mayoría tienen una preferencia por estar sin hijos, condición que cambia conforme aumenta la edad. Estos resultados coinciden con lo que menciona Ojeda (2013; 2017), sobre que la decisión de las parejas mexicanas (urbanas y rurales) de mantenerse en “unión libre” tanto a las preferencias como a las condiciones socioeconómicas del entorno.

Para el tema de la migración, se utiliza la variable causas de migración, que solo está reportado para los años 2000 y 2020. Los resultados muestran los porcentajes de migración de cada grupo en los dos años censales: el grupo 1 pasó del 2 % al 3,4 %; los del grupo 2 del 3,4 % al 5,5 % y el grupo de mayor edad, del 4,4 % al 6,6 %. Entre las causas más comunes se manifestó que los hombres migran para buscar trabajo o reunirse con un familiar; las mujeres migran relativamente más que los hombres, y lo hacen para reunirse con un familiar, casarse (unirse) y buscar un trabajo.

Condición de actividad de las personas jóvenes de zonas rurales.

En relación con lo comentado en Díaz y Fernández (2017), Espejo (2017) y Rodríguez (2004), las actividades de las personas jóvenes pueden agruparse en cuatro apartados: estudiar, trabajar, realizar quehaceres domésticos y otros, ésta última comprende actividades como buscar trabajo, pensionado, incapacitado o no realizar alguna de las anteriores actividades.

En la Figura 2 se muestran las condiciones de actividad de la población joven por grupos de edad y sexo. Para el caso de los hombres, en el primer grupo, la tendencia es “estudiar” y “trabajar” en proporciones muy parecidas en el último año. En los siguientes grupos, la condición de “estudiar” se reduce significativamente y esto da paso a la categoría “trabajar”. En el caso del sexo femenino, aunque en el grupo 1 existe un porcentaje concentrado en estudiar, se presenta una marcada tendencia a concentrarse en “quehaceres” en grupos y en años. Estos resultados son interesantes porque en ocasiones es confundida y denominada como categoría “nini” (Díaz y Fernández, 2017; Durán, 2017; Espejo, 2017; Rodríguez, 2004) y muestra la condición casi innata de la división sexual del trabajo, donde las personas jóvenes son asignadas a labores relacionadas con la reproducción doméstica no remunerada (Benería, 2019; Ferraris y Martínez, 2022; Paz y Campos, 2013).

De acuerdo con lo mencionado en CEPAL (2017) sobre las personas jóvenes que estudian y trabajan, se encontró que para el México rural el porcentaje es muy bajo. En el grupo 1, cerca del 3 % de varones y el 1 % de mujeres realizan ambas actividades, para los siguientes grupos el porcentaje se mantiene en un 1 % tanto para el sexo femenino como masculino.

Figura 2
Condición de actividad de las personas jóvenes de zonas rurales 2000, 2010 y 2020

Nota. Elaboración propia, 2025.

Condición de escolaridad.

La escolaridad involucra tanto el nivel y grado académico, como los años de escolaridad acumulada. De acuerdo con los datos de los censos, el grupo de 15 a 19 años presentó una escolaridad promedio que ronda los 7 años, por el corte de edad esas personas deberían estar cursando la educación media superior (o superior); sin embargo, la mayoría manifestó contar con primaria y secundaria terminada.

En el caso del grupo 2, el promedio de escolaridad en el 2000 fue de 7,9 años, una década después se ganó más de un año de escolaridad (9,1), para finalmente ubicarse en el 2020 en 9,7 años, por lo que es el grupo que más escolaridad ganó. Expresaron contar con secundaria y preparatoria terminada. Finalmente, el grupo de jóvenes adultos reportó una escolaridad promedio de 9, 9,1 y 9,7 años para cada año.

Al observar la Figura 3, se evidencian ciertos cambios; un detalle importante es el hecho de que para el año 2000, los tres grupos mostraron condición de primaria completa en mayor proporción que los otros años, esto se adjudica, en parte, a que en los siguientes años las personas jóvenes mostraron otros niveles educativos completos, como secundaria, preparatoria e inclusive aparecieron las categorías de licenciatura y posgrado, los cuales en el 2000 eran prácticamente inexistentes. Esto sugiere que las personas jóvenes de zonas rurales están en mejores condiciones escolares que sus padres, tal como se ha manifestado (Asensio, 2019; Espejo, 2017; Guiskin, 2019; Isacovich, 2015).

Figura 3
Porcentaje de jóvenes de zonas rurales según nivel educativo y grupos de edad

Nota. Elaboración propia, 2025.

Mujeres y quehaceres domésticos.

Las mujeres dedicadas a los quehaceres domésticos que no perciben ningún ingreso por dicha actividad representaban, para el grupo 1, más del 15 % en cada año; mientras que para los otros grupos este porcentaje rondaba el 30 %.

En la Tabla 2 puede observarse para cada grupo, la condición civil, la descendencia y el promedio de escolaridad. Es importante mencionar que no se puede llamar a todas ellas como “amas de casa”, pues existe un segmento que corresponde a la condición de parentesco familiar: hijas, nietas, sobrinas, etcétera, que serían las mujeres “solteras sin hijos”.

Para cada año y grupo, la escolaridad más baja se ubicó en la condición “soltera con hijos”, mientras que la más alta se reportó como “casada sin hijos”. De las mujeres de 15 a 19 años puede observarse que la condición de “soltera sin hijos” ha representado el grupo más importante (63,8 %, 57,4 % y 46 %, respectivamente), dicha relación corresponde, según se asume, a la condición de parentesco familiar señalada previamente.

Por su parte, el grupo de mujeres de 20 a 24 años mostró reducciones en las categorías “soltera sin hijos” y “casada con hijos” para concentrarse actualmente en “unión libre con hijos”. Para el último grupo de jóvenes de 25 a 29 años, la condición de parentesco familiar baja, lo cual da lugar a la condición de ama de casa. En los grupos 2 y 3 se reporta que la condición civil que ha ganado espacio ha sido “unión libre con hijos” (45,3 % y 43,9 %, respectivamente).

Tabla 2
Mujeres rurales y quehaceres domésticos

Grupo de edad

Estado civil

Hijos

2000

2020

Población

(%)

Promedio

escolaridad

Población

(%)

Promedio

escolaridad

1

Soltera

Sin hijos

63,8 %

6,3

46,0 %

8,0

Con hijos

4,2 %

5,5

4,0 %

6,8

Unión libre

Sin hijos

7,8 %

6,3

17,5 %

8,2

Con hijos

9,4 %

6,0

27,9 %

6,6

Casada

Sin hijos

5,7 %

6,8

1,7 %

9,0

 

Con hijos

9,0 %

6,2

2,8 %

6,7

2

Soltera

Sin hijos

25,0 %

6,7

16,1 %

9,0

Con hijos

4,9 %

6,0

6,5 %

7,7

Unión libre

Sin hijos

4,0 %

7,1

7,4 %

9,2

Con hijos

20,8 %

5,6

45,3 %

7,3

Casada

Sin hijos

6,1 %

7,4

3,7 %

9,7

Con hijos

39,0 %

5,9

20,9 %

7,9

3

Soltera

Sin hijos

10,1 %

6,5

7,4 %

8,3

Con hijos

4,7 %

6,0

6,2 %

7,7

Unión libre

Sin hijos

1,3 %

6,7

3,1 %

8,7

Con hijos

20,2 %

5,9

43,9 %

7,9

Casada

Sin hijos

3,2 %

7,9

2,6 %

9,8

 

Con hijos

60,4 %

6,5

36,9 %

8,4

Nota. Elaboración propia, 2025.

De acuerdo con Ibarra y Caamal-Olvera (2025), la vida de las mujeres puede resumirse en cuatro etapas: la primera de ellas consiste en la acumulación de capital humano; es decir, la escolaridad; la segunda corresponde a su incorporación en el mercado laboral, aunque en menor proporción que los varones; la tercera es la conformación de una familia, mediante la elección de una pareja (con o sin hijos), lo cual puede implicar abandonar la escuela o el mercado laboral o solo pausarlos para realizar cuidados familiares, planificación, tareas domésticas o trabajo no remunerado y, finalmente, está la jubilación, el retiro de las actividades productivas remuneradas.

Sin embargo, por los resultados obtenidos, en el caso particular de las mujeres de zonas rurales, algunas etapas no se cumplen en ese orden debido probablemente a que la condición rural difiere de la condición de mujeres urbanas; lo anterior con base en los porcentajes tan altos obtenidos y en la condición de mujeres muy jóvenes, señaladas como hijas o nietas, cuya deserción escolar es evidente para dar paso a las actividades no remuneradas en el hogar. Lo anterior refuerza la condición innata de la división sexual del trabajo, la falta de oportunidades, el reconocimiento y la tenencia de tierras (Benería, 2019; Ferraris y Martínez, 2022; Paz y Campos, 2013).

Trayectoria laboral

Se entiende como trayectoria laboral a la inserción de la población joven en el mercado laboral. Se dice que este mercado laboral es precarizado, pues se relaciona con un empleo con bajos salarios, jornadas largas e irregulares, rotación de personal, falta de capacitación, prestaciones sociales, seguridad laboral, entre otras. La participación de las personas jóvenes es de varones, en la actualidad buena parte de ellos están empleados en los sectores no agrícolas, que les ofrecen mejores oportunidades (Espejo, 2017; Fernández y Quingaísa, 2019; Garay, 2014; Gareis, 2020; Guiskin, 2019; Loría y Salas, 2019; Mora-Rivera et al., 2017; Román Sánchez, 2017; Sandoval et al., 2022; Tapia y Barrera, 2019).

Para poder hablar de precarización en el mercado laboral de la población joven de las zonas rurales no bastará con la información que aportan los censos; para indagar al respecto deberá revisarse información específica y ampliada sobre empleos. Sin embargo, se tiene un pequeño bosquejo de la situación a la que se enfrentan, mediante los datos sobre ocupaciones, sector económico dónde laboran, salarios, escolaridad y prestaciones laborales (aguinaldo, vacaciones, servicio médico, utilidades, afore, entre otros).3

Concentración ocupacional.

Para los sectores económicos, primario, secundario y terciario, los jóvenes varones estuvieron concentrados laboralmente en el sector primario (entre el 30 % al 40 %), mientras que las mujeres presentaron una mayor proporción en el sector terciario (del 13 % al 18 %). En términos de ocupaciones, utilizando el catálogo disponible para este fin y en términos porcentuales, se puede corroborar que los hombres se concentraron más en ocupaciones relacionadas con el campo (22 % el último año) o en la construcción, mientras que las mujeres tienen una concentración, aunque pequeña (menos del 5 %), en servicios domésticos, empleadas de actividades fabriles y empleada de ventas, los niveles de ingreso promedio mensuales se han incrementado a lo largo de las décadas de la misma manera que la escolaridad (Tabla 3). La posición de los hombres en el sector agrícola y las mujeres en el sector no agrícola coincide con lo planteado por Ramírez (2019). Debido en parte a la facilidad que ofrece realizar actividades de la agricultura para aquellos varones que han tenido contacto con esta actividad desde la niñez y el interés de las mujeres por incursionar en nuevos ámbitos.

Tabla 3
Porcentaje de ocupación de los jóvenes varones, ingreso y escolaridad

Año

Tipo de ocupación jóvenes varones

Porcentaje

Ingreso mensual promedio

Escolaridad promedio

2000

Trabajadores en actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas, caza y pesca.

22 %

$1379

6,1

Artesanos y trabajadores fabriles en la industria de la transformación.

7 %

$1884

7,4

Ayudantes, peones y similares en el proceso de fabricación artesanal e industrial.

6 %

$1663

7,0

2020

Trabajadores en actividades agrícolas y ganaderas.

22 %

$3535

8,3

Trabajadores de apoyo en la minería, construcción e industria.

8 %

$4710

9,0

Trabajadores en la extracción y la edificación de construcciones.

5 %

$5812

8,9

Tipo de ocupación jóvenes mujeres

2000

Trabajadoras en servicios domésticos.

4 %

$1284

6,5

Trabajadoras en actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas, caza y pesca.

2 %

$1261

5,5

Artesanas y trabajadoras fabriles en la industria de la transformación.

2 %

$1259

6,9

2020

Empleados de ventas en establecimientos.

4 %

$3388

10,8

Trabajadoras domésticos, de limpieza, planchadores y otros trabajadores de limpieza.

3 %

$3552

9,2

Trabajadoras en actividades agrícolas y ganaderas.

2 %

$3677

8,4

Nota. Elaboración propia, 2025.

Salario y prestaciones laborales.

De acuerdo con la Tabla 5, diferenciando por sexo y grupos de edad, se observa que los varones tienden a tener ocupaciones mejor pagadas en actividades relacionadas con las fuerzas armadas y en ciertas actividades administrativas (coordinadores, directores, gerentes y jefes de producción). Mientras que la Tabla 6 muestra que las mujeres perciben salarios más altos en actividades también en las fuerzas armadas, así como directoras, gerentes, supervisoras de diferentes tipos de servicios.

Si bien se corroboró dónde se concentraban las personas jóvenes, en la literatura hay poca información sobre los salarios mejor pagados. En este sentido, los salarios más bajos se localizaron en los trabajos relacionados con la agricultura y para el grupo 1, mientras que los más altos se encuentran en el grupo 3, en aquellas ocupaciones de corte profesional de tipo dirección o gerencia administrativa, que además conlleva una mayor escolaridad.

Tabla 4
Ocupaciones de mayor ingreso en jóvenes varones por grupo de edad

Año

Grupo de edad

Ocupación

Escolaridad

(promedio)

Ingreso mensual

(promedio)

2000

1

1. Servicios de protección y vigilancia.

8,2

$2646

2. Apoyo en actividades administrativas.

9,5

$2136

3. Operadores de maquinaria fija.

7,6

$2030

2

1. Funcionarios y directivos del sector público, privado y social.

10,2

$7141

2. Arte, espectáculos y deportes.

9,3

$6220

3. Profesionistas.

16,6

$3548

3

1. Profesionistas.

21,6

$7145

2. Funcionarios y directivos del sector público, privado y social.

13,7

$5207

3. Educación.

18,6

$4553

2020

1

1. Trabajadores de la armada, ejército y fuerza área.

11,2

$9600

2. Otros trabajadores auxiliares en actividades administrativas.

11,8

$7137

3. Directores y gerentes de ventas, restaurantes, hoteles y otros establecimientos.

11,2

$6452

2

1. Trabajadores de la armada, el ejército y la fuerza área.

11,8

$10 904

2. Otros trabajadores auxiliares en actividades administrativas.

12,5

$9295

3. Coordinadores y jefes de área de producción y tecnología.

13,9

$8707

3

1. Coordinadores y jefes de área de producción y tecnología.

13,9

$11 136

2. Armada, ejército y fuerza área.

11,3

$10 501

3. Directores y gerentes en producción, tecnología y transporte.

13,8

$9981

Nota. Elaboración propia, 2025.

Tabla 5
Ocupaciones de mayor ingreso en jóvenes mujeres por grupo de edad

Año

Grupo de edad

Ocupación

Escolaridad

(promedio)

Ingreso mensual

(promedio)

2000

1

1. Funcionarios y directivos del sector público, privado y social.

10,6

$2247

2. Jefes de departamento, coordinadores y supervisores en actividades administrativas y servicios.

11,5

$1956

3. Profesionistas.

9,1

$1749

2

1. Funcionarios y directivos del sector público, privado y social.

16,4

$2775

2. Trabajadores de la educación.

14,3

$2708

3. Profesionistas.

20

$2585

3

1. Profesionistas.

20,4

$4240

2. Trabajadores de la educación.

17,8

$4028

3. Funcionarios y directivos del sector público, privado y social.

17,3

$3832

2020

1

1. Armada, ejército y fuerza área.

11,8

$11 813

2. Supervisores y trabajadores que brindan y manejan información.

11,4

$6040

3. Directores y gerentes de ventas, restaurantes, hoteles y otros establecimientos.

11,2

$5736

2

1. Armada, ejército y fuerza área.

13,9

$10 008

2. Investigadores y profesionistas en ciencias exactas.

16

$8891

3. Directores y gerentes en producción, tecnología y transporte.

14,4

$7881

3

1. Directores y gerentes en producción, tecnología y transporte.

15

$10 296

2. Armada, ejército y fuerza área.

12,4

$10 284

3. Directores y gerentes en servicios financieros, legales, administrativos y sociales.

15,3

$9585

Nota. Elaboración propia, 2025.

En cuanto a las prestaciones, el panorama desalienta porque la mayoría de la población joven no tiene prestaciones, para los años 2000 y 2020, los porcentajes son los siguientes: en el grupo 1, en ambos años, cerca del 86 % no contaba con estos beneficios, mientras que para el grupo 2 pasó del 78 % al 72 % y el grupo 3, del 76 % al 69 %. Esto puede dar luz a lo mencionado por Román Sánchez (2017) y Tapia Barrera (2019), para quienes la falta de prestaciones sociales refuerza la precariedad laboral; sin embargo, se requerirán un mayor análisis para afirmar esta situación.

Conclusiones

Con los datos censales ha sido posible dar un panorama generalizado de la situación de las personas jóvenes de zonas rurales. Puede observarse que cada grupo de edad y sexo posee características propias y diferenciada entre sí. En el caso del grupo de jóvenes de 15 a 19 años, su situación difiere a los otros grupos debido a la edad la mayoría aún no conforman una familia y su actividad principal es estudiar. Sin embargo, en los otros grupos, la transición a la edad adulta puede observarse por la deserción escolar, la conformación de la familia con hijos o sin hijos, con preferencia hacia la condición “unión libre”, los varones se incorporan al mercado laboral y las mujeres transitan a los quehaceres del hogar y otra proporción menor continúa con sus estudios o trabaja.

Fue posible corroborar que la población joven de zonas rurales está en mejor condición que sus antepasados en términos escolares, pues presentan credenciales en mayores niveles educativos (licenciatura y posgrados), aunque estos niveles siguen siendo bajos para lo que deberían alcanzar a su edad, parte de esto se adjudica, en gran medida, a la deserción y las transiciones familiares y laborales. Lo anterior podría suponer una merma para las condiciones laborales y de ingresos de estas personas jóvenes en el futuro.

En términos laborales, se ha presentado un incremento del ingreso promedio y una reducción en las horas semanales de trabajo en los años estudiados, en parte, producto de los cambios estructurales y las condiciones socioeconómicas del país. En relación con la ocupación y el sector económico, persiste un fuerte vínculo entre la agricultura y los jóvenes varones, muchos se concentran en esa actividad que no les exige mayor escolaridad, pero les ofrece un ingreso bajo. Por su parte, las mujeres, con un porcentaje menor en el mercado laboral, muestran un vínculo menor con la agricultura y mayor con los sectores no agrícolas. La mayoría de los jóvenes rurales no reportaron contar con prestaciones laborales, por tanto sus condiciones tienden a ser precarias y se acentúa más en el grupo de menor edad y en las mujeres.

Fue posible abordar el tema de la migración para cada grupo, se pudo observar porcentajes bajos, sobre todo para el grupo de menor edad, en cuanto a las causas, esto se relaciona con la transición familiar y laboral. El tema de la migración es abordado en la literatura y los resultados aquí obtenidos fueron porcentajes muy bajos, una posible explicación quizás sea la periodicidad del censo, que no pueden dar cuenta de algunas migraciones temporales, lo cual lleva a requerir mayores indagaciones al respecto.

La investigación ofrece otras áreas de oportunidad que podrían indagarse desde las estadísticas oficiales o desde experiencias en campo, como el caso de la reducción en los porcentajes de jóvenes de zonas rurales que conforman una familia bajo el vínculo del matrimonio y que ahora deciden sea bajo la condición de unión libre o la conformación de familias nucleares sin hijos. Asimismo, temas de género con las características marcadas por el área rural, para indagar sobre la participación de las mujeres dentro del hogar y dentro de las comunidades, como cuidadoras y productoras o tenedoras de tierras. Así como los temas vinculados directamente con el mercado laboral de estos jóvenes, como el uso de TIC, empleo no agrícola, empleo no remunerado, trabajo decente, precariedad laboral, entre otros.

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  1. 1 Para la ONU, juventud rural comprende edades de 15 a 24 años, mientras que la Cepal lo considera en el rango de 15 a 29 años.

  2. 2 Mediante el ITER 2020 (principales resultados por localidad), que reportó los tres grupos de edad y coordenadas geográficas.

  3. 3 Si bien se realizó la estimación para ambos sexos en todos los grupos y en los todos los años, por cuestiones de espacio solo se presentan los tres primeros lugares en 2000 y 2020.

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