Vol 23, N° 46, Julio-Diciembre 2025
ISSN: 1409-3251, EISSN: 2215-5325
Tensiones identitarias y motivaciones en agricultura alternativa: estudio en Costa Rica, Nicaragua y Panamá
(2014-2020)
Identity Tensions and Motivations in Alternative Agriculture: A Study in Costa Rica, Nicaragua, and Panama (2014-2020)
Tensões identitárias e motivações na agricultura alternativa: um estudo na Costa Rica, na Nicarágua e no Panamá (2014-2020)
Huberth Vargas Picado
Universidad de Costa Rica, Costa Rica
https://orcid.org/0000-0002-3157-2058
DOI: http://doi.org/10.15359/prne.23-46.5
Fecha de recepción: 21/3/2025
Fecha de aceptación: 9/6/2025
Fecha de publicación: 16/10/2025
Resumen
La agricultura alternativa ha surgido como una respuesta a las limitaciones ecológicas, sociales y económicas del modelo agrícola convencional. Este estudio analiza las tensiones identitarias y motivaciones que llevaron a productores de Nicaragua, Costa Rica y Panamá a adoptar enfoques orgánicos y agroecológicos, marcando una ruptura con las formas productivas tradicional. Mediante un enfoque cualitativo con entrevistas, observación participante y análisis de trayectorias, se identifican factores clave en la transición, como la degradación del entorno, problemas de salud y la revalorización del conocimiento tradicional. Además, se examina el papel de ONG, instituciones y redes de cooperación en la adopción de estos sistemas. Los hallazgos apuntan que, más allá de razones económicas, los agricultores integran valores sociales y ambientales que transforman su identidad y las dinámicas productivas en las distintas regiones.
Palabras claves: agricultura alternativa, transición agrícola, tensiones identitarias, motivaciones, América Central.
Abstract
Alternative agriculture has emerged as a response to the ecological, social, and economic limitations of the conventional agricultural model. This study analyzes the identity tensions and motivations that led producers in Nicaragua, Costa Rica, and Panama to adopt organic and agroecological approaches, marking a break from traditional forms of production. Through a qualitative approach using interviews, participant observation, and trajectory analysis, key factors in the transition are identified, such as environmental degradation, health issues, and the revaluation of traditional knowledge. Additionally, the role of NGOs, institutions, and cooperation networks in the adoption of these systems is examined. The findings suggest that, beyond economic reasons, farmers integrate social and environmental values that transform their identity and the production dynamics in the different regions.
Keywords: alternative agriculture, agricultural transition, identity tensions, motivations, Central America.
Resumo
A agricultura alternativa surgiu como uma resposta às limitações ecológicas, sociais e econômicas do modelo agrícola convencional. Este estudo analisa as tensões identitárias e motivações que levaram os produtores da Nicarágua, da Costa Rica e do Panamá a adotar abordagens orgânicas e agroecológicas, marcando uma ruptura com as formas tradicionais de produção. Por meio de uma abordagem qualitativa com entrevistas, observação participante e análise de trajetórias, são identificados fatores-chave na transição, como a degradação ambiental, os problemas de saúde e a revalorização dos conhecimentos tradicionais. Além disso, é examinado o papel das ONGs, instituições e redes de cooperação na adoção desses sistemas. Os resultados apontam que, além das razões econômicas, os agricultores integram valores sociais e ambientais que transformam sua identidade e as dinâmicas produtivas nas diferentes regiões.
Palavras-chave: agricultura alternativa, transição agrícola, tensões identitárias, motivações, América Central.
La agricultura alternativa, ya sea en sus enfoques orgánico, agroecológico, natural o biointensiva, ha surgido como contraparte a las prácticas industriales insostenibles del sistema agrícola convencional (Patel, 2007; Rosset & Altieri, 2017), tanto a escala global como en América Central.
Problemas como la degradación de los suelos, la contaminación de los recursos hídricos, los riesgos para la salud asociados al uso de agroquímicos y la pérdida de saberes tradicionales han impulsado a varios productores a implementar alternativas más sostenibles y acordes con sus formas de vida. A pesar de esto, la transición hacia estos modelos no solo implica cambios técnicos y políticos, sino también transformaciones profundas en las trayectorias profesionales y personales de los actores involucrados.
Este estudio pretende adentrarse en las razones que motivan a los productores a incorporarse en la agricultura alternativa, así como en los acontecimientos biográficos que generan rupturas con el modelo convencional. Para este fin, el análisis se centra en la escala del individuo, abordando las dinámicas sociales de incorporación en este campo, las cuales emergen a partir de las decisiones y experiencias de los actores involucrados. De esta forma, el presente trabajo aporta tanto a la academia como a los actores agrícolas al ofrecer una comprensión profunda de las tensiones y motivaciones que impulsan estas transiciones, proporcionando insumos valiosos para el diseño de políticas públicas y estrategias de apoyo más efectivas.
Estas decisiones de incorporación están influenciadas por acontecimientos biográficos determinantes en la vida de los productores, los cuales generan cambios significativos en sus trayectorias profesionales y personales. Desde este estudio, dichos cambios pueden evidenciarse como rupturas, el descubrimiento de vocaciones ocultas o la emergencia de motivaciones, que pueden revelar una diversidad de perspectivas que coexisten dentro de la agricultura alternativa. Sin embargo, se reconoce que no todos los actores llegan a estas prácticas desde una experiencia previa con la agricultura convencional.
Como han mostrado Altieri y Nicholls (2012) y, más recientemente, Paredes et ál. (2020), en diversos contextos latinoamericanos subsisten formas de agricultura sostenible que nunca abandonaron prácticas diversificadas, ni el manejo ecológico del suelo. Aunque este estudio se centra en trayectorias marcadas por rupturas, resulta importante visibilizar también la existencia de procesos de continuidad que coexisten en el campo de la agricultura alternativa. El análisis se aplica en tres países de América Central: Nicaragua, Costa Rica y Panamá, contextos geográficos similares, pero con trayectorias propias, que permiten abordar la complejidad de estas dinámicas transicionales en la región.
Entre los principales hallazgos se tiene que la transición hacia la agricultura alternativa en los países de estudio responde a factores como la degradación ambiental, problemas de salud y la revalorización de conocimientos tradicionales. La influencia de ONG, instituciones gubernamentales y redes de cooperación ha sido clave en la adopción de sistemas agroecológicos y orgánicos, promoviendo tanto la sostenibilidad productiva como la transformación identitaria de los agricultores. Las motivaciones para este cambio van más allá de lo económico, incorporando valores sociales y ambientales que reconfiguran las dinámicas del sector agrícola en cada país, adaptándose a sus particularidades históricas, culturales y productivas.
El objetivo de esta investigación es comprender las razones de quiebre con el modelo agrícola convencional y las motivaciones que llevan a productores de Nicaragua, Costa Rica y Panamá a adoptar por sistemas alternativos de producción. Para ello, se plantean varios cuestionamientos: ¿cuáles son los principales factores que explican la separación respecto al modelo tradicional y que determina la incorporación a prácticas agroecológicas?, ¿qué impulsos de tipo económico, social y ambiental influyen en la adopción de estos sistemas?, ¿cómo varían estos patrones de cambio entre los países estudiados? y ¿qué papel desempeñan las instituciones, redes y políticas públicas en la transición hacia estas formas de cultivo? Estas preguntas fundamentales guían el análisis a lo largo del artículo, el cual se estructura abordando a cada una de ellas en el mismo orden.
El estudio se basa en un posicionamiento teórico y conceptual a partir de la integración de perspectivas de la teoría social y a la organización de los espacios productivos, con un enfoque particular en las experiencias de producción no convencional. Los ejes analíticos centrales incluyen, por un lado, la definición y caracterización de estos modelos; por otra parte, las tensiones identitarias que experimentan los actores en relación con sus actividades profesionales y, las motivaciones que los impulsan a adoptar sistemas agrícolas alternativos. Un tercer eje tiene que ver con el impacto de instituciones y organizaciones en la transición hacia prácticas alternativas. La figura 1 muestra un esquema de las bases teóricas de referencia.
En este trabajo, el concepto de agricultura alternativa se entiende como un conjunto de modalidades productivas que, en contraste con los modelos convencionales, buscan transformar los agroecosistemas mediante la integración de principios ecológicos, sociales y económicos (Patel, 2007). Estas propuestas abarcan enfoques diversos como la orgánica o biológica, la agroecológica, la biointensiva y la biodinámica, los cuales comparten una lógica multifuncional, privilegiando en sus prácticas aspectos como la justicia social y la sostenibilidad (Altieri y Nicholls, 2012; Baqué y Bennani, 2012; Rosset & Altieri, 2017).
Figura 1
Marco teórico para el estudio de tensiones identitarias y motivaciones en la agricultura alternativa

Nota. Elaboración propia (2025). Este marco teórico articula el concepto de agricultura alternativa con las tensiones identitarias y motivaciones que experimentan productores frente al modelo agroindustrial. Dichas tensiones impulsan la búsqueda de coherencia ética, ecológica y social. Al mismo tiempo, la transición se fortalece mediante redes, instituciones y procesos colectivos de aprendizaje.
Desde la perspectiva de la sostenibilidad ambiental, estos sistemas buscan recomponer la fertilidad del suelo mediante el uso de compost y la rotación de cultivos, la optimización de recursos locales a través del manejo integrado, la reducción de insumos externos y la restricción de productos químicos de síntesis (Andersen, 2023; IFOAM, 2005). Por otra parte, se incorporan prácticas que imitan procesos naturales, como la agroforestería, los policultivos y el control biológico de plagas (Altieri y Nicholls, 2020; Jeavons, 2001).
En su dimensión social, se refuerza la inclusión de saberes tradicionales, promueve mejoras en las condiciones de salud de productores y consumidores, y facilita procesos de comercialización en cadenas cortas, fortaleciendo la relación entre productores y consumidores (Cardona y Lamine, 2011; Thivet, 2014). En términos económicos, estos sistemas buscan reducir la dependencia de insumos externos y fomentar la cooperación entre actores locales, con el fin de generar externalidades positivas (Besson, 2011).
En el contexto de las tensiones identitarias profesionales, es importante destacar que estas influyen en la toma de decisiones de los individuos sobre la continuidad de las prácticas productivas, así como en transformaciones más profundas, como la reconfiguración de las relaciones entre los agricultores y el territorio. Desde esta perspectiva, Higgins (1991) y Markus y Nurius (1986) sostienen que la motivación para comprometerse con una nueva actividad —ya sea de índole profesional, formativa o recreativa— surge de tensiones identitarias que generan malestar o incomodidad psicológica, las cuales el individuo busca mitigar mediante su participación en determinadas ocupaciones.
En el contexto europeo, Van Dam (2005) identifica diversas tensiones identitarias que influyen en la racionalidad de productores de agricultura alternativa, específicamente en la biológica. Según la investigadora, es posible distinguir varias categorías: en primer lugar, las formas de conversión vinculadas a problemas de salud, limitaciones ecológicas o dificultades económicas. En segundo lugar, la búsqueda del aprovechamiento de los sobreprecios y las oportunidades de mercado. Asimismo, se destacan los aspectos identitarios surgidos de la participación en movimientos sociales. Van Dam, también resalta la búsqueda de realización personal, entendida también como una forma de revuelta contra el sistema.
A diferencia del contexto europeo, en América Central, las formas de transición hacia la agricultura alternativa están profundamente enraizadas en procesos que involucran a agricultores convencionales en tensiones por la búsqueda de soberanía alimentaria (Martínez-Torres & Rosset, 2014; Meirelles, 2015), la resistencia frente a modelos agroindustriales intensivos (Altieri y Toledo, 2011; Gliessman et ál., 2019) y la revalorización de los saberes tradicionales (CEDECO, 2005; Sevilla & Woodgate, 2013). En general, estas dinámicas están vinculadas con la construcción histórica del conocimiento, la gestión de los recursos locales y las formas de organización y coordinación social (Barbier y Bellon, 2010).
Sobre los motivos de incorporación en agricultura alternativa para una treintena de productores biológicos en Bélgica, Van Dam (2005) identificó la existencia de tensiones identitarias que parten de diferentes facetas, destacando aspectos sociales como un reencuentro con otra persona, la existencia de una vocación encubierta, el desarrollo de una identidad fuerte hacia el sector; o bien, de índole socioeconómico como el aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado y las políticas institucionales a favor de esta agricultura; o de carácter económico-ambiental, al destacar la lucha por la supervivencia de su finca. La investigadora también menciona que estos acontecimientos pueden tomar la forma de una afectación de salud, una exposición a una crisis ecológica (desaparición de flora y fauna, contaminación de agua potable), o la búsqueda de sentido y realización personal (Van Dam, 2005, pp. 28-30).
Una de las principales referencias en este ámbito, para América Central, corresponde a Garibay y Zamora (2003) quienes identificaron varias motivaciones para la adopción de la producción alternativa en Nicaragua, específicamente en el caso de la orgánica. Entre las motivaciones destacan el sobreprecio ofrecido por el mercado, el apoyo por parte de gremios y ONG, la protección ambiental, la reducción de costos, el intercambio de conocimientos entre agricultores y el involucramiento de la familia en las actividades. En Costa Rica, investigaciones como las de CEDECO (2005), Mojica (1995), Morales y Obando (2000) recalcan motivaciones similares e incorpora el enfoque de la realización personal.
En la agricultura alternativa, diversos estudios han destacado el impacto de las estructuras sociales en su transición. Se trata del rol de asociaciones e instituciones, que funcionan como bases para su posicionamiento e implementación. A partir de investigaciones como las de Sevilla y Woodgate (2013), se evidencia una participación determinante de estas estructuras sociales en la integración de productores a asociaciones y redes, la transferencia de conocimiento, la creación de relaciones de confianza, la generación de normas sociales, el desarrollo de instituciones y el acceso a recursos y financiamiento.
Diversos autores (Gonzálvez et ál., 2017; Hameed & Sawicka, 2023; Molina, 2015; Morales y Obando, 2000; Quijada, 1995) destacan el impacto del extensionismo, promovido por instituciones vinculadas con el sector agrícola, como un canal de difusión de nuevas tecnologías y conocimientos. Estos factores igualmente han sido analizados en el contexto del capital social en el marco de la agricultura sostenible (Ren et ál., 2022; Ruslan & Khalid, 2023; Zeweld et ál., 2017).
Desde una perspectiva complementaria, resulta importante incorporar aspectos del enfoque socioterritorial, ya que las características específicas de cada espacio (como sus dinámicas sociales, culturales y políticas) pueden influir en las tensiones y motivaciones de los actores agrícolas durante los procesos de transición. En esta línea, Fernandes (2017), señala que la relación entre las comunidades y su entorno es fundamental para comprender cómo se construyen las identidades territoriales y cómo esto puede enriquecer el análisis de las transformaciones en los sistemas agrícolas en el nivel local.
El estudio se basó en un enfoque cualitativo, empleando métodos comparativos y etnográficos (Abarca et ál., 2013) para analizar las lógicas de producción en agricultura alternativa, específicamente, en sistemas orgánicos y agroecológicos, en Nicaragua, Costa Rica y Panamá. La investigación incluyó tres trabajos de campo con duración de 3, 5 y 7 meses, complementados por entrevistas a profundidad y observación participante. La elección de tres estudios de caso en Centroamérica responde al interés de visualizar de manera comparativa las dinámicas identitarias en agricultura alternativa, considerando las diferencias en el desarrollo del sector en cada país.
Las entrevistas constituyeron la fuente principal de datos, estas se aplicaron a productores individuales y miembros de organizaciones. En el caso de Costa Rica, se entrevistaron a 20 agricultores, en Nicaragua a 16 y en Panamá a 14, realizando al menos una visita a sus fincas para identificar sus prácticas y contextos productivos. La población meta fue seleccionada mediante un muestreo no probabilístico tipo snowball sampling (Alloatti, 2014), para identificar a actores clave en cada lugar de estudio. Esta información se complementó con fuentes bibliográficas, con el fin de desarrollar un análisis más objetivo como plantea De Garay (1999, p. 5) y Pujadas (1992, p. 58).
La metodología también abordó el análisis de las trayectorias profesionales de los productores, considerando los eventos y tensiones que marcaron cambios significativos en su vida profesional. Este enfoque permitió examinar cómo las posiciones sociales, definiciones personales y prácticas han evolucionado a lo largo de sus vidas. Además, se recurrió al análisis discursivo de estos actores para comprender las tensiones y motivaciones que incidieron para incursionar en agricultura alternativa.
Para analizar las motivaciones y dinámicas de incorporación en los diferentes proyectos productivos, se tomó como referencia a Van Dam (2005, p. 28), quien aborda los acontecimientos y tensiones identitarias enfrentadas por actores de la agricultura alternativa en sus trayectorias previas, como elemento explicativo del desarrollo de nuevas estrategias productivas.
La investigación se desarrolló entre los años 2014 y 2020, e incluyó algunas de las principales zonas de producción orgánica y agroecológica en Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Estas áreas se caracterizan por una actividad agrícola diversa que incluye horticultura, fruticultura y el cultivo de granos (ver figura 2 , 3, 4 y 5 para cada país). En Nicaragua, se consideraron los departamentos de Managua, Masaya, Carazo y Granada, donde la agroecología se ha extendido a partir de iniciativas de agricultura familiar y capitalizada. En este país, las fincas visitadas abarcan entre 3 a 25 hectáreas y, en su mayoría, se localizan en las periferias urbanas (Vargas, 2020).
Figura 2
Zonas de estudio y fincas de productores

Nota. Elaboración propia (2025).
Para el caso de Costa Rica, la zona de estudio abarcó la periferia urbana y rural de la Gran Área Metropolitana (GAM), dado su importancia histórica en la producción de agricultura orgánica. Además, se incluyeron el cantón de Zarcero en la provincia de Alajuela; así como los de Alvarado y Oreamuno en la zona norte de Cartago. En los últimos 20 años, otras áreas han adquirido relevancia en este tipo de producción, destacando los cantones periféricos de Acosta, Desamparados, Moravia, Escazú, Turrialba, Tres Ríos y Grecia, donde la producción es más diversificada. En Costa Rica, las fincas presentaron extensiones que oscilan entre 0.7 y 6 hectáreas (Vargas, 2020).
En Panamá, los casos de estudio comprendieron las inmediaciones de Tierras Altas y Boquete, en la provincia de Chiriquí, así como las provincias de Veraguas (Santa Fe) y Herrera (Ocú), donde la agricultura orgánica ha experimentado un remarcado crecimiento gracias a organizaciones de productores especializados en hortalizas y frutas. A diferencia de la horticultura predominante en las zonas altas de Chiriquí, en Veraguas la producción orgánica se caracteriza por una mayor diversificación, incluyendo musáceas, cítricos, hortalizas y granos. En este país, las fincas estudiadas variaron entre las 0,5 y 4 hectáreas.
Figura 3
Finca de agricultura orgánica en la Zona Norte de Cartago, Costa Rica

Nota. Fotografía tomada por el autor (2025). Se observa una finca caracterizada por cultivos de hortalizas y espacios de descanso cubiertos por un mantillo (mulch).
Figura 4
Finca agroecológica en Jinotepe, departamento de Carazo, Nicaragua

Nota. Fotografía tomada por el autor (2025). En la finca predominan cultivos de musáceas, cítricos, cultivares de mango y canavalia forrajera (Canavalia ensiformis).
Figura 5
Finca orgánica en San Juan, provincia de Veraguas, Panamá

Nota. Fotografía tomada por el autor (2025). A diferencia de la horticultura predominante en las zonas altas de la provincia de Chiriquí, en Veraguas la agricultura alternativa se basa en una mayor diversificación, con cultivos de musáceas, cítricos, hortalizas y granos como el frijol, maíz y arroz.
Cada caso de estudio ha dejado entrever la presencia de acontecimientos en la vida profesional de los actores entrevistados que marcaron una ruptura en su carrera, así como un conjunto de motivaciones que facilitaron su inscripción en agricultura alternativa.
Escenarios de ruptura en anteriores ocupaciones profesionales
En los tres países analizados, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, se identificaron tres motivos principales de ruptura con la agricultura convencional, clasificados como patrones (A, B y C). Además, emergieron otros factores de separación comunes entre dos de los países estudiados (D y E), junto con aspectos singulares observados en Costa Rica y Nicaragua. La tabla 1 detalla estos distanciamientos, los cuales se analizarán más adelante.
En los tres países, se han identificado tres principales factores de separación con el modelo convencional, todos ellos vinculados con la degradación de recursos productivos y ambientales, problemas de salud y el acceso previo a conocimientos en prácticas agroecológicas. El primer motivo de ruptura (A) tiene que ver con el deterioro de la fertilidad del suelo, la contaminación del bosque y del agua, atribuidos a un manejo agronómico deficiente. Esta situación ha llevado a los productores a buscar soluciones en esquemas de producción alternativa, con el objetivo de restaurar las condiciones ambientales de sus fincas.
Tabla 1
Tensiones identitarias (motivos de ruptura) con la actividad profesional anterior en agricultores alternativos, por país y en porcentaje
|
Categoría |
Motivo |
Nicaragua |
Costa Rica |
Panamá |
|
Motivos compartidos por todos los países |
(A) Degradación de los recursos productivos y contaminación ambiental. |
20 % |
26 % |
11 % |
|
(B) Aspectos de salud asociado con el uso de plaguicidas. |
10 % |
13 % |
11 % |
|
|
(C) Acceso a conocimientos agrícolas alineados con valores y principios. |
20 % |
6 % |
55 % |
|
|
Motivos compartidos entre dos países |
(D) Adscripción a un modelo productivo más ecológico. |
20 % |
20 % |
-- |
|
(E)Valoración de sistemas agrícolas alternativos promovidos por programas técnicos. |
20 % |
-- |
22 % |
|
|
Singularidades por país |
Nicaragua: -Aspectos contractuales asociados a cambios en la calidad productiva. |
10 % |
-- |
-- |
|
Costa Rica: -Valorización de la producción. |
-- |
(13 %) |
-- |
|
|
-Inconformidad con el estilo de vida. |
-- |
(13 %) |
-- |
|
|
-Incapacidad para confrontar la lógica económica del modelo agrícola convencional. |
-- |
(6 %) |
-- |
Nota. Elaboración propia (2025).
En Nicaragua, por ejemplo, los terrenos menos aptos para la agricultura están en manos de productores familiares en situación de pobreza, donde la degradación de los recursos productivos está vinculada a prácticas agrícolas inadecuadas. Para el caso de Costa Rica, los problemas ambientales son más evidentes en temas como la disminución en la disponibilidad de agua para riego, especialmente en la época de estiaje, y en la pérdida de la capacidad productiva de los suelos debido a la erosión hídrica por malas prácticas agrícolas y al uso intensivo de insumos químicos, particularmente en la Zona Norte de Cartago, La Cima de Dota y Zarcero. En Panamá, la degradación de recursos naturales se evidencia en lugares como las Tierras Altas de Chiriquí y Veraguas, en donde proyectos de hidroeléctricas y la presión sobre áreas protegidas como el Parque Internacional La Amistad, han afectado la disponibilidad del agua.
El segundo motivo de ruptura (B) está relacionado con los riesgos para la salud derivados del uso de plaguicidas, nematicidas e insecticidas. En este contexto, en Costa Rica, se ha registrado numerosos incidentes de salud en lugares como la Zona Norte de Cartago, Zarcero y en diversas cuencas productoras de banano y piña, tanto en la Región Huetar Norte como en la Huetar Atlántica. Situaciones similares se presentan en Panamá, particularmente con la horticultura de Cerro Punta y la producción bananera en las provincias de Bocas del Toro y Chiriquí; y en Nicaragua, en cultivos históricos como el café, el sorgo, el algodón y los granos.
El tercer motivo de ruptura (C) está relacionado con el acceso previo a conocimientos en agricultura alternativa. Para varios productores, este contacto representó una oportunidad para reafirmar valores, principios y técnicas productivas adquiridas en sus primeras experiencias en el agro, frecuentemente asociadas a conocimientos tradicionales de origen campesino o indígena.
Este motivo de ruptura se percibe como relevante en los tres países, donde los productores encontraron en la agricultura alternativa un sistema más acorde con su visión del mundo, vinculado a saberes y prácticas agrícolas que ya aplicaban, pero cercanas a enfoques agroecológicos u orgánicos.
Los motivos de ruptura (D) y (E) en Costa Rica, Nicaragua y Panamá están relacionados con la adopción prácticas agrícolas más ecológicas, influenciadas por una afinidad con los procesos naturales, y con la creciente tensión entre el uso de agroquímicos y las lógicas productivistas. En Nicaragua, por ejemplo, destaca la transición a la agricultura orgánica promovida por empresas, que obliga a los productores a adecuarse tecnológicamente para mantener sus vínculos comerciales, una dinámica también evidente en Costa Rica y Panamá. En Costa Rica, se observaron rupturas vinculadas con la búsqueda de realización personal a través de la reconexión con la tierra, así como la necesidad de mejorar ingresos mediante estrategias como el manejo orgánico certificado.
Estas tensiones también se relacionan con los saberes campesinos e indígenas que algunos agricultores conservan en sus prácticas. En el caso de la ruptura tipo (D), los productores han encauzado sus prácticas hacia formas alternativas, basándose en conocimientos transmitidos intergeneracionalmente, sin haber estado completamente inmersos en el modelo convencional. Por otro lado, en la ruptura tipo (E), la tensión surge al contraponer la lógica productivista con enfoques alternativos, siendo estas últimas las que mejor se alinean con su visión de la producción agrícola.
Estos cambios en la identidad profesional de los productores han sido fomentados principalmente por la participación en talleres “días de campo” sobre sistemas agrícolas alternativos. En los tres países, las prácticas tradicionales incluyen el uso de estiércol y cenizas como fertilizantes, junto con una diversidad de especies vegetales para el control biológico, reflejando la continuidad de una agricultura de bajo insumo.
Motivaciones de incorporación en agricultura alternativa
Las razones para la incorporación en la agricultura alternativa deben entenderse como factores que refuerzan la adscripción a un nuevo proyecto profesional, el cual, de manera implícita o explícita, refleja las aspiraciones de los productores por transformar las condiciones generadoras de crisis tanto en su profesión como en sus proyectos de vida (ver figura 6). En este contexto, dichos factores están vinculadas a los escenarios de ruptura, pero a diferencia de estos, delinean objetivos y metas en un marco idealizado, cuyo propósito principal es resolver la situación previa.
Figura 6
Factores que impulsan la transición hacia la agricultura alternativa

Nota. Elaboración propia (2025). Motivación 1. Validar conocimientos productivos con prácticas orientadas hacia una agricultura más integral; Motivación 2. Valorizar la producción al incrementar el reconocimiento y valor económico de sus productos; Motivación 3. Diversificación del rol agrícola mediante nuevas posibilidades que amplían las facetas del agricultor; Motivación 4. Autonomía productiva un proyecto independiente basado en principios de sostenibilidad ecológica y agrícola; Motivación 5. Producción sostenible Proveer alimentos sanos y diversos, logrando un equilibrio entre agricultura y medio ambiente; Motivación 6. Regeneración del suelo Restaurar el equilibrio perdido debido a las prácticas agrícolas convencionales.
En los tres países estudiados, se identificaron diversas razones que impulsan a los productores a incorporarse en agricultura alternativa. Estas causas pueden clasificarse en tres grandes tendencias comunes (motivaciones 1, 2 y 3), con variaciones locales (4, 5 y 6), manifestando un conjunto de aspiraciones sociales, económicas y ambientales que favorecen la adopción de prácticas agrícolas orgánicas o agroecológicas
Una de las principales razones compartidas en los tres países es la valorización de los conocimientos productivos (motivación 1), relacionada con la experiencia de quienes cultivan la tierra y su transición hacia formas integrales. Este factor se sustenta en la transmisión de saberes familiares, definidos como una producción de baja intervención.
Otra razón compartida es la posibilidad de valorizar la producción al incrementar el reconocimiento y valor económico de los productos (2). Esta motivación tiene una dimensión económica y destaca el potencial comercial percibido de este tipo de agricultura, especialmente a través de la certificación orgánica en los tres países. En el caso de Nicaragua, también destaca el uso de sellos de agricultura agroecológica, como el de GPAE (Red de Promoción de la Agroecología), que posibilita el ingreso de la producción a nichos específicos, como supermercados y ferias especializadas.
El tercer factor identificado en los tres países hace referencia a la diversificación del rol agrícola que posibilita los enfoques alternativos (3). Los productores coinciden en que estas prácticas, además de brindar autonomía productiva en la gestión de sus fincas, induce a la innovación a lo largo de la cadena de valor. Este determinante se sustenta en los resultados positivos obtenidos por otros cultivadores, de igual modo en las constantes capacitaciones que respaldan el mantenimiento de estos modelos de producción.
En Costa Rica y Panamá se identificaron tendencias locales relacionadas con el desarrollo de una autonomía en la producción (4) y con la promoción de una oferta alimentaria sostenible (5), encausada a generar cambios en las dinámicas del mercado. En ambos países, los agricultores destacaron con frecuencia el potencial de la agricultura alternativa para fortalecer esa interdependencia productiva, mejorando las condiciones y recursos necesarios para cultivar. Por otra parte, la búsqueda de proveer alimentos sanos y diversos responde a un creciente interés en estilos de vida saludables y en la calidad agroalimentaria entre algunos actores. En este contexto, el alto consumo de agroquímicos en Panamá y Costa Rica ha generado un considerable impacto sanitario, lo que impulsa a ciertos productores a transformar las dinámicas de mercado hacia formas más ecológicas.
Para Costa Rica y Nicaragua, otra motivación identificada (6) se relaciona con regenerar el recurso suelo en las fincas para restaurar el equilibrio perdido debido a malas prácticas agrícolas convencionales, como los monocultivos. La agricultura alternativa se percibe como una solución para revertir la degradación ambiental y la pérdida de fertilidad del suelo, problemas que comprometen tanto la dimensión productiva y comercial de los proyectos agrícolas.
La transición hacia la agricultura alternativa en Nicaragua, Costa Rica y Panamá es un proceso complejo que responde a múltiples factores, entre ellos, escenarios de ruptura profesional, motivaciones específicas de incorporación y la influencia de actores sociales como instituciones, ONG y asociaciones. Estos elementos evidencian el papel del capital social en la toma de decisiones a favor de un nuevo sistema de producción, modelando las aspiraciones sociales de los productores y propiciando la adopción de prácticas sostenibles.
Los tres casos de estudio han identificado como situaciones primordiales la degradación de recursos, los problemas de salud y el acceso a conocimientos. Estos aspectos no solo reflejan tensiones ambientales y de salud, sino también crisis identitarias y existenciales, coincidiendo con lo descrito por Higgins (1991) y Van Dam (2005).
La degradación del suelo, la contaminación del agua y el envenenamiento de especies (motivo A) no solo constituyen problemas derivados del sistema productivo convencional, ya que también generan una pérdida de coherencia entre las prácticas agrícolas y los valores personales de los productores. Esta situación impulsa la búsqueda de sistemas alternativos, como la agricultura orgánica y agroecológica, que permiten restaurar el equilibrio ecológico y reconectar con saberes y prácticas ancestrales (CEDECO, 2005; Sevilla & Woodgate, 2013).
Con respecto al motivo B, relacionado con los problemas de salud asociados al uso de químicos de síntesis en la agricultura, destaca la preocupación no solo por la salud individual de los productores, ya que estos también muestran inquietud por la situación de familiares, su comunidad y consumidores. Esta problemática ha sido ampliamente documentada en estudios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2001; 2011), así como por CEDECO (2005), IFOAM (2005), Molina (2015) y Quijada (1995), que destacan los altos niveles de peligrosidad en el sector agrícola de América Central. Frente a esta realidad, la agricultura alternativa se presenta como una opción segura, con mejor calidad de productos, y alineada con principios sociales y de sostenibilidad (Cardona y Lamine, 2011; Thivet, 2014).
El acceso a conocimientos (motivo C) es otro factor destacado en la transición. Para muchos productores, la agricultura alternativa representa una oportunidad para reafirmar valores y prácticas tradicionales, heredadas en el entorno familiar o adquiridas a través del contacto con otros agricultores.
Como señalan CEDECO (2005), además de Sevilla y Woodgate (2013), este aspecto subraya la importancia y vigencia de los conocimientos campesinos e indígenas en América Central, mostrando su valoración incluso en contextos o situaciones actuales. Este hallazgo refuerza la idea de que la agricultura alternativa no solo es una respuesta técnica, sino también cultural y social.
La sostenibilidad aparece como elemento central en los motivos de ruptura con la agricultura convencional, impulsando los motivos D y E identificados en los países. En estos casos, el extensionismo, las instituciones y las organizaciones no gubernamentales (ONG) desempeñan un papel fundamental en la promoción de sistemas más sostenibles, como destacan Gonzálvez et ál. (2017), Hameed y Sawicka (2023) y Quijada (1995).
En Costa Rica, esta labor ha sido llevada a cabo por instituciones como el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), universidades estatales y organizaciones como la Corporación Educativa para el Desarrollo Costarricense (CEDECO) y Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), que han promovido la agricultura orgánica a través de capacitaciones y redes de cooperación (Molina, 2015; Morales y Obando, 2000). Si bien estas iniciativas se enfocan en conocimientos técnicos, también llevan implícita la creación de redes de actores basadas en la confianza y la colaboración.
En Nicaragua, el papel de las ONG ha sido determinante en la adopción de la agricultura alternativa. Organizaciones como la Asociación para la Diversificación y el Desarrollo Agrícola Comunal (ADDAC), Nochari, Grupo de Promoción de la Agricultura Ecológica (GPAE), La Cuculmeca, entre otras, han propiciado espacios de coordinación a favor de la agroecología, facilitando el acceso a conocimientos y recursos, reduciendo la dependencia de insumos externos y mejorando la autonomía productiva de los agricultores (Gonzálvez et ál., 2017; Morales y Obando, 2000; Quijada, 1995).
En el caso de Panamá, los programas técnicos han sido promovidos por organizaciones como Nutre Hogar, Fundiccep, Fundación Natura, con un impacto particular en la agricultura de conservación y la introducción de fertilizantes orgánicos (Ana Sánchez, comunicación personal, junio de 2016).
Aunque en todos los países estudiados las ONG han guiado el paso hacia prácticas agrícolas sostenibles, el capital social emerge como un factor determinante para la adopción y sostenimiento de innovaciones técnicas y sociales a favor de la agroecología o agricultura orgánica.
Como destacan Ren et ál. (2022), además de Ruslan y Khalid (2023), la pertenencia a estructuras como cooperativas, asociaciones de productores y grupos comunitarios han proporcionado a los agricultores el acceso a información, recursos y apoyo. Además, las normas sociales y la confianza dentro de la comunidad han constituido formas de acción colectiva mediante redes locales y extraterritoriales, que actúan como catalizadores de los nuevos sistemas productivos (Teklewold et ál., 2013). Esto evidencia que dichos actores no solo responden a incentivos individuales, sino que también a las expectativas y dinámicas de su entorno social.
Las motivaciones para adoptar la agricultura alternativa (validar conocimientos, valorizar la producción, diversificar roles, autonomía productiva, producción sostenible y regeneración del suelo) reflejan la búsqueda de realización personal y coherencia identitaria entre quienes cultivan la tierra. En particular, la validación de conocimientos productivos (1) y la diversificación del rol agrícola (3) sugieren que estos actores no solo buscan mejorar sus condiciones económicas, sino también redefinir su identidad profesional en un marco más integral y sostenible.
Estas motivaciones están influenciadas por el contexto institucional, ya que el participar en talleres, días de campo y programas técnicos facilitan la transición hacia sistemas alternativos. Lo anterior coincide con lo señalado por Morales y Obando (2000) y Mojica (1995), quienes recalcan el compromiso de los productores con la conservación del medio ambiente y la responsabilidad intergeneracional de no comprometer los recursos para las futuras generaciones.
Los hallazgos sobre las motivaciones se alinean parcialmente con estudios como los de Garibay y Zamora (2003) en Nicaragua. Sin embargo, nuestros resultados revelan una mayor aproximación hacia factores relacionados con la revalorización de conocimientos productivos ancestrales y la integración de una dimensión social en lo agroalimentario como un eje transversal. Los productores encuentran sentido en esta actividad al reconocer su potencial para expandir mercados y aprovechar sus beneficios, enfatizando en la dimensión productiva, con motivaciones vinculadas a la posibilidad de lograr mayor autonomía, mejorar los recursos y las condiciones de producción, y obtener una mejora calidad en los cultivos.
Aunque en las rupturas y motivaciones de los productores prevalecen factores económicos, se observa un enfoque que empieza a incluir aspectos sociales y ambientales. Algunos agricultores ingresaron al sistema alternativo (más agroecológico en Nicaragua y orgánico en Costa Rica y Panamá) con un enfoque inicial en incrementar ingresos; no obstante, las experiencias productivas dentro del sector han transformado sus prioridades hacia una visión más integral, evidenciando el rol que toma la transformación de valores en los agricultores y el impacto en la evolución de los sistemas productivos.
De manera adicional, las redes de conocimiento y las organizaciones de productores desempeñan un papel fundamental en este proceso de cambio. Siguiendo la conceptualización del movimiento Campesino a Campesino de Holt Giménez (2008), en el caso de Nicaragua se ha demostrado que la socialización de conocimientos entre agricultores es un elemento esencial en los procesos de transición hacia prácticas agroecológicas. Este enfoque fomenta una difusión horizontal y participativa, fortaleciendo tanto la identidad cultural de las comunidades campesinas, como su resistencia frente a los modelos agroindustriales convencionales.
Las diferencias observadas entre los tres países recalcan cómo los contextos nacionales moldean las motivaciones hacia la adopción de modelos agrícolas más alternativos. En Nicaragua, donde históricamente el uso de agroquímicos ha sido limitado debido a restricciones económicas, los agricultores tienden a valorar más los beneficios ambientales. En Costa Rica y Panamá, en cambio, la alta dependencia de insumos químicos ha orientado las motivaciones hacia la mitigación de riesgos sanitarios y ambientales. Es necesario destacar que estas observaciones, basadas en los casos de estudio analizados, no deben considerarse como generalizaciones aplicables a escala nacional.
En Costa Rica y Panamá, los efectos negativos de los sistemas de plantación bananeros, piñeros y hortícolas han generado tensiones identitarias como motivaciones de cambio hacia prácticas más ecológicas. En Nicaragua, en cambio, los casos más destacados de impacto ambiental están asociados a los cultivos de café, sorgo, algodón y caña de azúcar. Estas diferencias en los países subrayan la importancia de adaptar las políticas y programas de apoyo direccionados a la transición tecnológica productiva, según las realidades y las necesidades locales.
La investigación ha permitido evidenciar que los procesos de transición hacia modelos productivos alternativos, específicamente en sus vertientes orgánica y agroecológica, en los países de estudio, están impulsados por diversos escenarios de ruptura profesional, provocadas por tensiones; así como por motivaciones específicas. Estos procesos han sido apoyados por actores como instituciones estatales, organismos no gubernamentales (ONG), y por asociaciones de la sociedad civil.
Los principales resultados confirman que estas formas de agricultura, más que un enfoque innovador basado en la sostenibilidad productiva, han favorecido la redefinición de la identidad profesional de un grupo de agricultores, así como su reconexión con saberes tradicionales y con el entorno local.
Los alcances del enfoque teórico utilizado tienen que ver con la integración de perspectivas de la teoría social y la organización de los espacios productivos. Los resultados permitieron confrontar los marcos conceptuales de CEDECO (2005), Garibay y Zamora (2003), Mojica (1995), Morales y Obando (2000) y Van Dam (2005), en un contexto de tensiones identitarias y motivaciones para la incorporación en agricultura alternativa, combinando perspectivas europeas, latinoamericanas y centroamericanas.
La dimensión práctica de los hallazgos resalta la necesidad de consolidar diferentes estrategias y mecanismos para impulsar la transición hacia estas agriculturas, tales como las redes institucionales, los programas de extensión agrícola, las organizaciones de productores y, en general, las políticas públicas sectoriales.
Las principales tensiones identitarias giraron en torno a preocupaciones ambientales, situaciones relacionadas con la salud del trabajador y su familia, así como a aspiraciones sociales vinculadas con los saberes tradicionales y valores comunitarios en la agricultura tradicional. Además, se destacó el interés por integrarse a sistemas agroproductivos con mayor autonomía productiva y con capacidad de incorporar valor agregado a la producción.
Aunque las tensiones fueron comunes en Nicaragua, Costa Rica y Panamá, las motivaciones para el cambio presentaron expresiones distintas según el contexto. Mientras en Nicaragua el impulso a la adopción de estos nuevos sistemas se explica por la necesidad de resiliencia frente a la inestabilidad económica y política, en Costa Rica responde al acceso a mercados diferenciados y la sostenibilidad ambiental. Por otra parte, en Panamá, el cambio es motivado por el interés de fortalecer la autonomía productiva y lograr una mejor inserción al mercado. A pesar de las diferencias, en los tres países se destacó la importancia del conocimiento tradicional y la búsqueda de modelos agrícolas más sostenibles en este proceso de transformación.
Además, comprender las transiciones hacia la agricultura alternativa desde una perspectiva socioterritorial permite captar cómo las características específicas de los territorios (sus estructuras sociales, identidades, trayectorias históricas y formas de organización colectiva) influyen en las tensiones, motivaciones y decisiones de los productores.
Aunque estas transiciones tienen una dimensión biográfica y personal central, no ocurren en un espacio neutro o abstracto, sino que están ancladas en contextos territoriales concretos que modelan, facilitan o incluso condicionan las posibilidades de cambio. De esta forma, desde esta lectura socioterritorial, se incorpora una dimensión espacial y social que complementa los análisis realizados, reforzando la necesidad de considerar tanto las experiencias individuales como las configuraciones territoriales en los procesos de transformación agroproductiva.
Parte de las limitantes de la investigación radica en el acceso a los registros censales sobre los productores del sector, lo que dificultó su identificación y limitó la posibilidad de abordar los territorios de manera más homogénea. Por otra parte, en futuras investigaciones, sería necesario ampliar el alcance del estudio, al incorporar a más productores de distintas regiones en cada país, para proporcionar una visión más integral que contemple diversos contextos culturales y económicos.
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