Revista de Política Económica y Desarrollo Sostenible

EISSN: 2215-4167 • Vol. 9 (1) • Julio-Diciembre, 2023: 1-20

DOI: https://doi.org/10.15359/peds.9-1.2

URL: http://www.revistas.una.ac.cr/politicaeconomica

Revista electrónica semestral publicada por el Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible

Universidad Nacional, Lagunilla, Heredia Apartado 2393-3000

Mediciones de la desigualdad de ingresos en América Latina desde una perspectiva comparada1

Measurements of income inequality in Latin America from a comparative perspective

Lorenzo Ramírez Cardoza2

https://orcid.org/0000-0001-6827-2289

Fecha de recibido: 24 de mayo, 2023 Fecha de corregido: 6 de noviembre, 2023

Fecha de publicación: 1 de diciembre, 2023

Resumen

El objetivo del artículo consiste en presentar un análisis crítico de cómo se mide la desigualdad de ingresos en América Latina de manera comparada. Para ello, se explican las dos aproximaciones de medición: 1) la distribución funcional del ingreso a base de datos agregados de las cuentas nacionales, y 2) la distribución del ingreso entre familias/hogares o personas, que agrupa la medición tradicional con encuestas y el enfoque top income shares. Asimismo, se explican las principales ventajas, limitaciones y hallazgos más relevantes de ambas aproximaciones. El análisis se basa en una revisión de la literatura comparada sobre la medición de la desigualdad, que prioriza los trabajos elaborados en el siglo XXI y no pretende agotar la vasta investigación sobre el tema. Finalmente, el análisis sugiere complementar las mediciones y sus fuentes de datos para profundizar el análisis distributivo. En América Latina, esto implica reevaluar la disminución registrada en la desigualdad a base de encuestas, pues resultaría menor si se incorporan datos administrativos y desde la distribución funcional no significa un mejor reparto entre el trabajo y el capital.

Palabras clave: desigualdad social, distribución del ingreso, ingreso, medición, fuentes de información.

Abstract

The objective of the article consists on presenting a critical analysis of how income inequality is measured in Latin America in a comparative fashion. To this end, the two measuring approaches are explained: 1) the functional distribution of income based on aggregate data from the national accounts, and 2) the distribution of income between families/households or individuals, which groups the traditional measuring through surveys and the approach of top income shares. Furthermore, the article explains he principal advantages, limitations, and key findings associated with both of these approaches. The analysis is based on a review of the comparative literature on the measuring of inequality, which prioritizes the works carried out in the 21st century and does not intend to exhaust the vast amount of research on the subject. Finally, the analysis suggests complementing the measurements and their data sources to deepen the distributional analysis. In Latin America, this implies re-evaluating the decrease in inequality based on surveys, since it would result in a lower rate if administrative data are incorporated and from the functional distribution it does not mean a better balance between work and capital.

Keywords: social inequality, income distribution, measurement, income, information sources.

1. Introducción

En América Latina se desarrolla una problemática de larga data acerca de la medición de la desigualdad de ingresos, la cual plantea interrogantes alrededor de los indicadores, el tipo de ingreso y las fuentes de datos utilizadas (Amarante y Jiménez, 2015; Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2019a ; Cortés y Vargas, 2017). La cuestión sobre el uso de las fuentes de datos, que interesa a este artículo, es pertinente por el grado de desigualdad alcanzado y por la interpretación que se desprende de ella. El debate plantea que las encuestas, principal fuente de información para el análisis distributivo, subestiman la medición al subregistrar los más bajos y altos ingresos, como se desarrolla más adelante. Esta cuestión puede tener como resultado una subestimación del registro y de la interpretación de la desigualdad. En este sentido, comparar las mediciones contribuye a generar una explicación de la desigualdad que gravite, lo más cerca posible, a la experimentada por la sociedad.

Comprender la medición y generar una interpretación sobre la desigualdad interesa porque esta da cuenta de diferencias educativas entre la población, expone políticas económicas que privilegian al capital sobre el trabajo –como procesos de privatización y apertura comercial sin políticas de protección social–, evidencia mercados laborales sin garantías mercantiles, tales como la ausencia de jornadas completas y proliferación de informalidad, y destaca la ausencia de políticas redistributivas (Cornia, 2012; López-Calva y Lustig, 2011; Sánchez-Ancochea, 2018; Trejos y Gindling, 2004); es decir, esta problemática permite identificar asimetrías entre sectores de la población que desembocan en pérdida de bienestar para diversos sectores sociales. En el marco de la pandemia de COVID-19, principalmente experimentada durante los años 2020 y 2021, en el cual las medidas sanitarias para evitar la propagación de la pandemia provocaron una recesión económica y la consecuente pérdida de empleos e ingresos (CEPAL, 2021), la problemática planteada resulta relevante para conocer vías que permitan explorar la evolución de la desigualdad.

El artículo presenta un análisis crítico de dos aproximaciones para medir la desigualdad, basado en una revisión de la literatura comparada sobre desigualdad en América Latina. Las dos aproximaciones comprenden: 1) la distribución funcional del ingreso a base de cuentas nacionales y 2) la distribución por familias/hogares o por personas, la cual agrupa la medición tradicional a base de encuestas y el acercamiento top income shares (o ‘altos ingresos’), que combina encuestas, cuentas nacionales y datos tributarios (ver tabla 1). La literatura consultada prioriza los trabajos elaborados en el siglo XXI y no pretende agotar la vasta investigación sobre el tema. Su aporte radica en reunir aproximaciones que, en la actualidad, frecuentemente se investigan de manera separada y en situar las aproximaciones de medición en un marco conceptual sobre distribución, lo que contribuye a facilitar su comprensión (ver apartado 3.1). También, al incorporar el acercamiento de top income shares, contribuye a actualizar el debate sobre el tema de la medición de la desigualdad; y, finalmente, aporta a la vinculación de las interpretaciones de la desigualdad provistas por la literatura.

Tabla 1. Resumen de literatura sobre distribución del ingreso en América Latina

Estudios

Distribución funcional del ingreso

Distribución del ingreso familiar/hogar o por persona

Por persona o por hogar

Altos ingresos

o top income shares

Trejos y Gindling (2004), Arias et al. (2011), Gasparini y Lustig (2011), Ham (2011), Trejos y Oviedo (2012), López-Calva y Lustig (2015), Fernández (2016), Cortés y Vargas (2017), Cortés (2018), Sánchez-Ancochea (2018), Puchet y Puyana (2018), Gasparini (2019), Krozer et al. (2020), Mata et al. (2020).

x

Alvaredo (2010), Alvaredo y Londoño (2013), López et al. (2013), Burdín et al. (2014), Amarante y Jiménez (٢٠١٥), Fairfield y Jorratt De Luis (2015), Gómez y Rossignolo (2015), Rossignolo et al. (2016), Campos-Vázquez et al. (2018), Jiménez y Rossignolo (2019).

x

Lindenboim (2008), Alarco (2014), Abeles, Arakaki y Villafañe (2017), Abeles et al. (2017), Escóbar de Pabón (2020), Notaro (2021).

x

CEPAL (1968), Trejos (1999), CEPAL (2019a).

x

x

CEPAL (2019b)

x

x

Fuente: Elaboración propia.

De esta manera, el objetivo del texto consiste en presentar cómo se mide la desigualdad de ingresos en América Latina de manera comparada, por lo que se explican las dos aproximaciones citadas, sus principales ventajas y limitaciones, así como sus hallazgos más relevantes. El texto, más que una revisión metodológica, discute los desafíos para la medición y las diversas interpretaciones de la desigualdad en torno a ella. El énfasis de la presentación corresponde a las fuentes de datos utilizadas, cuestión que interesa por el grado de desigualdad medido, como se ha adelantado; así como enfatiza en la explicación de las dos aproximaciones y en la comprensión del comportamiento de la desigualdad durante el siglo XXI.

Además de esta introducción, que constituye la primera parte del texto, el artículo se encuentra organizado en otros tres apartados. El segundo contiene las consideraciones metodológicas que orientaron la selección de la literatura comparada sobre la medición de la desigualdad. El tercero, y más extenso, presenta dos secciones: la primera expone el marco conceptual sobre la distribución del ingreso, el cual presenta la distribución dividida en tres fases sucesivas: generación, apropiación y redistribución; la segunda describe las dos aproximaciones para medir la desigualdad de ingresos, así como las ubica en cada fase de distribución; se inicia con el enfoque distribución funcional del ingreso y luego se finaliza con la distribución por familias/hogares o por persona. En la cuarta y última parte, se realiza un balance del análisis presentado y se señalan recomendaciones de política pública en torno a la disminución de la desigualdad. En el balance, se sugiere retomar la integración de las aproximaciones y sus fuentes de datos para medir la desigualdad, como se realizaba en los años cincuenta y noventa en América Latina. La complementariedad de aproximaciones sugiere matizar la disminución de la desigualdad registrada en América Latina durante las primeras décadas del siglo XXI, pues resulta menor al incorporar datos administrativos de tipo tributario y, al incorporar al análisis la distribución funcional del ingreso, puede no significar un mejor reparto entre el trabajo y el capital.

2. Consideraciones metodológicas

El objetivo de la revisión de la literatura comparada sobre desigualdad de ingresos en América Latina guarda correspondencia con el objetivo de análisis del artículo: el propósito consiste en conocer cómo se mide la desigualdad de ingresos en América Latina, cuáles fuentes de datos se utilizan y qué interpretación desarrollan, como se presentó en la introducción del artículo. Las preguntas que guiaron la revisión surgen por la posible subestimación de la medición de la desigualdad, tanto en la cola inferior como superior de la distribución de ingresos, el posible grado de subestimación y, en particular, se desea esclarecer cuáles alternativas se han desarrollado para medir la concentración del ingreso de las personas de más altas rentas. Esto bajo el entendido de que los conceptos y las mediciones son aproximaciones a la realidad, que son mejorables pero no dejan de ser aproximaciones.

Los criterios de inclusión y exclusión aplicados en esta revisión se definen de la siguiente manera: En primer lugar, se delimita el espacio geográfico a América Latina debido a su alto grado de desigualdad de ingresos en comparación con otras regiones (Gasparini y Lustig, 2011). En cuanto al horizonte temporal, se consideran trabajos publicados durante el siglo XXI con el propósito de contar con material actualizado, y sin la pretensión de abarcar la vasta literatura sobre el tema, con la excepción de dos casos que se incluyen con el objetivo de contrastar los métodos de medición actuales con los aplicados previamente. Las publicaciones seleccionadas abarcan libros, artículos científicos, tesis e informes, y se consideran materiales en inglés y en español, debido a que son los principales idiomas en los que se publica literatura sobre desigualdad en América Latina. La selección de textos prioriza aquellos que abordan la mayoría de los países de la región y, en casos donde esto no fue posible, se incluyeron textos enfocados en un solo país. Por último, en consonancia con el interés en la metodología de medición y con el objetivo de profundizar en la temática, se incorporan textos dedicados exclusivamente a cuestiones metodológicas.

Para la realización de las consultas, se utilizaron las bases de datos del portal de revistas de la Universidad de Costa Rica, el SIBDI-UCR, el CRAI-IIS-UCR, CLACSO, FLACSO, Dialnet, DOAJ, Scielo, Redalyc, el portal de revistas de la UNAM de México y la sección de publicaciones de la CEPAL. Una vez recopilada la literatura comparada se organiza en dos categorías, de acuerdo con las dos perspectivas de medición de la desigualdad: 1) distribución funcional del ingreso y 2) distribución del ingreso por familia/hogar o por persona. Luego de esta categorización, la información se sintetiza ubicando los temas: 1) medición, 2) fuente de datos y 3) principales hallazgos.

La presentación de los resultados de la revisión de literatura se organiza de la siguiente manera: En primer lugar, se expone un marco conceptual sobre la distribución del ingreso, con el propósito de situar en este marco las dos aproximaciones de medición. A continuación, se presenta una tabla comparativa que clasifica la literatura recopilada según el tipo de medición (ver tabla 1) para servir como punto de partida en el análisis de las aproximaciones. Posteriormente, cada enfoque se desarrolla detalladamente con el respaldo de la literatura que se centra exclusivamente en cuestiones metodológicas. Finalmente, se destacan los hallazgos clave de cada aproximación.

3. Aproximaciones para medir la desigualdad de ingresos

3.1. Fases de la distribución del ingreso3

La distribución del ingreso producida en la actividad económica puede comprenderse a partir de tres fases sucesivas: 1) generación, 2) apropiación y 3) redistribución (Mata et al., 2020; Trejos, 1983; Trejos, 1999). En la generación, los recursos se producen en el proceso económico para luego asignarse a los factores productivos de acuerdo a lo que les corresponde por su función y por las características del modo de producción. Los dos grandes factores productivos del capitalismo consisten en trabajo y capital. La utilización de cada uno en el proceso productivo y su precio en el mercado forman parte de los elementos que constituyen su remuneración. La distribución entre trabajo y capital se conoce como distribución funcional del ingreso.

En la segunda fase de apropiación, la remuneración destinada a los factores productivos es apropiada por las personas que representan el trabajo y el capital, así como por quienes son titulares de una transferencia. Esto último implica que, en esta fase, se desarrolla una acción redistributiva por parte del Estado. En correspondencia con lo anterior, en la apropiación se distinguen tres tipos de ingresos personales: de trabajo, de capital y de transferencia. El ingreso total de esta fase es menor al de la etapa de generación, pues no todos los recursos son dirigidos a sus propietarios. Las utilidades no distribuidas –que pueden utilizarse para la reinversión– y el impuesto a las sociedades de capital corresponden a ejemplos de ingresos que no se dirigen a sus propietarios. En esta fase la distribución se conoce como distribución personal del ingreso.

En la etapa de generación, los recursos percibidos se comprenden de manera colectiva o global en función de cada factor (utilización y precios), del desarrollo y del modelo económico. De esta manera, además de la utilización y precios, el ingreso recibido por el trabajo y el capital depende del nivel, el crecimiento y el ciclo económico, de la demanda agregada y de la dinámica distributiva de cada rama o sector de producción (Abeles et al., 2017; Alarco, 20144). En cambio, en la apropiación, al ser los ingresos individualizados (por persona), estos dependen de las características personales, de sus posesiones y del empleador (Mata et al., 2020). En este sentido, el salario está en función del trabajo para el Estado, para una empresa privada o para un hogar, del sexo y del nivel educativo, entre otras características individuales; el ingreso por propiedad del capital, conocido como “renta de capital”, depende del tamaño y características de los activos en posesión de sus dueños, por mencionar dos ejemplos.

En la última fase, la de redistribución, los ingresos personales se agrupan dentro del hogar de pertenencia. A estos se les incorporan otros recursos propios del hogar, como donaciones, becas, producción para el autoconsumo o trueque y el valor locativo de la vivienda (un ingreso agregado o “imputado” por habitar casa propia). En esta fase, el ingreso se encuentra en función del tamaño y composición del hogar, así como del tipo de recursos percibidos por sus integrantes, tales como salarios, alquileres, becas públicas o privadas, por mencionar tres casos. La redistribución considera los recursos totales de los hogares a modo de monto global, o estos pueden dividirse entre el tamaño del grupo familiar para dar lugar a un ingreso per cápita familiar. La distribución en esta etapa se conoce como distribución familiar del ingreso.

En síntesis, las fases de la distribución contemplan una primera dimensión en la cual los ingresos están ligados a la producción y se miden de manera agregada por cada factor productivo; una segunda dimensión en la cual las remuneraciones se vinculan directamente con las personas y sus características, como poseer activos o carecer de ellos, por mencionar dos casos opuestos; y una tercera dimensión que toma forma en los hogares y en la conjunción de los recursos percibidos por sus integrantes.

3.2. Aproximaciones para la medición de la desigualdad: Distribución funcional del ingreso y distribución del ingreso por familias/hogares o por persona

Las dos aproximaciones para medir la desigualdad, 1) distribución funcional del ingreso y 2) distribución del ingreso por familias/hogares o por persona, se ubican en las tres fases de la distribución del ingreso presentadas en la sección anterior, como enseguida se precisa. A continuación, se muestra una tabla que reúne a los principales autores que desarrollan estos enfoques:

La aproximación conocida como distribución funcional del ingreso se ubica en la fase de generación, y su fuente de datos proviene del Sistema de Cuentas Nacionales, lo que implica la utilización de información agregada, en particular de la medición del producto interno bruto (en adelante PIB) por el lado del pago a los factores productivos o método del ingreso. El PIB consiste en una estimación de la producción en un periodo determinado a partir del monto percibido por la venta de bienes y servicios. De acuerdo con el método del ingreso, el PIB se constituye al sumar las cuentas de: a) remuneraciones a los salarios, b) excedente bruto de explotación y c) los impuestos menos las subvenciones. Dentro de la cuenta “a)” se contabilizan los sueldos y los salarios que representan el ingreso del factor trabajo5, la cuenta “b)” registra la ganancia o el ingreso del factor capital6 y la cuenta “c)” representa lo apropiado por el Estado. La distribución entre trabajo y capital se calcula al realizar proporciones de la cuenta correspondiente sobre el PIB.

Al ubicarse en la fase de generación y al tener como fuente de datos una medición del producto (PIB), la distribución funcional permite medir el reparto primario entre el trabajo y el capital, lo que facilita acercarse al resultado de la pugna por el reparto del excedente entre clases sociales7 (Pérez-Sáinz, 2020); esto implica la ventaja de asumir un enfoque de economía política en el análisis distributivo que considere la interacción de clases. Asimismo, lo anterior tiene la virtud de introducir al análisis distributivo la relación, al menos agregada, entre clases de altos ingresos (propietarios de capital) y clases de bajos o ingresos medios, como es la clase asalariada, así como plantear un vínculo directo entre el reparto de ingresos y la producción medida por el PIB.

En América Latina, este enfoque de análisis perdió auge desde finales de los años sesenta debido a la relativa estabilidad de los salarios a lo largo del tiempo, lo que redundó en desinterés en continuar su estudio, y debido a la carencia de información producida por el Sistema de Cuentas Nacionales (Lindenboim, 2008). En el siglo XXI, la aproximación ha recobrado interés: ejemplos en esta dirección se pueden encontrar en Alarco (2014), Abeles et al. (2014) y Abeles et al. (2017). Esfuerzos recientes han incorporado el enfoque de economía política para el caso de Uruguay (Notaro, 2021) y de Bolivia (Escóbar de Pabón, 2020) (ver tabla 1).

La limitación principal de esta perspectiva es el carácter agregado de su fuente de datos y su imposibilidad para desagregar en microdatos. Tal es el caso de la población trabajadora, que es registrada por la cantidad de trabajos que ejerce y no por su condición de ocupada. Así, pese a que el ingreso se registra de manera unitaria, la cantidad de personas no; esto ocasiona que, al desagregarse el resultado, redunde en una mayor contabilización por persona. Otro cuestionamiento consiste en la dificultad para capturar adecuadamente el sector informal de la economía, el autoconsumo, el trueque y los pagos en especie o las actividades no remuneradas, como el trabajo de cuidado realizado en el hogar (Villatoro, 2015). Para aproximarse a la informalidad, las cuentas nacionales utilizan encuestas, como las de uso del tiempo; pero no en todos los países se realizan con el mismo nivel de profundidad, por lo que este registro se dificulta (CEPAL, 2016).

Otra debilidad de las cuentas nacionales radica en el uso de “métodos indirectos” para realizar estimaciones (Villatoro, 2015). Un ejemplo en esta dirección consiste en restar y sumar agregados, como el método de “residuales” y el de “flujo de mercancías”. Así, para aproximar el consumo agregado se restan otras formas de consumo doméstico, y para estimar el flujo de mercancías se suman las importaciones (CEPAL, 2016; Villatoro, 2015). Otro ejemplo de método indirecto es la incorporación de diversas fuentes de datos, como encuestas e información administrativa, para mejorar la captación del sector informal de la economía, como se menciona en el párrafo anterior. La estimación vía residuales y el trabajo con múltiples fuentes son cuestionados porque se arguye que su combinación puede inducir sesgos y errores a la estimación.

Los principales hallazgos de esta perspectiva sugieren que, después de un marcado aumento en los finales de los sesenta y principios de los setenta, la participación de los salarios en el PIB disminuyó de manera constante desde finales de los setenta hasta el año 2016 en América Latina (Alarco, 2014; CEPAL, 2019a), lo cual implica un aumento de la desigualdad entre trabajo y capital. Si solo se observan los años comprendidos entre el 2003 y 2016, es posible constatar un aumento irregular de la participación de las remuneraciones al trabajo. Este incremento destaca en Argentina (+15%), Uruguay (+3,6%), Costa Rica (+4,8%) y Brasil (+5%). Un comportamiento más irregular al alza, que suma disminuciones, lo muestran Honduras (+0,2%), Paraguay (+2,8%), Chile (+3%), Venezuela (+5,7%) y Nicaragua (+6,1%). En cambio, Colombia (-1,3%), El Salvador (-1,9%), México (-2,5%), Perú (-3,6%), Bolivia (-8,4%) y Panamá (-10,1%) muestran una reducción generalizada (CEPAL, 2019a, ver gráfico I.A1.1, p. 53)8.

El aumento de las remuneraciones como porcentaje del PIB y, por lo tanto, una disminución de la desigualdad con respecto al capital, en las décadas de los sesenta y setenta, se asocia con el periodo de industrialización sustitutiva de importaciones y con coyunturas de lucha política a favor de los trabajadores. En cambio, la disminución en la remuneración al factor trabajo percibida después de los años setenta se vinculan con condiciones del mercado laboral, como precarización y desempleo, así como con crisis económicas y con pérdida de poder de negociación de los trabajadores (Alarco, 2014; CEPAL, 2019a). Por su parte, el aumento irregular de la remuneración al factor trabajo con respecto al PIB entre el 2003 y 2016 se asocia con el crecimiento económico motivado por la venta de materias primas, aumento del salario mínimo, reducción de informalidad y mejora del poder de negociación de los trabajadores (Alarco, 2014; CEPAL, 2019a).

La segunda perspectiva de medición de la desigualdad por familias/hogares o por persona se ubica tanto en la segunda fase como en la tercera de distribución. Su ubicación en una u otra depende del enfoque de análisis: si se dirige a individuos y sus características personales, cabe en la segunda fase; si se ubica en el grupo familiar y en la suma de sus ingresos, cabe en la tercera. Dado lo anterior, resulta importante considerar que el análisis de la desigualdad salarial no es sinónimo del análisis de desigualdad del hogar. Esto porque el tipo de ingreso y la unidad de análisis puede diferir9. Como se ha mencionado, el salario depende del empleador y de otras características individuales, y es personal; en cambio, además del salario, los recursos del hogar tienen otras fuentes, como becas, donaciones o el valor imputado de la vivienda (un ingreso estimado por tener casa propia), por mencionar tres ejemplos, y depende de sus integrantes. Pese a las diferencias, dado que la principal fuente de recursos de los hogares son los salarios, la distribución del ingreso laboral explica cerca del 80% de la disparidad entre los hogares (Trejos y Gindling, 2004).

El instrumental estadístico utilizado por esta aproximación distributiva consiste en medidas de tendencia central y dispersión, indicadores resumen de la desigualdad como el coeficiente de Gini, el índice de Theil y la varianza logarítmica de los ingresos, por mencionar los indicadores más utilizados; también se utiliza la división de la distribución en cuantiles, como deciles o quintiles, y el índice de Palma, para observar la concentración de las partes baja, media y alta, y la relación entre estas; así como la utilización de ecuaciones de remuneración (regresiones) (Atuesta et al., 2018; Gasparini et al., 2013; Medina, 2001). Con este instrumental se describen las tendencias de corto y largo plazo, y se conocen las variables, o tipos de ingreso, que explican el comportamiento de la desigualdad bajo un foco centrado en los países y las comparaciones entre ellos. De manera reciente, en lugar de focalizar los países, se asume una perspectiva “global”, sin que esto signique un remplazo de la comparación entre países. Ver Milanovic (2006) y Amarante et al. (2016).

La principal fuente de información del enfoque por familia/hogar o por persona corresponde a los datos elaborados a partir de encuestas. El estudio distributivo con esta fuente de datos predomina en la literatura especializada. En la actualidad, de manera principal, pero no exclusiva, su foco de análisis se centra en la fase de redistribución al estudiar el ingreso per cápita familiar o del hogar (por persona). La medición con base en encuestas tiene las ventajas de realizar una representación de toda la población, tanto a nivel individual como grupal (hogar), y de abarcar la mayoría de fuentes de ingresos de la sociedad, tales como trabajo dependiente e independiente, formal o informal, diversas rentas de capital, trasferencias públicas y privadas como becas, subsidios o remesas, entre otras. Ejemplos en esta dirección corresponden a los trabajos de Trejos y Gindling (2004), López-Calva y Lustig (2011), Cortés y Vargas (2017) y Sánchez-Ancochea (2018) (ver tabla 1).

La limitación principal de este enfoque consiste en la dificultad de las encuestas por registrar los más bajos y altos ingresos. Las personas de bajos ingresos subdeclaran la cantidad o nivel de las trasferencias recibidas por temor a su restricción o cancelación o porque, al carecer de ingresos fijos, como muchas veces ocurre en el sector informal, se les dificulta llevar un registro mensual de sus ingresos, el cual muchas veces proviene de diversas fuentes y momentos del año (esto se denomina “subdeclaración” de la encuesta). Las personas de más altas rentas, al ser un grupo reducido de la sociedad, puede que el diseño de la muestra no las incorpore; es decir, no son encuestadas porque el diseño no las incorpora (esto se denomina “truncamiento” de la encuesta). También puede ocurrir que, aun siendo incorporadas al diseño, el lugar donde se ubican sus viviendas, como condominios cerrados, no permita encuestarlas; o puede suceder que, al ser encuestadas, reporten un nivel de ingresos menor para evitar fiscalizaciones tributarias o experimentar la delincuencia (otra forma de subdeclaración de la encuesta). Esto último, la no declaración por temor a la delincuencia puede ocurrir en todos los estratos de ingreso. El caso es que tal subregistro de ingresos implica una subestimación de la medición de la desigualdad. Los esfuerzos por mejorar la estimación enfatizan a la población de mayores recursos, pues se conoce que el problema de la desigualdad se encuentra en la parte alta de la distribución (Villatoro, 2015; Cortés y Vargas, 2017).

En América Latina, en procura de mejorar el registro de los ingresos, desde los años sesenta los datos de las encuestas se ajustan o se combinan con otras fuentes, como las cuentas nacionales o el uso de datos administrativos, tales como información tributaria y de la seguridad social, ajustados a dichas cuentas nacionales10 (Altimir, 1987; Altimir, 2013; Cortés y Vargas, 2017; CEPAL, 2019b). El procedimiento habitual de ajuste consiste en comparar los ingresos de las cuentas nacionales con los registrados por las encuestas, para calcular un coeficiente de ajuste, el cual es multiplicado por la información de encuestas con el objeto de aumentar sus cifras. Este procedimiento pone el foco en la subdeclaración y supone que la diferencia entre las cuentas nacionales y las encuestas se debe a un subregistro de esta última.

La metodología de ajuste más seguida en la región fue la sugerida por Altimir (1987), en la cual la modificación se realizaba por tipo de ingreso, en relación al promedio de ambas fuentes de datos, y con un ajuste especial para las rentas de capital ubicadas en el quintil superior11. En la región, las maneras de utilizar este tipo de procedimientos son diversas: en el caso de Costa Rica, durante 1987 al 2009 el ajuste se realizó al ingreso per cápita familiar con diferencias entre zona rural y urbana, mientras que desde el 2010 se aplica por tipo de ingreso a los salarios, la renta independiente y la proveniente por propiedad del capital (Fernández y Jiménez, 2018). En el caso de México, las investigaciones incluyen el ajuste por truncamiento en las encuestas; de esta manera, se ajustan por subestimación los deciles del 5 al 10 y luego se introducen a la encuesta observaciones externas (ajuste por truncamiento) en los percentiles superiores, como el ingreso de las personas con mayor riqueza, de acuerdo con Forbes (Cortés y Vargas, 2017).

Durante el siglo XXI, los principales hallazgos de esta aproximación dan cuenta de una reducción de la desigualdad medida por el coeficiente de Gini para la mayoría de países de América Latina a contrapelo de lo ocurrido en los años ochenta y noventa, con la excepción del caso de Costa Rica, que muestra una tendencia constante al crecimiento (CEPAL, 2019a; Gasparini, 2019; Trejos y Oviedo, 2012). Los casos de Guatemala y Républica Dominicana pueden parecer excepciones (Trejos y Oviedo, 2012); sin embargo, esto depende del año inicial y final observado, así como de los datos disponibles, pues su tendencia de largo plazo muestra disminuciones, al igual que la tedencia de América Latina (CEPAL, 2019a; Gasparini, 2019). Esta disminución del Gini ocurrió con mayor fuerza del 2002 al 2012 y, con un ritmo menor, del 2012 al 2017 (Gasparini, 2019). Los países que destacan con mayor disminución corresponden con Bolivia (-0,174), El Salvador (-0,109), Perú (-0,105), Argentina (-0,102), Guatemala (-0,101) y Uruguay (-0,083) (CEPAL, 2019a, ver anexo I.A1, cuadro I.A.1.1, p. 73).

En las décadas de los ochenta y noventa el incremento de la disparidad se asocia con crisis económicas, deterioro del mercado laboral, reducción del Estado, privatizaciones, la apertura comercial, el avance tecnológico y el subsecuente premio a los trabajadores calificados (Gasparini y Lustig, 2011; Cornia, 2012; López-Calva y Lustig; 2015; Gasparini, 2019). En cambio, la disminución de la desigualdad en los años 2000 se vincula con la estabilización de la economía y la estabilización de los procesos de privatización/apetura comercial, así como con un crecimiento económico sostenido impulsado por la venta de materias primas; una reducción al premio de los trabajadores calificados vía mejor distribución de la educación y una mejora del salario de los trabajadores no calificados junto con un fortalecimiento de las organizaciones de trabajadores; y se asocia con la adopción de políticas redistributivas (Cornia, 2012; Gasparini y Lustig, 2011; López-Calva y Lustig; 2015; Sánchez-Ancochea, 2018; Gasparini, 2019).

Costa Rica experimentó la tendencia a reducir la disparidad solo del año 2002 al 2005, para después aumentar y mantener su grado. Si se focaliza en la fase tres de redistribución y se utiliza el ingreso per cápita del hogar, el aumento de la desigualdad se asocia de manera principal, pero no exclusiva, con los ingresos de los trabajadores calificados del sector público y privado, las ganancias de los empleadores y las rentas de capital (Trejos y Oviedo, 2012); si se focaliza en la fase dos de distribución por persona y se utilizan los ingresos del trabajo (desigualdad de ingresos laborales), puede recordarse que este explica cerca del 80% del ingreso del hogar; el deterioro distributivo se vincula con las diferencias en las horas trabajadas, distinciones entre el sector público y privado, y el tamaño de la empresa para la cual se labora (Fernández, 2016)12.

Una variante de la aproximación de medición por familia/hogar o por persona es la de altas rentas o top income shares, la cual se enfoca en los individuos, por lo que se ubica en la segunda fase de apropiación. Esta perspectiva –que ha sido promovida, principalmente, por Piketty (2003) y Atkinson (2007), y ha tenido su correlato en la región latinoamericana– explora los altos ingresos bajo la medida del 1% superior y analiza su impacto en la desigualdad medida por el coeficiente de Gini a base de encuestas, y triangula tres fuentes de información: datos administrativos típicamente tributarios, encuestas y cuentas nacionales. Ejemplos en esta dirección se encuentran en Alvaredo (2010), López et al. (2013) y Burdín et al. (2014), entre otros (ver tabla 1). Su punto de partida es el interés por la influencia que tienen en la sociedad las personas de más altas rentas, la cuales se consideran con la capacidad de influir en la orientación de la sociedad (Atkinson, 2007). Metodológicamente, el enfoque parte de la limitación de las encuestas por registrar esta parte de la población. Para acercarse a estos, se recurre a las declaraciones de impuestos como fuente de información principal.

La metodología más extendida en América Latina para realizar esta estimación consiste en producir una fracción que contenga en el numerador los datos tributarios y en el denominador información de cuentas nacionales13. Para el numerador, esto significa elaborar una distribución con microdatos de declaraciones de impuestos o, si la información es tabulada o agregada, realizar la metodología de la interpolación de Pareto para aproximar la participación requerida (esta es una técnica que permite identificar el ingreso mínimo necesario para pertenecer al 1% de mayores ingresos). Para el denominador, implica producir un ingreso de control a partir de las cuentas nacionales que tenga relación con el numerador, sea con el uso directo de la cuenta de hogares o sustrayendo e incorporando cuentas para aproximar un ingreso del hogar; también se elabora una población de control, para relacionar la cantidad de contribuyentes con la población en edad de generar ingresos. Luego, la parte apropiada por el 1% superior se le incorpora al Gini para estimar los cambios en la desigualdad al considerar a la población de más altos ingresos.

Una ventaja de esta perspectiva radica en que la fuente de datos comprende una declaración de ingresos exigida por ley, a diferencia de una encuesta, en la cual se puede omitir este tipo de información. Otra virtud es que estas declaraciones las realizan individuos que ejercen de manera directa actividades productivas, las cuales serían difíciles de registrar por otros medios (como las encuestas). Una de sus limitaciones radica en el incumplimiento tributario, lo cual implica que una parte de estos ingresos no se declara, y el subregistro de renta es una realidad con esta población. Otra restricción es que, para reducir el efecto del fraude fiscal y para permitir la comparabilidad internacional, solo se analizan ingresos antes de impuestos, con lo cual se dificulta percibir la acción de la política fiscal en la redistribución de ingresos. Finalmente, otra limitación para el caso latinoamericano consiste en que en algunos países, como México, la información tributaria de los contribuyentes no se hace pública ni de manera anonimizada (ver Campos-Vázquez et al., 2018).

Los principales hallazgos de esta perspectiva muestran, para los países en que existe medición, el comportamiento del porcentaje de apropiación del 1% superior (población de mayores ingresos), el cual se resume a continuación:

Cuando el porcentaje de apropiación del 1% superior a base de datos administrativos se incorpora al coeficiente de Gini medido con encuestas, el indicador aumenta. Esto implica al menos dos cosas: 1) la información de encuestas no capta apropiadamente el ingreso de quienes más concentran y 2) la caída en la desigualdad medida a base de encuestas, mencionada anteriormente, resulta menor cuando se incorporan datos administrativos de índole tributaria (Gómez y Rossignolo, 2015).

4. Balance e implicaciones de política

Lo discutido en este artículo permite señalar elementos que contribuyen a clarificar y delimitar las maneras en las cuales se mide la desigualdad, sus características, principales hallazgos e incluso repensar la posibilidad de integrar aproximaciones, como enseguida se menciona. En primer lugar, las dos aproximaciones de medición (distribución funcional del ingreso y medición por familia/hogar o por persona) se ubican en las tres fases de distribución: generación, apropiación y redistribución. La primera en la generación y la segunda en la apropiación y/o redistribución. La primera perspectiva expresa el reparto del ingreso agregado entre trabajo y capital sobre el PIB a base de cuentas nacionales. La segunda estima la desigualdad enfocada en las familias o personas y sus múltiples fuentes de ingreso a partir de encuestas. La variante de la segunda aproximación (top income shares) se ubica en los individuos, y mide la partición del 1% superior (las personas de mayores ingresos) y su impacto en la desigualdad a base de la combinación de tres fuentes de información, en la que destaca la información tributaria.

En segundo lugar, dado que las aproximaciones de análisis dan cuenta de tres fases de la distribución, su integración puede profundizar las interpretaciones sobre la desigualdad. La investigación distributiva en los años cincuenta y sesenta, e incluso en los noventa, promovía la integración de aproximaciones. Ejemplos en esta dirección para los años cincuenta y noventa se pueden ver en Trejos (1999) y CEPAL (1968) (ver tabla 1), sin contar con la aproximación de altos ingresos que prolifera en los primeros años del presente siglo por los trabajos de Piketty (2003) y Atkinson (2007), principalmente. Entonces, una posibilidad para el análisis de la desigualdad es retomar estos esfuerzos de conjunción.

Si se integran los hallazgos de las aproximaciones desarrolladas en este artículo, la interpretación de la desigualdad para el siglo XXI sugiere lo siguiente: el enfoque por familia/hogar o por persona a partir del ingreso per cápita familiar y el coeficiente de Gini a base de encuestas indica una disminución de la inequidad en América Latina para 16 de los 18 países que cuentan con datos. Puede recordarse que las encuestas afrontan dificultades para registrar a la población de más altos ingresos. La aproximación de renta alta o top income shares indica que, si los ingresos de esta población se aproximan a base de datos tributarios y cuentas nacionales, la caída de la desigualdad resulta menor. Esto último ocurre para Colombia, Chile, Brasil, México, Argentina y Uruguay, países para los cuales existe estimación.

En su lugar, la distribución funcional del ingreso no es tan clara en señalar una mejora en la desigualdad. Para esta perspectiva, de los países con este cálculo, el aumento en la participación del salario en el PIB y, por tanto, una mejora en la distribución, ocurre de manera constante solo en 4 países, mientras otros 5 experimentan incrementos y reducciones, y otros 6 pierden participación (incremento de desigualdad). Entonces, si bien la disparidad cae en la región medida con encuestas y, en menor grado, con datos administrativos, la distribución funcional indica que la mejora distributiva no necesariamente ha significado una apropiación equitativa entre trabajo y capital, tal como también sugieren Abeles et al. (2014). Dos ejemplos ilustran lo anterior: si bien Bolivia y El Salvador reportan mejoras en el coeficiente de Gini del ingreso familiar per cápita a base de encuestas, las remuneraciones a los salarios han perdido participación en el PIB. Esto puede significar que la mejora distributiva ocurre de manera principal entre la población trabajadora (recuérdese la limitación de las encuestas para registrar los ingresos más altos), mientras la distribución entre trabajo y el capital se ha deteriorado, como también arguye Escóbar de Pabón (2020).

En tercer lugar, las tres principales fuentes de información para las aproximaciones de medición corresponden a encuestas, cuentas nacionales y datos administrativos típicamente tributarios. La principal fuente de información consiste en las encuestas, cuyas ventajas y limitaciones se asocian con su capacidad de cobertura, la cual abarca a toda la población y sus fuentes de ingreso, con el subregistro y truncamiento de las personas de más bajos y altos ingresos. Esto último implica un subregistro de ingresos y, por lo tanto, una subestimación de la desigualdad. En este sentido, debe considerarse que cualquier registro sobre ingresos presenta dificultades, por su imposibilidad de desagregación o de, en algunos casos, captar adecuadamente el sector informal, como es el caso de las cuentas nacionales; o dificultades de registro por evasión fiscal, como en las declaraciones de impuestos. Considerando lo anterior, el análisis distributivo podría recuperar su noción de integración de fuentes para mejor la estimación de la desigualdad. La aproximación de altos ingresos resulta en un nuevo ejemplo para recuperar esta práctica.

Por último, para las dos aproximaciones de medición, los motivos de la disminución de la desigualdad permiten dilucidar políticas públicas en torno a su reducción. Por una parte, la distribución funcional del ingreso muestra que políticas sobre el mercado laboral para reducir la informalidad, aumentar el salario mínimo y fortalecer las organizaciones de trabajadores permiten generar equidad en la distribución. Del mismo modo, la aproximación de la distribución por familia/hogar o por persona a base de encuestas sugiere que, además de los elementos de política mencionados anteriormente sobre el mercado de trabajo, una mejor distribución de la educación y la implementación de políticas de redistribución del ingreso, como las transferencias monetarias condicionadas y no condicionadas, puede reducir la disparidad en los ingresos.

Por su parte, la variante top income shares demuestra que, al incluir información tributaria en el estudio de la desigualdad, esta puede aumentar. Si bien el incremento significa una mejora en la medición debido a la incorporación de declaraciones de impuestos y no implica un impacto directo de la política fiscal en la desigualdad, el uso de información tributaria puede colaborar en plantear la relevancia de la política fiscal en la redistribución del ingreso. Pues, si la política fiscal es progresiva, es decir, si grava a los de ingresos más altos de acuerdo a su nivel, puede contribuir a generar equidad. En contraste, si es regresiva –esto es, grava proporcionalmente de manera similar a todos los ingresos sin considerar diferencias–, puede exacerbar la desigualdad, debido a que las personas de más bajos ingresos terminarían pagando una proporción mayor de sus recursos en impuestos. De esta manera, una política fiscal progresiva puede contribuir a que las declaraciones de impuestos, que sirven de base para la medición, muestren distribuciones de ingresos más equitativas.

Referencias

Abeles, M., Amarante, V. y Vega, D. (2014). Participación del ingreso laboral en el ingreso total de América Latina, 1990-2010. Revista CEPAL 114, 31-52. https://www.cepal.org/es/publicaciones/37435-participacion-ingreso-laboral-ingreso-total-america-latina-1990-2010

Abeles, M., Arakaki, A. y Villafañe, S. (2017). Distribución funcional del ingreso en América Latina desde una perspectiva sectorial. Serie estudios y aproximaciones (53). Buenos Aires: CEPAL. https://www.cepal.org/es/publicaciones/41786-distribucion-funcional-ingreso-america-latina-perspectiva-sectorial

Alarco, G. (2014). Participación salarial y crecimiento económico en América Latina, 1950 - 2011. Revista CEPAL, 113, 43-60. https://www.cepal.org/sites/default/files/publication/files/36958/RVE113Alarco.pdf

Altimir, O. (1987). Income Distribution Statistics in Latin America and Their Reliability. Review of Income and Wealth (ROIW), 33(2), 111-155. http://www.roiw.org/1987/111.pdf

Altimir, O. (2013). Indicadores de desigualdad de mediano plazo en América Latina. Documentos de proyecto de la CEPAL. Santiago: Naciones Unidas. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/4095/1/S2013244_es.pdf

Alvaredo, F. (2010). The rich in Argentina over the Twentieth Century, 1932-2004. En A. Atkinson y T. Piketty (eds.), Top Incomes in over the Twentieth Century. A global Perspective (Vol. II, págs. 253-298). Oxford University Press.

Alvaredo, F. y Londoño, J. (2013). High incomes and personal taxation in a developing economy: Colombia 1993-2010. CEQ Working Paper, No. 12. https://wid.world/document/alvaredo-facundo-and-londono-velez-juliana-2013-high-incomes-and-personal-taxation-in-a-development-economy-colombia-1993-2010-ceq-working-paper-12/

Amarante, V. y Jiménez, J. P. (2015). Desigualdad, concentración y rentas altas en América Latina. En: J. P. Jiménez (ed.). Desigualdad, concentración del ingreso y tributación sobre altas rentas en América Latina (págs. 13-48). Santiago: Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/37881-desigualdad-concentracion-ingreso-tributacion-altas-rentas-america-latina

Amarante, V., Galván, M. y Mancero, X. (2016). Desigualdad en América Latina: Una medición global. En Revista CEPAL, (118), 27-47. https://www.cepal.org/es/publicaciones/40024-desigualdad-america-latina-medicion-global

Arias, R., Sánchez, L. y Sánchez, R. (2011). Análisis de la desigualdad socioeconómica en Costa Rica. Economía y Sociedad, 16(39-40), 73-107. https://www.revistas.una.ac.cr/index.php/economia/article/view/4902/4715

Atkinson, A. B. (2007). Measuring Top Incomes: Methodological Issues. En: A. B. Atkinson y T. Piketty (eds.), Top Incomes over the Twentieth Century: A Contrast Between European and English-Speaking Countries (págs. 18-42). Oxford University Press.

Burdín, G., Esponda, F. y Vigorito, A. (2014). Desigualdad y altos ingresos en Uruguay: Un análisis en base a registros tributarios y encuestas de hogares para el periodo 2009-2011. Informe Final, Montevideo: Instituto de Economía (FCEA-UdelaR).

Campos-Vázquez, R. M., Chávez, E. y Esquivel, G. (2018). Estimating Top Income Shares Without Tax Return Data: Mexico Since the 1990s. Latin America Policy, 9(1), 139-163. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/lamp.12143

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL] (1968). Desarrollo económico y la distribución del ingreso en la Argentina. Nueva York: ONU. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/29225/S6800630_es.pdf

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL] (2016). Sistema de Cuentas Nacionales 2008. Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Naciones Unidas y Banco Mundial. https://www.cepal.org/sites/default/files/document/files/sna2008_web.pdf

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL] (2018). Medición de la pobreza por ingresos: actualización metodológica y resultados. Santiago: Naciones Unidas. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/44314/1/S1800852_es.pdf

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL] (2019a). Panorama social de América Latina y el Caribe, 2018. Santiago: Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/44395-panorama-social-america-latina-2018

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL] (2019b). Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2019. Santiago: Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/44969-panorama-social-america-latina-2019

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL] (2021). Panorama Social de América Larina y el Caribe, 2020. Santiago: Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/46687-panorama-social-america-latina-2020

Cornia, G. A. (2012). Inequality Trends and their Determinants: Latin America over 1990-2010. Working Paper No. 2012/09. Helsinki: UNU-WIDER. https://www.wider.unu.edu/publication/inequality-trends-and-their-determinants

Cortés, F. y Vargas, D. (2017). La evolución de la desigualdad en México: Viejos y nuevos resultados. Revista de Economía Mexicana: Anuario UNAM, (2). http://www.economia.unam.mx/assets/pdfs/econmex/02/02CortesVargas.pdf

Cortés , F. (2018). Desigualdad en el ingreso en México, 1963 - 2014. En: M. Puchet Anyul, y A. Puyana Mutis (eds.), América Latina en la larga historia de la desigualdad (119- 146). México: FLACSO.

Escóbar de Pabón, S. (2020). Desigualdad de excedente en el mercado de trabajo: Condiciones de explotación y precariedad laboral en Bolivia. Serie: Desigualdades y pobreza multidimencional. Enfoques, aproximaciones y situaciones, 113-136. La Paz: CEDLA. https://cedla.org/publicaciones/obess/serie-desigualdades-y-pobreza-multidimensional-enfoques-aproximaciones-y-situaciones/

Fairfield, T. y Jorratt De Luis, M. (2015). Top Income Shares, Business Profits, and Effective Tax Rates in Contemporary Chile. Review of Income and Wealth (ROIW), 61, 1-25. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1111/roiw.12196

Fernández, A. (2016). Desigualdad de ingresos en Costa Rica a la luz de las Encuestas Nacionales de Ingresos y Gastos de los Hogares 2004 y 2013. Revista CEPAL, (119), 149-165. https://www.cepal.org/es/publicaciones/40398-desigualdad-ingresos-costa-rica-la-luz-encuestas-nacional-ingresos-gastos

Fernández, A. y Jiménez, R. (2018). La tendencia de largo plazo de la pobreza en Costa Rica: 1987-2017 ¿Se ha reducido la pobreza en Costa Rica en las últimas décadas?. San José: Academia de Centroamérica. https://www.academiaca.or.cr/wp-content/uploads/2018/10/La-tendencia-a-largo-plazo-de-la-pobreza-en-Costa-Rica.pdf

Gasparini, L. y Lustig, N. (2011). The rise and fall of income inequality in Latin America. Documentos de Trabajo del CEDLAS Nro. 118. La Plata, Argentina: CEDLAS. https://www.cedlas.econo.unlp.edu.ar/wp/wp-content/uploads/doc_cedlas118.pdf

Gasparini, L., Cicowiez, M. y Sosa Escudero, W. (2013). Pobreza y desigualdad en América Latina: Conceptos, herramientas y aplicaciones. Buenos Aires: Temas Grupo Editorial. https://www.cedlas.econo.unlp.edu.ar/wp/wp-content/uploads/Pobreza_desigualdad_-America_Latina.pdf

Gasparini, L. (2019). La desigualdad en su Laberinto: Hechos y aproximaciones sobre desigualdad de ingresos en América Latina. Documentos de Trabajo del CEDLAS Nro. 256. La Plata, Argentina: CEDLAS. https://www.cedlas.econo.unlp.edu.ar/wp/wp-content/uploads/doc_cedlas256.pdf

Ham, A. (2011). La distribución del ingreso en Honduras: Un análisis de las principales tendencias desde los años 1990. Revista Centroamericana de Ciencias Sociales, 8(2), 123-165. https://flacso.or.cr/publicaciones/revista-centroamericana-de-ciencias-sociales-no-2-vol-viii-diciembre-2011/

Jiménez , J. P. y Rossignolo, D. (2019). Concentración del ingreso y desigualdad en América Latina. El caso argentino. Buenos Aires: CECE. http://fcece.org.ar/wp-content/uploads/informes/concentracion-ingreso-desigualdad-america-latina.pdf

Krozer, A., Garry, S. y Moreno-Brid, J. C. (2020). Minimum wages and inequality in Mexico: An example (not) to follow. En: PB. Anand, S. Fennell y F. Com (eds.), Handbook of BRICS and Emerging Economies (573-595). Oxford University Press. https://academic.oup.com/book/33547/chapter-abstract/287923224?redirectedFrom=fulltext

Lindenboim, J. (2008). Distribución funcional del ingreso, un tema olvidado que reclama atención. Problemas del desarrollo: Revista latinoamericana de economía, 39(153). https://www.probdes.iiec.unam.mx/index.php/pde/article/view/7711/7186

López-Calva, L. y Lustig, N. (2011). La disminución de la desigualdad en América Latina: Cambio tecnológico, educación y democracia. En: L. López-Calva, y N. Lustig (eds.), La disminución de la desigualdad en América Latina, ¿un decenio de progreso? (10-42). Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

López, R., Figueroa, E. y Gutiérrez, P. (2013). La ‘parte del león’: Nuevas estimaciones de la participación de los súper ricos en el ingreso de Chile. Serie de documentos de trabajo-SDT 379. http://econ.uchile.cl/uploads/publicacion/306018fadb3ac79952bf1395a555a90a86633790.pdf

Mata, C., Oviedo, L. y Trejos, J. D. (2020). Anatomía de la desigualdad del ingreso en Costa Rica pre COVID-19. Informe del Estado de la Nación en Desarrollo Sostenible 2020. San José: CONARE/PEN. https://repositorio.conare.ac.cr/bitstream/handle/20.500.12337/8015/Mata_C_Anatomia_desigualdad_ingreso_CR_Covid19_2020.pdf?sequence=3&isAllowed=y

Medina, F. (2001). Consideraciones sobre el índice de Gini para medir la concentración del ingreso. Serie estudios estádisticos y prospectivos, 1-43. Santiago: Naciones Unidas. https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/2203eb76-e791-4b0b-aa8f-7791b1711a85/content

Milanovic, B. (2006). La desigualdad mundial de la renta: Qué es y por qué es importante. En Principios, (5), 35-56. https://www.researchgate.net/publication/28246808_La_desigualdad_mundial_de_la_renta_Que_es_y_por_que_es_importante

Montes, B. A., Mancero, X. y Tromben Rojas, V. (2018). Herramientas para el análisis de las desigualdades y del efecto redistributivo de las políticas públicas. Documentos de Proyecto. Santiago: Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/43678-herramientas-analisis-desigualdades-efecto-redistributivo-politicas-publicas

Notaro, J. (2021). Los ingresos del trabajo asalariado y del capital. Uruguay, 2008-2014. En: J. Geymonat (ed.), Los de arriba: Estudios sobre riqueza en Uruguay (29-42). Montevideo: FUCVAM. https://coprofam.org/wp-content/uploads/2021/05/Los-de-arriba-Estudios-sobre-la-riqueza-en-Uruguay.pdf

Pérez-Sáinz, J. P. (2012). Exclusión social. Una propuesta crítica para abordar las carencias materiales en América Latina. En: J. P. Pérez Sáinz (ed.), Sociedades fracturadas: la exclusión social en Centroamérica (11-47). San José: FLACSO. https://flacso.or.cr/publicaciones/sociedades-fracturadas-la-exclusion-social-en-centroamerica/

Pérez-Sáinz, J. P. (2020). Los retos análiticos de las desigualdades. Reflexiones desde América Latina. Serie: Desigualdades y pobreza multidimencional. Enfoques, aproximaciones y situaciones, 17-41. La Paz: CEDLA. https://cedla.org/publicaciones/obess/serie-desigualdades-y-pobreza-multidimensional-enfoques-aproximaciones-y-situaciones/

Piketty, T. (2003). Income Inequality in France, 1901-1998. Journal of Political Economy, 111(5), 1004-1042. http://piketty.pse.ens.fr/fichiers/public/Piketty2003b.pdf

Puchet, M. y Puyana, A. (2018). La larga historia de la desigualdad: efectos, causas y políticas para enfrentarla. En: M. Puchet Anyul y A. Puyana Mutis (eds.), América Latina en la larga historia de la desigualdad (19-36). México: FLACSO.

Rossignolo, D., Oliva , N. y Villacreses, N. (2016). Cálculo de la concentración de los altos ingresos sobre la base de datos impositivos: Un análisis para el Ecuador. Santiago: Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/40925-calculo-la-concentracion-altos-ingresos-la-base-datos-impositivos-un-analisis

Sánchez-Ancochea, D. (2018). ¿Hacia una América Latina menos desigual? Reflexiones después de una década de éxito. En: M. Puchet Anyul, y A. Puyana Mutis (eds.), América Latina en la larga historia de la desigualdad (95-117). México: FLACSO.

Trejos, J. D. (1983). Las políticas de distribución y redistribución del ingreso en Costa Rica en la década de los años setenta. Serie de Divulgación Económica No 2. San José: IICE-UCR.

Trejos, J. D. (1999). Reformas económicas y distribución del ingreso en Costa Rica. Serie Reformas Económicas 37 CEPAL. https://www.cepal.org/sites/default/files/publication/files/7497/S9900045_es.pdf

Trejos, J. D. y Gindling, T. H. (2004). La desigualdad en Centroamérica durante el decenio de 1990. Revista de la CEPAL, (84), 177-198. https://www.cepal.org/es/publicaciones/10983-la-desigualdad-centroamerica-durante-decenio-1990

Trejos, J. D. y Oviedo, L. Á. (2012). Cambios en la distribución del ingreso familiar en Costa Rica durante la primera década del siglo XXI. Ciencias Económicas, 30(2), 9-29. https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/economicas/article/view/8005/7625

Villatoro, P. (2015). Ajuste de los ingresos de las encuestas a las cuentas nacionales: Una revisión de la literatura. Serie estudios estádisticos, 2-23. https://www.cepal.org/es/publicaciones/37957-ajuste-ingresos-encuestas-cuentas-nacionales-revision-la-literatura

Licencia Creative Commons BY-NC-ND 3.0 Costa Rica


1 El autor agradece al Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica el apoyo y financiamiento de esta investigación (proyecto número C0729-21).

2 Actualmente es investigador independiente. Posee un título de Máster en Comunicación y Desarrollo por la Universidad de Costa Rica (UCR) y un Bachillerato en Economía por la Universidad Nacional, Costa Rica. l.ramirez.08@gmail.com

3 Esta sección se basa en los trabajos de Mata et al. (2020), Trejos (1983) y Trejos (1999).

4 Alarco (2014) también sugiere que existe evidencia para determinar que la participación de los salarios influye en el PIB; esto ocurriría, fundamentalmente, a partir del impulso a la demanda, aunque cada vez menos conforme se adentra en el siglo XXI. De esta manera, el PIB influye en la porción de la remuneración al salario, y esta porción del salario influye al PIB.

5 También se contabilizan las contribuciones sociales de los empleadores con respecto al salario. De esta manera, las remuneraciones a los salarios se constituyen al sumar las cuentas de sueldos y salarios y dichas contribuciones sociales.

6 Algunos Sistemas de Cuentas Nacionales también contabilizan la cuenta de ingreso mixto, la cual hace referencia al ingreso por trabajo independiente que, por la participación de los propietarios del capital en la actividad productiva, no se puede diferenciar entre un salario y una ganancia.

7 Para Pérez-Sáinz (2012; 2020), la pugna por el excedente entre clases sociales ocurre en el campo de explotación y en el campo de acaparamiento de oportunidades de acumulación. Estas pugnas explican las causas de la desigualdad de excedente.

8 El aumento o la disminución de la participación del salario en el PIB depende del año inicial y final que se tomen en consideración, así como del tratamiento de los datos y la metodología utilizada (también ocurre de manera similar para la otra aproximación de medición por familia/hogar o por persona). Esto da lugar a resultados distintos y, algunas veces, contradictorios. CEPAL (2019a) destaca el aumento en la participación salarial de manera generalizada en los países; en cambio aquí se toma la decisión de diferenciar entre crecimientos constantes e irregulares, pues en algunos otros estudios que consideran otros periodos de análisis y otras metodologías se llega a conclusiones disímiles. En este sentido, el trabajo de Abeles et al. (2014) constata más bien una caída generalizada de la partición salarial, mientras CEPAL (2019a) aduce lo contrario; asimismo, Alarco (2014) indica una disminución de la remuneración del trabajo en Honduras, mientras CEPAL (2019a) destaca su crecimiento.

9 También puede diferir la desigualdad intra-hogar, es decir, la asignación de recursos dentro del hogar puede ser desigual, por temas de género, por la cantidad de integrantes en edad no económicamente activa y por cuestiones de poder.

10 En la región, antes de que se produjeran encuestas de hogares, se realizaban estimaciones del ingreso a base de “multifuentes”, como las arriba señaladas; pero estas siempre guardaban correspondencia con las cuentas nacionales, por lo que no se trabajaban de manera independiente (Altimir, 1987; Altimir, 2013).

11 Este procedimiento de ajuste fue utilizado por la CEPAL hasta el año 2015 para luego dejar de hacer ajustes a las encuestas (CEPAL, 2018; CEPAL, 2019b). Los motivos para que CEPAL abandonara dicho procedimiento radican en las limitaciones anteriormente señaladas de las cuentas nacionales y en la premisa de que los países han mejorado la manera de aplicar las encuestas, lo que supone una mejor captación de la información (CEPAL, 2018).

12 Con base en una encuesta diferente a la utilizada por Fernández (2016), Fernández y Del Valle (2011) sugieren que la desigualdad de ingresos laborales en Costa Rica medida por el coeficiente de Gini se reduce muy levemente del 2001 al 2009 de 0,460 a 0,456. Esa disminución de tan solo 0,004 (4 milésimas) podría sugerir más bien un comportamiento constante de la desigualdad.

13 Otra metodología para estimar la participación del 1% superior consiste en utilizar las encuestas como base, modificable de acuerdo a la información administrativa, típicamente tributaria. Se realizan ajustes por subestimación y truncamiento. Algunos aspectos de metodología son los siguientes: en el cálculo solo se incluyen las personas adultas (no se trabaja con todos los miembros del hogar), se utilizan ingresos netos y brutos y se trabaja en una armonización de las diferentes fuentes. La construcción de esta base de datos se conoce como “distributional national accounts” (DINA); ver Blanchet et al. (2021).