I.
Punto de encuentro: El fundamento
“Si el patriarcado fuese de origen natural
no necesitaría narrar sus fundamentos”.
Rita Segato.
Desde el Seminario Permanente de la Asociación de Filosofía y Liberación mujeres Latinoamérica se han sumado esfuerzos para juntas volver la mirada desde la Erótica de la Liberación a los fundamentos del Patriarcado, partiendo de la premisa: el patriarcado no es natural, sino histórico-cultural, sus fundamentos (que se han ido rastreando) reposan en la milenaria ontología patriarcal que ha estado puesta debajo de todos los campos en los que se desarrolla la vida misma. Pero, esta comprensión del ser está situada en el marco de experiencia histórica de la hegemonía masculina que ha traído una organización de la actividad social según el género y, asimismo, configura la forma de ser, estar e interactuar con el sistema instrumental y relacional.
Asimismo, se coincidió en que para situar el tema de la Erótica de la Liberación hay que ir más allá de los postulados clásicos esbozados por Enrique Dussel en 1980 en Liberación de la mujer y Erótica Latinoamericana (publicado en Bogotá por la editorial ya inexistente: Nueva América), en donde el filósofo argentino-mexicano plantea cuál es el ser de la mujer, esto debido a que en esas etapa Dussel estaba inmerso en el método fenomenológico y en la metafísica levinasiana, de ahí que su problema se exprese desde un horizonte fenomenológico. Para tal emprendimiento el filósofo rastrea brevemente cómo se ha comprendido el ser de la mujer en la historia de la filosofía y, a partir de allí, esboza las cuatro formas del ser de la mujer oprimida como: madre, objeto sexual, por realización del varón y ama de casa. No me detendré en esto, puesto que hace algunos años lo tuve como objeto de estudio en el que la conclusión fue: no se puede comprender el ser de una sujeta que nunca ha sido[1]. No obstante, las razones para no retardarnos aquí son: primero, porque ahora creo que metodológicamente partía de un error: asumir el postulado de la esencia o el ser de la mujer, ya el existencialismo nos había abierto un camino sobre el tema de la existencia y la esencia; segundo, el tema hunde sus raíces en fundamentos históricos y culturales, lo que quiere decir que es una construcción social y no solamente metafísica.
Por lo dicho anteriormente, el tema de la erótica debe ser repensado desde el sistema mismo de la Filosofía de la Liberación, pero más allá del mismo. Por ello, de la Filosofía de la Liberación solo se utilizarán las categorías del marco conceptual de la Política de la Liberación, el método de la analéctica y los principios éticos en pro de proponer la subsunción de estos al campo erótico, por primera vez.
II. Inicio del recorrido: Campo Erótico
“Los padres blancos nos dicen: pienso, luego existo;
Pero la madre negra, la que llevamos dentro -la poeta- nos susurra en sueños:
Siento, luego puedo ser libre.”
Audre Lorde.
¿Qué es el campo erótico y qué implicaciones tiene su interpretación? El campo erótico no se agota en la cuestión de la mujer, ni en la relación cara-a-cara del varón y la mujer (términos dusselianos de los 80’s), por el contrario, es un campo aún más amplio. Audre Lorde en 1995 escribe The power of the Erotic un ensayo publicado en Sister outsider, se propone develar el poder como fuerza que se halla en lo erótico como recurso interior que es profundamente femenino y espiritual, debido a que está enraizado en los sentimientos que quieren expresarse, pareciese que la autora está entendiendo por esto una pulsión, en sus palabras: “Cuando hablo de lo erótico, entonces, hablo de una afirmación de la fuerza de vida de las mujeres, de aquella poderosa energía creativa cuyo conocimiento y uso estamos reclamando en nuestro lenguaje, en nuestra historia” (Lorde, 2016, p. 13). Según Lorde, la opresión se perpetua mediante la distorsión que se hace de las fuentes de poder tales como: la erótica, porque lo erótico manifiesta un aliento vital, un querer desde la vida misma que se vuelca sobre la sujeta, suprimir lo erótico es provocar una desconexión con el sentir y los deseos. Por tal motivo:
Esta es una de
las razones por las cuales lo erótico es tan temido y tan a menudo relegado
solamente a la cama, cuando se llega a reconocer, porque una vez empezamos a
sentir profundamente todos los aspectos de nuestras vidas, que están de acuerdo
con ese goce del que estamos conscientes de ser capaces. Nuestro conocimiento
erótico nos da poder, se convierte en un lente a través del cual miramos todos
los aspectos de nuestra existencia, obligándonos a evaluarla honestamente en
términos de su relativo sentido en nuestras vidas. (Lorde, 2016, p. 14).
El feminismo de la cuarta ola ha sabido reivindicar esta bandera del derecho al disfrute y al placer, en contravía del destino patriarcal de la sumisión, el dolor, el drama y la alienación desde los estereotipos. Lo que se puede aprehender de esta visión de lo erótico es la conexión directa con la voluntad y el proyecto de vida, de las mujeres y las disidencias de género, desde luego. Situarse desde el campo erótico es enraizarse con los deseos de lo que se quiere ser o hacer, con la intuición negada y estereotipada, bajo la lógica racional. La capacidad del goce y del disfrute posibilitan el autoconocimiento al que hemos sido negadas por cumplir roles que no nos satisfacen, porque están pensados desde la explotación y la jerarquía masculina.
Si se vuelve la mirada a la categoría de poder desde la Política de la Liberación habría que entender que el poder es voluntad de vida, es potentia. Por ello, la erótica al ser fuerza de vida es poder, cuando no se ejerce ese poder, pasa lo que la pionera del feminismo negro señala: hay docilidad, alienación, autonegación, paralización, resignación, sé es oprimida por deseos externos.
Es por ello que, y en sintonía con las feministas decoloniales como Yuderkys Espinosa, Margarita Pisano y Dorotea Gómez, el cuerpo no solo debe ser entendido como lo biológico, sino también como un territorio histórico, en la medida en que, el cuerpo ha sido nombrado, construido a partir de ideologías que justifican o no su opresión. Lo erótico pasa por el cuerpo, en tanto que es con él cuerpo que se está y se encarnan la raza, el sexo, la clase social, al mismo tiempo que se expresa la vida misma con la dualidad de lo personal y lo comunitario, como lo manifiesta Dorotea Gómez (2014):
Reconozco mi
cuerpo como un territorio con historia, memoria y conocimientos, tanto
ancestrales como propios de mi historia personal. Por otro lado, considero mi
cuerpo como territorio político que en este espacio-tiempo puedo realmente
habitar a partir de mi decisión de re-pensarme y de construir una historia
propia desde una postura reflexiva, crítica y constructiva. (Gómez, 2014, pp. 264-265).
De hecho, Dorotea Gómez encarna con su historia personal la estrecha relación entre el cuerpo, el territorio y las dinámicas sociales, con un tema de no menor importancia que son las enfermedades, las emociones y los entornos sociales. La antropología contemporánea con Rita Segato y el concepto de mundo-aldea, y Arturo Escobar y su ontología relacional[2], han develado esos vínculos existentes interpersonales en las comunidades, pero también aquellos lazos enraizados en los territorios, debido a, en términos de Ricoeur, el núcleo ético-mítico que se expresa en el entorno natural. Frente a lo anterior habría que añadir que lo erótico también se expresa en esa relación con el territorio, en la medida en que, los cuerpos situados y dotados de sensibilidad se conectan con los lugares donde está siendo la vida misma a través de cuidados, como los de la agricultura; de sincronización de los ciclos de la tierra y de la luna, como la menstruación; de la analogía de fertilidad de la tierra y la capacidad de dar vida, como en el caso de la mujer. El proceso de conocimiento del territorio, de la tierra, de los entornos naturales son parte no solo de esos lazos comunitarios ético-míticos e incluso de politización, sino también del proceso de afirmación de la vida misma en todas sus manifestaciones, porque como lo manifiesta Segato (2016) las mujeres somos expertas en la vida relacional y en la gestión de los lazos de la intimidad. Entiendo por estos últimos, aquellas prácticas de cuidados y de amor extendido hacia todo lo que nos rodea (las plantas, los animales, las personas), esta apuesta relacional es vital en el sentido literal, porque:
Elegir el
camino relacional es optar por el proyecto histórico de ser comunidad. Es
percibir que a las tres consignas de la Revolución Francesa: Igualdad,
Libertad, Fraternidad, les faltaba una cuarta, muy propia de la experiencia de
nuestro continente, con su propuesta comunal: la reciprocidad, pues la
reciprocidad arraiga, localiza y relaciona de forma concreta. El arraigo y la
centralidad de la vida vincular es una alternativa disfuncional al mundo que se
orienta por las cosas y obstaculiza el proyecto histórico del capitalismo con
su meta colocada en la acumulación y consecuencia ineludible, la concentración.
(Segato, 2016, p.108).
Segato propone volver la mirada sobre el camino relacional, el camino de los afectos y de la reciprocidad, frente a un proyecto histórico que destruye los lazos comunitarios mediante una pedagogía de la crueldad que está fundamentada en la fetichización del orden, es decir, en volver al otra(o), al territorio, una cosa, para poder adueñarse de ella. De este análisis sale una propuesta de corte levinasiano, la autora evidencia que existen dos éticas: la ética insatisfecha que es aquella que está siendo vulnerada, pues ya no se mira al otro, ni el rostro del otro, lo que teje vínculos; sino que se está en la ética inconformista aquella que es reproductora de todo lo existe, pues todo lo vuelve cosa.
Frente a lo anterior la antropóloga argentina se pregunta ¿cuál es el origen de esta lógica cosificadora? A causa de su mirada antropológica, Segato se detiene en el mundo pre-intrusión de la colonialidad e identifica en las sociedades tribales y afroamericanas una organización patriarcal, aunque diferentes a la del género occidental y que podría ser descrita como un patriarcado de baja intensidad:
Datos
documentales históricos y etnográficos del mundo tribal, muestran la existencia
de estructuras reconocibles de la diferencia, semejantes a lo que llamamos
relaciones de género en la modernidad, conteniendo jerarquías claras de
prestigio entre la masculinidad y la feminidad, representados por figuras que
pueden ser entendidas como hombres y mujeres. (Segato, 2016, p. 77).
De lo anterior, ella infiere a causa de la acumulación de evidencia histórica y relatos etnográficos, la existencia de un patriarcado de baja intensidad, debido a la organización de los cuerpos y la sexualidad a partir de la dualidad de lo femenino y lo masculino, en la que el último gozaba de prestigio. Es por ello que Segato manifiesta (2016) que la colonial modernidad captura y reorganiza la estructura de las relaciones sociales, trayendo como consecuencia cuatro implicaciones: primero superinflación de los hombres en el ambiente comunitario, donde los hombres se vuelven mediadores con el hombre blanco-europeo, causando además una herida en la virilidad debido a ese dominio; segundo, emasculación de los hombres en el ambiente extracomunitario: relativa figura de poder en su territorio “es con los hombres que los colonizadores guerrearon y negociaron, y es con los hombres que el Estado de la colonial/modernidad también lo hace” (Segato, 2016, p.80); tercero, universalización de la esfera pública habitada por los hombres y cuarto binarización de la dualidad de lo público y lo privado. El resultado de estas implicaciones es la pérdida de poder político de las mujeres.
En Guerra contra las mujeres profundiza en la división de lo público y lo privado desde Estado, explica se da una “masculinización de la institucionalidad y despolitización de los vínculos que emergen del espacio doméstico, de la política pública.” (Segato, 2016, p. 101). Esto es así, en la medida en que, el espacio doméstico no es considerado como interés público, se da un confinamiento del espacio donde se dan las primeras manifestaciones de la violencia, al punto de que esa binarización se convierte en un suplementar al otro. Aquí se extienden puentes entre la episteme expurgo y el mundo del uno de Rita Segato y la Meta-física dusseliana (totalidad, exterioridad, alteridad) expuesta en sus textos de juventud, quizás, porque ambos autores interpretan esa realidad de exclusión en clave levinasiana y más allá de ella.
De manera que, el Estado es una forma en la que se expresan las relaciones de poder patriarcales que son jerárquicas y funcionan bajo una estructura de masculinidad heteronormativa (construirse en un hombre es someterse a unos mandatos contradictorios y represivos en cuestión de sentimientos, deseos y cuerpos). La colonialidad de la modernidad ha reorganizado la estructura de las relaciones, trayendo consigo la pérdida de poder político de las mujeres. Hasta este punto valdría la pena preguntar: ¿por qué el poder pasa a ser ejercido de manera jerárquica y patriarcal, si se había visto que lo erótico es una fuerza que expresaba voluntad de vida y con ella poder? ¿Qué hacer con el Estado moderno?
III. Continuidad del sendero ontología política
Para responder a los anteriores cuestionamientos, hay que detenerse en la Filosofía de la Liberación de Dussel. Lo político se levanta sobre un suelo ontológico cuya arquitectónica defiende la idea de un ejercicio positivo del poder mediante el concepto: potentia. Este expresa la voluntad de vida que reúne a la comunidad política (o ese mundo-aldea expuesto anteriormente) que va a fundar el orden institucional (las protestas). Así, la Política de la Liberación manifiesta que no se está ante un ejercicio de dominación, sino de consenso, en la medida en que, las subjetividades de la comunidad política se juntan para convertir en acto su voluntad de vivir y, adicional, de ejercer ese poder de vida mediante la creación de instituciones que respondan y cubran las necesidades para llevar a cabo cualquier proyecto de vida. Sin embargo, es necesario resaltar que dicha comunidad política ha sido pensada en abstracto y debe pensarse circunstancialmente, es decir, desde los actores mismos que conforman esa comunidad política.
Aunque, se desea partir de una visión positiva del poder, lastimosamente ni en la misma potentia acontece tal concepción de un orden sistémico que se funda en la armonía de las voluntades congregadas. Lo anterior es debido a que, el origen de las sociedades no reposa en una completud ontológica armoniosa entre los actores, sino en el conflicto, lo constitutivo del ser humano y del orden social. El conflicto estriba en la voluntad impuesta de varias subjetividades masculinas que personifican el Ego fálico y que se imponen sobre las mujeres, pese a que ellas también forman parte de la comunidad política, tienen voluntad de vida y proyectos propios. Tal como lo manifestó Segato (2016) las instituciones son jerárquicas y masculinas, pero el origen de ello radica en la exclusión de las mujeres en el consenso y en el orden institucional. Cabe mencionar que, no se está hablando aquí de un sistema sexo-género que organiza la sexualidad y los cuerpos feminizados, sino del origen del patriarcado como la hegemonía masculina sobre la sexualidad y la reproducción de la vida. Es hegemonía, en tanto que, los cuerpos feminizados no figuran en la categoría de potentia para llegar al consenso y el pacto social. Todo ha sido concebido desde una lógica patriarcal.
De manera que ningún grupo humano ha devenido en civilización sin el control de la sexualidad, la capacidad reproductiva de las mujeres, los cuidados extendidos que ellas brindan a la tierra, al campo doméstico. Las civilizaciones patriarcales son producto de un Ego fálico que domina, así pues, tiene razón la Filosofía de la Liberación (1998) cuando afirma que el patriarcado es un sistema milenario, contrario a la tesis sobre el origen del patriarcado en la fundación del Estado Moderno, porque hay otras formas jerárquicas y masculinas que no constituyen la forma estatal, pero siguen siendo patriarcales, en la medida en que, se basan en la explotación de las mujeres, sus cuidados y su capacidad reproductiva.
La aplicación del método analéctico ha señalizado este sendero de gran recorrido con la particularidad de ver lo que ha estado oculto para otras autoras o corrientes de pensamiento: la ontología del patriarcado, no es que el último se desprenda del primero, porque sería volver a la cuestión de las esencias como fuente de todo hecho histórico-político. Por el contrario, el tema está aprehender el patriarcado como un sistema hegemónico que ha operado una ontología que le es propia y que a pesar de su mutación epocal, es lo que sostiene esa hegemonía, que desde siempre ha sido fálica y por su condición de ser fálica y patriarcal desemboca en el sometimiento de otros hombres, del cuerpo de las mujeres, del territorio y de la vida misma que sería la Naturaleza.
Lógica de la Totalidad
En 2018 Dussel
escribe Siete ensayos de Filosofía de la
Liberación, específicamente en Analogía
y comunicación. Hacia una lógica de la Filosofía de la Liberación, el
filósofo vuelve a lo esbozado en 1977 sobre la lógica de la totalidad en Filosofía de la Liberación, para
explicar el olvido de la analogía y la univocidad de la lógica de la
totalidad-sistémica. Se desea aprehender brevemente la crítica hacia la
ontología occidental, en tanto que, esta ha posibilitado la comprensión del
mundo concibiendo al ser como lo idéntico
y lo mismo desde un proyecto
sistémico, es decir, el ser es autorreferencial y fundamento último de toda la
racionalidad sistémica, pues más allá del ser está lo sin fundamento, lo que no
es, en última instancia: la alteridad.
En este orden de ideas, la ontología occidental parte del supuesto: «el ser es, el no-ser no es» y así queda constituida la racionalidad autorreferencial sistémica, el otro queda fuera de esa totalidad por ser distinto, el otro se sabe en la exterioridad de la totalidad, pero al necesitarlo para producir la vida material, se le debe incorporar, subsumir. Este concepto es equivalente al de alineación (la más concreta y más compleja de las categorías de su marco categorial, debido a que en esta categoría interactúan: la exterioridad y la totalidad).
El filósofo argentino-mexicano trae a colación la categoría de alineación, debido a sus diez años estudiando a Marx. Dussel afirma que Marx en su juventud habla de alienación, mientras que, en los años de madurez, en los que escribe El Capital, reemplaza el término alienación por subsunción. Enrique Dussel (2015) explica que la palabra subsumir procede de sub (debajo de) y el latín sumĕre (tomar para sí mismo); subsumir es meter dentro algo que está debajo. Entonces, si está debajo es porque está fuera de ese algo de lo que va a hacer parte. En este orden de ideas, la alienación está estrechamente ligada con la totalidad, en tanto que, esta tiene una intención y un proyecto que radica en auto centrarse, seguir en lo Mismo, lo idéntico, por ello se extiende sobre la exterioridad para hacerla parte de la Totalidad, es decir, subsumirla. Entonces, para que la totalidad pueda cumplir su proyecto debe “totalizar la exterioridad, sistematizar la alteridad, negar al otro como otro, en ello consiste la alienación.” (Dussel, 2011, p. 96).
Por lo dicho anteriormente, vale la pena volver a mirada a la introducción del Segundo Sexo, en 1949 Simone de Beauvoir afirmaba que ninguna colectividad se define jamás como una sin colocarse inmediatamente enfrente a otra. Cabe mencionar que, la filósofa francesa no está definiendo un rasgo epistemológico de las comunidades al traer a colación el concepto conciencia, sino que este debe ser aprehendido desde la dialéctica hegeliana para explicar el devenir de la historia, entendiendo por esta una confrontación entre dos conciencias que al librar su batalla asumen los roles de amo y esclavo, este último expresa la enajenación de la conciencia, ya que se niega a sí mismo. El amo necesita que alguien supla sus necesidades, entonces se da cuenta que necesita del esclavo, no podría tenerlo en la exterioridad siendo “improductivo”, por tal motivo lo subsume.
Todas totalidades sistémicas han partido desde la concepción de la ontología occidental y en la praxis han seguido esa lógica, en tanto que, las construcciones sociales tienen ese fundamento autorreferencial, basado en relaciones de poder que sitúan a los seres vivientes según criterios de identidad y diferencia, desde la negación del ser y la asignación de otro modo de ser no elegido por ese ser viviente. Segato (2016) manifestaba que es esencial para la estructura del patriarcado que la mujer no salga de ese lugar, de ese papel, de esa función y además advertía “el problema de la mujer, tenemos que pensarlo entrelazado, como cimiento y pedagogía elemental de todas las formas de poder y subordinación” (p. 100). Esto no podría ser pensado de otra manera, en tanto que, el fundamento del patriarcado hunde sus raíces en esta lógica ontológica, es este el cimiento.
En suma, la Erótica de la Liberación vista desde el Seminario Permanente de la Asociación de Filosofía y Liberación mujeres Latinoamérica (2022), plantea que ha acontecido una experiencia histórica hegemónica que ha sido transversal a toda la Historia de la Humanidad, ha mutado en las diferentes totalidades sistémicas fundiéndose con ellas y configurando experiencias socio culturales, esto es: el patriarcado. Entendiendo este último como una experiencia histórica de la hegemonía masculina sobre la sexualidad y la reproducción de la vida, comprendiendo que tal hegemonía muta según los contextos geográficos, los núcleos ético-míticos.
IV. Variante del sendero: Principios ético-políticos en el campo erótico
Dussel en 1992 dicta unas conferencias en Frankfurt que serán publicadas bajo el nombre 1492 el encubrimiento del otro, allí se manifiesta que la modernidad tiene dos caras, por una parte está el lado emancipador de la Modernidad y por el otro la falacia desarrollista[3]. Los postulados de la obra de Dussel, expresados entre 1992 y 2016, defendían la dualidad de la modernidad y, debido a ello, una de las tareas de la filosofía de la liberación era develar el mito de la modernidad y su carácter irracional, su ego conquiro. Asimismo, se pretendía manifestar que la modernidad como fenómeno histórico trascendió Europa y tuvo lugar en el sistema-mundo constituido. La modernidad se entendió como un fenómeno mundial irreversible, por lo que Dussel hablaba de un acto de liberación como una forma de superar lo que ya no es posible modificar históricamente. Es por ello que la transmodernidad cobra sentido a la luz de atravesar la experiencia histórica aprehendiendo la visión emancipadora y superando la colonialidad con su ontología totalizante, así pues la transmodernidad consiste en la apropiación del contenido normativo de la modernidad por parte de aquellos a quienes la modernidad misma excluye. Teniendo en cuenta lo anterior como marco referencial quisiera traer a colación que
El feminismo es
una hija rebelde de la modernidad ilustrada. (…) es el discurso moderno
ilustrado el que permite la formulación del feminismo como horizonte político.
Las ideas de igualdad, fraternidad y libertad, así como las ilusiones que
despertaron las revoluciones como la francesa, fueron el escenario propicio
para que las mujeres pensarán en la posibilidad de transformación de su
situación de opresión. (Gómez,
2014, p. 353).
En ese gran marco y teniendo en cuenta discursos revolucionarios como el marxismo y el feminismo dentro de la modernidad, es preciso señalar algunos postulados feministas decoloniales que han leído los postulados de la Filosofía de la Liberación centran su análisis únicamente en la cara negativa de la modernidad. Lo anterior es problemático, en la medida en que, no permite la ampliación de herramientas para iniciar el tránsito a la transmodernidad.
La Liberación erótica no solo es una apuesta por ese conjunto de acciones que nos llevan al desencubrimiento de las diversas identidades de género, ya que ellas han sido negadas y subsumidas por una totalidad sistémica patriarcal que a lo largo de la historia ha configurado su modo de ser, estar y manifestarse; sino que también es un proyecto más amplio que se piensa la liberación de la pulsión de la vida, del eros y de la alteridad.
Al situar el tema de género y de la erótica en la ética se tiene un horizonte de comprensión amplio que permite develar la crueldad con la alteridad con la que ha operado el patriarcado como proyecto histórico (como excelsamente lo ha hecho Segato). Pero, además, la ética accede a ese marco normativo que orienta la acción humana. Por ello, continúo el sendero principal de la Ética de la liberación, pero la variación está en subsunción de los principios ético-políticos en el campo erótico.
Es necesario volver la mirada sobre los principios ético-políticos, ya que estos son: “condiciones a priori intrínsecas constituidas de la existencia originaria de los pre-sub-puestos normativos ontológicos del poder político” (Dussel, 2009, p. 348). Esto quiere decir que hay algo “antes, debajo y puesto” en el campo político que funciona como cimiento o fundamento, así para un despliegue positivo del poder (en la consensualidad del poder, en la legitimidad de las instituciones, en el querer vivir comunitario, en la relación de factibilidad con la escasez de bienes naturales, en la acción estratégica como política en sus componentes materiales, formales y factibles) es necesario cumplir los principios para evitar lo que se ha denominado como fetichización del poder (corrupción).
Como fue desarrollado en la Arquitectónica, el poder político no es equivalente a la dominación, por el contrario, lo que refleja es un querer-vivir comunitario, la unidad de varias voluntades que conforman una comunidad que deciden reunirse y establecer acuerdos para responder a sus necesidades vitales a través de la delegación de tareas, de ahí que el fundamento ontológico de la política sea: la potencia, el colectivo de voluntades reunidas que expresan el querer-vivir.
La potencia constituye los entes políticos: las potestas o instituciones, debido a esa delegación de tareas y de poder para poder mandatar la casa grande. En teoría las mujeres forman parte de la potencia, pues ellas son miembros de la comunidad política organizada que participa en el consenso en pro de la construcción del orden institucional. En la práctica, como sea rastreado en este trabajo, el patriarcado ha fundado un orden en el que a través de roles y estereotipos las mujeres quedan subsumidas al mandato de aquellos hombres blancos, heterosexuales, europeos que dirigen el rumbo de las naciones, las familias y hasta los cuerpos de las mismas mujeres. Entonces, lo visible es el plano óntico como fenómeno que se concretiza cuando se une las voluntades de los patriarcas y se institucionalizan, lo invisible es la potencia de aquellas personas que, siendo parte de las comunidades, no pueden ejercer su poder para la toma real de decisiones, para la creación de dicho orden institucional.
Así pues, los principios se
articulan y se codeterminan en una arquitectónica compleja sin última
instancia, es decir, no hay orden jerárquico de los principios, pues se quiere
evitar falacias reductivas en lo político, sino que se le dé la importancia que
merece cada principio en la configuración del orden social. El siguiente
esquema muestra cuáles son los principios y, posteriormente, se explica la
subsunción de cada uno de ellos:
Los principios
normativos en la política se apoyan en los principios éticos que son abstractos
y primeros. Los principios se denominan de la siguiente manera: material (M),
formal o de legitimidad (L) y de factibilidad (F). Es necesario recordar que
estos suponen condiciones radicales de posibilidad que conforman la esencia de
lo político. Asimismo, para realizar la propuesta de la política de la
liberación se acudió a la analéctica (igual que en el caso de la ética de la
liberación), por lo cual los principios normativos “son en primer lugar
negativos, en referencia a una positividad injusta, a un orden sistémico que se
afirma como El Ser Siendo del sistema vigente (lo dado, lo positivo al decir de
M. Horkheimer) el que produce víctimas” (Dussel, 2006, p. 101). En otras palabras, los principios
permiten evaluar la positividad del orden dado desde la negatividad crítica, y
luego se vuelve sobre ellos para posibilitar un nuevo orden. Frente a lo
anterior mi propuesta de subsunción de estos principios ético normativos en el
campo erótico es la siguiente[4]:
El campo de la erótica debe atravesar el campo político desde los principios normativos, el postulado transversal gira en torno a la autodeterminación de nuestros cuerpos y el territorio, y la reivindicación del eros. Nuestro ser y estar están configurados desde una mirada política patriarcal, occidental, antropocéntrica, judío-cristiana y heterosexual, que nos dicta como debemos ser y actuar en los territorios donde participamos. De esta manera, se nos niega el derecho a la autodeterminación de nuestros cuerpos, de participar en el consenso para la toma de decisiones fundamentales y la factibilidad de cualquier proyecto. Esta mirada está enfocada en negar la alteridad y ubicarla como no-ser, es una mirada que infantiliza el rol de la mujer como ser autónomo y dotado de razón. Pero, al mismo tiempo la concibe bajo varios estereotipos sistémicos, que fundamentan la pirámide social desde la dominación del patriarca al que se le provee diferentes servicios como el cuidado y el goce.
Aprehender los principios es negar lo descrito anteriormente por injusto y malévolo, pero emprender un camino de afirmación y crítica sobre el nuevo sistema político y las diferentes relaciones sociales, que una vez más deben ser pensadas. Defender el principio de la vida es reconocer que a las mujeres siempre se les ha negado su proyecto de vida e incluso la autodeterminación de sus propios cuerpos en pro de alimentar el imaginario de la reproducción y la familia, en el sentido más conservador y funcional; afirmar el principio formal es darle un lugar real al poder de las mujeres no por el hecho de ser mujeres, sino por ser parte de la potencia, es decir, de la comunidad política.
Las mujeres también tienen voluntad de vida y participan en la edificación institucional, de lo contrario ¿cómo han sobrevivido las principales instituciones hasta nuestros días? Es justo participar en la creación del orden institucional, porque lo padecemos. Afirmar el principio formal es dar cuenta que las mujeres merecemos ser escuchadas por la violencia estructural sistémica del patriarcado que nos asesina, viola y reprime por estar desde una subjetividad sexo genérica, necesitamos ser escuchadas, pero también recibir perdón, reparación y no repetición de la barbarie de este orden sistémico, para eso nos deben reconocer como interlocutoras válidas por ser mujeres, lesbianas y disidencias; afirmar la factibilidad es vigilar y acompañar el proceso de todas las acciones políticas en pro de su viabilidad y que no queden como falsas promesas o, como sucede hoy en día, políticas de inclusión que no pasan por la transformación de los roles y los estereotipos.
V. Conclusión del sendero local más no del sendero de gran recorrido
A modo de cierre, yo creo que para que la ética del proyecto político de una erótica feminista latinoamericana tenga validez y facticidad, es necesario analizar los momentos ontológicos y normativos analécticamente, por eso es necesario que al volver la mirada sobre los fundamentos de la ontología patriarcal podamos aplicar analécticamente la lógica de la alteridad, pero también utilizando como herramienta de interpretación los principios ético políticos aplicados al campo erótico desde la determinación analógica.
La liberación erótica no solo es un camino ético, sino también político, en tanto que, necesitamos condiciones óptimas para ejercer nuestro poder en el ámbito público, para participar en la toma de decisiones desde autodeterminación de nuestros cuerpos y territorios como mujeres, lesbianas, y disidencias sexo genéricas; ya que no estamos en simetría, ni siquiera hay un reconocimiento real para participar en el campo político, todos los derechos obtenidos por las ancestras y nosotras, han sido apropiados en las calles al calor de la lucha organizada hasta tener eco en la rama legislativa. Esto puede tener múltiples causas, pero lo atribuimos, en primera instancia a esa totalidad sistémica que se afirma como una positividad que niega lo que es distinto, lo cataloga como no-ser, oprime su erótica y con ello su capacidad de decisión sobre el proyecto de vida desde el deseo.
En segunda instancia, la totalidad al necesitar sujetos que sean la base de la pirámide social subsume a esas identidades para que se identifiquen con roles y estereotipos asignados desde la lógica de la totalidad (identidad/diferencia). En este sentido, el momento ontológico estructura el modo de ser y estar de las personas y, adicional, les asigna un deber ser según su género, clase, etnia, raza…, bajo el cual se van a determinar sus comportamientos en términos éticos, políticos y culturales. Esta subsunción determina el mundo relacional en el que también participan las mujeres, los territorios, la vida misma.
Sin embargo, como tercera instancia, al negar la negación de los modos de ser y estar de las sujetas, se está dando lugar a la negación de esa positividad mal impuesta desde un orden sistémico injusto y éticamente perverso, para dar lugar a la autodeterminación de las personas, la defensa de ser y estar desde la distinción, no desde la unanimidad que pasa por encima de la libertad, de la vida, del eros. De manera que, no se trata solo de una clave de interpretación sobre lo que está oculto tras el velo del deber ser y el ser, sino de la comprensión del mundo que nos rodea para su pronta transformación.
Como sujetos sexualmente situados en un cuerpo social somos ineludiblemente seres políticos, es nuestro derecho y deber participar en la toma de decisiones fundamentales, así como también (re)configurar el orden institucional con nuestras prácticas cotidianas. Nosotras como mujeres, lesbianas y disidencias sexo genéricas, hacemos parte del pueblo que sufre, padece la corrupción, la violación, la violencia, la injusticia, la desaparición, la política de la muerte y la mercantilización en cuerpo propio. Por tanto, necesitamos adueñarnos del sistema político que durante tanto tiempo nos ha expulsado por ser alteridad. Lorde nos manifestaba que no podemos liberarnos con las herramientas del amo y es cierto, por eso aplicamos el principio de factibilidad a nuestra lucha histórica (que es una liberación integral de los seres humanos, de los territorios, de la vida misma, no sobra decir) a través de acciones estratégicas que nos permitan configurar un nuevo orden político, sin perder de vista la advertencia de la mirada crítica frente sistema instrumental que se tiene a la mano. Pero, en esta variante he aceptado la invitación de Segato acerca de no dejar de lado al Estado, considero que es otro campo de disputa con una incidencia real ineludible, por ello hay que conquistarlo.
Referencias:
Dussel, E. (1998). Liberación de la mujer y Erótica Latinoamericana. Bogotá: Nueva América.
___________ (2006). 20 tesis de política. México: Siglo XXI.
___________ (2007) Para una erótica latinoamericana. Fundación Editorial El perro y la rana.
___________ (2009). Política de la liberación, Vol. II Arquitectónica. Madrid: Trotta.
___________ (2011). Filosofía de la Liberación. México: Fondo de Cultura Económica.
___________ (2020). Siete ensayos de Filosofía de Liberación. Madrid: Trotta.
Díaz
Guzmán, D. A. (2018). Aportes y retos para la comprensión del ser de la Mujer
latinoamericana desde la Filosofía de la Liberación de Enrique Dussel. Cuadernos De Filosofía Latinoamericana, 38(117), 55–79. Recuperado de: https://revistas.usantotomas.edu.co/index.php/cfla/article/view/3533/4165
___________ (2019). Implicaciones de los postulados modernos frente al proceso de invasión y posterior planteamiento de la mujer como sujeto latinoamericano en Enrique Dussel. Sendas Sociales, No. 01:17-39.
___________ (2020). Del giro ontológico a la ontología relacional y política, una mirada a la propuesta de Arturo Escobar. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 41, (123): 99-122.
___________ (2021). La dialéctica entre dos aspectos del discurso político en la modernidad madura. En: Reflexiones sobre la historia mundial de la Política de la Liberación. pp. 81-97. Phillos Academy.
Espinosa, Y., Gómez, D. & Ochoa, K. (2014). Tejiendo de otro modo: feminismo, epistemología y apuestas descoloniales en Abya Yala. Popayán: Universidad del Cauca.
Lorde, Audre (2016). “Los usos de lo erótico: lo
erótico como poder”. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/tematica/mujer/autores/lorde/1978/usos.htm
Horkheimer, M. & Adorno, T. (1994). Dialéctica de la Ilustración. Madrid:
Trotta.
Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficante de sueños.
[1] Si se quiere ampliar el tema,
se puede consultar: Díaz Guzmán, D. A. (2018). Aportes y retos para la
comprensión del ser de la Mujer latinoamericana desde la Filosofía de la
Liberación de Enrique Dussel. Cuadernos De Filosofía
Latinoamericana, 38(117), 55–79; Díaz Guzmán, D. A. (2019). Implicaciones de los
postulados modernos frente al proceso de invasión y posterior planteamiento de
la mujer como sujeto latinoamericano en Enrique Dussel. Sendas Sociales, No.
01:17-39.
[2] Si se quiere ampliar el tema se puede
consultar: Díaz Guzmán, D. A. (2019).
Del giro ontológico a la ontología
relacional y política, una mirada a la propuesta de Arturo Escobar.
Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 41, (123): 99-122.
[3] Como puede verse en: La
dialéctica entre dos aspectos del discurso político en la modernidad madura.
En: Reflexiones sobre la historia mundial de la Política de la Liberación.
pp. 81-97. Phillos
Academy. Y un texto La
Filosofía de la Liberación un diálogo con las alteridades situadas en el Sur y
el Norte Globla, y consigo misma, producto del Seminario Permanente de la
AFyL, Ciclo IV módulo I, que está en proceso de edición, pero cuya discusión
puede verse: https://www.youtube.com/watch?v=HyM6aJflzq8&list=PLrTe5HaqMahZh28hYcSx-ENA-bZCcoTKQ&index=7
[4] Esta propuesta fue presentada
por primera vez en el IV Congreso filosófico del Caribe colombiano y fue
aplicada en el análisis en el análisis de la cuestión de la Ciencia y la
tecnología en el feminismo de la liberación. El texto está publicación.