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A M E R I C A N O


Segunda nueva época N.° 29, Enero-Diciembre, 2019

ISSN: 0252-8479 • Doi: 10.15359/ra.1-29.23



El reflejo de la cultura guatemalteca en el tráfico, desde mi carro

Gina Barrios


En ese momento en el que veo la carretera libre y sin ningún carro, es cuando siento, por un momento, que no me voy a contaminar, pero luego parpadeo, y de la nada, veo que hay tráfico…

El tráfico de la capital, se ha vuelto un caos ridículo; Guatemala, país de la eterna primavera (de carros). ¡¿Qué hemos hecho para merecernos esto?! Es cuando surge esa pregunta, que mi respuesta empieza a fluir: el tráfico es reflejo de nuestra cultura. La cultura guatemalteca que se queja pero que no ofrece posibilidades de cambio y si las ofrece, pues no hay fondos para realizarlas o no hay voluntarios para dar marcha a dichas posibilidades. Merecemos un premio por quejarnos y no hacer nada para que las cosas mejoren. No nos bajamos del carro para ayudar a que las cosas fluyan. Solo nos quedamos en el asiento del piloto y dejamos que los demás nos conduzcan al caos. Con cerrar la puerta de nuestro automóvil fingimos librarnos de lo que hay afuera, nos hemos vuelto tan egocéntricos que preferimos acelerar y consumir más gasolina (la cual tiene precios absurdamente altos, mientras el petróleo en el mundo ha bajado demasiado últimamente) que dar vía, solo hace falta quitar el pie del acelerador. Queremos llegar primero a todos lados, sin importar cómo, y no pensamos que nuestras imprudencias pueden causar un accidente, de todas maneras existe la hora chapina, y uno llegará siempre tarde. Se han perdido los valores, ya no existe el respeto por nada ni nadie; algunos dicen que tenemos al gobernante que nos merecemos, pero creo que también tenemos el tráfico que nos merecemos. Pero ya basta de hablar en plural, toca en singular, ya que sin embargo, estoy dentro de mi carro, atorada, una vez más, en el tráfico; que como mencioné con anterioridad, es el que nos merecemos, el que me merezco, por contribuir con esta mismísima cultura…

Atentamente, Gina Barrios

Instructivo básico de supervivencia en el tráfico vehicular en la ciudad de Guatemala.

Breve explicación del instructivo: Empezaré con decir que estoy consciente que todos los países tienen tráfico vehicular, pero no creo que exista uno como el que tenemos en Guatemala, en donde lo absurdo supera la realidad. Les voy a decir por qué; por medio de una visualización de tráfico que me tocó vivir hace un par de años en el Distrito Federal, Ciudad de México y la vez más reciente que visité Los Ángeles, California E.E.U.U. Un panorama de cómo es un día en la ciudad con el tráfico. También cómo el tráfico es un reflejo de la cultura, con un par de mitos acerca de nuestra cultura. Cerrando con un breve discurso de la educación vial, conclusiones finales y una propuesta personal de supervivencia o mejora del tráfico vehicular. Pero primero abróchense el cinturón si quiere sobrevivir a este juego de carritos chocones.

Estimado lector y lectora, rogamos leer detenidamente este instructivo básico, es cuestión de vida o muerte que usted comprenda diferencias que existen en su país versus este, en el cual ha decidido aventurarse por decisión propia. Con esta sugerencia o más bien precaución general, ya puede continuar a leer el instructivo, bienvenido/a sea.

Tanto en el D.F. como en L.A., sufren del mal de tráfico; en el primero existe una serie de reglas particulares que lo definen, como la famosa que depende de la calcomanía que tenga el carro, ese es el día o días (dependiendo de la cantidad de años que tiene el automóvil) que no debe de circular y en Riverside, Los Ángeles, el tráfico que tienen es caminar entre 15 y 18 km/hr. En Guatemala, esto no existe, al menos no con frecuencia, si tenemos tráfico, es quedarse parado en un solo sitio por lo menos 8 minutos. Es una cosa absurda, yo no entiendo de que se quejan los demás países del tráfico, si se mueven, mientras que nosotros por unas horas es caos total o más bien se convierte en una anarquía y ya verán por qué les pongo esto con vivencias reales que he presenciado desde mi carro.

El reflejo de cómo uno es realmente, se puede ver en el tráfico, ya que cuando uno está en el automóvil, uno está encerrado en un espacio, en donde uno puede controlar lo que sucede sin ser afectado aparentemente por el exterior. Cruzar cualquier semáforo rojo, pitarle a cualquier carro, cruzar sin pedir vía, parar sin luces de prevención, colarse en un carril que es para ingresar a un paso de desnivel, bloquear el paso a los peatones y/o carros. Nadie sabe quién está adentro y no hay límites, pasan cosas que no parecen reales, como cuando un carro se le tira a otro sin pedirle vía y el otro carro (o más bien su conductor/a) se enoja y se siguen muy de cerca, poniendo en peligro a todos por parejo. No piensan en las consecuencias de sus actos, y no les importa si afectan al prójimo (no se ponen a pensar en que esa imprudencia posiblemente era porque los niños que están dentro del carro se estaban peleando). ¡Hay que tener cuidado! No se sabe cuándo algún motorista va a acelerar cuando uno quiere hacer cambio de carriles. ¿Pero qué es todo esto? ¿Por qué mostramos nuestros verdaderos colores al estar encasillados en algo que podemos controlar, cómo un automóvil? La respuesta que me parece obvia es la revelación de uno mismo cuando nadie, aparentemente, sabe quién es uno y con eso salirse con la suya. Es así cómo se ve claro el reflejo de cada uno de nosotros en la forma en que conducimos el tráfico. Salimos del trabajo, universidad o de donde sea, a la misma hora para llegar a nuestros hogares, en lugar de salir a diferentes horas para que cada quien llegue más rápido. Si eso no fuera posible, sería bueno aplicar el respeto, lo básico de convivencia en una sociedad, dar vía, pasar uno de un lago y otro del otro y así pasamos todos. Respetar al peatón, parar de vez en cuando ayuda despejarnos del estrés. Escuchar música tranquila en el tráfico, para no maltratar a otros por nuestros problemas (nos fascina culpar a los demás por nuestros asuntos, ya que es más fácil así aunque eso no es responsabilidad). Poco a poco nos vamos revelando en el tráfico, cada día que estamos en él y cada hora sacamos lo nuestro para mostrarlo a la ciudad. Con esto demostramos que la paradoja de la cubeta de cangrejos es verdadera, realmente espero que logremos salir de ahí, todos juntos. ¡Atención gobernantes, observarnos en el tráfico, y ustedes triunfarán!

A las horas pico (que ahora se han convertido en todas las horas del día y a veces de la noche). Pero también tenemos congestionamiento vehicular momentáneo. Todo empieza cuando uno pide vía, como si el color amarillo significara peligro o alguna enfermedad contagiosa que hace que todos los carros de tu alrededor pisen el acelerador. Gastando su mesada, que diga, salario mínimo que ni alcanza para comprar los productos de la canasta básica. Tampoco hace falta alguna tortuga creyéndose conejo, que va a 5km/hra en el carril izquierdo, el cual, según el Reglamento de Tránsito es para rebasar y no para disminuirle la velocidad al prójimo. O los imprudentes que se le tiran a cualquier carro o cosa para poder pasar, en lugar de ver cómo uno puede contribuir para una mejor educación vial.

Pero alto, viene la mejor parte, cuando hay tráfico en la capital, más que todo a la hora pico, salen unas personalidades vestidas completamente de color verde chinto a empeorar la situación vial. Lo que es característico de nuestra cultura, de hacer mal las cosas, no informarnos de lo establecido antes de empezar y desarrollar algo. Estos trabajadores nos representan, ya que ven el tráfico desde el punto de vista de un peatón y no como un conductor automovilístico. Es un completo desastre. Nadie sigue el reglamento de tránsito y en unas horas todo se vuelve un caos. Si tan solo se siguieran las reglas, el tráfico fluiría de una mejor manera.

Tratando el tema de seguir las reglas, también no logro comprender cuál es el problema de los conductores en mantenerse dentro de su carril, si desde que estamos en párvulos los maestros nos enseñaron a pintar dentro de la línea, es una enseñanza básica que se puede aplicar al tráfico. Cuando hay una curva, les gusta pasarse a otro carril olvidando la regla básica de no salirse de la línea. No hacemos caso, no respetamos lo establecido y nos creemos la gran cosa por andar en carro, independientemente del que tengamos.

El respeto es algo que se ha ido perdiendo, así como lo había mencionado en la introducción. Este valor es fundamental para poder convivir en una sociedad, pero si esto se anula, se crea el tránsito. Entonces, realmente cualquier pretexto para causar tráfico vehicular es de las cosas más nacionales como pago por quincena, inicio o final de mes, feriados o festividades a lo más absurdo como un peatón atravesándose la calle debajo de la pasarela o parando a veces por completo porque dos guatemaltecos han tenido un accidente y simplemente todos quieren ver y sacar sus propias conclusiones de lo que pudo o no pudo haber pasado en dicho accidente.

Es con esto que surge algo, como un tráfico de efecto dominó que nos lleva a algo grande como la paralización de la ciudad de Guatemala. Por andar viendo cómo se chocaron dos carros, ocasionan otro accidente, por shutes (metiches) que no necesariamente están matando al gato, si no hacen un puesto de control, a veces con la compañía de otros que van vestidos de color negro. Ellos acaparan un carril, de los pocos inestables que ya tenemos (tienen baches, hoyos, que dificultan nuestra movilidad).

De igual forma no existe respeto de ni para el peatón, aquí no llevan la vía. Nos detenemos en el paso de cebra, las motos se suben a la pequeña y otra vez inestable acera para evitar los vehículos, comprometiendo la seguridad de las personas que utilizan las aceras. Cuando no tenemos parqueo, esas aceras nos sirven para parquearnos (obvio que de forma ilegal), obstaculizando así el paso a las personas. Cuando hay pasarelas lo que se hace aquí es poner una cerca debajo de la misma, para obligar a que los peatones no crucen la calle, sino que usen la pasarela, pero estos se creen inmortales o están muy cansados para subirlas que prefieren arriesgar su vida y complicar el tránsito con sus hazañas que no siempre salen bien (los atropellan, es peor de noche y con lluvia, que nada se ve, sí, tampoco hay buena iluminación). Los motoristas, buses urbanos, extraurbanos y taxistas son los que menos respeto dan y reciben (el karma se aplica).

Los motoristas, según nuevo reglamento, deben de llevar un chaleco y casco con el número de placa marcados en ambos artículos de vestimenta (como si no fuera suficiente llevar el numero en la placa de la moto); de igual manera, este reglamento llega a lo absurdo de que cada moto debe ir en medio del carril y no entre carros. La iniciativa es buena pero esto aumenta el tráfico ya que algunos están en zigzag entre los carros, mientras que otros no comprenden qué es el centro de un carril. Da peligro de que uno los pase tirando por accidente entre zipper y orilla.

Los buses urbanos y extraurbanos paran donde no existen paradas de bus y si las hay ocupan dos carriles, para que cuando necesiten integrarse al tránsito, se les dé vía más rápido. A ellos les encanta parar antes y después del semáforo, pero les fascina andarse comunicando con bocinazos innecesarios y detenerse cuando el semáforo que da la vía está en verde (aun después de que tuvieron tiempo de bajar a la gente cuando el semáforo estaba en rojo). Estos buses, así como algunos carros y camiones adornan sus vehículos con lo primero que se les cruce en el camino (o les regalen), que los hace pensar que los identifica. Usan estas calcomanías, publicidad y objetos para hacerle saber a todos los demás quién está dentro del carro o sus creencias. Hay distinciones inocentes pero que revelan mucho, lo cual compromete a los guatemaltecos a que usen o utilicen ese transporte identificado como la cantidad de personas que van o viven en su hogar en forma de calcomanías (también ponen a sus mascotas y cantidad de bebés), hasta lo más sugerente y no apto para todo público como calcomanías o frases acerca del cuerpo de la mujer u hombres orinando sacando el dedo del medio, mientras sonríe el personaje.

Los taxistas no se quedan atrás, con lo mismo que los anteriores pero con más velocidad. Hasta para esperar pesaje, van súper lento creando tráfico o se detienen de la nada y si los chocas, cuidado que al igual que si chocas a motoristas, su gente se te tira encima y no te dan voz propia. Si chocas con una camioneta y es su culpa, lo más seguro es que se vaya corriendo.

Me gustaría mencionar a los ciclistas pero ellos no tienen voz de nada ahora, pero a futuro tendrán hasta su propio reglamento (obvio que fallido y absurdo como los demás), así que seguiré con el tema pero desde algo que se llama domingos de tráfico paralizado para que ciclistas, personas y mascotas tengan un día de gracia en la carretera. Esto se ha vuelto un evento que invita al comercio, reunión y ejercicio de las personas y sus mascotas. Claro que no recogen su excremento cuando los sacan, pero existe una convivencia tipo tráfico pero peatonal, es lo mismo pero sin vehículos de transporte pesado. No entienden que existen dos carriles, los que van al final de la avenida y los que van de regreso, todos se cruzan y no dejan pasar a los ciclistas. Es como un pequeño hormiguero pero con desorden. Un bello reflejo del tipo de persona que son cuando están lejos de sus carros.

A todo esto, hace falta mencionar el sistema de transporte público. Hay unas camionetas de color verde chinto y otras azules con blanco (también hay unas multicolores pero como son para que los ciclistas se transporten y ya mencioné que no tienen voz, entonces no hablaré de ellas). La idea de este transporte es sistematizar el transporte público, tiene Wi-Fi gratis, es apto para minusválidos y no hay suficientes para todos los que necesitan de este servicio, se hacen grandes colas para subirse y solo aceptan o monedas o carné, si no lo tienes, no te dejan subir y listo. Los buses verdes chinto tienen su propio carril la mayoría de veces, aunque no es una extra, es uno menos para los automóviles, lo cual también contribuye al tráfico.

Por último está lo que sucede cuando hay lluvia, esto es de vivir la experiencia, es la conclusión del reflejo de nuestra cultura. La acumulación de la basura de los domingos más la basura que se deja (más bien tirada) en la calle, las calcomanías y objetos que identifican, tapan el sistema fallido de alcantarillado y algo más que el ambiente me prohíbe mencionar, a esto sumarle a los que manejan carros, hacen de la lluvia un evento social caótico. Aunque durante la lluvia no se conducen carros, se navega en ellos, con toda el agua sucia que sale por las reposaderas repletas de basura. Navegar requiere una habilidad que no te enseñan en la escuela de manejo (esto debería de ser requisito para que nos den la licencia de conducir), solo nos examinan cómo manejamos, parqueamos y una vaga lectura del reglamento de tránsito. Las personas se asustan, no sabe qué hacer con la lluvia, como si fuera un gran automóvil anónimo que los controla a ellos, se dejan llevar y se entorpecen cada vez más. Es cuando se ve el otro lado de la tortilla…

Una gran conclusión sería que no existe el respeto al prójimo ni al Reglamento de Tránsito, así que no hay que esperar nada de nadie, lo bueno es que eso sorprende, y si miran cortesía tómenle la foto (y súbanla a Instagram, obvio que no mientras conducen, pero lo harán), que eso es de película. Digo que no me quiero contaminar del tráfico y la cultura, ya que como pueden ver, hay muchos males que no son dignos de replicar como quejarse. Es por esto que veo una orientación vocacional y lectura completa del Reglamento de Tránsito como una alternativa para respetar y mejorar en esto que es tan evidente, ignorancia y despreocupación por el prójimo y lo que pasa fuera del carro que se conduce. La paradoja de los cangrejos se cumple y nos car mal, pero qué es lo que realmente estamos haciendo para cambiar esto. El cambio está en uno mismo, si uno cambia y contagia al prójimo se propaga. Entonces en lugar de bajar al cangrejo que quiere salir de la cubera, debemos trabajar en equipo y mejorar la situación de tráfico. Para así poder decir que no nos merecemos este tráfico, ya que dejamos de contribuir con él, y hacemos el cambio con solo educarnos con las reglas básicas, respetamos al prójimo, organizamos nuestro tiempo y así ese tapón de la falta de respeto se destraba, para que fluyamos los guatemaltecos y al llegar a nuestro destino, poder hacer lo que mejor sabemos hacer, emprender, crear proyectos, ayudar a la comunidad en lugar de estar gastando tiempo y energía en el congestionamiento vehicular y el eterno quejarnos.

FIN (o algo así, bip bip)


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