R E P E R T O R I O


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A M E R I C A N O


Segunda nueva época N.° Especial, 2020

ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143



Los tentáculos del imperialismo sobre América Latina: Nicaragua y el realismo mágico a favor de los intereses del Norte

The tentacles of imperialism on Latin America: Nicaragua and magical realism in favor of the interests of the North

Gabriela Segura Umaña

Estudiante de la Maestría en Estudios Latinoamericanos

Universidad Nacional, Costa Rica

Resumen

En este artículo, se lleva a cabo un repaso sobre una serie de hechos históricos acontecidos en Nicaragua entre 1920 y 1933, que quedaron plasmados en varias entregas del Repertorio Americano. En el repaso realizado, se vuelve imperante darle forma a uno de los actores tan presente en la realidad de este país centroamericano, el cual se ha valido de la confabulación de hechos mágicos y de seres camaleónicos que han servido a sus intereses. Con la ayuda del intertexto de Julio Cortázar, este ensayo da cuenta de la actualidad de las jugarretas de los Estados Unidos y toda su maquinaria imperialista.

Palabras clave: Nicaragua, imperialismo, Repertorio Americano, geopolítica extractivista

Abstract:

In this article a review is carried out on a series of historical events that occurred in Nicaragua between 1920 and 1933, which were reflected in several deliveries of Repertorio Americano. In the review, it becomes imperative to shape one of the actors so present in the reality of this Central American country, one who has used the collusion between magical events and chameleonic beings that have served its interests. With the help of Julio Cortázar’s intertext, this essay gives an account of the current affairs of the United States’ tricks and all its imperialist machinery.

Keywords: Nicaragua, imperialism, Repertorio Americano, extractivist geopolitics

I

… pequeño mundo frágil de Solentiname rodeado de agua y de esbirros como estaba rodeado el muchacho que miré sin comprender…

Lo que a continuación se va a narrar es una serie de hechos históricos entrelazados por una especie de jugarreta del mal llamado destino, en el cual sus distintos actores y escenarios se mueven en el espacio, al compás de una realidad modificada, llena de elementos que parecen provenir de lo fantástico, del absurdo. Esta cuestión se ha constituido en lo común y lo cotidiano para una de las naciones más golpeadas de Centroamérica y América Latina: Nicaragua.

Así, para iniciar este recorrido, se vuelve imperante darle forma a uno de los actores tan presente en la realidad del país centroamericano en cuestión, uno que se ha valido de la confabulación de hechos mágicos y de seres camaleónicos que han servido a sus intereses. Estamos ante la presencia de los Estados Unidos y toda su maquinaria imperialista.

Máximo Soto (1928) denuncia que la América de los días de la Conquista no registra en sus páginas más oprobiosos hechos y amplía que

Los conquistadores españoles eran gente ruda, ignorante, envenenada de fanatismo. Las luchas con los hijos de Mahoma en la península, y con los prosélitos de Lutero en Flandes, los hacía ver, en los que ellos llamaban infieles, como se consideraban a los indios, enemigos de su Dios y de su patria. La sed de oro que los traía, acicateaba sus bárbaros instintos, y la posibilidad de obtenerlo con beneficio de la salvación de sus almas, apagaba sus mezquinos escrúpulos. (…) No; los crímenes del presente son mayores que los del pasado. Se trata de hombres cultos, de la nación que pretende ser el Moisés que conduce a la humanidad a la tierra prometida, de un pueblo consciente de sus actos y en el cual sus subalternos no hacen sino cumplir las órdenes inmediatas de sus superiores (pp. 7-8).

Ahora bien, podemos observar que la historia de América se encuentra construida a partir de la violencia, que tiene como común denominador los deseos extractivistas de naciones más grandes, las cuales buscan, de una forma u otra, prolongar y expandir su dominio, mediante acciones inesperadas y ante la mirada atónita y cómplice de los Gobiernos de la región.

Las naciones pequeñas vecinas de una nación grande viven en constante intranquilidad. Todo envuelve un peligro para su existencia; todo anuncia la absorción, la influencia o el predominio de los hombres más fuertes, apoyados en los cañones de su escuadra, en las bayonetas de sus soldados o en el oro de sus bancos. La diplomacia de esos hombres puede ir en triunfo por un continente, por el mundo: nada será más poderoso que su deseo o su conveniencia (Gay-Calbó, 1923, p. 188).

De esta manera, para visualizar tales atrocidades, bastaría con tomar un pequeño extracto de la historia de la relación entre Nicaragua y el imperialismo norteamericano, que tanto se ha ensañado con esta nación. Para tales efectos nos remontamos a 1922, cuando se plantea el siguiente escenario:

En cumplimiento del Pacto Dawson se hizo una comedia electoral bajo la intervención de los marinos americanos, cuya intención fue “hacer una nueva Constitución” que facilitara el plan de los banqueros. Pero el escándalo fue tal, que el Congreso en masa rechazó de plano el proyecto. Estrada, entonces, disolvió el Congreso y se declaró dictador, recibiendo, sin embargo, órdenes del Ministro americano (Turner, 1922, p. 281).

Las mentes truculentas detrás del imperialismo siempre se las ingenian a la hora de crear las condiciones necesarias para ejecutar acciones que caen fuera de la legalidad, pero que parecen tan espontáneas que ninguna institución se encuentra en la capacidad de dar respuesta a ellas. ¿Cómo resulta posible que alguien se declare dictador y las cosas sigan como si nada? Es posible, siempre y cuando los intereses que hay detrás tengan el suficiente peso.

Turner (1922), haciendo referencia al tema de la legalidad, señala que “la Administración Taft envió unos 2 350 marinos y blue jaquets a territorio nicaragüense y se comenzó una campaña general de pacificación. (…) Todo esto fue hecho sin la menor sombra de legalidad” (p. 281). Tales acciones tenían como objetivo oculto el acompañar una serie de intereses económicos ligados a la Convención del “Canal” que había sido ratificado por el Senado el 18 de febrero de 1916, en el cual se incluían los puntos a continuación:

1. Derecho de propiedad exclusiva para construir, manejar y mantener libre, para siempre, de todo gravamen, un canal interoceánico por Nicaragua.

2. Concesión de las islas Corn por 99 años, renovables por parte de los Estados Unidos, con el fin de establecer bases navales.

3. Cesión del territorio en el golfo de Fonseca en los mismos términos.

De pronto, una nación, a la cual sistemáticamente se la ha encasillado como “pequeña” y del tercer mundo, se convierte en parte de un objetivo geoestratégico de los intereses de los Estados Unidos, que, en su carácter mesiánico, se otorga la facultad de administrar tales recursos, con complicidad de sus agentes en el país, ya sean norteamericanos o de la misma nación que está siendo saqueada. Turner (1922) confiesa que

Todo su interés estaba basado en la tentadora oportunidad especulativa que ofrecía la condición indefensa de la pequeña República. Wall Street hizo todas las maquinaciones para provocar la revolución en Nicaragua, nuestra intervención y control político con el solo propósito de lucrar, impulsados por los mismos motivos que más tarde les indujeron a forzar nuestra intervención en la guerra europea (p. 282).

Además, Turner (1922), en su artículo, remarca que,

Una vez completa nuestra conquista, y desde entonces Nicaragua ha estado en las manos de un interventor americano, con su deuda externa aumentada a la cifra de 15 millones de dólares. Los ferrocarriles están en el poder de los mencionados banqueros, quienes a su vez cobran y gastan la renta aduanera; son dueños del Banco Nacional y administran los fondos públicos. Las leyes para el gobierno de ciudadanos nicaragüenses fueron hechas en Wall Street, puestas en práctica y ejecutadas por agentes de Wall Street y administradas por americanos bajo el control del sindicato de banqueros (p. 282).

El manto que recubre las verdaderas intenciones detrás de tal empresa política y económica, alienada totalmente a una visión imperialista y que se encuentra por encima de cualquier relación diplomática y de bienestar compartido entre las naciones, puede tener tantos matices como billetes se puedan imprimir.

Por un lado, hacia lo interno surgen canales de legalización de los procesos incuestionables; al respecto, Turner (1922) señala: “encontramos a nuestros banqueros acaparando reclamaciones fantásticas contra el Tesoro nicaragüense y al mismo tiempo instalados en forma de oficina de control legalizador de tales reclamos, para ser presentados en Washington para su aprobación solemne y ratificación final” (p. 282).

Por otro lado, hacia el exterior se vende una imagen convertida en cegadora, para aquellos a los que les es más fácil hallar explicaciones simples, e inhabilita a quienes ardidamente denuncian los atropellos cometidos. Turner (1922) comenta: “los periódicos nos han informado, de vez en cuando, que nuestra intervención y todas estas combinaciones financieras, incluyendo la “compra” de la ruta canalera, son parte integrante de todo un plan humanitario para ayudar a Nicaragua a pararse” (p. 283).

II

… el muchacho estaba ahí en un segundo plano clarísimo, una cara ancha y lisa como llena de incrédula sorpresa mientras su cuerpo se vencía hacia adelante…

Enrique Gay-Calbó (1923) indicaba, en su artículo “Centroamérica Intervenida”, que “las naciones pequeñas situadas en la proximidad de los Estados Unidos van acercándose como alucinadas al abismo de la absorción, al aniquilamiento de su soberanía, a la entrega absoluta de cuanto las mantiene aún en la asociación de los pueblos libres” (p. 188).

De tal forma, este creciente monstruo imperial va extendiendo sus afiladas garras en una zona que no le resulta menos importante, en términos geopolíticos y geoestratégicos, para la acumulación de sus riquezas tanto naturales como aquellas de gran contenido simbólico en la construcción y consolidación de su imagen de súper potencia mundial. En esa tarea, Estados Unidos tiene una visión muy clara de la dinámica que necesita que jueguen los países de Latinoamérica. En ese sentido, Gay-Calbó (1923) comenta que

Parece que se opone entre los pueblos de América la voluntad de un Maquiavelo incontrastable, que se empeñara en dividir para vencer. Y nosotros, que solo por esto somos nuestros más encarnizados enemigos, nos mantenemos en un salvaje y absurdo aislamiento, e imposibilitamos todas las tentativas de unión. Y la unión es la única esperanza que nos resta (p. 188).

Somos nuestros más encarnizados enemigos fruto de un mal estructural y casi endémico, en el cual se nos ha inculcado la competitividad y el aislamiento como un valor a partir del que se podrá acceder a mejores cuotas de poder. Y justamente en este inalcanzable ejercicio de obtener un mayor número de esas cuotas es que los Gobiernos de naciones latinoamericanas abren sus puertas de par en par a iniciativas que les otorgan algunos beneficios monetarios, los cuales dejan en el olvido a toda una nación. De este modo,

Los Estados Unidos necesitan el dominio más completo en todo el Istmo y las mayores garantías de que sus fáciles conquistas diplomáticas no sufrirán riesgo alguno, y su objetivo es el canal. (…) El canal de Nicaragua, las estaciones navales del Golfo de Fonseca, las zonas de acampamientos militares, las líneas ferroviarias propias, el comercio propio, todo, todo cuanto quieran estará debidamente garantizado, según su capricho o conveniencia (Gay-Calbó, 1923, p. 213).

Esto no sería posible, claro está, sin la complicidad de ciertos Gobiernos camaleónicos y un poco carroñeros, que aceptan el juego establecido, sin ningún gesto de protesta ni una palabra de censura ante la nación más poderosa del continente, que oprime y esclaviza a una de las más pequeñas (Soto-Hall, 1928). Asumen su rol comprado de diplomáticos amistosos a los intereses de Estados Unidos y enemigos del bien del prójimo. Al respecto Gay-Calbó (1923) explica que

Es la América un mundo compuesto por una sola familia de la humanidad, unida por la historia, por el idioma y por el afecto. Sus diplomáticos en los pueblos de ella no pueden ser fríos personajes, ceremoniosos y discretos, que estimen cumplido su deber asistiendo a las recepciones oficiales, a funciones de gala y a ciertos actos públicos (p. 214).

Lo cierto es que el papel diplomático en la región se ha limitado a guardar las apariencias y ser cómplice a través del silencio, con toda una institucionalidad que no solo los respalda, sino que además dicta las normas. De esta manera, “las convenciones y los tratados de Washington facilitan la intromisión, que se hará cada vez más influyente y decisiva en todas las cuestiones centroamericanas” (Gay-Calbó, 1923, p. 189).

Por su parte, Soto-Hall (1928) denuncia que,

Los que tristemente ocupan el sitio de aquel Washington que hemos, con justicia, aprendido a venerar en nombre de la fraternidad americana atropellan la soberanía de los pueblos, en nombre de la amistad internacional asesinan a los que defienden esa soberanía, en nombre de una mentida protección, que solo cubre con su manto el dólar, aniquilan a un país (pp. 9-10).

Retomando esta imagen de Estado Unidos como policía mundial, protector mesiánico y juez y parte en los asuntos de las naciones latinoamericanas, se puede detectar fácilmente el guion, repetido una y otra vez, que utilizan para atropellar la soberanía de los pueblos. El capítulo de este guion destinado a la “ayuda humanitaria” no es más que una vil burla, como última estrategia para dar respuesta a todas las atrocidades inducidas con el propósito de desestabilizar una nación y, a partir de ello, poder intervenir, quedando como los héroes de la historia.

Ningún centroamericano en que vibre la más insignificante emoción de patriotismo, podrá reconocer jamás, el menor derecho, al Gobierno de los Estados Unidos, para inmiscuirse en nuestros asuntos internos. Si, desventuradamente, vivimos con el dicterio en los labios o con el rifle al hombro, destrozándonos como fieros enemigos, con la saña de gallos de pelea, esto solo nos incumbe a nosotros y nada le importa de ello a ninguna nación extranjera. Que se nos diga, cínicamente, que acude en nuestro auxilio por piadosa humanidad, pues lo cierto es que tal ayuda es interesada, nacida de un instinto pirata. Y aun cuando no fuera así, sería ignominiosa para nuestra soberanía (Gay-Calbó, 1923, p. 217).

III

… el agujero nítido en mitad de la frente, la pistola del oficial marcando todavía la trayectoria de la bala, los otros a los lados con las metralletas, un fondo confuso de casas y de árboles…

Como todo en la historia, siempre hay otras caras y otras voces que hacen un llamado a la denuncia, a pesar de todas las artimañas que se confabulan para presentar un solo lado de la historia. Esas voces se hacen un lugar a partir del ideal que Gay-Calbó (1923) recalca, el de “atrincherarnos en nuestra dignidad, a pesar de nuestra pequeñez y de nuestros ínfimos recursos” (p. 214); asimismo, amplía que

Solamente los ciegos de espíritu no ven la terrible amenaza que pesa sobre nuestra Patria —y cuando digo patria no me refiero a Honduras sino a Centro América—; solamente los pesimistas abúlicos, los compatriotas cogidos por criminal indiferencia, los que no piensan, los que no leen, los que no viajan, los que no sondean el futuro, no miran levantarse agresiva la despótica garra de hierro, abierta sobre nosotros desde la Casa Blanca de Washington, que de símbolo preclaro de libertad, se ha convertido, para las pequeñas naciones del Caribe, en siniestro emblema de destrucción y de muerte (p. 217).

En la historia donde el absurdo es pan de cada día y los personajes se trasmutan en una dialéctica del bien y el mal bien construida, resulta relevante apelar a la identificación del enemigo común, este que ha transformado su traje a lo largo de los años, pero que mantiene la esencia de su actuar. Así, Gay-Calbó (1923) nos remite a la siguiente figura:

El conquistador de pueblos, el destructor de libertades, tiene los ojos de Argos, y su famélica zarpa se posa hoy en un punto, y mañana en un kilómetro cuadrado, y al otro día en toda la extensión de la comarca. Comienza por atrapar un dedo, sonriendo amistosamente; después la mano, luego el brazo; y enseguida, de improviso nos echa la garra al cuello y nos destroza sin piedad. Es multiforme, es un Proteo siniestro; y se aprovecha de todas las circunstancias, y de todos los errores de los pueblos que codicia. Juega con ellos, hipócritamente, como el gato con el ratón; les halaga, les da esperanza de libertad, les deslumbra con sus montañas de oro, y de pronto, de un golpe certero y terrible, les arranca las entrañas (p. 218).

Siendo el imperialismo del Norte un pulpo formidable, cuyos gigantescos tentáculos se alargan siniestramente sobre todos los países débiles (Gay-Calbó, 1923), surge la necesidad ya no solo de levantar la voz y señalar abiertamente los propósitos y alianzas geoestratégicas, políticas y económicas contra una nación golpeada una y otra vez (en la cual la política es, a toda costa, un canal bajo dominio americano), sino también el requerimiento imperante de plantear acciones contra todo intento de laceración de la soberanía. Se pretende construir una nueva relación de los hombres y mujeres con su patria y que se aborrezca la servidumbre instaurada. Gay-Calbó (1923) remarca estas palabras al señalar a estos,

Hombres pueriles ya contaminados con el veneno de la traición, para quienes todo nuestro porvenir colectivo está concentrado en los progresos materiales, en la transformación mecánica de estos países por medio del oro del Norte; sin darles importancia alguna a los grandes valores humanos, la soberanía, la libertad, el derecho, que estarán siempre, pese a los malvados, por encima de toda finalidad grosera y egoísta. Desearían cambiar lo que nos es más caro, la autonomía de la República, por esos ilusorios adelantos prácticos de los que ni siquiera se beneficiarían. Pues las fábricas, y caminos férreos y compañías de vapores y construcción de ciudades y todo lo que constituye, en su base primordial, el progreso moderno, serían del conquistador (p. 219).

IV

… gente amontonada a la izquierda mirando los cuerpos tendidos boca arriba, sus brazos abiertos contra un cielo desnudo y gris…

Adelantándonos un poco en la violenta historia de Nicaragua, estos llamados de denuncia fueron finalmente escuchados y brota un nuevo personaje, que hasta hoy cala en este ideal antiimperialista, perfilado como única opción viable ante el monstruo de grandes tentáculos que absorbe todo a su paso. El general de hombres libres, Sandino, aseguró en su momento: “Puede estar usted seguro —y queda autorizado para hacerlo saber a Centro América, a la intelectualidad, a los obreros y artesanos y a la raza indohispana— que no depondré mi actitud hasta no arrojar de mi patria a los invasores (Turcios, 1927, p. 340).

Sin embargo, tan poderoso es el imperio como sus aliados y están tan orquestados en una misma sintonía, en la que no pueden permitir ni dar espacio a la más mínima protesta o forma de organización que consideren que atenta contra sus intereses, que también se admiten a ellos mismos liquidar de forma física a la figura representante de los verdaderos intereses de un pueblo. Pero una vez sembrada la semilla, una vez que se ha intentado, las consciencias son otras y siempre habrá el momento preciso para dar un giro de timón en el repetido guion con el que nos emboban.

Estos pueblos dieron al rebelde de la manigua nicaragüense el nombre de héroe. Heroicas fueron sus luchas. Quiso redimir a su nación de muchas vilezas. La mayor era la de la ocupación yanqui y los males dejados por ella. Esos males son incontables. Puede decirse que Nicaragua no tiene más calamidades que las ocasionadas por el yanqui invasor. Lo vio claro el rebelde cuando buscó el aislamiento y declaró la guerra al ocupante. Calamidades representadas por tratados humillantes, por imposición de hombres en el gobierno, por entrega de la banca, de la industria, de las riquezas naturales (Del Camino, 1933, p. 127).

Así, quisiera poder darle un cierre a esta pequeña narración de hechos, elevando los tesoros intangibles, luchas y pensamientos, que se gestan alrededor de un territorio siempre en disputa, en donde ha habido una especie de realismo mágico confabulado a favor de los intereses de los Estados Unidos. Estos, con sus aliados, no logran ver más allá de lo monetario y, por tanto, no pueden comprender la terquedad que persiste en los pueblos que catalogan como pequeños.

Referencias

Cortázar, J. (1983). Apocalipsis en Solentiname. En Nicaragua tan violentamente dulce. Managua: Editorial Nueva Nicaragua.

Del Camino, J. (1933). Estampas: La capitulación de Sandino, hay que organizar las batallas en el rumbo de la cultura. Repertorio Americano, 26(8), 126-127.

Gay-Calbó, E. (1923). Centroamérica intervenida I. Repertorio Americano, 6(13), 188-189.

_______. (1923). Centroamérica intervenida II. Repertorio Americano, 6(14), 213-214.

Soto, M. (1928). Nicaragua y el Imperialismo Norteamericano. Contraste entre la insolencia norteamericana y la vergonzosa tolerancia de los gobiernos de la América Latina. Buenos Aires: Artes y Letras Editorial.

Turcios, F. (1923). Por la autonomía de Centroamérica. Repertorio Americano, 6(15), 217-219.

______. (1927). Cartas cruzadas entre el General Sandino y FroylánTurcios. Repertorio Americano, 15(22), 340-341.

Turner, J. (1922). Nicaragua: trece años de imperialismo norteamericano. Repertorio Americano, 281.