R E P E R T O R I O


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A M E R I C A N O


Segunda nueva época N.° 31, Enero-Junio, 2021

ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143



La Edad de Oro de Joaquín García Monge: selección y edición de lecturas latinoamericanas y universales

Joaquín García Monge’s La Edad de Oro: A selection and edition of universal and Latin American readings

Nuria Rodríguez Vargas

Instituto de Estudios Latinoamericanos

Universidad Nacional, Costa Rica

nuria.rodriguez.vargas@una.cr

Resumen

En la década de 1920, el costarricense Joaquín García Monge tomó como antecedente La Edad de Oro (1889) del cubano José Martí y editó una copiosa selección de textos latinoamericanos y universales de diversos géneros y temas. Se pretendía conectar con el público estudiantil del sistema de educación pública costarricense. Al inicio, los textos fueron publicados en las páginas de Repertorio Americano y poco tiempo después como Suplemento a la revista, en cuadernos separados de 160 páginas aproximadamente. El objetivo de este artículo es hacer una descripción general del contenido de los seis tomos que llegaron a publicarse y, a la vez, destacar la influencia del pensamiento de Martí en el maestro costarricense.

Palabras claves: José Martí, La Edad de Oro, Joaquín García Monge, pensamiento latinoamericano, universalidad

Abstract

During the 1920’s, the Costa Rican writer Joaquín García Monge -inspired by La Edad de Oro (The Golden Age) of José Martí- edited a great selection of Latin American and universal texts based on different subjects and genres. He intended to connect with students belonging to the public education system. At the beginning, texts were published in Repertorio Americano, and then as a Supplement to this magazine, in 160-page notebooks. The aim of this article is to make a general description of the contents of the six volumes that became to be published and, at the same time, to highlight the influence of Martí on García Monge.

Keywords: José Martí, La Edad de Oro, Joaquín García Monge, Latin American thought, universality

La obra presente en La Edad de Oro de Joaquín García Monge

En junio de 2024 se cumplirán cien años del inicio de la publicación de La Edad de Oro del costarricense Joaquín García Monge inspirado en la obra del cubano José Martí. La selección de textos aparecía en las páginas del Repertorio Americano; posteriormente, en 1925 como una publicación complementaria a esta revista en cuadernos separados de 160 páginas. En total se publicaron seis tomos que incluyen autores de diferentes geografías, lenguas y épocas. Para su estudio, se clasificaron en tres grupos: autores latinoamericanos, españoles y universales. El objetivo de este artículo es hacer una descripción general del contenido de esta copiosa obra, seleccionada y editada por don Joaquín. Al mismo tiempo, se pretende destacar la influencia del pensamiento de José Martí en la vida intelectual, pedagógica y editorial del maestro costarricense.

En este trabajo, el énfasis está sobre un corpus de autores latinoamericanos y las relaciones con el contexto histórico y sociocultural. En ocasiones, aparecen datos relevantes de su biografía en el momento en que se realizaba la publicación de La Edad de Oro. Se ha tocado de forma somera una reflexión sobre los géneros, el modernismo y las traducciones.

En La Edad de Oro editada por Joaquín García Monge, los tipos de obras y temáticas son variados. Hay presencia de textos históricos, filosóficos, científicos, arquitectónicos, agrícolas, políticos, didácticos, entre otros, enfocados en la transmisión de datos, información, conocimiento conceptual y reflexión. Sin embargo, predominan los textos literarios, en el sentido de expresión estética y poética mediante la metáfora, los símbolos y la imaginación.

Los pueblos que perduran en la historia son los pueblos imaginativos. Y cread el pueblo sumo, rico sin rival en naturaleza, rico sin rival en imaginación, rico sin igual en razón, porque la imaginación es como una iluminadora, que va delante del juicio, avivándole para que vea lo que investiga, lo que ella descubre, y dejándolo atrás en reflexiones mientras ella, impaciente, parte a descubrir campiñas nuevas. La imaginación ofrece a la razón, en sus horas de duda, las soluciones que esta, en vano aún en ayuda busca. Es la hembra de la inteligencia, sin cuyo consorcio no hay nada fecundo. (“Serie de artículos para La América” S/F. O.C. 23:44)

Texto literario, en tanto, ficción. La literatura es ficción. Crea, inventa y finge. “Ficción verbal de una ficción mental, ficción de ficción: esto es literatura” (Reyes, 1963, pp. 202-207). Sobre lo literario apunta Anderson Imbert que el escritor que se dedica a la literatura abstrae de su experiencia, no un elemento público, sino elementos privados y los reviste de un estilo imaginativo y lujoso en metáforas. Y amplía explicando lo siguiente:

Esto ya no es comunicación lógica y práctica, sino experiencia estética, poética. Los símbolos ya no son referenciales como en lo no literario, sino evocativos. En vez de despegarse de la experiencia que tuvo el autor, los símbolos se quedan cerca de esa plena, rica, honda, intensa, imaginativa y creadora experiencia. Son símbolos pegados a las percepciones, los sentimientos, pensamientos de una experiencia particular vivida por una persona en cierto momento. El conocimiento ya no es conceptual sino intuitivo. (2018, p.11)

En 1990, en el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, con respecto a la idea de personalidad de una literatura, Octavio Paz1 se pregunta y él mismo responde. “¿Pero tienen carácter las literaturas, poseen un conjunto de rasgos comunes que las distingue unas de otras? No lo creo. Una literatura no se define por un quimérico, inasible carácter. Es una sociedad de obras únicas unidas por relaciones de oposición y afinidad”. En relación con la literatura latinoamericana, apunta las diferencias históricas, sociales o ideológicas en cuanto a otras literaturas, pero superadas las disputas siempre quedan las obras.

Sobre los géneros literarios, hay una gran variedad de formas de textos presentes en los tomos de La Edad de Oro. Desde la teoría clásica, en la Poética, Aristóteles hace una clasificación tomando como puntos de partida los modos de enunciación de los textos y las formas miméticas. Así, distingue tres géneros: el lírico (poesía), el épico (narrativa) y el dramático (teatro).

Desde Aristóteles hasta el siglo XVIII, la clasificación de las obras literarias se hizo con criterio dogmático y regulador. Se creía que los géneros existentes en cada momento eran algo permanente, con cánones fijos también; y se buscaban explicaciones racionales para justificar las leyes literarias. Pero los códigos de los preceptistas eran constantemente desmentidos por la realidad: unos géneros caían en el olvido, nacían otros nuevos, y los subsistentes experimentaban incesantes variaciones. (Lapesa, 1970, pp. 119-120)

Muchas teorías taxonómicas de clasificación de los géneros se desarrollaron a lo largo de los siglos. Es la visión institucionalizada de los géneros. “No ha habido nunca literatura sin géneros, es un sistema en continua transformación, y la cuestión de los orígenes no puede abandonar, históricamente, el terreno de los propios géneros: cronológicamente hablando, no hay “antes” de los géneros” (Todorov, 1988, p. 34). Es decir, los géneros cambian, se transforman y aparecen nuevas creaciones.

Los géneros literarios responden a una historicidad, es decir, a un marco contextual. “El hecho genérico mezcla inextricablemente el hecho natural y el hecho cultural, entre otros (…) ninguna instancia viene totalmente dada por la naturaleza o por el espíritu” (Genette, 1988, 231). No es el objetivo desarrollar una revisión histórica de la teoría de los géneros. Es importante destacar que, a lo largo de la historia literaria, en algunos casos las fronteras entre los géneros no han sido difíciles de definir. La hibridación entre los diferentes géneros es una característica que siempre ha estado en discusión. Sin embargo, todavía no se prescinde completamente de la distinción entre los géneros y esta funciona como una orientación para aproximarse a los textos literarios.

García Monge incluyó en su selección de textos una multiplicidad de géneros de escritura, literarios y no literarios, algunos con características definidas, otros más híbridos; pero todos responden a una época, cultura y visión de mundo del creador. Sin hacer una clasificación rígida y a manera de ejemplificación, el tomo I abre con el cuento “Los cuatro ciegos”, referido por Martí en La Edad de Oro, y cierra con el poema “Dar” del mexicano Amado Nervo. En medio de estos dos escritos se hallan textos históricos, científicos, agrícolas, traducciones, romances, cartas, parábolas, fábulas. El modelo es idéntico en los otros tomos, pero se adicionan otros géneros: la leyenda, el drama, la crónica, la anécdota, el ejemplo, la epopeya, la sátira, la opinión, el apólogo; además, otros tantos de difícil clasificación genérica, en respuesta a una época y al estilo personal del creador.

Predominan los textos originales o traducciones de escritores de América Latina, desde México, pasando por Centroamérica y el Caribe hasta llegar al Cono Sur, y en segundo lugar de España. Para efectos de esta publicación destacaré la presencia de representantes de las Letras de estas geografías y espacios culturales.

En la investigación se han identificado 209 entradas de escritores latinoamericanos de ambos géneros. El siguiente cuadro muestra a los diez escritores de nuestra región más presentes en los seis tomos de La Edad de Oro, así como el número total de entradas.

Cuadro 1

País

Autor/a

Entradas

1. Uruguay

Horacio Quiroga (1878-1937)

19

2. Argentina

Luis L. Franco (1898-1988)

11

3. Cuba

José Martí (1853-1895)

10

4. Argentina

Leopoldo Lugones (1874-1938)

9

5. Chile

Gabriela Mistral (1889-1957)

7

6. Perú

Ricardo Palma (1833-1919)

7

7. Uruguay

Juana de Ibarbourou (1892-1979)

6

8. Ecuador

Juan Montalvo (1832-1889)

5

9. México

Amado Nervo (1867-1919)

4

10. Uruguay

Fernán Silva Valdés (1887-1975)

4

Elaboración propia a partir de La Edad de Oro de Joaquín García Monge.

Con respecto a la selección de literatura española, hay 32 autores de ambos géneros, cuatro de ellos anónimos. En total son 47 entradas. El siguiente cuadro destaca los cinco escritores españoles más presentes y el número total de entradas.

Cuadro 2

Autor/a

Entradas

1. José Pijoán (1881-1963)

6

2. José Martínez Ruiz, Azorín (1873-1967)

5

3. Eugenio D’Ors (1881-1954)

5

4. Miguel de Unamuno

(1864-1936)

5

5. Antonio Machado (1875-1939)

3

Elaboración propia a partir de La Edad de Oro de Joaquín García Monge.

Muchos de los escritores latinoamericanos tienen en común la influencia del modernismo de una u otra manera en su producción artística, ya sea en los temas, en los motivos, en el lenguaje sensitivo o en la reflexión sobre la época y sus crisis.

El alma modernista es un campo de batalla, reclamado por pulsiones diversas y tan contradictorias como el doble influjo parnasiano y simbolista; por eso sus claves pueden ser presentadas como parejas de impulsos opuestos y en pugna, pero que se complementaban en cierto nivel. Así, tenemos el cosmopolitismo, esa adoración por los símbolos refinados y prestigiosos de la cultura universal (el mundo grecolatino, el medioevo, la Francia rococó, el París moderno y decadente), al mismo tiempo que un sentimiento americanista, enamorado de las grandezas precolombinas, los vastos escenarios naturales, el misterioso mundo de las mitologías. (Oviedo, 2001, p. 229)

A tono con lo anterior, el argentino Leopoldo Lugones, modernista, estudioso del helenismo clásico, en el poema “Al Plata” presente en Odas seculares (1910) hace una alabanza a la geografía, a la naturaleza, a las culturas originarias y a lo telúrico:

Moreno como un Inca, la excelencia

De la raza solar te impone el cetro.

Y formas con los Ganges de los dioses

Con el Danubio azul de los imperios

La noble tribu de aguas que penetra

De cara al sol en el Océano intérmino,

Como mueren los héroes antiguos

En la inmortalidad de un canto excelso. (1910, pp. 21-22)

El modernismo hispanoamericano es la expresión de una profunda crisis (Oviedo, 2001, p.218). La búsqueda de la identidad latinoamericana marcó las producciones de los artistas de la región. Lo universal y lo nacional imbricados en una expresión que va más allá de lo artístico y que toca aspectos sociopolíticos y económicos, “(…) los autores del modernismo experimentaron una fuerte agonía espiritual y una duda filosófica, sentimientos que generaron una variedad de estrategias experimentales cuya finalidad fue la reconstrucción de su universo individual y nacional” (Schulman, 2002, p. 11).

Dos textos recogidos en los tomos de La Edad de Oro por Joaquín García Monge, Amado Nervo y Leopoldo Lugones dan cuenta de las reflexiones y experimentaciones artísticas de los modernistas latinoamericanos. En el poema “Enciende tu lámpara”, presente en Plenitud, poemario en prosa, se notan influencias cristianas y filosóficas en la búsqueda de una perfección espiritual:

En cuanto caiga la noche, enciende tu lámpara.

No permanezcas en la oscuridad.

Enciende cuidadosamente tu lámpara.

El viajero que pase, dirá: “cuánto reposo debe haber cerca de esa luz; cuánta paz”.

La mujer solitaria que la distinga de lejos, pensará “allí debe anidar el amor; dos que se quieren son bañados por el mismo fulgor blando…”

El niño que la contemple exclamará: “tal vez hay niños en redor de la mesa y leen cuentos y miran maravillosas estampas”.

El modernismo latinoamericano se ha caracterizado también por la lucha frente a una sociedad mercantilista y la búsqueda de ideales. Cita Luis Veres las palabras de Leopoldo Lugones en busca de la complicada sencillez:

Escritor significa comunicador de ideas claras y sentimientos nobles, vale decir, de verdad, de verdad y belleza. Es así, como uno guía, ejerciendo en consecuencia un ministerio social (…) Los organizadores del idioma, que son los escritores ciertamente, asumen por ello una categoría superior, y por descontado, la correspondiente responsabilidad que su conciencia debe imponerles y que la sociedad puede exigirles; toda vez que el mal escritor resulta entonces una calamidad pública. Y si bien se ve, mucho más ante la moral, que ante la estética. Toda expresión inexacta, lo que es decir torpe y fea, miente de suyo y enseña a mentir. Por el contrario, belleza, verdad y bien, son en arte la misma cosa. (2003, p.1136)

En el tomo IV de la presente edición, el poema “El tesoro inútil”, de Leopoldo Lugones, reflexiona sobre la contribución de lo material y la verdad científica en la búsqueda de la ansiada y efímera felicidad:

Hallé un grano de oro,

lo supe guardar.

Hallé la sabiduría,

la supe estimar.

Y a costa de muchas penas

logré la verdad.

Otra vez hallé la dicha

sin haberla ido a buscar:

era una suave paloma

que aceptó cautividad.

Y un día por distracción

la dejé escapar…

¿Qué haré ahora con el oro,

con la ciencia y la verdad?

Los escritores modernistas cultivaron, además, la crónica. Cita Darío Jaramillo Agudelo el concepto de crónica sistematizado por Carlos Monsiváis como “reconstrucción literaria de sucesos o figuras, género donde el empeño formal domina sobre las urgencias informativas” (2016, p. 12). El cronista debe investigar las fuentes, interpretar la realidad, pero también deconstruir y reorganizar los acontecimientos para obtener un nuevo producto narrativo.

José Martí “fue el cronista mejor informado sobre la vida y cultura de Estados Unidos de los últimos decenios del siglo XIX” (Schulman, 2002, p.53). Además, “marcado por ese empeño inaplazable, el escenario de Estados Unidos de la época es retratado por el periodista, de tal modo que llega a dominar la colección de crónicas escritas a partir de ese asunto” (Núñez, 2016, p. 11). En el tomo VI de la presente edición se incluyó “Los ingenieros del puente de Brooklyn”, que comienza diciendo:

¿Quién no ha de leer con gozo, como un triunfo propio, por ser hombre, una noticia breve de la vida de los dos bravos e ilustres ingenieros, que, alzando entre New York y Brooklyn, sobre las sondas de aire, ese solemne y admirable puente, sutil calzada de gigantesca encajería?

La ideó el padre; la hizo el hijo. El padre se llamó Juan Roebling; el hijo, Washington. El padre enamorado de la Libertad bautizó a su hijo con el nombre de su pontífice. Jerarquía nueva; cielos nuevos; santos nuevos.

Es sugestivo que la gran obra arquitectónica de la época, inaugurada en 1883, desaparece por un momento, deja de ser objeto, se personaliza y adquiere dos rostros humanos: los Roebling y sus historias personales.

Juan Roebling, cuyo rostro hozador y pujante, figura ya como retrato de huésped, en todas las casas de Estados Unidos, murió en su obra, como mueren los espíritus sinceros (…) Cuarenta y seis años tiene ya Washington, su hijo. De las líneas de su padre ha hecho calzadas, redes de acero, torres, moles. Lo que su padre esbozó, él completó. Lo que el padre no previó, por él fue resuelto.

En la mayoría de los tomos, a excepción del II, es constante la presencia de Horacio Quiroga mediante sus textos, cuentos o crónicas y biografías. Murió el escritor en 1937, es decir, que cuando hizo las colaboraciones para la revista Repertorio Americano estaba en su etapa de producción. En el tomo IV, hay un considerable aporte de textos de Quiroga, biografías y crónicas de exploradores. Originalmente fueron publicados en revistas suramericanas de la época. La investigadora Emma Susana Speratti Piñero, en el ensayo “Hacia una cronología de Horacio Quiroga”, ubica los textos en la revista CyC en los números que van de marzo a diciembre de 1927. Apunta lo siguiente:

Como nota de la redacción, se lee en el mismo número de la revista: "Horacio Quiroga, nuestro magistral colaborador, hace aquí el prólogo de una serie de biografías ejemplares, cuyos trabajos saborearán los lectores. . . semanalmente". En realidad, no se sigue siempre la periodicidad indicada ni se encuentra siempre un estricto ajustamiento al tema general anunciado. (1955, p. 377)

La traducción también fue una forma de escritura muy practicada por algunos escritores modernistas. Había un gusto por conocer textos, culturas y sensibilidades fuera de las fronteras de Nuestra América. Al respecto, el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895)2 apunta: “Conserve cada raza su carácter substancial; pero no se aísle de las otras ni las rechace, so pena de agotarse y morir. El libre cambio es bueno en el comercio intelectual [y tiene sobre el libre comercio mercantil la ventaja de que podemos establecerlo hasta con pueblos y naciones que ya no existen]”.

En cuanto a los orígenes y desarrollo del modernismo en Costa Rica, Margarita Rojas y Flora Ovares ubican sus inicios entre 1900 y 1915 y su consolidación entre 1915 y 1930. Afirman que el movimiento comienza con el poeta y ensayista Roberto Brenes Mesén; citan como antecesor a Justo A. Facio. Y sobre la propuesta del modernismo apuntan: “La crisis de valores de fin de siglo se relaciona directamente con el modernismo, entendido este no solo como movimiento literario sino también como actitud moderna ante la vida. La reacción modernista de fin de siglo surgió contra la supresión de los valores religiosos y estéticos, la mediocridad y la uniformidad de la época” (1994, pp. 39-40).

De Roberto Brenes Mesén (1874-1947) sobre las características de su producción poética más lograda, señala Carlos Rafael Duverrán: “la abundancia y novedad de las metáforas, el cultivo del idioma con un marcado sentido estético y un simbolismo de tendencia mística” (1973, p. 19). Por su parte, Baeza Flores dice que “…muestra una nueva sensibilidad, una manera distinta -extremadamente afinada y sensitiva- para hacer sentir la resonancia de la vida exterior en la interior, y para viajar con los sentidos hacia el paisaje -y también hacia los mundos mentales-.” (1978, p. 77).

Por otra parte, realizó traducciones de la literatura universal. En los tomos V y VI aporta traducciones de textos del escritor libanés y orientalista Khalil Gibrán (1883-1931), como el apólogo “Las dos jaulas” contenido en el libro El loco (1918):

Hay dos jaulas en el jardín de mi padre. En una se guarda un león que del desierto de Nínive le trajeron sus esclavos; en la otra hay un mudo gorrión.

Todos los días, al amanecer, el gorrión dice al león: “Que buenos días tengas, hermano prisionero”.

Con respecto a la literatura escrita por mujeres, se anticipó Joaquín García Monge en reunir el Triángulo de la Poesía del Cono Sur: Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou. Algunos de sus poemas y textos en prosa están contenidos en la selección. Fueron tres poetas latinoamericanas fundamentales en la primera mitad del siglo XX pues abrieron camino a la poesía de autoría femenina que se desarrollaría posteriormente.

En 1938, también ellas fueron convocadas con el objetivo de compartir información sobre sus técnicas y estrategias para hacer literatura. Así, se realizó una conferencia en el Instituto Vásquez Acevedo de Montevideo con la presencia de las tres grandes poetas latinoamericanas de las primeras dos décadas del siglo XX.

En el marco del evento, Alfonsina Storni manifestó: “Gracias Gabriela, gracias, Juana, por existir sobre la tierra y respirar a mi lado. Si pudiera ensanchar seis manos unidas en un círculo que partiendo en el Atlántico ensartara la cordillera y enfilara la pampa, lo haría” (1938). Continúa en la conferencia3 sobre la labor de escritura poética y hace la argentina una reflexión personal, íntima y crítica en torno a su desarrollo:

Escribo mi primer libro de versos, un pésimo libro de versos (…) pero lo escribí para no morir (…) No fuera a ser que todo lo que en verso he sentido, no fuera más que algo que nunca pudo ser (…) y reprimido de familia en familia, de mujer en mujer (…) a veces en mi madre apuntaban antojos de liberarse, pero se le subió a los ojos una honda amargura y en silencio lloró (…) y todo esto mordiente, vencido, mutilado que se hallaba en su alma encerrado, pienso que con mis versos lo he liberado yo (…) Fue verdad lo que en tiempos de mi libro Ocre (…) me faltaba un amor y lo tuve, una infamia también y di con ella, un engaño y lo hallé, la savia sube a copular mi vida (…) y empiezo a madurar.

La chilena Gabriela Mistral (1889-1957), siempre en el contexto del evento realizado en Montevideo en 1938, en su ponencia4 sobre el quehacer poético concluyó:

Yo creo que cuando nacemos, los que vamos a hacer versos traemos en el ojo una viga atravesada. Esa viga atravesada nos deforma, ya sea transfigurándolo o en otra forma, todo lo que miramos y nos hace para toda la vida antilógicos y antirrealistas. El llamado poeta realista no existe. De manera que esa viga nos hace a veces ver amarillo lo que es negro, y nos hace ver redondo lo que es cuadrado, y nos hace caminar entre una serie de disparates maravillosos.

Recoge García Monge de la producción de Gabriela Mistral, el poema “Obrerito”, presente en el tomo I:

Madre, cuando sea grande

¡ay! Qué mozo el que tendrás.

Te levantaré en mis brazos,

como el viento alza el trigal.

Yo no sé si haré tu casa

cual me hiciste tú el pañal

o si fundiré los bronces

los que son eternidad.

Es el deseo de un niño, inserto en un contexto socioeconómico complicado, de poder colaborar en el futuro con su madre. Asume desde ese momento el compromiso y responsabilidad y ve el porvenir con esperanza.

Mistral fue una escritora, pedagoga, latinoamericanista y “una mujer incómoda a su época por su sensibilidad artística, su compromiso con el mejoramiento social de Nuestra América” (Soto, González y Oliva, 2011, pp. 41-42). En el tomo VI, se encuentra el texto El grito (1922); es un llamado a la unidad latinoamericana, a la búsqueda de la identidad mediante nuestro pensamiento y sus referentes:

Maestro: enseña en tu clase el sueño de Bolívar, el vidente primero. Clávalo en el alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimiento. Divulga la América, su Bello, su Sarmiento, su Lastarria, su Martí. No seas un ebrio de Europa, un embriagado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco, de hermosa caduquez fatal (…) ¡América y solo América! ¡Qué embriaguez semejante futuro, qué hermosura, qué reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores!

Al otro lado de la cordillera de los Andes, la argentina Alfonsina Storni (1892-1938), periodista, activista feminista y docente “sabía muy bien qué era lo que la sociedad esperaba de la mujer y qué era lo que ella le estaba dando a esa sociedad, por eso hablaba de las cosas extraordinarias que le habían ocurrido en la vida, extraordinarias porque eran poco comunes y porque rompían con lo establecido” (Cubillo, 2001, pp. 176-177).

Los textos de Storni pretendían deconstruir el pensamiento dicotómico entre lo que convencionalmente se establecía como femenino y masculino. Del poemario Ocre (1925) seleccionó García Monge el poema “Un recuerdo”, localizado en el tomo VI. Los textos de este poemario son más intimistas y reflexivos, en algunos casos marcados por la ironía:

Éramos todos jóvenes, y muchos eran bellos:

Las sierras simulaban jorobas de camellos,

y a su vera, del brazo, por la senda oportuna

volvíamos, cantando, en una sola hilera,

al caer de las tardes. Y era la primavera.

Y se asomaba a vernos el disco de la luna.

En la otra orilla, al otro lado de Mar del Plata, la tercera poeta del triángulo, la uruguaya Juana de Ibarbourou (1892-1979) le escribía al amor y a la naturaleza de Melo, su pueblo originario. Fue la poeta que se transformó en un mito. En 1929, con tan solo 37 años, se convirtió en Juana de América en una suerte de ceremonia sacra que se unió al continente. Ella misma se construyó una imagen pública, lo que resultaba muy difícil en la época en la que vivió. Escribió literatura infantil. En el tomo I, se incluyó el cuento “El vestido de doña Rana”, del cual a continuación se transcribe un extracto:

Dicen que doña Rana —cuenta Pepito— tenía grandes deseos de ponerse un vestido nuevo. Estaba cansada del suyo de seda verde y resolvió ir a casa de la «Bruja de la Roca» para que, a cambio de un puñadito de pepitas de oro, que había recogido de entre las arenas de un río, le hiciese un traje de terciopelo encarnado. La Bruja le contestó:

–Con mucho gusto se lo haré, señora Rana. Pero le prevengo que no vendrá bien con el color de su tez.

En la conferencia5 realizada en Montevideo en 1938, las tres poetas critican el dominio de la figura masculina en las artes en general y reflexionan sobre el papel protagónico que debería tener la mujer en la literatura específicamente. En su ponencia la uruguaya destacó lo siguiente:

Únicamente el poeta puede jactarse de estar libre para realizar su obra, que a veces adquiere el tono y el contorno dramático de una misión, cuando toma el acento de su época, y con él da el grito, o dice la verdad, o eleva el llamado, o realiza la profecía para los cuales la divinidad le otorgó la potencia lírica.

La voz del poeta ha de ser espontánea; insensiblemente, en él se van acendrando los conocimientos, y creciendo el acervo cultural. Pero hombre que se ponga a estudiar la retórica, y a aprender ritmos y medidas para luego hacer versos, podrá llegar a ser un menhir, un monolito, una infusión de adormideras, pero nunca un poeta.

Como se puede ver, es relevante la selección de estas tres grandes escritoras, quienes hicieron ingentes aportes literarios y también al pensamiento latinoamericano.

Una parte importante de la obra es la traducción. Entre los aportes de los escritores latinoamericanos se encuentran textos que ellos mismos tradujeron como parte de su quehacer intelectual. Umberto Eco explica que traducir es entender tanto el sistema interno de una lengua como la estructura de un texto determinado en esa lengua, y construir un duplicado del sistema textual que pueda producir efectos análogos en el lector, ya sea desde el plan semántico y sintáctico o estilístico, métrico, fonosimbólico, además, de los efectos pasionales a los que el texto fuente tendía (2009, p. 23).

De los escritores de Centroamérica y el Caribe destacan algunas traducciones del costarricense Roberto Brenes Mesén, del salvadoreño Juan Ramón Uriarte y del puertorriqueño Quintín Negrón de Sanjurjo. Mención aparte tiene José Martí, quien fue un versado traductor. De La Edad de Oro del cubano incluyó García Monge el texto “Meñique” (1889) traducido de la obra “Pulgarcito” del francés Edouard Laboulaye (1811-1883) publicado en Cuentos azules en 1864, para citar un ejemplo.

Además, es considerable el aporte de obras de la literatura universal, en diferentes lenguas y épocas. En la selección garcíamongeana se encuentran obras históricas, filosóficas y científicas de Platón, Heródoto y Renán, y literarias de Tagore, Brandas y Kipling, entre muchos otros (ver cuadro 3). En total, son 51 entradas. El siguiente cuadro muestra los nombres de las obras, sus autores y el tomo en que se localizan. En pocos casos aparece el nombre del traductor. Por ejemplo, en el poema “Yo escucho el canto de América” de Walt Whitman, se indica que el traductor es el chileno Arturo Torres Rioseco (1897-1971). Se ha agregado la fecha exacta o la época en la que vivieron los autores para una mejor identificación de su obra.

Cuadro 3

Obra

Autor/a

Tomo

1. La aventura de Arión

Heródoto (484-425 a. C.)

I

2. La leyenda del rico

Tolstoi (1828-1910)

I

3. Darwin se siente avergonzado

Carlos Darwin (1809-1882)

I

4. La Zorra, la Liebre y el Gallo

Aleksandr Afanasiev (1826-1871)

I

5. El jaguar, viaje de un naturista

Carlos Darwin (1809-1882)

I

6. Creso en poder de Ciro

Heródoto (484-425 a. C.)

I

7. Coloquio entre Solón y Creso

Heródoto (484-425 a. C.)

I

8. Yo escucho el canto de América

Walt Whitman (1819-1892)

I

9. Muerte de Atis

Heródoto (484-425 a. C.)

I

10. La molinera

Abílio Guerra Junqueiro (1850-1923)

I

11. Consejos del califa Alí Ben a Abi Taleb su hijo

Anónimo

II

12. Somba burla al rey

León Frobenius (1873-1938)

II

13. Maestro de escuela, Fabre se inicia en el estudio de los insectos

Jean-Henri Fabre (1823-1915)

II

14. El anillo de Polícrates

Heródoto (484 y el 425 a. C.)

II

15. Tres parábolas del Buda

Paul Carus (1852-1919)

II

16. Juanillo el tonto

Adolfo Coelho (1847-1919)

II

17. Un apólogo de Esopo

Aulo Gelio (siglo II)

II

18. Androclo y el león

Aulo Gelio (siglo II)

II

19. Fray Juan Bernardes

Teixeira de Pascoaes (1877-1952)

III

20. El gigante invisible

Anónimo

III

21. Buda

Teixeira de Pascoaes (1877-1952)

III

22. Ofir

Eugénio de Castro (1869-1944)

III

23. El sentimiento de naturaleza entre los celtas

Ernest Renan (1823-1892)

III

24. Muerte de Sócrates

Platón (427-347 a. C.)

III

25. Historia de los duendes que arrebataron a un sepulturero

Carlos Dickens (1812-1870)

III

26. Las hadas buenas

Júlio Brandas (1869-1947)

III

27. Si

Rudyard Kipling (1865-1936)

III

28. Abuelos sin nombre

Antonio Sardinha (1888-1925)

III

29. Judas y compañía

John Ruskin (1819-1900)

IV

30. La ley de la ayuda

John Ruskin (1819-1900)

IV

31. Desclieux (1702)

T. H. H. Barrau

IV

32. La vizcacha

Carlos Darwin (1809-1882)

IV

33. Historia de pájaros

Johann Eckermann (1792-1854)

V

34. Una vez hubo un rey

Rabindranath Tagore (1861-1941)

V

35. Días de ocio en el país del Yann

Lord Dunsany (1878-1957)

V

36. El boyero y la hilandera

Cuentos populares de China

V

37. La ley frumentaria de Cayo Graco

Arturo Roserberg (1889-1943)

V

38. Un sueño

Sully Prudhomme (1839-1907)

V

39. Historia de un gallo y una gallina que marcharon a Roma

El gallo quería ser papa y la gallina papisa

Leyenda polaca

V

40. Mi tía cuenta cómo aprendió a coser

León Tolstoi (1828-1910)

V

41. El pequeño Augusto

Charles-Louis Philippe (1874-1909)

V

42. Mi madre

Charles-Louis Philippe (1874-1909)

V

43. El caso máximo de oasis

Guillermo Worringer (1881-1965)

V

44. Ejemplos

Rabindranath Tagore (1861-1941)

VI

45. El injusto apetito de los tiranos

Cicerón (106m-43 a. C.)

VI

46. El mandil de Kaueh

Eliseo Reclus (1830-1905)

VI

47. La historia del girasol

Helene Adeline Guerber (1859-1929)

VI

48. Los animales en fuga

Traducción del inglés, sin autor

VI

49. El pastor codicioso

Frances Browné (1816-1879)

VI

50. El hombre

Frédéric Fèvre (1835-1916)

VI

51. La canción del albatros

Máximo Gorki (1868-1936)

VI

Elaboración propia a partir de La Edad de Oro de Joaquín García Monge.

La influencia martiana en la edición de García Monge

En la década de 1920, Joaquín García Monge editó su versión de La Edad de Oro en honor a la publicada por José Martí en 1889. Plasmó el cubano en la obra dirigida a los niños y las niñas de la región, su sentido americanista. Destacó su historia, esplendores y las dificultades, sus bases culturales y sus héroes. Incorporó a precursores de los derechos humanos como el padre Fray Bartolomé de las Casas y a pioneros de las independencias como Bolívar, el padre Miguel Hidalgo y José de San Martín. “Estos son héroes; los que pelean por hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender la verdad” (José Martí, La Edad de Oro, 1889).

Marcó la admiración que le profesaba Martí a Bolívar y a sus ideales. En un discurso pronunciado en honor al libertador: “¿Adónde irá Bolívar? ¡Al respeto del mundo y a la ternura de los americanos! (…) Al brazo de los hombres para que se defiendan de la nueva codicia, y del terco espíritu viejo, la tierra donde será más dichosa y bella la humanidad.” (28 de octubre de 1893). 6

En la raíz del pensamiento de Simón Bolívar se encuentra la pregunta: ¿quiénes somos? Y deduce que somos un pequeño género humano que tiene sus propias características. “No somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles: en suma, siendo nosotros americanos por nacimiento y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar estos a los del país y que mantenernos en él contra la invasión de los invasores” (Simón Bolívar, Carta de Jamaica, 1815).

Se evidencia cómo Bolívar se dirigía a un sujeto de cambio conformado por un “nosotros”, que vendrían a ser los criollos, los cuales estarían llamados a la emancipación de la Corona Española, a desarrollar ideas modernas, a buscar el progreso material y social, y hasta “civilizar” desde el punto de vista liberal a los indígenas. Proponía romper con el pasado colonial español.

Continúa José Martí esta idea de desprenderse del pasado colonial y construir una América Latina nueva, basada en la unión de todos los pueblos, la resistencia y la constante lucha por la independencia sociocultural y económica frente al imperialismo de los Estados Unidos y dejar de lado el pasado histórico de enfrentamientos entre pueblos hermanos. “¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes” (José Martí, Nuestra América, 1891).

Sin embargo, a diferencia de Bolívar, quien proponía al criollo como sujeto de cambio, Martí se dirige a todos los latinoamericanos, sin distinción de grupo étnico. Proponía como solución un cambio social basado en la creación, el orgullo por lo propio, la fe en la tierra y el desarrollo nacional. Al mismo tiempo, no repudiar lo de afuera, sino incorporarlo, conocer lo más posible con una mente abierta y no simplemente la copia o la aplicación de recetas foráneas. Afirmaba que un buen gobierno nace de la propia identidad nacional, y que un gobernante debía conocer bien el país que estaba dirigiendo y que conocer al país, y gobernarlo conforme al conocimiento, era el único modo de liberarlo de tiranías. Reflexiona sobre los pueblos diversos:

No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la naturaleza, donde resalta, en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas. (José Martí, Nuestra América, 1891)

Por otro lado, en la obra de Martí está presente lo terrenal, la veneración por la naturaleza, es decir, el sentido telúrico en combinación con la parte humana y sus sentimientos, así como la apreciación de la naturaleza: las flores, los árboles, el agua, las plantas, los animales; lo sensorial, el ser humano como parte de ella. En el poema “El árbol de mi alma” se observan estas características:

Como un ave que cruza el aire claro

Siento hacia mí venir tu pensamiento

Y acá en mi corazón hacer su nido

Ábrase el alma en flor: tiembla sus ramas

Como los labios frescos de un mancebo

En su primer abrazo de una hermosura:

Cuchichean las hojas: tal parecen

Lenguaraces obreras y envidiosas…

Además, la presencia de lo precolombino y la defensa de la base cultural indígena son destacables en su producción. Apunta Euclides Padilla: “(…) lo que quiere decirnos es que, en la América Antigua, el hombre estuvo a la par de las civilizaciones antiguas (…) jamás fue incivilizado, inferior al conquistador europeo” (1980, p. 5). En la segunda entrega de La Edad de Oro (1889), en el texto “Las ruinas indias”, exhorta: “Y qué hermosa era Tenochtitlán, ¡la ciudad capital de los aztecas, cuando llegó a México Cortés! Era como una mañana todo el día, y la ciudad parecía siempre como en feria”.

José Martí fue un viajero y un héroe. Vivió la partida, recibió el llamado de la aventura de luchar por la libertad de su patria y por la emancipación de todos los pueblos latinoamericanos. Fue latinoamericanista y cosmopolita. Se nutrió también de sus experiencias en numerosas ciudades y países. Así, la universalidad es una característica importante de su pensamiento. Al respecto, Armando Hart indica: “Recogió lo mejor de la cultura de origen hispánico, lo reelaboró, le dio carácter americano y amplió su universalidad. Un aspecto esencial de la cultura de nuestra América es, precisamente su universalidad” (2003, p. 353).

De lo esbozado anteriormente, es notable la presencia de estas ideas en la selección realizada por Joaquín García Monge en los textos pensados para niños y jóvenes. Lo latinoamericano y lo universal se cruzan y se alimentan en los seis tomos. Hay una preponderancia de autores y textos latinoamericanos, aunque lo hispánico y lo universal tienen una presencia considerable (ver Anexo 1). Se encuentran textos de la mayoría de los países latinoamericanos, pero no hay aportes de los siguientes: Panamá, República Dominicana, Bolivia y Brasil (ver Anexo 2).

Los temas y motivos literarios relacionados con la naturaleza son abundantes en La Edad de Oro editada por García Monge. Subrayo la figura del “árbol”, pues es uno de los símbolos más relevantes de la tradición. En todas las culturas del mundo y épocas ha sido importante, ha estado presente en los mitos griegos, en las costumbres orientales y en la tradición judeocristiana. “El árbol representa, en el sentido más amplio, la vida del cosmos, su densidad, crecimiento, proliferación, generación y regeneración. Como vida inagotable equivale a inmortalidad” (Cirlot, 1992, p. 77).

Los títulos de textos literarios relacionados con la naturaleza también se localizan en otros referentes lingüísticos como los siguientes: el agua, la lluvia, las flores, los nidos, los pájaros, las abejas, la hortaliza, las hormigas, el viento. En el tomo I, se encuentra el texto “Cántico de las criaturas” de San Francisco de Asís, traducción del colombiano Cornelio Hispano (1880-1962). Y como continuación del texto aparece “San Francisco y los pájaros” de su compatriota Joaquín Antonio Uribe (1858-1935). En el siguiente cuadro es posible ver las entradas de textos sobre los árboles.

Cuadro 4

Título

Autor/a

Tomo

1. Los árboles

Juana de Ibarbourou

I

2. El árbol bueno

Agustín Acosta

II

3. Árbol dorado

Fernán Silva Valdés

II

4. El sauce y el arroyo

Luis Borrado

II

5. La palmera

Horacio Quiroga

VI

6. El naranjo

María Leal de Noguera

VI

7. Los árboles

Rómulo Tovar

VI

8. Los árboles son sagrados

Juan José Tablada

VI

Elaboración propia a partir de La Edad de Oro de Joaquín García Monge.

A tono con lo anterior, se puede ver que, dentro del ideario martiano, el americanismo y la propuesta sobre la diversidad de los pueblos nos acercan a conceptos que hoy llamaríamos interculturalidad y pedagogía crítica latinoamericana. Abogaba Martí por una educación situada en el momento histórico, en el espacio geográfico y cultural en que se estaba inmerso, además de una vinculación entre la teoría y la práctica y las ideas acompañadas de las acciones.

Le tocó vivir a Martí el período de la construcción de los estados liberales de América Latina con sus proyectos modernizadores, el desplazamiento del Imperio Británico por el estadounidense y sus políticas expansionistas. En este sentido, algunas de sus ideas como el pensamiento propio, el pragmatismo y el cultivo de la razón derivan del pensamiento liberal ilustrado; sin embargo, era crítico de las deficiencias y carencias que mostraba el modelo económico liberal.

En todo caso, Martí es un idealista práctico que se dio por entero, con emoción y racionalidad, con sentimiento y razón al acrecentamiento de la voluntad y la capacidad de los hombres y las mujeres a activar la participación descubridora, redescubridora y transformadora de la realidad (…) no es un dogmático de la materialidad, ni un idealista desentendido de la tierra nutricia, y, tampoco, es un ortodoxo deslumbrado de la lucha de clases. No cree de modo absoluto en la violencia, pero no desconoce a las clases y a las luchas (Bellido Aguilera, 2013, p.15).

En general, hizo Martí una crítica a la educación de la época y planteaba la necesidad de educar para la vida, para mejorar y transformar la sociedad, sin alejarse de la belleza de la poesía, del amor y de la búsqueda de la verdad. Es necesario abordar el contexto en que se enmarcó la publicación de La Edad de Oro, en 1889 y su relación con la niñez.

Por otra parte, el concepto de infancia ha variado y se ha transformado a lo largo de la historia de la humanidad. En el siglo XIX se posiciona el sujeto infancia y en el XX, debido a las transformaciones socioculturales y económicas, los cambios en el mercado y en los patrones de consumo, se comienza a hablar también del sujeto joven o adolescente. “Niños malcriados, niños golpeados, tanto unos como otros, dominaban en el siglo XIX y en los comienzos del siglo XX (…) el niño salía del anonimato y de la indiferencia de las épocas remotas y se convertía en la criatura más preciosa, la más rica en promesas y en futuro” (Aries, 1986, p. 16).

Señala Philippe Aries que el infanticidio ha existido bajo muchas formas vergonzosas; también, en tiempos de supervivencias se admitía el abandono “accidental”. Con el paso del tiempo el sujeto infante llegó a convertirse en un valor social y cultural. No sin múltiples contradicciones en la concepción y en el trato, se ha debatido entre la ternura y la severidad (1986, pp. 5-17).

En el siglo XIX, ya se podían caracterizar y problematizar los siguientes mediadores culturales de la infancia: la familia, la escuela, la Iglesia y el mercado. Entonces, entran en juego aspectos relacionados con la pedagogía, la psicología, la moral, la literatura y el consumo. En este contexto más extenso y complejo con respecto a la infancia, publicó José Martí su obra dirigida a los niños y las niñas de América; esta se vio mediatizada por discursos provenientes de las disciplinas anteriores.

Afirma Herminio Almendros que se puede asegurar que ninguna de las revistas análogas publicadas en aquel tiempo en los países de lengua española fue tan meritoria como la de Martí. Refiere parte del texto que anunciaba la publicación:

Cada número contiene, en lectura que interesa como un cuento, artículos que son verdaderos resúmenes de ciencias, industrias, artes, historia y literatura, junto con artículos de viajes, biografías, descripciones de juegos y de costumbres, fábulas y versos. Los temas escogidos serán siempre tales que, por mucha doctrina que llevan en sí, no parezca que la llevan, ni alarmen al lector de pocos años con el título científico ni con el lenguaje aparatoso. (1985, p. 13)

Es notorio que la publicación responde a la época, caracterizada por el aumento de los centros educativos y, por tanto, el porcentaje de niños y niñas que podían leer, además de las habilidades técnicas que permitían novedades y mejoras en la impresión. El objetivo de la publicación no era solo entretener, sino también desarrollar la capacidad crítica sobre el presente, la curiosidad por el pasado y la reflexión sobre el futuro.

Los tomos de la revista publicada por Martí estaban cuidados en el fondo y en la forma. Las imágenes eran de vital importancia, pues establecían un lazo con el texto que acompañaban. Los investigadores Alejandro Herrera Moreno y Gretel Herrera Durán detallan la distribución:

Si contamos la imagen de la portada, que se repite idénticamente en los cuatro números La Edad de Oro tiene noventa ilustraciones. Cinco son elementos decorativos, viñetas artísticas que aparecen como complemento al final de poemas o artículos, pero las restantes ochenta y cinco son grabados temáticos incorporados de forma estratégica en los textos. De los veintiocho trabajos con que cuenta la revista solo dieciséis presentan infografía. (2019, p. 1)

Los tomos originales editados por García Monge no siguen la línea de edición de Martí con respecto a las ilustraciones; sin embargo, en el tomo V se conservó la segunda ilustración que acompaña el texto “Meñique” de la edición martiana:

El cuento “Meñique” tiene dos dibujos sin pie, ambos elaborados por el pintor e ilustrador inglés Thomas Morten (1836-1866) para la obra del escritor satírico irlandés Jonathan Swift (1667-1745) Gulliver’s travels (…) Martí toma estas imágenes para ilustrar de forma objetiva la moraleja final del cuento respecto a lo fútil del tamaño cuando no se poseen atributos realmente valiosos como la inteligencia y la bondad. (Herrera, 2019, p. 6)

También en el tomo V, el texto “Esa casuca de naricita”, de Miguel de Unamuno, viene con una ilustración. Y en el tomo VI, el texto “Artesanos franceses: Bernardo Palissy”, de Gabriela Mistral, conserva la ilustración con la que aparece en el Repertorio Americano7.

En La Edad de Oro de Martí, en la circular que anunciaba su publicación y que es referida por Herminio Almendros en Estudio sobre literatura infantil (1985), se detallan y describen los aspectos relacionados con la presentación y el formato de la revista:

Los artículos de la Edad de Oro irán acompañados de láminas de verdadero mérito, bien originales, bien reproducidas por los mejores métodos, de entre las que se escojan de las obras de los buenos dibujantes, para completar la materia escrita, y hacer su enseñanza más fácil y duradera. Y el número será impreso con gran cuidado y claridad, de modo que el periódico convide al niño a leerlo, y le dé ejemplo de limpieza, orden y arte.

El número consta de 32 páginas de dos columnas, de fina tipografía y papel excelente, con numerosas láminas y viñetas de los mejores artistas, reproduciendo escenas de costumbres, de juegos y de viajes, cuadros famosos, retratos de mujeres y hombres célebres, tipos notables, y máquinas y aparatos de los que se usan hoy en las industrias y en las ciencias. (p.13)

En 1924 hizo Joaquín García Monge el anuncio del inicio de este proyecto editorial que ambicionaba pudiera alcanzar a la población estudiantil de la educación pública costarricense.

Como muestra de gratitud para con los contados maestros de las escuelas y colegios que en todo tiempo le han prestado su apoyo al Repertorio Americano, abrimos desde este número una sección de lecturas escogidas, con el título La Edad de Oro, en memoria de José Martí, el gran americano amigo de los niños.

Por este camino es posible que lleguemos a reunir el material copioso para un Libro de Lectura estimable, concebido desde un plan vasto, y que algún día tal vez quepa en las escuelas y colegios de Costa Rica (Repertorio Americano, tomo 8, N. 13, 16 de junio de 1924, p. 194)

Consideraciones finales

Don Joaquín, martiano por convicción, llevó a la práctica gran parte del pensamiento de José Martí en muchas áreas del saber. “Repertorio hizo periodismo cultural con variada información, testimonios, documentos y opiniones. No fue revista de pensamientos idénticos” (Herrera, 2007, p. 114). Así, hubo variedad de posiciones ideológicas y de campos de estudio e interés.

De tal manera que la selección de los diferentes textos y la variedad de géneros y autores no se restringe a la ficción literaria; la oferta en áreas y temas es amplia. No se puede afirmar tajantemente que es una obra destinada solo a los niños o a los adolescentes. Por un lado, ¿cómo definir a estos últimos sujetos? Y, por otro lado, ¿cómo caracterizar la literatura escrita para estos sujetos en esta selección?

En el siglo XIX, Martí no pudo continuar con la edición de la revista dirigida a los niños de América, pues su propuesta pedagógica era adelantada para la época. Su visión de mundo, su concepto de la literatura dirigida a los niños, los temas y motivos literarios que desarrolló, hoy se consideran tópicos de avanzada. Reflexionó José Martí sobre la problemática del medio ambiente, la discriminación y los derechos de minorías como los afrodescendientes, los indígenas, las mujeres y la niñez.

Con respecto a la infancia y la adolescencia confiaba en las potencialidades de los sujetos, “los niños saben más de lo que parece”. Los temas de la confianza, del amor y de la ternura están ligados a los derechos, pero también a los deberes y a la responsabilidad, “el niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte.”8 Martí aclara qué es educar:

Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido; es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida. (“Escuela de electricidad”. La América, Nueva York, noviembre 1883. O.C. 8:281)

En La Edad de Oro original, puso Martí mucho empeño en aspectos artísticos y estéticos. En el texto “Unidos por la cultura”, García Monge expone: “La belleza posee la magia de hermosear y mejorar a los hombres (…) En la medida de mis escasos medios he tratado de alcanzar ese fin: la difusión de la obra bella” (1987, pp. 302-303).9 Antes, Martí había meditado:

La belleza no es mera belleza literaria, mental de segunda mano. Depende de que ve literalmente lo bello, de que lo dice como lo ve, sin añadirle retoques o abalorios, de que halla, lo bello donde está, en la salud, en el amor sincero, en el trabajo, en la fuerza, en la naturaleza. (Fragmentos 106. S/F. O.C. 22:65)

Finalmente, la revisión de los tomos de La Edad de Oro de Joaquín García Monge se enmarca en su recuperación, mediante la publicación de un libro en tres volúmenes bajo el sello de la editorial de la Universidad Nacional (EUNA). En esta edición se trató de conservar en la mayor medida su estilo original; sin embargo, la presentación tiene un formato estético que invita los lectores a revisarlos y sumergirse en sus páginas.

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ANEXOS

Anexo 1: La Edad de Oro de Joaquín García Monge en números

La Edad de Oro de Joaquín García Monge tiene en total 313 entradas. Como puede apreciarse en el gráfico anterior, 209 entradas corresponden a autores latinoamericanos; 53 a escritores españoles y 51 a creadores universales. Estos dos últimos suman 104 entradas. Hay un predominio de lo latinoamericano (67%), mientras que lo hispano y lo universal suman 33%.

Anexo 2: Entradas por país latinoamericano

Del total de 209 entradas de autores latinoamericanos, el gráfico anterior ilustra el predominio de autores de Argentina, Uruguay y Colombia. Un número idéntico de entradas en el caso de los siguientes países: Chile, Costa Rica y Cuba. Y con más de diez entradas se encuentran México y Perú. El resto de los países tiene menos de diez entradas. No hay aportes de autores de Brasil, Bolivia ni República Dominicana.


1 Perú Cultural. (1990). Octavio Paz. Discurso por el Nobel 1990 [archivo de video]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=ck9r63LlvGg.

2 En "El cruzamiento en literatura", en Gutiérrez Nájera, Manuel (1959), Obras 1. Crítica literaria, México: UNAM, p.102.

3 El discurso completo en audio se localiza en: http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/32940. Una charlilla apurada, Alfonsina Storni. Conferencia realizada en el Hall del Instituto Alfredo Vásquez Acevedo durante los cursos de verano de Montevideo el 27 de enero de 1938. Publicada por Radio Universidad de la Plata, el 26 de marzo de 1962.

4 El discurso completo en audio se localiza en: https://www.youtube.com/watch?v=Y3e-GUwhX2A. Cómo compongo mis versos, Gabriela Mistral. Conferencia realizada en el Hall del Instituto Alfredo Vásquez Acevedo durante los cursos de verano de Montevideo el 27 de enero de 1938.

5 En Norte Revista Hispanoamericana, Cuarta Época, No. 382, noviembre-diciembre 1994, p.3. Aclaran lo siguiente: La revista uruguaya La Urpila, mayo-diciembre 1992, dirigida por Rubinstein Moreira, consigna un discurso de Juana de Ibarbourou que fue publicado en 1938 en el número 22 de la Revista Nacional de Montevideo.

6 Discurso pronunciado por José Martí en honor a Simón Bolívar, en una velada de la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York, el 28 de octubre de 1893. Localizable en: http://www.josemarti.cu/wp-content/uploads/2014/06/DISCURSO_A_BOLIVAR.pdf

7 “Artesanos franceses: Bernardo Palissy”. Repertorio Americano, 15 de junio de 1929, t. XVIII, pp. 353-55. Martí, 20 de octubre de 1929, pp. 4-33.

8 Las citas corresponden al prólogo del primer tomo de La Edad de Oro editada por José Martí.

9 Discurso de aceptación del Premio María Moors Cabot, en la Universidad de Columbia, Estados Unidos, 1944.


Recibido: 10 de noviembre, 2021

Aceptado: 15 de noviembre, 2022

Doi: 10.15359/ra.1-31.18


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