R E P E R T O R I O


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A M E R I C A N O


Segunda nueva época N.° 32, Enero-Diciembre, 2022

ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143



Acercamientos y distanciamientos entre Costa Rica y la Revolución Cubana: algunas relaciones de hostilidad y deferencia

Approaches and distances between Costa Rica and the Cuban Revolution: Some relations of hostility and deference

Dan Abner Barrera Rivera

Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA)

Universidad Nacional

Heredia, Costa Rica

dan.barrera.rivera@una.cr

Resumen

El artículo aborda cómo han sido los vínculos políticos entre algunos gobiernos de Costa Rica y Cuba a partir del triunfo de la Revolución Cubana acontecido el 1 de enero de 1959. Se muestran las tensiones, distanciamientos y aproximaciones que hubo entre ambos países. Esas relaciones estuvieron condicionadas por el anticomunismo exacerbado en el contexto de la Guerra Fría que se mantuvo varios años después. Se observa que, en todo este tiempo, la influencia e intereses de los Estados Unidos estuvieron presentes en las relaciones de esas naciones. Se rescatan los acercamientos políticos (y personales) que no siempre se consignan cuando se habla de los nexos entre esos países. Para ese propósito, se analizan críticamente las declaraciones y afirmaciones oficiales de cada gobierno respecto a las rupturas y restablecimientos diplomáticos que tuvieron en cinco décadas; también se indaga en fuentes testimoniales, videos y artículos periodísticos de algunos de los protagonistas. Son dos naciones con regímenes políticos diferentes que, a pesar de vivir situaciones discordantes, los acercamientos y colaboraciones se impusieron sobre la siembra y cultivo del anticomunismo.

Palabras claves: Costa Rica, Revolución Cubana, Estados Unidos, relaciones, anticomunismo

Abstract

The article discusses how political ties between some governments in Costa Rica and Cuba have been since the triumph of the Cuban Revolution on January 1, 1959. Tensions, estrangement, and approximations between the two countries are shown. These relationships were conditioned by exacerbated anti-communism in the context of the Cold War and remained several years later. It is noted that, in all this time, the influence and interests of the United States were present in the relationships of these nations. Political (and personal) approaches that are not always recorded when talking about the links between these countries are taken into account. For this purpose, each government’s official statements and assertions regarding diplomatic ruptures and restorations in five decades are critically analyzed; it is also investigated in testimonial sources, videos and newspaper articles of some of the protagonists. They are two nations with different political regimes that, despite discordant situations, approaches, and collaborations prevailed over the sowing and cultivation of anti-communism.

Keywords: Costa Rica, Cuban Revolution, United States, relationships, anti-communism

A modo de presentación

La Revolución Cubana fue un acontecimiento que impactó la historia política de América Latina; prácticamente no ha habido gobierno o pueblo que haya quedado fuera de su influencia en más de sesenta años de revolución, ya sea para identificarse con ese proceso, distanciarse o adversarlo; fue un hecho inédito en el continente cuya trascendencia internacional no la ha logrado otro proceso político de izquierda en América Latina: ni la Unidad Popular en Chile, ni la Revolución Sandinista en Nicaragua, ni la Revolución Bolivariana en Venezuela.

A pocos meses del triunfo revolucionario, en gran parte de América Latina los pueblos repetían la consigna “Si Cuba pudo, nosotros también podemos”, situación que provocó temor en las élites políticas y en los gobiernos de aquel entonces; Costa Rica no fue la excepción. A partir del 1 de enero de 1959, los nexos entre Costa Rica y Cuba no fueron los mismos. Han pasado más de seis décadas y en todo este tiempo las relaciones entre ambos países han estado marcadas por tensiones, distanciamientos y aproximaciones; algunas de ellas son las que aquí se estudian. Lo que se quiere es develar cómo la relación entre ambos países estuvo condicionada por un anticomunismo exacerbado en el contexto de la Guerra Fría, donde algunos medios habían construido ideológicamente la “ejemplaridad” democrática costarricense versus el “desastre” socialista cubano; fue una relación de claros acercamientos políticos (y personales) que no siempre han sido registrados por la historia oficial; hubo tensiones y distanciamientos, pero también vivieron relaciones de respeto y deferencia.

Para realizar este estudio se tomaron en cuenta los siguientes aspectos: 1) se hace una aproximación crítica a las relaciones de cercanía y de distancia que hubo entre ambos países, donde se entiende por “cercanía” las relaciones diplomáticas y amistosas, y por “distancia” la ruptura de esas relaciones; 2) cuando se menciona Cuba o Costa Rica es para identificar a sus respectivas autoridades en sus quehaceres y exposiciones; 3) se valoran los mensajes (o afirmaciones) que cada presidente o gobierno emite como una declaración oficial del país que representa; 4) se toman como punto de referencia los años previos al triunfo de la Revolución Cubana (el 1 de enero de 1959) hasta el año 2009, cuando se restablecen las relaciones diplomáticas entre ellos; 5) aunque se trata de las relaciones y disyunciones entre Costa Rica y Cuba, también están presentes los Estados Unidos, debido a su permanente injerencia en los asuntos de ambos países; 6) entre las fuentes utilizadas hay declaraciones de los presidentes y dirigentes políticos, los discursos o informaciones de sus autoridades, los libros y videos testimoniales de algunos protagonistas, así como artículos periodísticos que revelan varios de los hechos; 7) se advierte que no siempre las posiciones que asumen los gobernantes en público son las mismas que practican en privado; y 8) el vínculo entre los dos países no se inicia ni acaba en las relaciones que tienen los gobiernos, sino que las trasciende, expresado también en las reciprocidades entre los pueblos o entre un pueblo y el gobernante del otro país.

Importancia y propósito del tema

Este artículo se escribe desde una condición situada; ninguna persona piensa fuera de una particularidad, en este caso, el tema es tratado desde la singularidad de Costa Rica, donde no es difícil encontrar en los medios de comunicación y en el sector más conservador de la clase política, animadversión hacia la Revolución Cubana, y eso es de larga data. La pregunta es: ¿en qué incomoda el proceso político revolucionario cubano a Costa Rica?

El interés por este tema surge porque cuando se abordan los procesos políticos latinoamericanos de transformaciones sociales en el continente, asoman las miradas hacia estos países; y no faltan quienes quieren hacer comparaciones de los logros sociales de cada uno (por ejemplo, en el contexto de la pandemia por el Covid-19, en círculos académicos se discutía cuál de los dos había tenido mayore éxito en el tratamiento médico). Las miradas enfocadas hacia esas naciones son, entre otras razones, por el desarrollo social que cada una ha promovido. No son países con sistemas políticos semejantes, sino más bien diferentes y opuestos; por un lado, está Costa Rica, con un régimen democrático burgués, liberal y capitalista, y por otro, Cuba con una democracia popular participativa, socialista y antimperialista. El primero, señalado por propios y extraños, es decir, por costarricenses y por otros que no son costarricenses que viven dentro y fuera de Costa Rica, como un país prototipo de “la” democracia en América Latina, referida como la democracia más antigua del continente y la más estable. El segundo, señalado por gente extraña, porque la voz propia de Cuba no se escucha en Costa Rica, es visto como la dictadura más antigua y perdurable de la región. Este tipo de visiones se encuentran mayormente en los principales medios de comunicación en Costa Rica, especialmente en los editoriales y páginas de opinión.

Desde esos espacios de poder mediático se fomenta un anticomunismo frenético, en el que se acomete contra la Revolución Cubana y se la coloca frente a Costa Rica como si fueran adversarios; esta fijación polarizada existe desde que se inició la Revolución y ha permanecido hasta nuestros días, la cual se puede observar en las páginas de los periódicos La Hora, La Prensa Libre y La Nación (Ardón, 2020a) (los dos primeros diarios ya salieron de circulación). Sobre el desenfreno periodístico anticomunista en Costa Rica, Tomás Borge (1989, p.154) dice: “un país donde los medios de comunicación, sin que falte uno, han persuadido hasta a los cafetos de la meseta central de que los comunistas son hijos de puta y, sin posibilidad de error, de Satanás”.

Esa visión inducida por los medios respecto a Cuba goza de un público simpatizante que los lee, admite y repite (Ramírez, 2019). La influencia que ejercen en sus lectores no es discutible, lo opinable está en el nivel de alcance que pueda tener; sin embargo, no es difícil comprobar esa opinión en personas vinculadas a algunos sectores de la clase política; véase, por ejemplo, cuando interviene algún diputado de los partidos de derecha en la Asamblea Legislativa en Costa Rica, y recurre al “tema Cuba” para caracterizarlo negativamente (Madriz, 2019). Ese tipo de visiones también está presente en los sectores sociales más conservadores del país e incluso en gente vinculada a las universidades, donde se supone las personas deben ser más críticas. Dice Solano (2015, párr. 2) que, en Costa Rica, “para dramatizar el miedo contra los comunistas, hace cuatro décadas se llegó a afirmar en las calles josefinas que los “camaradas”, entre otras bárbaras costumbres ateas que tenían, llegaban incluso a comer niños asados”.

Los medios han establecido una visión antagónica y maniquea respecto a la relación entre estos países. El siguiente recuadro muestra una parte de esas oposiciones creadas por la prensa, que van más allá del hecho que un país sea capitalista y el otro socialista:

Costa Rica

VS

Cuba

Capitalismo

Socialismo

Democracia

Dictadura

Libertad

Represión

Cristiano

Ateo

Paz

Guerra

Bueno

Malo


No se pretende, en este artículo, corroborar cuánto de esa visión es real o son falacias, menos todavía comparar a ambas naciones a partir de las dimensiones que aparecen en el recuadro. Como se señaló, esa es una visión que han posicionado algunos medios de comunicación en Costa Rica y está también presente en diferentes países de América Latina; aunque la gente suele repetir y aceptar esa visión, de eso no se concluye que sea verdad; por el contrario, es una mirada estereotipada y construida ideológicamente.

Lo que se pretende en este artículo, no sólo es puntualizar algunas de las tensiones y distancias que hubo entre estas dos naciones con regímenes políticos diferentes, sino que, a pesar de la siembra y el cultivo del anticomunismo, existieron acercamientos y colaboraciones entre ellas.

Breves datos históricos de la Revolución Cubana

Algunos acontecimientos importantes suscitados previo e inmediatamente después del triunfo de la Revolución Cubana ayudan a poner en contexto el tema que aquí se trata. Antes del 1 de enero de 1959, se realizaron: 1) el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, en Santiago de Cuba y Bayamo respectivamente, por un grupo de 165 jóvenes (entre hombres y mujeres), cuyo objetivo era crear el detonante para una insurrección popular contra la dictadura, pero por razones fortuitas fracasaron; 2) el 16 de octubre de 1953, Fidel Castro hace su defensa conocida como “La historia me absolverá”, en la que denuncia los crímenes cometidos contra los asaltantes de los cuarteles, avala la acción violenta para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista y presenta su programa político y revolucionario; ese mismo día es condenado a quince años de prisión; 3) el 15 de mayo de 1955, Fidel Castro y sus compañeros son puestos en libertad a raíz de una gran presión popular; 4) el 7 de julio de 1955, los asaltantes a los cuarteles viajan a México para organizar desde ahí la lucha armada; 5) el 25 de noviembre de 1956, parten hacia Cuba 82 expedicionarios a bordo del yate “Granma”; 6) el 2 de diciembre de 1956, los expedicionarios desembarcan en la costa oriental de Cuba, y alrededor de veinte sobrevivientes se internan en la Sierra Maestra para iniciar la guerra de guerrillas; 7) se suman varios campesinos, crece el número de combatientes y crean varias columnas guerrilleras dirigidas por Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Guevara, Camilo Cienfuegos y Juan Almeida, y después de dos años de librar muchos combates, el 1 de enero de 1959, Fulgencio Batista huye de Cuba y los rebeldes toman el poder.

El triunfo de la Revolución se da en el entorno de la Guerra Fría, que tenía como principales protagonistas a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y a los Estados Unidos de América; el primero representaba los ideales del comunismo y el segundo del capitalismo. Consistió en un enfrentamiento político e ideológico entre ambas potencias por imponer su hegemonía y tener el control del resto de naciones que les fueran posibles; esa pugna se inició luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial en 1945, y concluyó con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la autodestrucción de la URSS en 1991. Todo ese tiempo se caracterizó por la existencia de una campaña anticomunista encabezada por los Estados Unidos con el propósito de afianzar sus proyecciones de política exterior, especialmente en América Latina.

El surgimiento de una revolución a 90 millas del territorio norteamericano, declarada antimperialista, puso en aprietos al gobierno de Washington que se aprestó a acabar con ella. El entonces presidente Dwight D. Eisenhower (1953-1961), quien había apoyado desde un inicio al dictador Fulgencio Batista, evitó llegar a algún acuerdo con la naciente revolución y decidió reducir las exportaciones, la suspensión de asistencia técnica y las cuotas del azúcar (Cuba era un país que dependía del precio del azúcar y del mercado americano para este producto, al eliminarse esta cuota estaba condenado a la carestía y la miseria; la política del gobierno de los Estados Unidos era rendirlos por hambre y sembrar el desaliento para que el pueblo se sublevara contra la Revolución). Frente a esa situación, el gobierno cubano nacionalizó las empresas norteamericanas a fines de 1960. Pero ya el 8 de enero de 1959, una semana después de la victoria, había sido expulsada de la isla la Misión Militar. Así, Cuba le anunciaba al mundo que en la isla se había producido una revolución antimperialista.

La aprobación de la Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959, había convencido a Washington de que la revolución era auténtica y se convertía para los intereses norteamericanos en el hemisferio occidental, en un peligro potencial; era un cambio radical de las estructuras que afectaba los intereses del imperialismo; por eso Estados Unidos eliminó la cuota azucarera y suprimió totalmente los combustibles; a partir de esas circunstancias económicas, Cuba contó con la solidaridad internacional, la URSS le compró el azúcar y le abasteció de petróleo. Para esta fecha, Cuba aún no se había declarado socialista; sin embargo, Estados Unidos arguyó que se trataba de una amenaza comunista:

Todavía las relaciones entre Cuba y la URSS no se habían establecido, ni se había declarado el carácter socialista de la Revolución, pero el desafío cubano era ya considerable, pues rompía con los moldes clásicos del control hegemónico de Washington sobre la región. De este modo, una vez que Cuba mostró su posibilidad de actuar como nación independiente, tanto en el plano interno como en política exterior, en una región que los Estados Unidos consideraban su traspatio seguro, la esencia del conflicto Cuba-Estados Unidos llegó al pináculo de su expresión. (Ramírez y Romero, 2016, pp. 11-12)

No fueron los vínculos iniciados con la URSS los que generaron el rompimiento de relaciones con los Estados Unidos, como se ha tratado de hacer creer desde la visión norteamericana; la cronología de las diferentes decisiones desmiente esa versión; las relaciones con la URSS fueron después de la resolución de los Estados Unidos de no comprarle el azúcar a Cuba. Lo que molestó a los Estados Unidos fue que por primera vez un gobierno cubano rompiera la tradición de ese país y de América Latina de no seguir subordinado a los intereses de Washington.

En abril de 1959, en la visita de Fidel Castro a los Estados Unidos, luego de una reunión con el vicepresidente Richard Nixon, éste concluyó que Fidel Castro era un hombre influido por el comunismo internacional; por lo tanto, era necesario acabar pronto con su gobierno y sustituirlo por uno que respondiera a los intereses norteamericanos (Szulc, 1986). Para eso no sólo se usarían las armas económicas, sino también las políticas y militares.

Entre las armas políticas estaba a disposición la Organización de Estados Americanos (OEA), creada en 1948 al inicio de la Guerra Fría, para supuestamente procesar los conflictos regionales y tener políticas comunes frente a los peligros que acechen la región, pero su historia dice lo contrario: en lugar de actuar a favor de América Latina ha sido una organización antilatinoamericana, que ha obrado a favor de los intereses de los Estados Unidos en la región. En agosto de 1960, se llevó a cabo la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, en San José, Costa Rica, en la que Estados Unidos preparó el bloqueo a la naciente revolución. En la clausura de esa VII Reunión, la Conferencia aprobó la Declaración de San José, dirigida contra Cuba. En protesta, el canciller cubano Raúl Roa expresó: “Los gobiernos latinoamericanos han dejado sola a Cuba. Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también de aquí los pueblos de nuestra América” (Turner, 2009, párr. 2). El 2 de septiembre de ese año, más de un millón de personas se concentrarían en la Plaza Cívica (hoy Plaza de la Revolución José Martí) para rechazar la maniobra de los Estados Unidos y responder con lo que se conoció como la Primera Declaración de La Habana, que es una condena a los crímenes de los Estados Unidos y una proclama al derecho de los pueblos a luchar por alcanzar derechos económicos, políticos y sociales y a ser independientes.

Siete meses después de esos acontecimientos, con el visto bueno del presidente Eisenhower, se reclutó a cubanos batistianos residentes en la ciudad de Miami, se establecieron campamentos de entrenamiento en algunos países centroamericanos y “se dispuso de un presupuesto de 4.400.000 dólares, que se incrementó hasta alcanzar la cifra de 46 millones en abril de 1961” (González, 2016, p.129), Así, Eisenhower dejaba todo listo para su sucesor; no habían sido suficientes las armas económicas y políticas, se necesitaba recurrir a las armas militares. La administración del presidente John F. Kennedy (20 de enero de 1961-22 de noviembre de 1963) aprobó el plan y el presupuesto, y el 17 de abril de 1961, 1500 hombres armados con tanques, artillería y aviones, desembarcaron en Playa Girón, pero en menos de 72 horas fueron derrotados. El proyecto era desembarcar, incomunicar la zona, ocupar un aeropuerto e introducir en la isla un “gobierno en el exilio” para inmediatamente después pedir el apoyo de Washington.

Los primeros acercamientos y distanciamientos

Los primeros acercamientos entre costarricenses y cubanos en esa etapa de la historia acontecen en la antesala de la Revolución. Fidel Castro conoció en la capital de México a Luis Alberto Monge, quien era uno de los fundadores del Partido Liberación Nacional (PLN) y después presidente de Costa Rica (1982-1986). El dirigente cubano había llegado exiliado al Distrito Federal luego de salir en libertad del presidio de Isla de Pinos; otros de sus compañeros cubanos se habían exiliado en algunos países centroamericanos. Monge, en ese tiempo, fungía como secretario general de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), una institución del sindicalismo de ese entonces, y desempeñó ese cargo en México entre 1953 y 1958. Castro había llegado el 7 de julio de 1955 a México para preparar la expedición del Granma hacia Cuba; Monge y Castro “eran casi vecinos en México y el último iba a refugiarse donde el primero, cuando se le avisaba que la policía mexicana, lo andaba buscando. La hermana de Monge, Delia, le hacía café a Fidel” (Castillo, 2016, párr.10). Cuando Monge supo que Fidel Castro encabezaba el proyecto para derrocar a la dictadura de Batista, simpatizó con él y le propuso que visitara Costa Rica. Monge, desde la secretaría general de la ORIT, recogió dinero para apoyarle en el plan de liberar a Cuba (Berrocal, 2016). A finales de octubre de 1955, Fidel Castro realizó una gira a los Estados Unidos para recaudar fondos y luego de regresar a México que era el centro de operaciones, emprendió poco tiempo después viaje hacia Costa Rica con el mismo propósito, donde estuvo una semana en los primeros meses de 1956. En San José, se reunió con cubanos exiliados, con algunos comunistas costarricenses y con el entonces presidente José Figueres Ferrer (1948-1949, 1953-1958, 1970-1974); fue Luis Alberto Monge quien sirvió de intermediario para que ambos políticos se conocieran (Murillo, 2016). También, se reunió con los políticos liberacionistas Francisco J. Orlich, Daniel Oduber, Marcial Aguiluz y Fernando Salazar, entre otros (Rojas, 2008). Algunos diarios de la época registran que el dirigente cubano se condujo con mucha discreción en la capital costarricense, estuvo en la conocida Soda Palace, en la Avenida Segunda del centro de San José, y se hospedó con su primer nombre, Alejandro, en el Hotel Costa Rica, a tan solo dos cuadras. En su breve estancia, logró que Figueres se comprometiera a apoyarle en su proyecto de derrocar a la dictadura batistiana, cosa que se materializó en marzo de 1958. Según el testimonio de Rafael Cordero recogido por Aguiluz (2003, p. 204), Costa Rica envió un avión con armas, que partió del campo de La Chacarita (Puntarenas), era “un viejo armamento que algunos guardábamos desde la revolución del 48 y que se había utilizado para repeler las invasiones de los años 49 y 55”. Según otra fuente: “en marzo de 1958, despegaron de Costa Rica tres aviones cargados de armas, hacia la Sierra Maestra” (Rojas, 2008, párr. 32). Ambas versiones confirman que existió el apoyo con armas, lo que corroboró Fidel Castro: “Cuando combatíamos en la Sierra Maestra contra la tiranía batistiana, recibimos del Partido de Liberación creado por Figueres Ferrer algunas armas y municiones, pero era demasiado amigo de los yanquis y pronto rompió con nosotros.” (Castro, 2009, párr.12)

Mientras los revolucionarios cubanos se encontraban preparándose en México para la expedición, Costa Rica sirvió de tránsito para algunos de los guerrilleros:

Llegando a México a finales del 55 y al inicio del 56 en pequeños grupos de dos o tres, en solitario, trabajando en la ruta para completar los pasajes, desde La Habana, Camagüey, Miami, Costa Rica, San Francisco, con un teléfono, una dirección de contacto, un nombre; no para formar parte de un exilio derrotado y quejoso, sino para participar en una invasión armada a la isla. (Taibo, 1997, p. 100)

Como se verá luego, este primer acercamiento y apoyo de algunos políticos costarricenses a los albores de la Revolución duró poco tiempo.

Hay un hecho que se inscribe en las relaciones de los dirigentes políticos de ambos países que sucedió a menos de tres meses del triunfo de la Revolución, cuando el presidente José Figueres Ferrer quien se oponía a las dictaduras, hizo público su distanciamiento de Cuba, a la vez que su cercanía a los Estados Unidos. En un evento de masas que tuvo lugar en La Habana el 22 de marzo de 1959, para respaldar varias leyes revolucionarias, él se encontraba entre los huéspedes y Fidel Castro le invitó a dirigir unas palabras. El breve discurso llamó la atención porque discurrió entre elogios, temores y advertencias, cosa que creó confusión en la gente, que sabía del apoyo que había dado para la lucha contra Batista (cuya dictadura había sido respaldada por los Estados Unidos). La alocución tuvo varios matices (Figueres, 2018); de elogio: “cubanos, ¡qué bella palabra! Cubanos me suena a Guerra de Independencia, me suena a Martí, me suena a epopeya de la Sierra Maestra”; de temor: “Yo comprendo, señores, el sentir de los hombres de negocios en estos momentos. Ellos tienen un gran temor, hay que decirlo claro: la Revolución los asusta”, y palabras de advertencia que provocaron descontento en los asistentes y en la propia dirigencia cubana:

Si nosotros vivimos junto a una casa que se incendia no podemos evitar las consecuencias; y si estamos junto a un país tan poderoso como los Estados Unidos, se siente la tensión de estar en guerra (…) El comunismo, que sea cubano, latinoamericano, a mí no me desvela. Lo malo sería que alguien de nosotros cometiera el error de asociarse con una ideología que esté sustentada por una potencia lejana. (2018, párr. 10)

Ante ese señalamiento, la respuesta del dirigente cubano no se hizo esperar y advirtió que el visitante había sido víctima de la propaganda enemiga:

lo cierto que se ha hecho una campaña tal y tan tremenda, una campaña tan infame y tan pertinaz, que aun hombres como José Figueres, a quien suponíamos libre de temores y de prejuicios han sido influenciados por esas campañas; y así se nos ha tratado de aislar tratando de quitarnos simpatías en todo el Continente; y así se ha querido sumir en el odio de los demás pueblos del Continente a la Revolución más moral, más honesta y más justiciera que ha conocido América. (Castro, 1959, p. 4)

Según el periódico La Nación de Costa Rica, un día después de esos hechos, el 23 de marzo de 1959, Figueres Ferrer hizo un llamado a la solidaridad latinoamericana con Estados Unidos en la lucha mundial contra la Unión Soviética: “Reconozco que Estados Unidos está en guerra y que el antiimperialismo no es una guerra contra Estados Unidos”. De acuerdo con Orlando Núñez Pérez, cubano, que fue secretario de prensa de Figueres en su tercer mandato (1970-1974), ese hecho creó entre Figueres y la Revolución Cubana un enfriamiento y enemistad, y cuando vio la cercanía de la Revolución Cubana a la Unión Soviética, se opuso abiertamente en contra de Fidel Castro, al extremo que ofreció el territorio de Costa Rica a un grupo de cubanos para que desde ahí invadieran Cuba (el 22 de marzo de 1959 cuando Figueres habló en La Habana, Cuba no tenía ninguna relación con la Unión Soviética, y era evidente que se trataba de una revolución antimperialista). Figueres les había dicho a los cubanos que se oponían a la Revolución: “Nosotros los apoyamos a ustedes en contra de Fidel Castro, si necesitan territorio también se lo damos” (Cambronero, 2016). Núñez admite que él formaba parte de un grupo de cubanos que pretendía desde Costa Rica invadir Cuba para derrotar la Revolución; a raíz de esas actividades conspirativas, él y José Miguel Tarafa, también cubano, dirigentes del grupo de conspiradores tuvieron que salir de Costa Rica por una determinación del gobierno del presidente Mario Echandi (1958-1962) (Colper, 2015).

Con la presidencia de Francisco José Orlich (1962-1966), quien se había reunido en 1956 con Fidel Castro cuando este visitó Costa Rica, se plegó a la política exterior de los Estados Unidos contra Cuba, y el territorio costarricense sirvió para que se entrenaran contrarrevolucionarios. El ofrecimiento que había hecho Figueres se cumplió:

el apoyo decidido e incondicional del gobierno de Orlich a las políticas emprendidas por los Estados Unidos contra Cuba, que no se limitó al plano de la política exterior, sino que se materializó en la operación de campos de entrenamiento de grupos anticastristas en nuestro territorio, bajo la estricta supervisión del Movimiento Costa Rica Libre. (Muñoz, 2008, p.172)

Costa Rica ha sido un país por donde han pasado no sólo algunos de los revolucionarios cubanos como Fidel Castro en los albores de la Revolución, sino también ahí han residido, ingresado y salido varios desertores y conspiradores contra esta por varios periodos. Uno de ellos fue Huber Matos, quien después de estar preso en Cuba, permaneció varios años en Costa Rica, y desde ahí siempre estuvo activo con la organización Cuba Independiente y Democrática de Miami en sus planes subversivos contra Cuba (Ferreira, 2014).

Lo sucedido entre José Figueres y Fidel Castro no fue un asunto menor. Costa Rica había pasado de un extremo al otro: de enviar armas para ayudar al derrocamiento de la dictadura de Batista, a prestar su territorio para que los batistianos y contrarrevolucionarios se organizaran y entrenaran con el propósito de atacar la naciente Revolución. Esto empezó al poco tiempo del triunfo revolucionario: “a principios de la década de los 60, en la zona de Tortuguero, había grupos del movimiento ultraderechista “Costa Rica Libre” y opositores cubanos a la revolución” (Castillo, 2016, párr. 19). Así, las relaciones entre ambos dirigentes políticos y sus respectivos países quedaron prácticamente rotas y no hubo comunicación por varios años.

El Movimiento Costa Rica Libre (MCRL) era una organización paramilitar, creada en el contexto de la Revolución Cubana por un grupo de costarricenses pertenecientes a los sectores económicos más poderosos del país, con el propósito de combatir el comunismo (impedir que la población costarricense se adhiriera a este); si bien los historiadores no precisan la fecha exacta de su fundación, creen que fue en los meses finales de 1961, y será el gobierno de Francisco Orlich (1962-1966) el que les dará todo el respaldo; sin embargo, sus integrantes ya operaban desde varios meses antes y habían participado en la preparación y entrenamiento con los exiliados cubanos batistianos en suelo costarricense como parte del plan dirigido por el gobierno de los Estados Unidos, en coordinación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para la invasión en Playa Girón en abril de 1961, donde fueron derrotados (se desconoce si alguno de los que se preparaba en Costa Rica participó en esa invasión). Dice Nigro, citando a Sánchez Alonso (2017, p.175):

Estos grupos, expulsados de Cuba, intentaron realizar sus invasiones desde otros países. Los contactos internacionales del MCRL, en la década de 1960, se realizaron, hasta donde se conoce, con los cubanos. Según Sánchez Alonso, dos meses antes de la invasión de Bahía Cochinos, un centenar de combatientes cubanos se entrenaron en Costa Rica. El gobierno había otorgado permiso para que los miembros del MCRL realizaran un entrenamiento en conjunto con los cubanos, en la finca de un asociado ubicada en Sarapiquí.

Así como hubo gente que se organizó en Costa Rica para atacar y hostigar la Revolución Cubana, también hubo costarricenses que agrupados con el nombre de Sociedad de Amigos de la Revolución Cubana se organizaron para defenderla (Rojas, 2008). Mientras que, en diferentes países de América Latina, concertados desde los Estados Unidos, desde los grandes medios de comunicación se profería contra el comunismo, en Costa Rica se iniciaba la persecución contra los comunistas y simpatizantes de la Revolución. En ese contexto político se produjo la invasión de Playa Girón y aunque las condiciones no eran nada favorables para la Sociedad de Amigos de la Revolución Cubana, hizo reiterados llamados al pueblo para que expresara su rechazo a la agresión imperialista contra la isla (Muñoz, 2008). Según Castillo (2016), en los gobiernos de Francisco Orlich (1962-1966) y José Joaquín Trejos (1966-1970), aumentó la represión contra los comunistas, y cuando John F. Kennedy visitó Costa Rica en 1963 “se hicieron redadas 15 días antes de su llegada y 15 días después de su salida contra los marxistas.” (2016, párr.28)

El origen de la ruptura de las relaciones diplomáticas

Los distintos gobiernos de Estados Unidos nunca abandonaron el uso de las armas políticas en el afán de derrotar la Revolución, por eso en enero de 1962 recurrió otra vez a la OEA; en la Conferencia en Punta del Este, donde se adoptó la Resolución VI que excluyó a Cuba de ese organismo, la acusación fue: “dar la espalda al sistema panamericano” y acercarse a la comunidad chino-soviética. Según los Estados Unidos, Cuba estaba identificada con el comunismo internacional y había instituido un régimen social, político y económico con esa filosofía; todos los países de América Latina, excepto México, rompieron relaciones diplomáticas con Cuba. Esto fue resultado del trabajo previo que Estados Unidos había hecho con cada gobierno de la región; ejerció presión con el “fantasma del comunismo” para que se distanciaran de Cuba (López, 2014). Lo sucedido en Punta del Este era la formalización y confirmación del rompimiento de lazos diplomáticos del resto de naciones con Cuba; Costa Rica lo hizo en 1961, cuando el presidente era Mario Echandi Jiménez, y esas relaciones se restablecieron en el 2009, en el segundo mandato presidencial de Oscar Arias Sánchez (junto con El Salvador, fueron los dos últimos países de América Latina en hacerlo).

La posición revolucionaria que mantuvo Cuba acrecentó la preocupación de Estados Unidos. El presidente John F. Kennedy para evitar que lo que se denominó la “cubanización del continente”, creó la Alianza para el Progreso (ALPRO) que había prometido en campaña; era un programa de ayuda económica, política y social para América Latina que se realizaría entre 1961 y 1970. Se invertirían 20.000 millones de dólares, provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Fundación Panamericana de Desarrollo. Estados Unidos que no aceptaba que se hicieran reformas como la ley de Reforma Agraria que se hizo en Cuba, ahora, a través de la ALPRO la estaba promoviendo:

Es decir que Kennedy, frente a la Revolución cubana, se vio obligado a lanzar también una iniciativa y determinados conceptos de tipo político y a proclamar la necesidad de reformas en América Latina, porque él comprendía que los factores objetivos podían dar lugar a la revolución en este hemisferio. (Castro, 1991, p. 95)

Ante la influencia que significaba la Revolución Cubana, el propósito central de los Estados Unidos con la ALPRO era mejorar la vida de los habitantes del continente, y para eso se trabajaría en aspectos de carácter social, político y económico (Suárez, 2006). Esta propuesta tuvo gran aceptación de los presidentes de América Latina; sin embargo, el asesinato de Kennedy en 1963 impidió que el programa se desarrollara y los presidentes que continuaron en la Casa Blanca priorizaron la cooperación militar; a raíz de eso América Latina fue copada de gobiernos dictatoriales que tuvieron el apoyo de los Estados Unidos; la perspectiva anticomunista era detener las revoluciones, no con reformas como había pensado Kennedy sino con armas.

Cuba desde un inicio rechazó la ALPRO porque sabía que había sido creada para evitar otras revoluciones en América Latina; así, se convirtió en un obstáculo para el afianzamiento de la dominación continental de los Estados Unidos en un tiempo en el que pensaba contar con las mejores condiciones para conseguirlo. El triunfo de la Revolución Cubana dio inicio al surgimiento de nuevos movimientos de liberación nacional en América Latina y obligó a los Estados Unidos a reconsiderar su política exterior. Aunque desde un inicio los Estados Unidos se habían propuesto aislar a Cuba, sucedió que, si bien los gobiernos habían roto relaciones con La Habana, los pueblos de América Latina estaban identificados con los ideales de la Revolución. Fernando Mires (1978), diecinueve años después del derrocamiento de la dictadura de Batista sostenía que la Revolución Cubana trajo en América Latina consecuencias similares a las que la Revolución Rusa trajo en Europa, y bajo ese influjo surgieron partidos y organizaciones políticas planteando la actualidad inmediata de la revolución.

Reencuentro de políticos costarricenses con Fidel Castro

Dadas las condiciones socioeconómicas de pobreza, desigualdades y explotación en las que vivián los países centroamericanos, sumado a su cercanía geográfica a Cuba, los Estados Unidos se preocuparon por evitar otro proyecto revolucionario como el cubano en esta región, por eso hizo diversos esfuerzos de contención, desde lo militar hasta lo económico. Las condiciones sociales de la población costarricense no tenían las dimensiones de desigualdad y pobreza que existían en las otras naciones del istmo centroamericano, además de que poseía mayor estabilidad democrática; estos factores propiciaron que los Estados Unidos escogieran este país para brindarle el apoyo económico necesario con fines políticos: “desde los primeros años del triunfo de la Revolución Cubana, el gobierno de Estados Unidos utilizó a Costa Rica y le asignó recursos para presentarla como una vitrina de los avances sociales que se podían lograr bajo el capitalismo.” (Castro, 2009, párr. 9)

La propuesta de la ALPRO fue aceptada íntegramente por parte de Costa Roca, de esa forma el país se “comprometía a realizar un programa de crecimiento económico con el objetivo de lograr un aumento substancial del ingreso per cápita. El producto interno bruto no debía crecer a una tasa menor del 2.5% anual en términos reales.” (Rojas, 1984, p. 73)

Entre los políticos más entusiastas con el programa de la ALPRO estuvo Daniel Oduber, quien en esos años fungió como Ministro de Relaciones Exteriores (1962 a 1964), y diez años después sería presidente de Costa Rica (1974 a 1978). Desde la cancillería, Oduber desplegó una gran labor en las conferencias internacionales contra la Revolución Cubana: “Ganamos las elecciones de 1962 y desde mi cargo de Ministro de Relaciones Exteriores me tocó una parte activa en los primeros pasos de la Alianza y en el interior de la lucha por superar los planteamientos castristas en América Latina” (Oduber, 1967, p. 195). En un mensaje de campaña electoral para la presidencia, Oduber deja clara su identificación con el programa estadounidense y su oposición a Cuba:

El reto del comunismo desde Cuba debe enfrentarse demostrando -en la acción- que el sistema democrático de Costa Rica puede elevar el nivel de vida de los costarricenses en forma más sólida y más real de lo que puede hacerlo el comunismo en Cuba. Este es el verdadero sentido de la Alianza para el Progreso, y éste el verdadero reto que yo -como ferviente apóstol de esa idea- con gusto acepto en nombre de todos los costarricenses. (Oduber, 1967, p. 58)

Oduber, en su libro Una Campaña, que es una compilación de sus artículos y discursos, presenta varias expresiones para referirse a Cuba y a su presidente: “desde Cuba presionan para sustituir la vida en libertad por la vida en dictadura”, “las hordas castristas”, “el tirano Castro”, “el totalitarismo marxista”, “un totalitarismo más cruel y eficaz que el derrotado”, “un dictador comunista más”, “el dictador cubano”, etcétera, con las que muestra su posición distante de la Revolución Cubana (después de sesenta años, varias de esas expresiones las siguen repitiendo algunos medios de comunicación y algunos políticos costarricenses).

A pesar de ese ambiente hostil hacia Cuba, que no solo sucedía en Costa Rica sino en toda América Latina por parte de las oligarquías nativas y tuteladas por los Estados Unidos, fue imposible impedir que muchas organizaciones partidarias, dirigentes sociales y líderes políticos de diferentes países se sintieran atraídos por la experiencia cubana y sus dirigentes. Las agresiones de los Estados Unidos contra Cuba producían mayor resistencia y cohesión en el pueblo cubano, y generaban más solidaridad de los pueblos latinoamericanos.

A causa del bloqueo impuesto por los Estados Unidos y del rompimiento de relaciones diplomáticas de todos los países con Cuba, no existían viajes (vuelos) directos hacia la isla; la gente que quería conocer la Revolución primero debía ir a México y de ahí a La Habana; incluso, muchos primero hacían escala en algún país europeo y de ahí viajaban a Cuba. En los años del gobierno de Salvador Allende (1970-1973), Chile también se convirtió en un país de tránsito, por eso los latinoamericanos de cualquier país que deseaban visitar la isla, pasaban primero por el aeropuerto de Santiago de Chile. Los dirigentes políticos se las ingeniaban para viajar de manera secreta porque las visitas a Cuba no eran bien vistas por el gobierno de los Estados Unidos; esa situación duró varias décadas. Al respecto, en conversaciones con Frei Betto, Fidel Castro señala:

Jefes de Estado y políticos tienen que tomar muy en consideración lo que piensa Estados Unidos, y muchos de ellos tienen en cuenta eso, temen represalias económicas, políticas, temen disgustar a Estados Unidos, o porque necesitan alguna ayuda de ellos, o algún crédito en el Banco Mundial, en el Banco Interamericano, o deben negociar con el Fondo Monetario, etcétera, etcétera. De modo que conocemos mucha gente que incluso mira con simpatía las actividades de Cuba, pero debe tener en cuenta todos estos intereses antes de tomar la decisión casi heroica de venir a Cuba. Visitar a Cuba se convierte, realmente, en una manifestación de independencia. (Betto, 1985, p. 318)

Como se indicó antes, José Figueres y Fidel Castro estuvieron distanciados por varios años; sin embargo, a raíz de la insurrección sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua, Costa Rica acogió a varios dirigentes guerrilleros nicaragüenses, y el gobierno de Rodrigo Carazo (1978-1982) al igual que otros gobiernos latinoamericanos como el de Panamá, Cuba y Venezuela, apoyó la lucha de los sandinistas contra la dictadura; por ese motivo, Somoza había amenazado con bombardear territorio costarricense. Aunque las relaciones entre Cuba y Costa Rica estuvieron rotas y distantes, la necesidad de enfrentar la amenaza somocista generó un acercamiento entre ellos con la mediación de Panamá. Una vez más la situación que los hará acercarse será la necesidad de contar con el apoyo en armas, esta vez por parte del país centroamericano. Costa Rica necesitaba algunas baterías antiaéreas para defenderse y trató de obtenerlas de los Estados Unidos e Israel; sin embargo, el primero se las entregaba después de seis meses de formalizada la solicitud y el segundo las enviaría inmediatamente, pero ambos países las vendían a sumas cuantiosas que el país no tenía la capacidad de pagar. La intervención de Omar Torrijos, presidente de Panamá y cercano a Fidel Castro, facilitó el apoyo:

Panamá nos informó que las había conseguido y que nos las prestaba sin costo alguno… eran las ahora famosas antiaéreas “cuatro bocas” de manufactura china. “Son maravillosas”, nos dijo Torrijos. Las acepté de inmediato a pesar de que se nos dijo que estaban en Cuba. Ordené que las trajeran a la mayor brevedad. (Carazo, 2012, p. 99)

La versión del ministro de Seguridad de entonces, Juan José Echeverría complementa así lo sucedido:

Le informé al presidente Carazo que Panamá estaba en capacidad de suministrarnos las ocho baterías antiaéreas que deseábamos, que necesitábamos, y que ese país las conseguiría de Cuba. El presidente Carazo me autorizó a redactar el convenio de préstamo con Panamá, siempre y cuando quedara bien clara nuestra obligación de devolverlas a ese Estado y a nadie más. (2012, p. 66, el énfasis es nuestro)

Cuando se estudian con cuidado los textos tanto de Rodrigo Carazo como de Juan José Echeverría, sobre estos acontecimientos, es palmario que el gobierno de Costa Rica no quería tener un vínculo formal con la Revolución Cubana, menos aún que estuviera mediado por el apoyo con armas, entre otras razones por el fuerte ambiente anticomunista soliviantado por los medios de comunicación y los políticos de derecha; pero el temor por la posible agresión de Somoza hizo que el gobierno de Carazo aceptara las baterías antiaéreas provenientes de Cuba.

La Revolución no sólo auxilió a Costa Rica en esas circunstancias, sino que también brindó apoyo a los sandinistas en su lucha guerrillera, y para eso fue necesario transitar por territorio costarricense con el beneplácito de sus autoridades: “en esa época, Cuba siguió enviando armas desde Panamá al ejército sandinista, y pasaban por Costa Rica con el consentimiento del gobierno de Carazo” (Rojas, 2008, párr.11). La necesidad de sumar fuerzas para el derribo de la dictadura somocista hizo que confluyeran varios gobiernos, dirigentes y tendencias políticas, entre ellos Rodrigo Carazo, Omar Torrijos, Carlos Andrés Pérez y Fidel Castro.

El 19 de julio 1980, en el primer aniversario del triunfo del Frente Sandinista, algunas amistades de Fidel Castro y José Figueres se pusieron de acuerdo para que hubiera un reencuentro entre ellos. Sergio Ardón (2020a), testigo participante del hecho, relata que luego de la ceremonia, hubo una recepción para las delegaciones, y mientras Castro estaba rodeado de mucha gente, Figueres estaba solo, sentado en una banca. Ardón le propuso a Tomás Borge aprovechar que ahí estaban Fidel y Figueres, para promover un encuentro y poner fin a esa ruptura para beneficio de todos. Borge le expresó a Fidel “que don Pepe quería saludarlo”, y Ardón a Figueres “que Fidel quería saludarlo” (Ardón dice que ninguno dijo la verdad; eso se lo habían inventado él y Borge). Don Pepe se levantó de su banca y acompañado por Ardón fueron al encuentro de Fidel, quien también se acercó con el grupo que le seguía; se encontraron, se saludaron e intercambiaron palabras elogiosas. De ahí en adelante tuvieron una relación armoniosa en lo personal y en lo político y Figueres viajó varias veces a Cuba, incluso a recibir tratamiento médico (solía viajar con sus hijos). Algunos años después, el periodista Báez (2001, p. 95) registrará el siguiente comentario de Figueres con respecto a su distancia y cercanía con el dirigente cubano: “Con Fidel tuvimos discrepancias que ahora se atenuaron y somos buenos amigos. Hace pocos meses estuve invitado en Cuba y hablé más de nueve horas con él”.

En el grupo de los políticos costarricenses que viajaban secretamente a Cuba para reunirse con Fidel Castro estuvo Daniel Oduber, quien como se vio, en los años sesenta no se había referido en buenos términos al dirigente cubano. En 1984, cuando Costa Rica y Cuba no tenían relaciones diplomáticas, le solicitó a Sergio Ardón que le acompañara a un viaje a la isla. Aunque Oduber había solicitado entrevistarse con el dirigente cubano en su calidad de vicepresidente de la Internacional Socialista para América Latina, es decir, era una solicitud oficial, no quiso que se supiera que él iba a Cuba, fue un viaje muy discreto, al igual que lo hacían otros políticos de América Latina; a Cuba había que ir a escondidas para que el gobierno de los Estados Unidos no se enterara y después fuera a perjudicarles; eso fue así por muchos años.

Dice Ardón (2020a) que estuvieron allá una semana. Los primeros días visitaron las plantaciones de cítricos en Jagüey Grande, la siembra de camarones y el criadero de cocodrilos en Bahía Cochinos. La noche antes de regresar se encontraron con Fidel Castro, la conversación comenzó cuando el dirigente cubano le preguntó sobre su viaje a Jagüey Grande y a Bahía Cochinos, y hablaron de frutales y de camarones. Fidel estaba informado de lo que Costa Rica estaba haciendo en la siembra de cítricos y en los criaderos de camarones. El costarricense le compartió de los planes que tenían para sembrar cítricos en Guanacaste y criar camarones en Chomes. Cuando le habló de los cítricos que iban a sembrar en la cuenca del río Tempisque, el cubano le preguntó cómo lo iban a regar porque ese río en verano pierde mucho caudal. Oduber señaló que iban a traer agua de la laguna del Arenal a través de cauces para poder regar todo el proyecto de hectáreas de cítricos de la región del Tempisque. El cubano quiso saber cuáles eran las dimensiones de la laguna del Arenal, y Oduber con dificultades dijo que tenía muchos miles de metros cuadrados. Entonces Fidel preguntó por la profundidad promedio de la laguna para saber la capacidad en metros cúbicos. Oduber, dijo: “tiene cuatro metros de profundidad…tiene mucha agua”. La advertencia final de Fidel fue que la laguna también tiene otros propósitos como la de producir energía eléctrica, de manera que no se puede usar toda esa agua, e insistió: “les va a faltar agua para regar”; esta observación puso en apuros a Oduber.

El propósito del viaje del costarricense no fue para hablar de cítricos y camarones, sino para transmitirle al dirigente cubano la solicitud de la Internacional Socialista para que Cuba coordine esfuerzos con ella para bloquear la política de guerra de Ronald Reagan (presidente de los Estados Unidos) en Centroamérica; ese era un objetivo que tenían los partidos socialdemócratas del continente y coincidía con lo que los europeos veían como conveniente; la idea era detener la guerra en la región y para eso era necesario que Cuba, dada su influencia en los movimientos guerrilleros, ayudara a que eso se hiciera realidad, y así se impediría el avance del plan guerrerista de Reagan en Centroamérica. En un momento de la conversación Oduber llamó a Reagan “vaquero y pistolero”, y Fidel le comentó: “si usted lo dice…debe conocerlo mejor que yo”. Acordaron trabajar en la coordinación de ese objetivo por medio de una embajada cubana en Europa. Dice Ardón, que ya de madrugada, comentando alrededor de la mesa, Oduber estaba exultante y feliz (Ardón, 2020a).

Aproximaciones y restablecimiento de relaciones

Como puede verse hasta aquí, desde el triunfo de la Revolución la historia de la diplomacia entre Costa Rica y Cuba ha sido de fuertes tensiones, distanciamientos y encuentros. Costa Rica rompió las relaciones en 1961 al sumarse al bloque de la OEA, y desde el gobierno de Daniel Oduber (1974-1978), pasando por el de Rodrigo Carazo (1978-1982) hasta el de José María Figueres Olsen (1994-1998), se reanudaron y se volvieron a romper los lazos:

Algunos de los principales acontecimientos en este respecto se remontan al año de 1977, donde en el gobierno de Daniel Oduber se restablecieron las relaciones consulares entre Costa Rica y Cuba. En ese mismo año, en ambos países se abren oficinas consulares, así como oficinas comerciales. Para 1981 las relaciones consulares se rompieron por decisión de Costa Rica bajo el mandato de Rodrigo Carazo Odio y 18 años después, en el gobierno de José Figueres Olsen se reanudaron. (Corrales, 2011, p. 31)

En la administración de Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002), Costa Rica decidió abrir un consulado en La Habana, y nombró en 1998 a Melvin Sáenz Biolley como cónsul. En reciprocidad, el gobierno de Cuba acreditó tres años después, en enero de 2001, a Juan Carlos Hernández Padrón como representante consular en San José. Previo a estas decisiones, el presidente Miguel Ángel Rodríguez se había referido a las condiciones que esperaba su gobierno se dieran en Cuba para restablecer relaciones plenas: “tiene que avanzar significativamente por las sendas de la democracia y el respeto a los derechos humanos”, en Costa Rica, “coincidimos con los lineamientos de la política estadounidense hacia Cuba”, y es “importante examinar objetivamente si el aislamiento total contribuye al avance hacia la democracia y el respeto a los derechos humanos, o si convendría estar apoyando a los activistas que se encuentran en la isla luchando por la democracia” (La Nación, 1998, párr. 2).

Explicado así, más que una política exterior propia de Costa Rica hacia Cuba, la del gobierno de Rodríguez fue una política exterior copiada e identificada con la política del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba, y Rodríguez en sus declaraciones asume una posición de autoridad o superioridad (que no la tiene y que nadie le ha otorgado) sobre el otro (Cuba). Una cosa es expresar una opinión como un ciudadano más y otra es asumir en calidad de presidente un papel intervencionista o injerencista en asuntos internos de otro país. Surge la pregunta: ¿qué sucedería si el presidente cubano decide algún día apoyar a una oposición de activistas costarricenses que deciden luchar contra el gobierno del presidente de Costa Rica?

Durante la administración de Rodríguez Echeverría, el 15 y 16 de noviembre de 1999, tuvo lugar en La Habana la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Presidentes de Gobierno; días previos a la Cumbre, el presidente Rodríguez declaró a la prensa que no asistiría porque el gobierno de Cuba no le respondió una carta enviada en la que “condicionaba su presencia a que se le diesen garantías de que podría entrevistarse con disidentes” (El País, 1999); de esta forma el gobierno de Rodríguez, que para esa fecha ya tenía un consulado funcionando en La Habana, mostraba una vez más una actitud desacertada queriendo intervenir en los asuntos internos de otro país, y a la vez irrespeto a las relaciones entre estados y gobiernos. La Cumbre se desarrolló en completa normalidad con la participación de las demás delegaciones.

En la segunda administración de Oscar Arias (2006-2010) las relaciones con Cuba estuvieron marcadas por dos hechos significativos. El primero tuvo que ver con el afán del presidente costarricense por llevar “la” democracia a Cuba y el otro fue el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Respecto al primero, a pocas semanas del anuncio de la convalecencia de salud del presidente cubano, Oscar Arias escribió el artículo “La hora de la democracia en Cuba” (El País, 2009), en el que además de pedir que en todos los foros internacionales se luche por el levantamiento del embargo contra Cuba y se presione por el cierre de la base naval estadounidense en Guantánamo y esta sea devuelta a Cuba (en realidad ambos pedidos había que hacérselos directamente a George W. Bush, presidente en ese entonces de Estados Unidos), sostiene que Cuba es una dictadura, y que “quisiera pensar que la convalecencia del presidente Fidel Castro abrirá, por fin, un debate largamente pospuesto sobre la transición democrática en la isla” (El País, 2009, párr. 7), aboga por la libertad de asociación y de expresión, y por espacios para disentir y manifestar la oposición. En su artículo no hay ninguna mención a los millones de dólares que el gobierno de Estados Unidos destina a esos grupos de la llamada oposición en forma encubierta para la desestabilización de Cuba, y que es de conocimiento público (Gallardo, 2006). Pocos días antes de publicar ese artículo, Arias había dicho a la prensa que tendría una reunión en Colombia con Carlos Lage, vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba, para instarle al gobierno de la isla a una “transición democrática”. Lage canceló la cita por esas declaraciones irrespetuosas e injerencistas. En la nota oficial, el vicepresidente cubano señala que alguno de los tres costarricenses había mentido: o el embajador de Costa Rica en Colombia, el Canciller costarricense u Óscar Arias, y que la reunión fue cancelada por la parte cubana porque la agenda anunciada por Arias a la prensa era una ofensa a la Revolución:

Fui yo quien lo hizo, porque la agenda anunciada por Usted a la prensa constituía una ofensa a nuestra Revolución y a nuestro pueblo y demostraba su arrogancia y afán de protagonismo, aunque sea en defensa de las peores causas, y aunque lo conduzcan a sumarse a la postura de bloqueo contra Cuba, que lleva adelante el corrupto y genocida gobierno de los Estados Unidos. Alguien que se dice defensor de la democracia y de los derechos humanos no puede, mintiendo, aspirar a ser tomado en serio (Lage, 2006).

La respuesta del presidente costarricense fue: “en ningún momento mi gobierno ha pensado en restablecer relaciones diplomáticas con Cuba y yo no voy a renunciar nunca al derecho que tengo como simple ciudadano de un país libre a hablar sobre el futuro de Cuba”, y que le “tienen sin cuidado las acusaciones de que soy un lacayo del imperialismo yanqui, a mí eso no me toca” (La Nación, 2006).

Tres años después de esos hechos, en marzo de 2009, Costa Rica restableció las relaciones diplomáticas con Cuba; habían pasado 48 años de aquella ruptura en 1961. El contexto era muy diferente al de los años sesenta, que estuvo marcado por la Guerra Fría (pero la agresión de los Estados Unidos a Cuba todavía continúa). Cuando Costa Rica restablece las relaciones, todos los otros países ya llevaban muchos años de haberlo hecho; El Salvador y Costa Rica eran los únicos países de América Latina que faltaban. Mauricio Funes, presidente de El Salvador (2009-2014), en su discurso de proclamación a la candidatura presidencial había dicho que reanudaría las relaciones con Cuba, situación que hubiera dejado a Costa Rica como él único país sin relaciones con la Mayor de las Antillas, realidad que el gobierno de Arias no hubiera aceptado, más aún en un contexto en que las voces y los esfuerzos de varios gobiernos progresistas de la región estaban a favor de la integración latinoamericana; además, tanto el gobierno de los Estados Unidos con su presidente Barack Obama y también la Unión Europea habían anunciado la necesidad de restablecer el diálogo con el gobierno de la isla. En un contexto así, mantener una posición rígida como la tuvo Costa Rica alrededor de cinco décadas, era persistir en un residuo obsoleto de la Guerra Fría; la nación que se estaba quedando aislada en las relaciones internacionales no era Cuba, sino Costa Rica.

A propósito de la restitución de relaciones, Oscar Arias dijo que no tenía sentido “jugar al distanciamiento oficial” porque ya existía cooperación en varias áreas, ya había relaciones consulares y comerciales de importancia y vuelos directos entre ambas capitales. El mandatario hizo una especie de mea culpa al señalar dos aspectos que deben caracterizar a la diplomacia costarricense: a) “no puede medirse por los países que excluye, por los gobiernos que desconoce, ni por los pueblos que ignora”, y b) “queremos ser reconocidos en el extranjero por nuestra amistad y no por nuestra enemistad, por nuestra disposición para ayudar y no por nuestra intransigencia” (El País, 2009).

Tres meses después de ese acontecimiento, el 28 de junio, hubo un golpe de Estado en Honduras contra el presidente constitucional José Manuel Zelaya, hecho que fue desaprobado por la Asamblea General de la OEA que exigió la restitución inmediata del presidente Zelaya en su cargo. Ante esta situación, el gobierno de los Estados Unidos ignoró el pedido de la OEA y recurrió al presidente costarricense: “la administración Obama da largas a la responsabilidad de su país en el golpe y promueve, vía la ‘mediación’ de Costa Rica y guiños ambiguos, una salida pública negociada con entera impunidad para los golpistas” (Gallardo, 2012, p.15). En esas circunstancias, Fidel Castro, ya retirado de la presidencia, escribió un artículo donde hace referencias al presidente Arias, advirtiendo que no porque las relaciones entre ambos países se habían restablecido él debía dejar de expresar lo que pensaba del golpe de Estado en Honduras; algunos de sus señalamientos fueron que “el Departamento de Estado asignó a Oscar Arias, la tarea de auxiliar al golpe militar en Honduras”, “en los cálculos del Gobierno de Estados Unidos pesaba el hecho de que Arias ostentaba el título de Premio Nobel de la Paz” y que “la historia real de Oscar Arias indica que se trata de un político neoliberal, talentoso y con facilidad de palabras, sumamente calculador y aliado fiel de Estados Unidos” (Castro, 2009). Aunque el artículo de Fidel Castro tuvo amplia circulación internacional, el presidente costarricense no objetó lo que ahí se decía, interpretándose así que ser aliado de la política de los Estados Unidos no es ningún desmérito; algo semejante había hecho José Figueres Ferrer en 1959 cuando Costa Rica rompió relaciones con Cuba.

No está entre los objetivos de este artículo señalar o ahondar en los acercamientos o diferencias que ambos países o sus representantes han tenido en foros y encuentros internacionales vinculados a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero cabe mencionar que debido a que cada año en la ONU se debate sobre la situación de los derechos humanos y la democracia en relación con Cuba, y por ser estos temas recurrentes sobre los que varios gobiernos de Costa Rica han tenido reparos, objeciones y actitudes injerencistas hacia Cuba, es importante hacer referencia a ello. La historia señala que desde 1992 hasta 2021 (el 2020 transferido para 2021 por la situación epidemiológica que impuso la Covid-19 en el mundo, incluida la ciudad de Nueva York, sede de la ONU), el gobierno de Cuba ha presentado ante la Asamblea General de dicho organismo el Proyecto de Resolución para poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba (bloqueo que es la expresión de la mayor violación de los derechos humanos de toda una nación), y por vigesimonovena ocasión, la Asamblea ha rechazado el embargo. En todas esas votaciones, Costa Rica no aparece en la reducida lista de dos o tres países que apoyan la política de agresión del imperialismo norteamericano; Costa Rica ni siquiera cuando tuvo de presidente a quienes creían que podían poner condiciones o exigir explicaciones sobre “la” democracia y los derechos humanos, votó en contra de la propuesta de Cuba (Granma, 2018).

Conclusiones

Desde que triunfó la Revolución Cubana en 1959 hasta el año 2009 cuando se restablecieron las relaciones diplomáticas entre Costa Rica y Cuba, Costa Rica ha tenido trece gobiernos. Para entender las relaciones entre estos dos países en sus tensiones y acercamientos durante todo este tiempo, dependerá desde dónde se vea y cuáles fuentes de información se usen; eso condicionará una visión parcial o más completa de los acontecimientos; como se ha visto, el tema es controversial.

Este artículo no trata de las trece administraciones costarricenses; se anunció al principio que este es un estudio de los gobiernos que tuvieron relaciones ya sea de distanciamiento o acercamiento con Cuba; en cincuenta años de historia, se encuentran varios tramos de hostilidad e irrespeto y otros de amistad y deferencia, esto último respondió más a simpatías e intereses personales de algunos dirigentes, que a la política exterior del gobierno de Costa Rica. En varias de las fuentes consultadas como los libros de memorias y reportajes periodísticos (que por cuestiones de espacio aquí no se muestran), no pocos políticos costarricenses exhiben fotos y anécdotas en diálogos amistosos con Fidel Castro en reuniones en La Habana, y no ocultan sus elogios al dirigente revolucionario (una cosa era lo que decían en público, pero actuaban de otra forma en privado).

En esta investigación se descubre que algunas veces, a pesar de no haber existido relaciones diplomáticas, el acercamiento y los lazos de apoyo entre ambos países se realizaron, y cuando las relaciones consulares se habían iniciado o estaban restituidas, no faltaron algunos presidentes costarricenses que hicieron esfuerzos con actitudes y posiciones injerencistas para deteriorarlas, pero no tuvieron mayores éxitos.

Es evidente que ninguno de los presidentes aquí referidos simpatizaba con el comunismo o el socialismo o la Revolución Cubana; la mayoría de ellos eran más bien anticomunistas; esta posición ideológica fue una característica de sus gobiernos y se constituyó en un obstáculo para las mejores relaciones entre estos dos países.

Mientras que no se encuentra por el lado cubano el interés por “cubanizar” (extender el socialismo) a Costa Rica, sí se encuentra por el lado costarricense el afán de que Cuba tenga un cambio hacia la democracia burguesa capitalista; por eso exigían algunas condiciones previo a cualquier restablecimiento de relaciones diplomáticas, posición que contradice el principio y derecho de la autodeterminación y soberanía de los pueblos. Si los gobiernos de Costa Rica no hubieran sido influenciados por el anticomunismo, probablemente las relaciones hubieran sido diferentes.

La política exterior de Costa Rica hacia Cuba ha sido semejante a la política exterior que tienen los Estados Unidos hacia ese país, y cuando algunos de los presidentes han sido señalados por esa manera de conducir la política hacia Cuba mostrando poca independencia y soberanía, estos no se han inmutado; por el contrario, pareciera que estar alineados a la política exterior que desarrollan los Estados Unidos hacia Cuba es una muestra de orgullo. A pesar de eso, algunos políticos costarricenses, aun cuando los lazos diplomáticos eran inexistentes entre ambas naciones, discretamente o por medio de terceras personas o de políticos de otros países, buscaron algún tipo de colaboración del gobierno cubano.

Más allá de las relaciones o discordancias entre los gobiernos de ambas naciones, el suelo costarricense sirvió tanto para que el mismo Fidel Castro buscara apoyo económico y militar para derrotar la dictadura de Fulgencio Batista, y sirvió también para que cubanos contrarrevolucionarios y costarricenses anticomunistas se organizaran con alguna permisividad de algunos gobiernos para acometer contra la Revolución Cubana. También existió un grupo de costarricenses organizados identificados y solidarios con esa revolución. Todo esto indica que con respecto a los ciudadanos costarricenses no se pueda afirmar que haya una relación o visión homogénea con respecto a Cuba; así como hubo animadversión también hubo simpatías.

Aunque los gobiernos costarricenses más discordantes con La Habana “exigieron” antes de cualquier acuerdo o normalización de relaciones, un cambio del sistema político cubano, este nunca se dio; la Revolución Cubana siguió siendo socialista y soberana, con una democracia popular y participativa; fue Costa Rica quien tuvo que cambiar su actitud injerencista y aliada a la política exterior de los Estados Unidos hacia Cuba; por eso se restablecieron las relaciones entre estas dos naciones.

Se quiso entre otras cosas responder la pregunta ¿cuánto daño le hace Cuba a Costa Rica? No se encontraron esos daños. El rompimiento de las relaciones diplomáticas nunca provino de Cuba, sino de Costa Rica. Los desafectos que hubo son resultados de posiciones políticas anticomunistas, influenciadas por los Estados Unidos y por una tradición periodística que ve maldades donde no existen.

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Recibido: 29 de noviembre, 2021

Aceptado: 8 diciembre, 2021

Doi: 10.15359/ra.1-32.3


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