R E P E R T O R I O


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A M E R I C A N O


Segunda nueva época N.° 35, Enero-Diciembre, 2025

ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143



portada

La superación del paradigma moderno y la alternativa interdisciplinar en el pensamiento de Leonardo Boff

The overcoming of the modern paradigm and the interdisciplinary alternative in the thought of Leonardo Boff

Eduardo Solano Vázquez

Universidad de Guadalajara

Jalisco, México

ORCID: 0000-0002-3038-0142

pumalibro@hotmail.com

El ser humano vive entre la utopía y la historia.

Leonardo Boff, 2002a

Para Esmeralda

Resumen

La crítica de Leonardo Boff hacia el paradigma tecnocientífico o moderno es retomada en este artículo, no sólo porque destruye los fundamentos y mitos de la modernidad, sino porque propone una alternativa: el cuidado y la dignificación de la vida. En este sentido, la crítica del teólogo brasileño respecto a la razón instrumental no se da por satisfecha con negar la modernidad, sino que propone cómo salir de los escollos que se derivan de ella. Por otro lado, si el paradigma moderno se fundamenta en la destrucción y violencia respecto a la alteridad de sí mismo, Boff reflexiona que es el otro en tanto víctima, junto con la naturaleza, los que deben ser dignificados, pues de esa manera se dignifica la vida, no de forma abstracta, sino concreta. Ahora bien, pensar a partir de lo concreto hace viable que cada una de las partes sean relevantes y así tener una comprensión compleja del mundo a partir de la perspectiva holística-interdisciplinar.

Palabras claves: tecnocientífico, violencia, holístico, vida, dignidad, Leonardo Boff

Abstract

Leonardo Boff’s criticism of the techno-scientific or modern paradigm is taken up in this article, not only because it destroys the foundations and myths of modernity, but because it proposes an alternative: the care and dignity of life. In this sense, the Brazilian theologian’s criticism of instrumental reason is not satisfied with denying modernity, but rather proposes how to get out of the pitfalls that arise from it. On the other hand, if the modern paradigm is based on the destruction and violence with respect to the otherness of its itself, Boff reflects that it is the other as a victim, along with nature, that must be dignified, because in this way life is dignified, not in an abstract way, but concretely. Now, thinking from the concrete makes it possible for each of the parts to be relevant, and thus, to have a complex understanding of the world from a holistic-interdisciplinary perspective.

Keywords: techno-scientific, violence, holistic, life, dignity, Leonardo Boff

Introducción

Los textos del teólogo brasileño Leonardo Boff aquí abordados han permitido detectar su propuesta en torno a la importancia de superar el paradigma tecnocientífico. Asimismo, se ha organizado el texto en cuatro rubros: Conciencia de sí y de lo circundante, La presencia y liberación del otro, Crítica a la razón instrumental y El pensar holístico o la razón interdisciplinar. Cada uno de los rubros alude e insiste en la superación del paradigma moderno y, así, dignificar la vida a partir de darle importancia al ser humano, la naturaleza y las cosas, no en sí mismas, sino religadas en tanto que permiten la comprensión compleja de la totalidad.

La superación del paradigma tecnocientífico no evade la modernidad, tampoco celebra de manera eufórica su fin, por lo menos no es así, en lo que respecta a las reflexiones de Leonardo Boff, porque en ellas subyace la alternativa para lograr dignificar la vida y, así, deshacer idearios y prácticas que sólo violentan al ser humano y la naturaleza, porque de lo que se trata es de cuidarlos, ya que han sido pulverizados por la voluntad de poder y el progreso; es prioritario detener el abuso y la violencia para afirmar la vida digna.

El vitalismo de Boff no se inscribe en el yo abstracto, sino en el coexistir de los seres humanos, la naturaleza y las cosas; además, no se trata de un vitalismo espontáneo en tanto que se requiere transformar el pensar y el ethos, pues se trata de dignificar la vida, aunque no en sí misma, sino en tanto que el ser humano y la naturaleza tengan mejores condiciones, es decir, estén libres de violencia y saqueo; ambas no han dejado de reproducirse por lo menos durante los últimos cinco siglos. Así, se hace imperante superar la modernidad, pero no celebrar su muerte y tampoco ensalzar el vacío, de ahí que la intervención de las víctimas de la modernidad es medular para transformar el mundo y hacerlo el mejor de los posibles: sin violencia, discriminación, destrucción y saqueo de la naturaleza; además, no serán los amos del mundo los que transformarán el estado de cosas.

Conciencia de sí y de lo circundante

El ser humano es el único animal que tiene conciencia de sí y también de aquello que lo circunda. Ser un animal con conciencia implica hacerse responsable de sí, del otro y de la naturaleza, o por lo menos bajo ese ideal se posibilitaría vivir bien o dignamente. No obstante, la modernidad abandonó el ideal de vivir dignamente y se entregó idolátricamente al progreso: “El hombre posee suficiente poder para llevar a cabo una catástrofe de orden cósmico. ¿Hacia dónde se encamina todo este progreso?” (Boff, 1978: 138). El cuestionamiento de Leonardo Boff evoca las tesis de Walter Benjamin, aunado a que es un llamado de atención, puesto que indica lo siguiente: la modernidad ha conseguido el dominio total del mundo, pero si no contiene su voluntad de poder es probable que se destruya el cosmos y sus habitantes.

El progreso está avalado y dinamitado por el pensar tecnocientífico, de ahí que su carácter idolátrico e ideológico no se manifiesta de inmediato, además ¿por qué considerar que a partir de la duda metódica se puede incurrir en idolatrías e ideologías? El pensar tecnocientífico a través de la duda metódica pretende un conocimiento de certezas e infalible, pero Boff siguiendo a Nietzsche ve en la pretensión de certeza el influjo de la voluntad de poder:

La voluntad de poder genera la búsqueda de la certeza; la búsqueda de la certeza crea la tendencia a asegurarse; esa tendencia a asegurarse origina la represión; la represión causa la injusticia, la injusticia fructifica en todas las formas de divisiones, de violencias, de rebeldías y de inhumanidades. (1978: 108)

Boff apela a la vida; ésta requiere un mínimo de seguridad y protección, de ahí que su crítica es hacia la seguridad como modus operandi, es decir, la seguridad incluso a costa de la vida y la libertad. Por otro lado, la modernidad no sólo actúa en detrimento de lo diferente a sí misma, también suscita su propia debacle: ¿no es el fin de la modernidad lo deseable? El pensar de Boff es crítico y alternativo, por lo tanto, propone qué hacer con y después de la modernidad, de ahí que no asume la función de sepulturero, por más que identifique la modernidad con la represión y la violencia.1

La conciencia que el moderno tiene de sí y de aquello que lo circunda está condicionada por la represión y la violencia; por eso se flagela en demasía; ese comportamiento también lo lleva a destruir lo que se encuentra fuera de sí, ya sea un semejante o la naturaleza. Ésta, al no tener aparentemente semejanza con los procesos técnicos y culturales que ha logrado desarrollar la modernidad, es reducida al ámbito de los medios, de ahí que Boff considera necesario superar el paradigma del pensar tecnocientífico y, así, que el semejante y la naturaleza cuenten con posibilidades para dejar de ser objetos de represión y violencia:

El ser humano vive éticamente cuando renuncia a estar sobre los otros para estar junto con los otros. Cuando se hace capaz de entender las exigencias del equilibrio ecológico, de los seres humanos con los otros seres humanos y cuando, en nombre del equilibrio, impone límites a sus propios deseos. (Boff, 2000: 41)

La voluntad de poder se rebela ante los límites, ya que de no hacerlo pierde su razón de ser. Así pues, no se trata de ajustar el sentido de la modernidad, sino de superarla, porque el pensar tecnocientífico jamás accederá a estar junto con los otros y tampoco va a actuar de manera equilibrada, puesto que no le interesa preservar la ecología. Ahora bien, al no poder predecir cuándo será superada la modernidad, es indispensable actuar para que la superación se vaya detonando; se trata de una acción porque tiene un propósito: estar con los otros y dejar de desequilibrar la ecología.2

La crítica de Boff a la modernidad y al tipo de conciencia que proyecta en el tiempo-espacio rebasa el nihilismo, pues ve posibilidad para la acción a partir de las condiciones dadas por el pensar tecnocientífico, pero yendo más allá de ellas. Es decir, Leonardo Boff considera viable la posibilidad de empezar a mostrar una actitud ética que dé cabida al estar con los otros y al cuidado de la ecología sin esperar a que caduque el paradigma tecnocientífico. Este posicionamiento de Boff está en concordancia con su apuesta por los procesos de liberación a partir de los excluidos o víctimas del sistema. No mejorará la situación a partir del nihilismo; el pensamiento de Boff clama por la acción que libere la conciencia y la sociedad.

Lo urgente para Boff consiste en transformar la conciencia y, así, se erradique la idolatría al progreso y la instrumentalización del semejante y la naturaleza. Se trata de transformar el rumbo del ser humano, la sociedad y el cosmos; en suma, es preciso priorizar la vida, la cual para el teólogo brasileño es sagrada. Ahora bien, el vitalismo de Boff no busca la perpetuidad, ya que sabe que la muerte es necesaria e inevitable. Sin embargo, mientras llega la muerte hay que vivir, por lo cual es cardinal pulverizar la represión y la violencia:

Es preciso luchar, esforzarse por transformar la errada organización de la sociedad, arrancar el pecado del mundo. Y esto sólo se consigue a través de una acción política. Esta transformación va de abajo hacia arriba: son los pequeños los que han de conseguirla, porque los grandes no desean cambio alguno; para ellos, la organización está bien tal como está. (Boff, 1986: 97)

Más allá de que la situación mundana se considere o no pecaminosa, este no es el mejor de los mundos posibles. Además, no se necesita ser creyente del pecado y la salvación para percatarse de la injusticia y la desigualdad. No obstante, es cierto que los beneficiados de la organización de la sociedad no se van a preocupar por darles el pan a los que Boff denomina los pequeños; éstos tienen que pelear por él y, a veces, lo arrebatan para saciar su apetito. Ahora bien, como la lucha permanente imposibilita el vivir es toral transformar la conciencia y la organización de la sociedad. En este sentido, el objetivo es hacer de este mundo el mejor de los posibles mediante la concreción de la libertad y la justicia.

Para que este mundo sea el mejor de los posibles se requiere la intervención del ser humano en tanto sujeto. Es decir, es necesario que hombres y mujeres actúen en pos de la transformación social y la relación que se establece con el cosmos; de lo contrario, la debacle es inminente, aunque no sólo para el paradigma tecnocientífico, sino preponderantemente para la vida. El vaticinio suena exagerado y apocalíptico, pero basta observar la devastación de la ecología y los niveles de desigualdad social para percatarse de que se está llegando al límite; de poco servirá el progreso técnico y económico si ya no hay condiciones para vivir en tanto que la naturaleza está contaminada sin parangón.3

La presencia y liberación del otro

La modernidad no ha podido desaparecer al otro, además lo necesita para que el progreso sea factible. El otro se encuentra subordinado, sirve a la razón instrumental y en él se ejerce la voluntad de poder, aunado a que la subordinación es padecimiento y desesperación. No se puede vivir así, de ahí que es prioritaria la liberación y, así, la vida no pierda su dimensión sacra. Defender la dignidad humana es un querer mejores condiciones de vida; sin embargo, Leonardo Boff no justifica al antropocentrismo, sabe que la modernidad ha caído en la idolatría del hombre, además de que no deja de realizar represiones y violencias: “Haber olvidado nuestra unión con la Tierra dio origen al antropocentrismo, en la ilusión de que, por el hecho de poder << pensar la Tierra>>, podríamos con justa razón ponernos sobre ella para dominarla y disponer de ella a nuestro antojo” (Boff, 2002b: 62). La liberación de los subordinados o pequeños no sólo implica su dignificación, sino también la de la tierra, pues ambos dejarían de ser instrumento del pensar tecnocientífico.

¿De qué sirve el señorío del mundo si se está acabando con la ecología? La liberación en Boff no pasa por la apropiación de los medios de producción y el reparto equitativo de la riqueza; éste es necesario, pero no suficiente. Así pues, para el teólogo brasileño es fundamental una liberación integral u holística. Además, con la liberación de los pequeños se espera que advenga el respeto y cuidado por la naturaleza: “El cuidado salvará la vida, hará justicia al empobrecido y rescatará la Tierra como patria y matria de todos” (2002b: 157). El pensar de Boff apela al cuidado, en vez de la represión y violencia sobre el otro y la naturaleza.

La liberación del otro detonaría en la transformación de la conciencia y la sociedad y, así, dejaría de prevalecer la voluntad de poder y el cuidado sería el soporte de la acción, de esa manera el otro y la naturaleza dejarían de ser reprimidos y violentados; ello requiere responsabilidad, pero ¿está dispuesta la sociedad tardo moderna a renunciar al capricho y establecer espacios donde impere la responsabilidad y lo común? La esperanza por un futuro vivible y digno para todos se tiene que afincar a partir de lo real y posible, porque la espera a partir de lo quimérico no logrará transgredir la seguridad defendida por la voluntad de poder.4

Las desilusiones han sido parte de las acciones que han querido transformar el orden social; la épica de la derrota es idónea para lo novelado. Empero, la historia real y concreta necesita logros, sólo así el espíritu no se tornará árido. La derrota permanente propicia la apatía y se deja en manos de los poderosos el rumbo y sentido del mundo:

El pobre se transforma en el sujeto histórico de su propia liberación; se convierte en alguien libre capaz de autodeterminarse para la solidaridad con el otro diverso de él, a fin de ser libres juntos en una sociedad más justa, fraternal y ecológicamente integrada. (Boff, 1996: 64)

No se trata de instaurar un mundo feliz, porque eso es contravenir el carácter histórico del mundo. Sin embargo, tampoco es idóneo seguir con el sometimiento y violencia hacia lo que el pensar tecnocientífico considera instrumentos, esto es, el otro y la naturaleza, porque se están agotando las posibilidades para vivir dignamente. Por otro lado, Leonardo Boff no deja de confiar en que sólo el otro en tanto víctima del sistema puede llevar a cabo la transformación. Empero, la confianza sin estrategia es el acabose político; lo bienintencionado no siempre es efectivo y es preciso obtener victorias para dejar constancia de que “el otro mundo es posible”; no es un disparate, sino el detonante para transformar la historia.

El pobre en tanto sujeto de su propia liberación es un ejemplo de que es posible culminar con la injusticia, pero no se puede hacer de él el Sujeto de la Liberación, ya que sería retornar a la dependencia y continuar dentro del orden mediante otro jefe o conductor de la sociedad. Además, el otro en tanto víctima y excluido tiene muchos rostros: la mujer, el discapacitado, el negro. ¿Es posible hacer una transformación social por medio de los distintos rostros y perspectivas del otro? ¿Cómo dialogar y establecer un proyecto común a partir de la diversidad? El pensar tecnocientífico es productor de exclusiones y desigualdades, de ahí que sea imperativo superarlo. Ahora bien, no basta con insistir en que es necesaria la superación de la modernidad; se requieren propuestas viables que vayan destruyendo a la Hidra; de lo contrario, se continuará con los gritos de desesperación, pero sin liberar plenamente de la represión y violencia el cosmos y sus moradores.5

La esperanza es lo que dinamiza los procesos de liberación. Querer un mundo distinto a la forma bajo la cual se aparece, de alguna manera la insatisfacción respecto a lo que ocurre, busca transformar las situaciones y detonar la algarabía; no es que se anhele lo sempiterno, pero tampoco es loable vivir entre calamidades. Los excluidos y violentados por la modernidad saben que se necesita un mundo en común, aunque el pensar tecnocientífico insista en las dualidades y priorice al yo:

La existencia no es nunca existencia pura; es una coexistencia, sentida y afectada por la ocupación y por la preocupación, por el cuidado y por la responsabilidad por los demás en el mundo, afectada por la alegría o la tristeza, por la esperanza o por la angustia. (Boff, 2001: 72)

La liberación para Boff tiene que propiciar la coexistencia y, así, no separar a los diferentes rostros que experimentan y se proyectan en la historia; el yo no tiene que desaparecer, sólo debe ser encauzado para que logre el equilibrio, porque sin yo no hay rostro que pueda ser diferenciado y dignificado en concreto. En este sentido, la ruptura es con el yo que en todo momento afirma su voluntad de poder, sin consideraciones éticas respecto a su afirmación. Es decir, se trata de superar el antropocentrismo encarnado en los valores modernos que no cesan de instrumentalizar al otro y la naturaleza.6

La liberación del otro para el teólogo brasileño implica dos momentos indisociables; por un lado, superar la subordinación y, por el otro, abrir un vínculo de respeto hacia la naturaleza; ésta es el fundamento de la vida, en el sentido de que sin ella no se puede desplegar el proyecto de la coexistencia y el cuidado que se vislumbra en tanto posibilidad de liberación. ¿De qué sirve el ímpetu y la estrategia para transformar el orden social si la naturaleza sigue siendo destruida? Son los subordinados por el pensar tecnocientífico y la voluntad de poder los que pueden salvaguardar la naturaleza de la embestida del progreso, pues ellos han padecido el delirio del pensar moderno; éste no ha querido equilibrarse, por eso es preciso superar el paradigma moderno si es que se quieren seguir manteniendo la vida, la libertad y la utopía en torno a un porvenir democrático e incluyente, no sólo para los diversos rostros, sino también para la naturaleza.

Crítica a la razón instrumental

La afirmación de la voluntad de poder del pensar tecnocientífico o el dominio del paradigma moderno ha requerido de razonar dualmente el mundo; hay una especialización sin parangón, pero una incapacidad para interrelacionar las partes y conformar la totalidad. La razón instrumental es especialista y son indubitables los avances científicos y técnicos. Sin embargo, han quedado fuera del debate otras formas de acceder al conocimiento, aunado a los desastres ecológicos que la razón instrumental ha ocasionado al darle prioridad al progreso avalado en el razonamiento de “el fin justifica los medios”:

La ciencia moderna, nacida con Newton, Copérnico y Galileo, no supo qué hacer con la complejidad. Su estrategia fue reducir lo complejo a lo simple […] Se perdió la complejidad y el juego de relaciones de todo con todo. La materia no es espiritualizada y el espíritu no es corporeizado. (Boff, 2002a: 44-51)

La desacralización del mundo por parte de la razón instrumental ha propiciado el ocultamiento del espíritu; así, no es casual que la vida haya perdido su dimensión sacra. Ahora bien ¿es necesario un pensar religioso para dignificar la vida? ¿es imposible la bondad y la empatía con la ausencia de Dios? Boff sabe que, si no todos creen en Dios, sí van a optar por proteger su vida, aunque la protección tiene que ser ampliada y, así, posibilitar la coexistencia. En este sentido, recuperar el espíritu es decirle sí a la vida, a los procesos creativos y desprenderse del deseo de seguridad y poder. Asimismo, no se necesita creer en Dios para amar la vida por medio del respeto por el otro y por la naturaleza.7

La razón instrumental mató a Dios, pero hizo pulular a los credos y éstos no han coadyuvado a que la vida mantenga su dimensión sacra y tampoco a que el otro y la naturaleza sean dignificados de facto. La razón instrumental ha creado ídolos, pero carece de espíritu. Así, la carencia de espíritu de la modernidad propicia el cansancio y la indiferencia social, ética y política; de ahí que la sugerencia de Boff a propósito de espiritualizar la materia no es un sinsentido o quimera en tanto que permitiría transformar la realidad social y la relación con el cosmos.

La modernidad es secular, pero idolátrica. La veneración por la ciencia y la técnica en cuanto propulsoras del progreso raya en el delirio. Ahora bien, la idolatría no es un despropósito para el paradigma tecnocientífico, puesto que al presentar el progreso como la única forma en la que se puede vivir, se deprecian las alternativas respecto al cómo vivir prescindiendo de la voluntad de poder que excluye y violenta, aunado a dejar de tener como télos el progreso:

Es posible, por principio, renunciar a toda pretensión monopolista acerca de la auto-comprensión que hemos elaborado y del uso de la razón que hemos hecho y estamos haciendo. De esa forma se enfatiza el hecho de que la ciencia y la técnica son prácticas culturales como las demás y por ello limitadas a una cultura determinada. (Boff, 1996: 10)

La razón que reflexiona sobre sí misma de manera permanente cae en abstracciones y dogmatismos, de ahí que sería idóneo que la razón instrumental se abra y dialogue con otras formas de pensar y experimentar el mundo. No obstante, lo idóneo no se va a cumplir en sí mismo en tanto que el paradigma tecnocientífico quiere seguir ostentando el monopolio de la verdad. Así pues, es necesario confrontar la razón instrumental y desmontar su universalismo y cariz ideológico, de esa manera es posible evidenciar que la ciencia y la técnica son prácticas culturales como apunta Boff; con ello es posible destruir el culto por la razón instrumental y el progreso.8

Leonardo Boff no propone el relativismo, ya que él quiere la comprensión de la totalidad, pero a partir de las relaciones. En este sentido, sugiere que la razón instrumental sí es relativista en cuanto que parcela la comprensión de la totalidad. La universalidad de la razón no ha logrado completarse en la modernidad; lo que se manifiesta es el universalismo, el monopolio de una forma cultural de razonar en detrimento de otros razonamientos y formas culturales. El monopolio de la razón instrumental ha sepultado culturas, además de deteriorar la ecología; se vuelve a hacer hincapié en que el colapso de la ecología propiciaría el fin del ser humano y no se trata de la ciencia ficción laureada en los filmes: si no se combate la razón instrumental advendrá la ruina de la historia, la sociedad y el cosmos.

La razón instrumental tiene que dejar de jactarse como la única manera de pensar y comprender el mundo; de ahí que es imperante arrebatarle el monopolio de la verdad. No se trata de negar la razón y la verdad, sino de destruir el monopolio de la razón instrumental para darle cabida a la razón ecológica o interdisciplinar, la cual no sólo relacionará el todo con las partes, sino que posibilitará el diálogo entre culturas, además del cuidado hacia la naturaleza a partir de la espiritualización de la materia y la renuncia al yo abstracto y universalista:

No conocemos sólo por la ciencia, sino también por nuestra conciencia, por nuestra interioridad, por las intuiciones, por los sueños, por las experiencias y proyecciones. […] Por más que conozcamos una realidad, jamás se agotará nuestra capacidad para conocerla más y mejor. Y eso es indefinidamente. (Boff, 2000: 50-145)

La superación del paradigma moderno o tecnocientífico no implica para Boff la celebración de la irracionalidad; él apela por la espiritualización del mundo y más allá de que ello tiene de resabios cristiano-religiosos, no es un dislate recuperar, por ejemplo, la interioridad y los sueños en tanto que de esa manera se saldría de la sociedad del cansancio y el individualismo. Además, es posible ser con los otros sin perder la singularidad; coexistir y respetar la diversidad tiene que partir de una transformación de la conciencia, por lo cual es necesaria la ruptura con el yo autocomprensivo y también con el deseo de voluntad de poder.

Pensar implica un modo de vida. La conciencia moderna y la forma en la que esta ha asimilado la tradición y la experiencia ha desembocado en violencia y destrucción para el otro y la naturaleza; ambos no son considerados sujetos, sino instrumentos; de ahí que si se quiere su dignificación es imprescindible transformar el modo de pensar e ir más allá de “el fin justifica los medios”, pues de no hacerlo es probable que la depredación también termine por aniquilar a los detentadores del monopolio de la verdad y la voluntad de poder. ¿El dominio del paradigma moderno conlleva la experiencia del vacío? Un mundo ya no digamos sin Dios, sino carente de espíritu, ajeno a los procesos creativos y a las experiencias comunes está asediado por la soledad y la renuncia al vivir, por ello el desafío estriba en dignificar la vida.9

El pensar holístico o la razón interdisciplinar

La mirada tiene que dejar de observar el mundo de forma compartimentada y dual. Por otro lado, la apertura de la razón hacia el diálogo incidiría en la transformación histórica y social, porque el otro ya no sería sólo un objeto, sino alguien capaz de comprender y disentir. Además, la transformación en la forma de pensar afectaría la relación que los seres humanos establezcan con la naturaleza, ya que al dejar de pensar bajo el influjo de la instrumentalización se establecería un vínculo de respeto y cuidado hacia la naturaleza:

La verdadera concepción ecológica es siempre holística y supone una alianza de solidaridad con la naturaleza […] En la perspectiva de la experiencia global y unitaria, importa rescatar la referencia común contra toda la segmentación del discurso científico. Y entonces aportamos en la dimensión de nuestra racionalidad y del cosmos, la energía vital. (Boff, 2000: 25-173)

La razón instrumental y la voluntad de poder hicieron del hombre el fundamento del mundo; por supuesto que en lo factico se trata del hombre blanco, ya que los otros hombres y las mujeres son objeto de exclusión y son víctimas del progreso. En este sentido, Leonardo Boff no tiene nostalgia por el hombre; lo que capta su atención es pensar las condiciones de posibilidad para que los distintos rostros de hombres y mujeres hallen la dignidad en la Tierra, la cual tiene que ser salvaguardada para que la dignidad no sea sólo un ideal; de ahí que no es exagerado decir que la alianza solidaria con la naturaleza es la apuesta política por excelencia de las víctimas del pensar tecnocientífico.10

Al pensar la alianza con la naturaleza en términos políticos, se va más allá de la nostalgia por el paraíso perdido y, así, se apela a que las víctimas transformen sus condiciones de vida. ¿De qué sirve la nostalgia por el paraíso perdido si las víctimas del pensar tecnocientífico no pueden saciar su hambre ni dignificar su vida? Boff se previene de las idolatrías, no se trata de desplazar al ser humano por la naturaleza, sino de vincularlos; por tanto, es oportuno recordar que en la perspectiva holística cada una de las partes es medular para la comprensión compleja de la totalidad.

Si la razón instrumental dice ser neutral es porque el análisis así lo demanda. Empero, la razón interdisciplinar se involucra en el devenir histórico y social, pues sabe que la transformación del paradigma no sólo afecta el ámbito de las investigaciones, sino el de las experiencias que el ser humano en sus distintos rostros tiene con el mundo. Por otro lado, el yo abstracto ya dio de sí y no porque haya fracasado, sino porque al monopolizar la verdad ha impedido el despliegue de la diversidad:

Pensar siempre holísticamente, es decir, ver continuamente la totalidad, que no es la resultante de la suma de las partes, sino de la interdependencia orgánica de todos los elementos; con ello se supera el pensamiento meramente analítico, atomizado y no religado, propio de la modernidad. (Boff, 1996:26)

Pensar a partir de la lógica de la interrelación hace imprescindibles cada una de las partes, pero no en sí mismas, sino en la medida en que permiten la comprensión compleja del mundo. Asimismo, el pensamiento se encuentra enraizado en la tierra, afecta y es afectado por los estados de ánimo y las condiciones históricas. En este sentido, el pensar interdisciplinar emerge en medio de la globalización, pero camina en contrasentido, por lo menos respecto al binomio capitalismo financiero y globalización, ya que Boff insiste en la recuperación de la dimensión sacra de la vida, mientras que el capitalismo financiero no cesa en reproducir la violencia y desigualdad.

El pensar complejo acepta la diversidad; cada pensamiento y experiencia del mundo es medular para la comprensión. Asimismo, al asumir que el ser se expresa y experimenta de muchas maneras se le da cabida a la coexistencia o interrelación social. Las repercusiones políticas de la apertura al diálogo son loables, en el sentido de que no se reducirá al otro a mero objeto de conocimiento y dominación, sino que se verá en él a alguien capaz de aportar en la comprensión del mundo, pero preponderantemente de existir por sí mismo y proyectar sus esperanzas en la historia, porque el ser humano no sólo es un sujeto que piensa, también siente y necesita cumplir sus propósitos de acuerdo con sus condiciones y circunstancias.11

La modernidad ha subordinado la diversidad humana y la naturaleza; para ello se ha valido de la abstracción. En este sentido, el pensamiento se desencaja de la realidad histórica, pero ningún pensamiento persiste en la nada y el vacío. El pensar tecnocientífico puede celebrar el nihilismo y la náusea, pero su voluntad de poder lo hace querer apropiarse de lo concreto: pueblos, tierras y personas. Ahora bien, es oportuno acudir a lo concreto, pero sin el afán de dominarlo:

Nuestra cultura occidental ha privilegiado el logos y lo ha convertido en instancia básica de discernimiento que orienta las decisiones de la voluntad […] Hacen falta una inteligencia emocional, el pathos para la solidaridad y la compasión y un sentido espiritual de la existencia. (Boff, 2001:29-46)

El pensar ecológico o la razón interdisciplinar no sólo apela por la interrelación de las partes, sino que deja de razonar sólo sobre sí misma para abrirse hacia las emociones en tanto condicionantes del pensamiento. Así pues, se abandona el objetivismo y la neutralidad que no protestan ante la injusticia y la violencia so pretexto de mantener la razón a salvo de las pasiones. Sin embargo, el objetivismo y la neutralidad han servido para justificar el dominio del pensar tecnocientífico, la desigualdad y la violencia en detrimento de la vida.12

La razón interdisciplinar no sólo busca interrelacionar los saberes para obtener la comprensión compleja de la totalidad; también pretende sacar a relucir el lado emocional del pensar y, así, posibilitar la empatía y solidaridad. La superación del paradigma moderno o tecnocientífico implica la transformación de un modo de vida y no sólo un cambio de perspectiva en torno a los saberes. Es necesario abandonar el ideal de una razón que se basta a sí misma y de un yo que no necesita inmiscuirse en la historia para hacerse presente en el mundo. La razón es necesaria, pero no suficiente para vivir; incluso el yo más solitario requiere de vez en cuando mirar a otro rostro y escuchar otra voz, para saber que todavía forma parte del tiempo-espacio. El desafío es salvaguardar la vida y pugnar por la coexistencia a partir de la diversidad. El reino del hombre y su voluntad de poder tienen que ser superados, para que advenga el tiempo de lo solidario y digno.

Conclusión

Del pensar tecnocientífico e instrumental al pensar ecológico e interdisciplinar o el cambio de paradigma, supone un viraje al sentido de la existencia del sujeto que piensa y actúa, o sea, el ser humano y sus distintos modos de manifestarse concretamente en el mundo, porque el pensar ecológico no sólo busca la relación de los saberes, sino el equilibrio y la espiritualización y, así, incidir en las relaciones al grado de conseguir la coexistencia y no desechar ipso facto al ser humano, la naturaleza y las cosas.

La coexistencia es lógica y fácticamente imposible si no se consideran el cuidado y el respeto; por eso Boff traza la transformación del pensar por medio de la ética; cabe reiterar que pensar y actuar éticamente para Leonardo Boff no es algo separado de suyo, sino religado. Así pues, si se piensa con el corazón, es decir, de forma espiritual, también se va a actuar en consecuencia. De ahí que la instrumentalización en tanto utilitarismo se hará inviable y el ser humano, la naturaleza y las cosas importarán en cuanto que conforman la totalidad compleja; respecto al ser humano y la naturaleza, al respetarlos se estaría dignificando la vida.

La modernidad tecnocientífica ha desacralizado la vida por medio de menoscabar y violentar al ser humano y la naturaleza. Leonardo Boff hace un llamado para recuperar la dimensión sacra; no propone una vuelta al pasado, sino una liberación aquí y ahora con miras a hacer de este mundo el mejor de los posibles. En este sentido, la historia y la utopía se religan para dotar de sentido la liberación de las víctimas de la modernidad: personas pobres, negras, discapacitadas y las mujeres, sin omitir la naturaleza. Asimismo, es cardinal que el llamado suponga la acción responsable con los otros mediante el cuidado, porque se quiere mostrar que otro mundo es posible, no sólo en términos lógicos, sino fácticos.

El ser humano no es el amo del mundo. No obstante, sin su pensar y actuar ético no habría historia y el cosmos no sería nombrado y procurado. En este sentido, la superación del antropocentrismo no supone el fenecimiento del ser humano y los distintos rostros en los que se manifiesta concretamente; por el contrario, el ser humano importa para transformar el paradigma y, así, dignificar la vida.

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  1. 1 Al comienzo del artículo intitulado: “Considerar al enano y pensar la liberación: Žižek, Dussel y Boff”, Luis Martínez Andrade sugiere que la tríada de pensadores construye un pensar alternativo debido a que pertenecen histórica y culturalmente a la periferia. Asimismo, los discursos de Žižek, Dussel y Boff, aunque presentan maneras diferentes de abordar la cuestión política, hallan su articulación en la crítica al sistema: “La destrucción de la propiedad privada y de las viejas estructuras económicas, políticas e ideológicas es una tarea urgente por cumplir […] Un proyecto contra-hegemónico que pueda incluir a las víctimas de la modernidad […] El teólogo brasileño, pugna por una “ruptura instauradora” que concretice un nuevo pacto social” (Martínez, 2009a: 220-221). Es indubitable que tiene que ser transformado el mundo para que sea digno de ser vivido, ya que la explotación económica y la exclusión social tornan inviable la dignidad. Así pues, la alternativa es un nuevo pacto social que tenga como horizonte de sentido la dignificación de la vida.

  2. 2 Al comienzo del artículo denominado: “Utopía y política de la liberación en el pensamiento de Leonardo Boff”, Luis Martínez Andrade hace énfasis en una situación y en un proyecto: la crisis estructural y la necesidad de una política de la liberación que zanje la crisis a través de la creación de una bio-civilización. En este sentido, no hay transformación del orden sin la acción. Ahora bien, la acción en tanto transformación del orden tiene un componente utópico que puede o no ser cumplido a cabalidad; sin embargo, ya hace suficiente con inconformarse respecto al estado de cosas: “El pensamiento único, a través de sus entelequias ideológicas –como la corriente posmoderna– deslegitiman la pertinencia de la emancipación […] Estamos convencidos que la lucha contra la pobreza y la defensa de la naturaleza no pueden estar desarticuladas de una perspectiva contra-hegemónica que haga frente al capitalismo y sólo un proyecto eco-socialista desterraría radicalmente las estructuras de explotación” (Martínez, 2009: 22). Superar el capitalismo sigue siendo una cuestión utópica, pero no absurda, porque es importante que todos sacien su hambre, además de cuidar la naturaleza; que no se pierda ese proyecto por más imposible que parezca concretarlo.

  3. 3 Al comienzo del artículo intitulado: “Diversas concepciones en torno a la naturaleza como sujeto político. De la necesidad de cambio de paradigmas”, José de Jesús Herrera y Alfonso Insuasty hacen un recorrido histórico respecto a los problemas que la modernidad-capitalismo le ha dejado a la sociedad; bien mirado, el texto es la contranarrativa del progreso. Asimismo, Herrera e Insuasty apelan a una recuperación del sujeto; sobre ese llamado y dado que su artículo se entronca en algunos aspectos con las reflexiones de Leonardo Boff, se va a tender un puente para vislumbrar el modo bajo el cual ha de recuperarse al sujeto sin perder de vista que la naturaleza también es sujeto: “La naturaleza como sujeto ético desafía al hombre al reconocimiento de ésta como sujeto. Es, pues, la naturaleza desde el punto de vista ético un sujeto que interroga […] Debería encontrarse un camino intermedio que permita que la reflexión ética parta del hombre como sujeto pero no olvide su fin último, su destino como objeto de la naturaleza, como tierra” (Herrera e Insuasty, 2015: 543-544). Recuperar la ética para dotar de sentido a la acción humana y, a su vez, la relación que establece con el cosmos es la alternativa para recuperar al sujeto y con ello superar la historia del progreso, saqueo, destrucción y violencia hacia aquellos que el patrón cultural-civilizatorio de la modernidad-capitalismo considera inferiores: pobres, pueblos periféricos, naturaleza.

  4. 4 En la introducción del artículo intitulado: “Salvación y liberación en el pensamiento teológico de Leonardo Boff”, Osmir Ramírez Trillos refiere que para Boff la salvación, una cuestión ligada con el cristianismo de cuño católico, adquiere una intencionalidad política en cuanto repercute en la liberación social, preponderantemente del pobre, aunque se puede extender el caso hacia los excluidos del sistema para sostener el propósito de una comprensión compleja del mundo y con ello también su transformación: “Leonardo Boff habla de la salvación en relación con la liberación de la esclavitud de los países latinoamericanos […] La salvación necesariamente es liberación de las estructuras sociales de pecado” (Ramírez, 2019: 35-36). Ahora bien, se podría prescindir de pensar en términos de salvación y pecado, sin que ello demerite al concepto de liberación asumido por Leonardo Boff en tanto que insiste en liberar las estructuras sociales que someten a creyentes y no creyentes, puesto que lo relevante es que la liberación se desdobla en lo concreto y prescinde de lo abstracto.

  5. 5 En la introducción del artículo denominado: “Las trampas del pensamiento dualista amigo/enemigo desde América Latina: la experiencia de Leonardo Boff”, Roberto Mora Martínez habla del equivoco que se suscita al pensar dualmente en tanto que se deja de considerar la diversidad del comportamiento humano. Ahora bien, el pensamiento dual fundamenta guerras y violencias, de ahí que no es gratuito el ejemplo que ofrece Mora al referirse a una declaración de guerra por parte de Bush en el 2016, en la cual el presidente considera a los otros en cuanto enemigos de los Estados Unidos de Norte América. Ahora bien, sirva lo expresado de preámbulo para ver la importancia de la diversidad y la superación del equivoco dualista: “El aspecto más problemático de la dualidad es que se ha establecido un antagonismo entre las partes, lo cual no debería existir, pero lo cierto es que se ha instalado en el trato humano provocando divisionismos sociales […] Para avanzar en el bienestar social también hay que incluir una búsqueda sobre lo bueno o lo mejor en la convivencia humana, lo cual es una tarea que se debe cumplir en la producción del conocimiento” (Martínez, 2018: 1). La convivencia humana a partir de la diversidad en donde el otro no es objeto ni enemigo, sino un ser social e históricamente diferente, ese es el télos de un pensamiento y una praxis no dualista.

  6. 6 En la reseña intitulada: “La tierra está en nuestras manos. Leonardo Boff”, Mauro Pérez destaca una pregunta: ¿qué debemos hacer con el ser humano? Siguiendo a Boff, Pérez aduce que no se trata de una cuestión antropológica, aunque se pregunte por el fin último del ser humano. Éste ha sido el destructor de la vida en los últimos cinco siglos, así que la pregunta tiene connotaciones ético-políticas porque trata de orientar el sentido y la acción humana en la historia y el cosmos y, así, contener la destrucción: “La crítica hacia el antropocentrismo de la tradición cultural y occidental es una constante en el pensamiento de Boff. Entender dicha crítica es vital para alcanzar a vislumbrar sus motivos y preocupaciones sobre el cuidado de la tierra, y para no confundir la crítica hacia el antropocentrismo como un desprecio hacia lo humano” (Pérez, 2018: 167). Si el pensamiento de Boff apunta a romper con la idolatría del hombre en abstracto, no es para reducir al ser humano en concreto y sus diversos rostros a la nada y a los nadie, sino para que se fragüen proyectos de liberación a partir de lo concreto y las necesidades de las víctimas y excluidos del sistema. Así pues, Pérez tiene razón al aducir que en la crítica al antropocentrismo adviene la esperanza por un mundo mejor, no sólo para el ser humano, sino también para la naturaleza; ésta no ha sido respetada y se le ha utilizado de forma depredadora y rapaz como si los recursos naturales fueran inagotables.

  7. 7 Dice Gonzalo David al comienzo de su artículo denominado: “Cristo cósmico y antropocentrismo en Leonardo Boff: una lectura desde la óptica reformacional”, que Boff se suma a una tradición de pensamiento la cual considera que cristo interviene en la creación del mundo. Ahora bien, ¿se puede ser espiritual siendo únicamente creyente? ¿No es posible la espiritualización para los incrédulos? La intervención de Cristo en el mundo viene a menguar al antropocentrismo, cuestión que Boff intenta llevar hasta sus últimas consecuencias en tanto que el hombre moderno-blanco no ha sabido mantener el equilibrio y ha violentado a los otros y destruido la naturaleza: “La idea del Cristo cósmico como superación del antropocentrismo permea todos sus ensayos sobre el tema […] Si el Cristo cobró conciencia en Jesús quiere decir que ya existía previamente en el proceso cosmogénico y antropogénico […] El Cristo cósmico es a la vez universal, y en tanto entramos en contacto directo y estrecho con la naturaleza, estamos entrando en contacto también con el Cristo resucitado, reconciliador del universo con Dios, y en quien se unifica toda la creación (David, 2017: 102-104 y 107). Es relevante un Cristo creador que le dé al traste al antropocentrismo, pero ¿qué pueden hacer los incrédulos de fe e idolatrías para transformar el mundo?

  8. 8 Álvaro Acevedo al comienzo de su artículo intitulado: “La crítica a la razón estratégica en las corrientes políticas de la filosofía actual”, aduce que durante el siglo XX se ha dado un salto en el ámbito del pensamiento, esto es, se ha pasado de la razón instrumental al giro lingüístico. Además, Acevedo comenta que frente a los problemas ocasionados por la razón instrumental, Leonardo Boff plantea la necesidad de crear un ethos mundial. Así pues, el giro lingüístico de la filosofía no se agota en los juegos del lenguaje, sino que busca el diálogo y la transformación del orden: “Propone construir un nuevo ethos con base en acuerdos mínimos, pero no con base en la razón ilustrada sino en un pathos, lo que significa partir de una sensibilidad humanitaria y una inteligencia emocional” (Acevedo, 2006: 144). Parece un sinsentido la propuesta de una inteligencia emocional, considerando que el mundo funciona por medio de la razón técnica y no de las sensaciones. Ahora bien, frente a la crisis es pertinente la esperanza; en algún momento la situación puede virar y se puede erradicar la violencia y destrucción hacia las víctimas de la modernidad, incluida la naturaleza.

  9. 9 En concordancia con Leonardo Boff, pero partiendo de Boaventura de Sousa Santos, María Alejandra Alvarado Navarrete en el artículo intitulado: “Planteamiento de la dignidad humana desde la teología en perspectiva de interculturalidad”, considera medular el cuidado para lograr concretar la dignidad. El cuidado va a contrapelo de las teorías liberales que han fundamentado abstractamente la dignidad; además, el liberalismo detona solamente el cuidado de sí haciendo caso omiso respecto al cuidado de los otros. Ahora bien, al tener la interculturalidad como horizonte político es pertinente dejar de apelar únicamente al cuidado de sí y ponderar el cuidado sobre los otros, pero sin renunciar al sí mismo; es necesario equilibrar, como insiste Leonardo Boff en sus reflexiones. Alvarado retoma a Boff ahí en donde considera pertinente superar las implicaciones ético-políticas del discurso liberal: “Hay que decir que cuidado y justicia tienen lógicas diferentes que se componen en medio de la complejidad […] Las instituciones y leyes se ven desbordadas por la generosidad y creatividad de las personas. Esta capacidad de valorar la vida por encima de la ley o epiqueia es la fuente de nacimiento del cuidado (Alvarado, 2017: 226-227). Para Alvarado, el cuidado permite dar soluciones a situaciones concretas sin esperar a la deliberación de la justicia, esto es, cuando alguien tiene hambre o necesita ser asistido, es obtuso preguntarse acerca de los méritos que ha realizado para poder comer o ser auxiliado; hay que cuidar de él inmediatamente dándole alimento y vestido, pues sólo por medio del cuidado se está dignificando a la humanidad en concreto.

  10. 10 Macarena Álamo en el artículo intitulado: “La idea de cuidado en Leonardo Boff”, no sólo resalta los aportes teóricos del teólogo brasileño para que sea leído en España, sino que detecta una reflexión de suma importancia: la ecología y su vinculación con el pensamiento crítico de la teología de la liberación. Álamo, en algún sentido, abona a lo que se dice aquí en tanto que identifica en el pensar de Boff una propuesta para superar el paradigma tecnocientífico, lo que incidiría en la transformación del sentido del mundo. Ahora bien, el cambio de paradigma Boff lo sostiene en la ecología en cuanto se requiere un pensar holístico y no segmentado: “Muchos han considerado que aquello que nos define es el poseer razón. Pero, cuando esa razón sólo es explicada y utilizada desde su dimensión instrumental, producimos una fractura en nosotros mismos y en nuestra relación con el mundo que nos aleja de otras dimensiones tan esencialmente humanas como lo pueda ser la razón instrumental. De esta forma se hace necesario atender a una dimensión emocional y espiritual de la misma razón” (Álamo, 2011: 245). Macarena Álamo hace suya la preocupación de Leonardo Boff y apegada a la dimensión emocional y espiritual de la razón invita a cuidar a la naturaleza de la degradación y al otro de la injusticia y violencia.

  11. 11 En la primera pregunta realizada a Leonardo Boff por parte del Instituto Humanitas-Unisinos (IHU) en la entrevista intitulada: “Francisco de Asís: el prototipo de la razón cordial. Entrevista a Leonardo Boff”, éste es claro al responder que Francisco de Asís ha sido capaz de relacionarse con todas las cosas; además, acudiendo a Scheler, apunta que Asís despliega una razón cordial y emocional, lo que propicia una empatía hacia los que sufren. Empero, Boff no es un sentimentalista, sólo religa a la razón con el corazón con el propósito de superar la crisis y transformar el paradigma dominante durante los últimos cinco siglos; de lo contrario, se presenciará el acabose del mundo: “Ser radicalmente pobre para poder ser plenamente hermano: este es el sentido de la pobreza franciscana […] Este proyecto de vida, si se viviera hoy, crearía un mundo tierno y fraterno, amigo de la vida, con una sobriedad compartida, con un aura de fraternidad universal entre las personas y con todos los seres de la naturaleza, abrazados como hermanos y hermanas” (Boff en IHU online, 2015: 3). La fraternidad, mejor dicho, la coexistencia debe ser buscada y practicada; para ello es medular el religue entre razón y corazón; sin embargo, políticamente es un riesgo esencializar la pobreza, pues la transformación del paradigma requiere no dejar cabos sueltos, por lo que es necesario convocar a todas las víctimas del pensar tecnocientífico y no sólo a los pobres.

  12. 12 Juan Navarrete hace un recorrido por el pensar de Leonardo Boff respecto a la noción de ecología. Así pues, en el artículo intitulado: “La eco-teología de la creación de Leonardo Boff”, Navarrete hace énfasis en la importancia de una mirada holística, puesto que a partir de ella no sólo se da una crítica a la razón instrumental, sino su superación. Además, aclara una cuestión: Leonardo Boff a través de su teología de la creación va a pensar al ser humano dentro y no por encima del mundo; las implicaciones de ese razonamiento también son existenciales y políticas en tanto que Boff no va a justificar la voluntad de poder, sino que va a apostar por la coexistencia y el cuidado. En este sentido, el ser humano tiene que inmiscuirse en la historia, luchar por liberarse en caso de estar subordinado, pero también debe cuidarse y cuidar, con lo cual se suscita la solidaridad y la dignificación de la vida. Ahora bien, si la razón instrumental niega su intervención en el mundo, la razón interdisciplinar se aboca a la historia y la naturaleza en tanto que el ser humano tiene que ser liberado y la naturaleza salvaguardada: “La nueva alianza con la naturaleza tiene que pasar por el corazón, y no por la razón dominante con su poder y agresiones […] La naturaleza no es algo externo a nosotros que deba que ser usada como materia prima. Los seres humanos somos parte de la naturaleza” (Navarrete, 2012: 114-115).


Recibido: 5 de agosto, 2024

Aceptado: 8 de marzo, 2025

Doi: 10.15359/ra.1-35.1


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