R E P E R T O R I O


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A M E R I C A N O


Segunda nueva época N.° 35, Enero-Diciembre, 2025

ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143



portada

El Ateneo de Honduras (1912-1928)

The Athenaeum of Honduras (1912-1928)

José Manuel Cardona Amaya

Universidad Nacional Autónoma de Honduras

Tegucigalpa, Honduras

ORCID: 0000-0003-4870-5619

jmcardona@unah.edu.hn

Resumen

Este artículo narra la historia del Ateneo de Honduras desde su fundación en 1912 hasta su disolución en 1928, con un énfasis en las relaciones que sostuvo con las instituciones análogas de la región. Se aborda el surgimiento de ateneos en el área centroamericana, los intentos fallidos de crear uno de estos centros en Honduras y las actividades culturales que la institución condujo una vez que se estableció. Igualmente, se discute el contenido de la revista Ateneo de Honduras y las distintas etapas de su publicación. Se dedica un apartado a hablar sobre la vida y obra de las únicas cuatro ateneístas que tuvo el centro: Carlota Membreño, Visitación Padilla, Lucila Gamero y Mercedes Laínes. La investigación se realizó con fuentes de la época, en específico: El Ateneo de León (1881-1882), La Academia (1888-1892), El Ateneo Centro-Americano (1888-1893), La Juventud Hondureña (1890-1896), El Pensamiento (1894-1896), Diario de Honduras (1899-1906), El Tiempo (1902-1906), La Bandera Liberal (1907-1908), La Prensa (1908-1909), El Heraldo (1909-1910), El Nuevo Tiempo (1911-1918), Esfinge (1913-1918) y Ateneo de Honduras (1913-1926).

Palabras claves: Ateneo, cultura, política, publicaciones, Honduras

Abstract

This article narrates the history of the Ateneo de Honduras from its founding in 1912 to its dissolution in 1928. It addresses the emergence of Athenaeums in the Central American region, the failed attempts to create one of these centers in Honduras, and the cultural activities once the institution was established. Likewise, the content of the Ateneo de Honduras magazine and the different stages of its publication are discussed. A section is dedicated to talking about the life and work of the only four female Athenaeists that the center had: Carlota Membreño, Visitación Padilla, Lucila Gamero, and Mercedes Laínes. The paper was written using contemporary sources, to be precise: El Ateneo de León (1881-1882), La Academia (1888-1892), El Ateneo Centro-Americano (1888-1893), La Juventud Hondureña (1890-1896), El Pensamiento (1894-1896), Diario de Honduras (1899-1906), El Tiempo (1902-1906), La Bandera Liberal (1907-1908), La Prensa (1908-1909), El Heraldo (1909-1910), El Nuevo Tiempo (1911-1918), Esfinge (1913-1918), and Ateneo de Honduras (1913-1926).

Keywords: Athenaeum, culture, politics, publications, Honduras

Introducción

El Ateneo de Honduras fue una institución cultural que operó desde 1912 hasta 1928. Su compleja historia se entrecruza con los conflictos políticos internos del país, el surgimiento de los ateneos en Centroamérica y la proliferación de nuevos espacios para el entretenimiento público. En la década de su fundación, fue la única institución de pensadores con personería jurídica propia, independiente de cualquier oficina del gobierno. El Ateneo tomó como su base los salones de la Cámara de Comercio de Tegucigalpa, capital de Honduras, en donde ofrecía actos públicos en los que se leían discursos científicos, cuentos, poesía y se organizaban veladas musicales. Este centro intelectual contó con una revista homónima, cuya historia es paralela, pero no idéntica a la de su institución progenitora.

María de los Ángeles Chapa (2013) es la autora del único artículo dedicado al Ateneo de Honduras. El enfoque de la autora es la participación de Rafael Heliodoro Valle en la organización de este centro intelectual en 1912 y su narrativa concluye cuando este escritor dejó el país a finales de 1914. Otros investigadores han mencionado, vicariamente, al Ateneo de Honduras al discutir el ambiente cultural de la época y coinciden en otorgarle un lugar de importancia entre las sociedades científico-literarias de la Honduras de inicios del siglo XX, pero sus datos se reducen a la narrativa de su fundación y a los Juegos Florales de 1915 (Barahona, 2017; Funes, 2003, 2024).

El objetivo del presente artículo es brindar una historia general del Ateneo de Honduras desde las primeras iniciativas de fundación en 1906 hasta su disolución a inicios de 1928. Se inicia con una exposición sobre el nacimiento de los ateneos en el mundo hispanoparlante, con un énfasis en Centroamérica; luego, se discuten las instituciones antecedentes del Ateneo de Honduras y los primeros intentos por constituirle; después, se brinda una historia del Ateneo de Honduras y su revista, con especial atención en sus relaciones con intelectuales extranjeros e instituciones análogas en la región. Finalmente, se discute la trayectoria de las únicas cuatro mujeres ateneístas que tuvo este centro intelectual en sus 14 años de operaciones.

Métodos y fuentes de la investigación

Para realizar este estudio, se ha utilizado el método histórico, que consiste en cuatro etapas: heurística, que es la localización y clasificación de fuentes; la crítica, en la que se seleccionan los datos relevantes de las fuentes recabadas en la etapa anterior; la hermenéutica, en donde los datos históricos son comparados entre sí y ordenados en una narrativa; la exposición, que consiste en la presentación de resultados de la investigación en un escrito (Ruiz, 1976).

La etapa heurística se desarrolló en dos fondos documentales: la Colección Hemerográfica del Archivo Nacional de Honduras y la Colección Hondureña de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Honduras. Se consultaron las siguientes publicaciones: El Ateneo de León (1881-1882), La Academia (1888-1892), El Ateneo Centro-Americano (1888-1893), La Juventud Hondureña (1890-1896), El Pensamiento (1894-1896), Diario de Honduras (1899-1906), El Tiempo (1902-1906), La Bandera Liberal (1907-1908), La Prensa (1908-1909), El Heraldo (1909-1910), El Nuevo Tiempo (1911-1918), Esfinge (1913-1918) y Ateneo de Honduras (1913-1926).

Los datos obtenidos de estas publicaciones ofrecen un panorama desde los primeros contactos de los intelectuales hondureños con un ateneo en 1888, hasta la formación y disolución de esta institución en Honduras en las primeras décadas del siglo XX. Una cuestión adicional que surgió en la revisión de la información fue que el Ateneo de Honduras tuvo solamente cuatro socias y que ellas fueron incorporadas en los primeros años de este centro intelectual. Por lo tanto, se ha añadido a la investigación una discusión de la trayectoria de estas cuatro mujeres.

La exposición de los resultados de investigación se ha ordenado de manera cronológica. Se inicia con la fundación del primer ateneo en España y cómo este inspiró la creación de instituciones análogas en el resto de los países hispanoparlantes. Luego, se habla de la aparición de ateneos en Centroamérica y las relaciones que estos tuvieron con los hondureños. Posteriormente, se discuten las asociaciones de intelectuales antecesoras al Ateneo de Honduras, para finalmente pasar a la historia de este centro.

Los ateneos hispanoamericanos

El Ateneo Español, organizado 1820, fue el decano de estas instituciones en el mundo hispanoparlante (Novales, 1986) y se estableció con el fin de que los intelectuales pudieran “comunicarse mutuamente sus ideas, consagrarse al estudio de las ciencias exactas, morales y políticas y contribuir, en cuanto estuviese a sus alcances, a propagar las luces entre sus conciudadanos” (Guerrero et al., 1820, p.1). Nació este Ateneo con la restitución de la Constitución de la Monarquía Española y dejó de funcionar con su abolición y el restablecimiento del absolutismo de Fernando VII. Sus fundadores emigraron a Inglaterra y crearon allí el Ateneo Español en Londres en 1828. Con la muerte de Fernando VII en 1833 y la apertura a las ideas liberales, un grupo de los intelectuales que residía en Londres regresó a España y fundó el Ateneo de Madrid, que ha continuado funcionado hasta nuestros días (Muñoz, 2023).

Siguiendo el ejemplo madrileño, aparecieron luego el Ateneo Mexicano en 1840, en Venezuela el Ateneo de Carabobo en 1845 y el Ateneo de Caracas en 1852, en España los ateneos de Cádiz y Catalán en 1860 y el Ateneo de Barcelona en 1866, en Cuba el Ateneo de Matanzas en 1874, en Puerto Rico el Ateneo de San Juan en 1876, en Uruguay el Ateneo de Montevideo en 1886 y ese mismo año el Ateneo de Lima en Perú, y los ateneos de Santiago de Chile en 1888 y el de Córdoba en Argentina en 1894 (Cabrera, 2023).

En Centroamérica, el primer antecedente son los estatutos del Ateneo aprobados por la Asamblea Nacional Constituyente de Guatemala en 1877 (Salazar, 1880), pero no se ha encontrado constancia de que esta institución haya llegado a operar. En 1881, se fundó el Ateneo de León en Nicaragua, que publicó una revista homónima que se distribuía en las repúblicas de El Salvador, Costa Rica y Honduras. En la primera página de todos sus números, la revista incluía la siguiente indicación: “se prohíben absolutamente discusiones de política práctica o militante en el seno de la sociedad” (Ateneo de León, 1881, p.1). Al parecer, esta institución dejó de reunirse en 1882 y se le recuerda hoy en día porque Rubén Darío le dedicó uno de sus poemas de juventud (Gómez, 1966).

El 26 de abril de 1888, se inauguró el Ateneo Centro-Americano en la Escuela de Derecho de la Universidad de San Carlos en Nueva Guatemala (Uriarte, 1888). Esta institución publicó una revista homónima, que en su prospecto dejaba claro que “la política no tiene cabida, por punto general, en sus columnas” (1888, p.1); aclaración que hacía eco de lo dispuesto por el Ateneo de León siete años antes. Entre los hondureños que figuraron en las filas del Ateneo Centro-Americano estuvieron: Félix A. Téjeda, poeta célebre por su dramático suicidio a las orillas del Río Grande de Tegucigalpa el 19 de febrero de 1896 (Durón, 1900); Enrique Pinel y Juan María Cuellar, futuros miembros fundadores del Ateneo de Honduras, y Josefa Carrasco, que en esos años se tenía como la única poetisa del país.

Ese mismo año 1888, comenzó a funcionar en Honduras la Academia Científico-Literaria, bajo la dirección del rector Antonio Abad Ramírez y Fernández Fontecha (Cardona, 2022). El Ateneo Centro-Americano estableció un canje con la Academia hondureña y en su revista homónima publicó las noticias más relevantes del vecino país. La institución hondureña convocó a escritores de la región a un certamen para la redacción de una serie de libros científicos, concurso que fue publicitado en el Ateneo Centro-Americano, lo que demuestra el alcance que podía llegar a tener la creación de este tipo de lazos. Además, Policarpo Bonilla, miembro de la Academia hondureña y futuro presidente del país, era el agente de ventas en Honduras de la revista del Ateneo Centro-Americano.

La referencia más antigua que ha logrado identificarse sobre la fundación de una de estas instituciones en Honduras es una noticia de que en Santa Rosa de Copán, pueblo cercano a la frontera con Guatemala, se había fundado un ateneo en 1890 (López, 1890a, p.24). No se han encontrado más referencias sobre este centro. En 1892, inició un proceso bélico conocido como la Revolución Liberal que culminó en 1894 con el triunfo del bando rebelde. Esta guerra tuvo como consecuencia el cese de operaciones de la Academia Científico-Literaria y la interrupción de clases en la Universidad Nacional de Honduras y el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza. Si acaso el Ateneo de Santa Rosa de Copán llegó a funcionar, es posible que se haya visto arrastrado por la vorágine de la guerra y dejado de operar en estos años.

Antecedentes y orígenes del Ateneo de Honduras

El primer antecedente relevante para trazar la historia del Ateneo de Honduras se encuentra en una revista que después devendría en sociedad científico-literaria llamada La Juventud Hondureña. La revista se publicó por primera vez en enero de 1890, cuando el presbítero Ernesto Fiallos, director del Colegio Eclesiástico, decidió ceder la publicación del centro educativo, titulada El Colegial Estudioso, a sus estudiantes (López, 1890b). En esta primera etapa de La Juventud, aparecen colaboradores que después figurarían en las filas del Ateneo de Honduras: Lucila Gamero, Carlota Membreño y Manuel Sabino López. La Juventud fue la primera revista hondureña en incorporar entre sus colaboradores permanentes a mujeres y se le recuerda, sobre todo, porque en sus páginas se publicó la primera novela hondureña, Amelia Montiel, escrita por Lucila Gamero (Argueta, 1993). También debe anotarse que el presbítero Fiallos se incorporó al Ateneo años después de su fundación.

Con el triunfo de la revolución liberal en 1894, La Juventud Hondureña se reorganizó y decidió erigirse como una sociedad científico-literaria, además de reactivar la publicación de la revista. En esta segunda etapa de vida de La Juventud, se incorporaron a sus filas otros jóvenes que después figurarían prominentemente en el Ateneo de Honduras: Rómulo Ernesto Durón y Froylán Turcios. Esta asociación brindó varias veladas científico-literarias desde su inauguración hasta 1898, que consistían en la lectura de discursos académicos, composiciones poéticas e interpretaciones de números musicales. A diferencia de la Academia Científico-Literaria e igual que el Ateneo de Honduras, La Juventud no estaba ligada a ninguna dependencia del Estado hondureño, aunque sí contaba con la protección del gobierno de turno.

Al disolverse La Juventud, las otras asociaciones que surgieron para ocupar su lugar tuvieron una marcada confesión política y en vez del carácter científico-literario de su antecesora, se enfocaron en los proyectos sociales. Grupos de jóvenes, como La Regeneración o La Democracia, se dedicaban a organizar escuelas nocturnas de artesanos y a realizar proselitismo político en los días de fiestas cívicas. En 1901, el Diario de Honduras publicó una nota en que afirmaba que “varios de los literatos más distinguidos de esta ciudad tienen el propósito de fundar un centro intelectual científico con el nombre de El Ateneo de Honduras” (Valladares, 1901, p.2). No se han encontrado más referencias sobre este esfuerzo, pero esta publicación de prensa es indicativa de que entre los intelectuales de la capital de Honduras existía una necesidad de fundar una asociación.

En 1906, Augusto C. Coello, Froylán Turcios y Juan Ramón Molina revivieron la iniciativa y lo plantearon como “un centro directivo social y mental, que, a la vez, organice veladas científico-literarias y hasta algunas fiestas, para reunir, no solo a los hombres de las luces, sino a nuestra sociedad en general” (Un hermoso y brillante proyecto, 1906, p.3). A inicios del año siguiente, una guerra civil depuso al presidente Manuel Bonilla, quien también era el benefactor de los impulsores del Ateneo, por lo que este proyecto quedó en el abandono.

En octubre de 1907, Adán Canales, Paulino Vanegas y Adolfo Barillas anunciaron que se habían asociado para poner en marcha el Ateneo y convocaban a todos los interesados a unírseles. El primero de diciembre de ese año, se instaló la junta directiva del primer Ateneo de Honduras, con Carlos María Varela como presidente y Ernesto Argueta Ayes como secretario (Canales, 1907). Ambos directivos eran funcionarios del gobierno de turno, encabezado por el presidente Miguel R. Dávila: Varela era subsecretario en el ministerio de Guerra y Argueta era diputado en la Asamblea Nacional de Constituyente. Esta cohorte planificó una velada de inauguración para el Ateneo en enero de 1908, pero esta no llegó a efectuarse y no se han encontrado más menciones sobre este Ateneo.

En 1909, La Regeneración, diario simpatizante del gobierno de Miguel R. Dávila, propuso la organización definitiva del Ateneo, y pronto se le sumó El Heraldo, diario dirigido por Froylán Turcios. A mediados del año se había caído ya en el desánimo: “se nos dice que pronto se organizará el Ateneo de Honduras. Lo dudamos, pero puede ser. Su importancia es incalculable para los escritores del país” (Turcios, 1909, p.211). A finales del año siguiente, Manuel Bonilla comenzaría su campaña militar para instalarse, de nuevo, en la presidencia hondureña.

En 1911 y después de la intervención militar de los Estados Unidos de Norteamérica, Manuel Bonilla y su círculo regresaron a ocupar las oficinas del gobierno hondureño. Se estableció una dictadura de este grupo, que duró ocho años: Manuel Bonilla de 1911 a 1913, Francisco Bertrand de 1913 a 1915, Alberto Membreño de 1915 a inicios de 1916, y de nuevo Bertrand de 1916 a 1919. La figura de Froylán Turcios sería esencial para la fundación definitiva del Ateneo de Honduras, y el hecho de que él fungía de ministro general del restituido gobierno de Manuel Bonilla sería determinante en la dotación de la personería jurídica de la institución.

Fundación del Ateneo de Honduras

Desde finales de 1911, un grupo de jóvenes sesionaba para organizar el Ateneo de Honduras (Turcios, 1911). La idea fue concebida por Salatiel Rosales (1884-1926), quien había logrado reclutar a José Cruz Sologaistoa (1888-1966), Alfonso Guillén Zelaya (1887-1947) y Céleo Dávila (1889-1977) (Sologaistoa, 1914). Este grupo lanzó una campaña a inicios de 1912 para interesar a los intelectuales de Tegucigalpa y pronto se les unieron Samuel Laínes (1881-1928), quien ocuparía el cargo de primer presidente provisional del Ateneo de Honduras, y Rafael Heliodoro Valle (1891-1959), quien desempeñaría el cargo de secretario de la asociación. Es relevante apuntar que todos estos jóvenes vivieron su niñez y adolescencia en los años posteriores a la revolución liberal de 1894; debido a su edad, ninguno había figurado en las filas del Ateneo de Centro-América, en la Academia Científico-Literaria de Honduras o en La Juventud Hondureña, por lo que para la organización formal del Ateneo les fue necesario, en fechas posteriores, incorporar miembros de mayor edad y trayectoria en la arena político-intelectual.

A diferencia de los anteriores intentos fallidos por organizar el Ateneo, en esta ocasión, una visita internacional a Honduras motivaría la puesta en marcha de este centro intelectual. A inicios de marzo de 1912, el poeta argentino Manuel Baldomero Ugarte (1875-1951) había llegado a Honduras como parte de su gira hispanoamericana que después sería recontada en su libro El destino de un continente (García, 2014). Los intelectuales de Tegucigalpa se congregaron en un comité de recepción que incluía a los jóvenes que en ese entonces conformaban al Ateneo y a sus futuros miembros: Enrique Pinel, Adán Canales, Edmundo Lozano, Alonso Brito, Rómulo Ernesto Durón, Esteban Guardiola y Manuel A. Zelaya. El 11 de marzo circuló la invitación del Ateneo para una velada en la cual:

El doctor Samuel Laínes, presidente provisional del Ateneo de Honduras, pronunciará una alocución de saludo al eximio poeta y de presentación en la sociedad. El señor Ugarte, pronunciará en seguida, su discurso de incorporación, el cual le será contestado por el individuo del Ateneo, don Rafael H. Valle. Acto continuo, el presidente de la corporación declarará a Manuel Ugarte, incorporado al Ateneo de Honduras, con el carácter de socio honorario. (Valle y Sologaistoa, 1912, p.1,125).

Este acto desarrollado el 13 de marzo de 1912 fue la inauguración del Ateneo, su primera presentación ante la sociedad hondureña y el primer paso hacia su consolidación definitiva. La anterior cita excluye que Carlota Membreño (1912), antigua miembro de La Juventud Hondureña, dedicó un discurso lisonjero a Manuel Ugarte, en nombre del Ateneo de Honduras. Si bien Carlota se convertiría en miembro activa de la institución, no figuró en las reuniones originales de la organización y tuvo que ser incorporada en una fecha posterior.

Manuel Ugarte fue nombrado socio honorario del Ateneo, aunque al parecer no se le explicó que este centro no se encontraba organizado todavía y era apenas una vaga asociación entre jóvenes que residían en Tegucigalpa. En todo caso, el éxito de la velada envalentonó a los ateneístas, quienes se acercaron al ministro Froylán Turcios para pedirle su ayuda en la fundación de esta institución. Turcios asumió como presidente provisional, y con la Cámara de Comercio como su base, comenzó a celebrar las reuniones conducentes para la definitiva organización del Ateneo de Honduras (Turcios, 1912).

En las páginas de El Nuevo Tiempo ha quedado constancia de las reuniones que se celebraban y de las actas que se levantaban al final de las sesiones, pero la tan anhelada consolidación del Ateneo de Honduras tuvo que posponerse debido a que el país recibió la visita de otro intelectual extranjero: el doctor Luis H. Debayle. El 9 de noviembre, el Ateneo de Honduras celebró la sesión solemne de incorporación de este médico nicaragüense.

Después de la incorporación del doctor Debayle, el Ateneo dejó de celebrar sesiones. Mientras tanto, el 22 de septiembre de 1912 nació el Ateneo de El Salvador, que en años posteriores desarrollaría una relación estrecha con el Ateneo de Honduras. Su primer presidente, José Dolores Corpeño, visitaría la institución hondureña y sería incorporado como miembro honorario; Salvador Turcios, secretario de ese centro en 1915, sería uno de los reorganizadores del Ateneo hondureño en la década de 1920.

El 8 de septiembre de 1913, El Nuevo Tiempo publicó una nota de José Cruz Sologaistoa, uno de los miembros originales del Ateneo, en la que incitaba a los intelectuales de Tegucigalpa a reorganizar el centro. Froylán Turcios (1913) aprovechó la ocasión para argumentar que él seguía siendo el presidente en funciones y mediante su periódico convocó a 27 escritores residentes en Tegucigalpa para que asistieran a la Cámara de Comercio y fundaran, definitivamente, el Ateneo de Honduras. Finalmente, el 11 de septiembre se instaló este centro científico-literario y se decidió celebrar una velada inaugural el 3 de octubre por conmemorarse ese día el nacimiento del presidente de la Federación Centroamericana, José Francisco Morazán Quesada.

El Ateneo de Honduras consideró como miembros fundadores a las 22 personas que asistieron a aquella reunión, entre los que se encontraban los cuatro impulsores originales: Salatiel Rosales, Alfonso Guillén Zelaya, José Cruz Sologaistoa y Céleo Dávila. Con el paso de los años, se sumarían al Ateneo 64 socios de número, 13 honorarios y 26 correspondientes. De aquellos que habían pasado por instituciones análogas anteriores estaban: Enrique Pinel y Juan María Cuellar del Ateneo Centro-Americano; Carlos Alberto Uclés de la Academia Científico-Literaria; Rómulo Ernesto Durón, Lucila Gamero, Carlota Membreño, Froylán Turcios, Ernesto Fiallos y Manuel Sabino López de La Juventud Hondureña, así como Augusto C. Coello y Ernesto Argueta de los malogrados ateneos de 1906 y 1908, respectivamente.

Rómulo Ernesto Durón y Miguel Ángel Navarro fueron los encargados de elevar el documento Estatutos del Ateneo de Honduras a consideración del Poder Ejecutivo del país, para que se le otorgara personaría jurídica a la institución. Era este un mero formalismo; el mandatario Francisco Bertrand había aceptado el nombramiento de presidente honorario del Ateneo meses antes y correspondía a Froylán Turcios, el actual presidente del Ateneo, rubricar el documento en su calidad de ministro de Gobernación. Fueron aprobados estos estatutos apenas recibidos y se publicaron en La Gaceta del 24 de febrero del año siguiente (Bertrand, 1914).

Historia del Ateneo de Honduras

El Ateneo como centro científico-literario tuvo dos periodos de actividad en la sociedad: de 1912 a 1918 y de 1925 a 1928. La interrupción se explica por los conflictos bélicos de Honduras: la guerra civil de 1919 depuso la dictadura de Francisco Bertrand y la revista Ateneo de Honduras, bajo la dirección de Froylán Turcios, no reanudó su publicación hasta 1922, mientras que el centro intelectual permaneció en pausa; en 1924, se dio otra guerra civil, Froylán Turcios tuvo un viraje de sus actividades hacia el activismo político antimperialista y la revista del Ateneo y el centro fueron reactivados por Samuel Laínes en 1925. En este apartado se expondrá la historia del centro científico-literario y en uno posterior se hablará sobre la revista.

Llegado el año 1914, primero de operaciones legales del Ateneo, el centro ya había celebrado las incorporaciones de Manuel Ugarte y Luis H. Debayle en 1912 y su baile inaugural en 1913. El hecho más relevante de ese año fue el pacto de unión entre el Ateneo de Honduras y su análogo en El Salvador. Las relaciones entre ambas instituciones comenzaron con el nombramiento como socio honorario a José Dolores Corpeño, presidente del Ateneo salvadoreño, quien lo aceptó en enero de 1914. Posteriormente, el Ateneo de El Salvador remitió a su par hondureño un proyecto para la unión de ambas instituciones. El 18 de junio, la comisión hondureña compuesta por Pedro Nufio, Enrique Pinel, Samuel Laínes, Julián López Pineda y Gonzalo Sequeiros aprobó el convenio.

El pacto de unión se conoció como la Convención de las Sociedades Literarias (1914); contenía 14 artículos: en el primero declaraba que “habrá unión perfecta e identidad de ideales en ciencias, letras y artes entre los cinco Ateneos establecidos o que se fundaren en las cinco capitales centroamericanas” (p.461); en el octavo, planteaba que “los ateneos de Centroamérica se regirán por las leyes que hayan adoptado o adopten; pero convienen mutuamente: en adoptar el mismo lema del de El Salvador, sintetizado en las palabras CIENCIAS, LETRAS, ARTES” (p.461); en el décimo, establecía “rigurosamente obligatorio, el canje de publicaciones, tanto de los Ateneos en general, como de los socios en particular” (p.462); y en el onceavo, recordaba las antiguas divisas del Ateneo de León y del Ateneo Centro-Americano al proponer que “para hacer viable el desarrollo de lo estipulado en esta Convención, los Ateneos de Centroamérica, como centros colectivos, estarán alejados de toda controversia política, o religiosa interna, de actualidad palpitante” (p.462). El resto de los artículos regulaba la manera en que los socios de cada Ateneo se incorporarían a los demás y el nombramiento de delegados permanentes de una nación en el Ateneo de otra.

Funcionaban en ese entonces el Ateneo de El Salvador, Honduras y Costa Rica, fundados los tres en 1912. No se tiene constancia de que en Guatemala haya operado un ateneo en esta época y el último del que se ha encontrado información fue el que funcionó entre 1904 y 1906; lo mismo sucede con Nicaragua.

El otro proyecto del Ateneo de Honduras, en el año 1914, fue la convocatoria a dos concursos: el Primer Certamen Pedagógico Nacional, que exigía un escrito sobre la organización de las escuelas rurales en Honduras, y los Juegos Florales en las ramas de drama, novela y biografía. Los dos concursos se declararon desiertos (Uclés, 1915). En el caso de los Juegos Florales y después de una reflexión, el jurado decidió otorgar un reconocimiento a los trabajos notables que se habían presentado. En la categoría de escrito biográfico, Rómulo Durón, autor de la Biografía del presbítero Francisco Antonio Márquez, rechazó el premio. En la rama de drama, Luis Andrés Zúñiga, autor del drama Los Conspiradores, fue coronado como ganador del primer lugar de los Juegos Florales de 1915, y Julián López Pineda obtuvo un accésit con su obra La virgen mártir (Bonilla, Uclés y Navarro, 1915). Es necesario mencionar que este concurso se había realizado solamente una vez antes en Honduras, en 1906, a instancias del director de la Biblioteca Nacional Esteban Guardiola y, en aquella ocasión, Luis Andrés también había resultado laureado en las ramas de serventesios, canción y balada.

En enero de 1915 y en cumplimiento de la Convención de 1914, el Ateneo de Honduras incorporó a sus filas a José Dolores Corpeño. Para esa ocasión se había planificado un fastuoso acto, pero la muerte de Enrique Pinel, uno de los miembros de mayor edad de la institución y antiguo participante del Ateneo Centro-Americano, redujo el evento a una reunión privada (Turcios, López y Canales, 1915).

El mayor acto del Ateneo en ese año fue la velada de premiación de los Juegos Florales, celebrada el 7 de noviembre de 1915 en el Teatro Nacional, que recién se había inaugurado en el mes de septiembre. Según la descripción de las fuentes, fue una fiesta fastuosa en la que participaron el presidente de la república Alberto Membreño y el ex presidente Policarpo Bonilla (Castro, 1915). La obra premiada, Los Conspiradores, fue presentada en el Teatro Manuel Bonilla en agosto de 1916 y se le considera la primera representación de una obra nacional en ese recinto, pues lo único que se había presentado antes era la compañía italiana de operetas de las señoras Marina Ughetti y María Severini (Valle, 1916).

El año 1916 registró tres eventos importantes en la vida del Ateneo de Honduras. El Ateneo de Costa Rica, en comunión con su institución análoga en Honduras, organizó una velada benéfica para recolectar fondos que fueron distribuidos entre los damnificados por el terremoto que asoló el pueblo de Gracias, departamento de Lempira, en diciembre de 1915 (Fernández, 1916). El Ateneo de El Salvador invitó a su par de Honduras a participar en la organización de celebraciones del centenario de la independencia de Centroamérica y a enviar sus postulaciones para un concurso literario sobre el movimiento revolucionario de 1811. En febrero, el Ateneo realizó una velada en honor a la memoria de Rubén Darío, fallecido el día 6 de ese mes.

En 1917, el Ateneo de Honduras celebró grandes fiestas en ocasión de la incorporación del poeta peruano José Santos Chocano y el nuevo delegado del Ateneo de El Salvador, Miguel Ángel Fortín. A mediados del año, un terremoto destruyó la ciudad de Santa Tecla en El Salvador y el Ateneo de Honduras, en emulación del acto realizado por su homólogo de Costa Rica el año pasado, decidió organizar una noche benéfica para recaudar fondos (Castro, 1917). La velada, realizada en el Teatro Nacional logró recolectar 516 pesos, que luego fueron convertidos a su valor en oro y entregados al presidente de la República Francisco Bertrand, para que él los hiciera llegar a El Salvador. Ese año se intentó, sin éxito, organizar los Juegos Florales.

El 25 de diciembre, Guatemala fue la siguiente víctima de las perturbaciones sísmicas que estaban causando estragos en Centroamérica, y su capital, Nueva Guatemala, se vio severamente dañada. El Ateneo de Honduras dirigió una nota de condolencia al presidente Manuel Estrada Cabrera en 1918, y este les contestó en agradecimiento. El centro intelectual se sumó a los comités hondureños de recolección de fondos para auxiliar a los damnificados y participó en sus actividades (Turcios, 1918). Ese año, el único otro evento público de la institución fue la recepción del novelista español Eduardo Zamacois.

1919 sería el inicio de una larga pausa en las actividades del Ateneo de Honduras. Ese año reaparecieron los partidos políticos en Honduras y sus luchas por el poder condujeron a una guerra civil que tuvo como ganador al candidato opositor Rafael López Gutiérrez. La única actividad del Ateneo fue su revista, que retomó su publicación por dos años, en 1922 y 1923. En 1924, Rafael López Gutiérrez se erigió en dictador, se desató otra guerra civil y el poder recayó en el bando opositor liderado por Miguel Paz Barahona.

El Ateneo de Honduras retomó sus sesiones en 1925. El mandatario Miguel Paz Barahona fue nombrado presidente honorario y en la contraportada de la revista se publicaba su retrato. El presidente de la institución en esta nueva etapa fue Samuel Laínes, uno de aquellos que en 1912 había iniciado el proyecto junto a Salatiel Rosales. Realizaba sus sesiones en la Cámara de Comercio, como antes de la guerra, y sus actos sociales se redujeron a las incorporaciones de nuevos miembros y al pronunciamiento de discursos en los entierros de personajes distinguidos.

El fin del Ateneo llegó con la muerte de su presidente. Samuel Laínes padeció en sus últimos años de una grave afección en sus riñones, que lo obligó a trasladarse a una casa campestre para recuperarse. El doctor Laínes no mejoró y falleció el 14 de enero de 1928. Su cuerpo fue trasladado a Tegucigalpa y en su cortejo fúnebre estuvieron los miembros del Ateneo de Honduras (Zelaya, 1928). Es este el último acto que se registra de la institución.

La revista Ateneo de Honduras

La revista del Ateneo de Honduras se creó mediante el artículo 35 de los Estatutos de la institución. La publicación tenía una periodicidad mensual, que se cumplió puntualmente en sus primeros tres años; luego tuvo varias interrupciones. Pueden distinguirse tres etapas de este rotativo: una primera de 1913 a 1916, en la que se publicaron 31 números; una segunda de 1922 a 1923, de la edición 32 a la 54; y una tercera y final del número 55 al 66. Es necesario aclarar que la numeración no correspondía a ediciones físicas propiamente, ya que, por ejemplo, los números de agosto y septiembre de 1915 se publicaron en un solo folleto, que contenía Los Conspiradores de Luis Andrés Zúñiga y los números 64 al 66 aparecieron de la misma manera en diciembre de 1926.

La primera etapa del Ateneo de Honduras se caracterizó por que en las páginas de la revista aparecían actas de sesiones de la organización, resúmenes ejecutivos y crónicas de sus veladas, además de los escritos científicos y literarios de sus miembros. Durante estos tres años, la publicación fue manejada por Froylán Turcios, quien también dirigía Esfinge, folleto puramente literario en donde colaboraban miembros del Ateneo. Entre las publicaciones de esta época destacan: Tulo Varona, Beatriz y Jardín Umbrío escritas por el eminente prosista español Ramón del Valle Inclán; Edad de oro de la literatura patria de Gonzalo Sequeiros, una serie de artículos que reseñaban la vida de los escritores del círculo del presidente Marco Aurelio Soto; El Ateneo de Honduras de Salatiel Rosales, que exponía los motivos que lo condujeron a impulsar la formación de la asociación; y Pensando en México de Rafael Heliodoro Valle, que recogía varias anécdotas de la estadía de este intelectual en ese país.

No se ha encontrado en las fuentes consultadas una razón por la cual El Ateneo de Honduras se dejó de publicar en 1916. En enero de 1922, reapareció la revista, con su número 32 y de nuevo bajo la dirección de Froylán Turcios, quien paralelamente publicaba Hispanoamérica. Como sucedió anteriormente con Esfinge, en las páginas de esta segunda revista también publicaban varios colaboradores del Ateneo. Esta segunda etapa de la revista se caracterizó por su contenido estrictamente literario, que se explica porque en estos años el Ateneo, como centro social, estaba inactivo. De esta época pueden mencionarse Poetas y prosistas de Honduras del italiano Luigi Carnavole, uno de los pocos escritos que no era cuento, relato o poesía, y que a grandes rasgos brindaba las apreciaciones de su autor sobre la generación de escritores hondureños de las primeras décadas del siglo XX.

La guerra civil de 1924 y la posterior invasión estadounidense al país apartaron a Turcios de las oficinas de redacción y cuando volvió, lo hizo con una publicación de denuncia política antimperialista llamada Boletín de la Defensa Nacional. Concluido el tórrido año de 1924, Froylán inició la publicación de Ariel, revista que sintetizaba sus intereses estéticos y políticos y que devendría en el vocero del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional comandado por Augusto Sandino (Galicia, 2019).

En 1925, el Ateneo fue reactivado como centro social de los intelectuales por Samuel Laínes y su revista reanudó su publicación en enero de 1926 con la edición número 55. Esta tercera etapa de El Ateneo de Honduras se caracterizó por un retorno a los contenidos de la primera etapa: escritos científicos y literarios de sus miembros, transcripciones de los discursos de las sesiones públicas y algunas prosas y poemas. A finales de 1926, la revista comenzó a tener problemas, y en septiembre aparecieron en un solo folleto los números 62 y 63, y los tres números finales se reunieron en una sola edición publicada en diciembre. El fin de la publicación se explica por el quebranto de salud que sufrió el presidente del Ateneo, Samuel Laínes, en 1927, que lo conduciría a la tumba a inicios del año siguiente.

Las mujeres ateneístas

En los catorce años que estuvo activo, el Ateneo de Honduras contó en sus filas solamente con cuatro mujeres: Carlota Membreño, Mercedes Laínes, Lucila Gamero y Visitación Padilla. Todas fueron incorporadas al centro entre 1913 y 1914, es decir que, por los siguientes doce años, el Ateneo no incorporó a ninguna mujer más. En este apartado se brinda una breve reseña de la obra de estas mujeres, tanto dentro como fuera de la institución.

Carlota Membreño ha sido una figura completamente ignorada por la historiografía hondureña; no ha sido posible encontrar ni una sola biografía de ella y, por lo tanto, se desconoce su fecha de nacimiento y defunción. Se sabe que era hermana de Alberto Membreño, presidente de Honduras entre 1915 y 1916 y que ofreció sus servicios como enfermera para curar a los heridos durante la guerra revolucionaria de 1894 (Valerio, 1994). Rafael Heliodoro Valle (1952) escribió sobre ella En aquel patio, corto relato en el que describió las inclinaciones feministas de Carlota y los poemas que le compuso Juan Ramón Molina.

El primer registro que ha logrado encontrarse sobre la carrera literaria de Carlota Membreño es una carta de 1890 que le envió Manuel Sabino López para que colaborara con alguno de sus escritos en La Juventud Hondureña. La existencia de esta misiva lleva a plantear que, para esa fecha, ella ya se había ganado cierta fama por sus dotes literarios. En La Juventud, Carlota adoptaría el seudónimo de “Amalia” y aportaría Algo sobre la educación de la mujer, un artículo que, apegado a la moral conservadora de la época, defendía tanto el derecho de la mujer a educarse como su rol de madre y esposa. Después de la revolución de 1894, Carlota contribuyó a El Pensamiento, de Froylán Turcios, con tres escritos fúnebres titulados: A María, Jorge Isaacs y Leovigildo A. Casco.

En 1902, Carlota Membreño conformó un club político en apoyo a Manuel Bonilla, que en ese entonces era candidato a la presidencia. Ese mismo año, publicó El poder de la debilidad ante el poder de la fuerza para refutar la tesis, expuesta por el periódico oficialista La Paz, de que las mujeres estaban en contra del candidato Manuel Bonilla. Este escrito sería reproducido por el círculo intelectual de Bonilla en un libro panegírico que fue publicado después de la victoria del candidato en las elecciones (Somoza, 1903). Desde entonces, los esfuerzos políticos de Carlota estarán ligados a los “bonillistas” y a la agrupación que después formarían: el Partido Nacional de Honduras.

El primer contacto de Carlota con el Ateneo de Honduras fue en marzo de 1912, cuando pronunció un discurso de bienvenida en la velada brindada a Manuel Baldomero Ugarte. Resulta relevante que ella haya figurado en la asociación inclusive antes de Froylán Turcios. A pesar de cooperar con este centro intelectual antes de su consolidación definitiva a finales de 1913, Carlota no fue considerada como socia fundadora porque los redactores de los Estatutos del Ateneo decidieron que este honor le correspondería solamente a aquellos miembros que asistieron a las sesiones de organización. No obstante, la siguiente cita revela el gran respeto que los ateneístas tenían hacia Carlota:

Guardiola propuso dos nuevos socios: licenciado Félix Salgado y Luis Landa. Laínes a la señorita Carlota Membreño y licenciado Francisco Nolasco; y Valle a la señorita Visitación Padilla. Tomada votación secreta acerca de cada una de las referidas personas, el Ateneo aceptó por unanimidad a la señorita Membreño y al señor Landa, y a los otros por mayoría absoluta. (Valle y Canales, 1913, p.3,010).

El 31 de octubre de 1913, Carlota brindó su discurso de incorporación, en el que explicó su carácter autodidacto y agradeció a la institución por incluir a una mujer en sus filas. En el Ateneo de Honduras, Carlota pronunciaría algunos discursos en conmemoración de los difuntos, entre estos destaca el dedicado a Ramón Rosa el 2 de noviembre de 1913, en un acto en el que los ateneístas visitaron las tumbas de los que consideraban sus antecesores intelectuales en Tegucigalpa. Finalmente, se debe decir que Carlota fue un miembro activo durante toda la vida de la asociación y se registra su última participación en el entierro del escritor Paulino Valladares en 1926, en donde fue comisionada por el Ateneo para decir las palabras de despedida.

Visitación Padilla (1882-1960) fue incorporada al Ateneo de Honduras en 1913, en la misma sesión que Carlota Membreño y fungió como socia del centro hasta su cierre definitivo. Sus estudios los realizó en la primera cohorte de la Escuela Complementaria de Señoritas, en 1895, bajo la tutela de la maestra guatemalteca Carlota del Castillo. Ese centro educativo fue la gran apuesta de la revolución liberal para crear un puente entre la educación primaria y las escuelas normales. De estos años formativos resulta importante mencionar que Carlota del Castillo fue una prosista elogiada por sus contemporáneos, que publicaba sus escritos bajo el seudónimo “Celea” y que además de sus relatos dejó una novela aún inédita titulada Osezno. Igual que su directora, Visitación adoptaría un seudónimo para sus primeros escritos y publicaría, sobre todo, cortas composiciones en prosa (Oyuela, 2001).

En 1899, un año después de egresar de la escuela, Visitación ya servía en los tribunales examinadores del Ministerio de Instrucción Primaria y en 1903 se reportó que había abierto su propia escuela. En 1900, se abrió en Honduras una Escuela Normal de Maestras privada, la primera del país, cuando Visitación ya se encontraba envuelta en el campo laboral; en 1905, el Estado creó su propia escuela normal para mujeres; en 1907 Visitación fue reconocida por la prensa tegucigalpense como una de las mejores profesoras del país; y en 1909, logró obtener su título de maestra de instrucción primaria para continuar ejerciendo el magisterio legalmente.

Según Visitación (1913), fue Froylán Turcios quien la motivó a publicar sus escritos, después de que este literato la visitara en una de sus escuelas. Padilla adoptó el seudónimo de “Isabel” y comenzó a publicar en El Nuevo Tiempo desde 1912. A mediados de 1913, junto al futuro ateneísta Luis Landa, Visitación conformó la Sociedad Central de Maestros, primera agrupación de carácter gremial obrero de docentes en Honduras. En septiembre de ese año, la Sociedad Central comenzó a publicar El Mentor Hondureño, revista mensual en la que Visitación figuraba en el equipo de redacción. Su incorporación al Ateneo fue promovida por Rafael Heliodoro Valle.

En la revista Ateneo de Honduras, las publicaciones de Visitación Padilla consistieron, en su mayoría, en cortas composiciones en prosa, algunas firmadas con su nombre y otras con su seudónimo. Esta autora contribuyó en las tres etapas de la publicación. Algunos de sus escritos fueron: las prosas Luna de abril, Primera voz del año, De mis cartas; la reseña del libro póstumo de Juan Ramón Molina Tierra, mares y cielos; y el discurso fúnebre dedicado a Enrique Pinel.

En la esfera política, Visitación fue una de las organizadoras del Club Femenino Unionista, que abogaba por la reorganización de la República Federal de Centroamérica. En 1924, se unió al equipo de Froylán Turcios en el Boletín de la Defensa Nacional y publicó varios escritos para denunciar las acciones intervencionistas de los Estados Unidos de Norteamérica. En 1926, poco antes de disolverse el Ateneo, participó junto a sus compañeros ateneístas en la lectura de discursos ante la tumba de ilustres difuntos.

Lucila Gamero (1873-1964) provenía de la aristocracia rural del pueblo de Danlí: su padre, Manuel Gamero Idiáquez se graduó de médico en Guatemala y a su regreso a Honduras fue parte del equipo de creación del Protomedicato Hondureño en 1869; su hermano fue el también ateneísta Manuel Adalid Gamero, un reconocido músico e inventor, que fungió como director de la Banda de los Supremos Poderes en la administración de Francisco Bertrand. En 1892, se convirtió en la primera novelista de Honduras, con la publicación de Amelia Montiel en las páginas de La Juventud Hondureña (Oyuela, 2001).

Después del triunfo de la revolución liberal en 1894, Lucila se convirtió en colaboradora de El Pensamiento de Froylán Turcios. En esa revista publicará cortos relatos como De blanco o Pobre poeta y cuentos por entregas como Un carácter o Una suicida. En 1897, publicó dos novelas: Páginas del corazón y Adriana y Margarita. Al año siguiente, aparece la primera novela hondureña escrita por un varón, Angelina, de Carlos F. Gutiérrez.

Lucila Gamero fue incorporada al Ateneo de Honduras en 1914. Debido a que ella tenía su residencia en Danlí, se le otorgó la categoría de miembro corresponsal, que la eximía de asistir a las sesiones que se realizaban en la Cámara de Comercio de Tegucigalpa. En la revista Ateneo de Honduras aportó un cuento titulado Sor Susana.

Mercedes Laínes (1900-1976) fue, al momento de su incorporación en 1914, la más joven entre las mujeres ateneístas y quizá entre todos los miembros del Ateneo. Mercedes residía en la isla de Amapala, en el Pacífico hondureño. Su contacto con el Ateneo inició con las composiciones en prosa y cuentos que enviaba a la revista Esfinge de Froylán Turcios. En la revista de la institución publicó algunas prosas, pero su contribución principal al Ateneo fue el discurso que brindó en la Conferencia Panamericana de Baltimore en 1922, en donde expuso la labor de sus compañeras ateneístas: “nosotros dijimos los nombres de Rafaela Turcios, Carlota Membreño, Visitación Padilla y Lucila Gamero de Medina, con los calificativos y frases que cada una de tan distinguidas damas intelectuales merece” (p.1,364).

Conclusiones

Aunque el Ateneo de Honduras prohibía expresar opiniones políticas en su seno, su historia está ligada al ascenso y caída de los mandatarios hondureños de inicios del siglo XX. El Ateneo de 1906 no pudo organizarse porque la guerra civil de 1907 provocó que sus impulsores perdieran el favor del gobierno; lo mismo sucedió con el intento de 1908; no fue hasta el establecimiento de la dictadura de Manuel Bonilla y sus seguidores en 1911, que los intelectuales afines a su régimen contaron con la estabilidad, tanto política como laboral, para dar organización definitiva al centro. Cuando reiniciaron los conflictos políticos en 1919, el Ateneo vio interrumpida sus operaciones y entró en decadencia hasta su disolución final en 1928.

El Ateneo de Honduras dinamizó la actividad cultural en Tegucigalpa. Sus sesiones solemnes de incorporación brindaron un espacio para que el público en general pudiera apreciar los pensamientos y escritos de los intelectuales contemporáneos. Su incorporación de intelectuales extranjeros creó conexiones con otras regiones del continente que desembocaron en la ayuda brindada por el Ateneo de Costa Rica a Honduras en 1916, e inspirado por este acto, el Ateneo de Honduras extendió auxilio a El Salvador en 1917 y a Guatemala en 1918.

La revista Ateneo de Honduras fue un espacio importante para que los escritores hondureños e internacionales pudieran dar a conocer sus trabajos. En esa época existían en el país la Revista del Archivo y Bibliotecas Nacionales, la Revista de la Universidad y Esfinge, las dos primeras enfocadas en el aspecto académico y la última en el literario. Ateneo de Honduras fue un espacio plural, que dio cabida a disertaciones filosóficas, trabajos científicos, relatos en prosa, poesía, reseñas de libros, biografías e historia.

Las cuatro mujeres que el Ateneo de Honduras incluyó en sus filas tenían una carrera previa a su ingreso a la institución. Su labor como ateneístas estuvo a la par de sus compañeros varones, por lo que se desconoce por qué los miembros del Ateneo dejaron de incorporar mujeres a sus filas desde 1914.

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Recibido: 31 de agosto, 2024

Aceptado: 5 de noviembre, 2024

Doi: 10.15359/ra.1-35.4


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