R E P E R T O R I O |
| A M E R I C A N O |
Segunda nueva época N.° 35, Enero-Diciembre, 2025 | ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143 | |
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Magdalena (1902) de Ricardo Fernández Guardia: la educación femenina y la europeización costarricense del siglo XX Magdalena (1902) by Ricardo Fernández Guardia: women’s education and the europeanization of Alexander Zosa-Cano Academia de Geografía e Historia de Nicaragua Managua, Nicaragua ORCID: 0000-0001-8915-808X |
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Resumen Magdalena (1902) es la primera obra teatral de Costa Rica. Su autor, Ricardo Fernández Guardia (Alajuela, 1867- San José, 1950), cimentará, a principios del siglo pasado, los valores de la nacionalidad costarricense. En ese complejo devenir de la historia sociopolítica buscó atisbos de la modernidad representados en Magdalena quien se opone a los estamentos tradicionales. Es necesario destacar que existen otros trabajos que se han ocupado del ideario de la identidad nacional (Ramírez, 1992), de reseñar a la oligarquía, el liberalismo y el matrimonio (Quesada, 2017), de la evolución del tema femenino en las obras teatrales costarricenses (Cortés, 2018) o, desde la parte historiográfica, de un acercamiento a los documentos de la recepción de la obra teatral (Quesada, 2017). En este trabajo, se pretende estudiar dos aspectos: el acercamiento a la visión de la educación femenina y la europeización costarricense como símbolos de la formación del Estado nacional de Costa Rica y, en definitiva, representar la homogenización de la población costarricense. Palabras clave: Ricardo Fernández Guardia, educación femenina, europeización, siglo XX, literatura costarricense Abstract Magdalena (1902) is Costa Rica’s first theatrical work. Its author Ricardo Fernández Guardia (Alajuela, 1867- San José, 1950) will stablish, at the beginning of the last century, the values of Costa Rican nationality. In this complex evolution of socio-political history, he searched for glimpses of modernity represented in Magdalena, who opposes the traditional estates. It should be noted that there are other works that have dealt with the ideology of national identity (Ramírez, 1992), review the oligarchy, liberalism and marriage (Quesada, 2017), the evolution of the female theme in Costa Rican plays (Cortés, 2018), or from the historiographical part an approach to the documents of the reception of the theatrical work (Quesada, 2017). In this paper, we intend to study two aspects: the approach to the vision of female education, and the Costa Rican Europeanization as symbols of the formation of the Costa Rican national state, and ultimately the representation of the homogenization of the Costa Rican population. Keywords: Ricardo Fernández Guardia, female education, Europeanization, 20th century, Costa Rican literature |
En la obra de teatro Magdalena (1902) de Ricardo Fernández Guardia existe un complejo mundo donde confluyen aspectos conservadores del siglo XX muy enraizados y elementos de la sociedad cafetalera de la primera década del siglo XX. No era para menos esperar que en esta naciente sociedad hubiese rasgos opuestos. Magdalena es el prototipo de la mujer que se oponía a los patrones establecidos declarándose abiertamente en favor de la emancipación femenina, así como a las ideas religiosas que presentaban el matrimonio como un salvavidas y a discusiones sobre el divorcio. Representaba, así, la “comedia de costumbres costarricenses exacta y verdadera -en palabras de Fernández Guardia (2017, p.16)- con cosas nuestras y tipos nuestros”.
La crítica literaria se ha preocupado por exaltar la figura femenina en el ideario de la identidad nacional (Ramírez, 1992), reseñar la oligarquía, el liberalismo y el matrimonio (Quesada, 2017), la evolución del tema femenino en las obras teatrales costarricenses (Cortés, 2018) o, desde la parte historiográfica, un acercamiento a los documentos de la recepción de la obra teatral (Quesada, 2017). Sin embargo, dos aspectos, han sido obviados por la crítica literaria: el acercamiento a la visión de la educación femenina y la europeización costarricense, expresas en Magdalena (1902) como baluartes de la formación del Estado nacional de Costa Rica.
Por otro lado, este trabajo se propone analizar cómo se construyen en el ideario de la nación esos dos elementos: la educación femenina y la europeización costarricense. Estos tienen su auge durante los gobiernos liberales (1870-1940) que se impusieron como tarea reflejarse o convertirse en países satélites de la cultura europea.
Para alcanzar ese propósito se analizarán la obra Magdalena (1902) y documentos historiográficos de autores centroamericanos que nos ayudarán a encontrar las respuestas a cómo la teoría del nacionalismo se implantó en Costa Rica a partir de instrumentos estatales colectivizados: la escuela, la Iglesia y la comunidad cafetalera, propios de la sociedad occidental. Es más, la misma obra teatral Magdalena (1902) con toda la recepción crítica sistematizada -compendio publicado bajo el título: “El estreno de Magdalena. Documentos para la historia del teatro costarricense” en ESCENA Revista Teatral (2007) de la Universidad de Costa Rica, por el académico Álvaro Quesada- sirvió para la homogenización de la sociedad josefina durante el primer decenio del siglo XX.
El desarraigo de la vida social
Si las ideas conservadoras fueron el máximo común entre 1840 y 1870 en las sociedades en construcción centroamericanas, pronto se procuraría un cambio sustancial que modernizaría las jóvenes repúblicas. Este periodo conservador fue momento de guerras civiles y caudillos que pretendieron controlar a las masas de indígenas o campesinos. Perseguían un fin: asirse al poder para proteger su clientelismo y sus propiedades. Pronto se instaurarían las repúblicas centroamericanas -hecho acaecido entre 1847 y 1864- y fue necesario racionalizar el poder y construir un ideario de nacionalidad que se definió con el liberalismo.
El liberalismo trajo consigo el desarraigo de la vida social hispánica heredada durante la colonia e impuso uno nuevo influenciado por modelos europeos y anglosajones. Fue dificil erradicarlo puesto que las poblaciones ya habían asimilado todo ese sistema de vida. Sin embargo, innegable sería afirmar que el poder que adquirieron las instituciones liberales delimitaría nuevas formas de pensar. “Desde esta perspectiva, existen seis ámbitos de política que caracterizan los regímenes de bienestar, que son: la educación, la salud, la vivienda, los servicios sociales, el empleo y la garantía de un ingreso mínimo.” (Viales, 2008, p.1408)
Este es el escenario social que se utiliza en la obra teatral Magdalena (1902). Sus personajes: María, Magdalena, Jacinta, doña Adela, Fernando, don Antonio, don Ramón y Rafael pertenecen a la clase alta de la sociedad josefina, la cual tiene haciendas cafetaleras y va a pasar estancias breves al campo.
Por otro lado, el asombro es representado por Fernando, quien ha hecho estudios en Europa y a su regreso se refiere con desdén a la realidad costarricense: “Indudablemente, Costa Rica no es Europa ni San José es París, aunque no falta quien se lo imagina... Pero esta tierra tiene sus cosas buenas y muy buenas... las mujeres, por ejemplo.” (p.145) Por otro lado, quienes no han ido a la Ciudad Luz ven en Fernando la oportunidad de conocerla a partir de su testimonio o, en su máxima expresión, tener la oportunidad de conocer el Viejo Mundo.
Las preocupaciones políticas están en auge para estos personajes. Se reúnen para hablar del funcionamiento de las instituciones. Don Antonio es crítico del gobierno liberal: “Te digo que esa medida del Gobierno es injusta, impolítica, arbitraria” (p.151); no está de acuerdo con la institución policial fundada por el liberalismo: “La policía es para mí una institución profundamente antipática. En un país libre…” (p. 173) y se hacen increpaciones acerca de la censura de los medios de comunicación: “¿Y cómo quieres tú que la policía sepa lo que pasa si suprimes las noticias de los periódicos?” (p. 163), aludiendo a que quienes ostentan el poder político utilizan los medios para controlar a las clases obreras e influencian las instituciones estatales. En fin, doña Adela sostiene un apotegma: “Antonio cuando habla de política se pone como un energúmeno.” (p.151)
Don Antonio es conservador, pero reconocerá en un breve diálogo entre él, Adela y Ramón que la institución policial tiene sus beneficios ante las dificultades:
Adela: (A. D. Antonio) ¿Por qué no vas a la policía y averiguas lo que pasa?
Antonio: No, no… Ya sabes que aborrezco la policía.
Ramón: (Llevándoselo aparte) Oye, Antonio... tu aborrecerás a la policía y todo lo que tú quieras; pero no me negarás que tiene sus lados buenos.
Antonio: ¡Que si los tiene!... Vamos hombre... si es casi una institución... de beneficencia... Mea culpa. (p.179)
Esta sociedad liberal con fuertes raíces conservadoras -expresas en las costumbres de don Antonio en antítesis con las de don Ramón- tendrá intereses compartidos. Sus capitales y crecimiento se deben a las políticas liberales. Se debe señalar que estas estrategias fueron beneficiosas para las dos tendencias políticas pues no se les cobraba impuestos sobre exportaciones sino sobre servicios directos. Las leyes sobre exportaciones no se comenzaron a aplicar hasta 1918 (Viales, 2008, p.1411).
Las fincas de las familias Urrutia, Pérez y Castillo, radicadas en las cercanías de la hacienda en Tres Ríos, son de monocultivo y tienden a estar estructuradas con las pilas, secadoras y patios donde pueda ser asoleado el café. Además, hay preocupaciones por el “precioso fruto que forma la riqueza del país” (Mora, 1850). Don Antonio invita a don Ramón a conocer los cafetales pues se está cortando el grano de oro y no escatima la oportunidad para hacer alusión sexual sobre las “cogedoras” de café. Luego, afirmaría: “Tampoco la caminata ha sido mala; y eso que no hemos visto ni la tercera parte de la finca. Nos faltan los cafetales nuevos que son los más bonitos.” (p.149)
Pero estos beneficios con respecto al café no solo los tenían desde la patria sino desde el exterior. Por ejemplo, los bancos berlineses suministraban créditos a los empresarios costarricenses antes de la cosecha. El académico Iván Molina Jiménez (1993), en su artículo “Los pequeños y medianos caficultores, la historia y la nación. Costa Rica (1890-1950)”, afirma: “El exportador costarricense, financiado por las casas consignatarias británicas, procedían de igual forma con los pequeños y medianos caficultores: año a año les adelantaba el valor de la cosecha cuya exportación cancelaba la deuda contraída en el exterior.” (p. 62) Justa fue la celebración de don Antonio en la escena XV del tercer acto cuando recibe el telegrama desde Londres:
Antonio: Si a ustedes les parece, ahora me toca a mí... (Saca muy despacio un telegrama del bolsillo y lee) Gallinazo... birloche... melenudo.
Adela: Bueno, ¿y qué significa ese guirigay?
Antonio: Esta es la lengua sagrada del cable... Y lo que con tanto desprecio como injusticia llamas guirigay, quiere decir, traducido al castellano, que el café ha subido en Londres y que me gano cincuenta mil pesos.
Ramón: Colones.
Antonio: Digo, colones; limpios de polvo y paja. (p. 184)
Esta aristocracia conservadora y con leyes económicas liberales va poco a poco calando en la conciencia de los hombres y las mujeres que sienten que deben ser más libres. Álvaro Quesada (2017) sostiene que “El desarrollo de las nuevas relaciones burguesas capitalistas permitían que algunos grupos de nuevos ricos pudieran exigir de la rancia aristocracia cafetalera, una cuota de poder social y político” (p.4). Esas oportunidades para disentir y opinar las mujeres las obtienen desde la literatura y de los múltiples comentarios que puedan realizar los viajeros y las viajeras por asuntos de negocios, estudios y pasatiempo en Europa.
Rasgos educativos en Magdalena (1902)
¿Pero, cómo se construyen los rasgos identitarios de una nación? La mejor manera de transmitir los comportamientos sociales es desde la escuela. Esta institución se convierte en el centro del interés de un Estado para establecer un sistema social. En este caso, la oligarquía cafetalera -o, mejor dicho, los liberales- fue construyendo sus sistemas educativos que perseguían alcanzar estándares de vida para el hombre social y potencializaban las habilidades de las mujeres para que se conviertieran en las reinas del hogar. A esas dualidades es a lo que se enfrenta férreamente Magdalena quien siente que no puede cumplir esos estándares de vida tradicional: “Lo natural es suponerlo penetrado de las ideas que aquí reinan entre los hombres respecto del matrimonio; y ya te he dicho que el papel de sirvienta no me conviene y el de esclava mucho menos... Soy demasiado entusiasta.” (p.147)
Estas diferencias en el aprendizaje estaban ligadas a los roles que la sociedad liberal les había asignado tanto a hombres como a mujeres y que en este periodo estaban muy marcados. La constante no solo se presentaba en Costa Rica sino en toda Centroamérica, pues existía un interés por educar, bajo patrones oligárquicos, a la mujer. Se trataba de la mujer lectora, música, conocedora de las lenguas europeas -preferiblemente inglés y francés-, con conocimientos de administración del hogar e higiene doméstica, entre otras habilidades para la vida familiar.
Esa educación, además de la formación individual, estaba basada en la búsqueda de “buenos partidos” para las jóvenes que en su mayoría estaban casadas entre los 18 y los 20 años. La tarea de conseguir un pretendiente era ardua y los padres de la señorita se mostraban muy interesados en que cumplieran ciertos plazos. El respeto de las familias que guardaban su apellido también se reflejaba en estas acciones; por consiguiente, encontrar a un buen novio que reuniera las siguientes características: “muy inteligente, serio, muy hombre y de mucho porvenir” (p. 147) era una tarea apremiante. Se pueden apreciar estas preocupaciones en los diálogos de Jacinta y Magdalena:
Jacinta: Oh, Rafael, para mí, no es más que un buen amigo a quien trato con intimidad desde hace mucho tiempo... Además, él a quien quiere es a ti.
Magdalena: ¿Y por qué no ha de quererte a ti también?... Eres bonita, de buena familia, rica, ¿qué más puede pedir D. Rafael Cortés? (p.147)
Esos modelos son comentados y difundidos en el Primer Congreso Pedagógico en Guatemala (1893) siguiendo el patrón del Primer Congreso Pedagógico de Madrid (1882), donde se realizaron discusiones serias sobre la participación de la mujer. En estas sesiones participa el Ministro de Instrucción Pública de Costa Rica, don Juan F. Ferraz: “De allí saldrán las generaciones educadas en los principios modernos, que romperán el valladar de las preocupaciones añejas y que bendecirán sin duda la memoria de aquellos que hemos puesto las primeras bases.” (p.105)
Los programas educativos estaban basados en horticultura, floricultura, física, química, higiene, historia natural, teneduría de libros, economía doméstica, moral y urbanidad, y obras y trabajos manuales. Margarita Silva, académica de la Universidad Nacional, afirma que la Ley de Educación (1886) de Costa Rica orientaba enseñar: “Lectura, escritura, aritmética, moral, geografía, canto, recitación, composición, gimnasia y costura.” (p.74) A estas asignaturas se les sumaban labores de cocina y música e idiomas, según los intereses de la familia.
Estas referencias se ven expresas en alusiones en Magdalena (1902), pues a la llegada de Fernando del exterior María decide hacer arreglos en la casa: “Llévate esas botellas y esos vasos y vuelve para que me ayudes a arreglar estos floreros. Qué rosas tan lindas... y qué bien huelen... No hay como las rosas; son mis flores favoritas...” (p. 152); ha puesto en práctica floricultura e higiene; y hay un piano para amenizar las fiestas (muchos oligarcas compraban un instrumento para hacer alusión a que en esa casa eran educados musicalmente). También es evidente el conocimiento de la música religiosa clásica ejecutada por el músico y compositor Roberto Campabadal, que en aquel tiempo era uno de los principales gestores de la época de oro en la música escolar costarricense. Bastaría citar los himnos y canciones escolares: Himno a García Flamenco, Himno al árbol e Himno a Colón. El otro mundo al que se hace referencia es el culinario. Las insinuaciones sobre el buen sazonar que debe tener una mujer (la escogencia de los frutos y verduras) para satisfacer a su marido y a la familia están a la puerta de la cocina. Leamos las siguientes preocupaciones de doña Adela:
Adela: Así, así, nada más. Siempre con mi jaqueca; pero es de las cóleras que me dan estas criadas que nada saben hacer... Figúrate que hoy nada menos te tenía unos higos en almíbar... ¿recuerdas?... aquellos que te gustaban tanto cuando eras chiquillo (Fernando dice que sí con la cabeza) ... Pues me los han dejado pasar de punto.
Fernando: No se apure usted por eso... Estoy seguro de que estarán exquisitos.
Adela: No lo creas; estarán incomibles... ¡qué lástima!
María: Mamá, que se ponga usted en afanes por hacerle bocaditos a Fernando... Si a él nada de lo de aquí le gusta... sólo champiñones, trufas y mayonesa.
Fernando: No le haga caso, tía. Me encanta todo lo que usted me hace.
Adela: Conque hasta luego. Fernandito; te dejo con las muchachas y me vuelvo a la cocina, si no es capaz Mercedes de echarme a perder alguna otra cosa... Dime, ¿vienes a quedarte unos días con nosotros? (p.154)
Los liberales habían puesto en práctica la educación de la mujer liberal para desde ese escenario construir el Estado-nación deseado. Libres para los hombres y conservadores para las mujeres. Por eso las manifestaciones de Magdalena al encontrarse entre la deriva, pues querían ser el reflejo de la civilización europea, pero aunando esfuerzos para que la mujer no avanzara en las líneas feministas de la época. Esas dicotomías entre hombres y mujeres de la época se ven expresadas en el diálogo de Magdalena (prototipo de mujer que busca emanciparse del hombre) y Rafael (imagen del hombre clásico que ha llegado a los treinta años, empresario y con futuro prometedor). Las preocupaciones son propias de la época: ¿será que el feminismo destruirá la familia?
Magdalena: Por mil razones... Al casarse la mujer se esclaviza; abdica su voluntad, sus costumbres, sus gustos, todo en aras de un marido que por lo general nada agradece y acepta el sacrificio con la impasibilidad de un ídolo que se cree con derecho a ser adorado sin dar nada a cambio.
Rafael: Ah, no diga usted eso, Magdalena. ¡Cuántas mujeres no viven felices y contentas con su suerte, queridas de sus maridos y de sus hijos, respetadas de todos!
Magdalena: No diré que no las hay; pero son las menos… Otras alcanzan una sombra de felicidad a fuerza de resignación.
Rafael: Ya veo que está usted muy penetrada de las modernas ideas feministas.
Magdalena: Me parece que ya es tiempo de sacudir el yugo que ustedes los hombres nos han puesto y de reivindicar nuestros derechos. ¿No lo cree usted así?
Rafael: No negaré que es preciso hacer algo… En parte tiene usted razón; pero es muy de temerse que las exageraciones en esta materia traigan como consecuencia la destrucción de la familia tal como hoy existe.
Esas preocupaciones eran latentes en la sociedad liberal centroamericana. En la Revista Femenina Ilustrada, que dirigía la educadora Josefa Toledo de Aguerri, ésta lanzó el siguiente planteamiento a los hombres que luego fue recogido en el libro Anhelos y esfuerzos (2022): “A nuestro modo de ver el perfecto estado del matrimonio lo constituye la mujer amante y la idónea compañera. Desearíamos obtener contestación de los pensadores y literatos sobre la pregunta siguiente: Aceptada la definición expuesta sobre feminidad y feminismo ¿Son incompatibles?” (p. 52) No era de esperarse de las respuestas que figuraban entre la esencia conservadora de los hombres que anhelaban mantener a la mujer alejada de cuestiones políticas, jurídicas y profesionales, muy distintas a las que aspiraban las mujeres latinoamericanas y, en particular Magdalena, que sentía que su vida se le iba encerrada entre una hacienda cafetalera y una ciudad que ostentaba ínfulas de modernidad; pero todo, según sus apreciaciones, era superficial.
Paradojas de la europeización costarricense en Magdalena (1902)
Una de las tendencias que se gestó abiertamente en este periodo fue la europeización de la clase alta de la sociedad josefina. Ese mejoramiento de la clase visto por los liberales incluía una formación académica para hombres y mujeres, vestimenta acorde con los modos de vida en Europa, música, bailes, comida, etc. Es decir, los liberales tuvieron la tendencia a copiar los modelos europeos y castellanizarlos para convertirlos en los nuevos estándares de la vida costarricense. Para lograrlo, como hemos citado, emplearon el sistema educativo que tuvo un gran empuje en materia social, política y cultural.
Esas propuestas liberales de la igualdad de la población eran un maniqueísmo político. Mientras los liberales se mantenían en el poder usaron a las clases sociales analfabetas para controlarlas y asirse de su mano de obra barata. Las criadas -analfabetas en su mayoría- no tienen voz en la obra de teatro más que Dorotea, quien en los parlamentos en que le corresponde referirse a su vida privada es ridiculizada en público para convertirla en el hazmerreír de todos:
Antonio: Dorotea, ven acá... acércate... ¿Cómo se llama tu novio?
Dorotea: (Avergonzada) Si yo no tengo novio.
Antonio: ¿Y Toribio Conejo?
Dorotea: Eso es mentira... ¿quién se lo ha dicho?
Antonio: Un pajarito... ¿Cuándo te casas?
Dorotea: Pero si...
Antonio: ¿Cuándo te casas?
Dorotea: Pues... en cuanto le den a Toribio un destino en la policía.
Antonio: Bueno... puedes irte.
Magdalena: Pues a mí me ha hecho mucha gracia.
O los parlamentos donde se le invita a pasear por los cafetales para observar a las recogedoras de café que tienden a ser hermosas bajo el sol. Esas expresiones que atentan contra los valores de las familias de escasos recursos son recurrentes en toda la obra de teatro. Así que la igualdad a la que se refiere el liberalismo es una de las paradojas notables de este periodo.
La lectura es otro de los elementos novedosos en la obra, puesto que representa los intereses de la lectura como puro esparcimiento. No hay lectura para las mujeres que pueda despertar sus curiosidades por atreverse a leer o conocer otras realidades. Y las que lo hacen, o tienen literatura que no es permitida a las mujeres, serán vistas como un riesgo dentro de esas sociedades.
En la obra se hacen alusiones a tres tipos de literatura: libros de instrucciones liberadoras: “Pues yo declaro que ha hablado como un libro” (p. 165); libros religiosos: “Recuerdo haber oído decir a la mía que a la mujer le bastaba con saber leer lo necesario para descifrar su libro de misa” (p.167); y libros para divertirse: “Dorotea, ¿no has visto mi libro?... un libro con cubierta blanca que dice Quo Vadis” (p. 173), obra novelada del escritor polaco Enrique Sienkiewicz.
El último aspecto al que haré alusión es la tendencia a la exaltación del hombre de color blanco. Ese elemento es propio de la cultura costarricense que tomó auge durante la época liberal. Estos movimientos políticos tenían la necesidad de conectarse con Europa; por esa razón debían utilizar los medios de comunicación de las autoridades diplomáticas que se apoderaron del discurso del blanqueamiento racial y lo explotaron a lo sumo. Don Ronaldo Soto Quirós (2008) publicó el ensayo “Imaginando una nación de raza blanca en Costa Rica: 1821-1924” en el que refleja que “existía una clara intención de hacer difundir una noción de homogeneidad y blanquitud. Sin duda esa idea de homogeneidad era factible en un pequeño territorio donde como hemos visto los mestizos eran el grupo predominante.” (p.5)
En Magdalena (1902), se refleja esa tendencia de admiración a la población exclusivamente blanca. El discurso de Magdalena a Jacinta es el reflejo de esa sociedad que ansía parecerse cada día más a los europeos:
Magdalena: Pues hoy lo conocerás aquí... Verás qué amable, qué fino... Está hecho todo un francés.
Jacinta: Cuando se fue para Europa era yo todavía una chiquilla, sin embargo, lo recuerdo bien... ¿Ha cambiado mucho?
Magdalena: Por los retratos puedes juzgar... Está mucho mejor; más blanco.
Jacinta: Me parece estarlo viendo en aquel baile de niños que hubo en tu casa hace muchos años... Ah... pero si ahora recuerdo... ¿no fue tu novio de escuela?
Para Magdalena, estar más blanco era una especie de superioridad con respecto a los demás. Sin embargo, este discurso no está alejado de los expuestos por Curtis, citado por Soto: “Costa Rica es relativamente superior á casi todas las Repúblicas Centro y Sud Americanas, y aun á Mexico mismo, en la unidad de su raza.” (p.15) Esa tendencia marcada la obtuvo Magdalena de sus lecturas o expresiones de la cotidianeidad en que vivía.
Don Ricardo Fernández Guardia estrena en 1902 una de las obras de teatro que marcaría la historia de Costar Rica por su apertura al mundo. Sus Cuentos Ticos (1901) reflejan esa necesidad de advocarse a las costumbres del país centroamericano. Si controversial fue la obra de Fernández, lo fue también en su vida académica; primero, se opuso abiertamente a la nacionalización de la literatura y, posteriormente, terminó enraizado en ella sin perder el academicismo que le asistía.
Como era de esperarse, en la obra teatral Magdalena (1902) se localizó una diversidad de tópicos propios de la educación liberal desarrollada para capacitar a la mujer en los quehaceres domésticos. El personaje Magdalena se resiste a continuar con los rasgos identitarios que son parte de la cultura de principios del siglo XX y que utiliza el matrimonio como una tabla de salvación; sin embargo, termina sometiéndose y rompe los patrones proponiendo matrimonio a Fernando. En la joven Magdalena se refleja, por otro lado, la funcionalidad de la educación femenina propia de su época, como se señaló en el tercer acápite, y en ella se condensan las paradojas del mundo liberal, así como las ansias de conocer Europa para seguir afirmándose en la sociedad en que le correspondió vivir.
Congreso Pedagógico Centroamericano (1893). Primer Congreso Pedagógico Centroamericano y Primera Exposición Escolar Nacional, instalados en la ciudad de Guatemala en diciembre de 1893 bajo la protección del señor general Don José María Reyna Barros. https://www.cervantesvirtual.com/obra/primer-congreso-pedagogico-centroamericano-y-primera-exposicion-escolar-nacional--instalados-en-la-ciudad-de-guatemala-en-diciembre-de-1893-bajo-la-proteccion-del-senor-general-don-jose-maria-reyna-barros
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