R E P E R T O R I O |
| A M E R I C A N O |
Segunda nueva época N.° 35, Enero-Diciembre, 2025 | ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143 | |
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Margarita, la hija “española” Margarita, the “Spanish” daughter |
Juan Manuel Villasuso Estomba
Academia Morista Costarricense
ORCID: 0009-0005-5979-4225
Doris Osterlof Obregón
Académica jubilada
Universidad de Costa Rica
ORCID: 0009-0007-3149-8269
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Resumen El presente artículo es un ejercicio de microhistoria. Pretende “salvar del olvido” a una persona, a una familia, unos tiempos y unos lugares que conforman lo que el académico Luis González denomina “la versión popular de la historia”. El artículo se refiere a la vida de Margarita Giberga Elizondo, hija de Josefa Elizondo -la Bella de Guanacaste- y del coronel español Manuel Giberga, nombres que están impresos en los anales costarricenses. Margarita nació en Liberia, Costa Rica, en 1858 y falleció en Barcelona, España, en 1902. Sus familias, la costarricense y la española, afrontaron circunstancias particulares que perfilaron un entorno en el que relaciones de parentesco, status social, matrimonio, maternidad y momento histórico fueron moldeando la existencia de una niña que a los cinco años “se fue para España y no se volvió a saber nada de ella”. La exploración de fuentes inéditas, la revisión de registros primarios y la imprevista y muy valiosa colaboración de otros investigadores han permitido aportar elementos novedosos para construir, con nitidez y detalle, los rasgos más relevantes de los eventos y de la realidad en la cual se desenvolvió la vida de Margarita. Palabras clave: microhistoria, genealogía, familia, Costa Rica, España, Barcelona, Guanacaste Abstract This article is an exercise in microhistory. It aims to “save from oblivion” a person, a family, a set of times, and a set of places that make up what scholar Luis González calls “the popular version of history.” The article deals with the life of Margarita Giberga Elizondo, daughter of Josefa Elizondo -the Beauty of Guanacaste- and the Spanish colonel Manuel Giberga, names that are etched in Costa Rican annals. Margarita was born in Liberia, Costa Rica, in 1858 and died in Barcelona, Spain, in 1902. Her families, both Costa Rican and Spanish, faced unique circumstances that precast an environment in which kinship, social status, marriage, motherhood, and historical events shaped the life of a girl who, at the age of five, “left for Spain and was never heard from again.” The exploration of unpublished sources, the review of primary records, and the unexpected and valuable collaboration of other researchers have contributed novel elements to construct, with realism and accuracy, the most relevant features and events in which Margarita’s life unfolded. Keywords: microhistory, genealogy, family, Costa Rica, Spain, Barcelona, Guanacaste |
La presencia de Josefa Elizondo Villar en la historia de Costa Rica tiene sus antecedentes en dos hechos que pueden considerarse anecdóticos ocurridos en la década de 1840. El primero de ellos, calificado como “pintoresco”, fue el que le atribuyó a esta joven el original apelativo de la Bella de Guanacaste y lo narró en primera persona el diplomático, escritor y arqueólogo estadounidense John Lloyd Stephen en su libro Incidentes de viaje en Centroamérica, Chiapas y Yucatán1. El segundo, contado por el historiador costarricense Ricardo Fernández Guardia, remite a un episodio amoroso con trasfondo político en el que la beldad costarricense encarnó un papel cándido que condujo a un infausto desenlace.2
En un prolijo artículo publicado en la Revista de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, el investigador Roberto Solórzano abordó las referencias biográficas de la Bella de Guanacaste y examinó sus raíces familiares, posición social y enlaces matrimoniales. Particular interés prestó este autor a la descendencia de su primer matrimonio con Bernardino Urtecho al elaborar un compendio de la progenie de dos de las hijas Urtecho Elizondo: Amelia y Enriqueta3. También hizo mención en ese ensayo, sin agregar mayores detalles, a las segundas nupcias de Josefa con Manuel Giberga del Bosque -“coronel del ejército y natural de Cataluña”- y a la hija que nació de esa unión, Margarita, “que fue bautizada en Liberia el 24 de mayo de 1858, se fue para España y no se volvió a saber nada de ella”.4
Con motivo de una investigación realizada sobre el coronel Manuel Giberga del Bosque y su destacada participación en la lucha contra la falange filibustera de William Walker 5, se presentó la ocasión de recopilar información relevante relacionada no solo con las intervenciones de este militar en los campos de batalla sino también sobre su concurso en la esfera política (gobernador de Guanacaste), sus actividades económicas, su vida familiar y, en particular, sobre sus ancestros hispánicos. A partir de esas indagaciones se reveló una faceta en la que tanto su esposa Josefa como su hija Margarita adquirieron fisonomías propias.
En el caso de Josefa, la Bella de Guanacaste, el tiempo que acompañó a Manuel, después del matrimonio en 1857, fue relativamente breve debido a su prematura muerte en enero de 1859, razón por la cual no es posible abundar en su recorrido como pareja. En cuanto a Margarita, que aún no celebraba su primer cumpleaños al fallecer la madre, sí ha sido posible profundizar, no solo sobre su infancia en Costa Rica, sino también durante los años posteriores en España, país al que la trasladó su padre con apenas cinco años de edad.
El texto que sigue tiene como propósito “dar cuenta” de la existencia de esta niña, la hija menor de la Bella de Guanacaste y de Manuel Giberga que, como acertadamente señaló el genealogista Solórzano, “se fue para España” y vivió el resto de sus días en tierras ibéricas.
Con el propósito de ampliar lo antes dicho sobre Josefa Elizondo, de seguido se incluyen dos breves síntesis de las narraciones en las que surge como personaje.
En la primera, el estadounidense Stephens cuenta que en su recorrido desde la capital costarricense hacia Nicaragua, en el mes de febrero de 1840, debió pernoctar en una pequeña villa llamada Guanacaste (actualmente Liberia6) cercana al linde divisorio de las dos incipientes repúblicas centroamericanas. Luego de algunas dificultades para encontrar posada, fue hospedado en la casa de una anciana cuyo trato amistoso y amable lo impresionó y en la cual “conoció a una señorita que no era tan hermosa que digamos, pero su boca y sus ojos eran bellos; y sus modales tan diferentes del frío, zafio y esquivo aire de sus paisanas … que, si la mesa no hubiera estado entre nosotros, yo la habría tomado entre mis brazos y besado”. Stephens confiesa, “que estuvo en un tris de quedar cautivo en las redes de la Bella de Guanacaste” … y tan solo pudo escapar poniendo tierra de por medio.
Esta adolescente, que aún no cumplía los 15 años cuando “enamoró” al afamado explorador estadounidense, era hija de una destacada familia de la sabana costarricense. Los padres de Josefa, que nació el 13 de agosto de 1825, fueron don Antonio Elizondo y doña Manuela Villar “que pertenecían a la más alta y selecta sociedad guanacasteca, y eran dueños de una de las mejores casas de la población, así como de los hatos y haciendas de Paloverde, El Naranjo y Orosi7”.
En la segunda narración, ocurrida un par de años después -en 1842- y referida por Fernández Guardia, el personaje protagónico es el teniente coronel guatemalteco Manuel Ángel Molina8, quien también fue cautivado por Josefa. Sin embargo, el embrollo amoroso y político -en el que se vio envuelto y el cual incluyó promesas nupciales, traiciones, intentos de secuestro, venganzas políticas y sublevaciones- lo condujo a la muerte por fusilamiento.
Este episodio puede resumirse de la siguiente manera: “Manuel Ángel Molina participó en un confuso episodio dirigido a raptar a la señorita Josefa Elizondo, que había sido su prometida, pero el intento fracasó. Los amigos de Molina dirigieron entonces un golpe en la ciudad de Guanacaste (Liberia) para apoderarse del mando militar de ese departamento y lo proclamaron comandante. Poco después, sin embargo, sus adversarios se adueñaron de la comandancia y Molina fue sometido a consejo de guerra y condenado a muerte”9.
Josefa quedó huérfana de madre en 1840 y su padre falleció dos años después. Creció con sus dos hermanos mayores, Mercedes (1821) y Procopio (1823), en un entorno de familia extendida cerca de sus parientes, especialmente su tía Dolores Villar y sus “primas” Desideria Arburola y Josefa Rivas10. En 1846, contrajo matrimonio en primeras nupcias con Bernardino Urtecho Martucci, de origen italiano-nicaragüense, con el cual procreó tres hijas: Amelia (1847), Virginia (1848) y Enriqueta (1850). Bernardino era comerciante y fue titular del juzgado de primera instancia del Departamento de Guanacaste. Falleció en enero de 1853.
Durante los años de viudez, Josefa tuvo una hija natural nacida en septiembre de 1855 a la cual bautizó con su mismo nombre: Josefa de las Mercedes y los padrinos fueron los tíos de la madre, Dolores del Villar y su marido Pedro Rivas11. Es de suponer que esta niña vivió poco tiempo porque no aparece ninguna referencia posterior en la escritura o mortual de Josefa, en la que sí se menciona a sus hermanas.
Todo parece indicar que fue a finales de 1855 o principios de 1856 cuando la Bella de Guanacaste y el coronel Giberga del Bosque se conocieron a la llegada de este a Moracia (Guanacaste)12, procedente de Nicaragua, en cuya guerra había participado activamente. El militar ingresó a Costa Rica con el propósito de incorporarse al ejército de este país y continuar la lucha contra el filibustero William Walker. Puede presumirse que, debido a las reiteradas estadías del militar en territorio guanacasteco, la viuda de Urtecho y el oficial hispano fueron intimando en su relación hasta que, en mayo de 1857, finalmente celebraron su casamiento.
En los meses posteriores a la boda y hasta noviembre de 1857, Manuel ocupó de manera simultánea los cargos de gobernador de la provincia de Moracia y comandante militar de la región, razón por la cual la pareja estableció su residencia en Liberia. Al año siguiente Giberga se licenció del ejército y vino al mundo Margarita. Comenzaba una nueva vida para el oriundo de Cataluña, ahora asentado en Costa Rica y más concretamente en suelo guanacasteco.
El padre de Margarita era un militar español conocido en Centroamérica, particularmente en Nicaragua y Costa Rica, como el coronel Giberga del Bosque (o coronel Manuel del Bosque). Manuel nació en Cornellá, Barcelona en 1827 y fue el segundo hijo de Antonio Giberga Bosch y Margarita Gibert Noguera. Su nombre de familia era Manuel Giberga Gibert. Es con ese patronímico que vino al mundo. Se ignora la razón o razones por las cuales cambió su segundo apellido, al menos durante el tiempo en que estuvo en tierras centroamericanas.
Sus abuelos paternos fueron Antonio Giberga Banus y Caterina Bosch Casanovas. Los padres de la madre: Juan Gibert Puig y Margarita Noguera. Fueron tres las hermanas de Manuel: Dolores, Carolina y Leocadia; y cuatro los hermanos: Antonio, Modesto, Eliseo y Eduardo 13. Tuvo también un hermanastro mayor (materno), Fernando Puig Gibert (1815-1901), quien llegó a ser un reconocido empresario textil catalán y político español (senador), al tiempo que cumplió un rol primordial como “puntal” del grupo familiar a lo largo de los años 14.
Manuel nació en una familia vinculada al mundo del derecho y la política. Su infancia transcurrió en una Barcelona convulsa; eran los tiempos de las revueltas populares de signo liberal (bullangas) que agitaron la Ciudad Condal entre 1835 y 1843. Su padre participó activamente en esos disturbios y fue deportado a Cuba por algún tiempo (1837-39). A su regreso a España, Antonio Giberga Bosch continuó interviniendo en política hasta su muerte en 1845 (Manuel tenía 18 años).
Las primeras referencias documentadas sobre Giberga del Bosque en tierras centroamericanas son del año 1854 en Nicaragua15. Había sido contratado por el gobierno legitimista que presidia Fruto Chamorro Pérez16. De los documentos examinados puede deducirse que el militar catalán no solo se desempeñó como soldado, sino que asumió otras tareas de naturaleza política y diplomática, siendo uno de los colaboradores del general Ponciano Corral, jefe del ejército al morir Chamorro (marzo 1855), y del ministro de relaciones exteriores, Mateo Mayorga17. También mantuvo una relación cercana con el general Tomás Martínez, quien ocupó la presidencia de Nicaragua después de la derrota de Walker.
Una de las acciones bélicas en las que el coronel del Bosque cumplió un papel sobresaliente fue la que se conoce como la “primera batalla de Rivas”, el 29 de junio de 1855. El militar español fue comisionado para defender la mencionada ciudad a orillas del lago Nicaragua y después de varias horas de combate derrotó al filibustero Walker, que pocas semanas antes había llegado a ese país con un grupo de mercenarios norteamericanos inspirados en la doctrina del “destino manifiesto18, filosofía que sustentaba el expansionismo estadounidense en todo el continente americano19.
Pocos meses después de esa acción militar, Walker se adueñó del poder en Nicaragua. Esta situación forzó a Giberga del Bosque a trasladarse a Costa Rica, cuyo ejército se preparaba para enfrentar a los filibusteros. Su hoja de servicio como oficial en la milicia costarricense en la lucha contra Walker no solo es nutrida y diversa sino muy meritoria por el tipo de misiones y responsabilidades que le correspondió asumir. Una cronología de esa trayectoria se sintetiza a continuación.
En los primeros días de marzo de 1856, Giberga marchó con la tropa expedicionaria comandada por el presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, hacia la frontera de Nicaragua. Tuvo bajo su mando la columna de soldados de la provincia de Alajuela y luchó en la segunda batalla de Rivas (11 de abril de 1856), en la que resultó herido en el cuello.
En noviembre de ese año, acompañó como segundo comandante al general José María Cañas en la toma del puerto de San Juan del Sur (Nicaragua) y posteriormente fue designado como representante de Costa Rica en la reunión del Alto Mando del ejército aliado centroamericano, celebrada en León (Nicaragua) los días 24 y 25 de diciembre de 1856.
Durante las primeras semanas de enero de 1857, se le asignó la tarea de reclutar soldados en Guanacaste y a finales de ese mes recibió la orden de acompañar al norteamericano Sylvanus Spencer 20 en una delicada misión para desalojar de Greytown (San Juan del Norte) al filibustero Lockridge que había llegado desde los Estados Unidos para engrosar las huestes invasoras.
Poco tiempo después de la rendición de Walker, el 1 de mayo de 1857, Giberga del Bosque fue nombrado gobernador y comandante militar de la provincia de Guanacaste, cargos que desempeñó hasta el mes de noviembre de ese año.
La última misión político-militar realizada por Manuel Giberga de la que se tiene noticia ocurrió en diciembre de 1857. En esa ocasión, acompañó a José María Cañas y a Emiliano Cuadra en las negociaciones que estos dos enviados del gobierno costarricense sostuvieron con el presidente de Nicaragua, Tomás Martínez, con el fin de poner fin a una guerra declarada entre los dos países (la guerra sin sangre) y suscribir un acuerdo de límites fronterizos. Giberga del Bosque fue el encargado de trasladar personalmente hasta San José el documento suscrito del tratado que contribuyó a la paz entre las dos naciones.
Licenciado del ejército costarricense en 1858, Manuel se dedicó junto con Josefa a actividades agrícolas y ganaderas propias de la zona y de la condición de hacendados de la familia Elizondo21. También intentó prosperar en otros negocios como el cultivo experimental de tabaco. Lamentablemente, debido a un conjunto de circunstancias desafortunadas, que se comentan en páginas posteriores, entre ellas el fallecimiento de su esposa, Manuel Giberga decidió regresar a España en 1863. Su muerte se produjo algunos años después en la ciudad de Marsella el 18 de noviembre de 188022.
El 21 de mayo de 1858, nació la hija de la Bella de Guanacaste y el coronel Giberga del Bosque a la que llamaron Margarita. Fue bautizada el 24 de mayo en la parroquia de la ciudad de Liberia, por el presbítero Carlos Ulloa. La niña heredó el nombre de su abuela paterna, la catalana Margarita Gibert Noguera. Los padrinos fueron Josefa Rivas y su marido Antonio Carrillo. Este último, además del lazo familiar, mantenía relaciones de negocios con Giberga.
Es muy probable que dada la condición social del matrimonio Giberga-Elizondo, tanto la ceremonia del bautizo de Margarita como los festejos que usualmente están asociados al rito sacramental hayan sido muy concurridos y celebrados. Podría asegurarse que a esas festividades asistieron los principales integrantes de la sociedad guanacasteca y de la numerosa familia de la madre23.
En octubre de 1858, con pocos meses de edad, Margarita vio partir a su padre rumbo a España haciendo escala en la Cuba colonial. Es de suponer que este viaje estuvo motivado tanto por razones familiares (hacía varios años que no veía a sus parientes) como por la idea de emprender negocios, teniendo en cuenta que su medio hermano Fernando Puig Gibert era un importante industrial en Cataluña y su hermano Antonio, que vivía en “la perla de las Antillas” desde 1854, aunque era médico, también mostraba interés por las cuestiones financieras y mercantiles.
Mientras Manuel se encontraba de viaje, Josefa murió en su natal Liberia (22 de enero de 1859). Es casi seguro que el inesperado viudo, mientras estuvo fuera de Costa Rica, no se enteró del infeliz suceso porque las noticias entre Centroamérica y Europa tardaban casi dos meses en cruzar el Atlántico. En su travesía de regreso recaló de nuevo en La Habana y, ajeno a lo ocurrido en su hogar, desembarcó en Puntarenas en los primeros días del mes de marzo, donde le informaron del infausto deceso.
La situación que el padre de Margarita encontró a su llegada a Costa Rica fue dolorosa y compleja. No solo había muerto su joven esposa (34 años), con la que aún no sumaba dos años de casado, sino que quedaban huérfanas las tres hijas del primer matrimonio de Josefa -Amelia, Virginia y Enriqueta- y su propia hija Margarita, que no cumplía su primer año de edad. A este contexto, relacionado con la atención y cuidado de cuatro niñas, se añadía lo relacionado con la tutela legal de las menores, los trámites de la herencia de la madre y la dedicación que exigían los negocios de los que ahora era responsable24. Sin duda el panorama era penoso.
Sin embargo, si el regreso en marzo de 1859 resultó complicado y lastimoso, un trimestre después las cosas fueron a peor. En el mes de junio de 1859, perecieron ahogados Procopio, el hermano de Josefa, y una de las niñas Urtecho Elizondo, Virginia25. Para comprender lo que esto significó para Manuel Giberga, hay que señalar que Procopio, a causa de la muerte de su hermana y debido a la ausencia de Manuel, había asumido la representación legal de sus sobrinas al tiempo que se encargaba de la atención de las propiedades que conformaban el patrimonio de la familia Elizondo. Es por ello que su muerte generó trastornos adicionales en la vida del ex militar catalán.
Ante las nuevas circunstancias, Manuel Giberga asumió la tutela de su hija Margarita, pero le fue denegada la de las otras dos niñas, que judicialmente quedaron bajo la custodia de Ramón Gómez26, esposo de Mercedes Elizondo Villar, hermana mayor de Josefa, que residían en la ciudad de Cartago. Y fue a esa ciudad del Valle Central de Costa Rica a donde llevaron a vivir a las dos adolescentes, separándolas de su hermana menor y trasplantándolas a un ambiente diferente al de la sabana guanacasteca donde habían nacido y se habían criado.
Distanciada de sus hermanas y con un padre acostumbrado a la vida militar, que además debía ocuparse de un legado que consistía en propiedades rurales y hatos ganaderos que lo obligaban a ausentarse, la infanta Margarita requirió de atención y cuidados que le fueron brindados por las ya citadas “primas” de la Bella de Guanacaste, Desideria Arburola y Josefa Rivas.
Fue así que tanto Desideria Arburola, de 37 años, viuda y sin hijos, como Josefa Rivas, madrina de Margarita, casada con Antonio Carrillo, socio de Manuel Giberga en el negocio del tabaco, asumieron la crianza de la niña desde la muerte de la madre hasta su despedida del terruño que la vio nacer, un lustro más tarde27. Esta dedicación de las dos mujeres hacia la pequeña fue motivo de agradecimiento por parte del padre poco antes de partir definitivamente para España.
La vida de Margarita durante esos años infantiles debe de haber sido bastante simple. Si bien pertenecía a una familia próspera de la pequeña población de Liberia y la casa que habitaba estaba considerada entre las mejores del lugar, esta no debe de haber sido muy diferente a otras de similar categoría: paredes de adobe o bahareque, pisos de tierra y fogón de leña; y la comida, la “criolla” de la época: tortilla de maíz o bizcocho, frijoles, carne de vacuno, leche, queso y verduras y frutas de esas tierras.
La villa de Guanacaste, a la que le confirieron la categoría de ciudad en 1836 y cambiaron su nombre por Liberia en 1854 era, en esas fechas, “un pueblo en gestación … sus calles tomaban forma, las tradiciones y la cultura se iban entretejiendo en medio de las haciendas ganaderas … tanto en la calle Real como en la calle del Sagrario residían los vecinos principales del pueblo, que no pasaban de 15 o 20 familias28”. Por esos caminos de tierra no muy concurridos transitaban caballos, mulas y alguna carreta tirada por bueyes. Otros medios de transporte como la diligencia o las volantas eran casi desconocidos.
La población no sumaba el millar de personas en los cuatro barrios existentes; no había edificaciones importantes ni variedad de comercios. Tampoco había escuelas o centros de salud y la vida transcurría con la parsimonia de una comunidad surgida como un cruce de caminos que apenas superaba esa calificación. Así era el rincón del mundo donde Margarita dio sus pasos iniciales, el lugar donde balbuceó sus primeras palabras, el entorno donde aprendió a reír y a llorar antes de viajar a Barcelona, destino donde descubrió un universo diferente y en el cual se arraigó por el resto de su vida.
El fallecimiento de Josefa y el deceso de Procopio, ambos infestados, obligó a la apertura de sendos juicios sucesorios (mortuales) a fin de asignar legalmente el caudal correspondiente a cada una de las herederas, las tres hijas de Josefa: Amelia y Enriqueta Urtecho Elizondo y Margarita Giberga Elizondo; así como la hermana mayor de los difuntos, Mercedes Elizondo Villar.
Además, las muertes tuvieron como consecuencia, por intereses económicos y recelos familiares, un distanciamiento entre Manuel Giberga y su cuñada Mercedes, cuyo marido Ramón Gómez, como se ha mencionado, era el tutor de las hermanas mayores de Margarita. Este conflicto afectó los procesos judiciales, provocó retrasos y acentuó los roces entre los litigantes.
En lo que concierne al legado patrimonial, conviene destacar que el caudal de los hermanos Elizondo Villar estaba compuesto por un acervo importante de bienes de distinta naturaleza: tierras, edificaciones, hatos ganaderos, equipos y enseres diversos, por lo que era necesario que se hiciera un inventario previo al reparto entre los herederos. Esos trámites se iniciaron en 1859 y el fallo judicial definitivo se produjo en 186129 .
El total inventariado de la herencia de Josefa incluyó lo siguiente: “la casa donde residía en Liberia con sus muebles, la tercera parte de la casa de sus padres junto con la cocina, también ubicada en Liberia, una casa en la hacienda Paloverde con el corral, muebles y algunos efectos, más los muebles de una quesera en dicha finca y otros de una quesera del Jocote. Además, la tercera parte de 54 caballerías de tierra de la hacienda Paloverde y sus terneros, una posesión en Chiringua, reses sabaneras, vacas y yeguas paridas, caballos y yeguas sabaneras, bestias mulares y las alhajas de Josefa”. El valor de todos estos bienes se calculó en 11,089.00 pesos, a los que les dedujeron las costas del inventario por 113 pesos, y otros gastos por 2,143.00 pesos, más la suma de 104.10 pesos por un error en el inventario. El saldo alcanzó un monto neto de 11,028.50 pesos, que se dividió en tres partes, correspondiéndole a cada hermana un conjunto de bienes equivalente a 3,676.16 pesos.
Por su parte, la resolución del juicio sucesorio de Procopio cuantificó bienes equivalentes a un monto de 12,925.55 pesos que, deducidos los gastos, quedó en 12,670.10 pesos. En este caso, la herencia se dividió de la siguiente forma: 50% para Mercedes Elizondo Villar (6,336.00 pesos); y el otro 50% para Amelia, Enriqueta y Margarita, recibiendo cada una un total en bienes de 2,112.00 pesos. Las deudas pendientes de cobro se repartieron en partes iguales, 50% para Mercedes y el otro 50% entre las tres herederas menores de edad.
En consecuencia, Margarita recibió de su madre y de su tío una herencia en bienes diversos que sumaron un total de 5,788.16 pesos30. El juez otorgó a Manuel Giberga licencia “para enajenar a precio de inventario” los bienes correspondientes a su hija, lo cual hizo (excluyendo los inmuebles de Liberia) poco tiempo después al vender las propiedades ganaderas y las reses a Rafael Barroeta 31. De la misma forma, Ramón Gómez, como tutor de Amelia y Enriqueta, fue autorizado para la administración de la herencia de dichas menores32.
Después de vivir en tierras centroamericanas casi una década, luchando los primeros años como militar e intentando formar una familia y dedicarse a los negocios después, Manuel Giberga decidió, en 1863, regresar a España de manera definitiva. Las razones que lo impulsaron a tomar esa resolución fueron diversas e infortunadas.
Por una parte, las circunstancias personales y familiares: la muerte de su esposa y de su cuñado Procopio, así como las disputas con su cuñada Mercedes y su marido Ramón Gómez. Por otra, las malas experiencias y fracasos en los negocios. Dos de ellos sirven de ejemplo, el de la siembra experimental de tabaco33 que no tuvo el éxito esperado y el de una fábrica de velas que encontró la oposición de otro empresario interesado34; aunque el más significativo fue el relacionado con la compra de la hacienda El Porvenir a Eduardo Beeche35, emprendimiento que le entusiasmaba y que lamentablemente terminó en un juicio en el que el fallo le resultó adverso36.
A las dos circunstancias anteriores hay que sumarles la contrariedad y desencanto que debió causarle el giro que sobrevino en la política costarricense a partir de 1859, primero con el golpe de Estado y exilio del presidente Juan Rafael Mora en agosto de ese año y, al siguiente, el fusilamiento del ex mandatario y del general José María Cañas cuando intentaban recuperar el poder 37. Considerando la cercanía y grado de amistad que existió entre Giberga y la familia Mora, y especialmente con el general Cañas, es de suponer que estos hechos y la llegada al gobierno de una facción política contraria le disgustaran e incluso llegaran a perjudicarle.
Ahora bien, lo que sí resulta evidente es que el retorno a la tierra natal significó para Giberga un cambio radical en los planes que tenía al concluir la guerra contra los filibusteros cuando contrajo matrimonio con Josefa Elizondo. En esos momentos (1857) parecía indiscutible que la decisión del oficial catalán era la de residir de manera permanente en Costa Rica, es decir, asentarse definitivamente en la nación por la que había luchado con denuedo. Fue así que formó una familia, con una “bella” esposa que además gozaba de una envidiable posición económica y social y con la cual procreó una hija. Todo parecía propicio: se había ganado el respeto y la amistad de muchas personas en distintos entornos y las circunstancias auguraban un exitoso y fructífero porvenir.
Pero a partir de 1859, como se ha dicho, con el fallecimiento de Josefa y de Procopio, las disputas familiares, los contratiempos en los negocios y el nuevo entorno político que no le era grato, Manuel Giberga del Bosque se fue convenciendo de que lo mejor era marcharse de Costa Rica con su hija para reencontrarse con su familia en España y allí construir una nueva vida para ambos. Fue así que, en abril de 1863, el ex militar español y su hija Margarita, de cinco años de edad, subieron las escalinatas del vapor norteamericano “Salvador” y abandonaron Costa Rica para siempre. Una escueta nota de la Gaceta Oficial, No. 213, del domingo 26 de abril de 1863, informa la salida de la embarcación: “Movimiento marítimo. Puntarenas. Abril 18. Zarpó el vapor norteamericano “Salvador” al mando del capitán William Rathbun, llevando de pasaje a Don Manuel G. del Bosque y una hija.”
Partieron hacia España, más concretamente hacia Barcelona, la ciudad donde Manuel Giberga Gibert había nacido 36 años antes y a la cual volvía con su pequeña hija, en busca de condiciones menos aciagas y con intenciones de encontrar, cerca de sus hermanos, un lugar donde asentarse y recomponer su vida.
¿Cuál era su estado de ánimo en esos momentos? ¿Cuáles fueron sus pensamientos al decir adiós? ¿Alegría por el próximo reencuentro con sus familiares? ¿Tristeza por los sueños frustrados? ¿Entusiasmo por un porvenir retador? ¿Abatimiento y necesidad de consuelo por los duelos postergados? No lo sabemos.
Lo que sí puede afirmarse es que antes de partir, Manuel dejó una muestra indiscutible de su gratitud. En particular agradeció a las dos mujeres que habían cuidado a Margarita “los servicios que habían hecho a su hija” y el 17 de marzo de 1863, pocos días antes de emprender el viaje, les donó, con base en la licencia concedida por el juez, lo correspondiente a su hija de las propiedades que aún conservaba en Liberia del legado de Josefa y de Procopio: a Desideria Arburola “la parte de la casa y mobiliario donde vivió con Josefa y sus hijas; y a Josefa Rivas la parte de la casa y solar de la vivienda paterna de Josefa Elizondo38”.
La ciudad de Barcelona a la que llegaron Margarita y su padre, en 1863, era una metrópoli de 160 mil habitantes en expansión que hacía poco había aprobado un ambicioso plan urbanístico. Ya se habían derribado las murallas y comenzaban a edificarse las elegantes residencias del Ensanche. Ese año dio inicio la construcción de la Universidad y en noviembre se estrenó el Teatro Català (Romea)39. El ferrocarril Barcelona-Sarrià empezó a circular y las calles se llenaban con el trajín de las volantas y las tartanas. Poco tiempo después, se inauguró la primera línea de tranvías de tracción animal, desde el Pla de la Boquería a la Villa de Gracia40.
¡Qué extraordinaria impresión debe haberle causado a una pequeña niña, acostumbrada a la vida pueblerina de su natal Liberia, ver los altos edificios, las tiendas surtidas con productos desconocidos (uvas, peras, manzanas y aceitunas) y esa multitud de personas con vestimentas extrañas, muchas de ellas hablando una lengua que no comprendía!
Pero más allá de los elementos físicos del entorno, que deben de haber sorprendido a Margarita cuando se asomó por primera vez a La Rambla, lo cierto es que la capital catalana era, en la segunda mitad del siglo XIX, el motor económico de España, de una España fundamentalmente rural que despertaba a la “revolución industrial” con vías férreas, fábricas textiles y un puerto que comerciaba con el mundo. Y en ese clima de prosperidad florecía una burguesía en la cual había un lugar que aguardaba para ser ocupado por la hija de la Bella de Guanacaste y el coronel Giberga del Bosque.
Sin embargo, es probable que lo que causó mayor impacto a Margarita a su llegada fue conocer a la familia paterna. Una familia burguesa, estructurada como clan, que la acogió como una de los suyos y que la fue integrando a la dinámica social en la cual se desenvolvían.
Durante los primeros años, cuando aún no alcanzaba la adolescencia, fueron sus tías, Dolores, Carolina y Leocadia las que seguramente apoyaron a Manuel en su crianza. Dolores, era viuda de 32 años y tenía dos hijos no muy mayores que Margarita: José (1849) y Dolores (1856). Se había casado en 1849 con el empresario Juan Tintorer y al morir éste en 1856, quedó a cargo de los negocios del marido. Carolina y Leocadia permanecían solteras en ese momento.
Para Margarita, que durante su infancia en Costa Rica no había sentido la proximidad de sus hermanas, debe de haber sido muy grata y significativa la compañía de su prima Dolores Tintorer (Lolita), apenas dos años mayor. Entre las dos niñas surgió una amistad y un cariño entrañable y fraterno que duró toda la vida. Dos circunstancias acreditan la cercanía que existió entre ellas: ambas vivieron varios años en casas contiguas construidas en un terreno que les donó su tío Fernando Puig en 1894; y Carmen, la hija de Margarita, fue heredera de “las mejores joyas” que Lolita le legó en su testamento.
También en Barcelona, la niña costarricense tuvo ocasión de conocer y compartir con otros primos que habían llegado de América. Eran los hijos del médico Antonio Giberga Gibert, hermano de su padre, que en 1854 emigró a Cuba y en 1860 decidió regresar a Barcelona junto con su esposa Amelia Galí y sus cuatro hijos nacidos en la Isla: Eliseo (1854), Samuel (1856), Octavio (1858) y Benjamín (1859)41. Con ellos posiblemente disfrutó de paseos y juegos infantiles; y se forjaron lazos que se prolongaron en el tiempo, especialmente con Eliseo, que permaneció en España hasta concluir sus estudios de derecho a finales de 1873. Años después, Eliseo fue electo diputado por Matanzas (Cuba) a las Cortes españolas y realizó númerosos viajes a España, donde tuvo la oportunidad de reencontrarse con Margarita y su esposo José Zulueta.
Pero, sin lugar a dudas, la persona más importante en el tupido entramado de los Giberga-Gibert y su descendencia era Fernando Puig Gibert. Su relevancia era doble. Primero, por ser una destacada figura pública y acaudalado hombre de negocios que tuvo gran proyección en los ámbitos económico, social y político de Cataluña en la segunda mitad del siglo XIX, lo cual probablemente se tradujo en reconocimientos para sus allegados; y segundo, porque desde muy joven le correspondió desempeñar un papel preponderante y conspicuo en el entorno hogareño, profesando como mentor y protector de los miembros de su prosapia.
Fernando Puig Gibert nació en 1815. Era hijo del primer matrimonio de Margarita Gibert Noguera, que enviudó y casó con Antonio Giberga Bosch en 1823. Desde muy joven, se dedicó a la actividad industrial y con el correr de los años se convirtió en un exitoso empresario y político con mucha influencia en Cataluña. Fue senador a partir de 1876 y se le declaró senador vitalicio en 1894 hasta su muerte en 190142. Era considerado como el “hermano mayor”, “el puntal de la familia”, como lo conceptúa el historiador Carles Gascón.
A modo de síntesis, se podría afirmar que al llegar Margarita a Barcelona descubrió no solo una urbe floreciente y una familia que formaba parte de un sector importante de la burguesía catalana, implicada activamente en el mundo empresarial y la política, sino también que fue acogida como una hija en el entorno familiar de los Giberga, particularmente por sus tías Dolores, Carolina y Leocadia, que tuvo la ocasión de compartir con numerosos primos y que contó con referentes sociales y patrimoniales como su tío Fernando Puig.
En lo concerniente a la educación de Margarita, es conveniente considerar dos elementos que sin duda debieron condicionar su formación escolar. En primer lugar, el hecho de que convivió con una progenie en la que primaba una arraigada vocación hacia los estudios. Es de destacar que su abuelo Antonio, muchos años antes, mostró reiterada preocupación por la educación de sus hijos43. Además, varios de sus parientes cercanos se licenciaron en medicina, derecho e ingeniería 44.
En segundo lugar, la condición de mujer. La profesora Belén Fernández de Alarcón glosa la visión prevaleciente en la época respecto a la enseñanza que debían recibir las niñas de “cierta clase social”: “Se les enseñaba a leer y escribir, coser, bordar, conocimientos básicos de geografía, historia natural, medicina basada en plantas; baile, canto y nociones de algún instrumento musical. Tocar instrumentos musicales, principalmente el arpa o el piano ayudaba mucho a la socialización de la mujer en los salones45”.
Margarita cursó sus primeros años de instrucción en la escuela Jesús María, colegio católico fundado por la Congregación de Religiosas de Jesús María en 1850. Se ubicaba en San Andrés de Palomar, en las afueras de Barcelona. Es posible que la alumna no solo estudiara en esa institución, sino que, considerando sus circunstancias personales, también viviera como “interna”, por cuanto el colegio disponía de la modalidad de pensionado desde el año 1857. Al terminar la enseñanza primaria y secundaria presentó exámenes en la Escuela Normal de Maestras de Barcelona con el fin de convertirse en educadora. El 17 de junio de 1877, envió una solicitud dirigida a la directora, María Agustina Royo, en la que textualmente dice:
D. Margarita Giberga Elisondo natural de Liberia (Costa Rica) de edad 18 años educanda del colegio de Jesús María en San Andrés de Palomar a Ud. expone: Que creyendo tener los conocimientos necesarios para aspirar al título de Maestra Elemental se digne Ud. admitirla en los próximos exámenes. Gracia que espera de Ud. Dios guarde a Ud. muchos años. Firma Margarita Giberga Elisondo. 46
La solicitud fue admitida después de revisar los atestados y se examinó los días 22 y 28 de junio de 1877. En la primera jornada, “redactó una plana magistral, escribió dos cuartillas al dictado y resolvió tres problemas”. En la segunda, “los jueces preguntaron sobre cada una de las asignaturas que comprende el grado elemental de maestra de primera enseñanza, leyó los trozos impresos y manuscritos designados por el presidente, hizo el análisis gramatical de un párrafo escrito en el encerado; y por último explicó una lección al alcance de las niñas…”
El mismo día 28 de junio, los jueces firmaron el acta definitiva en la cual “teniendo en cuenta los ejercicios escrito y oral que ha verificado y la instrucción que en general ha revelado, la califica con la nota de Aprobado”. Es probable que después de obtener el diploma, Margarita trabajara como maestra en alguna escuela de niñas, o talvez en el propio colegio Jesús María donde había estudiado.
Es oportuno en este momento hacer un paréntesis para comentar un aspecto que llama la atención. En el expediente de Margarita en la Universidad de Barcelona (lugar donde se asentó la Escuela Normal de Maestras) se incluye una certificación de su acta de bautismo fechada el 10 de septiembre de 1877, emitida por Roque Rodrigo, cura encargado de la parroquia de Liberia47.
La existencia de ese documento, emitido en Costa Rica en 1877, catorce años después de que la hija de la Bella de Guanacaste y su padre dejaran el país, plantea una interrogante sobre la forma en que fue obtenida dicha certificación. Se puede pensar, al menos, en tres posibilidades: (a) que fue tramitada desde España por los canales oficiales; (b) que los Giberga tuvieron la colaboración de alguna persona en Costa Rica (tal vez las hermanas de Margarita u otro conocido) -esta segunda opción revelaría que a pesar del tiempo y la distancia aún persistían lazos familiares o de amistad, algo que hasta ahora se desconoce-; (c) que el coronel del Bosque hubiese viajado nuevamente a Costa Rica en momentos en que Tomás Guardia, con quién había compartido lances en la guerra contra los filibusteros, retomaba la presidencia de la República (esta opción es poco verosímil y no hay ningún indicio). ¿Existe alguna otra explicación? En verdad, no lo sabemos.
Retornando a los estudios de Margarita, es necesario resaltar que su educación no se constriñó únicamente a la instrucción primaria y secundaria y la certificación como maestra elemental. Su formación también incluyó, como correspondía a una joven de la burguesía de aquella época, lo que Fernández de Alarcón ha calificado como “educación de adorno”48, en la cual los idiomas, especialmente el francés, y “el piano” era atributos muy valorados. Respecto a esta destreza musical, cabe mencionar que tanto Margarita como su hija Carmen fueron consideradas como “excelentes pianistas”.
Desde su certificación como maestra en 1877 y hasta su matrimonio con José Zulueta en 1885, nada se conoce de la vida de Margarita. Durante esos años de juventud, Barcelona era expresión de lo que Sanjuan Marroquín llamó “la edad de oro de las élites catalanas”49. Eran tiempos de prosperidad económica “vertebrada por el despliegue extraordinario de la industria” que se articulaba con un espectacular auge en el plano cultural.
La Ciudad Condal en esa época “ofrecía un panorama cultural efervescente, con teatros como el Liceo y el Principal, cafés que servían como centros sociales, y una escena musical vibrante que contribuía a la vida impetuosa de la ciudad50”. La burguesía barcelonesa era, sin duda, la que más disfrutaba de ese momento histórico en que el Modernismo51 y la Renaixença52 se manifestaban simultáneamente marcando profundamente la identidad catalana. Las jóvenes como Margarita frecuentaban los espacios sociales de teatros, bailes y paseos a los que concurrían los miembros de esa burguesía53. La Exposición Universal (1888) representó un hito en ese dinámico devenir.
En noviembre de 1880, Margarita recibió la noticia de la muerte de su padre ocurrida en Marsella. No se han encontrado publicaciones ni correspondencia que permita conocer el tipo de relación que Manuel y su hija construyeron en los años posteriores a su salida de Costa Rica en 1863. Tampoco es posible aventurar cuáles fueron las repercusiones que el fallecimiento del padre pudo haber tenido en el ánimo y en el diario vivir de la joven que, en ese momento, tenía 22 años y todavía permanecía soltera.
El matrimonio de Margarita y José Zulueta
A finales de mayo de 1885, en la iglesia de Santa María del Pi en Barcelona (Basílica de Santa María del Pino), Margarita contrajo matrimonio con José Zulueta Gomis. El novio era hijo de Federico Zulueta Guasch, destacado médico que, en razón del ejercicio profesional y de su participación política, era conocido de la familia de Margarita.
El nuevo matrimonio, por antecedentes familiares y deferencias intelectuales, debió ser considerado como parte de la “sociedad de buen tono”54, lo cual implicaba ostentar una posición de preferencia, adherirse a un conjunto de comportamientos y códigos que incluían la forma de vestir, los lugares que se frecuentaban y las actividades que se practicaban, así como mostrar refinamiento y distinción en las interacciones sociales.
Según Gascón, en su libro sobre José Zulueta55, los nuevos cónyuges:
se instalaron inicialmente en el número 14 de la calle de Montjuïc de Sant Pere, actual calle de Verdaguer y Callís, muy próximo al domicilio paterno de Josep Zulueta. Allí nació la primera hija del matrimonio María Concepción, el 4 de abril de 1886, pero murió seis meses después. El 8 de agosto de 1889 vino al mundo Ferran, en un nuevo domicilio familiar, en el número 32 de la calle de Llúria, en un segundo piso. El tercer hijo Josep María, nació el 2 de enero de 1892 en la misma vivienda. Finalmente, el 8 de mayo de 1898, nació la hija pequeña, María del Carme, en otra residencia situada en el número 14 de la plaza de Santa Anna, en el tercer piso.
Margarita asumió, auxiliada por criados, la responsabilidad de la administración del hogar y el cuidado y crianza de los hijos “como era la tónica habitual en las familias de su estatus en esa época”. No obstante, como perfil de la “sociedad de buen tono” seguramente cumplió otros cometidos, ya que “la centralidad del hogar familiar en la sociedad burguesa y su redefinición como espacio vital no sólo de la esfera privada, sino también de la pública, dio a la mujer una responsabilidad y una presencia social sin precedentes56”.
El matrimonio de Margarita y José se prolongó por diecisiete años, hasta la muerte de ella. Durante ese tiempo, es de suponer que compartió las inquietudes intelectuales y actividades políticas y empresariales agrícolas del esposo, en especial las vinculadas con el desarrollo del Canal de Urgell, de cuya sociedad José era Director y el tío de Margarita, Fernando Puig, Presidente. De igual manera, aún existe memoria en la región de la Seu d’Urgell de la presencia de la pareja y de sus hijos pequeños en ese territorio pirinaico.
La vida de Margarita se truncó trágicamente un 12 de diciembre de 1902 a los 44 años. Un fatal accidente cerebrovascular le causó la muerte dejando desconsolados a su esposo y a sus tres hijos. Fernando, el mayor, tenía 13 años; José María 10 y la pequeña María del Carmen apenas 4 años. Se repetía lo que parecía ser un designio familiar. Las madres morían jóvenes dejando a sus hijos pequeños para ser atendidos por los padres. Así había sucedido con la madre de Margarita, la Bella de Guanacaste, con la madre de su marido y ahora con ella.
La esquela con la noticia de su fallecimiento fue publicada en La Veu de Catalunya, en la edición vespertina del propio día 12 de diciembre y se reprodujo al día siguiente:
Doña Margarita Giberga de Zulueta ha muerto esta mañana. Su esposo don Josep Zulueta y de Gomis, hijos, tías, primos, primos políticos y demás parientes (presentes y ausentes), al participar a Ilustres amigos y conocidos tan sensible pérdida, les piden que la encomienden a Dios, y se sirvan asistir, mañana sábado, día 13, a las nueve y media de la mañana, a la casa mortuoria, calle de San Antonio, número 20, San Gervasio de Cassolas (cerca de Josepets) y de allí al Cementerio Vell. No se invita particularmente.57
Es de destacar que la noticia del fallecimiento de Margarita se dio a conocer en varios periódicos de Cataluña. En La Publicidad, del 13 de diciembre, informaron: “ayer falleció en esta ciudad la virtuosa señora Da. Margarita Giberga, esposa de nuestro distinguido amigo, D. Josep Zulueta y de Gomis, a quien damos nuestro más sentido pésame, acompañándole de veras en la pena que llora”58. Otra nota en La Publicidad hace referencia a que “era una señora muy distinguida, buena madre, afectuosa esposa, y persona de amables prendas, cuya pérdida sería muy sentida por todos aquellos que tuvieron ocasión de apreciarla en su trato social”.
También el periódico El Pueblo, órgano del Partido Unión Republicana de Tortosa, publicó el día 20 de diciembre de 1902 una nota luctuosa con el siguiente texto: “Ha fallecido en Barcelona la distinguida señora Margarita Giberga, idolatrada esposa de nuestro distinguido amigo y correligionario don José Zulueta y Gomis. Muy sentida ha sido esta muerte en aquella capital donde eran tan conocidas y encomiadas las virtudes de la respetada finada”.
Sin duda, Margarita había devenido una persona estimada en la sociedad catalana. La niña costarricense que llegó a Barcelona a una tierna edad, creció y maduró como parte de una familia progresista, conspicua y afamada, los Giberga Gibert, y casó con un abogado y político de reconocido prestigio. Eso le permitió relacionarse e integrarse en la pujante burguesía de la Ciudad Condal. Pero murió joven y no pudo ver a sus hijos convertirse en adultos. Sus tres hijos quedaron a cargo del padre, que mantuvo una activa carrera profesional y política, y debió contar, para la crianza de los niños, con el apoyo de la entrañable prima Lolita Tintorer, que no solo era vecina de los Zulueta, sino que sus hijos Juan Pablo y María Teresa ya habían superado la edad infantil.
Pocos meses después de la muerte de Margarita, el 28 de mayo de 1903, José Zulueta solicitó la disposición judicial de la herencia de su esposa. El inventario de los bienes incluía acciones por un valor de 5.000 pesetas de la empresa “Ortiz & Cusso”, fabricantes de pianos en Barcelona; y un inmueble: la casa torre con jardín y solar, compuesta de bajos sótano, y un pequeño altillo y terrada. Esta propiedad estaba emplazada en un terreno de 24.000 palmos cuadrados (aproximadamente 906,85 m2), de los cuales lo edificado ocupaba 167,53 m2, situado en San Gervasio de Cassolas (término municipal de Barcelona), colindante con Dolores Tintorer Giberga, Camila Fabra y las calles de Ferran Puig y San Antonio de Padua. Los herederos de la totalidad del legado fueron los tres hijos de Margarita en partes igualmente proporcionales, representados por su padre José Zulueta por ser menores de edad.
José Zulueta: el esposo de Margarita59
José Zulueta Gomis (16 de junio de 1858 – 20 de abril de 1925) era hijo único del médico Federico Zulueta Guasch. Su madre, Josefa de Gomis i de Ros, al igual que la de Margarita, murió cuando él era un recién nacido. Estudió derecho en la Universidad de Barcelona y luego se doctoró en Madrid en 1880, ejerciendo como litigante penal al inicio de su carrera jurídica.
Siendo un joven abogado se vinculó con el Ateneo y la Academia de Derecho de Barcelona, centros de pensamiento y de debate en los cuales con frecuencia impartía lecciones y dictaba conferencias. Era considerado un gran orador; se le reconocía como un académico de renombre, llegando a presidir, durante el curso de 1884-85 la sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo. Esos empeños intelectuales los fue ampliando con el transcurso del tiempo. También estableció, desde sus primeros años profesionales, una “larga y fructífera” colaboración como columnista con el periódico barcelonés La Vanguardia.
Pero también desde su juventud Zulueta prestó gran atención a las cuestiones agrícolas, el desarrollo rural y, sobre todo, a los trabajadores “cuya vida transcurría en el campo”. Ese interés tenía sus raíces en “los veranos que desde la infancia pasó en la Cerdanya60, donde su familia era bien conocida y apreciada”, lo cual lo llevó a manifestar que “esas estancias tempranas en la Cerdanya le aportarían una pasión por las comarcas de montaña y por el mundo agrario que no le abandonarían a lo largo de toda su vida”.
Una tercera dimensión presente en la biografía de José Zulueta es su participación en la política61. No había transcurrido un año desde su matrimonio cuando incursionó como candidato por la Seu d’Urgell en las elecciones legislativas de 1886. Durante la campaña electoral recorrió todas las comarcas y escribió varios artículos en los que denunciaba las condiciones de abandono en que se encontraban sus habitantes. Los resultados de la votación le resultaron adversos. No obstante, en 1891, se postuló de nuevo y experimentó otra derrota a causa del acendrado caciquismo que existía en la región. Pasaron algunos años antes de que lo intentara de nuevo de manera exitosa.
En enero de 1893, Zulueta fue contratado como director (gerente) de la Sociedad Anónima Canal de Urgell, que administraba la principal obra de infraestructura agraria de Cataluña del siglo XIX, y cuya responsabilidad era llevar las aguas del río Segre a las tierras esteparias de la comarca. El presidente de la Sociedad, desde su constitución en 1859, era Fernando Puig Gibert, el tío de Margarita. En este puesto, al que renunció en 1901, pocos días después de la muerte de Puig, Zulueta desarrolló varias iniciativas como los centros de instrucción agraria, la producción de alfalfa y la utilización de las aguas subterráneas.
Durante estos años finiseculares, el joven abogado cuya familia aumentaba, también abordó un proyecto propio, “la compra de una finca en las afueras de la Seu d’Urgell, la conocida hasta ese momento como Torre de l’Areny (hoy Torre del Peu)”. Esta propiedad, en la cual Margarita y sus hijos seguramente disfrutaron los veranos del Pirineo (cercana al balneario de Sanillers), le sirvió a Zulueta como laboratorio experimental en el que hizo ensayos para la introducción de ganado vacuno como respuesta para una región cuyos viñedos estaban siendo arrasados por la filoxera62. Estos aportes, unidos a los que realizó posteriormente para el establecimiento de la cooperativa lechera CADI, le valieron un amplio reconocimiento que se mantiene hasta nuestros días.
A la muerte de Margarita, Zulueta retomó sus inquietudes políticas y pocos meses después resultó electo diputado a Cortes por Villafranca del Penedés63. El apoyo de las vigorosas organizaciones agraristas fue fundamental para el triunfo. Fue también en ese año 1903 cuando realizó un importante viaje a la Argentina y Uruguay, conjuntamente con su amigo de la infancia Francisco Rahola, con el fin de promover el comercio entre España y las repúblicas sudamericanas. Zulueta mantuvo su escaño en el Congreso de manera consecutiva hasta 1923.
Pero la labor legislativa no fue obstáculo para que Zulueta acometiera, de manera simultánea, muchas otras acciones e iniciativas. En verdad, fue capaz de combinar los afanes intelectuales (participación en Juegos Florales64 en distintas ciudades españolas), el interés por las cuestiones agrarias (Cooperativa lechera CADI), los ensayos e innovaciones tecnológicas (el “arado desfondador” Zulueta presentado al rey en 1907), la publicación de libros en los que abordó temas variados65 y la participación en instituciones científicas (presidente del patronato de Mentora Alsina, primer museo de la ciencia en España), entre otras muchas.
José Zulueta murió en Barcelona el 20 de abril de 192566. “El funeral, celebrado el 21 de abril, fue una gran manifestación cívica de dolor y sentimiento por la pérdida de una persona muy querida … A las tres y media de la tarde fue colocado el féretro en el coche mortuorio y se puso en marcha una comitiva fúnebre muy numerosa que fue calificada de verdadera manifestación popular de duelo”67.
Como se ha señalado, Margarita y José procrearon cuatro hijos, la mayor de la cuales murió a los pocos meses. Es por eso que Fernando, nacido el 8 de agosto de 1889, es considerado como el primogénito68. Tenía 13 años cuando quedó huérfano de madre, pero mantuvo con su padre una relación muy cercana y siguió sus pasos en cuanto a sus ideas republicanas y progresistas. Llegó a ser una destacada figura del cooperativismo agrario y político en Cataluña, especialmente en la región de la Seu d’Urgell.
Fernando hizo su carrera de estudios técnicos en la Escuela Industrial de Terrasa. Posteriormente, se casó con Dolores Cristellys Gómez (1917), viviendo la pareja un tiempo en Marruecos, donde nació su único hijo, Fernando Zulueta Cristellys (1920 -1990)69. En 1933, fue candidato, pero no fue sino hasta 1936 que lo eligieron diputado por el partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) a las Cortes Españolas representando a la provincia catalana de Lleida, con la candidatura del Frente de Izquierdas.
Permaneció en Cataluña durante toda la guerra civil española (1936-1939), y posteriormente se vio obligado a exiliarse en Francia, donde se refugió dos años antes de radicarse definitivamente en México (Torreón) en 1942. El régimen franquista le condenó, por medio del Tribunal de Responsabilidades Políticas, a la pérdida de sus bienes (La Gaceta del 15 de marzo de 1940)70. Falleció a los 71 años y ERC publicó una nota en la que dan el pésame a su viuda, su hijo y sus nietos: “hemos perdido otro hombre bueno, inteligente, cordial, de gran calidad humana, por el que sentimos un gran cariño y del que guardaremos siempre un claro, bello, y nostálgico recuerdo”71. Sus descendientes viven en México.
El segundo hijo de Margarita se llamó José María Zulueta Giberga y nació el 2 enero de 1892. Participó en la guerra civil española como soldado del bando republicano. Sirvió en el Instituto de Carabineros, destinándosele a la Jefatura Central de Transportes del Ministerio de Hacienda y Economía (26 noviembre de 1938) 72. Desde niño tuvo una salud delicada y falleció de tuberculosis a los 47 años, antes de concluir la guerra. No contrajo matrimonio ni dejó descendencia.
La hija pequeña de Margarita, María del Carmen Zulueta Giberga, vino al mundo el 8 de mayo de 1898. Desde muy joven, Carmen destacó como pianista, con un talento que era equiparable al de su madre. Además, apoyó a su padre en las diversas actividades de la intensa agenda pública que éste mantenía. En 1926, se casó con Joan Pamies Roselló, y juntos tuvieron un negocio mayorista de alimentos, el cual les permitió mantenerse vinculados a la cooperativa CADI, en cuyo establecimiento había participado su padre en la Seu d’Urgell. Falleció a los 60 años, en Barcelona, el 26 de enero de 1958, dejando tres hijos: Margarita, José y Juan. Sus descendientes viven en Cataluña.
Señalamos el inicio de este texto que el propósito del trabajo era indagar sobre la vida de Margarita, la hija menor de Josefa Elizondo -la Bella de Guanacaste- y del coronel español Manuel Giberga del Bosque (Gibert), “que fue bautizada en Liberia el 24 de mayo de 1858, se fue para España y no se volvió a saber nada de ella”.
A lo largo de estas páginas el lector ha podido enterarse del destino de esta niña, cuidada y amparada durante sus primeros años por las “primas” de su madre: Desideria y Josefa, en un pequeño pueblo de Costa Rica y luego acogidas por su tía Dolores y todo el entramado familiar de los Giberga, en la floreciente ciudad de Barcelona de la segunda mitad del siglo XIX.
También ha podido conocer el ambiente en que vivió durante su infancia y adolescencia, los estudios que realizó y las pruebas que tuvo que efectuar para convertirse en maestra, así como la fraterna relación que estableció con su prima Lolita Tintorer, la cual perduró durante toda la vida e incluso trascendió por medio de sus pequeños hijos al quedar huérfanos.
Aunque no hay información sobre los años de juventud (1878-1885) de Margarita, sí se ha podido construir a grandes rasgos el estimulante entorno social y cultural en el que pudo haberse desenvuelto como miembro de una familia burguesa en una Barcelona que vivía “la edad de oro de la élite catalana”.
En cuanto a la biografía hogareña, se aportan datos sobre su matrimonio en 1885, se documenta la trayectoria de su esposo José Zulueta, destacado intelectual que contribuyó, junto a sus otros parientes paternos, a que Margarita se vinculara con una prominente burguesía catalana; y se brinda una semblanza de sus hijos, cuya descendencia vive en la actualidad en México y en España.
En lo concierte a la muerte de Margarita, se obtuvieron publicaciones de varios periódicos en los que se anuncia su fallecimiento. También fue posible recabar información relativa a su herencia, que quedó en manos de sus tres hijos.
De igual manera, se hace alusión a personas que ocupan páginas de la historia y que estuvieron presentes en la vida de Margarita. En primer término, su madre -la Bella de Guanacaste- y su padre, el coronel Giberga del Bosque; su tío Fernando Puig, conspicuo empresario y político catalán; su primo Eliseo Giberga, que tiene un lugar propio en los anales de Cuba y, desde luego, su esposo José Zulueta, abogado, intelectual y dirigente gremial, y su hijo Fernando que fue diputado y siguió los pasos de su padre como cooperativista y tuvo que emigrar a México después de la guerra civil española.
Aunque este trabajo no puede considerarse como una biografía de Margarita Giberga Elizondo, la hija de la Bella de Guanacaste y del coronel Manuel Giberga del Bosque, creemos que los retazos de su vida que se han podido documentar y a los que se ha hecho referencia contribuirán a llenar un vacío en la microhistoria costarricense y en la memoria de una familia; y ojalá sirva también para incentivar otras iniciativas de este tipo.
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Wheeler, J.H. (1974). Diario de John Hill Wheeler (O. Cuadro Dowing, trans.). Colección Banco de América, Serie Fuentes Históricas, No.1 (Originalmente escrito entre 1854 y 1857).
1 Stephens, John Lloyd. Incidentes de viaje en Centroamérica, Chiapas y Yucatán. Traducción de Benjamín Mazariego. Editorial Cultura, Secretaría de Cultura, Artes y Deportes; Tegucigalpa, Honduras, octubre 2008.
2 Fernández Guardia, Ricardo. Cosas y Gentes de Antaño. La novela trágica del teniente coronel Molina. Editorial Trejos y Hermanos, San José, Costa Rica, 1939, página 209. https://www.sinabi.go.cr/biblioteca%20digital/libros%20completos/fernandez%20guardia%20ricardo/Cosas%20y%20gentes%20de%20antano_Fernandez%20Guardia,%20Ricardo.pdf
3 Solórzano Sanabria, Roberto. “La bella de Guanacaste: Tatarabuela de mi esposa, Jeanneth Evans Lasa”. Revista de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas, No. 50.
4 Ibid. Solórzano.
5 Villasuso, Juan Manuel. “Un militar español que luchó en Centroamérica contra los filibusteros del Destino Manifiesto: coronel Manuel Giberga del Bosque”. Inédito.
6 En 1854, la villa de Guanacaste pasó a llamarse Liberia. Actualmente esta ciudad es la capital de la provincia costarricense de Guanacaste, ubicada al noroeste del país.
7 Ibid. Fernández Guardia.
8 Este militar era hermano de Felipe y Luis Molina Bedoya, que sirvieron como embajadores de Costa Rica en Washington a mediados de 1850.
9 Mayores detalles del episodio en: https://guiascostarica.info/historia/la-bella-de-guanacaste/
10 Desideria Arburola era hija de Dolores Villar, hermana de la madre de Josefa; y Josefa Rivas era hija de Pedro Rivas, el segundo esposo de Dolores. Entre las tres mujeres existía una relación muy cercana, “como de hermanas”.
11 Acta de bautismo del 9 de septiembre de 1855, Archivos de Guanacaste, Archivo Histórico Arquidiocesano de San José. Ver también Ibid, Solórzano.
12 La actual provincia de Guanacaste se llamó Moracia de 1854 a 1860 en honor al presidente Juan Rafael Mora Porras.
13 Sobre los orígenes familiares de Giberga/Bosque, y en especial de la trayectoria de su padre, consultar la excelente publicación en catalán Antoni Giberga i el liberalismo progressista a Barcelona durant la minoría d´edat d´Isabell II de los historiadores de la Universidad de Barcelona Albert Ghanime Rodríguez y David Cao Costoya.
14 A efectos de esta publicación se han castellanizado los nombres en catalán (vg. Antonio/Antoni, Fernando/Ferran, etc). Sin embargo, en las citas se ha respetado el original en catalán.
15 En esos momentos Nicaragua vivía una guerra civil entre las facciones democrática (liberal) y legitimista (conservadora) asentadas en las ciudades de León y Granada, respectivamente. En junio de 1855 este conflicto interno adquirió connotaciones internacionales al desembarcar el filibustero norteamericano William Walker, que se adueñó del poder, y provocó la intervención militar de Costa Rica y posteriormente la de los otros países de la región (Guatemala, El Salvador y Honduras).
16 “En Nicaragua, era común contratar a gentes extranjeras con experiencia militar, durante las guerras civiles tal como lo hizo Chamorro en la reciente guerra civil contratando a un artillero inglés y al coronel español Del Bosque para pelear contra Jerez”. Ver: La Intervención extranjera y la resistencia popular antifilibustera en la Guerra Nacional (1855-1857). Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Diplomado en Historia de Nicaragua, Managua, 2021, página 10. (https://gacetasandinista.com/wp-content/uploads/2024/01/MI-UIII-TIII-La-Intervencion-extranjera-y-la-resistencia-popular-antifilibustera-en-la-Guerra-Nacional-1855-1857.pdf)
17 Como episodio ilustrativo puede citarse la reunión de Mayorga con el Ministro de los Estados Unidos ante el Gobierno de Nicaragua, John H. Wheeler, en la cual Giberga sirvió de traductor. Ver Diario de John Hill Wheeler. Colección Cultural Banco de América, Serie Fuentes Históricas No.1, Nicaragua, 1974, página 76. (https://guerranacional.enriquebolanos.org/index.php/biblioteca/item/680-diario-de-john-hill-wheeler)
18 Esta primera batalla de Rivas ha sido ampliamente reseñada en la historiografía nicaragüense, no solo porque representó el primer triunfo sobre las tropas de Walker sino también porque el militar español empleó como táctica de combate el incendiar el edificio donde se concentraba el enemigo, hecho que fue ejecutado por Enmanuel Mongalvo, héroe nacional de Nicaragua. Ver artículo de Iris Varela, Diario Barricada. (https://diariobarricada.com/2019/06/29/gesta-heroica-enamnuel-mongalo/).
19 El Destino Manifiesto fue la doctrina que promovió la expansión territorial de los Estados Unidos, propuso la regeneración, reputada como una herencia puritana, que sirvió a los Estados Unidos de pretexto para justificar su expansión territorial sobre América Latina. Esta idea adquirió luego caracteres agresivos: misión regeneradora, libertaria, democrática y republicana no solo sobre el continente, sino que abarcaba todo el mundo. Según esos planes, que pretendían mejorar a los pueblos hispanoamericanos, los Estados Unidos debían ser vistos y considerados como la luz y guía del camino de todos los habitantes mestizos del continente, ya que, se diputaban a sí mismos como los baluartes de la libertad y el progreso. Marín Guzmán, Roberto. “La doctrina Monroe, el Destino Manifiesto, y la expansión de los Estados Unidos sobre América Latina: el caso de México”. Ver (https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6144217).
20 Spencer fue enviado a Costa Rica por el empresario estadounidense Cornelius Vanderbilt, concesionario de la “Ruta del Tránsito”, para apoyar al ejército costarricense en la recuperación de esa vía fluvial que comunicaba el Atlántico con el Pacífico y estaba en manos de los filibusteros.
21 En el libro La hacienda ganadera en Guanacaste de Wilder Gerardo Sequeira Ruiz, publicado por la EUNED, Costa Rica, en 1985, Manuel Giberga Bosque es mencionado como propietario y comprador/vendedor de tierras en Guanacaste.
22 En una esquela publicada en el Diario de Barcelona del 9 de diciembre de ese año se lee lo siguiente:
“D. MANUEL GIBERGA Y GIBERT / FALLECIO EL 18 DE NOVIEMBRE (EPD) / Su afligida hija señorita Margarita Giberga y Elizondo, hermanos, hermanas, hermanas políticas, sobrinos, primos y demás parientes, al participar a sus amigos y conocidos tan sensible pérdida, les ruegan se sirvan asistir a algunas de las misas que en sufragio de su alma se celebrarán el sábado 11 del corriente, de nueve a doce de la mañana, en el Real Monasterio de Religiosas de Santa Clara. / El duelo se da por despedido / No se invita particularmente”. La información sobre el lugar del fallecimiento se obtuvo con base en documentos que conservan los descendientes de su nieto Fernando Zulueta Giberga residentes en México y que nos fueron proporcionados por el historiador Carles Gascón.
23 También pudieron estar presentes en el bautizo la tía materna de la Bella de Guanacaste, Dolores Villar Marín (madre de Desideria Arburola) y su marido Pedro Rivas (con su hija Josefa), así como el tío Pablo Villar Marín. Estas personas conforman el principal núcleo familiar en el que se desenvolvieron Manuel Giberga y su hija Margarita en Costa Rica durante los años posteriores a la muerte de Josefa Elizondo Villar.
24 Cuando el tío materno de Josefa, Pablo Villar, notificó el fallecimiento de la Bella de Guanacaste, solicitó a las autoridades que designaran a Procopio, hermano de la difunta, como tutor de las cuatro hijas de Josefa: Amelia, Virginia y Enriqueta Urtecho Elizondo, y Margarita Giberga Elizondo. En el caso de Margarita esa tutoría era temporal debido a que su padre Manuel Giberga estaba fuera del país y “no se le esperaba hasta marzo” (CR-AN-AH-MORINTGE-000281). Al regresar, Giberga asumió la tutoría y representación legal de su hija.
25 De acuerdo con Elizabeth Saxe, tataranieta de la bella de Guanacaste, el relato familiar sostiene que la muerte de Procopio se produjo cuando éste llevaba a su sobrina Virginia, que se encontraba enferma, para ser atendida por un médico. Al atravesar un río caudaloso ambos perecieron ahogados.
26 Gómez era primo del padre de Josefa Elizondo, y se casó con la mayor de los Elizondo, Mercedes, en 1849. Era el dueño de la Hacienda Santa Rosa, cuando se dio la batalla del 20 de marzo de 1856, entre el ejército de Costa Rica y los filibusteros. Nunca tuvo una buena relación con las dos hijas de Josefa que estuvieron bajo su custodia, ellas presentaron sendos reclamos sobre los manejos que hizo de sus herencias.
27 A modo de hipótesis se puede plantear que Desideria, que era viuda y sin hijos, fue a vivir a la casa de su prima Josefa al morir el primer marido de esta, Bernardino Urtecho. Ambas primas se apoyaron en el cuidado de las hijas de la Bella de Guanacaste. Al casarse nuevamente Josefa con Manuel Giberga y en razón de las frecuentes ausencias del marido debido a sus obligaciones y viajes como gobernador y hombre de negocios Desideria continuó viviendo en esa casa. Esto pudo facilitar el cuidado de Margarita.
28 Solano, Edgar. “Historia de la ermita de Nuestro Señor de la Agonía, Liberia, Guanacaste”. Diálogos, Revista Electrónica de Historia, Vol. 12, N°2, setiembre 2011 - febrero 2012, Costa Rica, páginas 1-25.
29 Un ejemplo de esos retrasos deliberados se presentó el 8 de enero de 1861 cuando Giberga se vio obligado a solicitar un defensor para Mercedes para que avanzara el juicio de Procopio, ya que ésta no se había presentado a las audiencias de septiembre y diciembre de 1860, lo que perjudicaba a las partes interesadas. El 28 de enero de 1861, el juez rechazó la solicitud, pero obligó a Ramón Gómez y a Mercedes Elizondo a designar un abogado que los representara. Archivo Nacional de Costa Rica, Expediente CR-AN-AH-CSJ-JYA-EXPEDJUDP-004771.
30 Escrituras de partición de bienes de Procopio Elizondo Villar y Josefa Elizondo Villar, Archivo Nacional de Costa Rica, Expedientes CR-AN-AH- LYCH-000843-002-001 y 009
31 En la venta de las fincas realizada a Barroeta dos días después de recibir la autorización del juez, el 13 de marzo de 1861, Manuel Giberga obtuvo para su hija dinero en efectivo por un monto de 4,133.20 pesos. Ver Archivo Nacional de Costa Rica, Expediente CR-AN-AH-LYCH-000851-003-004.
32 Tanto Amelia como Enriqueta Urtecho Elizondo, años después, reclamaron judicialmente a Ramón Gómez por la forma en que éste había administrado el patrimonio heredado.
33 Archivo Nacional de Costa Rica. “Manuel G. del Bosque, Antonio Carrillo y Manuel Benito piden y se les concede permiso para siembra de tabaco en Liberia”. Expediente CR-AN-AH-MG-006156 Folio 2, 1858.
34 Archivo Nacional de Costa Rica. “Expediente relativo a las solicitudes de Manuel Giberga del Bosque y Ciriaco González para que les conceda privilegio para establecer en el país una fábrica de velas de esterina y de jabones”. Expediente CR-AN-AH-AL-005826, 1861.
35 Esta hacienda perteneció al general José María Cañas y su hermano Manuel y era administrada por Eduardo Beeche, empresario cercano al General Cañas y su familia, casado con una sobrina del presidente Mora. La información sobre este caso se localiza en el Archivo Nacional de Costa Rica, Expediente CR-AN-AH-CSJ-EXPJU-003332.
36 Ibid, Villasuso.
37 El presidente Mora fue fusilado el 30 de septiembre de 1860 y el general Cañas el 2 de octubre de 1860, al fracasar el intento por recobrar el gobierno del que habían sido despojados en un golpe de Estado el año anterior (14 de agosto de 1859).
38 Ver Archivo Nacional de Costa Rica, Expedientes CR-AN-AH-LYCH-000853-001-003 y CR-AN-AH-LYCH-000853-001-004.
39 Teatro Romea. https://www.teatreromeapropietat.cat/es/historia/historia-romea
40 Efemérides de Barcelona (https://fliphtml5.com/gtfxr/cpna/Barcelona_Efem%C3%A9rides_1800_-_1899/)
41 Antonio y Amelia tuvieron tres hijos más mientras vivieron en Barcelona: Ovidio (1863), Amelia (1864) y Margarita (1868). La prole Giberga-Gali regresó definitivamente a Cuba en marzo de 1872, donde nació su último hijo Eduardo (1873). Antonio Giberga falleció en La Habana en 1893. La saga Giberga-Galí ocupa un lugar destacado en los anales históricos cubanos. Eliseo fue uno de los más ilustres exponentes del autonomismo cubano y resultó electo diputado a las Cortes españolas en dos ocasiones (1887-1890 y 1893-1895). Luego de la independencia de la Isla (1902) fue Constituyente y fundador del Colegio de Abogados de La Habana. También representó a su país en varios eventos internacionales y era reconocido como un extraordinario orador. Falleció en 1916. Dos de sus hermanos, Benjamín y Octavio, lucharon en el “ejército mambí” y luego sobresalieron en el Foro y la Diplomacia. Un tercer hermano, Samuel, fue nombrado cónsul de Costa Rica en La Habana en 1890, cargo que mantuvo durante algunos años después de alcanzada la independencia. Las circunstancias de ese nombramiento se desconocen, aunque el nexo de la familia Giberga con Antonio Zambrana podría sugerir alguna explicación.
42 “Fernando Puig, tras enriquecerse a través de actividades textiles invirtió en propiedades agrícolas, inmuebles y empresas de construcción.” Ver Sanjuan Marroquín, José M. Las élites económicas barcelonesas 1714-1919. Tesis de doctorado presentada en la Universidad de Barcelona, página 243. (https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/586191/JMSM_TESIS.pdf?sequence=1&isAllowed=y).
43 El tema de los estudios de los hijos era una constante en las cartas que el abuelo de Margarita, Antonio Giberga Bosch, le enviaba a su mujer desde el exilio en Cuba a finales de los años 1830. Dos ejemplos: Carta desde Roquetas. Playa de Almería, a bordo del bergantín Guadalete, 29 de octubre de 1837. “Adorada esposa: tu suerte y la de mis amados hijos es lo único que ocupa mi imaginación, por lo tanto, lo único que te encargo es que procures cuidarte y conservarte, educando a nuestros caros hijos del mejor modo posible… Otra larga carta desde Nueva Gerona en la isla de Pinos, 16 de abril de 1838. “Por Dios dime algo de mis hijos cuando me escribas, de los adelantos que cada uno haga, si Eliseo está en casa de Fernando, y si cumple con su deber, y los demás si se aplican mucho para poder algún día ser útiles a su patria…” Como nota aclaratoria, cabe señalar que el Eliseo que se menciona es el hermano de Manuel Giberga Gibert, que falleció pequeño, y en su recuerdo Antonio Giberga Gibert nombró a su hijo mayor.
44 El tío Antonio estudió medicina; el otro tío Eduardo se graduó de ingeniero; y entre los primos: José Tintorer fue un prestigioso ingeniero que inscribió varias patentes; y los nacidos en Cuba se licenciaron en derecho, filosofía, ingeniería hidráulica e ingeniería eléctrica. El hijo de Leocadia, Fernando Heras Giberga, fue un reconocido abogado.
45 Fernández de Alarcón, Belén. “La mujer de élite del siglo XIX como transmisora de la cultura”, Universidad de Zulia, Opción, vol. 31, núm. 6, 2015, pp. 245-260. (https://www.redalyc.org/pdf/310/31045571016.pdf)
46 Deseamos agradecer al catedrático de Instituto y profesor asociado de la Universidad de Barcelona Albert Ghanime Rodríguez quién amablemente nos ha brindado su colaboración y nos ha proporcionado copia de los documentos que sirven de base para estos párrafos relacionados con el expediente y certificación de Margarita como maestra.
47 La certificación de bautizo de Margarita fue apostillada tres veces, primero el 14 de setiembre por José Guzmán, secretario de la Vicaría Apostólica de San José por mandato de Monseñor Bruschetti, más tarde el 6 de octubre de 1877 por Rafael Machado, Secretario de Estado en el Despacho de Negocios Eclesiásticos y Relaciones Exteriores del gobierno de Costa Rica, y finalmente por el señor Ortuño, Cónsul de España en Costa Rica ese mismo día.
48 Ibid. Fernández de Alarcón. Este tipo de educación se basaba principalmente en proporcionar conocimientos de “gobernación de una casa”, lo cual implicaba no solo la organización de las tareas domésticas, sino también las habilidades para servir como anfitriona en las tertulias y amenizar las reuniones privadas.
49 Ibid, Sanjuan Marroquín, Capítulo 6, página 273.
50 Permanyer, Lluis. El esplendor de la Barcelona burguesa, Angle Editorial, Barcelona, 2008.
51 El Modernismo catalán, como corriente cultural puede considerarse una derivación del Art Nouveau. Se manifestó principalmente en la arquitectura inspirada en las “formas curvas” de la naturaleza y el interés por el detalle artesanal. Proponía la integración de las distintas artes asociadas como la escultura, pintura, cerámica, mosaicos, vidrio y hierro forjado. Tuvo figuras destacadas como Gaudí, Domenech y Sagnier. (https://www-barcelona--life-com.translate.goog/barcelona/modernisme?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc)
52 La Renaixença fue un movimiento de naturaleza lingüística, literaria y política cuyo objetivo era la recuperación y revitalización de la lengua y la cultura catalana. El restablecimiento de los Juegos Florales fue clave para que surgieran escritores y poetas como Guimerá, Maragall y Balaguer. El estilo de la Renaixença se asemeja al romanticismo europeo con predominio de los sentimientos, la exaltación patriótica y los temas históricos. Ver Miracale, Josep, La Restauració dels Jocs Florales, Barcelona, Aymà, 1960.
53 Los estudios de la vida privada en el siglo XIX destacan la separación entre el universo de la vida burguesa y el mundo cotidiano del proletariado, y también el absoluto desconocimiento mutuo en lo que respecta a las diversas actividades que desarrollaban. Ver Rodríguez Pedret, Carmen. Fragments de vida quotidiana a la Barcelona de mitjans del segle XIX. A: L’arquitectura de l’habitatge al segle XIX a Barcelona. L’arquitectura de l’habitatge a Barcelona. Barcelona, Museu d’Història de la Ciutat, Ajuntament de Barcelona, 2008, p. 39-59. (https://upcommons.upc.edu/bitstream/handle/2117/16743/ponencia3.pdf?sequence=1&isAllowed=y)
54 Cruz, Jesús. “La definición de los modelos de conducta burguesa en la España del siglo XIX”. Actas XVI Congreso AIH (https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/16/aih_16_2_333.pdf). El concepto de “sociedad de buen tono” ha sido utilizado en sus obras por autores como Dostoyevski, Gómez de Avellaneda y Galdós, entre otros.
55 Gascón Chopo, Carles (en prensa), Josep Zulueta i Gomis (1858-1925). L’home que va canviar el Pirineu, La Seu d’Urgell, Edicions Salòria, 2025.
56 Cruz, Jesús. “La definición de los modelos de conducta burguesa en la España del siglo XIX”. XVI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. París, del 9 al 13 de julio de 2007. (https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/16/aih_16_2_333.pdf)
57 La Veu de Catalunya, Any XII, num. 1407, página 1 (Traducción del catalán).
58 La Publicidad: Eco de la industria y el comercio, 13 diciembre de 1902, Edición Mañana, página 3.
59 Este apartado sobre José Zulueta Gomis se basa en los varios trabajos elaborados por el historiador y amigo Carles Gascón Chopo. En especial agradecemos su disposición para facilitarnos el libro inédito que ha preparado sobre Zulueta y el cual se presentara en La Seu D’Urgell con ocasión del centenario de su muerte (2025).
60 Territorio catalán ubicado en los Pirineos españoles. Actualmente se le denomina “Baja Cerdanya”. La “Alta Cerdanya” pertenece a Francia.
61 Zulueta fue un firme partidario de las ideas republicanas moderadas y militante del partido de Emilio Castelar, a quien conoció en 1886 el día de Navidad en la casa de Fernando Puig.
62 Es un insecto parásito de la vid que aniquila los viñedos.
63 Municipio de la provincia de Barcelona, Cataluña, situado a 54 kms. de la ciudad de Barcelona.
64 Certámenes literarios, se premiaban la creación poética y otras artes. Un ejemplo de esa profusa y valiosa ocupación intelectual de Zulueta se evidenció en los Juegos Florales de Almería en 1904, donde su discurso presidencial sirvió de base para la posterior publicación del libro Poesía de la Agricultura. (https://app.dipalme.org/pandora/viewer.vm?id=0000307769&page=1&search=zulueta&lang=es&view=prensa)
65 Uno de sus libros es Poesía de la Agricultura, que como anotación curiosa puede señalarse que la compra de este libro para las bibliotecas españolas fue autorizada por el rey Alfonso XIII y la reseña se publicó en la Gaceta de Madrid: “toda la valiosa competencia que de estas cuestiones posee el Sr. Zulueta se encierra en este volumen que, además, tiene el mérito de dar una verdadera lección envuelta en las galas de un estilo cálido, sencillo y fácil”. (https://www.boe.es/gazeta/dias/1921/03/11/pdfs/GMD-1921-70.pdf)
66 José Zulueta, después del fallecimiento de Margarita, no volvió a contraer matrimonio. Fue su hija Carmen quien le acompañó a las actividades en sus últimos años de vida.
67 Ibid, Gascón Chopo, Carles. Libro (en prensa).
68 Resulta interesante destacar que Fernando fue bautizado con los nombres de Fernando Joaquín Federico Manuel. El primer apelativo en alusión al tío abuelo Fernando Puig, el segundo y el tercero en referencia a un pariente cercano paterno y al padre de José, y Manuel por el padre de Margarita.
69 De acuerdo con Famillysearch, Fernando Zulueta Cristellys, el nieto de Margarita, casó con la mejicana Paulina López Negrete (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:QV5S-MSNR?lang=en)
70 (https://www.boe.es/gazeta/dias/1940/03/15/pdfs/BOE-U-1940-75.pdf)
71 (https://pandora.irla.cat/pandora/pdf.raw?query=id:0000051702&page=8&lang=ca&view=memoriaesquerra)
72 Boletín Oficial del Instituto de Carabineros, Año 1938, Número 90, página 1224.
Recibido: 31 de julio de 2025
Aceptado: 20 de agosto, 2025
Equipo Editorial
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