R E P E R T O R I O |
| A M E R I C A N O |
Segunda nueva época N.° 35, Enero-Diciembre, 2025 | ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143 | |
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Pablo Delgado Herrera |
Seguramente de tantas horas de mirar al techo esperando algún milagro,
o por lo menos quedarme dormido,
me he prohibido llorar por ti.
Habrán sido talvez los tantos intentos de desdibujar las fronteras,
que los lienzos dejaron de ser blancos,
y mi guitarra hace rato que ya no suena…
Me siento como gato callejero;
lleno de sueños, experiencias, libros por acabar…
Si esto es pecado -exclamé a las Estrellas-,
“si es pecado soñar o tararear melancolías al aire”,
dije entonces:
-“Díganle a Estrella que la amo”,
“si es pecado, díganselo en tiempo pasado…”
Pablo Delgado Herrera
Las noches empezaron a durar más de lo que él podía asimilar -lo sé, porque era un fino cristal lo que nos separaba-. Aquella fina capa de vidrio evitaba sutilmente que me abalanzara contra él y que, por acto directo, no cortara su cuello o, bueno, en el mejor de los casos, al menos, darle un escarmiento a su reprochable y patético comportamiento. Es preciso aclarar que, aunque él no supiera que yo estaba ahí… yo sí podía verle a él y casi tocar sus manos, pues solía reposarlas sobre el cristal de vez en cuando -la mayor parte de las veces, cuando estaba ebrio-, cosa que se volvió más frecuente desde aquel pésimo diciembre…
Dicen por ahí que “no hay mal que el tiempo no cure” … ¿o era “no hay mal que cien años dure”? En fin, mucho no importa, porque, a la luz de mil lunas, nada ha cambiado. Estoy viéndole la espalda mientras finge trabajar en el computador… acompañado, evidentemente, del alcohol más barato que pudo servirse. Creo que ha fracasado una vez más en escribir lo que quería -ya habrá algo que lo distraiga; siempre lo hay o, bueno, siempre hay alguien-.
- “Te perdono”- susurró mirándome…
- “Te perdono”- volvió a susurrar…
- “Te perdono”- dijo ahora con voz un poco más fuerte…
- “Te hubiera buscado si hubiera tenido la oportunidad”- dijo con cierto pesar… o, bueno, puede que haya sido la ebriedad. Entonces entendí que, una vez más, la disculpa no era para mí, sino para ella.
Me cuesta mucho entender por qué me sigue sorprendiendo, aun después de haberlo visto haciendo lo mismo a la luz de las mil lunas… Creo que, a ciertos rasgos, puedo comprenderlo: cuando perdió su motivación, se sintió tonto y humillado por sus propias expectativas… pero aun así, le odio bastante. Tengo la tonta superstición de que él sí me puede ver. Debo ser claro: lo vi compartir amor sin compromiso con un par de chicas en ocasiones diferentes. Cuando todo terminaba y se retiraban, regresaba a ordenar un poco -previo a intentar dormir-. A veces se perdía en su mente o leía algo y, cuando conciliaba algo de sueño, tenía la osadía de dar una última estocada. Reflexionando sobre lo antes ocurrido, pensaba:
- “Desearía que hubiera sido ella.”
- Quebrando en llanto, yo decía: “No lo hagas más difícil.”
Ser un espejo nunca fue fácil, aun después de haberme visto bajo la luz de mil lunas.
Equipo Editorial
Universidad Nacional, Costa Rica. Campus Omar Dengo
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