R E P E R T O R I O


creative_common

A M E R I C A N O


Segunda nueva época N.° 35, Enero-Diciembre, 2025

ISSN: 0252-8479 / EISSN: 2215-6143



portada

La conjetura de Anita de Miguel Baraona (EUNA, 2024)

Cristopher Montero Corrales


Se trata de un libro de cuentos publicado en 2024 por la Editorial Universidad Nacional (EUNA, Heredia, Costa Rica): cuentos asentados en las relaciones centroamericanas y suramericanas con Estados Unidos y México. Esta relación se constituye por medio de diversos trabajos de los personajes, de migraciones, de viajes, de obreros, de esperanzas y de un crisol, no solo de identidades, también de tradiciones. Estos personajes nos dan cuenta del proletariado centroamericano y suramericano relacionado con el norte.

La conjetura de Anita da cuenta de una diversidad laboral que comprende estudiar, hacer posgrados, trabajo en universidades, trabajos en construcción y venta de telares. Son mayoritariamente trabajos proletarios y cuando aparece un dueño de empresa o un personaje secundario que se muda a la capital financiera de Texas para tomar un elevado puesto corporativo, como sucede en Ni la mínima pista (p.6.), lo que permite es ver la diferencia, hacer conscientes las diferencias laborales. En las historias narradas en este libro, mayoritariamente, se trabaja para ganarse la vida, para poder sobrevivir. El trabajo aquí es parte de las dinámicas generacionales y culturales de cada zona geográfica que aparece en el cuentario y que guardan relaciones perimetrales con la globalidad. Veamos algunos ejemplos. Primeramente, nos da cuenta de las dinámicas del campo universitario y la búsqueda incesante de productores de palmarés:

Trabajo como académica, de una universidad estadounidense y de Costa Rica: En mi ámbito laboral solo éramos individuos afanados en “triunfar”, y cuyas vidas íntimas a nadie concernían ni interesaban. Ni la más mínima pista. (p.6)

El personaje constituye una representación deshumanizada de las universidades de Estados Unidos de América y de Costa Rica, donde no importan los vínculos, solo la búsqueda incesante del reconocimiento académico. Esto contrasta con la representación que hace de los trabajos en los astilleros, justamente lo que a pesar de los riesgos permite la unidad del obrero en Los Ángeles:

Era, a mediados de los cuarenta, una megaciudad que se extendía a lo largo de grandes carreteras y ejes viales que tenían muchos kilómetros dentro de la misma mancha urbana. Era también un centro político, cultural y económico de mucho dinamismo. En un barrio emergente con clase obrera blanca, latina y negra, nos instalamos y yo comencé a trabajar un mes después de nuestra llegada: era cierto que había una intensa demanda de mano de obra en el área. El trabajo en los astilleros era algo peligroso, aunque la variedad de personajes que conocí allí, y el espíritu de unidad entre los trabajadores, compensaba con creces los riesgos, y, además, la paga era bastante buena para la época e incluía varios beneficios obtenidos por el sindicato. (Estado de Gracia, p. 62).

Y en este recurso de contrastes y de diversidad cultural que constituye el libro, nos encontramos las esperanzas de un trabajador salvadoreño por comprar una vaca:

Si vendía la docena de mantas hechas a mano en el viejo telar de su esposa, regresaría contento y con suficiente dinero para comprar esa vaquilla primorosa de su vecino. (En un día de mercado, p.91)

La obra genera contrastes no solo por la diferencia que puede existir entre un vendedor de telares salvadoreño, un empresario en Texas y una académica estadounidense, sino que sus desenlaces son distintos. Al empresario y a la académica se les permite no solo cumplir sus sueños sino alguna elaboración de sus límites; al vendedor de telares no se le permite proyecto alguno debido a la inseguridad y violencia en Centroamérica. No son solo las diferencias laborales, también las condiciones de realizar un proyecto.

Estéticamente, este libro lo constituye una diversidad de formas, de diálogos, de cambios de narrador y de tiempo literario, distintas tipografías para dar cuenta de cambios temporales o narrativos en los relatos. No solo hay un esfuerzo por contar historias, sino un esfuerzo estético en las técnicas de escritura y en el oficio de escribir que aporta mucho en una representación del escritor hábil y conocedor de su oficio.

Una decisión estética de los finales hace parecer que la vida continúa, donde esas vidas que trabajan continúan, ya que no se agotan en el relato porque no hay finales intensos, solo la representación del mundo laboral que persiste. El tipo de finales está acorde con el día a día de las relaciones humanas en el marco de las dinámicas centro-periferia en medio de problemáticas, no tan individuales por ser totalmente comunes y colectivas en América Latina.

Encontramos también la pregunta sobre cómo contar y sus posibilidades; nos refiere a la poética metaliteraria: la pregunta sobre la imposibilidad consciente o no de hacer un relato cabal: “¿Por dónde puedo comenzar este relato? No solo hay confusión con algunos de mis recuerdos sino que hay ciertos eventos que quisiera olvidar” (p.5).

Pero a su vez hay una preocupación que, a pesar de estas imposibilidades, hace que se relate de la forma más fidedigna, emergiendo así la posibilidad de desahogo por medio de la narración y la protección del pudor que puede dar la escritura, ese esconderse en los personajes ya que se sabe que la lectura literaria no aporta evidencia empírica del autor.

Existe también la poética de la conjetura, ese perderse del relato, contando una historia perimetral, lejana al relato principal pero que nos permite conocer al personaje del cuento, como sucede con Memorias del silencio y la ceguera:

Desde entonces me fascinaban los insectos, arácnidos, artrópodos y de cuanto hay en el mundo de las pequeñas criaturas con las que convivimos sin prestarles en general mucha atención. Y no es de extrañar que hoy sea un entomólogo. Bueno, regresando a mi relato… (p.39)

Veamos otro ejemplo de esa poética de la conjetura, tan presente en el libro:

Eso es solo una conjetura, y la verdad es que hoy no estoy seguro de nada en lo que respecta a ese incidente y sus secuelas sobre mi conciencia y mi psiquis. (p.39)

“Esa última es otra historia” (En: Estado de Gracia, p.62) nos dice un personaje al apartarse de su historia militar por volver a su historia principal donde el trabajo -ser obrero- es el estado de gracia que permite la humanidad. También es la conjetura, retóricamente, lo que le permite divagar y así incluir definiciones poéticas al respecto de Anita: que es “en una esfera de hermosa perfección” (p.43).

Por supuesto que uno de los constitutivos étnicos de este libro es el mestizaje: distancia del origen, idiosincrasia y tradiciones:

Había vivido allí hasta los cinco años, y luego partí con mi madre a Nueva York cuando mis padres se separaron por razones que nunca han estado del todo claras para mí. Mi madre, Rita Zetkin, de Nueva York, había encontrado un gran amor en Nicoya, Costa Rica, y de esa pasión había nacido yo: Gala Bejarano Zetkin. (p.7)

No solo se da cuenta de las relaciones con Estados Unidos de esta forma, sino que la constante aparición de textos en inglés nos permite dimensionar estos vínculos en el lenguaje del trabajo y en el esfuerzo de traducción constante que tenemos que hacer como latinoamericanos: “I think you are in boy… The job is yours if you want it, just wait for a call in the next few days.” (Estado de Gracia, p.66)

Pero, a su vez, no es una mirada idílica ni única de la relación centro-periferia, ya que existe la desmitificación de los centros, evidenciando así también que dentro de los países hegemónicos existen zonas aisladas. No todo es vitalidad de progreso y miel de oportunidades, por llamarlo de alguna manera, que nos permite invertir el sesgo generalizador del vínculo con la periferia:

Iowa City era una ciudad pequeña y bucólica, y pronto decidí que no era el tipo de lugar donde pudiera quedarme por cuatro largos años. A pesar de la indudable gentileza de sus habitantes, era un ambiente rural y en extremo provinciano, sin la exuberante riqueza cultural popular que uno encuentra en similares entornos en América Latina, en especial en Colombia y México, dos países en los cuales me había sumergido un poco en ciertos ámbitos campesinos que me habían resultado fascinantes. (Estado de Gracia, p.60)

¿Por qué recomiendo la lectura del libro de cuentos La conjetura de Anita? Debido a la diversidad de formas literarias y una estructura bien lograda, hace aportes ya que por medio de estas formas literarias nos da cuenta de dinámicas en Centroamérica de zonas rurales y donde la vida continúa lejana a los finales sorpresivos. Por esta relevancia de las relaciones de América Latina con el norte, entiéndase Estados Unidos y México, y sus aportes enraizados en la cultura del trabajo y vida común en Centroamérica, es la vida que vemos todos los días.

Por lo tanto, existen diversos personajes o pasajes realmente poéticos, muy buenos. Y las travesías que como latinoamericanos hacemos, ya sea por las guerras de carácter mundial o las guerras cotidianas de la violencia, la criminalidad y el horror de la desigualdad que cercena todo proyecto.


Logo UnaLogo EunaLogo Una

Equipo Editorial
Universidad Nacional, Costa Rica. Campus Omar Dengo
Apartado postal 86-3000. Heredia, Costa Rica