Resumen: prolegómenos
Me propongo seguir la idea del sujeto político, pensándolo como una pluralidad de sujetos que, aunque diversos y posicionados de distinta manera en el orden social, construyen un objetivo común: la base de su "sujetidad". Retomo el concepto de sujetidad del filósofo ecuatoriano-mexicano Bolívar Echeverría (2001), el cual lo concibe vinculado a la politicidad como condición del sujeto social, quien, sin embargo, para desplegarse como "sujeto político" debe reunir ciertas características, tanto de conciencia como de práctica, es decir, la sujetidad del sujeto social tiene que ver con su praxis. Pienso que esta última se conforma en la lucha y, en ese sentido, las luchas pueden ser diversas, pero tienen un objetivo común, como nos lo recuerda Angela Davis. Me acercaré a la cuestión del sujeto político no en abstracto, sino planteando un diagnóstico del presente. Considero ineludible la contextualización del tiempo y espacio del sujeto, porque de ahí abreva su diversidad, simultánea a su comunalidad. Después del diagnóstico que nos sitúa en lo actual, pasaremos a reconocer una serie de conceptos que el pensamiento crítico feminista ha elaborado para dar cuenta de la diversidad de su sujetidad. Con ello, pretendo redefinir lo que entendemos por feminismo, liberarlo del corsé del género y ubicarlo como una crítica cultural contrasistémica (Millán, 2018).
Palabras clave: sujeto político; feminismos; mujeres que luchan; movimientos antisistémicos.
Abstract: Prolegomena
I propose to pursue the idea of the political subject, conceiving it as a plurality of subjects who, although diverse and positioned differently within the social order, construct a common goal, which is the basis of their "subjecthood". I return to the concept of subjecthood of the Ecuadorian-Mexican philosopher Bolívar Echeverría (2001), who conceives it linked to politicality as a condition of the social subject who, however, to unfold as a "political subject", must meet certain characteristics, both of consciousness and practice. That is, the subjecthood of the social subject is related to its praxis. I think that this praxis is shaped by struggle and, in that sense, struggles may be diverse but have a common goal, as Angela Davis reminds us. I will approach the question of the political subject not in the abstract, but by proposing a diagnosis of the present. I consider it essential to contextualize the time and space of the subject because it is from this that its diversity and its communality derive. After the diagnosis that situates us in the present, we will move on to explore a series of concepts that feminist critical thought has developed to address the diversity of its subjectivity. With this, I aim to redefine what we understand by feminism, free it from the constraints of gender, and position it as a cultural critique.
Keywords: political subject; feminisms; women who fight; anti-systemic movements.
Resumo: prolegômenos
Propongo seguir a ideia de sujeito político, pensando-o como uma pluralidade de sujeitos que, embora diversos e posicionados de maneira distinta na ordem social, constroem um objetivo comum: a base de sua "sujetividade". Retomo o conceito de sujetividade do filósofo equatoriano-mexicano Bolívar Echeverría (2001), que o concebe vinculado à politicidade como condição do sujeito social que, todavia, para se desdobrar como "sujeito político", deve reunir certas características, tanto de consciência quanto de prática, ou seja, a sujetividade do sujeito social está relacionada à sua práxis. Entendo que esta última se constitui na luta e, nesse sentido, as lutas podem ser diversas, porém possuem um objetivo comum, como nos lembra Angela Davis. Aproximo-me da questão do sujeito político não no abstrato, mas elaborando um diagnóstico do presente. Considero imprescindível a contextualização do tempo e do espaço do sujeito, pois é daí que se origina sua diversidade, simultaneamente à sua comunhão. Após o diagnóstico que nos situa no atual, passaremos a reconhecer uma série de conceitos que o pensamento crítico feminista desenvolveu para dar conta da diversidade de sua sujetividade. Com isso, pretendo redefinir o que entendemos por feminismo, libertá-lo das amarras do gênero e situá-lo como uma crítica cultural contrassistêmica (Millán, 2018).
Palavras-chave: sujeito político; feminismos; mulheres que lutam; movimentos antissistêmicos.
Feminismos frente al abismo. Diagnóstico del tiempo presente
Vivimos, desde hace décadas, una crisis que se profundiza y se ha caracterizado como civilizatoria (Echeverría, 2006; Ornelas, 2013). Se trata de una crisis integral, es decir, en todos los niveles y dimensiones del sistema social: económica, política, moral, ecológica; una que se ha instalado y no parece ofrecer soluciones de superación, sino, al contrario, ha mostrado una degradación cada vez mayor. Escribo esto tras más de un año de un genocidio y un proceso de limpieza étnica contra el pueblo palestino, televisado y mostrado en vivo por las redes sociales. Desde mi punto de vista, lo que sucede en Palestina, y no solo en Gaza, muestra la cara de la nueva "soberanía" global, es decir, una mutación de la modernidad capitalista hacia un régimen que combina el terror, la crueldad y el cinismo. La modernidad está destruyendo los pilares que fundan su horizonte ético-político. Todos los derechos son hoy recusables. La guerra contra los pueblos, los migrantes, las mujeres, los trabajadores, la población en general es el escenario que habitamos, caracterizado como necropolítica (Mbembe, 2011), el capitalismo gore (Valencia, 2016). Varios trabajos más dan cuenta de esta mutación del capitalismo (Fraser, 2023), la cual no es más que su funcionamiento al desnudo, sin democracia formal, orden internacional ni derechos humanos. De forma directa y llana, la oligarquía global en el poder.
El "Estado sin entrañas" (Rivera Garza, 2011) en lo local, uno que no puede hacer frente a las violencias y que las más de las veces participa de ellas, sumado a la erosión del orden internacional globalmente, da cuenta, también, de la profundidad de la crisis y la imposibilidad de superarla dentro del marco sistémico. Susan Buck-Morss decía ya en el 2002 que la caída del muro de Berlín, celebrado como el advenimiento de la democracia y el fin de las ideologías, no era sino el inicio del derrumbe de la narrativa de la modernidad como industrialización sin fin y sociedad de masas. Hoy esa observación tiene mayor inteligibilidad: al debilitamiento de la narrativa del progreso y el desarrollo se adiciona el derribamiento de todos los valores occidentales que le dieron piso a la modernidad, la justicia social, los derechos humanos, la redistribución económica, todo está en cuestión. Ante nuestros ojos, el imperio asume hoy narrativas y acciones que pensábamos no solo superadas históricamente, sino erradicadas; en otras palabras, irrepetibles. Pero no, la regresión moral y política golpea la vida de los migrantes, las mujeres, así como de pueblos enteros y lo que es aún más grave: construye cierta hegemonía social. Así las y los votantes eligen a sus verdugos.
Siguiendo la deriva de Buck-Morss (2008), ese derrumbe de la narrativa de la modernidad podría, asimismo, dar paso a un imaginario distinto desde el pensamiento crítico y los movimientos sociales. Se trataría de una reconfiguración del sujeto pensado como revolucionario y de su discursividad. Además, se referiría a una nueva narrativa sobre lo que entendemos por revolución, fuera del marco de la lucha en pro de la industrialización y la sociedad de masas. Esa construcción de un horizonte revolucionario distinto no se anclaría en el desarrollo de las fuerzas productivas como único pivote de la sociedad por venir, también daría cuenta de un imaginario no desarrollista ni universalista; es decir, se haría cargo de lo que hoy pensamos como descolonización. Desde Abya Yala e igual desde otras comunidades que han pervivido al impacto de la modernización, se enuncian ideas como el buen vivir, que de alguna manera focaliza un horizonte al cual denominaré de "proporcionalidad". Me parece que esa noción resuena y dialoga con la de equilibrio presente en los estudios que Sylvia Marcos ha realizado sobre la cosmovisión mesoamericana, equilibrio fluido entre los géneros, entre lo humano y lo no humano (Marcos, 2011), que podríamos también visualizar en el movimiento del yin y el yang; restituir el lugar de lo humano como naturaleza con y dentro de un constante equilibrio. Esto es, ponerle freno a la vida medible solo por y para el Hombre.
El sujeto social en la modernidad, la colectividad humana, se encuentra no solo atomizado, sino que esa fragmentación está llena de fronteras —de clase, de género, de radicalización—. La modernidad como progreso constante de acumulación de capital, como productivismo ilimitado, tiene su narrativa bélica, heroica y sacrificial. Ha destruido el proyecto de la humanidad como fraterna internamente y en constante reconciliación con su entorno. Ese otro imaginario de la modernidad, no basada en la instrumentalización y objetivación del otro y de lo Otro, sin embargo, ha sido como una sombra constante, un lapsus de una modernidad otra, como diría Bolívar Echeverría (1998).
El desborde del feminismo y su sujeto
La intencionalidad crítica, la praxis y el movimiento de las mujeres no pueden entenderse sin este contexto de crisis civilizadora, que no deja de agudizarse. Es en este lugar donde podemos observar lo que se ha denominado "el desborde del feminismo". Podemos pensar que el feminismo surge en la modernidad capitalista en un marco de lucha por los derechos de las mujeres, sector de la sociedad sujeto a la tutela del Estado, del padre y del esposo. Es Virginia Woolf quien, con su singular humor, devela la condición de dependencia y tutela de las mujeres (de clase pudiente) en la novela Orlando. Juega, también, con la posibilidad de una identidad sexo/genérica cambiante: el noble de la corte, Orlando, despierta un día siendo mujer; de inmediato, vemos cómo deja de ser heredero/propietario/ciudadano, para convertirse en ese segundo sexo que nos describe en 1947 Simone de Beauvoir. De ese despertar a los derechos ciudadanos, de la exigencia de igualdad en relación con el varón, han pasado muchos años y el contexto del movimiento de las mujeres ha cambiado. De ello han dado cuenta conceptos heurísticos como el de interseccionalidad, imbricación y descolonización.
Cada uno de los conceptos mencionados quiere dar cuenta de la realidad multisituada de esa prefiguración del "colectivo" mujeres. El campo de la acción colectiva de las mujeres es uno privilegiado en cuanto a la autoreflexividad que ha sido capaz de sostener. Como un laboratorio social, las distintas posiciones situadas en relaciones de poder y estructuras de dominación han sido capaces de dialogar, comprender sus privilegios, los puntos ciegos a los cuales esas posicionalidades convocan, y hacer un ejercicio intencionado por tender puentes desde esas fronteras impuestas por los distintos sistemas de opresión y segregación. Lo anterior, al menos desde una parte importante de la lucha de las mujeres, como podemos observar tras los últimos 8M y mediante la diversidad que llenó tanto calles como plazas. Igual es muestra la pluralidad de consignas, donde aparecen partiendo de la lucha contra el epistemicidio del pensamiento y la teoría de las mujeres, pasando por la denuncia del feminicidio que persiste. Simultáneamente, se presentan la pugna de las mujeres por sus pueblos y territorios; la batalla de las trabajadoras; los posicionamientos contra las guerras; la denuncia del imperialismo, de las violencias institucionales, de la violencia vicaria. Podemos, entonces, pensar que parte de esa creatividad en el lenguaje del pensamiento crítico de la época viene de ahí, de la movilización de lo femenino politizado, asumiendo que hoy el combate es por la vida y contra el capital, el patriarcado, el racismo y el colonialismo.
Si discerniéramos las diversas luchas de las mujeres en estas décadas como una sola, podríamos hacer una genealogía que va desde romper el silencio de las violencias machistas hasta vincular esa agresión machista con las políticas estatales e internacionales de despojo, extractivismo y reducción colonial de los pueblos; visualizar las políticas de desaparición provenientes de la connivencia entre estructuras de gobierno y crimen organizado; denunciar la precarización de la vida, al tiempo que se defienden las diversidades sexo-genéricas y se revelan tanto todas las violencias hacia los cuerpos feminizados como el transfeminicidio. Se trata de un movimiento cada vez más interseccional, una lucha imbricada, al son de Jules Falquet (2022), quien desarrolla esta noción del análisis del Manifiesto del Combahee River Collective, aludiendo a la imbricación de los diferentes sistemas o ejes del dominio.
Buena parte de los feminismos y de las luchas de las mujeres contemporáneos impulsan una intencionalidad de superar la fragmentación, un esfuerzo por ir reconociendo, hilando, tejiendo en común un horizonte emancipatorio de las diversas contiendas. Como lo enuncia Sandra Harding (1991; Hartsock, 2004), reconocer el punto de vista y el saber situado es el paso del reconocimiento de la interseccionalidad hacia la descolonización de las prácticas y los conceptos.
Pienso, entonces, a este movimiento de feminismos y mujeres que luchan como creadores de sentido frente al derrumbe del orden existente. Así, el desbordamiento del feminismo es el de su sujeto. Un sujeto no unitario, plural y polífono, contradictorio entre sí, pero con una potencia que radica, justamente, en su capacidad de dar cuenta de su multiplicidad. De este modo, el sujeto político de la transformación social se dibuja hacia una pluralidad irreductible; sujeto político que ocurre y deviene en la lucha, en la articulación de las luchas.
Identidades, coaliciones, agenciamientos, ¿y el sujeto?
No debemos de confundir las "posiciones de sujeto" con las identidades. Jules Falquet afirma que quienes usan por primera vez el término de "política de las identidades" pertenecen al Comité Combahee River, en su manifiesto de 1977. Parte de un vibrante movimiento de mujeres negras en los Estados Unidos, este colectivo radicado en Boston se agrupa bajo ese nombre elegido por la escritora, maestra y activista por los derechos de la diversidad sexual Barbara Smith, para rememorar la tradición de lucha antiesclavista representada en Harriet Tubman, cuyo nombre de nacimiento es Araminta Ross. Tras huir de la esclavitud, participa en las misiones de rescate de esclavos que utilizaban la red antiesclavista conocida como ferrocarril subterráneo. Lideró la acción del 2 de junio de 1863 cercana al río Combahee, donde se liberaron 750 esclavos. El ferrocarril subterráneo era una ruta secreta con casas seguras que funcionó de principios a mediados del siglo XIX; se usaba para escapar a los Estados donde el abolicionista había triunfado y a Canadá; la red era de afroamericanos y blancos abolicionistas.
¡Sugerente metáfora de un ferrocarril subterráneo, que corre justo para enderezar la historia! Y podemos encontrar acá resonancias con el posicionamiento del Comité Combahee River, que, a ojos de Falquet, enuncia "política de las identidades", una política específica, que combina autonomía y coalición, en la cual la clave de su análisis reside en la crítica de una noción cerrada y restrictiva de la identidad como monolítica y natural, y en su propuesta alternativa de "proyecto político", que resulta mucho más abierta y radical (Falquet, 2022, p. 123).
Este "proyecto político" puede, asimismo, ser entendido como una política en la que autonomía y coalición van juntas; esto abrió el paraguas para reconocer no solo a las mujeres negras, sino a las "mujeres de color", como igual se les llamó en el entorno del feminismo chicano.
¿Cómo pensar, entonces, al sujeto abierto y plural, en devenir constante, de los feminismos y las mujeres que luchan?
El concepto de "agenciamiento", desarrollado por el socioanálisis de Deleuze y Guattari, nos sirve para pensar el "sujeto político" que ocurre o se forma en su devenir, partiendo de vinculaciones, relaciones, coaliciones, entre una multiplicidad heterogénea intergeneracional, interclasista, interétnica, intergenérica y todas las otras diferencias que en el contexto de oposiciones se han transformado en identidades. En tales enlaces, lo importante no son las filiaciones, sino las alianzas y aleaciones. Aleación es una buena palabra, porque hace de la alianza una otra cosa. En palabras de las mujeres zapatistas, hemos escuchado esta orientación en frases como: "somos iguales porque somos diferentes" y "uno más uno es uno". La idea de agenciamiento viene de la observación de lo que sucede en el campo de la lucha, donde ocurre, en palabras de Fernando Reberendo:
el contagio, las epidemias, el viento… Lo primero que hay en un agenciamiento es algo así como dos caras o dos cabezas. Estados de cosas, estados de cuerpos; pero también enunciados, regímenes de enunciados. Los enunciados no son ideología. Son piezas de agenciamiento, en un agenciamiento no hay ni infraestructura ni superestructura. (Reberendo, 2008, 1 párr.)
Y más adelante, señala el mismo Reberendo: "Lo único que uno hace es agenciar signos y cuerpos como piezas heterogéneas de una misma máquina. En la producción de enunciados no hay sujetos, siempre hay agentes colectivos…" (Reberendo, 2008, 1 párr.).
Encontramos acá dos dimensiones que, de alguna forma, redefinen lo que podemos entender como la sujetidad del sujeto de la transformación social. Entiendo la sujetidad junto con Bolívar Echeverría (2001) la capacidad del sujeto social de elegir y construir su forma societal; capacidad o condición que le pertenece al sujeto social como sujeto colectivo. Esta capacidad de elección de forma está obturada por la segmentación del sujeto social y el modo de reproducción social centrado no en el sujeto como colectivo, sino en el capital y su sujeto abstracto.
Se ha pensado el sujeto político de la transformación en el marco de las clases sociales; en el de posicionalidades imbricadas o interseccionales, esa certidumbre se desestabiliza. La figura del agenciamiento, por su parte, prefigura una horizontalidad (no hay infraestructura ni superestructura), donde, a mi entender, las diversidades irreductibles producen un común. En la cita de arriba, ese común adquiere la forma de "signos y cuerpos como piezas heterogéneas de una misma máquina". Frente a la máquina de guerra de los sistemas dominantes, es preciso actuar como una misma máquina. Finalmente, en la centralidad en la producción de enunciados, se afirma que "en la producción de enunciados no hay sujetos", sino agentes colectivos. De alguna manera, en dicha propuesta o marco de entendimiento, prevalece la agencia colectiva sobre la idea del sujeto. No obstante, permanece la producción de enunciados como la consistencia de la sujetidad del sujeto social.
Mirando de nuevo al movimiento de los feminismos y las mujeres que luchan, vuelvo a la idea del sujeto desbordado, en un primer momento, en su propia diversidad: la pluralidad de los feminismos, la necesidad de su adjetivación (autónomos, de la igualdad, de la diferencia, comunitarios, descoloniales, campesinos, afro, populares, anarcopunk, hacker) y, fuera de los feminismos, los movimientos y las prácticas de mujeres organizadas quienes luchan pero no se nombran feministas, como el movimiento de madres en búsqueda de sus desaparecidos, mujeres en defensa de sus territorios, mujeres zapatistas, mujeres del movimiento kurdo.
Todos estos son lugares de enunciación que develan una incomodidad ante el sujeto abstracto universal moderno, capitalista, colonial y patriarcal, con diferentes acentos y de diversas formas. Se trata de enunciaciones en devenir, irrupciones semióticas y procesos generadores tanto de sentido como de nuevos posibles, laboratorio social de los agenciamientos, que pueden seguir en coaliciones y aleaciones. ¿Performativos de una misma máquina? ¿Una máquina que trabaja en un horizonte emancipatorio pluriversal? Porque el horizonte emancipatorio del sujeto abstracto es el del liberalismo, el que ofrece la igualdad abstracta e incluso la sustantiva. Es el de la ciudadanía universal, de propietarios y consumidores. Y con la derechización presente hoy, con la actualización del genocidio como política impune, ese sujeto abstracto no tiene como fundamento la ciudadanía ni la igualdad; al contrario, mira a la restauración oligárquica y represiva.
El horizonte emancipatorio del sujeto plural, contradictorio pero que se quiere abajo y a la izquierda, de los feminismos y de las mujeres que luchan, apunta hacia otra dirección: hacia la justicia cognitiva, la epistemología encarnada, el reencantamiento del mundo. Reclama para sí un pachakuti, el de la diversidad de la vida cualitativa, en el cual florezca la diferencia como singularidad y no como discriminación.
Debo a Begoña Zavala (2024) la referencia al reciente libro de Paul B. Preciado (Dysphoria Mundi, 2022) que al final tiene una Carta a les nueves activistas, donde justo podemos coincidir con esta idea del (no) sujeto:
El aparente sujeto de la revolución que está teniendo lugar se confunde a veces con las mujeres, o las personas trans, o las personas racializadas, o los migrantes…, pero el espacio político al que apunta la lucha está más allá de esas identidades inventadas por la taxonomía petrosexorracial de la modernidad. Habéis sido sexualizades, racializades, binarizades, criminalizades… Ya no sois ni una clase social, ni un género, ni un sexo preciso, no sois exactamente proletarios, no solo exactamente mujeres, ni simplemente homosexuales, negras o trans. No buscáis resolver los antagonismos a través de una relación dialéctica. Sois una secesión creativa. Vuestra tarea política será la de articular estas diferencias heterogéneas sin totalizarlas, ni unificarlas falsamente bajo una supuesta identidad o una ideología. Ser una banda de intensidad apasionada a través de la que pasa el deseo de cambiarlo todo. Salir de los significantes de la identidad. Ya no es Nietzsche: todos los nombres de la historia son tu nombre. Es Gloria Anzaldúa: la historia todavía no conoce vuestro nombre. […] La revolución ecologista, transfeminista y antirracista que estaba germinando antes del virus es quizás frágil, pero resulta imparable… (Preciado, 2022, p. 536)
La politización del sujeto abierto del feminismo y las mujeres que luchan
En el discurso de clausura del Primer encuentro internacional político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan, en el 2018, las compañeras zapatistas reconocían en las mujeres un ejército rebelde que parecía un bosque, cada árbol con su singularidad, pero, a la distancia y en conjunto, un bosque. Hoy sabemos que los árboles en el bosque desarrollan raíces a través de las cuales se comunican. Esos vasos comunicantes del bosque, de las "como mujeres que somos", en el dicho también de las zapatistas, los ha producido la violencia. El acuerdo de esa comunicación subterránea, invisible, de las raíces que se imbrican, fue Acordamos Vivir.
¿Cómo se ha sostenido, se sostiene y crece esta subjetividad a flor de piel? Es solo y a través de la politización de la intencionalidad crítica de las mujeres, feministas o mujeres que luchan. Ello las ha ido haciendo tomar esa responsabilidad. Si todas las luchas, como nos dice Angela Davis, son la misma, esa energía produce hoy un sujeto imprevisto, como lo propone Marina Montanelli (2018).
Ese (no) sujeto amplio y plural del llamado feminismo, junto con las luchas de resistencia de las mujeres en muchas latitudes, es hoy un agenciamiento cada vez más politizado, que entreteje la conciencia de sí en los múltiples sistemas de dominación: patriarcado, capitalismo, colonialismo, capacitismo, heteronorma. Estos se entrecruzan y se envigorizan unos a otros, produciendo una cadena de antagonismos entre mujeres. Tal agenciamiento teje desde la micropolítica a la eclosión antiestatal y antisistémica.
Abrevando de varias fuentes, este (no) sujeto político, politizado en la época de la intemperie, realiza el ejercicio de hablar muchas lenguas y, entre sus diferencias, hace florecer un cuerpo común. Así lo posicionan varias teóricas y activistas del campo contemporáneo, como Sayak Valencia (2018), al pensar el transfeminismo no como algo que efectúan las mujeres trans, sino lo que ejecuta el pensamiento crítico con intencionalidad feminista, al transitar distintas realidades, sujeciones y resistencias. En su opinión, el transfeminismo es la politización del feminismo. Para María Galindo (2021), replantear la lucha de las mujeres es replantear el feminismo, ya que no basta con proponerle una serie de adjetivos: feminismo descolonial, comunitario, radical, ecofeminismo; es preciso hacerse cargo de los vectores de opresión que toda esta adjetivación señala o particulariza. Ello implica un ejercicio de descentramiento tanto teórico como identitario, con el propósito de acceder a una visión de totalidad estructural. Involucra, también, reconocer las cosmovisiones diversas y sus propuestas de ser/habitar.
No podemos dejar de visibilizar que en la conformación de este (no) sujeto político plural y contradictorio, las nuevas tecnologías son un piso y sustento, no solo en cuanto su globalización, sino también en su politización. El movimiento de mujeres actualmente es dialógico, transita de lo local a lo global y viceversa, porque habita on y off line, con consecuencias prácticas y subjetivas. La tecnopolítica redefine la acción contenciosa de los movimientos sociales tanto para la emancipación como para la regresión conservadora (Rovira, 2019).
La revolución en femenino, y su (no) sujeto, está arraigada a una multiplicidad de epicentros. El epicentro, para la RAE, es un punto de origen o de concentración máxima de algo. Ese algo conformado por múltiples epicentros son las violencias, la precarización de la vida, la imposibilidad de la política, el Estado sin entrañas (Rivera Garza, 2011). Son esas las condiciones que nos ponen a las mujeres en la posibilidad de devenir un tejido en movimiento, en resistencia ofensiva y curativa; un sujeto abierto, contencioso y subversivo, con una dosis suficiente de anticapitalismo, anticolonialismo y antipatriarcalismo como para "que retiemble la tierra". Solo un feminismo más allá de sí, comprometido con la regeneración de la totalidad centrada en la subsistencia —la vida humana y no humana— podrá tornarse en un sujeto político subversivo, en su tensión lúdica, amorosa y afectiva.