
Revista de Teología / Estudios Sociorreligiosos
Volumen 18, Número 2, 2025
ISSN 2215-227X • EISSN: 2215-2482
Recibido: 30/06/2025 - Corregido: 25/08/2025 - Aceptado: 10/09/2025
Doi:
https://doi.org/10.15359/siwo.18-2.4
URL: https://www.revistas.una.ac.cr/index.php/siwo
Licencia (CC BY-NC 4.0)
El Encuentro como categoría distintiva del pensamiento católico cubano entre 1981-1986
The Encounter as a distinctive category of Cuban Catholic thought between 1981 and 1986
O Encontro como categoria distintiva do pensamento católico cubano entre 1981 e 1986
Julio Norberto Pernús Santiago
Instituto Especializado de Estudios Superiores Loyola
San Cristóbal, República Dominicana
https://orcid.org/0009-0003-0847-6513
RESUMEN
En el quehacer intelectual del pensamiento católico cubano entre 1981 y 1986, se tejió la posibilidad de un encuentro que ayudó a descubrir lo que significaba la revolución para el sujeto católico de la isla. Luego de cuatro décadas, la interrogante de cómo determinar las contribuciones del pensamiento católico cubano a partir de su estructura, es el objetivo de análisis, considerando la necesidad de profundizar en su vigencia para demostrar que las ideas surgidas en aquella época son más que una interpretación del pasado, son una parte de la reconciliación/reflexión que sigue construyendo realidades en el sujeto católico cubano actual.
PALABRAS CLAVE: Cuba; diálogo; encuentro; revolución; socialismo; teología.
ABSTRACT
In the intellectual work of Cuban Catholic thought between 1981 and 1986, the possibility of an encounter was woven that helped to discover what the Revolution meant for the Catholic subject on the island. After four decades, the question of how to determine the contributions of Cuban Catholic thought based on its structure is the objective of analysis, considering the need to delve into its validity to demonstrate that the ideas that emerged at that time are more than an interpretation of the past, they are a part of the reconciliation/reflection that continues to build realities in the Cuban Catholic subject today.
KEYWORDS: Cuba; dialogue; meeting; revolution; socialism; theology
RESUMO
Na produção intelectual do pensamento católico cubano entre 1981 e 1986, teceu-se a possibilidade de um encontro que ajudou a descobrir o que a Revolução significou para o sujeito católico na ilha. Após quatro décadas, a questão de como determinar as contribuições do pensamento católico cubano a partir de sua estrutura é o objetivo da análise, considerando a necessidade de aprofundar sua validade para demonstrar que as ideias que emergiram naquele momento são mais do que uma interpretação do passado, são parte da reconciliação/reflexão que continua a construir realidades no sujeito católico cubano hoje.
PALAVRAS CHAVE: Cuba; diálogo; encontro; revolução; socialismo; teología
En el año 2016 se celebró un evento por la conmemoración del 30 aniversario del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). En uno de los descansos del espacio, el cardenal Jaime Ortega, natural de Jagüey Grande, Matanzas, en aquel entonces arzobispo de La Habana, les preguntó a las personas presentes el “¿por qué no utilizar este proceso vivido en los 80 como referente para investigar sobre lo que ha sido el pensamiento católico en la Revolución?” (Pernús Santiago, 2024, p.).
Algunas investigaciones previas (Kuivala, 2019; López Oliva, 2009; Pernús Santiago, 2018; Trujillo Lemes, 2009) fueron la base para conocer el estado del arte que acompaña este estudio, con la novedad de introducir elementos de aportes del socialismo al catolicismo del país dentro de su corpus teórico. Este ensayo responde a la problemática de ¿cómo las relaciones de influencia recíproca que se establecieron entre el pensamiento católico cubano y el proceso revolucionario entre 1981 y 1986, interpelaron los espacios de confluencia política, social y teológica de la época?
Con la finalidad de dar solución al problema planteado se propone como objetivo, determinar las contribuciones del pensamiento católico cubano al tejido social de la isla entre 1981 y 1986, a partir de la interacción dialéctica entre la Iglesia católica, el Estado revolucionario y los factores socioculturales que influyeron en ese pensamiento. Esta reflexión sobre la ontología del sujeto católico de la isla en la década de los ochenta, se sucede en medio de un contexto eclesial de templos vacíos y catequesis con una exigua cantidad de niños y niñas. En el momento en que el catolicismo en Cuba tenía el menor acceso a medios de comunicación nacional en sus últimos 50 años.
La propuesta realizada por el cardenal Jaime de investigar dicha década del siglo XX interpeló a varias de las personas investigadoras del fenómeno religioso en el país, para realizar trabajos bajo esta temática. Entre quienes tomaron con pasión este empeño resaltó el profesor de la Universidad de La Habana, Enrique López Oliva (1937-2021).
En esta investigación se entrevistó a protagonistas de procesos como la Reflexión Eclesial Cubana (REC) ocurrida en el periodo 1981-1985 y el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) de 1986. Además, se accedió a fuentes de información originales alojadas en los archivos católicos institucionales como la Iglesia de Reina y la Conferencia de Obispos, en conjunto con las charlas con intelectuales como el P. Bruno Roccaro s. d. b., o el padre Antonio Rodríguez, así como, a Marta Marcos Alonso y la Hna. Aida Ramírez. Los conceptos de reconciliación, reflexión y encuentro brotaban una y otra vez de sus palabras. Había un signo de esperanza en sus mentes cuando recreaban los resortes que forjaron el pensamiento católico en esos años.
Por ello, también se proponen ideas para un debate necesario sobre lo que significó la revolución para el pensamiento católico en la isla, y en qué forma, en procesos como el ENEC, se estructura una categoría como encuentro que sigue acompañando hasta la actualidad, el modo de proceder del catolicismo en Cuba.
En el quehacer intelectual de pensadores como el sacerdote René David se teje una posibilidad de teologizar lo que significaba la revolución para el sujeto católico de la isla (Pernús Santiago y Castellanos, 2024). Ante un suceso del que ya han pasado cuatro décadas, la interrogante podría ser: ¿por qué hacer este ejercicio académico para determinar las contribuciones del pensamiento que lo estructuró? Este texto considera que uno de los motivos es la necesidad de profundizar en su vigencia para demostrar que las ideas surgidas en el ENEC no son solo una interpretación del pasado, sino parte de una reconciliación/reflexión viva, que sigue construyendo realidades en el sujeto católico cubano del siglo XXI.
Una actualización de su Documento Final la tomó en cuenta, sistemáticamente, la Conferencia Episcopal Cubana para elaborar sus planes pastorales. En el último Plan Pastoral del 2024, por los Caminos de Emaús, se ha citado este proceso en más de diez ocasiones como muestra de su vigencia (Arderí García, 2021). En otras palabras, su vigencia pone a la persona lectora ante la interrogante sobre: ¿qué es lo que se debe actualizar del ENEC? Comprender cuáles líneas de fondo del proceso vivido entre 1981-1986 se mantienen vigentes, y es clave para interpelar el pensamiento católico.
El método dialéctico utilizado en esta investigación incidió en la exposición de contradicciones en cuanto a la fundamentación del pensamiento católico, con respecto a la revolución. En su desarrollo, se consideró como criterio la concepción de Engels al exponer que el método dialéctico considera las “cosas” y las ideas en su encadenamiento, en sus relaciones mutuas y en su acción recíproca (Huarancca Rojas, 2020).
Este método también permitió establecer las fuentes con las que se estructuró el pensamiento católico en la isla en el periodo 1981-1986, develando la forma en la cual se sintetizan enfoques y planteamientos teóricos en un contexto denso que logra captar, al integrar pensamiento y realidad, las urgencias no resueltas de tiempos pretéritos desde el abordaje de la eclesialidad y la búsqueda de alternativas a las contradicciones y omisiones sociales de una constituida e institucionalizada revolución en el poder.
También fue un importante principio de la sociología de la religión desarrollada por pensadores como Durkheim y Comte, quienes colocan la religión dentro de una sociedad en una función decisiva, la de ser cohesionadora social. Dentro de esta base metodológica, la religión constituye la argamasa social, un cemento con la capacidad de unir a los individuos hacia metas comunes y permitir la legitimación, o no, de un sistema social concreto (Ros Codoñer, 2018). A su vez, para el desarrollo del tema también se utilizó el método lógico-histórico que permitió realizar una valoración de las conexiones lógicas del discurso del pensamiento católico en la etapa de 1981-1986.
A su vez, se contó con el método de análisis y síntesis para identificar los rasgos del catolicismo cubano a lo largo de su desarrollo en esta etapa, así como los cambios que se iban suscitando en su estructura durante los años analizados. La síntesis se empleó para interpelar la información obtenida a partir del procesamiento de diversas fuentes textuales. Este método permitió establecer una lógica sobre la reflexión elaborada.
3.1El Encuentro como invitación a traspasar el umbral
Una condición importante, para interpelar la idea de encuentro más allá del mero hecho argumental de reunir a las personas en un sitio, es comprender que este proceso lleva en sí algo que el teólogo Karl Rahner s. j. denominó como un significado permanente (Madrigal Terrazas, 2006). Una dialéctica que busca diferenciar entre acontecimiento (momento fugaz) y cuerpo doctrinal que permanece y se actualiza con el paso del tiempo, evento, decisiones, gesto y texto. Para Cuba, esta idea tiene una carga de alegría debido a que el encuentro representa para la cultura cubana una dimensión humana, que además posibilita un compromiso de solidaridad más allá de ideologías y genera comunidad.
El encuentro implica en lo esencial para la Iglesia cubana, más que una razón “emancipadora” una razón liberadora, que como principio, ha de regir su ética de alteridad con respecto al pensamiento marxista-leninista. Su método de acción pretende situar y articular un conjunto de saberes que buscan la mejor comprensión del proceso revolucionario. Para lograr su materialización, se partió de dar voz a distintos actores para que pudieran recogerse opiniones de diversos tipos en el Plan Pastoral, el cual regiría el catolicismo cubano de los próximos años.
De acuerdo con Arderí García (2020), el encuentro como propuesta del pensamiento católico producido entre 1981 y 1986 es una forma conceptual de integrar la confluencia de saberes al interior de todo un proceso que tuvo una amplia participación popular, pero que como fundamento no significaba eliminar las polaridades existentes en el catolicismo de la isla. Su clave se basó en un diálogo transparente entre las posiciones diversas que habitaban al interior del pueblo, del cual la ciudadanía católica era una representación. No se trataba de ocultar una realidad, la existencia del sujeto católico en medio de la revolución, sino de poder construir respuestas veraces sobre esta.
El encuentro como praxis eclesial fue clave dentro del proceso reflexivo que vivía el catolicismo de la isla. Su articulación contó con elementos estructurales como la escucha activa y el respeto a las posturas de las demás personas. Las fuentes consultadas muestran, cómo figuras distantes de las posiciones sociales antagónicas lograron dejar de lado sus diferencias y encontrar motivos propicios para fomentar la apertura de canales tangibles de diálogo entre la Iglesia y la revolución.
Se destacaron en ese rol por su labor, el arzobispo de La Habana, Jaime Ortega Alamino, quien fue responsable de toda la logística del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, convirtiéndolo en protagonista de la construcción de la agenda programática del ENEC como encuentro. Ortega presentó la propuesta de Iglesia como actor social del país en medio de una revolución. Sin embargo, para Alamino, desde esa reflexión se estaba estructurando un nuevo pensamiento católico cubano que presentó al Papa Juan Pablo II, con quien intercambió ideas a principio de los años ochenta respecto a este proceso que se llevaba en Cuba (Pernús Santiago, 2024).
En entrevista con el cardenal Jaime Ortega sobre el ENEC, se constató que él siempre solía definir a los protagonistas del pensamiento católico cubano entre 1981-1986 como personas de diálogo. Otro intelectual de importancia en el pensamiento eclesial de esta etapa, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, perito principal en la elaboración de la parte teológica del Documento Final del ENEC, tuvo un rol de mediador con sectores intelectuales y del mundo de la cultura, lo cual contribuyó a generar una perspectiva real de encuentro, al integrar esta posibilidad de diálogo sincero, reflexión y encuentro, entre lo católico y la revolución en la configuración de lo que él moldearía en años posteriores como Casa Cuba (Acón Colás, 2021).
Lo consultado en las fuentes y su correspondiente análisis facilitan la comprensión del Documento Final del ENEC, donde se resume en tres atributos las características eclesiales de este proceso: misión, oración y contextualización (encarnada) (ENEC, 1986). El encuentro, como concepto, propuso a la Iglesia una razón de ser fuera de sí misma, diferente a la mera preservación institucional, abocada en el anuncio coherente de una praxis cristiana social. Esta conceptualización instaló en el diálogo con la cultura su mediación privilegiada, porque ahí se jugaba una forma de ser Iglesia alejada de los dogmatismos de la polaridad.
De acuerdo con Kuivala (2019), el ENEC mostró que dentro de una realidad política socialista se podía ser católico y existir de forma identitaria en ese sistema. El catolicismo expresó que el verdadero encuentro radica en estar unidos a las alegrías y tristezas de toda la población cubana, aún quienes no frecuentan los templos o se declaran ateos y ateas. La encarnación en la realidad del pueblo fue considerada una condición indispensable para la consecución contextual de una ontología que deseaban estar cerca del estilo de Iglesia cercana a los sectores menos favorecidos.
El ENEC más que un conocimiento encerrado en medio de un texto bien estructurado como es su documento final, en sus ideas, denota un esfuerzo intelectual de imaginar un futuro distinto para la Iglesia. La relación Yo (sujeto católico) y Ellos (sujeto revolucionario), (y los no revolucionarios, el pueblo en general), encontraba razones que estructuraban una posibilidad real de diálogo. Ser propiamente conciencia para el pensamiento católico cubano significaba tener una relación con otra conciencia (revolucionaria), y solo desde ese vínculo sincero se podía proceder a imaginar un encuentro que primero era entre ideas, personas y luego entre instituciones.
3.2El Encuentro como elemento de una Cuba con todas las personas y para el bien de toda la población
El proceso del ENEC se daba en una Cuba que estaba entrando en una etapa diferente. En el mes de enero de 1986 previo a su realización, se había celebrado la primera parte del III Congreso del Partido Comunista con la expectativa de los cambios que se habían introducido en la Unión Soviética con Mijaíl Gorbachov. En 1985, Gorbachov anunció que la economía soviética estaba estancada y que la reorganización era necesaria, por lo cual sus reformas fueron llamadas uskoréniye (aceleración), pero después los términos glásnost (liberalización, apertura, transparencia) y perestroika (reconstrucción) se hicieron mucho más populares.
Un suceso tangible que marcó un antes y un después en la forma de concebir la realización de este encuentro entre lo religioso y el Partido Comunista en Cuba, fue la publicación del libro Fidel y la Religión en 1986. Para su autor (Betto, 1986) fue una sorpresa el impacto positivo de su obra, sobre todo entre las personas que no eran de la Iglesia. En este texto se exponen argumentos para comprender el contexto que favoreció la lectura positiva de la obra de uno de los representantes de la Teología de la Liberación y el cumplimiento de uno de sus propósitos, mostrar ideas capaces de acercar las posiciones de la cúpula revolucionaria y la Iglesia católica.
La reflexión pastoral requiere de una contextualización de la realidad, en el caso cubano, se realizó desde una revisión crítica de la historia y la filosofía eclesial. La trilogía reconciliación, reflexión y encuentro son ideas esenciales en el pensamiento católico de la isla que se actualiza en dependencia de los signos de los tiempos. Su base conceptual sirve para pensar y proyectar un modo de proceder eclesial en cualquier realidad social-revolucionaria. Las propuestas definidas desde este discernir comunitario traía consigo, el cómo vivir estas propuestas de forma auténtica en una revolución constitucionalmente socialista.
El autor coincide con López Oliva (1970) en que el proceso del ENEC confirma la decisión del sujeto católico de alejarse del intelectualismo abstracto, introducido siempre por derivas ideológicas signadas por el antagonismo. Posiciones humanas que cierran y alejan lo auténtico de la relación humana con Dios y con el pueblo cubano. Su reflexión otorga privilegios a la narrativa de la simplicidad. No es casual que el obispo Adolfo Rodríguez haya definido el ENEC como: “un estado de proximidad, lleno de ternura y de compasión porque es un proceso que quiere hablar así guiado por el realismo de la cercanía entre cubanos” (Iglesia Católica y Conferencia Episcopal Cubana, 1995, p.).
La reflexión y el encuentro no son ideas inamovibles sobre los que se sustentó una herramienta única, para aplicar como metodología pastoral de la eclesialidad cubana. Más bien, se está en presencia de dos propuestas imbricadas, que han sido el fruto de un proceso holístico de interpretación del pensamiento católico sobre el proceso revolucionario que se estableció a partir de 1959 en la isla. Entre sus logros, se destacan el estructurar un modo de proceder contextualizado en la búsqueda imperecedera y necesaria de diálogo y articulación entre la Iglesia y la revolución.
El encuentro como umbral de materialización propuso una eclesialidad cubana que se diferenciara del esquema piramidal absolutamente jerárquico, donde el clero manda y los laicos obedecen. Este modelo menos rígido de pensamiento eclesial podía dar lugar a situaciones difíciles e incomprensiones, pero ratifica el deseo de caminar juntos, conocedores de una historia que une y de las diversas posturas que cohabitan en su interior.
El pensamiento católico cubano producido entre 1981 y 1986 rompe con la idea de exterioridad como principio de su crítica al pensamiento revolucionario. Construye ideales propios que le permiten asumir de forma auténtica su existencia, al hundir su reflexión en el entramado de la vida cotidiana desde el sustrato o experiencia originaria de los sujetos que lo protagonizan y lo hacen praxis. Esta toma de conciencia del catolicismo cubano sobre la revolución no es causal. A partir del análisis realizado, es notable la influencia que sobre el pensamiento católico han tenido procesos y autores que han permeado su estructuración. De esta posibilidad de “encuentro” emana una creatividad tangible, que se suma con optimismo a la construcción de una Cuba “con todos y para el bien de todos”.
Una muestra de lo que significó el encuentro como umbral del catolicismo se puede apreciar en los archivos del documento final, donde se esclarecen los aportes del socialismo a la comprensión de la fe cristiana, que se resumen en cuatro ideas: un mayor desarrollo de la conciencia social, el descubrimiento de una escala de valores más cercana al evangelio, la conciencia de la globalidad de la misión de la Iglesia y los valores revitalizados a partir de la experiencia socialista. Dentro de la primera idea se encuentra una mayor conciencia del pecado social, de la igualdad entre los hombres, así como una mayor sensibilidad hacia la justicia y la necesidad de los cambios estructurales socio-políticos y económicos para una mejor distribución de los bienes (ENEC, 1986).
A una Iglesia que antes de 1959 contaba con varios centros asistenciales, el proceso revolucionario le había enseñado a dar por justicia lo que antes se daba por caridad, al tener en cuenta que en esta época la mayoría de sus fieles pertenecían a la clase media alta. Dentro del segundo grupo está el mayor sentido de la pobreza, comprender que no se tiene el monopolio de la verdad y las ventajas que significa ser una Iglesia sin privilegios ni poder en medio de la sociedad.
En tercer lugar, se aprecia el sentido integral de la misión cristiana que abarca todas las dimensiones de la vida. La conciencia de que el evangelio debe llegar a todas las personas sin distinción de clases y la constatación de la participación de los pobres en la vida eclesial (ENEC, 1986). Entre los valores revitalizados por el contexto socialista, estaban la valentía en el testimonio cristiano y la importancia de la autenticidad de la fe en medio de un ambiente que a menudo la cuestionaba.
Esta formulación de ideas para lograr el encuentro hubo de sorprender a más de un creyente en medio de las tensiones entre la Iglesia y el Gobierno en 1960. Al mismo tiempo, mostraba la integralidad de la población cristiana que en 1986 todavía era tratada en algunos ambientes con posturas discriminatorias. Esta reflexión se refiere a la construcción de un sujeto católico que trata de comprender y aportar a la subjetividad social que vivía Cuba en el período 1981-1986. De ahí que con esta investigación se demuestre la conciencia católica como un elemento transformador del conflicto entre la religión y la revolución.
El autor coincide con López Oliva (2009) en que un elemento ilustrativo de la materialización del encuentro como umbral de diálogo con el gobierno, fue que algunas de las personas representantes del Estado se hicieron presente dentro de estos procesos. En el ENEC, estuvieron en el proceso conclusivo, Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional en aquellos años y José Felipe Carneado, quien se encontraba al frente de la oficina de asuntos religiosos del partido. Al cabo de los años, Carneado le comentó a López Oliva que el ENEC fue uno de los procesos de mayor cercanía y diálogo de la Iglesia y la revolución (Pernús Santiago, 2024).
El pensamiento católico cubano en el período de 1981-1986 es el cuadro de una interpretación de la realidad, que concibe a la Iglesia y la revolución desde una tensión fecunda y aboga por el diálogo para calmar los conflictos que se suceden entre las dos instituciones. Una praxis que aboga por un diálogo crítico sobre la realidad a partir de un reconocimiento recíproco de las partes. En este texto queda evidenciado que el diálogo se instaló para impedir que la polaridad dentro del tejido social cubano entre los sujetos católicos y revolucionarios se resolviera de una manera confrontativa. En otras palabras, la población católica de la isla eligió el camino del diálogo y no el de la condena hacia el modelo político vigente, por una razón fundamental que tocaba la esencia de su propia misión: ser instrumento de reconciliación en medio de un pueblo marcado por las divisiones ideológicas.
El pensamiento católico cubano en el período de 1981-1986 contó con su propia dinámica que no era convertir a la Iglesia católica en socialista. Lo planteado lo refuerza el propio Carneado, citado por Pernús Santiago (2018), de que algunos comunistas pensaban que habría una postura más prorevolucionaria entre las personas participantes, pero conforme pasaron los días se pudieron percatar de su error, pues la Iglesia optaba por un modo de proceder propio e identitario que no era subsumido bajo la sombrilla ideológica del sistema.
Para entender la identidad propia de lo católico en Cuba se debe comprender que la Iglesia es un pueblo universal dentro de los pueblos. Pueblo universal en cuanto a Pueblo de Dios como planteaba el Vaticano II, insertado en toda nación, incluidas las de constituciones establecidas bajo la doctrina marxista-leninista, sometido a todas las contradicciones, hasta el último día de la historia. El catolicismo asume las tradiciones de los lugares donde está, con ella se alimenta, pero al mismo tiempo desarrolla una tradición suya propia, diferente a la de todos los pueblos seculares, y los penetra desde fuera para constituirse dentro y cambiando el fuero eclesial del pueblo secular (Merino, 1970); conceptualización del Vaticano que ratificó el ENEC.
En la redacción original del capítulo Fe y Sociedad del Documento de Trabajo de la REC, se contemplaron los aportes que las personas cristianas ofrecían al contexto socialista (ENEC, 1986). La existencia de esta sección cuando se valoren las ideas compartidas debe ser resaltada, debido a que implica un desafío a la postura asumida por algunos estamentos en el poder que consideraba la religión como un asunto privado o una superstición que debería desaparecer ante el avance de la ciencia.
Esto también suponía un reto para aquellas personas católicas que miraban la realidad desde una perspectiva puramente negativa, ante la cual solo cabía la huida en un exilio interno o externo. No obstante, el pensamiento católico cubano, siguiendo una sugerencia de la arquidiócesis de Santiago de Cuba, pidió ir mucho más lejos y pensar en los grupos de trabajos de la REC, los aportes de la sociedad socialista a la vivencia de la presencia católica cubana (ENEC, 1986).
El pensamiento católico cubano, desde 1981 hasta 1986, interpela la singularidad del sujeto católico en su rol de actor social de influencia que se pregunta sobre cuál debe ser su accionar en medio de un Estado socialista. La Revolución de la que tanto se había evitado conversar eclesialmente era un proceso real, existente y vivo. Corrobora esta idea (López Oliva, 2009), cuando establece que los católicos asumieron que no tenían que defenderse ante todo lo que fuera revolucionario, pues también de ese acontecimiento la eclesialidad había recibido enseñanzas.
Entre 1981 y 1986, el pensamiento católico de la isla entró en una fase de madurez y se logró fortalecer a través de un diálogo crítico con la racionalidad socialista que constituía parte del sentido de la nación. A través de la Teología de la Reconciliación de 1981, la Reflexión Eclesial Cubana del período 1981-1985 y el Encuentro Nacional Eclesial Cubano de 1986, se logran consolidar criterios y principios éticos-religiosos que avanzan hacia la fundamentación de la construcción de un sujeto católico en el país, el cual es capaz de dar inicio a una nueva fase de diálogo entre la Iglesia y la revolución.
La relación, que expresa el pensamiento construido en el proceso del ENEC, entre catolicismo y revolución pone de manifiesto una perspectiva teológica de la sociedad cubana. Por ello, trasciende desde una racionalidad integradora y crítica la concepción tradicional, minimalista y rígida de hacer la política por vía exclusiva del conjunto de instituciones que aprobó el Partido Comunista de Cuba y de normas relativamente al margen de las espiritualidades del ser humano y de sus especificidades identitarias. Es en el nexo entre el sujeto católico y la revolución, asumido el primero como una realidad material que se realiza y alcanza su condición en relaciones sociales, donde se revela históricamente las mayores contradicciones y obstáculos para concebir otra concepción de ser Iglesia en el país.
El problema significativo de lo católico en la isla, en las tres primeras décadas después de 1959, se manifiesta en un imaginario complejo que da cuenta de su diversidad de perspectivas y muestra sus potencialidades ante los deseos de polos fundamentalistas de poseer una única narrativa (Kuivala, 2019). En cada dimensión del despliegue concreto del pensamiento católico, se elevan contradicciones que en su conjunto limitan la profundización de las corrientes filosóficas en sus raíces y establecen nuevos retos para que la investigación asuma el encargo de develarlas (Trujillo Lemes y da Silva, 2023).
Reconciliación, reflexión y encuentro anuncian ser valores aspiracionales, que colocan al pensamiento católico cubano ante una tarea ardua que es seguir conservando su unidad en medio de la diversidad que lo construye. Esta reflexión traspasa el período analizado con un rigor que transita, actualiza y profundiza una direccionalidad que torna preciso replantear cuestiones nuevas a la ética y el diálogo, lo cual implica encontrar dentro de una situación adversa signos existenciales de esperanza.
De estos procesos reflexivos vividos en la década del ochenta, se estructura un esquema original de pensamiento cubano y sus proyecciones prácticas de cara al futuro, en función de la justicia social y de la construcción de un tejido social participativo en el país. Con la materialización de procesos como el Encuentro Nacional Eclesial Cubano, se despliega en el catolicismo cubano la concreción de un pensamiento crítico, en tanto cuestionamiento profundo y sistemático al poder establecido, como vía estricta y fundamental de observar, aprehender, dialogar y cohesionar la realidad, determinada e impuesta por lo revolucionario como lo socialmente instituido.
La mirada crítica del pensamiento teológico latinoamericano, donde por los años de la investigación sobresalen movimientos importantes como la Teología de la Liberación, interpela el pensamiento católico de la isla que evidencia en el ejercicio existencial la necesidad de hacerse una crítica permanente sobre su rol en medio de una sociedad constitucionalmente socialista. En tanto que su propia reacción construye un cuestionamiento profundo, a todo orden social que cosifica o fetichiza las relaciones del modelo socialista constitucionalmente existente en el país, con la religión. Para trascender las contradicciones que fijan el cierre de las libertades, de derechos y garantías inalienables por parte de los sistemas políticos contemporáneos.
El encuentro dejaría de ser considerado una categoría teórica para ubicarse en el centro de la praxis eclesial. Evangelizar para el catolicismo cubano significa, desde entonces, ser orante, encarnado y misionero. Eso requiere una conversión permanente para, desde la coherencia de vida, incidir en la cultura del pueblo. Durante esta investigación se expone que estas ideas siguen siendo parte sustancial del mapa conceptual donde se hilvanan los hilos de los planes pastorales de la Iglesia en Cuba. Leerlas desde los signos de los tiempos es la forma más adecuada de rendir un mínimo homenaje a las mujeres y hombres que pusieron su intelecto al servicio de su esencia en la búsqueda de un bien mayor.
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BIOGRAFÍA DE LA PERSONA AUTORA
Julio Norberto Pernús Santiago. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad de La Habana. Máster en Historia Contemporánea con mención especial en Relaciones Internacionales por la Universidad de La Habana. Cursa el doctorado en Filosofía en el Instituto de Filosofía de Cuba. Afiliación institucional, profesor en el Instituto Especializado de Estudios Superiores Loyola en República Dominicana.
Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión
Universidad Nacional, Campus Omar Dengo
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