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Revista de Teología / Estudios Sociorreligiosos |
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Hermenéuticas del poder y violencia: discurso pentecostal masculino ante la violencia doméstica en pandemia
Hermeneutics of power and violence: Pentecostal male discourse on domestic violence during the pandemic
Hermenêutica do poder e da violência: o discurso masculino pentecostal sobre a violência doméstica durante a pandemia
Susan Hernández Bugueño
Instituto Evangélico de Teología O´Higgins, Santiago, Chile
susanhernandezb22@gmail.com
https://orcid.org/0009-0007-0679-7785
Resumen
En pandemia, cuando la violencia doméstica se intensificó en Chile y el mundo, la palabra religiosa adquirió protagonismo e incidencia en el acompañamiento pastoral. En este contexto, este artículo examina críticamente el discurso difundido en redes sociales del entorno metodista pentecostal, durante el primer semestre del año 2020, se evidencia como la voz masculina tendió a minimizar el impacto de la violencia doméstica en la vida de las mujeres creyentes. Desde la Teología Feminista de Liberación Latinoamericana y mediante las categorías de la Teoría de la Valoración se analizan sermones online para develar dinámicas de poder y silenciamiento de la violencia.
Palabras clave: discurso religioso; pentecostalismo; mujeres creyentes; violencia doméstica.
Abstract
During the pandemic, when domestic violence intensified in Chile and around the world, religious discourse took centre stage and had a significant impact on pastoral care. In this context, this article critically examines the discourse disseminated on social media by the Pentecostal Methodist community during the first half of 2020, highlighting how a male voice of authority tended to minimize the impact of domestic violence on the lives of female believers. From the perspective of Latin American Feminist Liberation Theology and using categories of Appraisal Theory, online sermons are analyzed to reveal power dynamics and the silencing of violence.
Keywords: Religious Discourse; Pentecostalism; Domestic Violence; Believing Women.
Resumo
Durante a pandemia, quando a violência doméstica se intensificou no Chile e em todo o mundo, o discurso religioso ganhou destaque e influência no cuidado pastoral. Nesse contexto, este artigo examina criticamente o discurso disseminado nas redes sociais dentro da comunidade pentecostal metodista durante o primeiro semestre de 2020, revelando como a voz masculina tendeu a minimizar o impacto da violência doméstica na vida das mulheres fiéis. Utilizando a Teologia da Libertação Feminista Latino-Americana e as categorias da Teoria da Valoração, sermões online são analisados para desvendar dinâmicas de poder e o silenciamento da violência.
Palavras-chave: Discurso Religioso; Pentecostalismo; Mulheres Crentes; Violência Doméstica.
Introducción
¿Qué tan sensibles fueron los discursos religiosos al incremento de violencia doméstica vivida en pandemia? Se sospechó que el patriarcado circuló solapado en la interpretación bíblica que transitó al interior de los hogares, al reforzar los códigos de violencia doméstica en ese momento; pues, aunque todo tipo de reunión presencial se prohibió, las prédicas circularon a través de las redes sociales, en su mayoría en voces masculinas. Por ende, el propósito de este artículo consiste en examinar el discurso religioso producido y difundido mediante la plataforma digital YouTube por la pastoral de Puente Alto de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile (de Derecho Público), durante el primer semestre del 2020 en Chile, para encontrar lógicas típicas de la violencia doméstica.
Una multiplicidad de voces, tanto estatales como de organismos internacionales y ONG alertaron en medio de la pandemia por covid-19, de la otra pandemia oculta en las sombras, la violencia doméstica contra las mujeres (Mlambo-Ngcuka, 2020; Thomas et al., 2020); una de las violaciones de los derechos humanos más recurrente y menos reconocido que existe (Heise, Ellsberg y Gottemoeller, 1999; Mlambo-Ngcuka, 2020). Pandemia en las sombras instalada también en los hogares cristianos (Fundación Paz y Esperanza, 2014; Paz y Esperanza Internacional, 2014; Núñez, 2015). En confinamiento, se utilizaron todos los medios disponibles para comunicar la gravedad de ambas pandemias; es así como las redes sociales se consolidaron como espacios fundamentales para la difusión de campañas informativas.
La crisis sanitaria se planteó como “tormenta perfecta para la violencia familiar” (Usher et al., 2021) al reafirmar que el lugar más peligroso para las mujeres es el hogar (Thomas et al., 2020) apuntando que “la situación de confinamiento [expuso] a las mujeres a vivir con sus agresores y a distancia de las redes que pueden significar apoyo social y comunitario” (Sandoval et al., 2020, p. 2). Aunque a través de las estadísticas se podía prever la catástrofe; pues en el año 2019, 243 millones de mujeres y niñas (de edades entre los 15 y los 49 años) de todo el mundo habían sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental (Mlambo-Ngcuka, 2020).
Tanto a nivel nacional como internacional se constató el aumento significativo de las llamadas de emergencia en cuarentena, siendo esta una forma concreta en que se expresó el aumento de casos de violencia doméstica, pero con una disminución de las denuncias (Kersten et al., 2023; Piquero et al., 2021; Bhalotra et al., 2021; Valenzuela et al., 2021). Como se reconoció en la India, donde las denuncias se redujeron considerablemente (Thomas et al., 2020) a pesar de que “10.000 mujeres al año mueren asesinadas por violencia doméstica” (Thomas et al., 2020, p. 7) y el 2018 fue identificado como “el lugar más peligroso en el mundo para una mujer” (Raj, 2020, p. 26). En el caso latinoamericano, el alza de llamadas fluctuó entre el 150 %, como en el caso de Colombia y el 39 % en Argentina. En Chile, en tanto, “el aumento estuvo en torno al 70 %” (Valenzuela et al., 2021, pp. 22-23; Sandoval et al., 2020, p. 6). Los datos revelaron que las cuarentenas reforzaron el impacto del covid-19 en la violencia doméstica provocando una profundización de los efectos de la violencia en el bienestar integral de las mujeres que impidió además, “que ellas participaran y lideraran la recuperación de la sociedad” (Mlambo-Ngcuka, 2020) dejándolas relegadas y solo como espectadoras de las decisiones que se tomaban en su nombre.
Asimismo, las medidas de aislamiento y regulación de espacios comunes obligaron a las organizaciones religiosas a variar sus prácticas para desplazarse al ciberespacio. Muchas tenían un camino recorrido en radio y televisión, por lo que les permitió migrar o mutar con mayor facilidad. Desde la década de los años ochenta, en América Latina se percibía una fuerte influencia de los mass media debido al impacto norteamericano en la forma de hacer iglesia y misión en la región. El desplazamiento del hecho religioso hacia la video gracia trajo consigo profundas reconfiguraciones en el campo religioso, entre ellas, la mutación hacia las religiones en línea (Gutiérrez y de la Torres, 2020). Las distintas congregaciones se adaptaron e implementaron estrategias de mediatización y mudaron hacia el espacio virtual para ofrecer consuelo, esperanza y avivar a una feligresía alicaída por el confinamiento obligado que los alejó de los templos; en este sentido, las iglesias nacionales aprovecharon este nuevo espacio y siguieron adelante.
Durante la pandemia, se difundió, mediante páginas web y plataformas de redes sociales, un volumen considerable de sermones, cuya revisión individual y sistemática constituiría una tarea de alta complejidad metodológica. Y aunque las exégesis tienen en común anunciar las buenas nuevas de salvación, se constata también la presencia de pautas respecto de las conductas de género (roles sociales, domésticos y reproductivos), por esto surge la interrogante sobre la sensibilidad de los mensajes religiosos ante el incremento de la violencia doméstica.
El presente artículo se divide en tres apartados. El primero plantea la perspectiva de la Teología Feminista de la Liberación Latinoamericana, que permite leer los hallazgos en diálogo con sus implicancias teológicas y pastorales, particularmente con la legitimación simbólica de la violencia. El segundo se ocupa de describir características centrales del pentecostalismo chileno, la forma de cristianismo evangélico más prolífero del último tiempo, y, en lo específico, la configuración del culto en línea, que trata en este formato de replicar las formas aprendidas en presencialidad. El tercero es una aproximación a sus discursos, utilizando como metodología la teoría de la valoración, la cual determina dimensiones adicionales en el proceso comunicativo, como la actitud y la postura del hablante.
La investigación cierra con consideraciones que apuntan principalmente a la práctica de dominación discursiva de género que en su núcleo reafirma prácticas sexistas y patriarcales, dado que su “narrativa maestra reafirma la dominación de género” (Moulian 2018, p. 135), esta situación constituye una forma de violencia simbólica sistematizada, la cual puede contribuir a la legitimación de la violencia directa y estructural (Magallón, 2005), al invisibilizar y minimizar las experiencias de las mujeres, situándolas en escenarios de mayor vulnerabilidad y riesgo.
Metodología
Este estudio adopta un enfoque cualitativo, de carácter interpretativo y crítico. El marco interpretativo se sitúa desde la Teología Feminista de la Liberación Latinoamericana asumida como clave hermenéutica para develar las relaciones de poder, las lógicas de silenciamiento y las estructuras patriarcales que sostienen diversas formas de violencia, comportamientos de dependencia y dominación, que el cristianismo ha generado y perpetuado a través de su reflexión (Gebara, 2012).
El análisis de las piezas audiovisuales se realizó a partir de la Teoría de la Valoración (Kaplan, 2004), utilizando sus categorías de actitud, compromiso y gradación, las cuales permiten identificar evaluaciones emocionales (afecto), morales (juicio) y valoración de situaciones (apreciación). Asimismo, permiten identificar posicionamientos discursivos, cerrando (autoridad absoluta) o abriendo el diálogo (reconoce otras voces, experiencias de mujeres, víctimas) y mecanismos de intensificación o atenuación en los enunciados discursivos en torno a la violencia doméstica. En la búsqueda de patrones, tales como lógicas de minimización, silenciamiento, culpabilización de la víctima, sacralización del sufrimiento femenino o de autoridad masculina incuestionable en fragmentos o pasajes claves del sermón, esta perspectiva posibilita examinar no solo qué se dice, sino cómo se evalúan personas, prácticas y situaciones, y con qué efectos simbólicos, lo cual aporta una lectura crítica de los posicionamientos presentes en los sermones escogidos.
La unidad de análisis son diez prédicas seleccionadas de forma aleatoria y revisadas rigurosamente, atendiendo tanto a sus formulaciones explícitas como a sus silencios y omisiones significativas, correspondientes a los meses de mayo, junio y julio del 2020, alojadas en el canal de YouTube de la pastoral.
Por su lado, la elección del material atendió a la relevancia frente a la emergencia de la violencia doméstica en el primer semestre del año 2020, pues entre enero y septiembre las llamadas al fono familia de carabineros (#149), se incrementaron un 43,8 % alcanzando un peak en mayo de un 314 % comparado con el mismo mes del año anterior (Muñoz et al., 2025). Cabe también mencionar que la zona donde se encuentra el templo, la comuna de Puente Alto registró las cifras más altas de denuncias de violencia contra la mujer el año 2019 (Contreras, 2020) y femicidios desde el 2014 hasta el 2019 (Asociación de Municipalidades de Chile, 2019; El Mercurio, 2019).
En segundo lugar, respondió a criterios de incidencia pública, relevancia discursiva y centralidad pastoral de este liderazgo en particular, pues la iglesia de Puente Alto pertenece a una de las denominaciones pentecostales más grandes de la nación, con más de cien años de existencia y heredera directa del avivamiento de 1909, considerándose a sí misma como guardiana de ese legado espiritual. La comunidad estaba dirigida por el que ahora es el obispo presidente de la denominación, el Reverendo Edmundo Zenteno Céspedes, casado con Gertrudis Herrera Valenzuela, Diaconisa, cargo honorífico, ya que las mujeres no son reconocidas como pastoras ordenadas en esta denominación. Otro criterio de selección tuvo que ver con la presencia explícita o implícita de temas familiares, género o conflicto doméstico en los discursos religiosos circulando en redes sociales.
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Fuente: elaboración propia.
1.Teología Feminista de la Liberación Latinoamericana y discurso religioso
Hablar de Teología Feminista de la Liberación Latinoamericana y sus planteamientos, es hablar de conexiones con la historia de las mujeres; por consiguiente, es hablar de contingencia. Es una perspectiva interseccional, que toma en cuenta aspectos sociales, étnico-culturales, religiosas y de género para su reflexión teológica, siempre con el objetivo de buscar la igualdad de derechos con el varón y la emancipación de las mujeres del sistema patriarcal “expresado en el sistema capitalista neoliberal aliado a los sistemas conservadores religiosos (…) que busca la sistematización violenta para aniquilar los cuerpos de las mujeres (…)” (Rojas, 2020, p. 38). Integra categorías hermenéuticas como cuerpo, sujetos y cotidianeidad, y fundamenta la reflexión teológica en las experiencias de lucha de las mujeres a través de un marco metodológico.
Este tipo de acercamiento es intenso, crítico y transgresor que permite no solo visibilizar la impronta en la cultura occidental de un tipo de religiosidad vinculada a las grandes religiones proféticas, el cristianismo, entre ellas; sino que además busca denunciar que tal tipo de religiosidad, cuya fisonomía, doctrinal, moral, organizativa y ritual está atravesada por símbolos patriarcales, que “a lo largo de los siglos y hasta nuestros días, [ha tenido] graves consecuencias en la vida de much*s, sobre todo de las mujeres, plasmándose a veces hasta en una violencia misógina, de manera dramática” (Riba, 2015, p. 8). Por lo que intenta deconstruir tales lógicas socializadas en occidente, que a juicio de algunas sería imposible desprenderse y renunciar a ellas, porque responden a formas kiriarcales de configuración de la sociedad occidental (Shüssler, 2013).
La Teología feminista ha develado con mucha asertividad que la religión ha jugado un papel importante en la construcción y legitimación simbólica de las relaciones de género, al confirmar nuestra posición como sujetos, pero esta responde a un “tipo de metafísica fija y naturalista impuesta a las mujeres, al servicio de los grandes ideales históricos masculinos” (Gebara, 2012, p. 208), el cual permite la persistente distorsión para comprender al ser humano y dar solidez a un “esquema filosófico cultural de dominación antropológica” (Gebara, 2012, p. 212). Esta desviación y anomalía en la comprensión del ser humano ha afectado toda la estructura social y todas las producciones culturales.
Por consiguiente, su acercamiento hermenéutico incorpora y utiliza las teorías de género que “constituye un instrumental analítico que permite desocultar el sesgo de género y reconstruir las representaciones y las relaciones que se encuentran marcadas culturalmente” (Azcuy, 2012, p. 173). Estas teorías develaron la construcción de una sociedad binaria y sexista, donde se articularon concepciones de mundo y formas de ser para lo masculino y lo femenino repleto de estereotipos y roles establecidos, los cuales ha ubicado a las mujeres por defecto en lugares de inferioridad y de subordinación. Concretamente en el cristianismo, han permitido una mejor compresión del estatus de la segunda clase de las mujeres, excluidas del liderazgo religioso, de la enseñanza oficial y de los ritos sagrados (Shüssler, 2012).
De acuerdo con las teólogas, el camino que el cristianismo ha recorrido es ambivalente, pues se proclama como un proyecto basado en el amor y la compasión, justo y equitativo para todas las personas, de un Dios que rescata al inocente de lo absurdo y de la muerte y convoca a la vida; pero al mismo tiempo sufre “una contradicción ontológica del género” (Gebara, 2012, p. 211). Asimismo, se le señala como un proyecto de supremacía masculina, cuyo representación histórica está en un hombre; lo cual explica y justifica que el ejercicio del poder sagrado recaiga en ellos, “el ambón, el púlpito, el altar, siguen siendo –siempre o casi siempre, depende de la Iglesia– espacios propios del sacerdote o pastor, por ende, exclusivamente de varones” (Riba, 2015, p. 10). Por ende, los varones son los poseedores de la palabra, con todas las consecuencias que esto provoca en los cuerpos y las conciencias de mujeres y hombres.
Al mismo tiempo, se ha señalado en reiteradas ocasiones que tanto la Biblia hebrea como el Segundo Testamento han sido utilizados como íconos y estandartes de la dominación masculina, porque “fueron siempre varones los que plasmaron por escrito el texto y, luego, a lo largo de los siglos, sus intérpretes oficiales” (Riba, 2015, p. 10); esto ha llevado a las mujeres a transformarse solo, en el mejor de los casos, en “consumidoras de la religión patriarcal y servidoras de sus proyectos” (Gebara, 2012) y, en el peor de ellos, al aniquilamiento de sus vidas.
Con el fin de cuestionar la ideología masculina y desacralizar los sistemas y mecanismos que ha ejercido la cultura tanática, irán tras una teología ecofeminista, en clave heurística, que “pone en evidencia las vinculaciones de todas las formas de opresión y violencia, desde la opresión de las mujeres en el interior de la familia hasta la destrucción del planeta” (Rojas, 2020, p. 39). En la búsqueda de una práctica, un lenguaje y unas formas que representen a ese cristianismo más justo y equitativo, la hermenéutica feminista va tras otras lecturas y otras interpretaciones; busca abrir otros caminos, que respondan a nuevos contextos y desafíos, lo cual ha provocado una distancia crítica importante frente a las interpretaciones oficiales.
1.1 Discurso religioso
Desde las teorías literarias se constata que “quien controla el discurso puede controlar indirectamente las mentes —conocimiento, actitudes, ideologías, normas, valores— y este control mental también supone el control indirecto de la acción” (van Dijk, 2009, pp. 30-31). Sin embargo, el primer paso para ejercer control sobre el discurso consiste en controlar el contexto, dado que este influye de manera decisiva en la configuración del discurso como tal.
El patriarcado y su poder, ejercido por sacerdotes y pastores en las comunidades cristianas, busca constantemente, por un lado, direccionar las acciones de las demás personas y, por otro, manejar el discurso de quienes son coartados en su libertad de acción y expresión como integrantes de una comunidad. De esta forma se entabla una relación directa y dinamizante entre discurso religioso, patriarcado y abuso de poder. Siendo importante mencionar que tal discurso puesto al servicio de un grupo dominante lo transforma en un acto comunicativo ilegítimo.
En este sentido, la teología como una práctica retórica debe ser consciente de que todo discurso acerca de la divinidad está articulado con situaciones sociopolíticas específicas, ejercido por personas particulares y con ciertos intereses en mente (Schüssler, 2012). Los discursos sobre Dios no son solo retórico-persuasivos, sino que corresponden a comunicaciones ideológicas enlazadas a las relaciones de poder que se desarrollan al interior de comunidades cristianas, entre congregantes mayoritariamente femeninos y hombres (obispos, sacerdotes y pastores), quienes detentan el poder y controlan el discurso, el contenido, las formas, los temas y su formulación. Por lo tanto, la tarea teológica debe centrarse en esa retoricidad y su potencial abuso.
Como praxis, la teología debe evaluar qué clase de Dios proclaman las comunidades y cómo las prácticas nacidas de esas reflexiones y lógicas teológicas dan forma a una determinada comprensión, visión del mundo y relaciones sociopolíticas. Además de evaluar de forma crítica cuál función cumple el discurso, sí existe o impulsa un compromiso de las comunidades cristianas con la defensa de los derechos humanos de las mujeres, depurando conceptos, símbolos e imágenes patriarcales que nutren los universos religiosos, porque se reconoce que los hechos de la violencia, sus fabulaciones y sus mitos son el resorte de una confrontación política alimentada por la religiosidad.
Del mismo modo, la reflexión teológica feminista rechaza los marcos macro- estructurales de sustentación de cualquier tipo de discurso religioso que promueva o legitime la violencia; por lo tanto, busca la deconstrucción del discurso androcéntrico y patriarcal, porque han contribuido a desencadenar consecuencias sociales nefastas. Así, el refuerzo de la tradición religiosa del sacrificio, el castigo, la dependencia y la obediencia sumisa han dejado y dejan a las mujeres expuestas a cualquier expresión de violencia. Estas creencias y formas de dominación, que se encuentran en los diferentes sistemas religiosos cristianos, se transformaron en fuerzas que legitimaron la producción y mantención de relaciones injustas.
De acuerdo con Gebara, “La religión sirve para la construcción de la comunidad humana, para el respeto y la unión entre todas las formas de vida” (2012, p. 223). Dicho de otra manera, promueve o debe promover una convivencia sana y respetuosa entre las personas, los grupos y los ecosistemas. En ese marco, si cualquier tipo de cristianismo excluye lo femenino conlleva en sí misma una contradicción, al infringir las normas de igualdad (Gálatas 3.27-28, citado en Gebara, 2012, p. 223) y caer en prácticas injustas.
En resumen, el discurso es una interacción situada que responde a una situación social, cultural, histórica y política. Como evento único, la pandemia generó consecuencias desastrosas para nuestras sociedades latinoamericanas y sus poblaciones vulnerables, develó una desigualdad de género tan abrumadora, una feminización de la pobreza extrema y una violencia doméstica tan descontrolada; debido a lo que indagar en la forma y el contenido de los discursos religiosos que se propagaron en ese contexto tienen una especial significación en la búsqueda para superar la pandemia en las sombras (Mlambo-Ngcuka, 2020; Thomas et al., 2020) y la demanda de un evangelio libre de violencia para todas las personas.
2.El pentecostalismo como sistema cultural, que crea y se recrea
Los pentecostales representan un importante sector dentro del evangelicalismo y el panorama religioso nacional e internacional (Campos, 2014). Según Corvalán, representan “más del 70% de la población evangélica en Chile” (2014, p. 41). El movimiento es un fenómeno religioso complejo, por la “diversidad a veces confusa (…) y tendencias contradictorias” (Droogers, 1991, p. 20), el cual presenta en “doctrina, liturgia, contexto socio-cultural de las comunidades, [la] política, [la] organización de la iglesia […]” (Orellana, 2010, pp. 448-449), un pluralismo desconcertante debido a su continua fragmentación interna.
Su matriz teológica, distintiva y transversal a todo el movimiento descansa, según Campos, en la teoría de la pentecostalidad, entendida como “la experiencia de todo el cristianismo con el Espíritu Santo” (2014, pp. 33-34) manifestado en glosolalia (y otros carismas), lo cual les permite tener una “experiencia espiritual inmediata y transformadora; que encuentra una primera racionalización en la predicación pública, en el discurso apologético o en la oración” (Vidal, 2012, p. 128).
Como sistema cultural simbólico, orienta la reproducción, producción y transformación de las relaciones sociales, al interpretar la realidad y el orden (Mansilla, 2009) que promueve un proceso de socialización capaz de configurar el ethos pentecostal, como una integración de normas y conducta moral a través de un nuevo lenguaje plagado de citas bíblicas, “un voluntarismo lingüístico” (Mansilla, 2009, p. 17) capaz de instrumentalizar el mal. Nuevo lenguaje que trasluce un determinismo religioso y pesimismo antropológico, que recalca una idea negativa respecto a la vida humana.
Su cosmovisión, en líneas generales, es dual y polarizada; creen que el mundo está penetrado por seres y fuerzas divinas. En esa realidad, los seres humanos no son meros espectadores de la lucha cósmica entre Dios y el diablo, ellos particularmente se consideran aliados de Dios en esa pelea, para lo cual utilizan los ritos (oración, exorcismos, vigilias, sueños, éxtasis, etc.) para vencer el mal (Mansilla, 2009). Al infierno y al mundo (tierra), los gobierna el diablo, quien dirige los poderes que la rigen y a quienes lo habitan. Dios, gobernaría a las personas que creen en él y a las iglesias que son fieles al evangelio, una teología que muestra a la divinidad indiferente y ausente de los conflictos sociales, políticos y económicos (Mansilla, 2016).
Con respecto al rol que ocupan las mujeres, la bibliografía es clara al apuntar que “el pentecostalismo es y fue un movimiento mayormente de mujeres” (Salazar, 2014, p. 63; Moulian, 2018, p. 125; Orellana, 2010, p. 14) ellas son protagonistas de dar vida a las iglesias, pero sin liderar formalmente ni tomar decisiones relevantes; más bien están confinadas a labores de servicio y Biblia, en mano, se justifica y se mantiene su subordinación, inculcándoles actitudes y conductas que limitan su acción a espacios domésticos (Pilco, 2014; Orellana, 2010). En los pocos casos de liderazgos femeninos que existen, estos se enmarcan desde una perspectiva mariana, de sacrificio y maternaje (Orellana, 2010); este empoderamiento es, más bien, un pseudo-empoderamiento, pues lo ejecutan desde la precariedad, tratándose más bien de “un liderazgo distinto, ambiguo y desconcertante” (Salázar, 2014, p. 62).
2.1 Características del mensaje pentecostal chileno
El pentecostalismo conserva una tradición teológica de tipo oral, testimonial y comunitaria, con un discurso fundamentalista, legalista e intimista. Su interpretación es libre, oscilando entre una lectura literal y una altamente alegórica, un proceso de reflexión que contiene, en su núcleo, una mezcla autobiográfica y bíblica.
Para la experiencia pentecostal, la Biblia es central (Sepúlveda, 1998), preeminentemente divina, inefable e inerrante, lugar de encuentro con Dios y su voluntad; por lo tanto, su máxima autoridad. Consideran sagrada toda la dimensión del libro incluida la versión, Reina Valera 1909-1960, sus páginas regulan y norman las conductas cotidianas: estado civil, adherencia a agrupaciones civiles, vestimenta, alimentación, diversión, trabajo, sexualidad y, por supuesto, la relación con la iglesia, operando como un texto civilizador. Quienes la predican y la interpretan para la comunidad, generalmente, son hombres ungidos por Dios, mediadores entre el cielo y la Tierra.
El culto, en sí, “constituye una de las principales experiencias” (Vidal, 2012, p. 486) para el creyente, y el púlpito, uno de los lugares más sagrado del templo y el desarrollo de la palabra, su clímax (Vidal, 2012). La exégesis es rústica, poco trabajada y sin pulir, profundamente carismática y espontánea, dado que no tienen como propósito establecer verdades a partir de un estudio científico de las Escrituras; sino, “afirmar que Dios habla y se comunica con su pueblo en [el presente], mediante su Espíritu, como lo hizo [en el pasado] con el pueblo de la Biblia” (Sepúlveda, 1998, p. 238).
Es su lectura ritual, cuyo único movimiento es desde la Biblia a la vida, lo cual trajo como consecuencia que “en el pentecostalismo la Biblia se lee, interpreta y proclama haciendo total abstracción de los problemas, tensiones y preguntas de la vida real, cayendo, en consecuencia, en una ‘espiritualización’ del mensaje bíblico” (Sepúlveda, 1998, p. 239).
2.2 Video gracia, comunidad de Puente Alto
Los medios sociodigitales fueron reconocidos como una herramienta clave en pandemia, “nos han ayudado a continuar con el accionar de la Iglesia, ya que podemos congregarnos y alabar el bendito nombre de Cristo en un formato digital” (IMPCH, 2021, 28 de diciembre), para aprovechar al máximo sus virtudes, llevaron a la Iglesia a una nueva era comunicacional. En esta transformación, la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile se considera pionera.
Las piezas audiovisuales nos permiten adentrarnos en un mundo que se construye a través de la mediación tecnológica, donde la experiencia del culto es reconfigurada en el espacio digital mediante la palabra, la imagen y la performance litúrgica, cuyos códigos se detallan a continuación. El servicio del día domingo es el más importante, tiene una duración de dos horas y el único predicador es Zenteno. Solo en las reuniones de martes y jueves, los varones, oficiales diáconos, comparten el plato central, nombre que le dan a la lectura y exhortación de la Biblia; pues el Obispo entrega el postre o resumen del tema que se abordó con anterioridad. En consecuencia, como médium autorizado, él siempre tiene una palabra que decir y su presencia parece obligada, práctica que solo responde al importante capital simbólico que posee.
Todas las reuniones son íntegramente dirigidas por varones, ellos son los protagonistas absolutos de la transmisión, las mujeres solo aparecen relacionadas al ministerio de Acción Social y a los coros polifónico e instrumental, donde son participantes destacadas, inclusive con los niños pequeños en brazos, en plena ejecución coral. Ellas solo pueden dirigir en reuniones de Dorcas, “columna vertebral” (Salazar, 2014, p. 62) de las comunidades pentecostales, instancias que también fueron transmitidas por las redes sociales una vez por semana, para mujeres.
Las transmisiones de los cultos entre semana son una puesta en escena familiar, como advierte el #iglesia en casa; la bienvenida la da un hombre, oficial diácono o predicador local; seguido, aparecerá desde su hogar una familia que entonará un corito (cánticos del himnario) con instrumentos, como guitarras y mandolinas, cuyas letras enfatizan el sufrimiento, el dolor por la ira que vendrá, las luchas para ser bueno, la necesidad de salvación y rescate, y el poder de la sangre de Cristo. En los grupos familiares siempre hay hombres, solos o acompañados, nunca se ve entonando un corito a una mujer sola o acompañada.
Los coros instrumentales o polifónicos, agrupaciones musicales dirigidas solo por varones, son fundamentales en las reuniones del día domingo, la transmisión está atravesada por sus intervenciones, pues la música y el canto son signos que remiten y fortalecen la identidad de la comunidad (Barrios, 2011). Estas intervenciones son archivos grabados en periodos prepandémicos e insertados para la ocasión, destaca en estos la alta carga emotiva que generan en el ambiente cúltico, siendo el medio por el cual afloran los carismas del Espíritu (lenguas, danza, etc.). Llama la atención uno de estos archivos grabados e insertado el día domingo 19 de julio de 2020, pues en este se puede observar a la Diaconisa Gertrudis junto a otras diaconisas, sentadas a un costado y a unos metros más abajo de la tarima del altar donde está el púlpito. El altar y el púlpito lo ocupan su esposo y los varones diáconos y predicadores, estableciendo simbólicamente la inequidad de la investidura y el poder. Ellas, al ser marginadas, no son reconocidas como sujetos religiosos legítimos.
Todas las reuniones son formales, el uso de la vestimenta y la forma del trato, entre los participantes lo denota. Los videos de entre semana tienen una hora de duración, son modestos en cuanto al espacio que utilizan, el set de grabación es más bien humilde, probablemente la casa de los predicadores. La Biblia aparece en manos de quienes dan el sermón central. En cambio, en las reuniones de los días domingo, los videos están grabados en un espacio un poco más elaborado, un piano de cola sirve de mesa para posar distintos objetos.
La oración está presente en todos los momentos de la reunión; así también los saludos con las glorias a Dios —saludo típico pentecostal, donde se levantan los brazos, se cierran los ojos y tres veces se dice ‘Gloria Dios’—, que puede invitar a darlas cualquier hombre en el culto.
De la descripción anterior, se desprende que en la puesta en escena de la pastoral hay un marcado manejo del contexto discursivo por parte de los hombres de la comunidad, cuya finalidad es manejar el discurso y a quienes acceden a él. Resulta evidente el resguardo férreo de un género sobre otro, para demostrar quién es la voz autorizada y representativa de Dios. La voz de las mujeres no es escuchada, conforme no se encuentran presentes en espacios de liderazgo ni de influencia en el desarrollo de los cultos, y cuando son mencionadas, lo hacen a través de denominaciones otorgadas por voces masculinas —como “hermanas”, “hijas” o “esposas de”— o bien para reconocer el testimonio religioso de aquellas que ya han fallecido.
La construcción y manejo del contexto tiene un sesgo importante y claramente constituye un tipo de violencia, resultando imperioso explorar el discurso religioso emitido en este escenario y las posibles implicaciones de esta configuración.
3.¿Qué dijo el Señor en la voz de un líder metodista pentecostal chileno?
Se realizó una aproximación al discurso del Obispo Zenteno, cuya voz fue un factor en la construcción de la realidad social vivida en pandemia. Para mayor comprensión en este ejercicio de análisis, está redactada en cursivas y entre “comas”. A través de la revisión de los aspectos generales de las alocuciones, la estructura del mensaje, las temáticas centrales abordadas en cada sermón, junto con los pasajes bíblicos utilizados, se podrá evidenciar cómo este hablante toma una postura ideológica frente a sus interlocutores, descubriendo en sus intervenciones sus juicios, valores y creencias en la situación comunicativa de confinamiento obligado.
Se debe advertir sobre la forma masculina de ser pentecostal que nos trasmite el predicador, mediado por un masculino genérico en cada una de sus expresiones. El hablante olvida reconocer la diferencia entre géneros y la realidad que crea el lenguaje, como forma de acción (Santander, 2011). Esta actitud refuerza los comportamientos sexistas, pues pone el foco en lo masculino asimétricamente por sobre lo femenino, que en su reflexión queda en la invisibilidad y a la sombra de la interpretación.
Indagar en los discursos pentecostales, es adentrarse a un sinnúmero de reflexiones, las cuales se mueven de forma pendular entre un llamado a “Servir al Señor y las bendiciones que esto trae a la vida” (IMPCH Puente alto, 2020, 4, 18 de junio); y el destino final del “hombre” (IMPCH Puente alto, 2020, 18, 23 de junio), que puede ser el cielo o el infierno. Según escoja y gane ese “hombre” (IMPCH Puente alto, 2020, 18 de junio). Así, los sermones son una mezcla de invitaciones a creer y esperar, la bendición y la fatalidad futura; “lo que viene es peor” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo; 21 de junio). Advertencias y recriminaciones, amenizados con anécdotas ilustrativas de “varones de Dios, hombres del Señor” (IMPCH Puente alto, 2020, 4, 7, 21, 25 de junio) él u otros, que luchan por ganarse el cielo con su conducta ejemplar, cuyo comportamiento es el mejor modelo para imitar.
La estructura del discurso contiene un saludo inicial, sencillo, casi popular “sin Cristo te vas cortado igual” (IMPCH Puente alto, 2020, 31 de mayo) y familiar, porque “Jesús no usó sesudas palabras” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio), a los pastores, hermanos y amigos dentro y fuera del país; para pasar a una pequeña introducción donde menciona regularmente el tema del sermón. En el epílogo, se reiteran las principales ideas transmitidas y se concluye con una doxología.
Por el carácter altamente sensible dado la situación extrema vivida en los primeros meses de confinamiento, la voz y la participación de Zenteno en las exégesis de los días domingo y en la semana cobran una mayor relevancia, él es referente obligado de moralidad y credibilidad, que trae confianza y esperanza a la comunidad. Él es la voz autorizada para explicar por qué Dios permitió tamaña calamidad, realizando claras referencias al pecado del hombre como motivo principal, para tal castigo y muestra de ira del Señor.
Es claro que entre el actual obispo y la Iglesia existe un vínculo estrecho; siendo “él, quien está revestido por la gracia del Espíritu para entregar el pan” (IMPCH Puente alto, 2020, 31 de mayo; 19 de julio), se presenta a sí mismo como un padre, un amigo, un hermano. A su vez, la audiencia, que presenta una alta convocatoria en todos los cultos, recepciona el uso reiterado de palabras como hijos e hijas, mi hermano, mi hermana; ubicándose en esos roles de estatus inferior. Esto se refuerza cuando se presenta a Zenteno, pues se mencionan sus cargos y posición dentro de la pastoral y fuera de ella, dejando en claro su cargo de alta autoridad, marcando una asimetría y polarización entre la Iglesia y su líder, configurando una relación paradójica de proximidad y distanciamiento simultáneos.
Los textos utilizados en las exégesis, casi en su totalidad, pertenecen al Segundo Testamento, asunto que se puede explicar porque la proclamación que hace del “evangelio, simple y profundo” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio) y la mención de “Cristo el Señor como el que perdona pecados, reconcilia al hombre con Dios y el único camino para salvarse e ir al cielo” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio) es una cuestión que permea todos sus sermones, aunque el tema central no se vincule necesariamente con ello. Cierra el diálogo, cuando rechaza en sus enunciados cualquier otro punto de vista “no es verdad que todos los caminos van al cielo” (IMPCH Puente Alto, 2020, 23 de junio).
El discurso pentecostal es redundante, agotador por momentos, con énfasis muy marcados cuando se exhorta las múltiples bendiciones que se pueden ganar por creer en Dios, saturado de metáforas, pleonasmos, de expresiones hiperbólicas y superlativas; así lo identificamos en diferentes sermones, en esta seguidilla de reflexiones “¿está híper asustado igual que los que no conocen al Señor?” (IMPCH Puente alto, 2020, 25 de junio); “millones de demonios pretenden meterle[s] a las personas maldades y perversiones” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo); “Nazaret, el lugar más pobre, corrompido y desdichado de Israel, donde había mucha gente delincuente y también gente honrada” (IMPCH Puente alto, 2020, 23 de junio).
En general, sus alocuciones están colmadas de preguntas retóricas que apelan e interpelan las conciencias de sus oyentes, un interlocutor hipotético que le acompaña porque está “preocupado de las cosas del Señor” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio). Por ejemplo, él se pregunta:
“¿qué tenemos que hacer nosotros?” y se responde así mismo; “ponernos a disposición de Dios; orar, y decir estoy sucio y rogar al Señor que nos quite el olor a mundo, la ropa del mundo, palabras del mundo, vocabulario del mundo, costumbres del mundo” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio).
Este recurso es utilizado para desarrollar su doctrina, sumando el uso de su cuerpo y voz; levanta los brazos, señala a la cámara con las manos, sonríe, baja la voz, ruega, buscando la complicidad con sus oyentes. A lo largo del sermón constantemente arenga a la hermandad, “no tenemos que llegar fríos luego de la pandemia; confíe en Dios” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio), matizando la voz y condenando con fuerza “las cosas del mundo y al pecado” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio), pero sin llegar a mostrarse molesto. Animando a no menospreciar al instrumento (varón predicador, él u otro), porque se trata de “virtud y poder de Dios en él… pero que si le entrega una palabra linda y sus hechos no están muy buenos, haga lo que ellos dicen y no lo que ellos hacen” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio). El orador busca, en todo momento, una respuesta positiva a sus alocuciones, guarda la compostura, anima a la audiencia virtual a no juzgar a quien predica sino que a conformarse con el interlocutor, ya que“el hombre será juzgado por el Señor” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio).
Sus enunciados están atestados de advertencias y recriminaciones: “¿es Ud. una guarida de demonios?” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio); “¿estás orando al Señor en tu casa?” (IMPCH Puente alto, 2020, 25 de junio); esto deja entrever juicios morales en las exhortaciones “¿cómo es posible que nadie sepa de que eres cristiano y cristiana, que jamás nadie lo haya sabido… porque nunca has dado testimonio?” (IMPCH Puente alto, 2020, 25 de junio), “¡la pandemia no es más tiempo para pecar!” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo); y con intensidad les pide: “¡los descarriados vuelvan!” (IMPCH Puente alto, 2020, 21 de junio).
A la vez, con voz dulce, solicita por favor a los “hermanos mayores que se cuiden, que no salgan” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio); en otra ocasión en actitud pastoral, se le puede ver animando directo a la cámara: “Dios proveerá por distintos medios; no tenga miedo Dios está con usted” (IMPCH Puente alto, 2020, 24 de mayo). Oración que funciona como una máxima; “no va a dejar que le pase nada malo” (IMPCH Puente alto, 2020, 24 de mayo), sentencia.
3.1 Imaginarios presentes en el discurso metodista pentecostal, principales hallazgos
Analizar el núcleo reflexivo del predicador, poseedor absoluto de la palabra, descubre el sesgo de género y la visión antropológica sexista, lo cual le da consistencia espiritual al dominio masculino, y suministra una estructura sólida para subyugar principalmente los cuerpos y las conciencias de las mujeres. Se pone en evidencia como la violencia simbólica puede generar en las mujeres al interior de la familia opresión y violencia directa. Violencia simbólica incrustada en este tipo de discurso que la Teología Feminista de la Liberación latinoamericana busca denunciar, cuestionar y deslegitimar.
Las líneas maestras trasmitidas por el hablante poseen una fisonomía doctrinal y moral, atravesada por símbolos patriarcales, cuya consecuencia directa ha sido construir y legitimar simbólicamente la relación entre los géneros, al configurar la posición subordinada de las mujeres y remarcar su status de segunda clase, perfilándolas como sujetos infantilizados; en este caso específico, incapaces de manifestar cómo las afectó la contingencia.
En la revisión de los monólogos es posible identificar una serie de temáticas que en su articulación crean imaginarios donde las mujeres se perfilan como consumidoras de un tipo de religión que las atrapa e invisibiliza. A partir de algunos fragmentos se pueden identificar patrones discursivos potencialmente destructivos para las mujeres. No son efectos directos, pero sí responden a lógicas simbólicas que tienden a ponerlas en lugares de mayor vulnerabilidad, silenciamiento y desprotección debido a su estructura. Estos son: vida presente/vida fututa; hombre salvado/hombre perdido; cultura/sociedad/mundo.
a) La vida presente: acoplados en este tema en particular, se pueden encontrar lógicas de subordinación, silenciamiento, universalización del sufrimiento, sacralización y externalización de la problemática de violencia en el hogar.
Dada la condición pandémica, las personas se encontraban mayormente expuestas a la recepción de mandatos religiosos, así como a encadenamientos discursivos de carácter autoritario y de sometimiento a las autoridades, a la ley divina y a sus representantes masculinos. El presente y el futuro inmediato para el hablante se percibe “de mortandad” (IMPCH Puente alto, 2020, 24 de mayo) y de preocupación, por lo que se encuentraa constantemente alentando a obedecer a las autoridades, “porque se entiende que las normas son para bien; en lo secular la gente escapa del encierro, bebe, asiste a fiestas, no obedece al toque de queda, cumpla la norma sanitaria” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). Él, como mediador entre Dios, el Estado y la comunidad, lo refuerza: “alguien manda y los otros obedecen” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo), posicionándose a favor de la leyes y normas ejecutadas; porque “los cristianos han sido enseñados para obedecer y orar por las autoridades” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). Este patrón de obediencia acrítica a la autoridad, como lógica de subordinación, exaltada como virtud, es destructivo para las mujeres, pues refuerza una estructura jerárquica vertical, que al ser trasladada al ámbito doméstico suele legitimar la autoridad masculina en el hogar. Además de superponer la primacía del orden institucional y la sacralización de la norma.
En su enfoque determinista, la pandemia fue un tiempo de gran sufrimiento estipulado por Dios, es consciente de las consecuencias asociadas, de los “muchos problemas, de la pobreza por el trabajo informal” (IMPCH Puente alto, 2020, 24 de mayo) que trajo consigo el encierro. Es reiterativo escuchar en sus monólogos “en el mundo pentecostal no gozamos de grandes posesiones de dinero, la posición socio económica no es la mejor” (IMPCH Puente alto, 2020, 25 de junio). Las problemáticas económicas derivadas de este contexto generaron un aumento significativo de la pobreza, la cual, tanto en ese período como en la actualidad, se manifestó de manera diferenciada según el género. No obstante, nuestro interlocutor no menciona esta dimensión, aun cuando conoce la situación crítica que atraviesan los hogares de su comunidad.
En uno de los sermones, donde el tema central es vencer a la cultura (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo), se refiere en extenso a la situación de las familias en los hogares, refiriéndose adyacentemente a las situaciones de violencia generados en ellos. Comienza apuntando a lo externo, a la condición “de hacinamiento por vivir sometidos a una reclusión por las casas pequeñas en Puente Alto”. Este es un municipio populoso caracterizado en las últimas décadas por ser una comuna “dormitorio” y de servicios, con una extensa superficie donde se emplazan casas de distinto tamaño, es probable que parte de la hermandad viva en hogares con pocos metros cuadrados, pero puede que no sea la realidad representativa de cada familia.
Los espacios reducidos, según Zenteno, inducen “desesperanza, el aburrimiento, lo que provoca roces en el matrimonio, problemas en la familia, violencia intrafamiliar, por culpa de cambio de roles, por la alteración del orden en la familia y la lucha interna por demostrar quién es más fuerte” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo), frente a estas problemáticas se cuestiona “¿Cómo actúa la iglesia en este periodo?”, preguntándose “¿Cuál es la respuesta del Señor Jesucristo, de Dios?” y “¿Cuál es el consejo que él tiene para nosotros?” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). En este fragmento, juzga de forma negativa la capacidad de las familias para manejar el encierro sin conflicto, por lo que la violencia aparece como efecto “casi comprensible” y situacional, suavizando la gravedad ética y sin una clara condenación moral a quien la ejerce.
No solo el hacinamiento y el aburrimiento son culpables de la violencia en los hogares; sino también cuestiones culturales que se imponen, costumbres que son una carga para las familias. Tal y como propone “por mucho machismo, o mucho feminismo que no son buenos, al autoritarismo o al liberalismo, son costumbres impuestas” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo) y que impiden que la relación funcione; ideologías incomprendidas y que se confunden en su imaginario. Otro factor nombrado sería el diablo, participante activo en estas problemáticas, ya atestiguado en ocasiones anteriores (Mansilla, 2009; Fundación Paz y Esperanza, 2014; Paz y Esperanza Internacional, 2014).
Insta a vivir conforme a las normas cristianas que están en las Escrituras, “a tener paciencia, a disponerse a soportar, a sufrir, a aceptar una situación que pueda ser injusta, que por amor a Dios y a los demás soportamos” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). Sobre todo “paciencia” en este periodo de confinamiento, para “ver estas situaciones que nos complican como sociedad” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). Sin mencionar la violencia descontrolada ni a un posible atropello de derechos de las mujeres, a este asunto se lo ubica en el plano de las ofensas, minimizando además las consecuencias de la violencia psicológica, “a lo mejor en su casa alguno de los dos se ofendió, la persona que ofende se olvidó; es un diálogo de sordos” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo), dirá.
Como a las mujeres en el cristianismo se les ha socializado que uno de sus roles sea la oración y el confinamiento privado, sin voz pública, no es extraño encontrar en su reflexión una indicación que refleje tal idea: “Dios ocupa a un varón para dar la palabra de Dios y las hermanas oran” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio). A la hermana que pretende buscar una solución al confrontar al ofensor, la oración es el camino: “hija, entregue su causa al Señor, ore para que su marido se convierta” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). Luego, en tono sarcástico expresará: “y tal vez la convierta a ud. para pelear se necesitan dos, la cristiana se baja por amor al Señor y deja de pelear y se acaba la pelea, el que es más violento o violenta, ganó el boche en apariencias”, conminándola a ella: “Ud. vaya al Señor y plantee estos problemas, él va a hacer justicia” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). Se define a la buena cristiana como orante, silenciosa y pasiva, apelando a la autoridad divina, clausurando voces alternativas y subordinando la experiencia femenina. Se avanza desde una recomendación pastoral a un juicio moral con expectativas concretas de sumisión.
Por su parte, una de las afirmaciones más peligrosas y nocivas dichas en todos los sermones revisados, y que conecta indiscutiblemente con la violencia directa es “mi esposa y mis hijos son parte mía, no son mi prójimo” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo) expresándola con énfasis al apuntar con sus manos hacia a él mismo. Sin poder percibir la otredad, pues su esposa “es un familiar”, concibe a su esposa como una extensión del yo masculino, continuidad del varón. Las mujeres que evoca también los son: “pastora Cecilia de” (IMPCH Puente alto, 2020, 31 de mayo); “Helena de” (IMPCH Puente alto, 2020, 19 de julio). En este asunto él cierra autoritativamente el diálogo y norma su postura desde un enfoque patriarcal de configurar la familia. Aunque va matizando sus consejos, “cada pareja es particular y deben fijar las reglas en amor, dejen la malicia y los garabatos e improperios a la pareja y a los hijos. ¿Qué paso con el amor? Deberán entender que tendrán que llegar conforme a la promesa hasta que la muerte los separe, Dios bendijo esa unión” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo).
En su discurso, el presente y las situaciones de la vida no son para afanarse, “no importa lo que pase aquí lo que importa es el premio, estar en el cielo” (IMPCH Puente alto, 2020, 24 de mayo); así pues frente a cualquier mal que acontezca en el ahora se debe “orar, orar, orar y leer la Biblia” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). El ahora solo es una oportunidad para ganar el cielo, por este motivo en su imaginario, la contingencia asociada a la violencia doméstica, quedan fuera de toda discusión seria y urgente.
Solo se advierte el importante lugar que le otorga al cultivo de la vida espiritual, que ciertamente será probada; en consecuencia, se debe ser diligente en atender a la pandemia, porque o se flaquea o se resurge espiritualmente desde sus fauces. Por tanto, llegar a sanar de covid-19 se interpreta como nacer de nuevo, cuestión que se debe aprovechar para dejar de pecar.
b) La vida futura o vida eterna es un anhelo profundo e intenso, porque “se recibirá un premio, una corona” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo), es altamente apreciada y se la perfila como abundante. Por otra parte, el cuidado del alma es vital y le da profundidad de sentido a la experiencia humana “¿tu alma adónde va?” (IMPCH Puente alto, 2020, 31 de mayo); por lo que su rescate es lo que importa. Se trabaja en su riqueza y cuidado, de lo contrario “arriesga su vida eterna” (IMPCH Puente alto, 2020, 18 de junio).
Sus exhortaciones oponen lo espiritual y lo material, que aparece devaluado, pues solo las cosas de arriba valen, tienen sentido y se deben buscar; “busca las cosas de arriba” (IMPCH Puente alto, 2020, 31 de mayo) en razón a lo cual la realidad se juzga desde ese prisma. Intensificándolo progresivamente hacia un clímax escatológico de juicio y recompensa “que está cerca, habrá un juicio” (IMPCH Puente alto, 2020, 24 de mayo), del cual el cristiano consagrado se librará y tendrá “un futuro mejor que cualquiera” (IMPCH Puente alto, 2020, 23 de junio). Esta reflexión normaliza el sufrimiento, al desplazar escatológicamente el juicio, lo que puede legitimar la pasividad frente a la violencia y a la opresión que viven las mujeres. Asimismo, muestra un peligroso desprecio por la integralidad de la vida, lo cual puede inducir no solo al menosprecio del cuerpo, que siempre se ha asociado a lo femenino; sino que, a fragmentar la completitud de lo que significa ser persona.
c) Hombre salvado, en estos enunciados la posición ideológica del hablante favorece al androcentrismo; los hombres son el marco de referencia obligado y en sus cuerpos se encarna la salvación y la perdición; en consecuencia, el mensaje del cristianismo queda reducido y atrapado en una red de lógicas teológicas androcéntricas que satisfacen al grupo dominante; ya que, están al servicio del statu quo.
El “Hombre” salvado es el “que tiene a Cristo” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio), “un hijo del Señor” (IMPCH Puente alto, 2020, 25 de junio) que le ha entregado su vida y depende de él. Que fruto de la conversión irá al cielo, de elevado porte moral, sabio, lleno de bondad, justicia, paz, paciencia, feliz, rico espiritualmente, generoso; que se deja limpiar por el Señor, dispuesto a morir al yo. Un asunto reforzado a través de la narración de una historia acerca de un varón de la época del icónico pastor Umaña (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio).
El “hijo del Señor” es un hombre que trabaja por la Iglesia, llega al punto de predicación y ora, el ejercicio distintivo de este tipo de hombre. No obstante, puede transformarse en un hermano carnal y descarriarse, ser un mal agradecido, por eso le recrimina: “¿Está viviendo el Señor en tu corazón, en tu vida?” (IMPCH Puente alto, 2020, 25 de junio), se insiste entonces en redoblar la consagración y la oración, “cuida tu vaso” (IMPCH Puente alto, 2020, 23 de junio) insistirá. Este es un hombre de bajo perfil, que no asiste a fiestas; por ende, no es el alma de ellas; ni bebe, cuestión condenable: “¿cómo te van a creer si el primero que promociona, pone los discos y el alma de la fiesta eres tú?” (IMPCH Puente alto, 2020, 25 de junio). Dispuesto a sufrir, “todo lo que Jesús pasó el cristiano también lo pasa, cristianos que se esmeran, que ponen el pecho al frente, que ganan la bendición, que renuncian al pecado” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). Desde la teología feminista, este tipo de construcción reproduce patrones de invisivilización de lo femenino y androcentrismo soteriológico. Surgirá una pregunta: ¿quiénes son, qué características tienen y adonde van las mujeres salvadas?
d) Hombre perdido, “es uno de naturaleza pecaminosa, animal” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio), el cual necesita reconocer su imperfección, lleno de maldad, que irá al infierno, un gentil que no conoce a Dios, que adora a los dioses de carne, preocupado “de las cosas del mundo, con olor a mundo” (IMPCH Puente alto, 2020, 7 de junio). Un pecador distanciado que ofende a Dios; por ello necesita reconciliarse y arrepentirse. Este sujeto, en su perdición, tiene la capacidad de decidir por su bienestar, si tiene fe obtendrá la misericordia de Dios y “alcanzará el perdón de pecados” (IMPCH Puente alto, 2020, 18 de junio).
e) Cultura, sociedad y mundo, no existe una diferencia clara entre cada uno de estos conceptos; pues se utilizan de modo intercambiable, pero coinciden en que las alusiones a cualquiera de los conceptos son negativas. La cultura, por ejemplo, se considera “un lastre, un peso como el del pecado, del cual hay que despojarse, sus costumbres son impuestas y paganas” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo; 21 de junio); un lugar propicio “para que los millones de demonios se le metan a las personas y estas practiquen maldades y perversiones que impiden obedecer al Señor” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo).
De igual forma, a la sociedad, se la asocia con lo secular, el énfasis está puesto en que es un lugar donde vive gente que es desobediente a Dios y “al toque de queda impuesto por las autoridades” (IMPCH Puente alto, 2020, 17 de mayo). Se perfila como un lugar perdido, pero se vive y se participa de ella.
Adicionalmente, el mundo es el lugar donde viven los gentiles que no conocen a Dios, gente mala, preocupados de las cosas del mundo, de la belleza exterior. Todo lo que represente, se percibe como sucio —ropa, palabras, vocabulario, costumbres—ww y profano. Impresiona la insistencia con la que se menosprecia y se busca distanciar al ser humano de aquello que lo rodea.
Ahora bien, lejos de desconocer la situación de violencia que generó el confinamiento en las “casas pequeñas” de su comunidad, las mujeres no aparecen en estas alocuciones como sujetas a ser protegidas o advertidas frente al peligro; por el contrario, su experiencia es marginada y silenciada. En lugar de reconocer lo dramática y desafiante que pudo ser, son interpeladas a tener paciencia, resignación y oración. De este modo, el discurso las sitúa en una posición de vulnerabilidad y exposición al peligro.
Hacia el final del análisis, tres son los principales factores estructurales y discursivos que se pueden observar en los sermones, los cuales confabulan e impiden que la violencia doméstica sea tematizada de forma directa, crítica y responsable; el factor teológico-dualista se relaciona con la espiritualización de la realidad y la escatologización del juicio, en su imaginario, lo valorable, lo respetable está fuera de la vida cotidiana, del presente; por lo que cualquier intento por buscar justicia queda desplazado post mortem; el factor de la inexistente mirada de género, que tiende a la sacralización patriarcal del orden familiar, a coresponsabilizar a la víctima y a interpretar la violencia como consecuencia del cambio de roles y, por último, el factor hermenéutico-pastoral, que apunta a un discurso monoglósico y masculinizado que monopoliza la interpretación y silencia la experiencia de las mujeres, como fuente legítima de la reflexión teológica.
4.Conclusiones
La utilización de la perspectiva de la Teología Feminista de la Liberación Latinoamericana como marco teórico permitió desocultar, en las reflexiones analizadas, una serie de enunciados que configuran dinámicas opresivas de aparente baja intensidad —por su carácter frecuentemente imperceptible—, pero que al encontrarse solapadas con el anuncio del Evangelio, resultan particularmente insidiosas y confusas.
A partir de una teología dualista que desvaloriza la experiencia concreta de las mujeres el discurso reproduce un dualismo teológico entre lo espiritual y lo material. Esta jerarquización ontológica tiene efectos de género al desestimar lo corporal, cotidiano y relacional, ámbitos donde se inscribe gran parte de la vida de las mujeres (cuidado, trabajo doméstico, maternidad, sobrevivencia y experiencias de violencia) quedando fuera del núcleo de la reflexión pastoral. En consecuencia, la salvación se concibe prioritariamente como salvación del alma y no como liberación histórica de cuerpos oprimidos.
La lógica de desplazar la justicia al más allá, relativizando la urgencia de intervenir en el presente es otro razonamiento que funciona como un mecanismo de neutralización ética y política, ya que el sufrimiento de las mujeres se interpreta como situacional y no como una injusticia estructural, que exige protección, denuncia y transformación. Así, la teología se transforma en legitimadora de la espera pasiva, antes que un motor de liberación.
La hermenéutica del poder patriarcal construye, o pretende construir, una espiritualidad femenina de sumisión y silencio, configurando una espiritualidad de renuncia, desde una perspectiva feminista esta actitud no protege a las mujeres, sino que las expone y las mantiene en situaciones de riesgo al sustituir acciones de cuidado, protección y justicia por exhortaciones de resignación.
La práctica retórica monoglósica, monopólica interpretativa masculina que presenta la autoridad masculina como mediadora legítima de la voluntad y de la salvación de Dios, no permite que las mujeres aparezcan como sujetos teológicos ni como fuente de conocimiento sobre Dios, desde su propia experiencia. Su voz, su sufrimiento y su agenda quedan sistemáticamente borrados, mientras que lo masculino se erige como único filtro capaz de dar cuenta de la experiencia religiosa; al reproducir el androcentrismo soteriológico, que universaliza la experiencia masculina y margina la femenina.
Finalmente, queda pendiente la tarea de descubrir y escuchar la voz de las mujeres religiosas que recepcionaron dichos mensajes durante la pandemia, así como de conocer sus relatos en primera persona. Si bien el período de confinamiento ha concluido, las consecuencias —particularmente aquellas que permanecen en las sombras— persisten; por ello, resulta pertinente levantar información estadística en comunidades metodistas pentecostales chilenas respecto del perfil de la violencia doméstica que las atraviesa.
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Biografía de la persona autora
Chilena, cursé mi formación académica, pre y pos grado, en La Comunidad Teológica Evangélica de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile y La Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión UNA, Costa Rica. Me desempeño como profesora de Religión y Teología en el Instituto Evangélico de Teología O´Higgins, entre otras instituciones, en Santiago de Chile, porque estoy firmemente comprometida con la docencia y la formación de nuevas generaciones de creyentes.
Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión
Universidad Nacional, Campus Omar Dengo
Apartado postal: 86-3000. Heredia, Costa Rica
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