
Temas de nuestra américa
e-ISSN: 2215-3896.
(Enero-Junio, 2025). Vol 41(78)
DOI: https://doi.org/10.15359/tdna.41-78.1
Open Acces: https://www.revistas.una.ac.cr/index.php/tdna
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Artículos y ensayos |
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Vivencias de mujeres nicaragüenses en la Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua, 1980: aportes para la reconstrucción de la memoria colectiva desde una mirada etnopsicoanalítica y de las producciones narrativas1 Experiences of Nicaraguan women in the National Literacy Crusade in Nicaragua, 1980: Contributions to the reconstruction of collective memory from an ethnopsychoanalytic perspective and from narrative productions |
Gabriela Segura-Umaña
Licenciada en Psicología y Máster en Estudios Latinoamericanos
Universidad Nacional, Costa Rica
ORCID: https://orcid.org/0009-0003-7712-5039
Recibido: 30/05/2024 - Aceptado:16/10/2024
Resumen
El propósito de este artículo es analizar las vivencias subjetivas de mujeres nicaragüenses que participaron como alfabetizadoras en el proyecto político “Cruzada Nacional de Alfabetización” en Nicaragua, 1980, como un esfuerzo que contribuya a la reconstrucción de memoria colectiva de este importante evento en la historia reciente de Nicaragua y de la región centroamericana. El objetivo, por tanto, es posibilitar la inclusión de redefiniciones y reescrituras de la historia a partir de la discusión sobre cómo se construyen las memorias y cómo la historia oficial hace omisiones de la pluralidad de voces “otras”.
El análisis de las vivencias se llevó a cabo desde dos métodos: el del etnopsicoanálisis, que expone la revisión de las producciones contratransferenciales propias de la investigadora, surgidas a partir de la interacción con las participantes, y el de las producciones narrativas, que toma en consideración el entramado social de su mundo, construido con significados y símbolos, de aquel determinado momento histórico. Se evidencia que las vivencias de las alfabetizadoras estuvieron atravesadas por los mandatos sociales de género, reproducidos en la guerra, así como en la militancia política y social; también atravesadas por miedos y esperanzas compartidas en colectivo. En la rememoración de esas vivencias y en su análisis se encuentran perspectivas acerca de cómo esta experiencia habría jugado un rol fundamental en la construcción de subjetividades y abierto nuevas posibilidades de habitar otros roles y espacios para las mujeres en la sociedad nicaragüense.
Palabras clave: memorias colectivas; alfabetización; etnopsicoanálisis; producciones narrativas; emancipación; estudios latinoamericanos.
Abstract
The purpose of this article is to analyze the subjective experiences of Nicaraguan women who participated as literacy teachers in the political project called the “National Literacy Crusade” in Nicaragua in 1980, as an effort that contributes to the reconstruction of collective memory of this important event in the recent history of Nicaragua and the Central American region. The aim of this analysis, therefore, is to enable the inclusion of redefinitions and rewritings of history, based on the discussion about how memories are constructed, and how official history makes omissions from the plurality of “other” voices.
The analysis of their experiences is approached through two methods: ethnopsychoanalysis, that involves examining the researcher’s own countertransference productions, which arise from the interaction with the participants; and narrative productions, that consider the social framework of the women’s world, constructed with meanings and symbols specific to that historical moment. The text emphasizes that the experiences of the literacy teachers were influenced by gender-related social expectations, which were reproduced in the context of war and political and social activism. However, these experiences were also shaped by collectively shared fears and hopes. Through the remembrance and analysis of these experiences, the text explores how this participation in the literacy project may have played a fundamental role in shaping subjectivities and opening up new possibilities for women to inhabit different roles and spaces in Nicaraguan society.
Keywords: collective memories; literacy – Ethnopsychoanalysis – Narrative productions – Emancipation – Latin American Studies
La Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA) fue un hecho relevante en la historia reciente de Nicaragua y de los procesos latinoamericanos, no solo por sus alcances en cuanto a la disminución de los altos niveles de analfabetismo, producto de una dictadura, sino también en términos de promoción de procesos organizativos y de politización popular. En palabras de Óscar Jara (2019), se trató de una experiencia que potenció un derecho básico que estaba muy por encima de la también importante lectoescritura: la valorización de la voz, de la vida y las palabras de las personas.
En ese sentido, si bien la participación de las mujeres en la CNA fue significativa, pues representó el 60 % de las personas brigadistas en las montañas y más del 60 % en las zonas urbanas (DEI, 1981), lo cual se ha producido en torno a la Cruzada, ha sido construido desde una historia oficial y desde la visión del hombre nuevo como sujeto político, que excluye la particularidad de las experiencias y punto de vista de las mujeres.
Este escrito presenta algunos de los resultados más relevantes de un proceso de investigación que se convierte en un esfuerzo inscrito en el campo de la reconstrucción de memorias colectivas y la contribución que estas pueden realizar al pensamiento crítico en América Latina, en tanto pueden asumir un carácter disidente respecto a la historia oficial, y dar cabida a las múltiples narrativas que validan los procesos históricos fundacionales, de dinámicas de resistencias y luchas, narradas desde actores y fuentes propias.
Se partió de los referentes del psicoanálisis crítico social, así como de las perspectivas del feminismo, en cuanto a la reflexión sobre el funcionamiento del poder. Se consideró los diferentes lugares sociales y culturales de donde son exponentes las personas implicadas en la investigación (Hauser, 2014); además, se sostuvo la necesidad de superar la conceptualización del sujeto único, universal y homogéneo, arraigada en las perspectivas más positivistas, occidentalizadas o colonizadas, sobre la producción del conocimiento (Platero en Mendia et al., 2014; Curiel, 2009).
Se estimó que una lectura crítico-social del psicoanálisis constituye la base teórica y epistemológica más pertinente a la hora de llevar a cabo análisis e interpretaciones sobre los conflictos e imágenes inconscientes, afectos y representaciones en relación con las distintas vivencias sociohistóricas.
La propuesta metodológica se enriqueció mediante la articulación de narrativas que facilitaron la construcción de memorias colectivas, en las cuales se logró capturar el proceso de reflexión desde la perspectiva de las personas, quienes están continuamente interpretándose y definiéndose en diferentes situaciones. El interés giró en torno al entendimiento del fenómeno social desde la visión de las protagonistas; tomándose en cuenta el significado afectivo que tienen las cosas, situaciones, experiencias y relaciones que afectan a los sujetos, así como a las subjetividades sociales que las constituyen, donde el tiempo no es una condición lineal (Taylor y Bogdan, 1998, en Chárriez, 2012).
Siguiendo a Jelin (2002), se entiende a las memorias como procesos subjetivos anclados en experiencias y en marcas simbólicas y materiales, lo cual permite pensar los aspectos sociales y colectivos de la memoria. Además, reconocer a las memorias como objetos de disputa apunta a prestar atención al rol activo y productor de sentido de quienes participan en las distintas luchas. Bajo esa lógica, una mirada feminista nos insta a cuestionar quién, desde dónde y con qué fin se construyen determinadas versiones sobre el presente y el pasado, es decir, sobre la realidad social y sus memorias.
Se planteó como propuesta de acercamiento el método del etnopsicoanálisis, el cual posibilita el estudio de las representaciones conscientes e inconscientes en el marco de una cultura determinada, así como el abordaje del malestar producido por la conflictiva entre los deseos pulsionales y las demandas del entorno sociocultural (Rodríguez y Valverde, 2020).
Se trabajó con atención flotante, autorreflexión y supervisión de la propia contratransferencia y asociaciones libres (Hauser, 2014), en la cual la curiosidad y el compromiso ideológico fueron motores de la investigación. Con el uso de las producciones narrativas, se privilegió la construcción de significados a partir del énfasis del conocimiento situado; es decir, asumiendo una objetividad parcial y un posicionamiento políticamente responsable (Balasch y Montenegro, 2003).
Como sujetas participantes de la investigación, se seleccionó a tres mujeres nicaragüenses y se llevaron a cabo cinco entrevistas. Al tratarse de una investigación cualitativa, el objetivo no fue la generalización de los resultados, sino que, por el contrario, se privilegió la particularidad de los testimonios. En ese sentido, a pesar de que la muestra podría considerarse reducida, resultó lo suficientemente significativa, pues permitió una aproximación a vivencias que crean fisuras en el discurso oficial acerca de lo que fue la CNA, al develar las contradicciones que se presentaron dentro de un proyecto enmarcado en un proceso revolucionario, y en esa medida hubo un aporte de nuevas lecturas que enriquecen las memorias de este proyecto político.
El registro de la contratransferencia por parte de la persona investigadora fue de gran interés y relevancia para clarificar aspectos que podrían afectar o enriquecer el análisis de los datos obtenidos. En esa línea, resulta pertinente compartir las razones o motivaciones personales que llevaron a la elección del objeto de estudio, así como de las sujetos participantes.
Como mujer joven, hija de una mujer migrante nicaragüense, mis raíces siempre han traspasado las fronteras construidas entre Nicaragua y Costa Rica; mi identidad ha sido el resultado de las experiencias que he entretejido entre ambos países, las cuales, de alguna manera han estado marcadas por la guerra, la revolución, la migración, el silencio y el olvido. En ese sentido, me vi implicada en el proceso investigativo y a lo largo de este pude identificar, así como registrar, distintas emociones, sentimientos y sensaciones corporales generadas a la hora de establecer un vínculo con la temática, así como con las mujeres que narraron sus historias.
Dentro de las manifestaciones contratransferenciales destaca la idealización del proyecto político de la Cruzada y el constante contraste entre esa idealización y las memorias que narraron las mujeres protagonistas. Esto llevó a que experimentara emociones como irritación, impotencia, enojo, añoranza, alegría, tristeza, entre otras. Estas manifestaciones pueden ser comprendidas dentro de la relación transferencial y los elementos subjetivos de mi historia de vida, que entraron en juego en dicha relación. Además, hubo presencia de dolores de cabeza, cansancio físico y agotamiento emocional, como expresiones de malestar que no pudieron ser puestas en palabras al momento de la recolección de los datos.
Uno de los mayores afectos que se movió a través del proceso de investigación fue la idealización de la CNA. Deposité ideas y sentimientos de admiración profunda por lo que representó la CNA y, en específico, por las mujeres participantes. Idealicé también la revolución y los discursos oficiales que afirmaban que este proyecto político se había constituido en un espacio para la emancipación de las mujeres. Sin embargo, conforme me fui adentrando en las historias, me encontré con que la realidad de la Cruzada fue mucho más compleja y contradictoria de lo que yo habría querido imaginar dentro de un proceso revolucionario. Esto, de alguna manera, ya lo sabía, pero al escucharlo en las narraciones, pude identificar que me sentí conflictuada e irritada porque iba en contra de lo que yo imaginaba o esperaba y deseaba escuchar.
Esto se presentó en la primera conversación con Victoria, en la cual ella da cuenta de situaciones de abuso hacia las mujeres y de la complejidad del momento histórico que vivieron; por lo tanto, sus experiencias se encuentran atravesadas por la lógica patriarcal. Recuerdo que cuando terminamos, mi primera reacción fue pensar que esa entrevista no me serviría porque no se ajustaba a la línea investigativa que yo proponía. No obstante, conforme tuve las siguientes entrevistas, con Elena y Malena, pude identificar que estos relatos se repetían y eran aspectos que habían sido una parte relevante de la vivencia de ellas; lo cual el discurso oficial invisibiliza de forma sistemática.
A través del análisis de mi contratransferencia, me pude dar cuenta de que a pesar de que una de las líneas de mi investigación giraba en torno a contrastar el discurso oficial con las experiencias de las mujeres, yo no esperaba que esas experiencias fueran muy distintas, y en el fondo deseaba que fueran una afirmación de dicho discurso.
Otro momento en el cual pude identificar mi idealización del proceso fue cuando Elena me contó que una de las razones por las cuales había participado como alfabetizadora fue porque les ayudaría a pasar el año lectivo. Recuerdo haberme sentido un poco molesta, porque yo había imaginado que todas las personas participantes de la Cruzada lo habían hecho a partir de un convencimiento y compromiso total con la apuesta de la revolución. Sin embargo, cuando Malena me habló de lo mismo y pude hacer comparaciones entre ambas historias, mi mirada se amplió hacia la realidad contextual del momento y lo que representaba para ellas el poder completar un año de estudios.
Analizar mis manifestaciones contratransferenciales me permitió darme cuenta de los aspectos subjetivos que se jugaban en mí como investigadora y cómo estos estaban saturando mi mirada y mi escucha, pues pude observarme, y ver cómo proyectaba mis deseos inconscientes sobre cómo creía que debía haber sido la vivencia como alfabetizadora en la Cruzada.
Cuando realicé el viaje a Nicaragua y pude compartir experiencias con las mujeres que logré entrevistar, debí reconocer que yo era percibida como una persona extranjera, lejana a la realidad de estas mujeres, vista además desde las representaciones que existen sobre una mujer costarricense en Nicaragua: una mujer de ciudad, “delicada”, con un estilo de habla distinto, que nunca ha hecho tareas propias del campo.
Otro aspecto relevante del ser extranjera que quedó plasmado en las dinámicas de las entrevistas fue lo que pude percibir como una pregunta no hecha sobre el por qué yo estaba ahí, por qué quería recopilar estas memorias, y eso fue interesante porque se dio en un contexto de incertidumbre producto de lo que había implicado las protestas de abril del 2018 en Nicaragua.
Reconocer estos aspectos fue de suma relevancia para comprender, y hacerme preguntas, sobre lo que las participantes me querían transmitir con sus narraciones, y más importante aún, cuáles fueron aquellos silencios y olvidos en la reconstrucción de sus memorias.
Lo intrapsíquico no puede separarse de los fenómenos económicos, culturales, sociales e históricos (Hauser, 2016), en ese sentido, el contexto político y social de la CNA estuvo marcado por la adversidad geopolítica sostenida, ya que el triunfo de la Revolución sandinista no implicó el fin de la guerra, sino su continuidad con la aparición de los denominados grupos contrarrevolucionarios. En ese sentido, las vivencias dentro de la Cruzada se pueden comprender dentro de un proceso político de transición que procuraba la participación y la lucha social, en la cual seguía habiendo contradicciones, temores y defensa de intereses desde los distintos sectores de la sociedad.
Uno de los mayores afectos que se presentó en las narraciones de las mujeres participantes, y que surgió como primer recuerdo a la hora de iniciar las conversaciones, fue el miedo enmarcado en este contexto de guerra y de persecución. Dichos recuerdos representan la evocación del horror, del miedo y la incertidumbre como huellas inscritas en la subjetividad (Hauser, 2014) y que marcaron las vivencias de estas mujeres dentro de la Cruzada.
Uno de los testimonios más impactantes es el de Victoria, cuando narra:
“Estos hombres siguieron avanzando y andaban armados. En ese tiempo le decían los MILPA. Cuando al día siguiente, como a las nueve de la mañana, llegan miembros del ejército y me dicen ‘tiene que desmovilizarse. Aliste solo lo necesario que vamos a bajar del cerro todos’. ‘¿Por qué?’ le digo yo, ‘porque anoche violaron a siete de sus compañeras’. Violaron a siete compañeras de nosotros de la brigada, ese grupo de hombres, pues, entonces nos desmovilizaron ese mismo día” (Entrevista, ٦ de julio del 2019).
Este recuerdo refiere a una dimensión colectiva, estructural y de género en donde la violación es un instrumento para generar miedo y control sobre los cuerpos y los territorios, ambos espacios feminizados. Como ha sido teorizado ampliamente, en los contextos de enfrentamiento de grupos armados, el cuerpo de las mujeres es visto y utilizado como un territorio más en la guerra; por tanto, el secuestro y la violencia sexual devienen como mecanismos de control.
Siguiendo a Segato (2003), en el carácter responsivo del acto de violación y sus interpelaciones resulta particularmente impactante este tipo de manifestaciones de violencia que se ejercieron contra las mujeres que participaron de la CNA, así la violación se muestra como un acto de castigo o una venganza contra quien se salió de su lugar, de su posición subordinada; pues este desplazamiento de la mujer hacia una posición no destinada a ella en la jerarquía del modelo tradicional pone en entredicho la posición del hombre en esa estructura.
Como segunda interpelación, la violación es un acto de agresión o afrenta contra otro hombre, cuyo poder es desafiado y su patrimonio usurpado mediante la apropiación de un cuerpo femenino o en un movimiento de restauración de un poder perdido para él. La tercera interpelación responde a un acto de demostración de fuerza y virilidad ante una comunidad de pares, con el objetivo de garantizar o preservar un lugar entre ellos probándoles que tiene competencia sexual y fuerza física (Segato, 2003). Estas últimas se corresponden con el enfrentamiento entre el guerrillero contra y el sandinista, y desde ese lugar se profundiza el sometimiento de las mujeres.
Por otra parte, el miedo y la incertidumbre, presentes en las narraciones de las mujeres, se configuraban alrededor de las experiencias de pérdida producto de una guerra que había trastocado la realidad de cada una. Así, por ejemplo, antes del triunfo las tres participantes debieron abandonar sus estudios en resguardo de sus propias vidas, y el lanzamiento de este proyecto político representó para ellas la posibilidad de retomar su proceso educativo y recuperar, de alguna forma, lo que consideraban perdido. Bajo esta lógica, resultó interesante que las participantes experimentaron temores relacionados a cumplir con la tarea de que las personas salieran de la Cruzada sabiendo leer y escribir, esto ligado a las creencias en sus capacidades, así como al impacto que esto tendría en la convalidación del año escolar:
“no te habían dicho que si lo sacabas leyendo te iban a dar el certificado y que si no leían que no lo habías pasado. Eso no estaba claro en el inicio. La meta era que tenías que enseñarles a leer y a escribir” (Entrevista, 8 de agosto del 2022)
Este temor además tuvo repercusiones en la subjetividad de quienes estaban siendo alfabetizados y en la dinámica que se establecía con ellos y ellas:
“Toda esa convivencia no solamente era un hecho académico o didáctico, sino que también cómo construía relaciones de confianza. Cómo ellos ya te podían, te podían aceptar diríamos, porque eso era crucial para que realmente ellos te tuvieran la confianza para el aprendizaje. (…) No, y ellos se reían, decían ‘ah si no aprendemos a leer, usted no va a pasar el año, estamos igual’ decían ellos. O sea, es una cosa que yo decía, pero en ese momento pues entonces vos decís ‘ve qué bandidos’, porque vos creés que con esa acción alguien te lo va a agradecer, ¿verdad? Pero ellos eran bandidos, decían ‘ah verdad que, si no aprendemos, usted no pasa el año’ porque yo sabía que ese era como requisito, o sea, no era que te miraban tampoco como que vos voluntariamente habías llegado” (Entrevista, 8 de agosto del 2022),
Sobre esta interacción descrita por Malena, se podría hacer una lectura de la utilización del chiste como un medio para expresar sensaciones, sentimientos, pensamientos o creencias, que no podían ser apalabradas, pero que nombraban de cierta manera, por una parte, el lugar desde donde las personas alfabetizandas se colocaban frente a las más jóvenes que les estaban enseñando a leer y escribir: es decir, como objetos que representaban un requisito para que pudieran aprobar un año escolar. Por otra parte, parece también hablar de los miedos que podrían estar sintiendo las personas que estaban siendo alfabetizadas, por ejemplo de que si realmente iban a estar en la capacidad de aprender; o bien, cuestionarse si el compromiso de estas personas, que les podían parecer lejanas a su realidad, con ellos y ellas, y con el proceso, era real.
La participación de las mujeres en este proyecto representó una ruptura en la lógica de la vivencia de ser mujeres, pues se convirtió en un hecho relevante para la construcción de un nuevo sujeto político. Suárez y Rodríguez (2015) señalan que la participación de mujeres jóvenes en la CNA implicó un proceso de transformación en relación con las concepciones, actitudes y prácticas en torno a las construcciones sociales de lo que las mujeres podían hacer; esto, más que verse reflejado en la sociedad en su conjunto, en la forma de organización patriarcal, al parecer tuvo un mayor impacto en el cómo las mujeres se perciben a sí mismas, lo cual tensiona las relaciones desiguales y excluyentes que limitaban el desarrollo pleno de las mujeres como un ser social, con agencia política.
Se logró identificar que las vivencias de las mujeres dentro de la CNA estuvieron atravesadas por las construcciones sociales de género, que van definiendo a ciertos grupos sociales como “otros” y “otras” en relación con grupos de poder y dominación (Curiel, en Mendia et al, 2014).
En esa línea, en los relatos se presentan lo que se consideraron contradicciones del proceso; pues, a nivel discursivo, tanto la Revolución como el proyecto de la CNA tenían como horizonte político transformar las relaciones de opresión, sin embargo, algunas de las experiencias vividas dan cuenta de la complejidad de los procesos y de las luchas sociales, en especial lo relacionado con la categoría de ser mujer.
Un ejemplo claro de esto, es lo que surge al recordar cómo fue la incorporación al proyecto. Así, una vez que triunfó la revolución y se hizo la convocatoria masiva para participar en la CNA, muchas de las mujeres se encontraron con lo que se catalogó como el primer obstáculo o dificultad: obtener el permiso de los padres y las madres para poder integrarse.
Este primer obstáculo refleja de alguna manera la construcción del rol que se les adjudica a las mujeres, a partir de la ubicación social de estas en una cultura patriarcal-heteronormativa, que pone de relieve condiciones de marginalidad y exclusión. A las mujeres se les limitan los espacios que pueden ocupar, y este aspecto se ha constituido en un condicionante de producción sociohistórica de subjetividades (Burin, 1996) o, como bien lo señala Tajer (2008), un constructo social que constituye psiquismo.
En el caso particular de Malena, ella recuerda que no vivenció este obstáculo porque había estado fuera de su casa antes para participar de los movimientos guerrilleros. A pesar de esto, reconoce esta dificultad a la que se vieron enfrentadas muchas de las mujeres que deseaban participar, y nos plantea la siguiente reflexión:
“Entonces, cuando se da eso, prácticamente las familias se sienten obligadas porque dicen ‘si mi hija no va a alfabetizar, va a perder el año’ ya, y es una política. Pues porque prácticamente, si lo mirás, es una política impuesta. No dijeron quiénes voluntariamente quieren ir. O sea, es una cuestión impuesta. Entonces eso obliga al mismo sistema de mandato a resquebrajarlo ya, prácticamente esa política que resquebraja o rompe el mandato, el mandato que está establecido en ese contexto para nosotras, porque incluso con los varones no había mucho problema. Ya sabemos el mandato de los varones pueden ir, hay menos riesgo, no van a venir con una panza porque, como decía la gente aquí, cuál es el principal problema aquí, que las mujeres vinieran panzonas. O sea, no era tanto que viniera muerta por la cuenta, sino que vengas con un embarazo” (Entrevista, 23 de agosto del 2022).
Se identificó que uno de los temores que se generaron en las familias giraba en torno a que sus hijas se embarazaran durante su participación en la Cruzada. Podría decirse que había también un temor implícito por el tema de la sexualidad de las mujeres y los valores inculcados en el seno de una educación tradicional, lo cual estaba resguardado bajo un sistema de control en los hogares.
La salida de este espacio de control representaba, de alguna manera, un movimiento hacia nuevas formas de comprensión y construcción de la categoría de mujeres y de agencia política. La Cruzada representaba no solo una posibilidad de retomar la educación, sino que al mismo tiempo se configuraba en un espacio para potenciar la participación social en la agenda revolucionaria. Esto, como lo señala Malena, puede ser entendido como un resquebrajamiento del mandato, en tanto hay una apertura a nuevas formas de vinculación.
Sobre este resquebrajamiento se puede agregar además, que resulta interesante identificar cómo, desde la propuesta de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, se planteó un reconocimiento de la importancia de la participación de las mujeres en la tareas de la revolución, al privilegiar su integración en la CNA; a pesar de que no hay líneas claras en cuanto a una estrategia o política para dicha integración, sí se postula que se buscaba erradicar el analfabetismo en esta población como primer paso hacia la superación cultural, así como posibilitar que las mujeres salieran de sus tareas domésticas y se tecnificaran en la labor educativa (DEI, 1981).
En ese sentido, pareciera ser que las circunstancia políticas y sociales, que eran apremiantes en ese momento, es decir, la necesidad de disminuir los altos índices de analfabetismo y el requerimiento de capital humano que pudiese llevar a cabo esa tarea, posibilitaron un movimiento en torno a lo que se establecía como tareas y espacios para las mujeres. Se impulsó, entonces, que las mujeres salieran del espacio privado y tomaran un lugar en lo público y lo social.
Ahora bien, el contexto político y la construcción de lo que se entendía por una revolución en ese momento específico de la historia de Nicaragua, y de muchos de los procesos latinoamericanos, dejaba por fuera una reflexión más amplia de la liberación como mecanismo para la desestructuración de las relaciones de poder. El análisis solo tomaba en consideración el dominio del sistema capitalista, más no se consideraba otras formas de opresión como las vinculadas al sistema patriarcal y sus múltiples formas de violencia y exclusión.
Malena comentaba en sus narraciones cómo hasta ahora se da cuenta de que, incluso dentro de ese proyecto, muchas mujeres no tuvieron la posibilidad de ser alfabetizadas, y esto podría responder justamente a que no hubo un esfuerzo colectivo por llevar a cabo un cambio cultural en torno a cómo se comprendía a las mujeres dentro de la sociedad.
Al preguntarles a las participantes si lograban identificar en la cartilla algún contenido en torno al tema de la emancipación de las mujeres, ellas sostienen que no hubo este tipo de contenido. Sin embargo, Elena afirma que, de alguna manera, tanto ella como quienes estaban en su misma escuadra de trabajo, sí hablaban sobre el rol de las mujeres con aquellas personas a quienes estaban alfabetizando.
En esos espacios de socialización “salían a la luz” construcciones en torno a la mujer y su rol dentro de la sociedad. Sobre esto comenta:
“Si claro, porque también verdad a veces ellos nos contaban historias antiguas que, vos sabés que hay lugares donde a la mujer no se le da participación, solo el hombre, entonces ellos decían pues que ahora la mujer, ‘ahora la mujer va a ser igual’ dice ‘que el hombre’ algo así nos decían, a veces decía un señor ‘no me le sigan enseñando a leer’ dice ‘porque diay ahora me va a mandar’ algo así. Pero sí, se conversaba pues que la mujer no era meramente que estuviera en una cocina, metida en una casa, la mujer tenía que participar, tenía que aprender a hacer un oficio, que aprender a trabajar, de acuerdo verdad a lo que a ella le gustaba, y que no solamente era para estar haciendo la comida o estar limpiando, entonces sí, si se conversaba por las noches, como a las cinco de la tarde ya comenzaba verdad, hacíamos aquellos grupos, nos reuníamos, platicábamos, entonces sí se les mencionaba también que no solamente el hombre tenía que estudiar y participar en actividades, sino que la mujer también” (Entrevista, 11 de marzo del 2022).
Acerca de estas historias antiguas que menciona Elena, que retratan el cómo se percibía a las mujeres, resulta interesante identificar cómo parecer ser que en este encuentro entre las familias de alfabetizandos con las mujeres que llegaron para ser alfabetizadoras, se empezaron a presentar ciertas representaciones inconscientes en las dinámicas que sostenían. Por ejemplo, a través de los significados que se le adjudicaban a todo aquello que estuvo relacionado con el desarrollo de la capacidad de pensar, de plasmar ideas y de cuestionar, a partir del aprendizaje de la lectoescritura, se dio paso a que surgieran temores sobre qué cambios podrían implicar para una mujer la adquisición de estas habilidades, y qué repercusiones tendría sobre lo que se tenía establecido.
Además, resulta casi evidente decir que esas representaciones inconscientes marcaron pautas en cómo se comprendía o se significaba lo que pasaba dentro de la dinámica de enseñanza-aprendizaje, y dichas representaciones, que están impregnadas de lo social, reflejaban cómo se han interiorizado las percepciones sobre el cuerpo y la corporalidad de las mujeres, como territorios de conquista y de posesión. Malena narra una situación particular que ilustra este tipo de interacciones:
“Incluso ellos, algunos, cuando vos llegabas y les tocabas la mano, le agarrabas la mano para dirigirlo, ellos creían que era como que vos estabas enamorada de ellos, como que te les estabas insinuando, o sea ese tipo de contacto como que para ellos no era normal. Jamás en la vida habían tenido ese tipo de apoyo.
También mi abuelo se integró a que lo alfabetizaran, pero no éramos nosotros quienes lo alfabetizaban, sino que era otra alfabetizadora. Una de las anécdotas de mi abuelo es que la muchacha, la alfabetizadora, también hacía lo mismo: vas hacia la espalda, le agarras la mano para dirigirlo. Entonces me acuerdo de que una vez que vine donde mi abuelo y me dice ‘fíjate que te voy a contar algo’, ‘ajá’, le digo yo, ‘fijate que esa muchacha parece que está enamorada de mí’ me dice. ‘Abuelo, usted está loco’, le digo ‘¿y eso?’. ‘Fijate, que vieras cómo me abraza, me agarra la mano, me la aprieta así’, me dice. ‘No abuelo’, le digo yo, ‘no es así, sino que es para ayudarle’. Pero yo en ese tiempo, como te digo, no sabía que era para que se le suavizara la parte de la motricidad ni nada de eso. Entonces esa muchacha tenía un novio, y me acuerdo de que cuando la miró que un día llegó con el novio, entonces no quiso seguir alfabetizándose mi abuelo. Se sintió traicionado. (…) Y él prácticamente desertó por eso, porque dijo que esa muchacha andaba con otro hombre, ¡como que andaba con él, imagínate!” (Entrevista, 8 de agosto del 2022).
Lo anterior nos refleja cómo hay una construcción social e inconsciente acerca de la corporalidad de una mujer, como algo que no puede estar al servicio de algo que no sea el despertar el interés de un hombre.
En cuanto a la problematización del término de emancipación, este fue entendido más allá que el simple acto individual de independencia o de autoliberación de individuos, sino un movimiento de cambio social, de liberación de grupos sociales enteros en una lucha común por los derechos de libertad y por la igualdad política (Stallmach, 1980). Lo anterior sin perder de vista, que se corresponde también con procesos de subjetivación que dan cuenta de la posibilidad de ocupación, de agencia y, por lo tanto, de existencia y reconfiguración de las experiencias e invención de formas otras de participación y de estructuración social.
En esa medida, al conversar con las mujeres participantes acerca de que sí consideraban que haberse integrado a este proyecto político había impactado de alguna manera a las mujeres que fueron parte, y que, si estimaban que hubo en la CNA un espacio para un ejercicio de emancipación de las mujeres; las tres coincidieron en que el impacto estuvo relacionado con el hecho de que las mujeres pudieron experimentar otras tareas, alejadas de lo atribuido socialmente. De este modo, salirse del espacio de lo privado y habitar lo público, como parte además de un proyecto de carácter social, les posibilitó expandir horizontes de acción.
Subjetivamente, las tres participantes señalan que hubo un antes y un después marcado por el hecho de sentirse en capacidad de asumir otro tipo de responsabilidades, frente a pares u a otras figuras de autoridad, y cómo esto tiene la potencia de “reconfigurar” el lugar en el mundo. Da la impresión, además, de que las participantes vivenciaron en la CNA, la posibilidad de poder enfrentarse contra algunos de los mandatos del patriarcado a los cuales estaban sujetas; es decir, luchar contra lo que socialmente se esperaba de ellas, a través de la internalización de la experiencia de poder ser sujetas de derecho.
Siguiendo a Basile (2021), se podría afirmar que hubo corrimientos que las mujeres fueron efectuando conforme participaban activamente de un proyecto de transformación social como lo fue la Cruzada, y si bien sus acciones no lograron transformar al patriarcado, en tanto no existían las condiciones contextuales y subjetivas para ello, sí supusieron una interpelación a las normas y valores que se desprenden de este sistema. Lo anterior significó, a su vez, la puesta en práctica de acciones, tareas y roles que les permitieron a las mujeres percibirse y ser percibidas como sujetos políticos, como fuerzas y agentes de la historia.
Se marcó una fisura en la imagen tradicional otorgada y se desbordaron los roles asignados a su género. La participación política implicó para las mujeres salir de los lugares tradicionalmente estipulados a lo femenino, actuar en el espacio público de una manera nueva, convertirse en un sujeto político y un sujeto deseante, para formar parte de las fuerzas de la historia que estaban transformando la sociedad, aunque esto no implicó salirse del todo de los límites del patriarcado (Basile, 2021).
Reflexiones sobre las memorias colectivas
No está de más decir que el proceso de reconstrucción de memorias resulta problemático, pues estas se encuentran dirimidas en contextos sociales, culturales y políticos en los cuales “entran en juego” intereses sociales y dispositivos de poder. En el caso de las mujeres que participaron de la investigación, el contexto social y político de la Nicaragua de los últimos 40 años no ha estado libre de convulsiones, y esto debe haber tenido necesariamente un impacto en el cómo ellas recuerdan y resignifican, a partir de otras vivencias y cuestionamientos que se plantean hoy.
En ese sentido, Portelli (1984) plantea que el hecho histórico relevante no es el acontecimiento como tal, sino la memoria que se tiene de este, y más importante aún los significados que se le son depositados, los cuales se encuentran entrelazados con deseos inconscientes, teniendo como resultado memorias que no son un depósito pasivo de hechos, sino un activo proceso de creación de significados.
En ese sentido, cabe puntualizar que en el caso de Victoria se logra identificar que ha habido un desplazamiento de significaciones y afectos sobre su vivencia de la CNA, esto a partir de una lectura de la realidad actual con la que no está conforme y que permeó su narrativa. De esta manera, aunque reconoce la importancia para su vida el haber formado parte de este proyecto, y lo que pudo haber significado para otras mujeres en términos de acceso a la vida política, en ella se detecta una reestructuración de cómo lo percibe, lo recuerda e incluso de dónde coloca los acentos a la hora de narrar su experiencia.
Por su parte, en la narrativa de Malena se puede identificar cómo ella rescata y nombra los recuerdos en torno a los cambios que se generaron a partir de la ruptura de mandatos establecidos. Aun así, desde la distancia, Malena se permite hacer una lectura crítica desde sus posicionamientos feministas, de las contradicciones dentro del proyecto político de la CNA, y lo hace siempre recordándonos que se trataba de otro contexto, en el cual ni siquiera ella se daba cuenta o podía teorizar sobre las opresiones que vivían las mujeres.
Las tres participantes, desde sus miradas y vivencias en el hoy, enuncian dichas opresiones y violencias a las que estaban expuestas, lo cual resulta un valioso aporte para la memoria colectiva, pues, como señala Cárdenas, González y Páez (2021), reconstruir este pasado es una estrategia que devuelve la voz a las actoras, y las convierte en protagonistas de sus propias historias, reconfigurando así las lógicas del silencio, y desafía la generalidad de la historia construida desde los discursos oficiales que establecen memorias históricas.
Desde una perspectiva feminista, rehacer la historia de quienes han quedado excluidas del relato oficial es una necesidad para el reconocimiento de sí mismas como sujetas políticas, en tanto la memoria es una forma de acción o práctica social, política y cultural que se crea simbólicamente y tiene un carácter interpretativo y relacional. En esa medida, el hecho de que las mujeres pudieran rememorar sus experiencias y contrastarlas con sus nuevas formas de mirar el mundo y de plantearse cuestionamientos, cobra particular importancia porque posibilita develar la multiplicidad de sistemas de dominación y opresión, con sus muchas caras y circunstancias (Carosio, 2017).
Este ejercicio permitió que las participantes plantearan reflexiones en torno al tema de la emancipación, desde un reconocimiento de la participación en la CNA como un espacio que les posibilitó llevar a cabo un ejercicio amplio de socialización, en colectivo, con esperanzas depositadas en el proyecto, con temores vencidos y con tropiezos que les recordaba los derechos por los cuales aún se debían luchar.
Malena, por ejemplo, considera que la CNA abrió un camino hacia la emancipación de los mandatos sociales de género, pues les permitió a las mujeres llevar a cabo una especie de ensayo de otras formas de ser y habitar lo social, lo cual rompía con lo que ella denominó “círculo de control” al que las jóvenes de aquella época debían restringirse. En ese sentido, las tres participantes coinciden en que la Cruzada tuvo un impacto en el rol social de las mujeres nicaragüenses y en la sociedad en su conjunto.
Siguiendo esa línea, existe una asociación entre memoria-identidad basada en la significación social, es decir, a nivel individual la memoria se produce en la reconstrucción de la experiencia identitaria del sujeto (subjetivación), pero también en lo colectivo la identidad resulta del auto reconocimiento de pertenencia a un grupo en la experiencia rememorada.
En el caso de las mujeres que fueron alfabetizadoras queda evidenciado que sus vivencias dentro de la CNA impactaron en las representaciones de cómo perciben que se construyeron como mujeres sujetas de derecho, con capacidad de participación social, de solidaridad colectiva, etc., dentro de una sociedad específica que comparte una historia colectiva. La memoria de sus experiencias concretas y los significados que les han depositado han sido un factor de suma importancia en el sentimiento de continuidad y de coherencia en la reconstrucción de sí mismas y de un proyecto político, educativo y cultural para la historia reciente de Nicaragua.
En el caso de la investigación realizada, los resultados demuestran la beligerancia de las mujeres en los momentos históricos, como lo fue participar de los movimientos guerrilleros que buscaban derrocar la dictadura somocista, así como dar un paso adelante y sumarse a las tareas planteadas desde un programa que buscaba la transformación social.
Es una realidad que incluso la CNA, y el papel que jugaron las personas alfabetizadoras en su conjunto, sigue siendo un referente para la población nicaragüense y la construcción de su identidad nacional, como un pueblo que solidariamente salió al encuentro de sus compatriotas en el campo, para conocer la realidad del otro y compartir saberes que les permitiera a ambos establecer las bases de una participación más democrática. La labor de las personas alfabetizadoras es visto como un ejemplo de ese ideal, y se ha replicado con sus variaciones y limitaciones en el sistema educativo nicaragüense, con el objetivo de recuperar, por una parte, este trozo de la historia, así como para seguir trabajando por el mejoramiento de los niveles de alfabetización del país.
Recordar y narrar no es una tarea fácil, y mucho menos lo es cuando se trata de experiencias que han quedado al margen de los espacios “oficiales” que determinan qué es valioso recordar. Una de las motivaciones, que se lograron identificar en las participantes a la hora de narrar sus vivencias, fue justamente la posibilidad de “dar un lugar” a su historia en el proceso de reconstrucción de cuanto ha pasado en la realidad política de Nicaragua.
Estos testimonios sobre la CNA no solo aportan otras lecturas y matices en la reconstrucción de las memorias colectivas sobre esta campaña, desde la mirada de las mujeres que fueron alfabetizadoras, sino que también abre la posibilidad de posicionarse como sujetas con un rol activo y creativo en la elaboración de los sentidos del pasado, a partir de su multiplicidad de voces y de su participación emotiva, lo cual favorece una nueva revisión de la historia que moldea opciones de vida y reivindicaciones que se suman a los esfuerzos por reconstruir las memorias que quedaron fuera de los discursos oficiales como saberes otros, alternizados.
Registrar las narraciones de las vivencias de estas mujeres es un esfuerzo más para nutrir la memoria colectiva de lo que fue la CNA, desde el reconocimiento de estas como sujetos políticos. Si bien las lecturas que se hacen sobre un fenómeno social han corrido por los canales de la historia escrita desde arriba, estos esfuerzos plantean la urgencia de abrir un portillo para que una protagonista de un proceso latinoamericano pueda comenzar a hilar su propia narrativa, la cual da cuenta de una historia alternativa, que relativiza de un plumazo la historia dominante.
Las producciones narrativas de las mujeres alfabetizadoras, como aportes a la memoria colectiva de la CNA, tienen una función que va mucho más de enriquecer y complementar las voces dominantes establecidas en el marco para la memoria pública, construida desde los espacios oficiales. Aun sin proponérselo y sin tomar conciencia de las consecuencias de su acción, estas voces desafían el marco desde el cual la historia se estaba escribiendo, al poner en cuestión el marco interpretativo del pasado.
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1 Este artículo es resultado del Trabajo Final de Graduación para optar por el grado de Magíster en Estudios Latinoamericanos del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional
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