Revista N.° 72
Julio-Diciembre 2022
ISSN 1409-424X; EISSN 2215-4094
Doi: https://dx.doi.org/10.15359/rl.1-72.1
URL: www.revistas.una.ac.cr/index.php/letras

Lectura etnocrítica como herramienta analítica interdisciplinaria e interseccional1

(Ethnocritical Reading as an Interdisciplinary and Intersectional Analytical Tool)

Silvia Solano Rivera2

Universidad Nacional, Heredia, Costa Rica

Jorge Ramírez Caro3

Universidad Nacional, Heredia, Costa Rica

Resumen

Se exponen los presupuestos esenciales teóricos y metodológicos de la etnocrítica, herramienta analítica interdisciplinar e interseccional que concibe al texto como etnotexto y a la cultura como etnocultura. Este etnotexto es un condensador de sentidos, de saberes y entrecruzamiento de enfoques, cuestión que lo lleva a materializar diversos puntos de vista e ideologías discriminatorias. Quien ancla tales ideologías en el texto es el autor, al ser desbordado por el imaginario y, de manera consciente o inconsciente, filtra en su proyecto estético representaciones que desdicen su proyecto ético, político e ideológico. La etnocrítica detecta, analiza y denuncia esos sesgos.

Abstract

The main theoretical and methodological assumptions of ethnocriticism are presented as an analytical tool of an interdisciplinary and intersectional nature that conceives the text as an ethnotext and culture as an ethnoculture. This ethnotext condenses meaning, knowledge, and the crossover of approaches that leads to the materialization of different points of view and discriminatory ideologies. The one who anchors these ideologies in the text is its author, as it is the result of his imaginary. Aware or not, the author screens, in his esthetic work, representations contradicting his ethical, political, and ideological proposal. Ethnocriticism detects, analyzes and denounces those ideological bias.

Palabras clave: Etnocrítica, teoría, método, interdisciplinariedad, interseccionalidad, lectura, textos literarios y culturales

Keywords: Ethnocriticism, theory, method, interdisciplinarity, intersectionality, reading, literary and cultural texts

Introducción

Desde la década 1970 en América Latina se plantea un descontento contra las teorías y metodologías literarias centroeuropeas de carácter formalista-estructuralista, por su análisis deshistorizado y su falta de atención al contexto. Ese descontento se expresa tanto contra el colonialismo cultural externo como contra el colonialismo cultural interno: por un lado, están quienes se aferran a los modelos estéticos, teóricos y metodológicos europeos, bajo el supuesto de que en América Latina y el Caribe no existe pensamiento propio y mucho menos teorías, y, por otro, quienes abogan por una descolonización cultural y proponen ajustarse a modelos más apropiados a la realidad y a la cultura latinoamericanas y caribeñas. Revisemos este panorama para ver dónde encuadra nuestra propuesta de lectura etnocrítica.

La primera tendencia niega que haya filosofía, historia y crítica literaria latinoamericanas4, razón por la cual se acoge a los modelos importados de los centros de saber europeos y norteamericanos5. Aboga por una crítica objetiva, descriptiva y sistemática según los modelos lingüísticos del formalismo, los estructuralismos y la semiótica6. Concibe la literatura como mero lenguaje, autónoma de la realidad circundante y ajena a los problemas políticos e ideológicos del contexto social, histórico y cultural. El representante más acabado de esta tendencia es Enrique Anderson Imbert:

Los críticos literarios que me interesan no llevan máscaras ideológicas… Los críticos más estimables no están sujetos a intereses de clases… Un buen crítico juzga una obra con su propia conciencia, no con una impersonal conciencia de clase. Y puesto que juzga una obra de arte, su criterio es estético7.

José Miguel Oviedo ve como contradictoria esta pretensión de una crítica literaria no ideológica, porque dicha crítica «se basa en los planteamientos filosóficos de la sociología centroeuropea, la lingüística norteamericana y los numerosos estructuralismos que se propagan desde Francia»8. Este euro y anglocentrismo no es exclusivo de los latinoamericanos, sino que lo practican también los europeos y los norteamericanos al creer que las únicas teorías válidas son las que ellos producen9.

¿Cómo se expresa en nuestro medio, en los ámbitos teórico y metodológico, dicho euro y anglocentrismo? A nivel teórico se da una universalización de categorías, criterios y leyes explicativas e interpretativas de los fenómenos literarios europeos, los cuales se asumen como si fueran aplicables y valederos para todos los rincones del mundo. A nivel metodológico se cree que las conclusiones derivadas del examen de materiales europeos son de validez universal y se busca aplicarlas mecánicamente al material de nuestro contexto moderno-colonial. Se parte de la tesis de la unidad universal de la literatura: si la literatura es una, entonces las categorías y leyes generales de una literatura regional, zonal o nacional de Europa también son válidas para las demás literaturas del mundo10. La respuesta de los estudiosos latinoamericanos es bien clara: como no existe todavía un mundo uno, aún no existe una literatura mundial, «y si no existe tal literatura, ¿cómo puede existir ya la teoría, contemplación o revelación de ese objeto?»11. Más adelante, Fernández Retamar sostiene que «las teorías de la literatura hispanoamericana no podrían forjarse trasladándole e imponiéndole en bloque criterios que fueron forjados en relación con otras literaturas, las literaturas metropolitanas»12.

Pero esta visión política y liberadora que asumió la crítica literaria latinoamericana en las décadas 1960-1970 fue acallada por las dictaduras13 impuestas en casi todo el continente. El resultado de la represión, desaparición y exilio de los intelectuales comprometidos fue una crítica deshistorizada que se acogió a la propuesta formalista-inmanentista de los modelos centroeuropeos, que excluían del concepto de obra los interrogantes sobre su efecto y su función, la relación autor-obra-realidad y el divorcio de la investigación de los procesos sociohistóricos. La lengua literaria quedó condenada a no tener significaciones referenciales, aludiendo su peculiar autonomía frente al mundo circundante. Se quiso negar la función política e ideológica de la literatura y de la crítica con una opción teórico-metodológica también política e ideológica más conveniente a las circunstancias14. En este contexto, tanto la literatura como la crítica servían para asegurar y perpetuar el statu quo. La teoría literaria que se impuso no solo era la teoría literaria de una literatura, sino también la teoría que defendía los intereses políticos, económicos y simbólicos de una clase y de una etnia. Como lo plantea Beatriz González Stephan:

cada clase social, al determinar su tradición literaria, en la cual se reconoce, diseña el corpus de obras más afín a sus valores y, con ellos, crea las bases del proceso histórico que más armoniosamente se ajuste a su visión del mundo.15

La segunda tendencia de la crítica latinoamericana propone un modelo liberador. Califica de condenable la irresponsabilidad política e ideológica de quienes dan la espalda a los problemas que aquejan a nuestro continente por apegarse a una metodología y a un oficio que se divorcian de la realidad. Como señala Antonio Cornejo Polar16: «a nadie debería extrañar que «eso» que llamamos literatura es un objeto social y culturalmente construido, y en esa misma medida un objeto histórico, mudable, cambiante y escurridizo como pocos»17. Por esta razón, Domingo Miliani sugiere una combinatoria de métodos que pueda valorar el mensaje literario y el mensaje social de los textos18. En contra de la crítica inmanente que «renuncia a entender la literatura como actividad concreta de hombres [y mujeres] concretos», Cornejo Polar propone que «la crítica literaria latinoamericana debería considerarse a sí misma como parte integrante del proceso de liberación de nuestros pueblos, porque de alguna manera es también crítica ideológica y esclarecedora de la realidad». Una crítica de esta naturaleza cumple «una tarea de descolonización»19.

Esa tarea descolonizadora es la que procuramos con nuestra lectura etnocrítica. Como sugiere Miliani, mediante una combinatoria de teorías y métodos intentaremos que el centro de atención de nuestros asedios analíticos sean tanto el texto como el contexto. No se trata de una «mescolanza de teorías y métodos» que banalice nuestra labor como lectores de literatura. La idea es construir una perspectiva que nos ayude a ver y a proceder desde nuestro contexto moderno-colonial y para nuestro contexto. Parafraseando a Román de la Campa20, si nuestro pasado fue una mala construcción de malas lecturas o de lecturas propensas a ciertas estructuras del pensamiento de la condición colonial21, no podemos seguir leyendo desde esa construcción sesgada a favor de las estructuras de poder y en contra de los históricamente estigmatizados, excluidos e invisibilizados. Tampoco podemos seguir leyendo la presencia del otro como mero objeto de deleite humorístico o como soporte de prejuicios y estereotipos discriminatorios ya sea por clase, por género, por etnia y por preferencias sexuales. La tarea de la etnocrítica no se limita solo a emitir juicios estético-ideológicos, sino también a valorar y juzgar el carácter ético y político de los textos, y determinar las consecuencias o implicaciones sociales, políticas, ideológicas, genéricas, epistémicas y etnoculturales que acarrea.

Eso demanda un doble movimiento frente a las teorías y metodologías europeas y anglosajonas tradicionales. Por un lado, una continuidad con aquellos aspectos fundamentales en el análisis de los textos: utilizamos las tendencias formalistas y estructuralistas desde una perspectiva descolonial, al servicio de la visibilización de lo social, político e ideológico de los problemas étnico-culturales de los textos literarios. Buscamos dar cuenta de la manifestación textual y discursiva de las ideologías racistas, clasistas, sexistas, homófobas y xenófobas materializadas en los textos. Por otro lado, una ruptura epistémica, que nos ayude a «utilizar de modo contrahegemónico y para fines contrahegemónicos instrumentos o conceptos hegemónicos», con el fin de «resemantizar viejos conceptos y, al mismo tiempo, introducir nuevos conceptos que no tienen precedentes en la teoría crítica eurocéntrica»22. En tal sentido, la etnocrítica asume de forma crítica los aportes formalistas-estructuralistas, semióticos, sociológicos, desconstruccionistas y sociocríticos de las teorías europeas y estadounidenses y los instrumentaliza en interés y beneficio de visibilizar, desenmascarar, denunciar y combatir la pervivencia de ideologías y sistemas de dominación derivados de la relación y condición moderno-colonial de América Latina y el Caribe23.

No creemos que la literatura sea una sola unidad en todos los rincones del mundo, como señala Desiderio Navarro, sino que cada pueblo tiene la suya y en ella materializa su memoria, su imaginario, sus específicas preocupaciones y sueños. Del mismo modo, creemos que cada texto manifiesta una particular voluntad estética, ética y política que no es visible, analizable y explicable con teorías y métodos de corte universalista y objetivo. Cada texto significa más en su contexto que en el ajeno, porque pocas palabras se ocupan para decir mucho a quienes conocen el código y la realidad a la que se refiere o simboliza. Ni en la propia América Latina la literatura es una, sino variada, ni mucho menos es portadora de una sola identidad, ni de una sola poética, sino de diversas, tampoco se expresa en una sola lengua, sino en múltiples24. Frente a esta complejidad, Cornejo Polar se pregunta y se responde: «¿cómo, con qué instrumentos, con qué arsenal metodológico enfrentamos a esta literatura compleja y heterogénea? Obviamente no tengo ninguna respuesta general ­—y me temo que simplemente no existe»25.

Tampoco tenemos una respuesta definitiva, pero sí una alterna y crítica de los esquemas teóricos y metodológicos europeos y estadounidenses. Nos ubicamos en esta realidad compleja llamada América Latina y el Caribe, como sujetos atravesados por varias subjetividades, procedentes de los diversos componentes étnico-culturales y por una colonialidad que se empeñó en negar y homogenizar dichos componentes. Somos sujetos que se reconocen en la mezcla, en la intersección y que procuran a contracorriente reconstruir lazos con ancestros y ancestras cuyas culturas y lenguas se nos presentaron como extrañas e inferiores. Nos ubicamos también en el espacio de la academia, como estudiantes permanentes y como docentes, desaprendiendo viejos prejuicios y aprendiendo a encontrar nuestra propia voz, una que dé cuenta de la realidad que está fuera de los libros y con la que interactúan los textos y los lectores. Por ello consideramos, como en «Continuidad de los parques», de Cortázar, que lo estético no se puede leer de espalda a la realidad, sino que los textos literarios se deben asumir con toda su complejidad estética, ética y política, con el fin de generar sentidos en los que se vinculen de manera fluida texto y contexto, literatura y vida, ficción y realidad, sin fronteras entre cada uno de estos aspectos.

Consideramos que la literatura debe servir para reconocernos, valorar y asegurar nuestras subjetividades en nuestros contextos moderno-coloniales y debemos leerla con un lente que vele por y salvaguarde la representación de los históricamente excluidos y condenados. Esto debe ser así, porque las motivaciones explícitas de los textos de embellecer, entretener, educar, persuadir, convencer, aclarar, cuestionar, polemizar, son constantemente asaltadas e infiltradas por otros propósitos no explícitos, de los cuales no es consciente el autor. Estos fines ocultos, sin proponérselos el autor —el no-consciente de Goldmann, asumido por Cros—, terminan envolviéndolo y haciendo lo contrario de aquello de lo que está convencido. Los explícitos fines estético, didáctico, humorístico o epistemológico del texto terminan desembocando en ideologías al servicio de valores adversos y políticas de dominación que violentan la integridad y los derechos de las personas que tradicional e históricamente han sido representadas de manera negativa en los libros de historia, antropología, filosofía, psicología, sociología y en las artes.

Si el imaginario patriarcal, racista, clasista, homófobo y xenófobo ha sido más poderoso que la conciencia de las élites políticas, económicas y simbólicas de nuestros pueblos, la etnocrítica pretende que los lectores no sigan consumiendo esos productos intelectuales y artísticos como si fueran la santa palabra de la representación de sí y de los otros, sino que se desprendan de la visión etno y eurocéntrica y asuman una nueva actitud ética y política ante esas mismas manifestaciones mentales y estéticas que modelan nuestra memoria histórica. Para percatarse de esas contradicciones ideológicas, el lector debe poseer buenos anteojos y buenas herramientas de lectura que le permitan visibilizar, analizar y desenmascarar la emergencia de propósitos sesgados. Debemos recordar que todo texto quiere hacer algo con lo que el lector siente, piensa, cree, imagina y practica. Ese algo puede ser confirmarle, desvirtuarle o reemplazarle el imaginario y la subjetividad construidos desde y para el mundo moderno-colonial. La etnocrítica busca aportar los instrumentos metodológicos para que nos aproximemos de forma crítica a los textos y a los lectores en sus contextos.

Hacia una lectura etnocrítica

La etnocrítica parte de la premisa de que toda persona posee una procedencia étnico-cultural y todo producto artístico y cultural lleva la marca étnico cultural de su productor; es decir, todo texto es un etnotexto y toda cultura una etnocultura. En consecuencia, todo texto materializa los aspectos positivos y negativos de la procedencia étnico-cultural de su autor y los negativos y positivos del exogrupo etnocultural. El problema se presenta cuando los étnico-culturalmente poderosos generan y difunden representaciones positivas de sí y negativas de los otros y no permiten que estos últimos reclamen y se resistan a aceptar y ajustarse a la imagen, los valores y las aptitudes-actitudes que el discurso y los textos de la cultura dominante les asignan. Por ejemplo, los textos indigenistas materializan la visión euro y etnocéntrica que los autores no indígenas poseen sobre y contra los indígenas desde el comienzo de la modernidad-colonialidad. En cambio, los textos indianistas se resisten a esa representación y buscan reivindicar al indígena, su pensamiento, sus valores, su cultura, su forma de vida, desde una perspectiva anticolonial y descolonizadora.

Lo mismo sucede con los textos negristas: representan a negros y negras como salvajes, bárbaros, incivilizados, sin formas de pensamiento, hipersexualizados, asociados a la fiesta, la danza, el folclor y opuestos al desarrollo, buenos solo para trabajar en oficios que demanden su fuerza física, en el caso de los hombres, y la exposición de su cuerpo hipersexualizado como espectáculo de gozo y deleite para los espectadores, en el caso de las mujeres. En contra de esta visión euro y etnocéntrica, racista, sexista, clasista y epistemicida encontramos la negritud que recupera el valor del cuerpo fuera del utilitarismo que le da el sistema capitalista y de los cánones de belleza euroccidental, sus valores, su cultura y apoya sus luchas y resistencias contra el racismo estructural que discrimina a negros y negras, visibiliza su participación en la historia escrita por blancos de donde han sido excluidos, invisibilizados y negados.

La etnocrítica privilegia el punto de vista de los sujetos históricamente excluidos de la racionalidad euroccidental, de la toma de decisiones, de la participación en el poder, de la agencia como sujetos, y visibiliza cómo funciona el discurso de poder colonial en los textos escritos y orales y cómo se crean las representaciones sesgadas, discriminatorias y degradantes en las narrativas literarias, artísticas, didácticas, mediáticas, políticas, económicas, históricas, antropológicas, sociológicas, jurídicas y populares. Todo aquello que tenga que ver con el origen del ser humano, las civilizaciones, la cultura, el conocimiento, la ciencia, la tecnología, el desarrollo, la exploración del mundo, la división del mundo en áreas geográficas, políticas, culturales, epistémicas e históricas, conviene ser revisado con sospecha etnocrítica, para preguntarse: ¿qué papel, valores, actitudes, aptitudes e ideologías les han asignado a los grupos humanos puestos al margen de la geopolítica del conocimiento y del desarrollo con el inicio de la modernidad-colonialidad?

La etnocrítica se opone a la neutralidad étnico-cultural de quienes escriben, leen y analizan textos literarios o productos culturales. Hoy por hoy, ningún lector o crítico literario o autor expresa la posición étnico-cultural desde la cual lee, interpreta y escribe. Asume que no hay lecturas blancas, negras, indígenas, chinas, o que todas las lecturas son válidas por igual para todas las etnias, las clases, los géneros y las preferencias sexuales. En consecuencia, tampoco expresan en su lectura los límites etnoculturales de lo que entienden o no entienden, porque suponen que carece de sesgos o puntos ciegos y que su lectura es objetiva, científica, apegada a los criterios de una herramienta que considera despolitizada. Pero no hay nada más político que una lectura que se autoproclame solo de carácter estético. En este punto, asumimos los planteamientos de los estudios críticos del discurso (Van Dijk) y de las epistemologías negras (Haraway; Lorde; Hill Collins; Davis): siempre hablamos desde un cuerpo, una condición étnica, genérica, clasista o de preferencias sexuales. Todo conocimiento está corporeizado, localizado e historizado, razón por la cual posee sus límites y parcialidades. Todo conocimiento es opositivo y confirmativo.

Con estos planteamientos nos distanciamos de lo señalado por Arnold Krupat quien sostiene que «el contenido de un pensamiento no debe depender del color de la piel del pensador, ya que no se debe depender del género, de la clase y de la etnia del pensador y similares»26. Creemos que el pensamiento está permeado, salpicado y contaminado por los rasgos étnicos, genéricos, clasistas y de preferencias sexuales de su generador. La responsabilidad de autor, lector y crítico no es solo con el arte, el texto y la ciencia literaria, sino, primordialmente, con los sujetos históricamente excluidos, invisibilizados y negados por la historia, la cultura, el conocimiento y la representación simbólica producidos por las élites políticas, económicas e ideológicas de nuestros países latinoamericanos y caribeños. En tal sentido, el conocimiento sí tiene color, género, clase y preferencias sexuales. Si no se toman en cuenta estas marcas sociales y etnoculturales, la escritura, la lectura y la interpretación serían meros juegos lingüísticos para satisfacción de gustos y placeres estéticos, como los experimentados por el lector-personaje de «Continuidad de los parques», quien termina siendo víctima del mismo texto por leer de espalda a la realidad.

Desde el punto de vista del objeto de estudio, nuestra etnocrítica se distancia del ethnocriticism estadounidense de Krupat (1992), de la etnoliteratura latinoamericana de Hugo Niño27 y Nina Friedemann28 y de la ecocrítica estadounidense29, por las siguientes razones: 1) las dos primeras trabajan con una concepción minimalista de la etnicidad, razón por la cual lo étnico atañe únicamente a las mal llamadas «minorías étnicas» (indígenas y afrodescendientes); 2) ambas tendencias se posicionan en una visión etno y eurocéntrica que visualiza a las demás etnias como inferiores y sus productos culturales como meros objetos; 3) aunque se proponen ser interdisciplinarias, no toman en cuenta una lectura que interconecte lo estético con lo ético y lo político, como sí lo asume la etnocrítica que formulamos; 4) Niño y Friedemann trabajan sobre el concepto de oraliteratura, mientras que nosotros centramos nuestra atención en la literatura y mínimamente trabajamos los textos orales30. Por su parte, la ecocrítica aborda la relación ecología y productos culturales o literatura y medio ambiente o la relación discurso literario y discurso ecológico, asunto que solo retomamos en relación con la visión del mundo, el mundo representado y las implicaciones socioideológicas derivadas del análisis.

Lo único que compartimos con estos enfoques es su perspectiva interdisciplinaria: para analizar los textos literarios no es suficiente la teoría literaria, razón por la cual echamos mano de los aportes de la antropología, la historia, la lingüística, la psicología cognitiva, la sociología, la filosofía, la ética, la etnoeducación, las epistemologías del sur y las afroepistemologías. Esta necesidad de una lectura interdisciplinaria se debe a la concepción del texto literario y cultural como un artefacto de gran espesor epistemológico, como explicamos a continuación.

La etnocrítica como una lectura interdisciplinaria e interseccional

La etnocrítica ve el texto literario no solo como un condensador de sentidos, sino también como un gran condensador de saberes, razón por la cual posee un gran espesor epistemológico. Esto supone que, para su lectura, comprensión, interpretación y explicación, no es suficiente el conocimiento que nos brindan las teorías y metodologías literarias, sino que hay que echar mano de otros saberes y otras epistemologías31. La necesidad de acudir a otras formas de saberes deriva de la concepción bajtiniana del texto como polifónico, heteroglósico y plural en cuanto a los textos y voces que lo constituyen (Bajtín, 1989), pero también en cuanto en él confluyen «mil focos de cultura» (Barthes, 1968). ¿Cómo dar cuenta de los códigos histórico, político, económico, social, psicológico, epistemológico, étnico, genérico, ético, antropológico y ecológico del texto sin la visión que sobre la realidad y la vida nos ofrecen otras disciplinas? A una complejidad de la vida, la realidad y la problemática contextual le corresponde un texto complejo que demanda una herramienta compleja para su aprehensión, comprensión y explicación.

Es gracias al recurso a estos otros saberes que podemos sacar de su opacidad los múltiples textos, voces, sistemas de valores y de dominación que se materializan en el texto. Sin ese recurso a y diálogo de las disciplinas no sería posible hacer que la literatura guarde alguna relación con la vida y la realidad desde la cual leemos. Al ser una representación de la gran complejidad de la vida social en la que se ubica-localiza el autor, la lectura literaria demanda la participación de un lector con muchos lentes para que pueda dar cuenta de la trabazón de voces y saberes que se concretan en el tejido textual. Esta perspectiva interdisciplinaria es mucho más atinente y necesaria en contextos coloniales, dada la fagocitosis, amalgama, sedimentación, hibridez y transculturación de las culturas y de las diferentes formas de saberes y epistemologías con que está tejida nuestras realidad y memoria latinoamericanas y caribeñas32. ¿Cómo materializa el texto lo étnico-cultural indígena, afro, criollo y europeo?33 ¿Desde qué perspectiva lo hace? ¿Qué sistema de valores le adjudica a cada una de esas manifestaciones etnoculturales?

El texto literario resulta ser un condensador de saberes, de epistemologías y de todos aquellos sistemas ideológicos reinantes en el contexto del autor que, para el caso de nuestros países coloniales, están atravesados por la modernidad-colonialidad. El autor, de manera consciente o inconsciente, vierte en el texto, por medio de su palabra, el imaginario que la tradición cultural eurocentrada ha instilado en él sobre hombres y mujeres, negros e indígenas, heterosexuales y homosexuales, nacionales y extranjeros. Es por esta razón que la lectura etnocrítica debe y tiene que ser interseccional, para dar cuenta no solo de la discriminación por cuestiones de género, sino también por etnia, clase, preferencias sexuales y procedencia geográfica. Solo desde una perspectiva interseccional se pueden visibilizar, desenmascarar, denunciar y combatir, de forma conjunta, y no por separado, los sistemas de dominación presentes en el texto34. Sin esta visión interseccional no podríamos dar cuenta del entrecruzamiento y refuerzo mutuo que mantienen las relaciones de poder en nuestro contexto moderno-colonial-capitalista-patriarcal-racista-homófobo-y-xenófobo.

La etnocrítica como una lectura de lo estético, lo ético y lo político

Según la etnocrítica, los textos literarios no solo materializan una estética, un gusto y unas preferencias retóricas y estilísticas para representar la realidad (el texto es un condensador de estéticas), sino que también concretiza sistemas de valores sobre el sentir, el pensar, el creer, el imaginar y el actuar de los otros. Según la valoración que se les dé, los otros pueden quedar incluidos o excluidos, calificados o descalificados, visibilizados o invisibilizados en relación con su ser, su saber, su sentir y su poder. Esto quiere decir que, en un texto literario, lo estético es uno de los componentes, tal vez el principal, con el que se nos ofrece el mundo representado de la manera más bella y sublime posible. Para la etnocrítica, dicho componente cumple el estratégico papel de disponer-indisponer al lector para que se adhiera o rechace las actitudes y posiciones del autor frente a un determinado problema: bajo el ropaje o máscara de lo bello se agazapa la posición y la actitud que el autor tiene frente al mundo representado y se concreta la actitud y la posición que demanda que asuma el lector. En otras palabras: en un texto literario, el primero en tomar posición (positiva, negativa o ambivalente) frente al mundo representado es el autor y es el primero en esperar que el lector apadrine-apoye su punto de vista, su posición, su juicio, su actitud, su miopía y sus sesgos, sean estos del carácter que sea.

Al seleccionar sus estrategias discursivas para representar el mundo, todo autor tiene en mente el efecto que pueda provocar su texto en el lector, de qué lado de la realidad o de la problemática o de los valores quiere que se ubique. La etnocrítica presta mucha atención a estas estrategias, porque puede que lo estético sea el medio utilizado por el autor para hacernos consumir de manera acrítica un imaginario y una subjetividad en la que ética y políticamente las víctimas históricas del mundo moderno-colonial vuelven a ser degradadas y anuladas, perpetuándose así los sistemas de dominación o los sesgos discriminatorios. A la etnocrítica le interesa develar la relación entre el proyecto estético del autor y su generación con el proyecto ético y político de las élites políticas, económicas y simbólicas del medio en que se desenvuelve. El autor puede ser ciego y acrítico frente a las implicaciones sociales e ideológicas de su texto, puede que lo estético le sirva para reproducir y legitimar unos valores y unas conductas censurables para quienes lean-vean un poco más allá de lo estético35.

Tener un punto de vista ético a la hora de leer permite darse cuenta del sistema de valores que el autor asigna a aquellos personajes con los que nos identificamos por ser de nuestra etnia, clase, género y preferencias sexuales. Dicho punto de vista demanda desenmascarar el lado oscuro que el autor pretende ocultar tras la pompa retórica y estilística con que nos seduce y atrapa cuando procedemos como lectores incautos. En cambio, si estamos atentos a dichos movimientos, el texto literario puede resultar contraproducente a los intereses del grupo étnico-cultural, genérico y clasista con el cual nos identificamos. La lectura etnocrítica busca despertar la solidaridad con y el acompañamiento a los grupos vulnerados, sojuzgados y dominados en las representaciones de las diferentes narrativas que sobre ellos genera la cultura eurocentrada. Esto quiere decir que, por su actitud oposicional, la etnocrítica como herramienta analítica y crítica toma partido por los desterrados de la tierra de que habla Fanon. Sin esta posición opositiva, crítica y descolonizadora terminaríamos siendo cómplices del proyecto político-ideológico del autor y de la etnoclase a la que pertenece.

Al generar visiones, actitudes y valores sobre ciertos personajes de la ficción, el autor intenta volcar al lector hacia su punto de vista, actitud y posición con respecto al mundo representado. Es decir, si denigra, rebaja y descalifica a negros, indígenas y mujeres, querrá que el lector lo respalde en ese propósito y se sume al sistema de dominación que pesa sobre y contra dichos sujetos. Esto es, busca legitimar y justificar las ideologías moderno-coloniales que los suponen inferiores, bárbaros, incivilizados, irracionales, incapaces de valerse por sí mismos y necesitados de la ayuda e intervención del blanco-varón civilizado para que los redima de su condición de atraso. Sesgar al lector y colocarlo del lado del poderoso o del lado del oprimido materializa aspectos estéticos, éticos y políticos que no podemos pasar inadvertidos a la hora de leer, máxime cuando quienes escriben son intelectuales que mantienen mucha relación con el poder político, económico y cultural en nuestros contextos moderno-coloniales.

La etnocrítica plantea que las filias y las fobias no son actitudes innatas en las personas, sino que son inculcadas en y por los procesos de socialización y educación por los que pasamos en las diferentes etapas de nuestras vidas. Para conservarlas, perpetuarlas y justificarlas están los discursos académicos, mediáticos y artísticos de las élites políticas, económicas y simbólicas. La literatura contribuye a la generación, difusión y legitimación de los imaginarios discriminadores por razones de género, etnia, clase, preferencias sexuales y procedencia geográfica. Un enfoque etnocrítico ayuda a desenmascarar, denunciar y combatir dichos sistemas de dominación. Al tomar en cuenta lo estético, lo ético y lo político en el proceso de lectura, podemos evidenciar:

a. La posición y conducta del autor o autora frente al mundo representado.

b. La posición y conducta que el autor o la autora demanda del lector frente al mundo representado.

c. El tipo de sociedad propuesta o impugnada por el autor o la autora en su texto.

d. El sistema de valores con el que el autor o la autora dota a dicha sociedad en el texto.

e. A cuáles sujetos empodera política, social, económica, cultural, ideológica, epistémica, étnica y genéricamente y a cuáles deslegitima, desautoriza o invisibiliza en esos mismos aspectos.

f. Las filias y las fobias generadas por el autor en su texto contra el mundo de los otros y las actitudes y posiciones que espera que asuman quienes consuman el texto.

Algunas pautas metodológicas

La etnocrítica no posee un método propio, sino que arma su propuesta de análisis con los aportes más significativos y productivos de las tendencias europeas, estadounidenses y latinoamericanas, como han sugerido Miliani, Fernández Retamar, Campa y Santos. Le interesa el análisis textual para poner de relieve la estructura textual y sus componentes retóricos, estilísticos, discursivos, mediadores de la relación texto-contexto, para desembocar en las prácticas sociales, discursivas e ideológicas del contexto social, histórico y cultural. Aprovecha los abordajes estructuralistas, semióticos, sociológicos, sociocríticos y estudios críticos del discurso para armar un método multi e inter perspectivista, con el fin único de averiguar cómo los recursos textuales construyen una representación de los sujetos históricamente excluidos, cómo esa imagen se relaciona con la construida por las demás prácticas discursivas del contexto y qué implicaciones sociales e ideológicas tiene en la población lectora-consumidora de los imaginarios representados en el texto.

En esta empresa analítica seguimos muy de cerca a la sociocrítica (Cros) y a los estudios críticos del discurso (Van Dijk) en cuanto a la prioridad que le damos al análisis textual, para encontrar las mediaciones que nos lleven al contexto. Como hemos indicado en otra parte, nuestro punto de partida será siempre el texto, sobre el cual ejecutamos tres acercamientos de lectura: a) uno estructural para dejar claro cómo está organizado, cuáles son sus componentes retóricos, estilísticos y discursivos; b) otro mediador para ver cuáles estructuras textuales y discursivas nos ayudan a relacionar el texto con su contexto social, histórico y cultural, y c) otro contextual que nos ayude a destacar y analizar el diálogo que lleva a cabo el texto con las prácticas sociales, discursivas e ideológicas del contexto36.

En la parte textual, centramos la atención en sus paratextos verbal y gráfico, su estructura u organización interna, el mundo representado, la retórica, el estilo y los mecanismos discursivos.

El paratexto resulta de sumo interés, porque contiene los primeros elementos donde se escenifican las representaciones más problemáticas del texto. Para el caso del paratexto verbal, el título es el primer condensador de sentidos y de implicaciones que, por naturalizado, suele consumirse de forma pasiva e ingenua, dando pie a que las cogniciones materializadas en él funjan como activadores o polinizadores de los estereotipos y prejuicios adormecidos que el lector tenga sobre los grupos étnico-culturales históricamente estigmatizados. En cuanto al paratexto gráfico, la densidad cognitiva es mucho más profunda, porque la imagen suele ser aceptada como un signo incuestionable, condensador de la verdad y pocas veces se ven los sesgos socio y étnico ideológicos materializados en él. ¿Quién ha reparado en las imágenes de las portadas de Cocorí? ¿Cuántas portadas existen? ¿Quiénes son representados en esas portadas? Mientras el autor corrige el texto, allí donde explícitamente asocia al niño negro con un mono, los ilustradores se encargan de reconstituir la relación negrito-monito una y otra vez, en cada ocasión que aparece una nueva edición del relato o cada vez que cambia de casa editorial o de país editor (Solano y Ramírez, Cocorí racista). Niños y niñas, que no sepan leer, de lo primero que se apropian es de la imagen que asocia a niño negro con mono.

Luego del paratexto, seguimos con el análisis del cotexto. Aquí nos fijamos en varios aspectos consagrados por la crítica tradicional, pero visto por nosotros desde una perspectiva etnocrítica: visibilizando las connotaciones étnico-culturales sobre los sujetos de la matriz moderno-colonial en el mundo representado, los recursos retóricos y estilísticos y en las estrategias discursivas.

Del mundo representado, conformado por el espacio, el tiempo, los personajes y el modo de representación, no solo nos preguntamos en qué espacio, tiempo y personajes se llevan a cabo los hechos narrados (dónde, cuándo y quiénes), sino que tomamos en cuenta el lugar asignado a los personajes por su condición étnica, genérica, clasista y sexual: ¿a cuáles espacios están confinados negros, negras, indígenas y mujeres en el texto? Lo mismo sucede con el tiempo: nos interesa sacar a flote en qué época histórica son ubicados los otros y por qué los blancos-mestizos son representados como seres modernos, industrializados, contemporáneos y visionarios. De los personajes importa prestar atención al retrato físico (prosopografía: cómo son pintados externamente) y el retrato moral (etopeya: qué sentimientos, emociones, actitudes, valores, aptitudes y ensoñaciones poseen por dentro), dado que los otros siempre terminan descalificados por no ajustarse al canon estético euro y etnocéntrico y por carecer de la inteligencia, los valores, los saberes, los sentires y la racionalidad occidental37. Para los otros se utiliza un modo de representación realista-costumbrista y se les asigna un lenguaje diferente al del común de los personajes o al marcado por el narrador como estándar.

En relación con los recursos retóricos y estilísticos, interesa, no solo la identificación de las imágenes y las modalidades léxicas que se utilizan para referirse al mundo representado, sino también la función que cumplen en el proceso de representación del espacio, del tiempo y de los personajes. La idea es responder a las siguientes preguntas: ¿A cuáles recursos retóricos y estilísticos echa mano el representador para referirse al mundo propio y de los otros? ¿Cuál es la función que cumplen dichos recursos en relación con la representación de indígenas, afrodescendientes, mujeres y otros grupos? ¿Cuál es el lenguaje asignado a los otros en el mundo representado? ¿Qué relación guarda ese lenguaje con la norma estándar? ¿Qué sustantivos, adjetivos y verbos son utilizados para referirse, calificar-descalificar y expresar las acciones, aptitudes o estados de los otros? ¿Qué tipo de oraciones se utiliza para generar imagen positiva o negativa de sí y de los otros? ¿Cuál es la función de los pronombres (pronominales, demostrativos y posesivos) en relación con la construcción de empatía, simpatía o distancia, confianza, desconfianza, jerarquía, libertad?

La etnocrítica también toma en cuenta las estrategias discursivas utilizadas en los textos, no para mostrar la habilidad lingüística, humorística y cognitiva del representador, sino para destacar la función que la sátira, la ironía, la parodia y la carnavalización tienen en relación con la representación de los sujetos de poder, saber, ser y sentir y los despojados de esas facultades. Al analizar estas estrategias se pondrá en evidencia la distancia o cercanía que el representador tiene frente al mundo representado, el sistema de valores, los sistemas de dominación y el tipo de sociedad y de cultura materializados. También se podrá evidenciar la función ideológica del representador frente al lector. Además, tales estrategias ayudan a crear filias o fobias frente al mundo representado, sesgar al lector hacia el punto de vista del representador y colocarse en contra del mundo representado, el espacio, el tiempo, los valores, las actitudes y posiciones asignados a los personajes. Finalmente, con este análisis nos damos cuenta del punto de vista que asume el representador frente al mundo representado: serio, elevado, sublime o, por el contrario, humorístico, risible, bajo o vulgar.

Otro aspecto en el que se anclan elementos de interés para la etnocrítica son las estructuras mediadoras: intertextos, interdiscursos, cogniciones, mitos y símbolos. Importa averiguar la función que cumplen dichas estructuras en relación con la visión desde la cual se lleva a cabo la representación, el sistema de valores, los sistemas de dominación y las implicaciones sociales, políticas, ideológicas, étnicas, genéricas, clasistas, epistémicas… Los textos pueden echar mano de otras fuentes textuales o discursivas para legitimar, justificar y naturalizar sistemas de valores discriminatorios y sistemas de dominación por condición de etnia, género, clase y preferencias sexuales. El análisis de estos aspectos nos puede conducir a mapear las cogniciones (prejuicios, estereotipos, creencias) que maneja el representador sobre indígenas, afrodescendientes, mujeres, pobres, nacionales, extranjeros, heterosexuales, trans y homosexuales. Nos ayuda a desenmascarar su imaginario, sus esquemas mentales, las representaciones sociales y los paquetes cognitivos con que aprehende, comprende y representa el mundo. Evidencia también las fuentes o referentes que sustentan el mundo representado, como hemos demostrado en Cocorí racista, ¿y Gutiérrez también?: todos los referentes intertextuales a los que echa mano el texto proceden de la cultura europea y cristiano occidental, ninguno del imaginario africano ancestral.

Un último aspecto metodológico tiene que ver con la relación texto-contexto, posibilitada por el diálogo que establece el texto con las prácticas sociales, discursivas e ideológicas del entorno del autor y del texto. La pregunta fundamental es: ¿cómo se relaciona la representación y autorrepresentación ofrecida en los textos con las representaciones y heterorrepresentaciones proporcionadas por el contexto? En otras palabras: ¿cuáles grupos sociales y mediante cuáles manifestaciones discursivas ofrecen una representación sesgada y discriminatoria de indígenas, afrodescendientes, mujeres, homo, hetero y transexuales? La idea es elaborar una genealogía de los sistemas de dominación en la sociedad y la cultura en la que nace el texto, con el fin de aclarar que no son privativos de un determinado autor o autora, sino que se trata de un problema institucional y estructural, que se difunde mediante agentes especializados (intelectuales orgánicos) de las élites políticas, económicas y simbólicas, primeras responsables de la generación, difusión y explotación de la discriminación por las condiciones que fueran. Así resulta que nuestros autores y autoras nacionales están emparentados con otros de la misma generación de otros países y de otras regiones, porque el racismo, el sexismo, el clasismo, la homofobia y la xenofobia son sistemas de dominación propios de la modernidad-colonialidad que trasciende a todas las estéticas eurocentradas.

El interés primordial de la etnocrítica es develar la auto y hetero representación del sujeto que se arroga una narrativa sobre los otros, los cuales terminan siendo objetos de un imaginario en el que se concretan los prejuicios y estereotipos que la mentalidad moderno-colonial elaboró para indígenas, mujeres y afrodescendientes, los cuales devinieron en objetos vacíos de ser, de saber, de sentir y de poder para las élites políticas, económicas y simbólicas en las diversas narrativas sobre el origen y la creación de los Estados-Nación en América Latina y el Caribe38. En su intento por blanquearse ante su espejo europeo, las élites criollas-mestizas desprestigiaron a sus antepasados indígenas y africanos, de los cuales se desmarcaron para construirse una identidad según el modelo blanco-europeo. Hicieron sentir a indios y a negros vergüenza de sus orígenes y los encaminaron también por procesos de blanqueamiento, primero ideológico y luego biológico, con tal de desafricanizar y desindianizar a la población que conformaría las nuevas repúblicas, gobernadas y educadas por blancos eurocentrados o anglofílicos39.

En este contexto moderno-colonial, la etnocrítica se propone responder algunas preguntas básicas en el análisis de los textos culturales y literarios, como narrativas construidas con fines no solo estéticos, sino también políticos e ideológicos. Los otros no solo siguen siendo representados como objetos y como seres carentes de saber, sentir, ser y poder. Esa representación reafirma, naturaliza y legitima la condición de subordinado, subalterno y excluido que los otros tienen en la historia, la filosofía, las artes y la epistemología. Por eso conviene analizar:

1. Cuáles partes de la estructura de los textos materializan etnosemas portadores de la visión étnico-cultural del autor.

2. Cuál es la representación que los textos hacen de indígenas, afrodescendientes y mujeres.

3. Cuál es la visión desde la cual se lleva a cabo dicha representación.

4. Cuál es el sistema de valores asignado a los sujetos y objetos de la representación.

5. Cuáles son la posición y la actitud asumidas por el representador y las asignadas a sus representados.

6. Cuáles son las filias y las fobias promovidas y condenadas por el texto.

7. Qué papel cumplen los recursos retóricos y estilísticos, las estrategias discursivas y las estructuras de mediación en la autorrepresentación y heterorrepresentación de los otros y las otras.

8. Cuáles sistemas de dominación se materializan en los textos.

9. Cómo se entrecruzan los sistemas de dominación en el proceso de representación y heterorrepresentación.

10. Cuál es el tipo de sociedad que promueven e impugnan los textos.

11. Cómo se vinculan la autorrepresentación y heterorrepresentación llevadas a cabo en el texto con las prácticas sociales, discursivas e ideológicas del contexto.

12. Cómo se relaciona el proyecto estético del autor con sus proyectos ético y político y con el de las élites políticas, económicas y simbólicas con las que se identifica.

13. Cuáles son las implicaciones sociales, políticas, ideológicas, éticas, genéricas, sexuales, ecológicas y epistémicas derivadas.

14. Cuál es el papel de la crítica, la academia y las instituciones estatales en relación con la problemática étnico-cultural, genérica, clasista y de preferencias sexuales representada en los textos.

Conclusiones

Una lectura etnocrítica, interdisciplinaria e interseccional, vela por crear lectores críticos, autocríticos y conscientes de su compromiso con la visibilización, cuestionamiento, denuncia y transformación de toda problemática textual y social que vulnere los derechos de los sujetos que históricamente han sido objeto de exclusión, violencia, explotación y negación. Esto por la sencilla razón de que nuestras democracias han sido edificadas sobre sistemas de dominación nada democráticos: el sexismo, el racismo, el clasismo, la xenofobia, la aporofobia y la homofobia.

Como lectores, constantemente debemos examinar nuestros gustos y predilecciones estéticas, porque puede que, con el tiempo, por el consumo frecuente de los productos de dichas estéticas, hayamos naturalizado los sistemas de valores y de dominación que materializan. Debemos averiguar si nuestras elecciones estéticas se deben a que, en el fondo, sirven para asegurar nuestra posición de privilegio colonial frente a otros grupos, por su condición étnica, genérica, clasista o de cualquier otra índole. Por no hacer un autoexamen crítico de nuestros gustos estéticos, puede que terminemos condenando a quienes se mantienen alerta, resistiendo y luchando por conseguir un mundo mejor, libre de cualquier clase de discriminación.

Los libros pueden llegar a ser un arma peligrosa, cargada de prejuicios y estereotipos contra grupos históricamente oprimidos. Esas cogniciones pueden llegarnos envueltas en hermosas y sugerentes metáforas que inhiben nuestra capacidad analítica. De buenas a primeras no podemos decir que se trata de un excelente libro: primero hay que desmontar cada una de sus piezas hasta dar con lo que se agazapa tras la maravilla. La etnocrítica no se deja deslumbrar por la belleza, ni se deja cautivar por la retórica, el estilo y la estética del texto, sino que indaga en la función que cumple en relación con la representación de los personajes que históricamente han sido vistos de modo negativo por las estéticas moderno-coloniales, euro y etnocentradas.

Finalmente, no perdemos de vista nuestro enfoque descolonial que señala que todo lo dicho y lo que se dice está dicho por alguien ubicado, no solo en una geografía y en un tiempo, sino también en una episteme o matriz ideológica, que condiciona todo su pensar, su saber, sus presupuestos y su escritura: «La historia universal es universal en el enunciado, pero local en la enunciación. No hay de otra: la enunciación está siempre localizada… las historias son siempre locales, cualquiera sea el imaginario y lo imaginado en esa localidad»40. Por eso es importante recordar aquí lo planteado por Aníbal Quijano: «Si no nos desprendemos de la prisión del eurocentrismo como perspectiva de conocimiento no podemos llegar lejos en la lucha por liberarnos de modo definitivo»41, idea que termina de aterrizar Audre Lorde cuando sostiene: «Con las herramientas del amo, jamás desmantelaremos su casa»42. Esa ruptura epistémica y esa ubicación en nuestro lugar de enunciación es lo que pretendemos con esta propuesta de lectura etnocrítica.


1 Recibido: 14 de octubre de 2021; aceptado: 17 de febrero de 2022.

2 Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje. https://orcid.org/0000-0003-4429-5819. Correo electrónico: silisori@gmail.com

3 Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje. https://orcid.org/0000-0003-2113-4991. Correo electrónico: jorgeramirezcaro@gmail.com

4 Ver lo planteado por Oviedo en Enrique Anderson Imbert, Antonio Cornejo Polar, José Pedro Díaz, Roberto Fernández Retamar, Margo Glantz, Domingo Miliani, José Miguel Oviedo y Saúl Sosnowski. «La crítica literaria, hoy», Texto Crítico 6 (1977): 6-36 (27-28).

5 José Pedro Díaz sostiene que es impensable una crítica latinoamericana, porque ese papel solo es atributo de países centroeuropeos como Alemania, Francia, Inglaterra y en último lugar España (en Anderson Imbert y otros, 14-15).

6 Carlos Rincón, «Hacia una teoría de la literatura latinoamericana», El cambio en la noción de literatura (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, Editorial Andes, 1978) 59-60.

7 Anderson Imbert y otros, 9. El destacado es nuestro.

8 Anderson Imbert y otros, 31.

9 Cf. Desiderio Navarro. «Eurocentrismo y antieurocentrismo en la crítica literaria en América Latina y Europa». Revista de Crítica Literaria Latinoamericana 8,16 (1982): 7-26.

10 Navarro, 10-11.

11 Roberto Fernández Retamar, Para una teoría de la literatura hispanoamericana (Santafé de Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1995) 82-87.

12 Fernández Retamar, 82.

13 Una lista de los principales tiranos del continente patrocinados por Estados Unidos sería: Gustavo Rojas Pinilla (Colombia, 1953-1957), Alfredo Stroessner (Paraguay, 1954-1989), Anastasio Somoza Debayle (Nicaragua, 1967-1972 y 1974-1979), Hugo Banzer (Bolivia, 1971-1978 y 1997-2001), Augusto Pinochet (Chile, 1973-1990), Jorge Videla (Argentina, 1976-1981), Aparicio Méndez (Uruguay, 1976-1981).

14 Rincón, 75-76.

15 Beatriz González Stephan, Contribución al estudio de la historiografía literaria hispanoamericana (Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1985) 40.

16 Antonio Cornejo Polar, «Para una teoría literaria hispanoamericana: a veinte años de un debate decisivo», Revista de Crítica Literaria Latinoamericana 25, 50 (1999): 9-12.

17 Más adelante, Cornejo Polar aclara aspectos constitutivo de nuestra literatura: «lo que parece caracterizarla con mayor incisividad: la copiosa red de conflictos y contradicciones sobre la que se teje un discurso excepcionalmente complejo, complejo porque es producido y produce formas de conciencia muy dispares, a veces entre sí incompatibles; porque entrecruza discursos de varia procedencia y contextura, donde el multilingüismo o las diglosias fuertes son frecuentes y decisivas, incluyendo los muchos niveles que tiene la confrontación entre oralidad y escritura; o porque, en fin, supone una historia hecha de muchos tiempos y ritmos, algo así como una multihistoria… Como decía Enrique Lihn en un verso memorable, los latinoamericanos “somos contemporáneos de historias diferentes”» (Cornejo Polar, 11-12).

18 Anderson Imbert y otros, 24-25.

19 Anderson Imbert y otros, 12.

20 Román de Campa, América Latina y sus comunidades discursivas (Caracas: Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 1999) 37.

21 Campa, 37.

22 Boaventura de Sousa Santos, Epistemologías del Sur (México: Siglo XXI / CLACSO, 2009) 12.

23 Como plantea Roberto Fernández Retamar: «Proponerle mansamente a nuestra literatura una teoría otra ―como se ha intentado―, es reiterar la actitud colonial, aunque tampoco sea cuestión de partir absurdamente de cero e ignorar los vínculos que conservamos con la llamada tradición occidental, que es también nuestra tradición, pero en relación con la cual debemos señalar nuestras diferencias específicas» (87).

24 Sostiene Antonio Cornejo Polar a finales de la década 1990: «Hoy muchos reivindicamos la condición múltiple, plural, híbrida, heterogénea o transcultural de los distintos discursos y de los varios sistemas literarios que se producen en nuestra América… Ciertamente la imagen unitaria y globalizante de cada una de ellas partía de la ampliación de un concepto restrictivo de literatura, que condicionaba su existencia a que fuera (1) escrita, (2) en español, y (3) bajo códigos estéticos derivados de la alta literatura europea. Como otras veces he dicho, de este modo se lograba construir un corpus unitario, coherente, pero a costa de marginar por razones estéticas o sociales, o por ambas, a una inmensa masa de discursos» (Cornejo, 10).

25 Cornejo, 12.

26 Arnold Krupat, Ethnocriticism: Ethnography, History, Literature (Berkeley: University of California Press, 1992) 26.

27 Hugo Niño, «El etnotexto como concepto», Tradiciones de Guatemala 50, 52 (1998) 22-29; y su libro El etnotexto: las voces del asombro (La Habana: Casa de las Américas, 2008).

28 Nina Friedemann, «De la tradición oral a la etnoliteratura», América Negra 13 (1997) 119-131.

29 Como representantes de esta tendencia podemos señalar: Lawrence Buell. The Environmental Imagination (Cambridge: The Belknap Press of the Harvard University Press, 1995); Cheryll Glotfelty y Harold Fromm, The Ecocriticism Reader. Landmarks in Literature Ecology (Athens y Londres: The University of Georgia Press, 1996); Laurence Coupe. The Green Studies Reader (Londres: Routledge, 2000); y Glen A. Love. Practical Ecocriticism: Literature, Biology, and the Environment (Charlottesville: University of Virginia Press, 2003).

30 La etnocrítica de otros autores es vista como una vertiente de la ecocrítica, centrada en la oralidad y la plurietnicidad en un paisaje como marco de vida, patrimonio y valor de identidad. Esa etnocrítica está centrada en los estudios sobre la identidad y diversidad cultural mediante la percepción de la naturaleza; dicha naturaleza es vista como una otredad integrada a grupos marginados como los indígenas (Prado, 120).

31 El texto literario es una especie de catedral barroca latinoamericana: en él convergen todas las artes (arquitectura, pintura, música, escultura y literatura), todos los saberes (lingüística, filología, historia, filosofías, antropología, retórica, ética, teología…), todas las etnias del momento (europeos, indígenas y africanos) y las estéticas reinantes en su época (gótico, manierista, barroco, plateresco y neoclásico).

32 Cf. Walter Mignolo. Historias locales / diseños globales. Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo (Madrid: Akal, 2011).

33 Tenemos muy en cuenta lo planteado por Miguel Rojas Mix en relación con las raíces étnico-culturales que conforman la identidad latinoamericana, las cuales resume en la imagen de «los cuatro abuelos»: el indígena, el europeo, el africano y el inmigrante. «Los cuatro, en diferentes grados, están siempre presentes en nuestra sociedad, en nuestra cultura y en nuestra identidad», Miguel Rojas Mix, Los cien nombres de América (Barcelona: Lumen, 1991) 31.

34 Por ejemplo, Mamá Drusila no solo es víctima del sexismo en Cocorí. Ella también es afectada por sistemas de dominación como el racismo y el clasismo. Las categorías de género, etnia y clase ayudan a entender y explicar la dominación múltiple o cruzada que la aqueja. En ella se condensa el racismo-sexismo epistémico: por ser mujer y negra es «ignorante» y cree que los hombres sí pueden ser capaces de comprender y dar respuesta a la pregunta que su hijo le ha formulado. Silvia Solano Rivera y Jorge Ramírez Caro, Cocorí racista, ¿y Gutiérrez también? (Heredia: EUNA, 2019).

35 Por esta razón consideramos que, a la hora de representar a los otros, lo más importante es analizar la visión desde la cual se lleva a cabo, el sistema de valores asignados, los oficios, las profesiones, el lenguaje, la cultura, las actitudes y actitudes. Todas las estéticas eurocentradas tendrán en cuenta la posición moderno-colonial asignada a los otros en el imaginario moderno-colonial-capitalista-racista-sexista-homófobo y xenófobo.

36 Silvia Solano Rivera y Jorge Ramírez Caro, Los desafíos del lector. Lectura e interpretación de textos literarios (San José: Arlekín, 2018) 17.

37 También hemos destacado otros aspectos macroestructurales donde se concretiza el sesgo ideológico discriminador de quien representa: a) oficios, profesiones y tareas asignados a los personajes; b) reconocimientos, honores y monumentos; c) costumbres, religión y lenguaje; y d) conducta mental, social, política, epistemológica atribuida. Entre los aspectos microestructurales hemos propuesto: a) uso de eufemismos y atenuaciones para referirse al mundo de los otros y a ellos mismos; b) nombres, apodos y anonimato del representador y de los representados; y c) uso de diminutivos y aumentativos para referirse a las personas o a las partes de su cuerpo. Silvia Solano Rivera y Jorge Ramírez Caro, Racismo y antirracismo en literatura. Lectura etnocrítica (San José: Arlekín, 2017) 95-104.

38 En Luis Dobles Segreda, comp., El libro del héroe (San José: Editorial Costa Rica, 2006), podemos ver que, cuando a un afrodescendiente se le asigna poder simbólico es despojado de todos sus condiciones sociales, económicas, estéticas y cognitivos, dejándolo a la merced de lo irracional y a ras de suelo, como sucede con el héroe nacional Juan Santamaría: «Para engrandecer a un general, a un hombre de posición, a un adinerado, el servilismo pone sus mentiras, pero, para exaltar a un tambor, negro y feo, para exaltar a un soldado, ignorante y pobre, ¿quién tendría interés en mentir?» (en Dobles, 134). León Cortés Castro lo retrata así: «un oscuro hijo del pueblo, de la estirpe más humilde…, de entendimiento limitado, que no se le permitió pensar en el lugar glorioso que la Patria agradecida habría de reservar para su memoria» (en Dobles, 234-235).

39 La literatura latinoamericana y caribeña cuenta con muchos ejemplos al respecto. Recuérdese cómo son representados los negros, los indios y la mujeres en Echeverría, Mármol, Alberdi y Sarmiento. Puede seguirse esa línea en la gauchesca de Hernández y en la ensayística de Ingenieros. Luego ver cómo los tratan González Prada, Alcides Arguedas y Mariátegui en la zona andina, hasta desembocar en Venezuela con Blanco Fombona y Bunge. Todos ellos siembran la vergüenza por las raíces indígenas y africanas y orgullo por su árbol genealógico europeo, igual que hacen los costarricenses Manuel de Jesús Jiménez, Ricardo Fernández Guardia, Omar Dengo, Luis Dobles Segreda y Clodomiro Picado. Hay que llegar al Caribe insular para encontrar un cuestionamiento a aquellos que se avergüenzan de sus raíces indígenas y africana (Martí) y encausan la exaltación de su negritud, denostando el proceso de blanqueamiento (Alix, Vizcarrondo, Guillén, Césaire y Fanon).

40 Grosfoguel y Mignolo, 34.

41 Quijano, 151.

42 Audre Lorde, «Las herramientas del amo nunca desmontarán las casa del amo», Más allá del decenio de los pueblos afrodescendientes, Rosa Montealegre Sptien y Karina Bidaseca, coords. (Buenos Aires: Clacso, 2017) 103.

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