letras

Revista Letras

EISSN: 2215-4094

Número 60 Julio-diciembre 2016

Páginas de la 169 a la 182 del documento impreso

Recibido: 26/5/2016 • Aceptado: 20/10/2016

URL: www.revistas.una.ac.cr/index.php/letras



La concepción de la literatura en tres cuentos de Roberto Bolaño1

(The Conception of Literature in Three Short Stories by Roberto Bolaño)

Gustavo Camacho Guzmán2

Universidad Nacional, Costa Rica

Resumen

Se lleva a cabo un análisis del modo de entender la literatura misma en los cuentos «Fotos», «Dentista» y «Encuentro con Enrique Lihn», de Roberto Bolaño. Los tres muestran una representación de los siguientes componentes del fenómeno literario: el escritor (concebido como un ser desgraciado, pobre y sufriente), el lector (persona que sufre al leer), el texto (especie de verdugo que influye sobre el lector de forma negativa) y el proceso de la lectura (un acto condenatorio).

Abstract

An analysis is carried out on how literature itself is conceived in the stories “Fotos,” “Dentista,” and “Encuentro con Enrique Lihn,” by Roberto Bolaño. These three texts offer a representation of the following components of the literary phenomenon: the writer (conceived as a miserable, poor, and suffering being), the reader (someone who suffers when reading), the text (a kind of executioner influencing the reader negatively), and the reading process (a condemning act).

Palabras clave: literatura hispanoamericana, narrativa chilena contemporánea, Roberto Bolaño.

Keywords: Spanish American literature, contemporary Chilean narrative, Roberto Bolaño.

Uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto.

Roberto Bolaño.

En diferentes textos narrativos de Roberto Bolaño, están las ideas o concepciones con las que se califica a la misma literatura, así como al oficio del escritor. Incluso, en algunos cuentos o novelas de Bolaño tratan sobre personajes relacionados con la literatura, sean estos escritores o lectores. Ejemplos son las novelas Los detectives salvajes (1998) y 2666 (2004)3: la primera trata sobre el grupo de poetas jóvenes en busca de los manuscritos de Cesárea Tinajero; la segunda consiste en la búsqueda del escritor alemán Benno von Archimboldi, por parte de cuatro críticos de la literatura, en la ciudad mexicana de Santa Teresa. Lo mismo sucede con algunos de los cuentos del autor, como es el caso de «Fotos», «Dentista» y «Encuentro con Enrique Lihn». En estos tres cuentos se hallan, de un modo o de otro, ideas y características sobre el fenómeno literario, puesto que los tres ofrecen un conjunto de descripciones sobre las figuras del autor, del lector, e incluso, presentan un conjunto de ideas sobre cómo considerar a la misma literatura.

De este modo, en las páginas siguientes se desarrollan algunas ideas sobre cómo se concibe el fenómeno literario en los tres cuentos mencionados de Roberto Bolaño, tomados del volumen titulado Putas asesinas (2001)4. Tal concepción de la literatura y del hecho literario se toma de las marcas que presenta el texto, de forma especial, de las expresiones del narrador y de los personajes.

En cuanto al primer texto citado, el protagonista es Arturo Belano, uno de los personajes centrales de Los detectives salvajes (1998). En «Fotos», Belano es el único ser vivo que se encuentra en una aldea perdida de Liberia, país de África5, y está acompañado solo por un libro hallado al azar: La poésie contemporaine de langue française depuis 19456. Según el narrador, el texto fue publicado en 1974 y su contenido es un compendio de escritores en lengua francesa, sin importar su procedencia o el lugar de publicación de los poemarios. El propio narrador expresa que Belano tropieza con un libro en el que «la poesía en lengua francesa se conmemora a sí misma» (197).

A partir de esta situación, es posible detectar cuatro rasgos sobre la literatura y su consumo. En primer lugar, el lector está sumido en la soledad completa: Belano no cuenta con más compañía que la del libro. En segundo lugar, el texto está abandonado a su suerte: el protagonista piensa que es un «milagro (…) haber hallado este libro aquí» (197). En tercer lugar, el encuentro del libro y el lector es casual: Belano consigue un libro en medio de la nada por causa del azar. El cuarto aspecto sobresaliente es el ya mencionado acto de que la escritura se celebre a sí misma: el libro con el que se encuentra el personaje resulta ser una historia de la literatura, en específico, de la poesía escrita en francés. Ello implica que, el escribir una historia literaria implique un acto en el que la escritura se refiere y remite a sí misma, en razón de que resulta inevitable la referencia a otros textos y a otros autores.

A lo largo de la narración, Belano hojea el libro, estudia las poses de los escritores en las fotografías, de ahí el título de «Fotos», y en algunas ocasiones, se ofrecen citas de La poésie contemporaine sobre los treinta y nueve poetas que Belano repasa. El aspecto común a todos los poetas franceses mencionados es el dolor, ello queda de manifiesto cuando, luego de examinar la expresión de la poeta Claude de Burine, a quien el narrador califica como la encarnación de Anita la Huerfanita, Belano piensa «aquí voy a encontrar mucho dolor» (199). Esta comparación acaba siendo una equiparación entre la poeta y el citado personaje: «[…] y no hay más datos biográficos sobre ella, como si a los treintaiocho años, tras la publicación de Hanches, Anita la Huerfanita hubiera desaparecido» (199; destacado en el original). A esta sustitución de nombres, en que Claude de Burine deja de ser tal para convertirse en una niña huérfana, se suma la calificación de abandono y destierro con que la describe la voz de la narración: la poeta acaba sumida en el dolor, la orfandad, el abandono y el destierro, además de que se sugiere una presunta desaparición sin causa alguna (200).

Un hecho por destacar es el estado del protagonista mientras lleva a cabo su lectura, pues el ambiente caluroso contribuye a que Belano entre en un delirio. Es decir, la lectura se lleva a cabo en un estado mental alterado. En tres ocasiones, él cree ver o sentir algo que no es real: la primera vez que aparece una mala jugada de su imaginación es cuando busca los datos biográficos de Dominique Tron:

después de leer né à Bin el Ouidane (Maroc) le 11 décembre 1950, se da cuenta de que Dominique Tron es un hombre y no una mujer, ¡debo estar en plena insolación!, reflexiona mientras se espanta un mosquito (totalmente imaginario) de la oreja (200; destacado en el original).

Belano desvaría en tres ocasiones, debido a la insolación: la primera es la ya mencionada. La segunda visión corresponde al recorrido de una serie de hombres vestidos a la usanza tradicional mexicana: «[…] y luego cierra los ojos y ve un torrente de charros espectrales pasar como una exhalación de color gris por el lecho de un río seco»7. La tercera vez que el personaje alucina es cuando ve una serie de buitres, zopilotes o cuervos, Belano no está seguro, a la espera de su muerte: él sabe que los pájaros descienden a los árboles y las ramas bajas. El buitre espera la muerte del protagonista, el cual: «se queda largo rato con los ojos cerrados, como si estuviera reflexionando o llorando con los ojos cerrados, y cuando los vuelve a abrir allí están los cuervos» (205).

La lectura se lleva a cabo durante el atardecer; en apariencia, el tiempo se detiene en la hora del atardecer: «la tarde en la aldea parece seguir al sol en su marcha hacia el oeste, eso piensa Belano no sin acongojarse»; puesto que él llega a la idea de que el crepúsculo no va a terminar (202). En otras palabras, la aldea se encuentra en un punto muerto, en un tiempo detenido. Lo mismo puede decirse sobre el lector: cuando lee está sumido en una locura, en un delirio que lo lleva a imaginar mosquitos y aves carroñeras que esperan el momento de su muerte. Luego de saber que la aldea está sumida en un tiempo eterno y de que va a morir, Belano se incorpora y se encamina al ocaso. Junto con el poblado, él se dirige hacia el olvido y la muerte sin soltar su libro: en otros términos, la literatura, sea lea o se escriba, conduce al lector hacia la nada.

La segunda narración que ofrece no solo una idea de la literatura, sino también del arte pictórico, es «Dentista». En este caso, el narrador visita a un amigo de juventud dedicado a la odontología y radicado en la ciudad mexicana de Irapuato. Al inicio, el texto no parece ofrecer alguna concepción sobre lo literario, sino sobre la pintura y el oficio de la medicina: el médico cuenta a su amigo la muerte de una mujer indígena en su propio consultorio a manos de un aprendiz, así como su desafortunado encuentro con Cavernas, un pintor famoso que lo aborreció por querer comprarle alguno de sus cuadros.

Este último aspecto permite al odontólogo descalificar a la pintura, en virtud de que se la relaciona con la individualidad del artista. En una de las discusiones sobre este tema, el narrador intenta convencer a su amigo de que no existe relación alguna entre los asuntos individuales o personales y el arte, el dentista responde que «el arte es la historia particular. Es la única historia particular posible» (178; destacado en el original). A la luz de lo dicho, el texto plantea que las artes sirven como expresión del yo, por lo cual, aunque se trate de un objeto creado para ser visto, la calidad de una obra pictórica no puede separarse de la interioridad y la vida privada del pintor.

En sus años mozos, ambos personajes son admiradores, en específico, de la pintura y de las letras; tal admiración llega ser calificada por el narrador como un hambre, una necesidad de placer estético que desemboca en el infortunio y en la desdicha: para el narrador, disfrutar de lo artístico lleva a la desgracia, convierte a los que gustan de ello en «más pobres, más flacos, más feos, más ridículos» (187).

La noche dentro del texto desempeña un papel fundamental, por ser entonces cuando ambos personajes salen a recorrer la ciudad y los bares de Irapuato. Ello sucede en tres ocasiones, y en ellas, se efectúa un descenso: los personajes visitan primero los lugares «de clase media alta» para luego terminar en un lugar hampesco, que se trata de

una fonda de comidas corridas en los suburbios de Irapuato. El cambio de escenario era notable. Si antes nos habíamos codeado con profesionales, funcionarios, y comerciantes, ahora estábamos rodeados por obreros, desempleados, mendigos (176-177).

En la fonda encuentran a un adolescente, amigo del dentista. Aparece un personaje escritor. La aparición de este personaje se encuentra marcada por un cambio en el espacio del que el narrador tiene recuerdos vagos o difusos, como si se tratara de un letargo, puesto que lo recuerdos dejan de ser claros para convertirse en confusos: el narrador recuerda, por ejemplo, la barra del bar atestada de personas de aspecto indefinible, «[…] a un ciego cantando una canción en una esquina del local o un canción que hablaba de un ciego» (179). Incluso, el bar se llena de humo sin haberlo advertido. Después de tales cambios, aparece en la mesa de los personajes un joven escritor, amigo del dentista, llamado José Ramírez. El adolescente es descrito como un joven desconfiado, de expresiones endurecidas y de mirada penetrante, que se compara con un puñal: esta descripción se debe a que, en palabras del narrador, pareciera por la mirada de Ramírez, que ha sufrido mucho dolor. Al igual que el narrador, este mismo sentimiento es el que encuentra Arturo Belano en las fotografías de los poetas franceses.

Según el odontólogo, Ramírez es el mejor cuentista de México, frente al cual, los narradores mexicanos consagrados son inferiores (191). El narrador, al oir que está frente a alguien así, responde que para formarse un criterio debe leer lo que Ramírez ha escrito. En este caso, la lectura se considera como un acto de condena, en el cual el dolor o el sufrimiento son seguros, puesto que evitar la lectura es «salvarse»:

Y yo que por educación hubiera podido decir que estaba bien, que sonaba interesante, dije que era necesario leerlo para formarme una opinión cabal. Eso fue lo que dije, pero igual hubiera podido decir lo contrario y me habría salvado (191; destacado propio).

Ante esta condena, es necesario cruzar una frontera y pagar un peaje de «dolor o de extrañamiento» (192), como si la lectura fuera un acto doloroso, además de condenatorio. Incluso, el acto de la lectura está indirectamente relacionado con la muerte: al aceptar la necesidad de leer, el narrador pierde su calor corporal, su vitalidad, para entrar en un estado de ánimo en que el desinterés es central: «Hubiera podido decir que no era necesario [conocer los textos de Ramírez]. Pero para entonces ya estaba helado y nada me importaba» (191).

En presencia del texto, el lector se convierte en un ser vulnerable y débil, que puede ser herido o condenado por la acto de la lectura: tal percepción de la literatura implica que esta tiene la capacidad de influir o de gobernar a su lector, de ahí que leer no sea placentero, sino una forma de sufrir.

Ramírez lleva a ambos personajes a su casa para que lean sus escritos. El viaje hacia la casa de Ramírez implica salir de la ciudad y adentrarse en el campo, en la periferia. Una vez ahí, se dedican a leer un manuscrito de más de cinco centímetros de grosor durante toda la noche. En este punto, aparecen algunas ideas sobre la figura del lector y la naturaleza de su acto: cuando tiene el texto en mano, el personaje que narra propone salir de la casa, con el fin de leer en un «ambiente más agradable», pero el dentista reacciona «como un condenado a muerte» que lo obliga a leer «de una chingada vez» (194). Líneas más adelante, el narrador siente que su lectura es eterna, de ahí que se explique el final de ella como un momento en que se considera que se ha terminado, pero que en el fondo, es un proceso que no acaba del todo. Esto concuerda con la idea de la condena, de un momento doloroso en que la persona que lee es un eterno sentenciado: una cadena perpetua a muerte, puesto que «uno no termina de leer aunque los libros se acaben» (194). La lectura no se puede expresar ni explicar; para el lector, acercarse a un texto implica dejarse gobernar por él: la lectura lo afecta de forma inexplicable. Es decir: la lectura se experimenta, pero no se explica:

Al abandonar esos andurriales comprendí, sin embargo, que poco era lo que podíamos decir sobre nuestra experiencia de aquella noche. Ambos nos sentíamos felices, pero supimos sin asomo de duda –y sin necesidad de decírnoslo- que no éramos capaces de reflexionar o discernir sobre la naturaleza de lo que habíamos vivido (195).

El lugar que ocupa la literatura dentro de la sociedad descrita en el texto es un espacio de muy poca importancia dentro de la actividad cultural. La única vez que el narrador sale a caminar por la ciudad durante el día, se da cuenta de que la venta de libros es un negocio marginal, casi inexistente: «Más tarde pasé por una librería (me costó encontrar una), en donde compré un libro con ilustraciones de Emilio Carranza, un paisajista nacido en El Hospital, una aldea o un ejido cercano a Irapuato» (184). A ello se une la noticia de que José Ramírez participó en talleres de poesía, puesto que es lo único que no tiene valor: «En este pueblo de mierda solo se enseña gratis la poesía. ¿Comprendes?»8.

Por su parte, el cuento titulado «Encuentro con Enrique Lihn» presenta la situación de un joven llamado Roberto Bolaño y su reunión con un poeta renombrado. En este cuento, vida de Bolaño se caracteriza por el encierro y la pobreza, él mismo cuenta: «vivía encerrado en una casa de Gerona casi sin nada de dinero ni perspectivas de tenerlo» (218). Su situación es desalentadora no solo social y económicamente, sino también en el aspecto literario. Esto debido a que, en ese momento, no posee un apoyo en el mundo de las letras; tal carencia, de acuerdo con el narrador, es común para todos los escritores jóvenes. El ámbito literario es un campo hostil:

[…] la literatura era un vasto campo minado en donde todos eran mis enemigos, salvo algunos clásicos (y no todos), y yo cada día tenía que pasear por ese campo minado, apoyándome únicamente en los poemas de Arquíloco, y dar un paso en falso hubiera sido fatal. Esto les pasa a todos los escritores jóvenes (218).

Las características de las instituciones literarias forman parte de esta hostilidad que el narrador menciona: la concesión de premios y becas dentro del campo literario, para el narrador, está regida por el sentido de la oportunidad y de la alabanza a quienes cuentan con poder dentro de tal institución. Esto se debe a que una de las causas por las cuales Bolaño se considera un joven escritor sin expectativas de mejorar su situación se debe a que «las publicaciones, los premios y las becas» son para «los que han alabado a los mandarines de la literatura, una horda inacabable cuya única virtud es el sentido policial de la vida» (218). De esta manera, para el narrador, la producción literaria no se rige en función del talento del escritor o del valor literario de los textos, sino del oportunismo y el halago para con las personas que ejercen el poder y cuentan con influencia dentro de esa instancia. A esta situación de desaliento, se suma la opinión desfavorable que el protagonista tiene sobre su propio oficio. En las cartas que intercambia con Lihn, Bolaño sostiene que «la literatura chilena, salvo dos o tres excepciones, me parecía una mierda» (219).

Tal como afirma el narrador, ambos discuten en sus cartas sobre la literatura escrita en Chile; en ellas, Lihn menciona a los que serían los «seis tigres» de la poesía de ese país al llegar el 2000. Bolaño, por su parte, se encarga de desmantelar esa idea, puesto que de los seis poetas, todos están sumidos en la desgracia. De los seis tigres, Rodrigo Lira, Gonzalo Muñoz y el poeta Martínez estaban muertos antes de 1981, que es la fecha aproximada de las cartas. Rodrigo Lira cometió un suicidio, Gonzalo Muñoz desapareció en México con el oficio de un ejecutivo de empresa y Martínez «leyó con atención el Duchamp des cygnes y luego se murió»; Maquieira, el cuarto tigre, cayó en el alcoholismo después de leer a Cardenal y a Coronel Urtecho y publicar dos libros; por su parte, Bertoni «es una especie de hippie que vive a orillas del mar recolectando conchas y cochayuyos». El sexto tigre es Roberto Bolaño, quien se encuentra en situación de encierro y pobreza. Si se presta atención al destino de los seis poetas, se llega a la conclusión de que los caminos de quien se dedica a las letras son la muerte, el alcoholismo o la miseria, de ahí que el narrador considere que, más que tratarse de tigres, los seis poetas son «gatitos de una provincia perdida» sin mayor repercusión dentro de un pequeño círculo, y que por tanto, Lihn está equivocado si piensa que los seis van a llegar a ser grandes exponentes de la poesía de Chile (219).

El encuentro del personaje con Enrique Lihn, después de haber intercambiado correspondencia, presenta ciertas particularidades que hacen pensar en un hecho fuera de lo ordinario. En primer lugar, la reunión entre los dos poetas se efectúa en un estado onírico, e incluso, remite al tópico del descenso al infierno:

En 1999, después de volver de Venezuela, soñé que me llevaban a la casa en donde estaba viviendo Enrique Lihn, en un país que bien pudiera ser Chile y en una ciudad que bien pudiera ser Santiago, si consideramos que Chile y Santiago alguna vez se parecieron al infierno (217).

En segundo lugar, una de las primeras noticias que el protagonista ofrece antes de su reunión con Enrique Lihn es la muerte del poeta, y a pesar de que sabe esto, sigue el juego de los «entusiastas», que son un grupo de poetas jóvenes, fanáticos de Enrique Lihn. Incluso, el propio poeta es consciente de esta condición, en tanto el personaje afirma que su corazón no le funciona. Esto le permite al narrador notar que está frente a una imagen construida a partir de la imaginación de un grupo de lectores, puesto que la verdadera causa de la muerte de Lihn no es la que mencionan como tal:

Y en ese momento yo supe que Lihn sabía que estaba muerto. El corazón ya no me funciona, decía. Mi corazón ya no existe. Aquí hay algo que no está bien, pensaba yo. Lihn murió de cáncer, no de un ataque al corazón (221).

Incluso, el narrador menciona no solo la muerte del poeta con el cual se reúne, sino también su estado de ánimo: el encuentro de los dos personajes permite al narrador expresar la tristeza en que se encuentra sumido Enrique Lihn, No solo se trata de una persona sin vida, sino también de una persona sin alegría (220). Al llegar al bar donde se encuentra el poeta, el protagonista nota que ese no es el hombre que él conocía: Bolaño saluda a una persona que se parece a sus poemas, que vive en un edificio similar a sus poemas y que puede desparecer tal como, según Bolaño, pueden esfumarse sus poemas. Los atributos del anfitrión dejan pensar que este es una imagen ausente: no se está frente a una persona, por demás muerta, sino que se trata de una entidad creada a partir de una lectura, es la imagen de un poeta creada a partir de sus textos. Por ello, Enrique Lihn no es más que una imagen creada a partir del discurso literario: Enrique Lihn no existe más que dentro de sus propios textos, de ahí que el protagonista no se encuentre con un poeta, sino con la imagen de él, creada a partir de la lectura de sus poemas.

Ya en casa del poeta, éste desaparece misteriosamente, y al saberse solo, Bolaño busca a su anfitrión por las habitaciones (220). En ese instante, el protagonista encuentra dos libros; el hecho de tropezar con ellos da una idea del valor estético que se otorga a dos periodos de la literatura occidental, los libros son «uno clásico, como una piedra lisa, y el otro moderno, intemporal, como la mierda» (224). Es claro, entonces, cómo entender dos periodos de la literatura y del arte y cuál es su valor como objetos estéticos.

El personaje, mientras buscaba a Enrique Lihn, sentía que «también» se «iba quedando frío, y cada vez sentía más rabia y más frío», además de que empieza a sentirse enfermo. Tal adverbio dentro del texto implica que otro, además de Bolaño, está frío: hay un muerto cerca y el narrador, que busca al difunto, muere poco a poco. Una vez que halla al poeta, este explica qué es lo que sucede:

aunque no te lo creas, Bolaño, presta atención, en este barrio, sólo los muertos salen a pasear. Y ya para entonces los dos habíamos atravesado el bar y estábamos asomados a una ventana, mirando las calles y las fachadas de ese barrio tan peculiar en donde sólo paseaban los muertos (224-225).

En síntesis, buscar y conocer a un escritor, lo que el protagonista lleva a cabo, conduce a la muerte, y de igual forma, la muerte es una condición necesaria tanto para el escritor, es el caso de Lihn, como para quienes lo admiran, tal como le sucede a los discípulos de Enrique Lihn.

A partir de lo dicho, se pueden esbozar algunas ideas sobre cuatro elementos del fenómeno literario: el autor, el texto, el lector y el proceso de lectura. Los tres cuentos concuerdan en presentar al hombre de letras como desgraciado. El escritor, sea novel o de renombre, vive en medio de la pobreza, el abandono y el dolor, como el personaje de Roberto Bolaño cuando compartía correspondencia con Enrique Lihn; es la situación de José Ramírez, el mejor de todos los literatos de México y la de los seis tigres de la poesía de Chile; la segunda posibilidad para el literato es la muerte, en cuyo caso, el autor se transforma en una imagen elaborada por los lectores a partir del discurso literario: Bolaño, al encontrarse con Enrique Lihn, está frente a una persona muerta, una construcción hecha por sus lectores: por ello se parece a sus poemas.

Un aspecto común en los escritores es el sufrimiento: Arturo Belano, al repasar la vida y obra de los poetas franceses, cree que encontrará mucho dolor en su recuento. Con respecto al texto, se lo presenta como un objeto de ínfimo valor: así lo considera Bolaño cuando busca a Enrique Lihn por las habitaciones de la casa. Con respecto al texto, este se encuentra abandonado: rueda al azar por el mundo hasta que se cruza, por casualidad, con un lector; tal es el caso de Arturo Belano, quien halla, casi por milagro del destino, un libro en una aldea deshabitada de África. Incluso, el texto puede hallarse en casa del escritor, como sucede con los cuentos de José Ramírez, cuando los dos personajes de «Dentista» pasan la noche sumidos en la lectura.

Esa última, por su parte, se caracteriza por ser condenatoria: el texto es una especie de verdugo que puede influir en su lector, puede hacer que este sufra. El narrador de «Dentista» considera que es mala idea cruzar la frontera para encontrarse con los escritos de José Ramírez, pues será necesario pagar un peaje del que saldrá perjudicado. De igual manera, el texto es producto de un acto de adoración narcisista, puesto que nada se escribe desde cero, se parte siempre de otros textos: el libro con que Belano se entretiene mientras termina de desaparecer el espacio es una historia de la poesía francesa, una conmemoración que la literatura se dedica a sí misma.

En cuanto al lector, aparte de ser la víctima a la que el texto hará sufrir y de hallarse condenado a leer sin descanso, por lo común, se encuentra en soledad: el encuentro del texto y su lector se lleva a cabo en solitario. Belano lee sin compañía alguna; de igual forma, el dentista y su amigo, a pesar de estar en un mismo lugar leyendo los mismos textos, leen a solas, ambos encerrados en su propia lectura.

Además de provocar dolor, el texto se encarga de volver esperpéntico a quien disfrute de él: en sus años mozos, el dentista y su amigo son ávidos lectores y apasionados seguidores de las artes, pero tal gusto los vuelve pobres, flacos, feos y ridículos (187). Aun más, el lector también se encuentra muerto sin que él lo sepa: Bolaño muere al encontrarse con Enrique Lihn, y solo sabe de su condición cuando este explica cómo es el barrio en que viven los poetas y los lectores.

En cuanto a la institución literaria, como la encargada de conceder reconocimientos a los escritores, becas y oportunidades de publicación, la situación de Roberto Bolaño, el personaje de «Encuentro con Enrique Lihn», permite afirmar que tal institución es de carácter hostil para los escritores jóvenes, y más aún, para quienes no halagan a los «mandarines» de la literatura, de ahí que la situación de un joven escritor sea precaria si no asume el juego del halago y la alabanza para con quienes cuentan con el poder dentro de la misma institución de la literatura.

En suma, la imagen que proyectan los tres cuentos de Roberto Bolaño sobre la propia literatura es una figura marcada por la muerte, el dolor, el sufrimiento, la soledad y el oportunismo. Incluso, la misma literatura aparece como un acto en el que la muerte y el dolor no son solamente propios del escritor, esté vivo o muerto, sino que también marcan al lector. De esta manera, la representación que los tres cuentos presentan de la misma literatura es una imagen negativa, en tanto conduce, en último término, a la muerte y al sufrimiento.


1 Recibido: 26 de mayo de 2016; aceptado: 20 de octubre de 2016. Este artículo se redactó con base en la ponencia titulada «El texto en el espejo: la concepción del fenómeno literario en tres cuentos de Bolaño», que el autor presentó en las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana (Jalla), efectuadas en 2014, en la Universidad Nacional.

2 Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje. Correo electrónico: gustavo_a_72@hotmail.com

3 Roberto Bolaño, Los detectives salvajes (Barcelona: Anagrama, 2011); y Roberto Bolaño, 2666 (Barcelona: Anagrama, 2013).

4 Roberto Bolaño, Putas asesinas (Barcelona: Anagrama, 2011). Todas las citas serán tomadas de esta edición; se indica entre paréntesis el número de página.

5 En Los detectives salvajes, uno de los episodios se desarrolla en una de las aldeas de Liberia. Al igual que en este cuento, en la novela el protagonista de tal pasaje es Arturo Belano. Véase Roberto Bolaño, Los detectives salvajes (Barcelona: Anagrama, 2011): 526-549.

6 Serge Brindeau y otros, La poésie contemporaine de langue française depuis 1945 (París: Bordas, 1973).

7 Bolaño, 200. Este último aspecto alude, de forma implícita, a la novela Los detectives salvajes, en la cual Arturo Belano aparece como uno de los personajes que, acompañado por los jóvenes poetas Ulises Lima y Juan García Madero, busca a la poeta Cesárea Tinajero.

8 Otra característica de los talleres literarios es su inexistencia: mientras que los talleres de poesía son gratuitos, no existen en Irapuato talleres dedicados a la narrativa. Bolaño, 190.


Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.