REVISTA 95.1

Revista Relaciones Internacionales

Enero-Junio de 2022

ISSN: 1018-0583 / e-ISSN: 2215-4582


 

Editorial 95.1
2022: Lo impredecible como constante

 

El pasado 18 de diciembre del 2021 la revista estadounidense The Economist publicó un artículo corto titulado The new normal is already here. Get used to it. (La nueva normalidad ya está aquí. Acostúmbrate.) con una muy interesante línea de inicio, que usa cierto juego de palabras: “The era of predictable unpredictability is not going away” (“La era de la impredecibilidad predecible no se irá”). Si bien es cierto, la afirmación parece una paradoja y no es novedosa per se, su pertinencia y necesidad de reconocimiento es de suma urgencia en un mundo que, dos años después de haber iniciado la pandemia por COVID-19, continúa experimentando transformaciones aceleradas. En este mundo de pandemia o (pospandemia, según quién lo diga y dónde se encuentre), la nueva normalidad (the new normal) se plantea como un concepto de uso frecuente en los círculos políticos, académicos, económicos, sociales y, ha llegado a trasladarse al lenguaje cotidiano; lo anterior, probablemente, en un esfuerzo por encontrar certeza en tiempos donde la incertidumbre ha sido la protagonista global.

Aunque esta no es la primera pandemia a la que la humanidad se ha enfrentado y han existido momentos de importante indecisión en el pasado debido a crisis políticas, económicas y de salud global; el COVID-19, dado el nivel de conexión y proximidad (física y virtual), sorprendió a los países y sus gobiernos, la gran mayoría, no preparados para la multidimensionalidad de sus alcances (Mc Gillivray, 2020). La pandemia por COVID-19 no llegó como un fenómeno excepcional, en la medida que tanto la academia, como los gobiernos y personalidades del mundo tecnológico lo anunciaron en el pasado (Avishai, 2020; McGillivray, 2020); sin embargo, sus efectos y la naturaleza aún desconocida del virus, es lo que ha provocado diversidad de reacciones que cambian, de manera constante e incrementan la perplejidad y, con ello, la dificultad para ver y estudiar el futuro.

En ese segundo año de pandemia que fue el 2021, otros temas destacaron, algunos con presencia constante en la agenda global, como lo es el cambio climático; otros vinculados con el escenario geopolítico como las tensiones entre Estados Unidos y China; Estados Unidos y Rusia, el colapso de Afganistán, la crisis en las cadenas de suministro globales, un mayor posicionamiento de las monedas digitales, así como el lanzamiento del metaverso en calidad de espacio virtual de interacción, con gran potencial económico, según sus proponentes. En este escenario, el rápido desarrollo de las vacunas contra el virus SARS-CoV-2 inyectó optimismo; no obstante, un sistema inequitativo de distribución de vacunas, el acaparamiento por parte de los países desarrollados de estas; así como una negativa de ciertos colectivos sociales respecto a las medidas de distanciamiento y sanidad y el no vacunarse por razones políticas, ha incidido en la aparición de nuevas variantes con efectos desconocidos (Welch et al., 2021), y, con ello, mayores dudas sobre cómo proceder en términos de políticas sanitarias, sin omitir los potenciales peligros económicos, sociales y políticos de los confinamientos, como medida de contención.

Así, si mirar al futuro era una tarea compleja en tiempos prepandemia, los vertiginosos cambios ocasionados por los efectos del virus (y sus variantes) dificultan aún más la posibilidad de reflexionar con alguna certeza sobre lo que podría suceder. Todo lo anterior, en un escenario global de fraccionamiento geopolítico, una evidente procrastinación respecto a los efectos del cambio climático (especialmente por parte de grandes emisores) y un mundo que, a pesar de estar aún estructurado por fronteras físicas, crea diversidad de espacios e interacciones virtuales donde los estados participan de manera muy limitada. Además, a pesar de la incertidumbre acentuada por la pandemia, al igual que lo mencionaba el titular de The Economist, en esta nueva normalidad, es necesario que nos familiaricemos con lo constante de lo impredecible que, aunque sea paradójico, pareciera es lo único que podemos predecir.

Si se pudiera hablar de lecciones aprendidas (o aún en proceso de aprendizaje) en esta etapa de la pandemia, a propósito de nuestro campo de estudio como lo es las Relaciones Internacionales, se podría destacar una: la naturalización de la vida en un mundo con elevados niveles de impredecibilidad, donde las interacciones de los actores y los hechos se desarrollan, con mayor frecuencia, de formas no lineales (Scartozzi, 2018; Avishai, 2020) y donde las posibilidades de que ocurran eventos, antes catalogados como menos probables -con extremas consecuencias-, se consideran cada vez mayores. Aquí no solo hay que apuntar a los famosos Cisnes Negros de Nassin Taleb, sino valorar el alcance de fenómenos ordinarios que, usualmente pasan desapercibidos, y que, por el nivel de interdependencia y conectividad, al presentarse un punto de quiebre (una crisis política o económica, por ejemplo), alteran la realidad [Peter Engelke (2021) hace una analogía con los leopardos de las nieves, un hermoso animal de las tierras altas de Asia Central, que por su camuflaje y hábitos son difíciles de observar y pueden llegar a ser olvidados, pero de pronto se dejan ver y sorprenden].

Las Relaciones Internacionales como disciplina se ha interesado por estudiar el futuro, con diversidad de esfuerzos teóricos y metodológicos orientados a brindar explicaciones detalladas de lo que sucederá (Choucri, 1974; Bueno de Mesquita, Newman, y Rabushka, 1985; Schneider, Gleditsch y Carey, 2011; Metternich y Gleditsch, 2016). No obstante, pareciera que este esfuerzo se enfoca más en predecir qué pasará en lugar de ofrecer alternativas a qué podría suceder (Bernstein et al., 2000; Fomin et al., 2021). Lo primero, en un esfuerzo por identificar variables y sistematizarlas, de tal forma que los fenómenos describan interacciones lineales, simples, predecibles; sin embargo, la realidad social es más compleja, tal y como lo señalaron Bernstein et al. (2000) en su icónico artículo God Gave Physics the Easy Problems: Adapting Social Science to an Unpredictable World que critica las posturas ontológicas y epistemológicas en nuestra disciplina, preocupadas exclusivamente por predecir, donde la realidad social se considera como estática y los actores que le componen como variables aisladas.

En este sentido, surge la necesidad de reflexionar, de forma crítica, cómo se piensa el futuro en Relaciones Internacionales, comprender su naturaleza de complejidad, de no linealidad, de actores diversos con ideas y visiones de mundo que cambian constantemente según los contextos, con rápidos flujos de personas, ideas y bienes que, si bien, nos acercan a nuestros semejantes (independientemente de la distancia física), también incrementan la vulnerabilidad por interdependencia (Newson y Richerson, 2021).

Bernstein et al. (2000) mencionan en ese artículo que se requiere una “humildad constructiva” basada en aproximaciones novedosas, más cercanas a lo local y lo concreto para comprender el complejo escenario de lo internacional. Lo constante de lo impredecible representa un reto ontológico, epistemológico y metodológico para la disciplina. Ontológico en la medida que es necesario pensar sobre qué significa futuro en esta área; no se trata de relativizar el término, sino comprenderlo como un concepto dinámico, que fluye, que no es único ni una meta en sí; de esta forma, se definen las aproximaciones teóricas y conceptuales para ofrecer explicaciones alternativas a los fenómenos, con posibilidades de suceder en el corto, mediano y largo plazo. Así, con los referentes teóricos que reconocen esta fluidez, determinar los métodos y herramientas para estudiar lo que podría suceder. Métodos como la modelación, las aproximaciones cuantitativas y los ahora muy populares escenarios, son solo algunas de estas formas de pensar los diversos futuros; mismas que llegan a ser válidas y relevantes en la medida que reconozcan la naturaleza de rápido cambio de los contextos mundiales (y locales) y trabajen - como lo suelen hacer los escenarios- sobre la base de la actualización. Lo anterior, bajo el entendido de que el futuro se va desplegando (unfolding), entre otros elementos, por la interacción de fuerzas (drivers) con mayor o menor protagonismo. De esta forma, la pericia está en la sensibilidad y claridad para identificar esas fuerzas, mediante una lectura aguda y autorreflexiva de los entornos (¿Qué es lo que nos interesa ver? ¿Qué queremos lograr con nuestros análisis?), lo anterior, no solo pensando en posibles Cisnes Negros, sino también en esos leopardos de las nieves.

Así, en este 2022 que recién inicia, con una postura crítica desde las Relaciones Internacionales, es necesario aceptar con mayor comodidad que lo impredecible es la constante, no para caer en un fatalismo y negar posibilidades de análisis del futuro (¿los futuros?), sino para abrirse a multiplicidad de aproximaciones, mismas que brinden insumos conceptuales, pero también, material para la toma de decisiones fundamentadas; en un momento donde una parte importante de la academia pareciera estar disociada de la realidad (Bernstein et al., 2000; Fomin et al., 2021) y con un escepticismo creciente hacia la ciencia (Rutjens, Van der Linden, Van der Lee, 2021; Armstrong, 2021).

Desde las Relaciones Internacionales, el 2022 es un año de gran expectativa respecto a la “nueva normalidad”; no obstante, existe gran incertidumbre global ante Ómicron y las posibilidades de nuevas variantes mientras no se avance en los procesos de vacunación y el virus llegue a la condición de endémico (Feldscher, 2021). Aunado a lo anterior, la agenda global de este año es muy variada, con preocupaciones, por mencionar algunas, que llegan a equiparar a la pandemia: la duda de la recuperación económica global, las tensiones geopolíticas entre grandes poderes, la lucha contra la pobreza y el retroceso de muchos países por los efectos socioeconómicos del COVID-19, los elevados niveles de polarización a lo interno de los estados, el surgimiento y consolidación de las “democracias iliberales”, los movimientos migratorios, las interrogantes sobre la regulación del sector tecnológico, que supera con creces las capacidades del Estado, la emergencia climática y las promesas de un modelo y crecimiento económico menos contaminante (Engelke, 2021; Burrows y Manning, 2021).

Todos estos aspectos son parte de un escenario complejo, rico en interacción en múltiples direcciones, con elevados niveles de incertidumbre que reta a quienes estudian Relaciones Internacionales para comprender lo que ha sucedido, lo que está ocurriendo y pensar, de manera rigurosa, creativa y responsable, los posibles futuros. Una disciplina como esta no debería preocuparse tanto por qué sucederá, como si la certeza fuese el fin último más allá de lo que el desarrollo de los hechos nos indique; sino en estudiar críticamente aquellos aspectos ordinarios y extraordinarios para ofrecer insumos teóricos y prácticos que contribuyan a pensar y prepararnos ante los posibles futuros (Bernstein et al., 2000 y Fomin et al., 2021). Al final, esta elevada impredecibilidad nos recuerda la compleja naturaleza del mundo social, que no es limitante para su análisis, pero sí un catalizador para una creatividad humilde y rigurosa en su estudio.

Ante estos contextos, nuestra Revista Relaciones Internacionales tiene la misión de brindar un espacio para la discusión libre, responsable y académica sobre multiplicidad de temas de la realidad internacional. Así, este número 95.1, acoge una diversidad de artículos sobre política y comercio internacional, que hacen una lectura detallada de hechos pasados y presentes con el propósito de ofrecer a nuestra comunidad lectora insumos orientados a imaginar cuáles serán esos futuros que nos podrían esperar a corto, mediano y largo plazo. Lo anterior, en un mundo donde la “impredecibilidad predecible” ha llegado a ser la norma.

María Fernanda Morales Camacho

Editora en Jefe

Revista Relaciones Internacionales

Referencias bibliográficas

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