En los momentos en que la Escuela de Ciencias Geográficas entrega este número doble de su Revista Geográfica de América Central[1], la Universidad Nacional cumple diez años de vida académica e institucional. Esto nos estimula a reflexionar brevemente sobre el significado social y científico de esta casa de estudios superiores, tanto en relación al país como a su vida institucional.

La UNA se incorpora al sistema universitario costarricense, hace una déca­da, llenando un vacío histórico en la educación superior del país que, hasta ese momento, con excepciones aisladas tendía a ser elitista, exitista y profesionali­zante. En ese período, ser universitario sólo implicaba una respuesta individual a necesidades sociales concretas, muchas veces no resueltas.

Esto, sin ser menoscabo para otros centros universitarios, muestra lo evi­dente del modelo de universidad necesaria plasmado mediante la UNA, el que complementó históricamente una estructura indispensable para enfrentar los re­tos derivados del modelo de crecimiento del país. Los primeros pasos fueron da­dos con entusiasmo, con dedicación pero, también, con titubeos, sinsabores, reacomodamientos. La gestión de su primer rector, presbítero Benjamín Núñez V. y., de sus primeros decanos y directores de unidades académicas, reproduce con fidelidad las prácticas vigentes en otras universidades del país, diferenciándose de ellas sólo el espíritu renovador, transformador, inscrito en el Estatuto Orgánico de la UNA. Este elemento directriz nuevo, incorporado a la vida intelectual y académica del país, no pudo ser soportado por excelentes profesionales que, a los pocos años, dejaron esta Universidad pórque les fu imposible, en algunos casos, compatibilizar los estilos tradicionales que representaban, con las exigencias gestionarias de un modelo universitario mucho más comprometido con la realidad nacional y con los problemas sociales más urgentes de la mayor parte de la población. Ellos dejaron, en muchos casos, gratos recuerdos personales y profundas enseñanzas; los menos, afortunadamente, debido a su incapacidad de comprender que el mundo cambia, se han convertido en aliados de aquellos que miran con desconfianza y temor un proyecto universitario distinto a los tradicionales.

La gestión del doctor Alfio Piva, que termina en octubre de 1983, se resume en dos términos: aquietamiento y consolidación. El personalismo y la pasión puesta en la gestión interna de la Universidad en su primer lustro de vida, origen de una turbulencia de corta duración, son seguidos por un relativo asentamiento institucional que en mucho refleja la calmada presencia del doctor Piva. Esto se acompaña de una rápida maduración a nivel de las unidades académicas que, por lo mismo, entran en una crisis de crecimiento de la que sólo ahora empiezan a salir satisfactoria y dinámicamente.       

Esta consolidación académica interna plantea retos concretos en cuanto a una fase nueva, no cumplida, de expansión institucional. La situación coyuntural de crisis en vez de desanimar a quienes les corresponda la responsabilidad de la gestión académico-administrativa 1983-86, más bien debe estimular un desafío para que sus acciones rescaten y justifiquen socialmente esa expansión de la UNA en el país y en el sistema universitario que se configura actualmente. El país ya identifica a la UNA por producción científica, por su aporte a las artes y a las letras y, también, por el tipo de profesional que entrega; cabe la tarea de mejorar, cabe ampliar su quehacer para dar así pleno sentido histórico de la autonomía universitaria (científica y presupuestaria), puesta en peligro por razones inconfesables en muchos casos. Sin tal autonomía será difícil una expansión cualitativa que mejore el tipo de profesional que entrega la UNA; eleve la calidad y el compromiso de la investigación y la extensión que se realizan actualmente; en fin, ubique históricamente a la institución en el contexto nacional.

Este décimo aniversario encuentra a la UNA con un país profundamente marcado por la crisis del modelo de crecimiento seguido. La administración actual apenas ha logrado un inseguro nivel de estabilización monetaria, acompañado por un profundo resquebrajamiento del aparato productivo del país. Las secuelas más notorias son el desempleo creciente, los conflictos de tierras, la inusitada presión sindical, todo lo cual se acompaña de desaciertos y desacuerdos públicos en el propio equipo de gobierno; esto responde a los intereses específicos en juego, y además, a una tempranísima lucha de tendencias preelectorales partidarios, claramente dañina para la salud política del país, en general. Dos elementos internacionales completan este cuadro superficial en el que hay que ubicar a la UNA, esto es, una centroamericanización de los conflictos en que el Grupo Contadora simboliza la permanencia de la distensión; por el otro lado, la administración Reagan que intenta, lúcidamente para sus propios intereses eco­nómicos y políticos, recrear el fatídico espectro de la Guerra Fría. El otro ele­mento internacional corresponde a las impersonales pero explosivas imposicio­nes del FMI que intentan evitar el colapso de las economías centrales, mediante una mayor cuota de sacrificio de los países endeudados por la propia banca in­ternacional. El hambre, la desocupación y la miseria son recetadas fríamente a nuestros países con la finalidad de bajar la temperatura de las posibles tensiones sociopolíticas derivadas de la disminución de la calidad de vida de los países in­dustrializados. El costo social de la crisis internacional es trasladada a cada país endeudado, por el sistema financiero internacional mismo y, también, en parti­cular, a las universidades, las que sufren penurias salariales, presupuestarias y de administración.

Este contexto de crisis nacional no ha sido impedimento para que la Es­cuela de Ciencias Geográficas haya madurado y, también, participado decorosa­mente en diversos eventos científicos efectuados en el país e internacionalmente. Es así como nuestra Escuela se hizo presente (ver detalles en notas y docu­mentos) en la Conferencia Regional Latinoamericana de la Unión Geográfica Internacional (UGI), en el Seminario Internacional Transformación del Habitat Rural en los Países en Vías de Desarrollo (actividad local de la UGI en Costa Ri­ca con motivo de la Conferencia Regional Latinoamericana celebrada en Brasil); en el II Seminario sobre Ciencia, Técnica, Sociedad y Desarrollo; Recursos Na­turales en Centroamérica, organizado por CSUCA, asistencia técnica en Vulcanología a Nicaragua; expedición a Isla del Coco; II Seminario de Investigación Universitaria, entre otros. La producción académica y científica resultante de las investigaciones efectuadas en la Escuela han sido expuestas, como debiera ocurrir siempre, a la crítica de diversos especialistas. Estas actividades se han complementado con jornadas docentes y de investigación internas las que han pretendido actualizar y, también, cuestionar constructivamente las tareas en de­sarrollo.

El número doble 15-16, de la Revista Geográfica de América Central que presentamos ahora, en este contexto histórico complejo contiene, en Teoría y Epistemología, una revisión crítica sobre el espacio, categoría que se ubica en el meollo mismo de nuestra disciplina, por lo que resulta ser una contribución muy polémica y apasionante, indispensable de alimentar continuamente en el ámbito teórico y práctico.

En Estudios Generales y de Casos se incorporan tres artículos correspon­dientes a Centroamérica, particularmente Honduras y Panamá. Estos aportes re­sultan de ponencias presentadas al Seminario Internacional sobre Métodos de In­formación y Análisis Urbano-Regional, organizado por el Instituto Panamerica­no de Geografía e Historia (IPGH), en 1981. Además, se recuperan, en térmi­nos bibliográficos históricos, dos estudios fundamentales llevados a cabo por el doctor Gerhard Sándner. Estos documentos poco conocidos y poco asequibles se reproducen por razones científicas y técnicas ya que, tempranamente, descri­ben y sugieren opciones para los países centroamericanos en cuanto a interpretar las modalidades de ocupación del territorio e identificar los procedimientos técnicos para su conocimiento.

En esa misma sección, se incorpora el resumen de la tesina preparada por nuestra colega Xenia Pacheco para obtener su licenciatura. El tema cubierto por la autora es fundamentalmente metodológico-descriptivo (estadístico), siendo un paso importante y necesario en la recuperación de técnicas apropiadas para la Geografía. Finalmente en esta sección de la revista, se incluye un trabajo corto sobre las relaciones ciudad campo en América Latina, preparado por el máster Eduardo Hernández durante sus estudios de posgrado en Venezuela.

La Dirección y la Secretaría Ejecutiva de la Revista Geográfica de América Central lamentan el retraso técnico en la impresión de sus números, pero ello responde a cuestiones presupuestarías universitarias angustiantes, más que a la producción académica que da vida y mantiene su vigencia institucional. Al pre­sentar este número doble, damos las disculpas del caso a las instituciones que tienen canje con nosotros, por la irregularidad de los envíos, así como a los que nos honran con sus suscripciones.

MIGUEL MORALES

Secretario Ejecutivo Agosto,

Verano de 1983

 


[1] Agradecemos la colaboración técnica y académica prestada por los compañeros Jean Louis Govaere, Alien Leininger, Gonzalo Hernández, Rosa María Méndez y Ana Isabel Villalobos, en la preparación de los materiales de este número

 

Publicado: 2011-12-15

Teoría, Epistemología, Metodología (Evaluados por pares)